Su voz salió en un escaso susurro.
Siguiéndolo con la mirada deslizó el dedo índice por su mandíbula, acariciando el lóbulo de su oreja y trazó la línea del cuello apenas rozando su piel. La morena cerró los ojos y se estremeció. Emma continuó dibujando su clavícula terminando en su hombro.
Se acercó a su chica y sonrió levemente por el pensamiento; sí, era su chica.
Percibió la calidez de sus labios un instante antes de tocarlos.
Se fundieron en un beso apasionado que le robó el aliento. Su corazón hacía días que no era capaz de latir a un ritmo estable y en aquel momento palpitaba en sus manos. Notó como todos sus sentidos se sensibilizaron y a través de la yema de sus dedos pudo leer su piel. La suavidad la embargó. Las emociones que provocaba en ella tener a Regina cerca eran indescriptibles.
Sintió como ella rizaba los dedos en su melena, alejándose apenas unos milímetros para poder coger aire. Sus ojos desprendían fuego y todo su cuerpo vibró cuando tras besarla de nuevo la lengua de Regina rozó su paladar en un único gesto.
Sus manos la rodearon con viveza, la acariciaron a través de la ropa y la temperatura siguió en aumento mientras a tientas se acercaron a la barandilla. De pronto un ruido las sobresaltó, un fuerte golpe seguido de un quejido llamó su atención en el jardín del hotel. Se habían quedado observando, aún abrazadas, y tras escrutar en la oscuridad únicamente Emma pudo ver una pequeña luz. Regina estaba sin las gafas así que se quedó observando a la rubia con gesto curioso esperando que ésta le contara algo. Cuando sus miradas se cruzaron ambas se echaron a reír.
-Seguramente sería un gato, a veces durante la noche les brillan los ojos-
-Un gato con el don de la oportunidad, Señorita Swan-
Y tras una mirada felina, la cogió de la mano y atrayéndola hacia sí comenzó a caminar de espaldas, dirección a la habitación.
Regina trató de besarla, pero ella la evitó de forma traviesa. Se provocaban de forma seductora, las miradas destilaban deseo y Emma se colocó a su espalda. Deslizó las manos por los costados de la morena tallando su silueta mientras cerrando los ojos se dejaba embargar por el aroma en su cuello.
La urgencia dio paso a la parsimonia de deleitarse en cada gesto, disfrutar de cada caricia y regodearse en el momento alargándolo todo lo posible.
Besó su cuello, lamía cada centímetro de su piel mientras sintió como ella dejaba descansar su cabeza sobre el hombro izquierdo.
Comenzó a desatar su fajín y antes de poder acabar ella misma se lo había quitado. Regina se giró y de forma ardiente comenzaron la lucha por el dominio entre besos desinhibidos, húmedos e intensos. Fueron despojándose de la ropa de la otra. Sus pieles ardían en la necesidad de sentirse.
Tenía los ojos nublados por el deseo. Su cuerpo temblaba en la necesidad de sentirla y cada caricia, cada beso, no hacían más que avivar la llama. Le mordió el labio en medio de un leve gruñido y aquello provocó que la tumbara sobre la cama, rompiendo el contacto por un momento. La morena no se lo pensó un segundo y la atrajo, haciéndola caer sobre ella. Mantuvieron la mirada por un instante, Regina acarició su mejilla y la besó de forma dulce y calmada. Al separarse Emma le preguntó:
- ¿Estás bien? –
Sonrió enternecida ante la preocupación.
-Sólo soñando-
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Abrió los ojos despacio, la luz deslumbraba en la habitación. Un brazo la rodeaba por la cintura y tenía una melena rubia arropándole el pecho. Apartó los mechones de su cara y la observó dormir. Su gesto era sereno, casi sonreía.
La espalda desnuda y descubierta fue una tentación que no pudo aguantar y pasó varios minutos recorriéndola con las yemas de los dedos, dibujando mientras recordaba todo lo que había pasado el día anterior.
Había días locos y después estaba ese, pero a pesar de lo ocurrido con Mal, pese a los desmayos y la incertidumbre, se sentía feliz. Por primera vez en mucho tiempo lo bonito había ganado en peso a las preocupaciones y a los pesares.
Seguía acariciando a Emma cuando al acercarse al costado la rubia gortutió, pasó nuevamente la mano haciéndole una suave caricia y se removió. La sonrisa en la cara de Regina fue instantánea. Acababa de descubrir que su chica tenía cosquillas suficientes como para aún dormida no poder contenerlas. Alejó sus caricias de la espalda baja y fue subiendo hasta el cuello. Emma no pudo reprimir un escalofrío y así supo que estaba despierta.
-Buenos y bonitos días- dijo con voz somnolienta.
-Buenos días, Bella Durmiente-
-Yo soy más de Blancanieves-
Guiñaba un ojo intentando mantener el otro abierto. Seguía sintiendo las cosquillas en la espalda y estaba aguantando el reflejo de su cuerpo a duras penas. Le era casi inevitable la reacción exagerada. Sabía lo que la morena buscaba, cuando vio que no iba a poder resistir más se adelantó antes de caer rendida y fue ella quien atacó.
Atrayéndola con el brazo que la rodeaba la envolvió en lo que acabó siendo un asalto fallido y cayendo en su propia trampa.
Se enzarzaron en una pelea donde Regina tenía todas las armas. La habitación se llenó de carcajadas y de pequeñas amenazas de venganza hasta que dio con el verdadero punto débil de la rubia, quien en un intento de escabullirse acabó por caerse de la cama tras una pirueta accidentada.
Durante una fracción de segundo la morena temió que se hubiera hecho daño y acudió en su ayuda, pero se la encontró con un ataque de risa mudo, totalmente sonrojada y sin respiración. Sin poder contener su propia risa intentó ayudarla a levantarse, pero acabó también en el suelo.
Cuando lograron coger aire, tumbadas sobre la alfombra de aquella habitación de hotel, abrazadas y mirándose a los ojos, supieron que aquello no era una historia que quedaría allí. Volvería a casa con ellas.
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Desayunaban en la terraza, tras haberse duchado y preparado para la rueda de prensa, compartiendo un silencio cómodo. El sol les regalaba un baño de calor agradable sin ser aún asfixiante, y tenían atados todos los puntos necesarios relativos a la jornada laboral con tiempo suficiente.
Regina la observaba. Sujetaba el zumo de naranja mientras contemplaba el mar a lo lejos con la mirada serena. Su expresión era calmada e infundía paz. Una ligera sonrisa, de las que se transmiten con los ojos o con el corazón más que con los labios, se leía en su rostro.
De pronto se giró, sorprendiéndola eclipsada y la morena se sonrojó.
-Un Isik por tus pensamientos-
- ¿Traducción? –
Emma estalló en carcajadas -Mucho que aprender todavía tienes, joven Padawan-
- ¿Perdona? - Su ceja arqueada y su sonrisa de medio lado daban lugar a una situación cómica. Esa frase ya la reconocía, pero si algo tenía claro es que su rubia no dejaría de sorprenderla.
-Sólo te observaba- se sonrieron. -y recordaba el momento de anoche-
Tras un gesto sugerente de la rubia, aclaró -también, pero no. Me refería al momento en la playa. -
Emma cambió de tema sin pretender ser brusca, no dando lugar a malos entendidos. No quería ahondar.
- ¿Cómo te encuentras hoy? Sé que no has tenido pesadillas, pero me preocupa tu salud. -
-Me encuentro bien. Ayer por la tarde hablé largo y tendido con Archie y entre otras cosas me aclaró el asunto de mis pesadillas y mis desmayos. Se supone algo "normal", por así decirlo. Aunque a la vuelta me haré un chequeo para mayor tranquilidad, no me mires así. -
-No me quedaré más tranquila hasta que lo hagas. –
Cerró los ojos y disfrutó de los rayos del sol sobre su cara mientras la cogía de la mano. Sus dedos se entrelazaban y enredaban entre caricias y jugueteos. Realmente se sentía a salvo. Respiró hondo y se lanzó a hablar:
-Ingrid me acogió cuando yo tenía 6 años. -
Por un breve instante pareció que hasta la leve brisa que corría se había detenido. Regina se quedó en silencio, aguardando a que ella estuviera preparada para hablar.
-Cuando cayó enferma le quitaron la custodia sin parpadear. Nos separaron. Angus era mayor que yo y acabó metiéndose en líos, lo último que supe es que terminó en la cárcel. A los mellizos la última vez que los vi fue aquel día. Me sacaron de casa arrancándome de los brazos de Ingrid y no pude despedirme de ellos, los habían metido en otro coche y no los volví a ver.
Sin avisos, ni ayudas ni nada… Éramos una familia y la rompieron sin pensárselo dos veces. -
Tenía la mirada perdida y el lazo que eran sus manos se había convertido en un nudo.
-Estuve de familia en familia hasta que me dijeron que ella había muerto al cabo de un tiempo y decidí escaparme. No iban a acogerme en ninguna otra casa así que decidí buscar mi lugar.
En ese tiempo conocí a Lily. Después de que Ingrid lograse que confiase en ella y todo lo que ocurrió tardé mucho tiempo en darle una oportunidad, pero supo hacerse su sitio. Vivimos en la calle, trabajamos en lo que pudimos y ocupamos un edificio abandonado. Las dos teníamos muy claro que queríamos salir adelante, estudiar. Convertimos aquellas cuatro paredes ruinosas en nuestro hogar y éramos la familia la una de la otra. Lo somos. –
Emma buscó con la mirada a Regina esperando una reacción y se encontró con la complicidad más absoluta. No necesitaba decir nada y eso la tranquilizaba, pero si había algo que le podía hacer sentir mejor que el apoyo era saber que nunca obtendría compasión de los ojos de la mujer que tenía en frente.
-Hay mucho más que debo contarte, pero creo que tenemos suficiente melodrama por hoy-
Sonrió, aún con los ojos sumidos en la tristeza de haber revivido su historia, y atrajo a su morena halando de la mano por la que aún estaban unidas para que se sentara sobre su regazo.
-Señorita Mills, en un rato saldremos del santuario que suponen estas cuatro paredes para salir nuevamente al mundo, donde usted vuelve a convertirse en mi sexy, respetable, elegante y mandona jefa mientras que yo volveré a ser únicamente su asistente por lo que solicito una pequeña prórroga. Su majestad, esta humilde sierva necesita un periodo de adaptación para enfrentarse a la realidad. -
La carcajada de Regina resonó en los tímpanos de la rubia provocando una sonrisa que se dibujó no sólo en sus labios, sino también en sus ojos, borrando el rastro de momentos atrás.
-Señorita Swan, lo que usted tiene es mucho descaro y demasiada astucia. ¿Así que mandona? -
-Ah, pero lo de Sexy, respetable y elegante no lo escuchas, ¿no? -
-Eso mejor se lo compenso-
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La rueda de prensa fue impecable. Todos los cabos quedaron atados y haber logrado atajar el problema de De Locksley sin que hubiera ninguna filtración antes de lo previsto fue todo un logro.
Robin estaba ya entre rejas, la delegación seguía su curso y Ruby Lucas ocupaba su nuevo puesto. La tranquilidad de Regina era absoluta dejándola en sus manos tras su trayectoria, pero dada la situación personal, además, le complacía que se tuvieran la una a la otra en lo personal y en lo profesional. Su hermana se merecía ser feliz. Aunque nunca se lo diría, por supuesto. "Suficientes ñoñerías digo ya últimamente"
Mi gentecilla ¡hola!
Mil perdones, lo primero, por tardar en actualizar. Ahora ya voy escribiendo al mismo ritmo que actualizo y no siempre me permite avanzar tanto como quisiera. (Maldita la hora en que se me borró lo escrito : D )
¡Puñaos' de gracias por el apoyo a la historia! Por leerla, votar, comentar, los mensajinos... Sois lo más 3
¡Al fin avanzan estas dos! que nos van a dejar calvas de la tensión... (Me incluyo)
Ya me contaréis que os ha parecido ese... "acercamiento" (guiño, guiño-codazo, codazo).
No es por meter hype ni mucho menos...
No quisiera yo cortaros el buen sabor de boca que os haya dejado la dosis de arcoíris y empalague, pero se viene el drama. Pronto.
Ahí lo dejo xD.
Muahahahaha
¡Besinos de chocolate!
·Antrilewis·
