Regina deslizó la mano por su cadera acercándola aún más. Sintió como sus cuerpos chocaron. Una corriente eléctrica la invadió cuando sus labios se fundieron en un beso largo y enérgico.
Recorrió el cuello de la morena con las yemas enterrando sus dedos en el negro cabello rogando no perder el contacto, y un gemido se escapó de la garganta de su jefa. Una explosión de placer y de urgencia que las dejó sin aire obligándolas a separarse lo justo para inhalar.
Ambas respiraban de forma pesada. Emma retiró las gafas de Regina, empañadas por el momento, y las dejó sobre la mesa cuando ella habló.
-Si planeabas dejarme sin palabras, lo has conseguido.-
Emma sonriendo la besó de forma tierna y rodeó su cuello manteniendo la postura mientras una duda pasó por su mente apenas unos segundos. La morena lo vio reflejado en sus ojos y la cuestionó con la mirada.
-Regina, tengo una pregunta a la que no tengo derecho-
Sus corazones aún latían a un ritmo acelerado
–Señorita Swan, sabe que no hay nada que se le resista. Acabará teniendo su respuesta-
Mantenían la mirada fija, hablaban con algo más que con las palabras. Regina mantenía sus brazos rodeando la cintura de la rubia y sentía como ella dibujaba pequeñas caricias en su cuello. Estaba intranquila por lo que fuera que rondara su mente. Tras el silencio de Emma, Regina insistió.
-Emma, si alguien tiene derecho eres tú.-
-Dices que te he dejado sin palabras, pero me pregunto si también he logrado despejar tus dudas-
Regina frunció el ceño.
-No entiendo…-
-Me refiero a Mal. A darle otra oportunidad.-
El rostro de la morena reflejó la sorpresa que le suponía aquel planteamiento. No había comprendido la naturaleza de la pregunta porque para ella no había habido dudas en ningún momento con respecto a Mal. O mejor dicho, tenía totalmente claro el lugar que ocupaba Emma con respecto a su regreso.
Retiró sus brazos e intentó dar un paso atrás al ver su reacción pero Regina se lo impidió.
-No, Emma. No te vayas. Ni te lo plantees. Su regreso me afecta y sé que esto no será fácil de gestionar pero no tiene nada que ver contigo y mis sentimientos.- la escuchaba casi conteniendo la respiración -Me confunde la persona que se ha presentado hoy en la oficina. Sus modos y sus formas. Lo que me ha dicho. Son muchas cosas a digerir. Pero de toda esta confusa situación si algo tengo claro es lo que quiero contigo.-
Sonreía. Sus dudas estaban aclaradas y tenía entre sus brazos un posible futuro con la mujer que quería.
-Lo que siento contigo y por ti. Eso no va a venir a cambiarlo ni ella ni nadie, Emma.-
La rubia recuperó la cercanía y deslizó sus manos por los brazos que la rodeaban hasta llegar a los hombros, dejando un tierno beso en la nariz de Regina.
-Para no gustarle hablar de sentimientos se está convirtiendo en toda una maga de las palabras, Señorita Mills-
Terminaron sus postres entre lisonjas y arrumacos.
Para cuando salieron del restaurante la noche era clara y agradable. Decidieron volver al hotel dando un paseo y así charlar tranquilamente.
Compartían miradas, y los momentos de silencio eran serenos y cómplices. Las manos entrelazadas se deleitaban en sutiles caricias mientras continuaban las conversaciones de la velada.
Llegado un momento Emma se detuvo a observar el mar. Regina percibió la sonrisa y el brillo en sus ojos, y simplemente la rodeó por la cintura y dejó descansar su barbilla en el hombro de la rubia, contemplando el horizonte. Sentir su contacto y con la serenidad que aportaba tener despejada toda duda con respecto a la otra les había aportado el sosiego necesario para disfrutar del momento. Sin restricciones ni miedos.
-¿No te parece que éste podría ser el olor de la paz?-
-No lo había pensado, pero si no lo es podría estar cerca.-
-Cuando era una mocosa y venía una familia a visitarnos para elegir a que hijo o hija adoptar, los demás siempre hablaban de los juguetes que llevaban al orfanato, de los que comprarían para ellos, de si tendrían que compartirlos, de si su casa era grande… Yo sólo recuerdo sus olores.-
Regina estrechó aún más el agarre y Emma entrelazó los dedos con los de su morena.
-La casa de Ingrid estaba cerca del mar. Recuerdo que en invierno el salitre me congestionaba la nariz y en verano el pelo me olía a sal día y noche. Decía que me saldrían escamas de tanto estar en el agua. No fue mucho tiempo, pero allí fui feliz-
La morena le dio un beso en la mejilla y continuó escuchando atentamente. Tenía el corazón encogido, era la primera vez que Emma le hablaba de su pasado y se sentía contrariada. Quería saberlo todo y a la vez haría lo indecible por borrar de un plumazo todo el dolor y que tuviera únicamente recuerdos felices. Tenía razón su padre, ojalá la magia existiera de verdad.
Emma se giró dentro del abrazo y acariciando las mejillas de su morena sonrió emocionada
-Regina, el mar no me había vuelto a oler a hogar. Hasta ahora-
Una lágrima se escapó, deslizándose por su mejilla y terminando en el pulgar de la morena quien se acercó a sus labios y los acarició con los suyos, cerrando los ojos y atrapando en aquel momento la promesa de que siempre olería a mar en la vida de Emma.
Las rodeaba el silencio. Únicamente escuchaban el sonido del mar y el murmullo de vida nocturna a lo lejos perdida en las calas del fondo, donde los locales de la zona proponían música y bebida a quienes buscaban disfrutar de la noche. Pero no tenía absolutamente ningún interés en lo que allí ofrecían. Aún les quedaban unos minutos saboreando aquel momento, apreciando la calma que las envolvía… Podía respirar hondo y sentir como el aire llegaba hasta lo más profundo de sus pulmones y sólo sentía serenidad. Sus monstruos no se habían acallado pero apenas susurraban y le dejaban espacio para ser ella. Para sentir…
Regina había vuelto.
Habían llegado al hotel, y al pasar frente a la recepción tuvieron el instinto de deshacer el agarre. Se miraron durante unos momentos y ya en el ascensor Regina trató de contener un bostezo pero Emma se percató al momento:
-Cariño, están siendo unos días un demasiado intensos –
La mano que rodeaba la cintura de Regina automáticamente se tensó al ser consciente de lo que acababa de decir, pero la morena sonrió y respondió tratando de ignorar lo que aquella simple palabra había movido en ella.
-Un poco, pero estoy bien- ante la mirada que recibió rectificó -está bien, sí que lo están siendo… ¡Pero no me mires así! ¿Quién te dice que la intensidad está siendo mala? -
Se mordió el labio sutilmente mientras le guiñaba un ojo y Emma sintió como le temblaban las piernas.
-Necesitas descansar-
- ¿Te convencería de una última copa antes? Vaaamos, tenemos tiempo suficiente de descansar. Mañana no tenemos que madrugar, la rueda de prensa no es hasta las 12:00h-
Con los ojitos que Regina le ponía era imposible decir que no. Tenía su punto débil totalmente bajo su control y temía que teniendo esa información sería difícil resistirse a cualquier cosa que le pidiera su morena.
- ¿Siempre consigue lo que se propone, Señorita Mills? -
-No ose dudarlo, Señorita Swan-
La respuesta con voz cantarina y mirada divertida llegó justo cuando se abrieron las puertas del ascensor.
Según entraron en la habitación se pusieron cómodas. Emma se deshizo de los zapatos, que por falta de costumbre a los tacones altos la estaban matando, y Regina pasó un momento al servicio.
Estaba en la terraza abriendo la botella de sidra, seguía descalza y se había quitado el prendedor que le recogía el pelo sobre el hombro derecho cuando ella volvió. Era inevitable que se le escapara la sonrisa simplemente con verla…
Sentada en una de las hamacas se deshacía de las sandalias, mientras la contemplaba. Se había quitado las gafas y se había despojado de la blusa, quedándose con aquel palabra de honor que dejaba al descubierto los hombros.
Cuando la morena se puso en pie reparó en la mirada con la que la observaba y no dudó un momento en ponerla nerviosa
-Señorita Swan, percibo cierto interés por su parte ¿le gustan mis zapatos? -
-Son bonitos, pero no son ellos quienes llaman mi atención precisamente…-
Pretendía mantener el juego que ella había comenzado, pero le era imposible despegar la vista de los ojos que tenía delante. Deslizó un dedo por el fajín de su pantalón y la atrajo hasta que la distancia entre sus cuerpos se evaporó.
-Difícil no mostrar interés ante lo que veo-
