NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS
¡Hola a todo el mundo!
Waa! ¡todos los comentarios que me han dejado son tan hermosos! siento una emoción muy bonita cada vez que me llega el mensaje de un nuevo review porque sus palabras en verdad me animan mucho :D Y más porque este fic enserio que lo sufrí para desarrollarlo jeje, es gratificante en muchísimas formas saber que les está gustando. En lo que respecta a la historia, sé que aún faltan cosas por esbozar, pero éste capítulo continúa con el desarrollo de los personajes y le va dando más forma al contexto. Como nota adicional, quiero decirles que los flashbacks donde se ve Zootopia de hace 30 años (el pasado de Iván y Mark) es MUY importante, así que lean esas partes a mucho detalle ;)
Éste capítulo también se introduce con una canción, les recomiendo que la pongan de fondo mientras lo leen. Es la de "Yesterday" de The Beatles. Su tono melancólico armonizará muy bien principalmente con las últimas escenas de este capítulo.
Reviews:
LightsOfHope16: La palabra clave yo creo es "intriga" la verdad es que siento que abusaré de eso en este fic (esto es una advertencia jeje) por lo demás gracias por tus ánimos y espero que este capítulo también te guste.
Guest: Oww, muchísimas gracias ^^ Vaya, ya hace mucho que escribí "Abecedary" vieras que ese fic fue tan lindo de escribir, porque hacia cada viñeta de forma independiente y con historias muy inocentes, siempre que veo ese fic me lleno de lindos recuerdos. Y "Someone to lean on" es bastante especial para mí, por eso quiero en verdad que esta secuela sea lo mejor posible. Sé que la depresión de Judy puede parecer un poco drástica, por lo que mencionas de que su carácter es alegre, intento enserio no salirme tanto de sus personajes y creo que es una buena forma de explorar esos elementos de su personalidad que son más oscuros, ruego que me salga bien el experimento jeje. Lamento mucho lo de tus ataques de ansiedad, hasta ahora yo no he tenido, pero una vez vi a una amiga sufrirlo (esa amiga también tuvo depresión hace tiempo) y es espantoso. Ahora que lo pienso, creo que mucha de la impotencia que yo vi por esa amiga la estoy plasmando en Nick ¿estaré cambiando mucho su personaje? (revisaré los demás capítulos sólo por si acaso). ¡Gracias por aclararme lo de los expedientes! como dije antes, lo puse más para darle drama a la historia, pero ya que me lo mencionas entonces las cosas seguirán más normales por ese lado. Disfruta muchísimo este capítulo c:
joya blanca: no, existen muchos cerrados de mente que no apoyan a Nick y a Judy.
PinkStar375: ¡Hola! estoy contestando tu PM así que me limitaré a decirte por aquí que agradezco muchísimo tus lindas palabras y deseo que disfrutes mucho este capítulo.
ChopinThoughts: Como bien lo dices es un ambiente más oscuro, pero no te preocupes, el amor sigue ahí te lo garantizo (no diré más porque no quiero hacer spoiler) ;)
Angelus19: ¡Angelus hermosa! ¿cómo olvidarme de ti, si tus hermosos dibujos adornan mis tableros en Pinterest y me recuerdan que debo continuar estas historias? Me alegra muchísimo saber otra vez de ti ¡y mil felicidades por tu bebito hermoso! (¿niño o niña?) adoro a los niños y le mando mil besos a la linda cabecita de tu adorable recién nacido ^^ Espero de corazón que disfrutes este fic tanto como el anterior, porque no exagero cuando te digo que tu apoyo fue uno de los que más me motivó a terminar "Someone to lean on", ni tampoco exagero cuando afirmo que "Counting Stars" también es gracias a ti, realmente nosotros los que escribimos le debemos bastante a los lectores tan leales y alentadores como tú. Un enorme saludo y abrazo, nuevamente felicitaciones por tu bebito hermoso ¡y disfruta este fic hecho con tanto amor para ti!
Nieve Taisho: Ay Nieve hermosa ¿cómo soportas tantas historias locas mías? jajaja enserio que tu lealtad a mis proyectos es algo que jamás podré terminar de agradecerte, me has acompañado en tantas cosas tan raras que cada comentario tuyo me llena de ánimo, inspiración y muchísima energía. Me animas tanto con tus descripciones tan lindas de mi historia y de mi escritura que si te tuviera enfrente ya me estarías viendo llorar de la emoción. No te daré spoilers jeje pero sí te puedo decir que la situación tan tensa entre esos dos se desarrollará para bien. (Y lo que mencionas de "Metanoia" muchas gracias también por leer ese fic y no te preocupes, ya casi termino el nuevo capítulo de esa historia) =D
¿Que sería de mí sin ustedes y sus hermosísimas palabras de ánimo? Bueno, ya no les quito más el tiempo ¡a leer!
Capítulo 3
La sombra del ayer
Yesterday all my troubles seemed so far away.
Now it looks as though they're here to stay.
Oh, I believe in yesterday.
Suddenly, I'm not half the man I used to be.
There's a shadow hanging over me.
Oh, yesterday came suddenly.
(Ayer todos mis problemas se veían tan lejanos
Ahora parece que llegaron para quedarse
Oh, yo creo en el ayer.
De repente no soy ni la mitad del hombre que solía ser
Hay una sombra merodeando a mi alrededor
Oh, el ayer vino de repente)
~"Yesterday" by The Beatles
o0o
Zootopia, 30 años atrás.
En una ciudad tan grande como Zootopia, era irrisorio pensar que no existiría el mercado negro, y éste era tan extenso como los mercados legales abarrotados de todos los tipos de animales en lo largo y acho de la ciudad. Las guerras por territorios de influencia entre los dirigentes de los mercados negros y narcotraficantes solían ser discretas, porque se evitaba a todo costo que los policías y otras autoridades los capturaran. Pensando en ese bien común, sin importar qué tan bandido fueras, se llevaba a cabo un código de honor.
Erik la Cebra rompió ese código de honor, pero en su justificación, alguien lo había roto aún antes, y ese alguien fue el asesino cobarde que mató a su inocente hija y ni siquiera tuvo el valor de afrontar las consecuencias. Nadie era tan tonto como para creer que su única hija Pamela se había suicidado, ni siquiera la policía se tragó esa historia, pero en la escena del crimen no había manera de inculpar a nadie y eso llenó de frustración tanto a las autoridades como a los mafiosos. De la noche a la mañana, el Distrito Forestal fue prácticamente clausurado cuando los agentes de Erik revisaron cada sector, calle y casa del lugar, para Erik todos eran sospechosos.
Como el Distrito Forestal era considerado territorio de Erik, ningún otro mafioso se metió en esa búsqueda sistemática, además, Erik quería vengar la muerte de su hija, y eso era lo correcto considerando la cobarde manera en que la habían asesinado. La policía hacía operativos día y noche, sin encontrar nunca a Erik ni algo con lo cual apresarlo, frustrándose de que el mafioso estuviera saliéndose con la suya.
Zar se volvía loco ante las insistentes búsquedas de su patrón. Erik había tenido muchas mujeres, pero sólo una hija, a la cual mimó y cuidó desde que era una bebé. La aisló siempre de su conflictivo entorno, y parte del código de honor consistía en no meterse con la familia, que era considerada asunto aparte de los negocios. Zar investigaba sin descanso, pero era como si la muchacha hubiera sido asesinada por un fantasma, ni la policía, haciendo uso de su transparencia, conseguía encontrar información.
Iván sí supo quién mató a la muchacha, más bien, quiénes lo hicieron. Lo supo porque uno de sus conocidos participó en el operativo. Se trataba de una pandilla de hienas inteligentes y habilidosas, que llevaban tiempo trabajando como mercenarias del bajo mundo, con un estatus tan bajo que pocos las conocían. Aunque Iván supo que ellos lo hicieron, nunca consiguió saber quién mandó el asesinato de la muchacha.
Como era de esperar, Iván jamás dijo nada, ni siquiera a Mark, del asunto. Ante el menor rumor que se saliera de control Erik podía cortar cabezas que no eran, y suficientes problemas tenían ya con la policía haciendo operativos dobles en toda Zootopia. Muchos otros líderes mafiosos estaban también molestos porque las actividades de Erik hacían que las autoridades se les echaran encima con más ahínco, pero tampoco querían recriminarle nada, sabiendo que un padre en duelo no suele ser cuerdo.
Así pues, dejando a Erik de lado, los mafiosos buscaron maneras de asegurarse. Unos movilizaron sus fuerzas para no despertar sospechas. Otros crearon negocios limpios que funcionaran como cortinas de humo. Unos más se retiraron a las sombras, prácticamente desapareciendo. Y otros hicieron uso de sus influencias, el caso más famoso, fue el de Héctor el Camello.
Héctor era el líder del Cartel Arena, dueño y señor de todas las transacciones ilegales en Distrito Sahara. Era inteligente, además de previsor, y tenía una amplia red de contactos que le debían favores. En esa ocasión, utilizó uno que llevaba años guardando, un favor que le debía su tío, Oliver Hamilton, Jefe de Gobierno de la Plaza Sahara. Los lazos sanguíneos que los unían estaban tan celosamente escondidos que hasta el mejor geneólogo hubiera batallado para encontrarlo; eso no eximía a Oliver de deberle más de la mitad del dinero de su campaña a su sobrino Héctor, y llegado el momento, no pudo rechazarle nada.
A final de cuentas, Héctor no pidió mucho, sólo que le proporcionara un lugar seguro que ni un policía patrullara en la Plaza Sahara. Oliver cumplió su palabra, pero cuando Héctor instaló a todos sus trabajadores en un almacén abandonado, a donde las autoridades jamás llegaban, una nueva idea le hizo reconsiderar sus relaciones con su tío. Quizá Oliver tenía mucho que ofrecerle.
El tiempo fue pasando, Erik no encontraba al asesino de su hija, Iván se ganó el respeto de las hienas por haber mantenido su silencio, Mark encontró una manera de producir su nueva droga más barata, los mafiosos de Zootopia conspiraron para quitar a la policía de las calles otra vez y en menor de un parpadeo, las cosas regresaron a ser lo que antes eran.
O eso creyeron, porque la ausencia de su hija quebró de tal forma a Erik, que su mente dejó de pensar con claridad. Y cuando dos cocodrilos comenzaron a vender mercancía extraña en la Sabana, él lo tomó personal.
o0o
.
.
Zootopia, hoy.
Judy estaba sentada en la mesa del comedor, frente a ella estaba su laptop, la cual miraba con letargo. Esa mañana, antes de irse, Nick le dijo que había escaneado el reporte y le dejó las imágenes en su computadora, en caso de que quisiera leerlo a detenimiento (no dijo, pero era obvio, que debía borrar esas imágenes apenas las hubiera leído) recordándole que le ayudaría mucho su punto de vista "tan certero".
"Nick siempre está halagando cuando ocupa favores" pensó con cierto recelo "Pero, si soy honesta, él siempre me ha considerado una excelente policía".
Su laptop la estaba tentando, pero se resistía con gran determinación. Respiró hondo y se puso de pie, queriendo olvidar el asunto, preparó café y un desayuno, olvidando intencionadamente ingredientes con el fin de tardar más tiempo, y una vez terminada su comida, salió al patio para darle mantenimiento.
Como dos días antes había limpiado el lugar de esquina a esquina, no tenía mucho qué hacer. Regó las semillas, que tardarían aún en germinar, y también echó un poco más de fertilizante en el jardín, sabiendo que si colocaba un gramo más las plantitas se saturarían y no crecerían. Podó el árbol, aún cuando no era necesario, y pensó que unas madreselvas se verían muy bien para formar un semicírculo a su alrededor.
El picante sol de mediodía hizo que entrara otra vez a la casa, sedienta y sudada, tomó un vaso de agua y prendió el televisor sólo para escuchar el ruido de fondo. Era una telenovela tan mala y sobreactuada que había sido cancelada meses antes, pero usaban la repetición para llenar horarios vacíos en los que nadie sintonizaba el canal. Judy se rio por las exageradas reacciones de los actores, pero la laptop seguía ahí, diciéndole "Ve el reporte, Judy, ve el reporte" y cada vez le costaba más negarse.
Decidió que antes de romper la ley leyendo un reporte policiaco sin estar ella en el caso, era preferible saber hasta qué punto la situación comprometía a Mary. Llevaba mucho tiempo sin hablar con ella, pero le tenía aprecio a Mary Topperwerth, quien con sus discursos le ayudó a aclarar sus sentimientos y en cuya íntegra amistad podía siempre confiar.
Tenía su número, así que la marcó, no sabía qué decirle, pero consideraba que un poco de consuelo nunca estaba de más. El teléfono sonó dos veces, y ella respondió.
—¿Bueno?—era la misma voz, elegante y refinada, que recordaba.
—¡Hola, Mary! ¿cómo has estado?
—Disculpa, pero ¿quién habla?
Eso pasaba cuando no estabas al corriente con tus amistades.
—Soy Judy ¿me recuerdas?—preguntó con un hilo de voz.
—¡Oh, Judy querida! Disculpa, pero este teléfono es nuevo, aunque el número sea el mismo, y no tengo información de contactos en él.
—No te preocupes, suele pasar…
—Dime Judy ¿cómo estás? Llevo mucho sin saber de ti.
—He tenido días mejores—admitió sin melodrama.
—Ayer hablé con tu marido—continuó Mary, casi como si no hubiera escuchado su respuesta—Supongo que estás enterada de que él lleva el caso de mi sobrina. Le pedí encarecidamente que no cediera, sé que ella no se quitó la vida. Judy ¿tú me crees, verdad?
Judy estaba impactada. Mary Topperwerth, que siempre hablaba con decoro, tenía una marcada desesperación en su voz. Jamás la había escuchado así, y eso le oprimió el corazón.
—Desde luego que te creo—le dijo, y era verdad—De hecho, Nick me pidió que le ayudara en el caso.
—¡Maravilloso! Él es muy bueno en lo que hace, pero cuando ustedes dos trabajan juntos obran verdaderos milagros.—Judy se sonrojó ante ese halago.
—No es para tanto. Además, es algo complicado. No tengo jurisdicción en su zona, y cualquier ayuda que brinde, deberá ser anónima, o podrían suspenderme.
—Esas chácharas de la burocracia—sonaba desesperada—Pero ¿suspendida, enserio? ¿Acaso lo estás, tesoro? Te busqué en la comisaría del Distrito Central ayer, pero no estabas ahí, me dijeron que no acudirías en una buena temporada. Fue por eso que acudí a Nick, pero debes saber que mi primera opción eras y siempre serás tú.
Impresionada por la gran confianza que Mary depositaba en ella, Judy comenzó a sentir un peso de culpa, una muy distinta a la que sentía con respecto a Nick, pero que aún no podía comprender.
—No estoy suspendida—respondió a su pregunta—Pero tengo una incapacidad.
—¡Incapacidad! ¡Oh, dios mío! Nick no dijo nada ¿estás bien? ¿qué te ha pasado?
—Yo… —como el asunto era largo de explicar, le dio la respuesta corta—Mi padre falleció, y el Jefe Bogo fue muy amable diciéndome que me diera un tiempo.
—¡Pobrecilla! Mis condolencias, Judy. Dime ¿él estaba enfermo?
—No, no ¡estaba tan sano! Nos tomó por sorpresa y por eso…—"por eso fue más difícil" pensó.
—No digas más. Entiendo el dolor que causa una muerte repentina.—su voz sonaba cansada y entristecida, Judy recordó entonces la situación que Mary estaba pasando, y se sintió terrible por haber acaparado tanta atención.
—Discúlpame tú a mí, Mary. Yo soy la que debería consolarte, nunca pensé que esa dulce muchachita fuera sobrina tuya ¡se veía tan mona en las fotos que pusieron en el noticiero!
—Me hubiera gustado que la conocieras, no lo digo porque fuera mi sobrina, pero Sasha era inteligente y encantadora.—su voz, llena de ensoñación, le causó aún más remordimiento.
Se acordó de Mary, esa hermosa yegua que luchó tan fuerte para permitir la reforma en la Ley Marital, todo por darle homenaje a su pareja fallecida. Había sufrido mucho, y no entendía cómo la vida le causaba un dolor tan grande otra vez. Pronto la culpa y el remordimiento se convirtieron en indignación, Mary merecía ver a los asesinos de su sobrina tras las rejas… y ella podía hacer eso.
—Nick me dijo que hablaste con él, cuando supe que esa niña fue tu sobrina, pensé en involucrarme. Dime Mary ¿sabes algo que pueda ayudar en la investigación? Quizá pueda mover algunos hilos, de madera discreta claro.
—Todo lo que sé, se lo dije a él ayer—contestó Mary, emocionada ante la idea de que Judy se sumara al caso—Pero… ahora que preguntas, recibí una llamada extraña esta mañana.
El instinto policiaco de Judy se activó de repente, y frunció el entrecejo sin darse cuenta.
—¿Qué pasó? ¿Quién marcó, y qué te dijeron?
—Ayer en la comisaría le di a Nick mi viejo teléfono, para que vieran mis conversaciones con Sasha. Hoy en la mañana compré este teléfono y arreglé con la agencia que me dieran el mismo número, todo estuvo arreglado para las diez de la mañana. Pero como a las once recibí una llamada, contesté en automático pensando que sería mi hermana o algún familiar, pero era la voz de un hombre "¿Me comunico con la señorita Topperwerth?" me dijo, y le respondí que sí, supuse que sería una llamada para vender algo, sabes cómo molestan a veces esos telemarketing. Luego dijo "Señorita, llamo para informarle que mi jefe le daría una cuantiosa suma de dinero, si usted le proporciona su teléfono" "¿Cómo que mi teléfono?" "Si, señorita, me refiero a su aparato celular" "Disculpe, pero ¿quién es su Jefe, y para qué lo quiere?" "Esa es información confidencial, señorita. Dígame ¿aceptará el dinero?" "No, no lo necesito" apenas dije eso, colgaron.
—Mary, hazme el favor de llamar a Nick y decirle de esta llamada incluso con más detalles de los que me dijiste a mí—la voz de Judy cobró ese tono autoritario que tenía siempre en los asuntos policiacos—Mientras veré qué puedo hacer. Mary ¿había información de su sobrina en tu teléfono?
—No, sólo las conversaciones que teníamos. Ella me decía mucho del caso legal en el cual estaba ayudando, y por eso pensé que esa información estaría mejor con la policía.
—Bien, me pondré a investigar. Muchas gracias por decirme esto, y lamento otra vez tu pérdida.
—Al contrario, gracias por involucrarte en esto, realmente calma mis nervios saber que estarás en el caso. Sé que tú y Nick harán justicia a mi sobrina.
—Gracias por la confianza.
Tras despedidas muy amables, colgó.
Esa llamada de teléfono no sonaba nada bien, debería decirle a Nick que revisara pronto el teléfono de Mary. Mientras, prendió su laptop y buscó las imágenes del reporte, estaban ordenadas en una carpeta nueva. Buscó en la cocina lápiz y papel, y se puso a leer con absoluto detenimiento, anotando las cosas que no coordinaban y aquellas que llamaban más su atención.
Era la primera vez en meses que hacía trabajo policiaco, y su mente tanto tiempo aturdida parecía reaccionar con alegría. La adrenalina que recorrió sus venas le pareció nueva, y al mismo tiempo familiar. Judy no sabía hasta qué punto podría ayudarle a Nick, pero de lo que sí estaba segura, era de que la sobrina de Mary merecía justicia. Conforme más leía la información, más difícil le era creer que Sasha se hubiera suicidado, pero la situación que más le despertó sospechas fue que la occisa había trabajado en el Caso Wormwood.
Todos en Zootopia estaban enterados en mayor o menor medida del Caso Wormwood, era el más escandaloso en la última década. Judy había seguido muy de cerca ese caso hasta antes de su incapacitación y, como todo lo relacionado a su vida anterior, dejó de prestarle importancia en los meses recientes. Siguiendo una corazonada extraña, Judy se puso a investigar las noticias más recientes para ponerse al corriente.
El Distrito Sahara (también llamado Plaza Sahara) era uno de los sectores más emblemáticos y poderosos en toda la ciudad. Su clima desértico permitía que los animales de climas secos vivieran muy cómodamente, y siendo éstos muy numerosos no fue de extrañar que importantes corporaciones se consolidaran ahí. Los altos edificios de su parte central fueron rodeados por mansiones y avenidas lujosas, una élite muy importante afianzó su poderío en ese distrito, y eso hizo que muchos animales decidieran mudarse ahí en búsqueda de mejores oportunidades.
Como todos los demás distritos, Plaza Sahara era dirigida por un Jefe de Gobierno, que dirigía un modesto comité de vecinos y se subordinaba al vicealcalde y alcalde. Durante alrededor de diez años el Jefe de Gobierno en Plaza Sahara fue Sergei Wormwood, un camello culto y joven, que se ganó al respeto de su comunidad por sus grandes aportaciones a la educación, el deporte y la cultura, siendo un ejemplo en toda Zootopia de lo que se espera de los políticos.
Fue por eso que la indignación se disparó hasta el cielo cuando un secretario del comité (mantenido en el anonimato) presentó cargos contra Sergei Wormwood por corrupción y lavado de dinero, entregando una maleta llena de documentos en los cuales se comprobaba un desvío de fondos públicos que, supuestamente, Sergei había autorizado. Ese dinero había sido transferido a cuentas fantasmas, tras lo cual desapareció.
Primero se pensó que Sergei había robado el dinero para sí mismo, pero no tenía sentido. Era el hijo mayor de Frederick Wormwood, CEO y mayor propietario de la compañía "WormCredit" una de las más importantes casas financieras y de prestaciones en toda la ciudad. Sergei había nacido en cuna de oro, recibió una esmerada educación, y sus acciones en la empresa de su padre valían más que todo el dinero robado. Además, cuando se cancelaron las cuentas de Sergei, no se encontró nada extraño, el dinero robado evidentemente no estaba ni en las cuentas de Sergei ni en las de su familia.
Lo cual hizo que las autoridades realizaran una investigación más exhaustiva a las cuentas fantasmas y fue así como descubrieron que el Banco SaharaCoin, el que había autorizado esas cuentas fantasmas, también había sido cómplice de otros manejos extraños de dinero. El banco fue clausurado, y las auditorías revelaron que nunca existió realmente, siendo sólo un prestanombres para lavar el dinero de narcotraficantes.
La sola mención de la palabra "narcotráfico" hizo que el amarillismo, hasta entonces moderado, no pudiera ya ser controlado. Aún no se sabía qué fue de ese dinero, salvo que en alguna movida ilegal los millones salieron de las arcas del pueblo, se recibieron en el Banco SaharaCoin y fue cobrado por algún miembro de la mafia o del mercado negro ¿quién? Nadie lo sabía ¿cómo? Seguía siendo un misterio. Pero todos sin dudar señalaban a Sergei Wormwood, antes el orgullo de Zootopia, como el responsable de tremendo fraude.
Al leer las nuevas notas, Judy notó que no se había descubierto gran cosa todavía. Sergei estaba detenido, porque el juicio aún no se llevaba a cabo, tanto la defensa como la fiscalía seguían investigando para presentar un caso más sólido, después de todo, se necesitaba saber qué había sido de ese dinero.
El Lic. Pumalez, uno de los mejores abogados de la firma Lawrence & Asociados, era el encargado de presentar la defensa de Sergei en la corte. Para eso, Pumalez tenía a más abogados y algunos pasantes de leyes trabajando sin descanso, reuniendo la mayor cantidad de información posible. Una de esas pasantes fue la desafortunada Sasha McCallahan, ahora muerta, y Judy no podía dejar de pensar que era extrañamente conveniente la muerte de una muchacha avispada y astuta, que bien pudo marcar una diferencia en el juicio, ahora que faltaban sólo seis semanas para que Sergei se enfrentara al juez.
Pero por más que le daba vueltas al asunto en su cabeza, Judy no tenía ninguna prueba que soportara su hipótesis. La refutarían –y con razón– diciendo que si lo que deseaban era arruinar o entorpecer el Caso Wormwood, lo lógico sería asesinar el Lic. Pumalez, no a una estudiante que llevaba cafés y copiaba reportes. Por más inteligente que Sasha hubiera sido, ella no estaba siendo apuntada con la luz del espectador ansioso por el espectáculo del juicio.
Y con esa nueva revelación, Judy se empezó a sentir otra vez mal. Apagó la computadora y guardó sus notas, ese no era su caso, y aunque deseaba ayudar a Mary ¿qué podía hacer ella? Ocupaba recursos, y si regresaba a la comisaría sería en el Distrito Central, que tenía otros problemas diferentes. No podía intervenir en una investigación donde no tenía jurisdicción, aún cuando lo deseara, la ley era muy clara.
Además, Nick le dijo que sólo quería su opinión, su punto de vista. Pues bien, eso le daría, y no más. La tristeza se fue apoderando de su corazón, tan acostumbrado a la pena recientemente, y no quiso saber más de policías, de casos, de reportes u homicidios… ella no se sentía ella misma.
Judy no se sentía como ella misma, esa era la verdad. Si la paraban frente a un espejo, no se reconocería, sentiría que estaba usando un disfraz, una máscara de lo que antes era. No sólo había sido la muerte de su padre, también la situación con la agencia de…
No, no pensaría en eso.
La combinación de esas cosas, sucedidas tan repentinamente y sin darle tiempo de asimilarlas, la dejaron tan triste y vacía que en esas semanas apenas era consciente de su existencia. Veía las fotos de su vida, cuando estaba en la escuela, cuando entró a la Academia, cuando resolvió el caso de Bellweather, cuando conoció a Nick… todas esas etapas de su vida y ella se veía feliz, radiante, con un brillo en los ojos, un brillo que ya no existía.
Todo era tan fácil antes, no se había dado cuenta de eso. Luchó por lo que amaba y consiguió sus sueños, esforzándose siempre, pero en cada ocasión podía sentir una chispa en su interior que la llenaba de energía y motivación para seguir, eso le facilitaba todo. Ahora que no tenía esa energía, sencillamente no podía hacer nada. Intentaba, de verdad que sí, pero la emoción se iba tan rápido como llegaba y no tenía idea de qué hacer para retenerla. Los doctores dijeron que era parte de la depresión, pero Judy nunca quiso prestarles atención a esos diagnósticos, por más que Nick insistiera en que debía escucharlos.
Añoraba esos días pasados, y más que nada, extrañaba cómo solía ser ella. Si en ese momento subía a la habitación y vestía el uniforme de policía, en vez de sentirse orgullosa, sentiría pesadez… o simplemente nada. Sin saber cómo había cambiado tanto en tan poco tiempo, Judy dejó el tiempo pasar, como si con eso las heridas sanaran y ella también, pero ahora se daba cuenta, que quizá el tiempo no hacía milagros. Más que una persona viviendo sus días cotidianos, Judy parecía una sombra que merodeaba su propia casa, con fugaces rastros de entusiasmo –como cuando limpió el patio, o esa llamada hecha a Mary– pero aún era una sombra, el lejano rastro de lo que alguna vez fue.
.
.
.
—Yo sé que todos los padres dicen lo mismo—sollozaba Samantha McCallahan, limpiando sus lágrimas con un pañuelo—¡Pero mi hija nunca se quitaría la vida!
Samantha buscó consuelo recargando su rostro sobre el hombro de su esposo, Ross McCallahan consoló a su esposa, aunque su demacrado rostro demostraba que no estaba en mejor condición sentimental que ella. Al ver esa escena, algo se retorció dentro de Nick, quien bajó los ojos y garabateó algo sin sentido en su libreta. A su lado, Melody vio la reacción de su compañero, suspiró y tomó ella la palabra.
—Lamentamos bastante su pérdida, señora McCallahan—dijo en tono dulce—No la molestaríamos si no fuera necesario, ocupamos que nos de toda la información posible de su hija en la escuela y en su trabajo. Pero si están muy sensibles, podemos venir mañana.
—Pero…
Melody calló a John con un gesto severo, no era parte del protocolo retrasar las entrevistas, pero pocas veces veían a animales tan devastados como los McCallahan. Nick no dijo nada, parecía de repente ausente, la verdad era que él tampoco deseaba estar ahí.
—Le tomaremos la palabra, detective—dijo Ross—Como ve, aún estamos muy sorprendidos. Pero mañana le tendremos toda la información que necesita.
Se despidieron en tonos amables, Nick intentó verlos lo menos que pudo, pero aún así, los pocos segundos que miró a la pareja vio a un esposo triste que abrazaba con fuerza a su mujer, y ella se apoyaba en él con la misma desesperación que un náufrago a su salvavidas. Esa dolorosa imagen golpeaba su corazón, y sólo pudo esbozar un "Lo lamento" antes de retirarse, diciéndole a Melody que él no la acompañaría a continuar esa entrevista el día siguiente.
Dejaron a los McCallahan y se fueron a Lawrence & Asociados. John entrevistó a la compañera de Sasha, mientras Melody y Nick hacían lo mismo con el Lic. Pumalez. El abogado se mostró cooperativo, estaba perturbado y entristecido por el descenso de la jovencita y así lo manifestó.
—Ella era inteligente y muy alegre—les dijo—Yo tengo una hija de seis años ¿sabe? La señorita McCallahan me parecía el tipo de mujer en el cual deseo que se convierta mi hija. Tenía un brillante futuro, no entiendo por qué haría algo así.
—¿Nunca la vio estresada, abatida?
—¿No comentó ella algo sobre algún novio, problemas familias, o en la escuela?
—Cielos, no, era magnífica alumna, y sus padres la adoraban. No tenía pareja, al menos no que yo sepa. Le digo que era bastante alegre y risueña.—Nick pudo ver, por los ojos opacos del abogado, que estaba en realidad triste y desconcertado.
—Comprendo—Melody escribió sus últimas impresiones en una libretita y continuó hablando—Señor Pumalez ¿se han liberado ya los datos del caso que maneja, los que nosotros podemos observar?
Ante esa pregunta, el Lic. Pumalez pareció recobrar un poco de compostura, asintió mientras sacaba un legajo del escritorio y lo dejaba con cuidado en las patas de Melody. Todos esos movimientos fueron suaves, algo cansados, pero fluidos, evidentemente el abogado no estaba tenso ni a la defensiva.
—Gracias, señor.
—A ustedes, si ocupan cualquier cosa, ya saben dónde encontrarme.
Los detectives salieron y se encontraron con John al frente del edificio, la compañera de Sasha no sabía gran cosa y decía lo mismo, que la occisa era amable, alegre y muy trabajadora. No era en absoluto el perfil de una suicida.
—Hay que seguir haciendo el reporte—dijo Nick—Melody, lleva ese legajo a la comisaría y avanza en lo que puedas, pero no te estreses, mañana terminaremos lo que falta.
—¿Mañana? Pero aún tenemos tiempo, Wilde.—dijo John.
—Ustedes sí, pero yo aún tengo algo que hacer.
—¿Qué es?
Melody rezongó, mirando a John de manera acusadora, pero Nick no dio muestra alguna de sentirse incómodo.
—Algo personal. Los veo mañana, cuídense.
Lo vieron alejarse por la calle, cuando estuvo lejos, Melody le dio un fuerte zape a John y éste se quejó sobándose la nuca.
—¿Qué hice ahora?
—¡Tarado, esas preguntas son muy personales!—gritó—Y sabes que Nick tiene problemas en casa.
—Yo no sé nada, Melody. Sabes que Nick nunca nos cuenta nada.
—No debe decirnos nada ¿no ves sus ojeras? ¡debes ser más analítico, John! Y más en este trabajo.
—Bueno ya, cálmate, le daré aún más espacio a Nick si con eso me evito otro golpe tuyo.
—Gracias—siseó la loba albina.
John miró de reojo a su compañera, impresionado de lo bien que sabía leer a los demás animales, quizá era hora de poner un poco más de atención a su equipo de trabajo.
.
.
.
El Jefe Bogo estaba cansado, le dolía la cabeza y sus pequeños lentes calaban tanto el puente de su nariz que los retiró para descansar. Aunque ese condenado Caso Wormwood era, en teoría, jurisdicción del Distrito Sahara, la fiscalía se había aliado con la del Distrito Central, en una jugarreta burocrático que lo llenó de trabajo y largas noches de desvelo.
Aunque los delitos de Sergei Wormwood era una afrenta a la soberanía de la Plaza Sahara, al tratarse de un Jefe de Gobierno también había faltado a los protocolos básicos de Zootopia, que correspondían a la alcaldía. Y como el Distrito Central era el brazo derecho de la alcaldía, el vicealcalde había aprobado la moción de que ambos distritos trabajaran juntos en una fiscalía mejor preparada y sólida.
Bogo estaba cansado, fastidiado, contando esas malditas seis semanas que faltaban para el condenado juicio, deseando ya que todo terminara. La llamada de Clawhauser no le agradó en absoluto.
—¿Qué?
—Tiene una visita, señor, quieren hablar con usted directamente.
—No estoy para nadie, lo sabes.
—Señor, es el detective Wilde.
Silencio.
—Que pase—murmuró de mal humor.
Cinco minutos después tocaron a su puerta, refunfuñó diciendo "pase" y Nicholas P. Wilde entró a su oficina. No tenía esa sonrisa pícara de siempre, al contrario, se veía tan cansado, con ojeras bajo sus ojos y una línea recta en los labios. Bogo, que no solía meterse nunca en la vida personal de sus oficiales, sintió preocupación. Nada importaba que Wilde fuera ahora parte de la comisaría de ora jurisdicción, él siempre sería su policía, o al menos así lo consideraba.
—Wilde ¿qué te trae por aquí?—preguntó.
—Un gusto verlo, señor—dijo, sentándose con movimientos lentos—Temo que le molestaré ahora con un asunto personal.
—Tú dirás.
—Sabe que Judy lleva dos meses sin trabajar.
—Sí, lo sé.
—Bueno, le diré que yo no la veo con actitud de querer volver.
—Sería una pena, es una excelente policía.
—Lo sé, y esto es su pasión. Si no regresa a la fuerza temo que ella… bueno, no vale la pena preocuparse de más—por su expresión, era evidente que estaba muerto de angustia—Necesito que me ayude a que ella regrese.
—No puedo obligarla, lo sabes, Wilde.
—Lo sé, pero puede persuadirla, señor.
—¿Qué pretendes exactamente? Porque, si tú no la has persuadido, dudo ser capaz de hacerlo.
—Ella me conoce demasiado como para que pueda persuadirla, lo sabe señor. Judy necesita saber que la ocupan. Si le hace ver que es necesaria aquí, hará un esfuerzo. Por favor señor, lo peor que podría pasar sería que se diera de baja oficialmente ¿no?
—Puede ser—se recargó en su asiento, pensativo—¿No ha mejorado, entonces?
—No mucho.
La expresión corporal de Nick hablaba por sí solo, el zorro daba la impresión de que una cosa más lo haría colapsar. Bogo admiró la fortaleza que había tenido esos meses, además, Judy siempre fue de sus mejores agentes. No perdía nada por intentar ayudarlos.
—Está bien, te ayudaré, aunque tengo mis reservas.
Nick esbozo una sonrisa tan llena de agradecimiento, que Bogo casi se vio tentado a darle un abrazo.
.
.
.
Esa tarde, Judy recibió una llamada del Jefe Bogo. Tras su caída emocional, se había recostado en el sillón esperando que las horas pasaran, pero la sola voz de Bogo la irguió en automático como si un soldado oyera la orden de un general. Escuetamente, Bogo le preguntó qué tal estaba, y después le pidió que regresara a la fuerza, para dirigir un caso complicado que nadie más podía tomar.
—No lo sé, señor—dijo con voz pesada.
—No te llamaría si no fuera urgente, y lo sabes Wilde. Ahora bien, puedes responderme después.
—Sí, quisiera platicarlo con Nick.
—Bien, confírmame mañana temprano. Adiós.
¿Ella dirigir un caso? No había podido ni leer el reporte que Nick le dejó sin colapsar. Pero quizá era una señal del destino, diciéndole que ya debía seguir adelante. Así como se mantuvo fuerte para limpiar el patio ¿no debería ser fuerte para ponerse el uniforme, la placa, y acudir a la comisaría?
"Es diferente" pensó, aunque no sabía por qué.
Perdida en sus pensamientos ni siquiera notó que había anochecido, y que Nick estacionaba el auto frente a la casa. Sonreía mientras entraba a la casa, saludándola con cariño.
—¿Leíste el reporte?
—Sí, lo hice.
—¿Y? vaya, no hay mucho en el refrigerador—Nick agarró el teléfono de la cocina—Pediré algo ¿se te antoja una hamburguesa?
—Está bien, una sencilla. Y no tengo mucho que decir…
Judy sacó los apuntes que tomó del reporte, y se los dio como una niña pequeña le entrega a su padre su primer dibujo: ansiosa y temerosa de que no le gustara. Nick leyó cada palabra que Judy había apuntado, sin esconder su asombro ¡ella siempre veía cosas que nadie más notaba!
—También creo que no puede ser casualidad que ella trabajara en el caso Wormwood—le dijo, sentándose en la mesa—Pero no sé cómo partir una investigación desde ahí.
—¿Qué dicen tus compañeros?
—También han buscado información, imprimieron todos los mensajes entre Sasha y Mary, hoy estuvimos estudiándolos en la mañana ¿quieres leerlos?
—No, así está bien. Como ves, no tengo mucho más que aportar, excepto que creo en tu corazonada.
—Gracias.
—Por cierto ¿hablaste hoy con Mary?
—Sí, me contó de su extraña llamada. Eso sólo aumenta mis sospechas, pero no hay manera de enlazarla con el caso.
—Tienes que ser astuto, Nick.
—Lo sé, lo sé. Y dime ¿qué más has hecho hoy?
—Pues... me habló el Jefe Bogo.
—¿Enserio?—fingió estar sorprendido, por suerte Judy no se dio cuenta—¿Qué te dijo?
—Me pidió que dirigiera un caso... quiere que regrese.
—¿Y tú quieres volver?
—No lo sé—sus bigotes temblaron, como siempre que estaba nerviosa—Siento que es pronto… pero si Bogo me habló, debe ser urgente ¿no crees?
—Sí, debe serlo.
—Pero ha pasado tanto tiempo, y no me siento yo misma.
—¿A qué te refieres con eso?
—Nick, no estoy bien—se desplomó en una silla—Me veo en el espejo y no me reconozco ¡tú lo sabes mejor que nadie! En estas circunstancias, no puedo ayudar a nadie.
Nick no dijo nada, tampoco se puso de pie para consolarla, como antes hacía. Dejó que el silencio se alargara y, cuando Judy lo miró a los ojos, habló:
—Cuando era niño, mi papá me dijo una vez que la mejor manera en que uno puede sanar, es ayudando a alguien más a sanar—su voz sonaba solemne, era extraño que Nick hablara así—Si te mantienes aquí encerrada, no conseguirás nada, más que colapsos crónicos e inseguridades nuevas cada día.
Se sintió insultada, y eso la puso a la defensiva.
—Es fácil para ti decirlo, Nick. Tú no…
—No, ¡tú no sabes lo que yo he pasado!—gritó, explotando al fin—Llevo dos meses viviendo con un fantasma, apoyándote y cuidándote en todas las maneras que he podido, pero no puedo más ¡y lo sabes Judy! Sé que has pasado por momentos duros, pero también sé que eres fuerte. Lo que no sabía era que fueras tan egoísta.
—¿Yo egoísta?
—¡Sí! Has pensado todo este tiempo en ti, y dime ¿alguna vez te pasó por la mente lo que hemos sufrido, yo, tu madre, tus hermanos? ¡Hasta mi tía y Rei han estado tan preocupados por ti! ¿te ha importado? No ¡un carajo!—se levantó se la silla de golpe—Has lo que quieras, Judy, enserio, pero ésta vez piensa un poco más en los demás. Creo que es lo menos que merecemos después de todo lo que hemos intentado ayudarte ¿no?
—¿Me estás echando en cara la ayuda que me has dado?—su voz sonaba colérica—¡eres increíble! ¿no se supone que prometidos "en las buenas y en las malas"? ¿cómo te atreves a echarme en cara que pase por un mal momento? ¡Eres un cínico!
—¡Por un momento deja de pensar en ti!—gritó.
Judy escuchó el grito, pero en vez de responder azotó la puerta y salió al patio. Se quedó ahí, sentada bajo el árbol, hasta que rompió a llorar.
Nick estuvo a punto de salir, de pedirle perdón, de cargarla mimosamente a la cama… pero no lo hizo, y en vez de eso, se fue a dormir.
.
.
.
Judy lloró hasta quedarse dormida, despertó dos horas después acurrucada en el césped, y muy consternada. El cielo estaba despejado, y podía ver la luna en el firmamento, iluminando de una manera casi espectral todo el patio y sus plantas. Haciendo memoria, Judy recordó la discusión que tuvo con Nick, pero en vez de enfadarse o entristecerse, comenzó a reaccionar distinto, más madura.
En esos dos meses que llevaba deprimida, Nick había sido la consideración encarnada. Nunca la reñía, intentaba estar siempre alegre, haciéndose cargo de todo, cuidándolo de la manera más atenta que podía. Cuando sus crisis la hospitalizaron, la llevó a la casa sin decir absolutamente nada. Cuando lloraba hasta dormirse en su cama, en la regadera, o en el sillón, la cargaba hasta su cuarto y la arropaba. Cuando no quería comer, preparaba algo, o compraba algo, y no se iba hasta que hubiera probado bocado. En general, la había estado cuidando casi como una niña.
Pero nuevos recuerdos vinieron a su mente, como el cansancio cada vez más evidente en Nick, y sus ojeras, y cómo la trataba cada vez con menos cariño, pasando el mayor tiempo posible en el trabajo y platicando poco con ella. No se quejó, y ahora se daba cuenta que no tenía cara para quejarse. Había estado tan segura de las atenciones y comprensión de Nick, que había empujado la situación a un límite.
Y no sólo con él, más recuerdos llegaron a su mente, las llamadas semanales de su madre que intentaba animarla, las cartas que la tía Emma mandó y nunca respondió, la manera tan amable en que Bogo le dijo que no se apresurara, que regresara sólo cuando quisiera, las palabras de consideración que sus amigos y compañeros le dieron. Todo eso… y ella ni siquiera se tomó un momento para agradecérselos.
Nick tenía razón, se dio cuenta de eso, había tenido razón al llamarla egoísta. Pero por primera vez en esos dos meses, Nick no la cargó a su cuarto para arroparla, la dejó ahí en el jardín, para que ella se las arreglara sola. El desconsuelo cedió al entendimiento, Nick estaba colapsando también y si ella no hacía nada, terminarían cayendo los dos en una espiral muy peligrosa.
Se puso de pie, tenía algo de frío, pero con entrar a la casa se sintió mejor. Arriba, acurrucado en su cama, Nick daba la impresión de estar enfermo, seguro lo estaba, pero emocionalmente. Era la primera vez que Judy lo veía realmente, pues antes, en su letargo, no fue nunca consciente del daño que le estaba causando. Notó el cansancio, y el fastidio que Nick sentía, pero ahora era evidente que su esposo estaba herido.
Ella lo había lastimado, llevaba dos meses bajo sus cuidados, sin darle nada a cambio. Sin que Nick lo dijera, Judy comprendió que él se sentía abandonado, y tenía razón de estarlo. Un matrimonio debe darse apoyo, y Nick se lo dio sobradamente tras su depresión, ahora era su turno de hacer algo.
Ni su carrera, ni sus amistades, ni su familia consiguieron darle el ánimo y la energía necesaria para al fin intentar ponerse de pie y salir de la depresión. Fue Nick, cuyo cuerpo enflaquecido detonaba estrés, y cuyas palabras acentuaban lo herido, frustrado e impotente que se sentía para con ella. Judy amaba a Nick más que a nada, y la idea de saber que ella, en su egoísmo, le había causado eso, terminó de romperle el corazón. Fue la gota que derramó el vaso, y fue lo mejor, porque una vez que tocas fondo, ya sólo puedes subir.
.
.
.
Nick había tenido una noche complicada, se sintió mal por no haber ido tras Judy, pero creía que hubiera sido peor buscarla cuando no tenía ánimo ni intenciones de consolarla. Pensaba en eso cuando el cansancio lo venció, y durante la noche tuvo sueños extraños y muy intensos que apenas le dejaron descansar, cuando despertó no recordaba las cosas que había soñado, y tampoco perdió tiempo recordando, porque escuchó a Judy tararear en la planta baja.
Pensando que aún soñaba, Nick se deslizó con cuidado por las escaleras, y se sorprendió de ver a Judy en la cocina, tarareando, y luciendo su uniforme de policía. Estático en el escalón, fue Judy quien lo vio y le sonrió.
—Buenos días—le dijo.
Quería sentirse loco, la manera en que le habló le recordaba demasiado a su Judy de antes, esa que llevaba un par de meses perdida. No le respondió.
—¿No vas a desayunar?—preguntó—Morirás de hambre en la comisaría.
—¿Eh? Ah, sí…
Los ojos de Nick estaban atentos con ella, viendo cada pequeño detalle, pero Judy no se ofendió. Sirvió el desayuno, esperando a que él tomara asiento.
—Aceptaré la propuesta de Bogo—soltó de repente, cortando el silencio.
—Lo noté—señaló su uniforme puesto—¿Estarás bien?
—Tengo que estarlo—fue su respuesta.
Por un momento Nick se imaginó a Judy teniendo un colapso en medio de una persecución… se estremeció sólo de pensarlo, pero contuvo cada fibra de su ser para no expresarlo. Si él se mostraba inquieto haría que ella dudara también, y eso era algo que no podía permitir.
—Llámame por cualquier cosa—le dijo, su tono tenía algo de súplica.
Judy, que ya había comido, se terminó el vaso con jugo de zanahoria y se inclinó hacia él, lo pensó un momento antes de rozar suavemente sus labios, luego se irguió y se despidió saliendo de la casa.
El mismo pensamiento estaba en la cabeza de ambos ¿cuánto tiempo había pasado desde la última vez que se dieron un beso?
Aún meditativo, Nick comió y limpió la cocina. Despejó su mente de cualquier angustia. Judy era casi adorada en la comisaría, todos cuidarían de ella, además estaría al pendiente. Le llegó un mensaje a su teléfono de Melody, diciéndole de un avance que tuvieron en la investigación. Eso hizo que el zorro se apurara en cambiarse y en ir a su propio trabajo.
Después de meses, la casa de los Wilde se quedó completamente sola, y sólo el viento acariciando las plantas producía algún ruido.
Y pues Nick se ha cansado... ¿qué me dicen ustedes? Hace un año, una de mis mejores amigas (que llevo conociendo más de diez años) cayó en una depresión severa, no puedo terminar de expresar el dolor que causa ver a un amigo en ese estado y saber que no puedes hacer NADA. Afortunadamente ella está mucho mejor ahora, pero muchas de las frustraciones que viví están plasmadas en las reacciones de Nick. Ahora bien, esa explosión emocional no fue un Deus ex maquina, tiene su razón de ser y lo verán en el otro capítulo.
Sé que está más corto que el anterior, pero como éste capítulo tiene mucha información no quise agobiarlos poniendo aún más escenas. Si se han confundido en algo con mucho gusto lo aclaro (hagan sus preguntas en sus comentarios o mándenlas por PM) y les digo de antemano que el siguiente capítulo desarrollará más las situaciones, a fin de no abrumarlos más.
El próximo capítulo lo estaré subiendo el miércoles, a fin de que no se desesperen mucho porque estoy consciente de que lo he dejado en una curva peligrosa. Mil gracias por leer y espero que les haya gustado el capítulo ¡nos leemos!
