NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS

¡Hola a todos!

¿Cómo están? Yo súper feliz por sus lindos comentarios y favoritos 3 (¡no sabes cuánto los amo!) en fin, les traigo este capítulo muy pronto porque ya estaba casi terminado, sólo pulí unos detalles. El siguiente capítulo lo subiré el próximo viernes c:

Reviews:

Guest: lo siento, pero no te apures, Judy también tendrá momentos felices c:

Marianne E: ¡Muchas gracias por tu alegría! me anima muchísimo. Me intriga saber qué teorías tienes en mente, si me las explicas en otro comentario podrías hasta darme ideas jeje. Pero en lo que respecta a Judy, que ya tengo desarrollado, aún faltan más cosas por aclarar, que saldrán más adelante c:

Ju: desde luego ¡capítulo nuevo!

Guest1: me alegra que te gustara ¡disfruta este capítulo!

MUCHAS GRACIAS también a los favoritos y followers, ojalá este capítulo también les agrade.


Capítulo 2

Dulce criminal

As he came into the window

Was a sound of a crescendo

He came into her apartment

He left the bloodstains on the carpet

She ran underneath the table

He could see she was unable

So she ran into the bedroom

She was struck down

It was her doom

(Mientras él entraba por la ventana

Hubo un sonido de un crescendo

Él entró en su apartamento

Dejó gotas de sangre en la alfombra

Ella corrió bajo su mesa

Él pudo ver que ella estaba acorralada

Ella corrió a su dormitorio

Cayó fulminada, fue su condena.)

~"Smooth Criminal" by Michael Jackson

o0o

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Zootopia, 30 años atrás.

Ella sabía que no vivía en la mejor zona de la ciudad, pero tampoco en la más peligrosa. Ahora bien, ser la hija de un narcotraficante la ponía siempre en las peores situaciones. Su padre intentaba mantenerla alejada de todo lo relacionado a su violento mundo, pero por más que lo intentó, al final llegaron a cobrarle lo debido.

No escuchó ningún balazo, sólo el sonido de un cuerpo pesado golpearse contra el piso, al asomarse vio que los guardaespaldas rinocerontes contratados por su padre estaban muertos, y eso la llenó de total pánico. Cerró la puerta de su apartamento –como si con eso pudiera detenerlo– apagó las luces de todo el lugar y arrastró el teléfono con ella, debajo de la mesa del comedor, agradeciendo que el cable era larguísimo.

Sus patas temblaban cuando alzó el auricular, viendo a todas partes, intentando adivinar de dónde podría salir el asesino, marcó de memoria el número de su padre, pero el timbre sonó sólo dos veces cuando el ruido de un fuerte golpe la asustó, haciendo que el auricular cayera al suelo.

El golpe provenía de la sala, sin perder tiempo, se levantó y corrió a su dormitorio, intentaría salir por la ventana y usar las escaleras para incendios. Apenas llegó al umbral del cuarto cuando un certero y fuerte golpe en las costillas la dobló de dolor, y un par de sombras sujetaron sus patas en alto, amordazándola antes de que pudiera gritar. La oscuridad no le dejó ver ni quién la sujetaba ni qué estaba pasando, la empujaron violentamente a su baño.

El pánico inundó todos sus sentidos ¡iban a ahogarla! ¡a ella, que siempre le tuvo miedo al agua! Forcejó con todas sus fuerzas, pero la arrojaron a la bañera, que estaba vacía, y antes de que pudiera reaccionar un agudo dolor en sus antebrazos le hizo gritar otra vez. La mordaza no permitió que su alarido fuera escuchado por nadie, pero pudo sentir el cálido líquido que emanaba de su cuerpo comenzar a gotear. Escuchó casi como un sueño que alguien abría la llave de su bañera, y pronto sintió el agua empapar sus pies.

Se sintió débil y mareada, la sujetaron de manera en que se quedara sentada en la bañera, con el agua ascendiendo cada vez más y la sangre saliendo de sus venas con mayor velocidad. Las sombras se movieron a su alrededor eliminando todo rastro de su presencia. En cuestión de minutos, no quedó nada, más que el cuerpo sin vida de una jovencita ya desangrada.

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Todos los animales del Distrito Forestal sabían que debían cuidarse de Zar. Era una comadreja, no sólo en su especie, sino en el sentido más despectivo de la palabra. Mano derecha de Erik la Cebra, líder del Cártel Rayado, Zar sabía de su poder y lo aprovechaba para intimidar a cuantos quería, fue esa la manera en que consiguió una colonia entera del Distrito Forestal para él solo, a donde la policía no acudía y en donde su palabra era ley. Erik no parecía darle importancia, a final de cuentas Zar cumplía con su trabajo, lo que hiciera de su vida le importaba un comino.

A la hora acordada, Mark e Iván estaban de pie esperando por Zar, sabiendo muy bien que ese encuentro sería determinante en sus vidas. Eran unos cocodrilos jóvenes, de apenas dieciséis años, ni siquiera habían llegado al máximo de su altura. En la oscuridad del recóndito callejón donde estaban, la humedad se les colaba en cada poro de su escamosa piel, respiraban con pesadez, ansiosos y nerviosos.

Zar llegó diez minutos tarde, pero siendo el que tenía poder ahí, nada podía reclamársele. Estaba escoltado por dos grandes leones, y tenía una sonrisa petulante.

—¿Lo conseguiste?—preguntó Zar, con un tono de voz molesto.

—Sí—Mark le mostró una maleta—Aquí está.

—Deja la maleta a medio camino en el suelo.

Así lo hizo, uno de los leones la agarró, en todo momento mirándolos agresivamente, abrió el zíper y Zar analizó su contenido.

—Muy bien.—sacó un fajo de billetes, el cual lanzó hacia ellos—El precio acordado.

Mark sintió la sangre en sus venas arder de enfado por la manera despectiva en que esa sucia comadreja había lanzado el dinero, pero se contuvo de hacer o decir algo imprudente. "Cuando yo tenga el poder" pensó "Ya veremos quién ríe de quién".

—¿Y el otro trato?—preguntó Iván, notando que su compañero estaba esforzándose en no perder los estribos.

Los leones gruñeron, pero Zar los calló con un gesto ¡esos jóvenes eran enjundiosos!

—No coman ansias—les dijo—Si a Erik le gusta, hablamos de negocios. Hasta entonces… disfruten su dinero.

Zar se fue, dejándolos solos. Mark contó el dinero, era el acordado, con eso podrían comprar más ingredientes.

—Pero ¿estás loco?—le dijo Iván—Si vendemos esa droga a alguien más Erik puede cortarnos la cabeza.

—No la venderemos a alguien en especial, la distribuiremos nosotros mismos.

—¡Eso es peor! Nosotros somos sólo dos. Y si hacemos un cártel ¿te imaginas el problema en que nos meteríamos?

—Vamos Iván ¿dónde está tu visión? ¡podemos empezar algo grande, tú y yo, hermano! Como siempre hemos soñado.

Algo dubitativo, Iván decidió hacerle caso. Al amanecer se abastecieron en el mercado negro y se instalaron en una bodega demasiado abandonada como para que alguien recordara que existía. Mark le enseñó a Iván la producción de la droga, y éste se maravilló de que hubiera animales que pagaban muy bien por esa basura.

—¿Cómo la venderemos?

—Ofreciéndola, desde luego, a quienes veamos. Recuerda bien el precio.

—Si la das tan barata ¿cómo conseguiremos ganancia?

—El punto es engancharlos. Si se hacen adictos, luego pagarán lo que sea por una dosis pequeña.

—Espero que sepas muy bien lo que haces, Iván.

—¿No eras tú el que hablaba de pensar en grande, Mark? No se raje. Vamos, tenemos mucho que vender.

Con la mercancía en sus maletas, ambos cocodrilos salieron de la bodega, pero apenas dieron dos pasos cuando el periódico del día les cayó sobre la cara, lanzado por un mocoso repartidor. La nota en el encabezado detuvo todos sus planes:

"Pamela Zereg, hija del peligroso narcotraficante Erik la Cebra, apareció muerta en su apartamento esta mañana. La evidencia indica que se trató de un suicidio"

.—¡Maldita sea!—gritó Mark.

Erik no tardaría en buscar culpables y, por el bien de sus cuellos, lo mejor era esconderse.

o0o

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Zootopia, hoy.

Judy no se sorprendió cuando despertó y vio que Nick ya se había ido, eran las nueve de la mañana, la hora justa en que él entraba a la comisaría. A veces él la despertaba suavemente antes de irse para desearle un buen día, pero esa mañana encontró media cama vacía, y una nota en el buró:

"Te llamo en la tarde, cuídate."

Estiró la espalda, tenía el cuerpo cansado por todo el trabajo de jardinería que hizo. Asomándose al patio, recordó las cosas que ocupaba comprar y con eso en mente fue a la cochera. Ni siquiera había preguntado a Nick cómo y en dónde encontró su auto, ya le preguntaría en la noche, por lo pronto se subió y condujo al supermercado, abasteciéndose en el área de jardinería.

Regresó a casa y se puso a trabajar, con los guantes en ambas patas y un sombrero de alas anchas que la protegía del sol. Removió cada centímetro de tierra en el huerto, abriendo después los surcos y enterrando en pequeños hoyos las semillas de zanahorias y moras que compró. Después regó la tierra, dejándola en ese estado lodoso que desprendía el suave aroma a tierra mojada que la trasladaba a la infancia.

Después fue al jardincito, echó fertilizantes a las plantas que había y cavó pozos no tan profundos para los dos rosales y el geranio que compró. Eran un poco más pequeños que sus plantas viejas, pero no tardarían en crecer, con los cuidados adecuados. Lo más tedioso fue plantar, en ambos lados de sendero, dos hileras de semillas de campanillas, que según sus cálculos podrían crecer lo suficiente en un mes.

Todas esas actividades fueron hechas con mimo y esmero, tanto que Judy no se percató de que ya era de tarde. Regresó a la realidad cuando sonó el teléfono, y entró apresurada a la casa.

—¿Bueno?

Hola, lamento marcarte tan tarde—era Nick, ella vio el reloj y comprobó que eran las tres, cuando Nick solía marcarle a mediodía—Pero llegó un caso complicado y he estado atareado.

—No te preocupes, también he estado ocupada—su voz sonaba mucho más relajada que el día anterior.

¿Sigues trabajando en el patio?

—Sí, no me había dado cuenta que estaba tan descuidado.

Me alegra mucho, ayer te veías mejor. Y hoy suenas muy bien.—Nick habló rezando que ella tomara bien esas palabras, pero Judy, cansada y satisfecha por sus labores de jardinería, no notó el tono nervioso de su esposo.

—Gracias. Sigue trabajando ¿quieres algo de cenar?

Lo que tú quieras, quizá llegue algo tarde.

—Está bien, cuídate.

Adiós.

Cuando colgó, Judy pensó que ya era hora de que descansara un poco. Prendió el televisor para que el sonido de fondo la distrajera, en eso abrió el refrigerador y sacó los ingredientes para hacerse un omelette con verduras. Se tomó su tiempo, oliendo cada ingrediente, escuchando a las verduras cortarse bajo el filo del cuchillo, oyendo con atención el sonido del aceite, saboreándose la comida por los deliciosos olores que desprendía bajo el fuego de la estufa.

Sentada en la mesita, con un vaso de jugo de naranja, Judy comió a deleite, como llevaba mucho tiempo sin comer, y puso al fin atención a la tele. Era el noticiero, un reportero novato que aún se veía nervioso ante la cámara contaba los últimos detalles de un presunto suicidio.

"…La muchachita fue encontrada sin vida en el cubículo que compartía con su compañera de escuela y trabajo, se cortó las venas a altas horas de la madrugada, y dejó una nota que aparentemente explicaba las razones de su decisión. Las autoridades se están haciendo cargo de todo según el protocolo, ni la familia ni los compañeros de trabajo han querido testificar por lo que…"

—Amarillismo.—dijo Judy, cambiándole al televisor, sintonizó una película y la vio hasta que terminó de comer.

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Nick fue despertado a las seis de la mañana por Melody Wallace, su compañera de trabajo. Tenían que reportarse en Lawrence & Asociados por un supuesto homicidio. Sin perder tiempo, Nick se puso el uniforme, le dejó una nota a Judy y compró tres cafés en su camino al edificio de cinco pisos que albergaba las oficinas de una de las compañías más grandes de abogacía en la ciudad.

Melody ya estaba ahí, dirigiendo a un equipo especial policíaco que tomaba fotografías y reunía evidencias. El cuerpo de la yegua, palidísimo y endurecido, yacía sobre un charco de sangre, que provenía de sus muñecas. A pocos centímetros de las pezuñas estaba una navaja ensangrentada. El olor a hierro era penetrante, y como las oficinas estaban abriendo, muchos animales se asomaban por los pasillos intentando ver algo, el murmullo de sus voces era bastante molesto.

—Pobrecilla—dijo Melody con tono maternal, tenía treinta y cinco años, era una zorra albina muy hermosa y de corazón bondadoso. Había estudiado para ser policía porque deseaba sinceramente hacer un mundo mejor. Nick muchas veces encontraba en Melody actitudes que le recordaban a Judy; pero Melody era menos sentimental, y cuando las situaciones la estresaban, llegaba a ser muy fría.

—¿No te parece extraño que decidiera suicidarse en una oficina?—preguntó Nick, mientras leía el reporte con la poca información que tenían.

—Quizá estaba muy estresada—respondió Melody—Era universitaria, ya sabes cómo los jóvenes de hoy en día se estresan tanto por el trabajo y la escuela.

—Me sigue pareciendo extraño.

—La autopsia nos dirá si hay algo extraño, Nick. Tenemos que firmar para que se lleven el cuerpo, y terminar de revisar la zona para que limpien el área. Después de todo, hay gente que trabaja aquí.

—Si mi compañero de trabajo se mata en la oficina, no regresaría al mismo cubículo aunque me aumentaran el sueldo.—lo dijo con demasiada seriedad como para que alguien lo considerara broma.

Ciertamente los detectives se acostumbraban a ver cadáveres, pero no por eso se insensibilizaban. Cada muerte escondía un misterio, y cada cuerpo reclamaba ser vengado por la justicia, antes de terminar de enfriarse y ser enterrado para siempre en algún cementerio.

Nick dejó el informe de lado, poniéndose los guantes de látex blancos para revisar el escritorio. Era pequeño, con una computadora aún encendida que tenía varias carpetas y aplicaciones abiertas. Una nota, impresa en papel bond, tapaba el teclado, Nick la tomó en sus manos cuidando no doblarla y leyó en voz alta:

—"Querida familia, queridos amigos, no puedo explicarles lo que nunca han entendido. Por favor, perdónenme si les causo daño. Hay sentimientos que no pueden salir de mi corazón, pero espero sepan siempre que los amo, y que agradezco esos destellos de felicidad que pusieron en mi vida. No es nada personal, simplemente no tengo ya fuerzas. Siempre los amaré."

—Bien, empiezo a notar lo extraño—le dijo Melody, guardando con cuidado la nota en una bolsa de plástico.

Las notas de suicido varían, desde luego, pero no suelen ser tan… ¿afectuosas? Había algo extraño en esa nota, que si bien era una despedida, se sentía un tanto artificial.

El cuerpo de la yegua fue colocado en una bolsa especial, y sacado en camilla rumbo a la morgue donde se le haría la autopsia posteriormente. Tras unas últimas fotografías, el lugar comenzó a ser diestramente limpiado. No había indicios de forcejeo, ni de puertas forzadas, nada que señalara la presencia de alguien más en la habitación.

Melody guardó las redes sociales de la occisa, pensando que así podrían investigar su perfil más a fondo, y revisó las carpetas que tenía abierta en el computador, todas eran de la escuela y el trabajo.

—También hay una aplicación de música ¿jazz o blues?—preguntó a Nick. Habían aprendido que, cuando alguien se quitaba la vida, la mayoría de las veces ponía esa música de fondo.

—Blues.

—Jazz.

—¿Quién pierde paga la comida?

—Hecho.

Melody abrió la aplicación y, en modo Replay, llevaba reproduciéndose durante horas la misma canción.

—Es pop.—dijo.—Mira.

Nick vio el nombre del artista, primero quiso reír de ironía ante el nombre de la canción, pero esa ironía le causó la duda suficiente para que sus sospechas se sintieran con fundamento.

—Quita los audífonos.

Los policías que limpiaban la escena se asustaron un poco cuando la aguda voz de Michael Jackson resonó en la habitación.

Annie, are you ok?

Will you tell us that you're ok?

There's a sign at the window

That he struck you

A crescendo, Annie

(Annie, ¿estás bien?

¿Podrás decirnos que estás bien?

Hay una señal en la ventana

De que él te fulminó

Un crescendo, Annie)

—¡Por Dios, tengan más respeto a los difuntos!—dijo John, el tercer y último miembro en el equipo de Nick—Esa canción, en este contexto, puede ser de muy mal gusto.

—Si hubieras llegado a tiempo, sabrías que se trata de una interesante pista—le reprendió Nick.

—Lo siento, pero tengo el sueño algo pesado.—sus ojos enrojecidos por el cansancio lo delataban—¿Es eso café?

Señaló la charola de cartón que tenía tres cafés enfriándose, Nick frunció el ceño.

—No para ti.

—¡Eres cruel!

—Y tú impuntual.

—Cállense ya los dos—dijo Melody, dándole un vaso de café a John y una fotografía de la escena del crimen—A primera vista parece ser un suicidio, pero Nick y yo tenemos algunas sospechas.

—¿Por qué?—les preguntó, bebiendo café. John era un lobo también, el más joven del grupo con sólo veintisiete años de edad. Era enérgico, pero también algo despreocupado y flojo. Era policía porque su padre lo fue antes que él, y antes su abuelo, convirtiéndose en una tradición familiar. Fuera del papeleo, John encontraba al asunto policiaco como entretenido, era demasiado práctico como para torturarse pensando en cosas como "¿qué otra carrera te hubiera gustado?" o "¿qué es lo que realmente te hace feliz?".

—La nota de suicidio es extraña—Melody le tendió la bolsa de plástico, para que pudiera leerla—Esperamos que la autopsia revele más detalles.

—Además, la occisa puso esta canción en reproducción, lleva sonando toda la noche desde su defunción o quizá antes.

You've been hit by

You've been struck by

A smooth criminal

(Has sido golpeada

Has sido fulminada

Por un dulce criminal)

John leyó la nota y escuchó la canción, creaban el ambiente perfecto para que se sintiera una conspiración de fondo. Era astuto, a pesar de sus defectos, y por eso revisó otra vez las fotos del crimen, señalando algo que no habían visto.

—Mira la postura del cuerpo—le dijo a Nick—No parece que se hubiera caído del escritorio, ni tampoco que se hubiera sentado antes de cortarse… es extraño, casi como si la hubiera dejado así.

—¿Tú lo crees?—repuso Melody, prestando atención a los detalles de la foto.

—Sí, mira, tiene ligeramente torcida la espalda, ese ángulo es forzado. Quien se corta las venas, tarda en perder el conocimiento, pudo perfectamente acomodarse, o en su defecto desplomarse, pero ésta posición es atípica.

Nick escuchaba a su compañero, y la música de fondo no ayudaba nada. Cuando la escena estuvo prácticamente limpia, debieron abandonar el lugar, Melody habló con los encargados del edificio para pedirles copias de los videos de vigilancia, pero los de seguridad le notificaron con tristeza que el cubículo donde trabajaba la occisa no tenía cámaras, al ser oficinas secundarias de personal transitorio. Eso despertó aún más sus sospechas ¿habría sabido la occisa, antes de quitarse la vida, que estaba en uno de los pocos recintos del edificio sin cámaras de vigilancia? Era una coincidencia extraña. Regresaron a la comisaría, donde Melody investigó a la difunta por sus redes sociales en lo que llegaba el informe de la autopsia.

Por más sospechas que ellos tuvieran, lo cierto es que no podían decir que se trató de un asesinato hasta que tuvieran pruebas, y la más importante era siempre la causa ¿quién mataría a una pasante de abogacía? De las cosas que pudieron revisar en sus redes sociales, era una mujer joven común y corriente. La Universidad de Zootopia les facilitó su expediente, y vieron que estaba becada por excelencia académica. Quizá la teoría primera de Melody era cierta, y la chica se quitó la vida por un colapso causado por el estrés. Un ritmo de vida así no era sencillo.

Pero era tan joven ¡sólo 23 años! esa joven yegua debía estar divirtiéndose con sus amigos, tomándose la foto de la graduación con sus padres, conocido a un buen caballo y formar con él una familia… no estar en la morgue siendo analizada por un médico especialista.

El informe llegó a mediodía, y señaló cosas muy curiosas. El corte en las muñecas era muy profundo, a un nivel que era casi imposible de provocarse uno mismo. Además, tenía un golpe en la cabeza, que si bien pudo ser causado por la caída al piso, no se debía descartar en el informe. No había señales de drogas, venenos o sustancias extrañas en la sangre. Estaba completamente sana, y tampoco se mostraban deterioros típicos por el estrés, la ansiedad u otros cuadros mentales.

Un golpe extraño en la cabeza. Cortadas muy profundas. Posición extraña del cuerpo. Una canción de fondo muy subjetiva…

Anne are you ok?

Are you ok Anne?

(¿Anne estás bien?

¿Estás bien Anne?)

—No quiero cerrar este caso—dijo Melody abatida—Pero no tenemos información ni pistas para plantear un asesinato, y puede señalarse un suicidio.

—¿Qué hacemos?

Nick había estado más callado de lo usual, leyendo, investigando, pensando. Algo se le estaba escapando, lo intuía con ese sexto sentido tan desarrollado a lo largo de su complicada vida. No cerrarían el caso, al menos no por ahora.

Pensaba en eso cuando se oyeron gritos por el pasillo, un policía intentaba detener a una yegua, que se abría paso con éxito hasta la puerta de los despachos. Nick la reconoció de inmediato. Mary Topperwerth conservaba la digna pose y la elegancia que la caracterizaba, pero su rostro estaba crispado por una combinación de dolor e indignación, y sus ojos, antes serenos, centellaban rayos penetrantes.

—¡Exijo hablar con el detective!—dijo Mary—¿Quién atiende el caso de Sasha McCallahan? ¡Díganme!

—Señora, le digo que no puede estar aquí. Si me acompaña al vestíbulo podré decirle…

—¡Tú no solucionarías nada aunque tuvieras enfrente todas las evidencias del mundo! Déjame en paz. Sasha McCallahan ¿quién tiene su caso? ¡Hablen!

—¿Señorita Topperwerth?—Nick caminó hacia ella.

—Nicholas Wilde—Mary le reconoció, pero se sorprendió de verlo ahí.

—Déjala pasar, Tom—le dijo Nick al cansado oficial de policía—Yo me hago cargo.

—Si el Jefe Jones se molesta…

—Se molestará conmigo. No te preocupes.

Tom se fue enfurruñado. Nick escoltó a Mary hacia su escritorio, le invitó una taza de café, pero ella lo rechazó.

—No quiero perder tiempo—le dijo, con ambas patas colocadas grácilmente sobre su regazo y rostro endurecido—¿Sabes quién atiende el caso de Sasha McCallahan?

—Yo lo atiendo, junto con mi equipo, que sigue investigando allá al fondo ¿en qué te puedo servir?

El endurecido rostro de Mary mostró una mueca de incredulidad, después una sonrisa, y al final una risa baja, amarga y llena de ironía. Nick, que estaba acostumbrado a las más extrañas reacciones en familiares y conocidos de los fallecidos, la dejó hacer, sin decir nada.

—¡La vida es tan curiosa!—dijo Mary, luego su boca volvió a ser una línea dura—Precisamente tú, llevando este caso… ¿qué ha sido de Judy?

—Ella sigue asignada al Distrito Central—le dijo—Pero temo que está incapacitada por ahora.

—¿Se encuentra bien?

—Ha tenido mejores momentos—le dijo, sin querer hablar del tema—Dígame, señorita Topperwerth ¿qué sucede?

Mary miró a Nick de pies a cabeza, no había sido mucho de su agrado por un malentendido en el pasado, pero intentó dejar esos sentimientos de lado cuando supo que era pareja de Judy. Alguien tan encantadora como Judy no podía haberse enamorado de un ser ruin, pensó Mary. Pero conocía poco a Nick, y nunca le dieron ganas de conocerle más. Ahora estaba ahí, frente a ella, llevando a cabo ese importante caso… ¡las vueltas de la vida!

—Un amigo que tengo en las comisarías me dijo que probablemente cierren el caso de Sasha como suicidio—sus palabras, siempre bien escogidas, sonaban fluidas y frías—He venido porque esa es una mentira.

—¿Cómo lo sabe? ¿Tiene pruebas?

—Temo que no físicas. Tenga—sacó un celular y se lo dio—Las conversaciones que tuve con ella sugieren una vida sana, llena de proyectos. Ella no era el tipo de persona que se quitaría la vida, menos cuando estaba avanzando tanto en su caso.

—Antes de continuar, dígame ¿qué relación tiene usted con Sasha?

—¿Qué no lo sabe? Sasha McCallahan es mi sobrina—sus ojos se suavizaron al hablar de ella—Es la única hija de mi hermana menor. Ella está destrozada, y yo también, pero no estaré de brazos cruzados hasta que le hagan justicia. Conocí bien a mi sobrina ¡éramos muy unidas! Ella nunca se suicidaría… nunca.

Nick sintió que su cabeza estallaría ¿Sasha sobrina de Mary Topperwerth? Sonrió con ironía, ahora entendía por qué la hermosa yegua había reído con tanta amargura. En esas ocasiones recordaba que la vida siempre le gustaba jugar con ellos, y más con él.

—Era brillante, como bien debe ya saber. Pero lo que no sabe, es que mi sobrina había encontrado una pista muy sugerente para el caso en el cual ayudaba en aquél bufete de abogados. Estaba encantada, porque si el caso se resolvía, hasta podrían darle empleo. Esa información está en los mensajes que ella misma me mandó.

—¿Recuerda en qué caso trabajaba su sobrina?—preguntó Nick, abriendo la aplicación de mensajes en el celular de Mary.

—¿No se los ha dicho el bufete?

—Es delicado, como los bufete manejan información confidencial, se necesita un permiso especial de por medio… no le aburriré con trámites burocráticos, el punto es que esa información nos llegará más tarde.

—Bueno, le diré antes de que llegue. Mi sobrina trabajaba en el comité del Lic. Pumalez, el abogado defensor de Sergei Wormwood.

Ante ese nombre, Nick la miró a los ojos, había una llama maliciosa en la mirada de ambos. Tanto Mary como Nick tenían esa aguda percepción que les dejaba intuir donde había gato encerrado, y si antes Nick había tenido sospechas por el suicidio de Sasha, ahora estaba convencido de que fue un asesinato.

—¿Está segura?

—Completamente. Y lo que es peor, según el mensaje que ella misma me mandó—se puso de pie, y buscó el mensaje en su celular para mostrárselo—La pista que ella tenía podía poner a Wormwood en libertad.

Una cosa así, definitivamente, podía ser la sospecha de un asesinato.

—Lo que me estás sugiriendo es muy grave, Mary, espero que lo tengas presente.

Ella rio con amargura.

—Mi sobrina está muerta ¿qué más puedo perder, Nick? Si voy a la cárcel, está bien, si me matan, también. A estas alturas de mi vida poco puedo hacer por cambiar quién soy, y mientras siga viva, lucharé por vengar a los míos.

Sabía que sentía todas esas palabras.

—Me quedaré con el teléfono, puede sernos de ayuda.

—Nick, una cosa más—el semblante de Mary adoptó tal dignidad, que Nick se sintió intimidado—Si la burocracia te exige cerrar el caso (porque sé muy bien cómo funciona el sistema) no desistas. Te lo suplico. Confiaré en ti para que el asesino de mi sobrina quede tras las rejas…no me decepciones, te lo imploro ¡o yo misma lo buscaré! Y sabes que hablo enserio.

—Te lo prometo, Mary.

El pacto quedó sellado, Nick la escoltó fuera del edificio. Cuando regresó, comunicó la información a sus compañeros, ellos también intuyeron algo muy podrido en medio de tal aparente caso.

Analizaron el teléfono de Mary, los mensajes que Sasha le mandaba eran los de una joven alegre. Para ese punto, Nick había descartado cerrar el caso, y habló con el Jefe Jones. Éste sabía muy bien que, aunque le dijera que no, Nick aún así haría lo que creyera mejor, así que le dejó continuar el caso y le permitió agendar citas con los compañeros de Sasha el día siguiente para entrevistarlos.

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Nick estaba nervioso, no sabía cómo se desarrollaría la noche, sólo esperaba que al menos fuera en una manera que pudiera controlar. Con el maletín en su mano, bajó del coche y entró a la casa. Judy estaba sentada mirando la televisión, sus orejas se alzaron cuando entró y le saludó sonriendo.

—¡Hola!—dijo—La cena está lista, te sirvo en un momento.

—Gracias…

Judy sirvió la comida en los platos, pero al notar cómo Nick seguía parado en la cocina, sin moverse, los dejó en la mesa y se le acercó.

—¿Todo en orden?

—No del todo—confesó—Hay un caso nuevo y muy importante.

—¿Cuál es?

—De una yegua de 23 años llamada Sasha McCallahan.

—¡Ah, vi una nota en la tele!—Judy le dio la espalda para sacar jugo del refrigerador—¿Lo estás llevando tú?

—Sí.

—¿Y bien? ¿Fue suicidio?

—No lo creo, nadie de mi equipo lo cree.

—¿Cuál es la evidencia que tienen?

—Hasta ahora, ninguna.

Judy se sorprendió, Nick era más pragmático que ella.

—¿Entonces?

—Su cuerpo estaba en una posición extraña, la autopsia reveló cortes muy profundos ¡y de fondo estaba la canción de Smooth Criminal!

Ella se sentó en la mesita, frunciendo la nariz.

—Qué ironía—comentó—Quizá la chica tenía un extraño sentido del humor ¡ha pasado antes!

—Tal vez, pero…

—¿Estás basando todas tus sospechas en una simple canción? ¡Vamos, Wilde! Admite que suena ridículo ¿dónde está tu metodología?

Nick sonrió, feliz de que Judy reaccionara más como ella misma. Abrió el maletín, y sacó un grueso expediente, colocándolo en la mesa frente a ella.

—¡Nick!—las orejas de Judy se tensaron—¡Esto es ilegal!

—No técnicamente, eres policía Judy.

—¡Pero…! ¡Argh!—golpeó la mesa con frustración—¡Malditos tecnicismos tuyos!

¡Sacar un expediente de la comisaría! ¡Y para colmo, uno que no estaba cerrado! un día de esos Nick terminaría en prisión, y ella no podría hacer nada por él.

—Necesito tu ayuda, Judy—le dijo con tono suplicante—Algo se me escapa, pero no sé qué es.

—Quisiera ayudarte, y sabes que lo hago siempre que puedo, pero…

—¿Pero?

Sus orejas golpearon su espalda. Aunque Judy se sentía un poco mejor, su mente continuaba aturdida. La placa de policía estaba acumulando polvo, junto a su uniforme, en alguna parte de armario, no había tenido ánimos de enfrentarse al mundo y a sus criminales porque el espíritu justiciero que le nació en la infancia parecía haber muerto… muerto con Stu Hopps.

—No… yo no puedo… lo siento.

Se puso de pie, caminó rumbo al baño para estar sola unos minutos.

—Si no tuviera otra opción, no te lo pediría—le dijo Nick, deteniéndola a medio camino—Pero eres en quien más confío, y tus habilidades son impresionantes, Judy. Lo sabes.

—Nick…

—Además, hay algo que no sabes.

—¿Qué?

—Sasha McCallahan era sobrina de Mary Topperwerth—ante ese nombre, Judy se volteó, viéndolo a los ojos—Y ella en persona me suplicó que cerrara este caso. No podré hacerlo sin ti, zanahorias.

Repentinamente la situación era personal. No del todo convencida, Judy se sentó, y después de dos meses aislada de todo y todos, abrió un expediente policial.

o0o

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—Hablé con el infiltrado en la comisaría—dijo una voz en la oscuridad—Los detectives que están llevando el caso no quieren cerrarlo, pero no hay evidencia alguna con la cual puedan considerarlo asesinato. Quizá estén neceando un par de días, pero no pasará de ahí.

—¿Estás completamente seguro?—preguntó una voz intimidante.

—Sí.

—Dime ¿quién está llevando el caso de esa muchacha?

—Un tal Nick Wilde, una loba llamada Melody Wallace y un lobo llamado John.

Por la mención de los nombres, el sujeto prendió una pequeña linterna, haciendo que el oscuro salón tuviera la visión suficiente para mirar a los ojos de su secuaz. La hiena, con rostro estoico, miraba los movimientos de su Jefe, sabía que estaba molesto, pero también sabía que si se mostraba asustado le iría peor.

—¿Nicholas Wilde, dices?

—Sí, señor—respondió la hiena.

—¿Sabes quién es él?

—No, señor.

—Ya veo…

De la nada, la hiena recibió un fuerte bofetón que la dejó en el suelo, no dijo nada, se limitó a tragarse el grito y los reclamos, levantando el rostro para recibir el siguiente golpe, que no llegó.

—Ese bastardo de Wilde fue uno de los policías que llevó a los Tigerwild a la cárcel ¿no sabías, o eres estúpido?

—No sabía, señor.

—Bien, pues ahora también eres estúpido—la voz dejó de sonar molesta, y se limitó a explicar hechos—Es astuto, pensé que no tendríamos que lidiar ni con él ni con su molesta compañera, la tal Hopps. Pero si ese estúpido está en el caso, intuirá algo.

—¿Debo entonces de hacerlo desaparecer, señor?

.—¿Y exponernos? Ahora no eres estúpido ¡eres un descerebrado!—le dio otro golpe, la hiena bajó el rostro avergonzada—Si él muere ¿no crees que lo asociarán con el caso de la muchacha esa que ustedes mataron? ¡usa la cabeza para algo más que matar, imbécil!

—Sí, señor.

—Hay que asegurarnos de que no descubra nada. Dile al infiltrado que busque toda la información posible de ese Wilde, podemos alejarlo de maneras indirectas.

—Como usted ordene, señor.

Dicho esto, la hiena se marchó sigilosa a dar las instrucciones, dejando a Mark el cocodrilo con rostro pensativo ¡malditos Tigerwild! ¡maldito Héctor el camello! ¡Malditos Hopps y Wilde! Tenía que buscar la manera de deshacerse de ese embrollo lo más rápido posible.


¡Eso ha sido todo por ahora! ¿y bien? ¿cuáles son sus impresiones? ¡Un enorme saludo!

PD.-No sé si sacar los expedientes de la comisaría es ilegal (yo supongo que se debe ocupar algún permiso) si alguien lo sabe y me lo aclara se los agradecería con mucho gusto. En todo caso, eso fue sólo para hacer más diálogo.

¡Nos leemos!