NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS.

¡Hola a todos!

¡Una enorme disculpa! T_T de verdad que intenté que este capítulo saliera más rápido pero tenía muchísimas ideas de bastantes fics y me aturdí yo sola, eso y que además la escuela y el trabajo no me ayudaron en nada. Debido a problemas en mi trabajo, decidí renunciar, aún podía quedarme pero simplemente no me daba buena espina y por eso decidí dejarlo, eso me dio el tiempo suficiente primero de descansar y después de ponerme ya al día con la lista tan enorme que tengo de ideas para este fic, y que había desarrollado con relativa calma unos meses antes. Sus comentarios, tan hermosos y llenos de ánimo, definitivamente me dan energía para continuar con esto.

Reviews:

JackeIB: Oww muchísimas gracias =D que me digas eso realmente mejora todo mi día ¡un enorme abrazo!

Andy Frost: ¡Hola! primero que nada, me alegra que te gustara Someone to lean on. Continuando con tus preguntas, la verdad no he visto 13 reasons why así que no puedo compararlo jeje, pero sobre Breaking Bad no creo que sea la mejor referencia, aunque puede tener tintes de esa trama sobre todo por lo que pondré de Mark e Iván. Y Nick y Judy... pues, ya lo verás c;

Guest: ¡Hey! pues espero que te haya gustado mi fic hasta ahora, todavía está en los inicios, podría decirse que lo bueno está por empezar jeje.

Victoria: Es una escena que todavía estoy planteando, pero si veremos el final de Iván en un futuro, de hecho los flashbacks son muy importantes así que te sugiero ponerles atención. Gracias por leer mis historias y me anima mucha que me veas con talento, porque créelo o no, he pensado en publicar algo original, pero entre si son peras o manzanas, conque disfruten mis fics me llenan de felicidad c:

Angelus19: Mmm Pumalez dará unos cuantos dolores de cabeza, ya lo verás c; y en lo que respecta a Nick, no creo que ni él ni Judy hayan tomado las mejores decisiones últimamente, pero parte del fic es explorarlos tomando muy malas decisiones, ya eventualmente la balanza se equilibrará, pero no te digo más porque no te quiero arruinar la trama. Como siempre, no sé cómo agradecer todo tu apoyo ¡mil gracias, muchos saludos y bastantes besos a tu bebito!

Bella5078: ¡Hola! Primero que nada muchísimas gracias por tus comentarios tan optimistas sobre mi fic, me esmero mucho en crear un estilo que sea resuelto pero también que genere misterio, de ese tipo detectivesco que tenía la película original y me alegra conseguirlo, sobre todo me encanta que te genere tanta emoción porque significa que hago un muy buen trabajo ^^ Aunque ahora me has dejado intrigada ¿cuáles son tus teorías? sería interesante leerlas y ver hasta qué punto los estoy encaminando a la verdad, no quiero responderte mucho porque sería darte spoilers y eso no sería justo, pero puedo decirte que el pasado de Iván y de Mark sí es muy importante y que la relación entre Nick y Judy se desarrollará lo más natural y humana que pueda, en ese sentido, me alegra que te hayas sentido identificado (nuevamente, hice un buen trabajo) pero no diré más ¡disfruta este capítulo! (PD.-enserio debo agradecerle mucho a Angelus porque sin ella creo que pocos leerían estos fics jeje)

Ahora sí, a leer =D


Capítulo 6

Raíz

Pienso que cada instante sobrevivido al caminar

Y cada segundo de incertidumbre

Cada momento de no saber

Son la clave exacta de este tejido

Que ando cargando bajo la piel

Así te protejo

Aquí sigues dentro

Yo te llevo dentro, hasta la raíz

Y por más que crezca, vas a estar aquí

Aunque yo me oculte tras la montaña

Y encuentre un campo lleno de caña

No habrá manera, mi rayo de luna

Que tú te vayas, que tú te vayas

~"Hasta la raíz" by Natalia Lafourcade

o0o

Zootopia, 30 años antes.

Mr. Big no se había convertido en el amo y dueño de Tundratown por ser un animal flexible. Había sólo una manera en que una pequeña musaraña dominara un distrito entero de Zootopia: siendo más duro que el metal, más frío que el hielo y más desalmado que el demonio.

En el mundo bajo todos sabían que era un mafioso al cual temer, todos los demás cárteles siempre cuidaban de que sus asuntos no inmiscuyeran nunca a Mr. Big. Era de por sí bastante malo que Erik y Héctor se hubieran declarado la guerra, como para ahora saber que los estúpidos achichincles de Héctor habían violado el territorio de Mr. Big. Si antes hubo miedo en las calles, ahora aconteció el terror.

Iván no condujo accidentalmente a Tundratown, tanto él como Mark deliberadamente planearon su ruta de escape hacia un lugar que causaría problemas. Habían deducido –y con razón– que los grandes mafiosos los veían tan despectivamente que no sospecharían de ellos. Héctor los consideraba traidores, Erik los veía como escuincles revoltosos, pero lo cierto es que el camello y la cebra cayeron en sus trampas: esos dos cocodrilos los habían arrastrado a una guerra contra Mr. Big, y mordieron el anzuelo.

Durante dos semanas Héctor el camello no se movió en absoluto, intentó buscar a Mr. Big sin éxito, por lo que asumió sus días estarían contados. Movilizó a sus hombres y extorsionó aún más a su tío Oliver Hamilton, quien pagó sus deudas con casi la mitad de las arcas públicas. Héctor movió ese dinero a través de sus empresas fantasma al banco ficticio que tenía, y planeó una manera en la cual esconderse en el Distrito Central, una zona que la mayoría de los mafiosos evitaban.

Pero en medio de esos preparativos, un auto pequeño con vidrio polarizados anduvo a baja velocidad por la calle frente a un restaurante donde Héctor planeaba las últimas movidas; sin que nadie pudiera reaccionar, unos disparos rompieron el cristal y Héctor, con sus sicarios más allegados, cayeron al suelo fulminados. Los testigos dijeron haber visto a un grupo se osos polares disparar: fueron los hombres de Mr. Big.

En poco menos de un mes el Cártel Arena desapareció, y el Distrito Sahara se convirtió en un territorio libre. Erik la Cebra estaba pensando en adueñarse de ese distrito, pero los patrullajes de los osos polares detuvieron sus planes: Mr. Big tenía a los maleantes de Plaza Sahara completamente acorralados, pues buscaba a los pocos sobrevivientes del Cártel Arena para hacerles desaparecer.

Iván y Mark permanecían escondidos en Tundratown, aprovechando que muy pocos los conocían y manteniendo un perfil bajo como simples cocodrilos de clase baja. Ni producían droga ni la vendían, conscientes de que la situación no era la adecuada. Pasó un mes antes de que las cosas se calmaran lo suficiente para moverse otra vez al Distrito Sahara, cuando lo hicieron, acudieron al banco fantasma de Héctor.

Haberse metido en el Cártel Arena fue una excelente forma no sólo de mantenerse relativamente protegidos un tiempo, sino de conocer su sistema interno. Mark nunca preguntaba nada, pero siempre escuchaba y fue así como aprendió la forma en que Héctor lavaba su dinero. Una visita rápida al banco fantasma con una pistola y un folder lleno de los documentos que causarían el inmediato arresto de sus trabajadores fue más que suficiente para que los dos cocodrilos se hicieran con todos los millones que Héctor había guardado ahí.

Iván estaba complacido con el excelente plan que Mark ideó, esa misma noche los dos cocodrilos rentaron una habitación de un hotel regular y ahí contaron todas las maletas llenas de millones con los cuales disponían ahora. Dinero que Héctor el camello había obtenido de Oliver Hamilton. Resultaba gracioso que esos millones, antes de las arcas públicas, estuvieran en manos de dos cocodrilos carentes de un cártel bien organizado y que se las ingeniaron con pequeños engaños para obtener su fortuna.

.

.

—Hasta donde sabemos, Erick la cebra está en la mira de Mr. Big—dijo una hiena vestida completamente de negro, el líder de un grupo de asesinos muy especial—Si lo hacemos desaparecer ¿no será sospechoso?

—Mr. Big está asegurándose de que el Cártel Arena desaparezca, todavía no busca los restos del tonto de Erick.—respondió Mark.

—Y esa torpe cebra, no ha podido reponerse de la muerte de su hija—agregó Iván—Incluso podrías simular un arresto policial.

—Eso es complicado, sería más viable hacerlo desaparecer en medio de una persecución policial.

—Lo que creas que sea más conveniente.

La hiena frunció el hocico y miró a los dos cocodrilos, cuando recién los conoció había leído el hambre de poder en sus ojos, pero ahora, sus ojos amarillos tenían una nueva chispa, el brillo de aquellos que han cambiado. Y es que, si no cambiabas dentro del mundo criminal, la muerte era el menor de tus problemas.

—Bien, así será. Pero deben saber que mi precio ha aumentado.

—Te daré el triple de lo que te di la vez pasada—dijo Iván—¿Trato?

—Trato—con una sonrisa en su rostro, la hiena estrechó su mano y salió.

Cuando los dos cocodrilos se quedaron solos, Mark resopló y se sirvió un vaso de whisky, sin ofrecerle nada a Iván.

—Aún no te perdono por mandar matar a la hija de Erick sin habérmelo dicho antes—refunfuñó, tomando su trago.

—Mientras más supieran del asunto era más peligroso. Además, la cosa salió bien.

Mark sabía que tenía razón, pero hacerse el ofendido de vez en cuando era parte del teatro que los entretenía a ambos. En el fondo, los dos sabían que eran aliados hasta la muerte, y que podían confiar en el otro a ciegas, pues llevaban haciéndolo desde que eran niños.

—Sí, salió bien—sirvió otro trago de whisky y se lo dio a Iván—Ahora dime ¿crees que esa hiena y sus amigos podrán con el encargo?

—Desde luego, son buenos en lo que hacen.

—Pero no tenemos idea de cómo harán el trabajo, Iván.

—Eso no importa—respondió, bebiendo de su trago—También les di total libertad cuando mataron a Pamela Zereg, y resultó bien.

Como no podía contradecirlo, Mark se terminó su bebida y tomó asiento al lado de su amigo. Era surrealista pensar en todo lo que estaban consiguiendo, faltaba tan poco para que las piezas terminaran de acomodarse a su favor, y lo mejor de todo era que sus movidas fueron tan escasas y limpias que sus enemigos apenas se dieron cuenta que debían reaccionar cuando ya estaban muertos. Definitivamente, habían aprendido muy bien del oficio creciendo en las calles.

Sólo de pensar que el dinero robado a Héctor el Camello fue con el cual le pagaron a las hienas, una vez que se deshicieron de Erick, los dos cocodrilos se echaron a reír a carcajada limpia. Y es que, sólo dos días después de haber llegado a su acuerdo, apareció en el titular del periódico una noticia desconcertante para toda Zootopia:

"Erick la Cebra, líder del cártel de los Rayados, murió en un tiroteo entre agentes policiacos y unos ladrones no identificados que intentaban escapar circulando la Avenida Forestal. Las autoridades presumen que este golpe de suerte debe tener algún motivo, pero mientras los investigadores hacen su trabajo, los agentes policiacos esperan que la muerte de este poderoso narcotraficante permita que su cártel caiga de manera más rápida, y también…"

o0o

Zootopia, hoy

Judy bajó del tren en la estación de Bunny Burrows, la cual estaba exactamente idéntica a como la recordaba, y vacía. No vio a nadie, ni siquiera al conserje que suele estar en la entrada de la estación recargado en la pared y holgazaneando. Sintiéndose sofocada por esa soledad, cargó la maleta y caminó por la carretera hacia la base de taxis que estaba en la siguiente cuadra.

Teniendo tantos hermanos, ella pudo pedirle a alguno que pasara a recogerla, pero no avisó a nadie de su visita y lo prefería así, no quería generar expectativa. El chofer del taxi prendió el motor y empezaron un perezoso andar, Judy veía por la ventana al pueblo en el que creció, no parecía haber mucha actividad. No es que Bunny Burrows tuviera una vida ajetreada, pero aún así, estaba extrañamente tranquilo. Quince minutos después la dejaron frente a la casa de sus padres… su madre, pagó el importe y bajó.

Buscaba la llave de la entrada en su bolsa cuando una voz se escuchó de lejos.

—¡Es Judy, mamá!.—era una de sus hermanas, pero no supo cuál.

La puerta se abrió de golpe, y su hermana Denisse le sonrió afectuosamente, besándole la mejilla y pasándola a la sala en un santiamén.

—¡Judy, al fin nos visitas!.—decía—Ven, llevaré la maleta a tu cuarto. Mamá está en la cocina.

El peso de su maleta en su mano desapareció, y un niño saltó sobre ella, alcanzó a atraparlo, pero no pudo reconocerlo.

—¿Hola?

—¡Tía, tía!—decía el crío—¡Tía!

Genial ¿cuál era de sus treinta sobrinos?

—Hey, pequeño, ¿cómo estás?—dijo, Judy tenía años de experiencia llamando "pequeño" "bribón" o "dulzura" a sus sobrinos para compensar el no recordar sus nombres—¿Qué travesuras has estado haciendo?

Se sentó en el sillón con el niño en su regazo, las orejitas de su sobrino se alzaron animadas, tenía unos cinco años, así que su voz sonaba aguda cuando hablaba y no tenía muy buena dicción, pero toda su emoción la contagiaba.

—¡Mira! Dibujo papel, colores bonitos—Judy notó una pila de hojas sobre la mesita de la sala, con crayones regados sobre la alfombra—Son papá, mamá, abuelos, hermanos, y tíos…

Se bajó de su regazo para agarrar la hoja y enseñársela, ahí estaban los dibujos de conejitos hechos con los torpes pero tiernos trazos de un infante, Judy contó ocho conejitos, todo exactamente del mismo tamaño.

—¡Qué hermoso!—exclamó.

—Isaac, ¿estás molestando a tu tía Judy, que lleva sólo cinco minutos aquí?—dijo Bonnie, asomándose por uno de los pasillos con una sonrisa juguetona—¿Qué es eso en tus manos?

El niño repitió su explicación, y Bonnie con el orgullo y amor característico de las abuelas cargó a su nieto, le besó la frente y elogió sus esfuerzos. Satisfecho por la atención recibida, Isaac se sentó y empezó a dibujar de nuevo.

—¡Bienvenida, hija!—Bonnie abrazó a su hija con cariño—Llegaste temprano, pensé que el tren se demoraría más.

Las orejas de Judy cayeron con brusquedad.

—¿Cómo sabías que vendría?

—Nick me llamó en la mañana, después de dejarte en la estación.

Su entrecejo se frunció, esa mañana Nick había estado muy antipático, llevándola a la estación con una expresión de cansancio y murmurando un quedo "cuídate mucho" mientras le besaba la frente y se marchaba, dejándola en el andén. Judy no sabía si estar molesta u ofendida.

Bonnie contempló el rostro de su hija, lleno de sentimientos encontrados, y recordó la voz de Nick cuando lo escuchó en el teléfono esa mañana, sonaba cansado, con un dejo de fastidio. Le preguntó por qué él no los visitaba también, y su respuesta aún daba vueltas por su mente "Judy necesita esto, y no puedo ayudarla por más que intento, sólo le estorbaría ahí." Tras decir eso le hizo prometer que no le diría a Judy nada de aquella conversación, dejando a Bonnie con la molesta sensación de que las cosas no estaban del todo bien en el matrimonio de su hija.

Ahora, viéndola frente a sí, Bonnie pudo entender un poco más. Judy se veía flaca y desanimada, aunque le sonreía a su sobrino y aparentaba estar feliz en casa, Bonnie la conocía demasiado bien para dejarse engañar. Su hija no estaba bien, y por la conversación que tuvo con Nick, llevaba mucho tiempo sin estarlo. Pero esas eran cosas que platicarían después.

—¿Cuánto tiempo te quedarás, hija?

—Sólo el fin de semana, el lunes tengo que regresar al trabajo mamá.

—¿No te dieron un par de días libres?

—¡Claro que no! Llevo… —iba a decir "llevo dos meses sin trabajar" pero recordó que su madre no estaba enterada de eso, así que dio otro argumento—… un caso muy difícil, mi compañera Esther necesita toda la ayuda posible.

"Esther probablemente habrá pedido cambio de compañero para este momento" pensó Judy en sus adentros, reconociendo que había hablado poco con ella en los pocos días que tenía trabajando de nuevo.

—Ay hija, tanto trabajo terminará haciéndote daño.—le reprendió Bonnie—Ven, ayúdame a terminar la cena, así podremos hablar un poco más.

Caminaron hacia la cocina, encontrándose con otros sobrinos y hermanos que saludó rápido, y después se pusieron a cocinar.

.

.

De niña, Judy siempre se sintió contenta de tener una gran familia, era reconfortante poder caminar kilómetros a la redonda y saber que siempre encontrarías un hermano o primo con el cual contar. Pero ahora, sentada en una mecedora bajo la sombra del naranjo favorito de su mamá, viendo hacia las extensas tierras de cultivo que estaban siendo atendidas por sus hermanos y sus sobrinos, Judy sólo podía sentirse abrumada.

Sus hermanos y hermanas habían crecido, la mayoría ya se había casado y tenían hijos, sus sobrinos eran niños que corrían y jugaban de un lado al otro, siendo reprendidos o por sus padres, sus tíos o su abuela. No era una imagen ajena, cuando visitaba a su familia en vacaciones veía lo mismo, pero ahora se sentía diferente. Era la certeza dura y horripilante de saber que toda su familia disfrutaba de algo que ella nunca iba a tener.

Con ese pensamiento, sus orejitas cayeron a su espalda, su madre lo notó, Bonnie estaba sentada a su lado tejiendo un suéter para sus nietos más pequeños, pero veía el descontento que inundaba a su hija. Judy transmitía un aura de tristeza y resignación, tan grande, que hasta sus sobrinitos habían renunciado a estar cerca de ella y jugaban a las escondidas, con clara intención de alejarse de ella.

—Hace un día maravilloso—dijo Bonnie, sintiendo la fresca brisa primaveral—Este año dará muy buena cosecha.

—Sí, así será.

Pero Judy no ponía atención a lo que su madre decía, y en vez de eso, miraba ausente las flores del naranjo, blancas y de suave fragancia, que prometían frutos jugosos en el verano. Al verla distraída, Bonnie sonrió de lado y empezó a hablar.

—Me alegra mucho que hayas venido, porque así podrás quedarte todo el verano atendiendo a la cosecha con tus hermanos.

—Sí, claro…

—Y levantaremos la cosecha hasta octubre, quizá Nick pueda venir a ayudarnos ¿crees que pueda?

—Sí.

—Claro, tendremos que reorganizar todo tu cuarto para que los dos quepan, pero ¡que son dos personas más en esta enorme madriguera!

—Sí… espera ¿qué?

Las orejas de Judy se alzaron mostrando que estaba al fin alerta, y Bonnie rio en voz baja por la reacción de su hija.

—Acabas de prometerme que tú y Nick me ayudarían con la cosecha de verano.

—¿enserio? ¡pero, mamá, tenemos trabajo y…!

—Lo sé, encanto. Lo decía porque sabía que estabas distraída—con cariño, Bonnie dejó su labor de lado y se acercó a su hija—Judy ¿qué te tiene tan pensativa?

La nariz de Judy tembló, señalando que estaba muy sensible y que podría llorar pronto, la conejita se puso de pie alejándose de su madre, como si con eso pudiera deshacerse del nudo que se formaba en su pecho.

—Nada—respondió—Iré a caminar, volveré para la cena.

Bonnie se puso de pie, pensando en seguir a su hija, pero cuando la miró alejarse se contuvo, Judy necesitaba un tiempo a solas, en vez de eso llamó a sus nietos y los metió a la casa para darles dulces y pasteles, consolando de esa forma su ansiedad maternal.

Judy caminó por el sendero que conectaba la madriguera de su familia con los campos de cultivo, y después torció a la derecha, hacia el jardín. Era usualmente el santuario de su madre, donde ella cultivaba flores y arbustos pequeños, pero no se detuvo a mirarlos. Anduvo derecho por las hectáreas de terreno que pertenecían a los Hopps desde hace generaciones, dejando a sus hermanos y sus ruidos muy atrás.

Las tierras de cultivo eran dividas en zonas, y por lo pronto estaban limpiando las zonas 2 y 4, que estaban cercanas la casa, dejando que las demás zonas siguieran acumulando hierbas por un par de semanas para que descansaran del desgaste del cultivo. Atravesó el sendero de dichas zonas hacia un pequeño prado lleno de árboles medianos, que delimitaban la zona de cultivo.

Ahí estaba una puerta de madera, ancha y pesada, pero no cerrada, Judy la contempló largo rato, bajo la sombra de los árboles, con el viento fresco llevándole los aromas a tierra mojada de su infancia, perdiéndose en los recuerdos. Al final, suspiró y empujó la puerta, entrando al cementerio familiar. La hilera de tumbas, criptas y mausoleos se manifestaron frente a ella, con nombres cincelados en piedra de un montón de sus ancestros.

El cementerio familiar se formó desde la primera generación Hopp, que no quería enterrar a sus miembros en el cementerio local, y en vez de eso acondicionaron un terreno de sus propias hectáreas, mismo que fue creciendo con los años. Estaba delimitado por muros de piedra cubiertos de enredaderas, y debido a la enorme cantidad de flores en las esquinas el cementerio era en realidad acogedor. Cada año, Judy y sus hermanos visitaban el cementerio, donde sus padres le recordaban las hazañas de sus abuelos, tíos y demás familiares que pasaron a mejor vida.

En esa ocasión, los lindos recuerdos que Judy almacenaba en su infancia se diluían, y caminó por inercia hasta encontrar la lápida más reciente, donde la tierra aún se veía removida y el césped no terminaba de cubrirla. Ahí, cincelado en un mármol blanco y reluciente, estaba el nombre de Stu Hopps.

El nudo que sentía en su pecho escaló por la garganta atorándole la respiración, y sin poder contenerse más, Judy rompió en llanto. Se inclinó frente a la tumba de su padre, esperando que por un milagro él la abrazara, recargando su rostro sobre su pecho y susurrándole palabras afectuosas. Pero eso ya no pasaría.

No supo cuánto tiempo estuvo ahí, pero de repente sintió un par de afectuosas manos acariciándole la cabeza, y un pecho suave en el cual se recargaba, la fragancia de su madre inundó todos sus sentidos y Judy descargó todo su llanto en el regazo materno, repentinamente sintiéndose mucho más a salvo. Bonnie murmuraba palabras ecuánimes de consuelo, sabiendo que su hija no la escuchaba, pero aferrándose a ella para ser un soporte.

Algunos minutos después, Judy estaba más calmada, y su madre aprovechó sabiamente la ocasión.

—Está bien extrañar a tu padre, hija.—le dijo.

—Nunca pensé que me sentiría así—confesó al fin—Es que… siento tanto dolor en mi interior ¿cómo se irá, mamá? ¿cuándo? No soporto ya esta vida.

—Amor, todo pasa.

—No mamá… no para mí.—sollozó.

Bonnie besó la frente de su hija y continuó hablando.

—Cariño, tu papá siempre será parte de ti hija. Él vive en todos nosotros.

—Pero…

—No, corazón. No puedes seguir dándote excusas. Tu padre murió, pero nosotros somos su legado, y debemos honrarlo de esa manera.

Judy escuchaba las palabras de su madre, intentando asimilarlas, Bonnie continuó hablando.

—Es normal estar triste, pero no debes dejar que esta tristeza controle tu vida.

¿Era cierto? ¿la tristeza estaba dominando su vida entera? Judy tenía que admitir que era cierto; llevaba mucho tiempo sufriendo. Había vivido muchísimas cosas espantosas recientemente, pero ¿era eso justificación?

—Judy ¿por qué no vino Nick contigo?

Oh rayos, ante esa pregunta las orejitas de ella cayeron otra vez, Bonnie había dado en el blanco. Se trataba de uno de los asuntos más complicados de su vida.

—Él… estaba ocupado.

—Judy.

Su tono no sólo era acusativo, sino también ligeramente apremiante, Bonnie estaba preocupada por su hija y no le permitiría seguir engañándose a sí misma.

—Estamos mal—admitió al fin en voz alta, y al decirlo, sintió que un poco de la presión en su pecho se esfumaba—Muy mal.

—Eso ya lo sé—respondió—Pero dime ¿qué ha pasado?

—No estoy segura de cómo explicarlo.

—Bueno, tenemos toda la tarde ¿no?

Las dos se sentaron en el césped, Judy balbuceaba al principio, pero después sus palabras salieron vigorosas, cargadas de los sentimientos que llevaba meses acumulando. La expresión de Bonnie cambió de ser comprensiva, a contenida, esforzándose por no llorar mientras las lágrimas mojaban los bigotes de su hija, su pobrecita niña había soportado muchas cosas últimamente ¿por qué no acudió a ellos?

—Y Nick… él la ha pasado peor—confesó—Fue tanta su paciencia… creo que ya no me soporta y yo… ¡no sé qué hacer! Mamá ¿cómo…? ¿cómo superaban sus desafíos tú y papá? Yo… no sé qué más hacer.

—Primero que nada—dijo Bonnie, pasando un brazo por los hombros de su hija—Debes perdonarte, hija.

La cabeza le dolía a Judy por tanto llorar, pero se veía lejana la posibilidad de parar.

—Nada de eso ha sido culpa tuya, fueron las circunstancias… es como cuando plantas ¿sabes? Puedes limpiar profundamente la tierra, hacer surcos perfectos, colocar las semillas con la cantidad precisa de fertilizante y regar pero… si hay tormenta, o el sol abrasa más de lo usual, incluso se la lluvia se retrasa, entonces la cosecha entera se perderá. Esas son cosas en las cuales no puedes intervenir, tesoro.

—Pero yo…

—Ahora bien—la interrumpió—Lo que sí puedes hacer, es cortar la cosecha perdida para plantar una nueva, en vez de llorar por las plantas marchitas. Me parece que has estado mucho tiempo llorando las cosechas que perdiste.

—¿Y cómo no hacerlo? Mamá, lo he perdido todo.

—¿Enserio? ¿Y yo qué soy? ¿y tus hermanos? ¿y Nick?

—Nick…—Judy sollozó—Él… no creo que me quiera ya.

—Eso no lo sabes.

—¡He sido de lo peor con él! Tan desconsiderada que…

—No, pasaste una muy mala racha—corrigió Bonnie—Pero dime ¿te quieres levantar? ¿quieres empezar todo de nuevo?

Judy miró a su madre, y volteó para leer en la lápida más cercana el nombre de su padre; el sol estaba empezando a ocultarse, dejando un montón de esponjosas nubes blancas atrás que se iban oscureciendo.

—Yo…

—¿Quieres o no?

—Sí.

—Entonces debes volver a Zootopia, y luchar por tu matrimonio.

¡Mm, qué fácil sonaba eso!

—No sé si… es que Nick… él no es feliz, mamá—lo resumió en esa simple oración—Y no sé si pueda seguir haciéndolo feliz.

—Judy, la felicidad de Nick no es asunto tuyo—le miró seriamente, adoptando ese aire de dignidad que siempre adquiría cuando le reprendía—Cada uno es responsable de su propia felicidad. Lo único que puedes hacer es asumir las consecuencias de lo que has hecho o dejado de hacer, buscar tu propia alegría, y acompañar a Nick en lo que él busca la suya.

Eso no sonaba para nada a algo que Judy esperara escuchar en los labios de su madre. En vida, Stu y Bonnie siempre se vieron felices, Judy pensaba que los dos conseguían felicidad en el otro, en su trabajo y cooperación mutua, y ella debía imitarlos, siendo una esposa afable y procurando a su marido. Pero las palabras de su madre le abrieron un panorama totalmente nuevo, si la felicidad de Nick no era su responsabilidad ¿cómo sentirse entonces tan culpable?

Había un poco de culpa en ella todavía, la que correspondía a esos meses enteros descuidándose a sí misma y a su esposo. Pero Bonnie tenía razón, la felicidad de Nick era cosa del zorro, no de ella; así como su propia felicidad recaía en su actitud, y no en el cúmulo de cosas que Nick pudiera hacer para confortarla ¡Por eso su matrimonio estaba tan deteriorado, ahora todo tenía sentido! aunque con la mejor de las intenciones, Nick no podía descuidar su bienestar emocional en pos de ayudar a Judy, así no funcionaban las cosas. Y Judy… ella tenía tanto trabajo que hacer, con ella misma, reconstruyéndose primero y a su relación después.

—Todo ha sido tan difícil—dijo Judy—Creo que nos perdimos por completo.

—Puede ser, todos ocupamos perdernos de vez en cuando, pero regresaste a casa, encontraste tu camino… ahora debes esperar a que Nick encuentre el suyo.

—Mamá, ¿cómo sabes que él y yo aún tenemos… futuro?—cómo dolió decir eso.

—Cosas de la edad—le respondió, encogiendo los hombros—Ahora vamos, han sido muchas lágrimas por un día y tus hermanos deben estar preocupados.

Judy ayudó a su madre a ponerse de pie, miró la lápida una vez más, y la acompañó por la vereda hasta la madriguera.

.

.

Esa mañana, cuando despertó en su alcoba, todo se sentía distinto. No sabía cómo describirlo, pero detectaba mejores olores, los colores tenían tonalidades más intensas, sus músculos y su mente se sentían más descansados, y la opresión en su pecho prácticamente había desaparecido. Pudo desayunar y sonreír con autenticidad al fin, interesándose por los juegos de sus sobrinos y las charlas triviales de sus hermanos, pudo ayudar a su madre en la cocina y bordar con ella –estaba muy oxidada en la labor– mientras veía a sus hermanos y primos atender los campos, limpiando la tierra y colocando las semillas. Mientras abrían las compuertas de las acequias, dejando que el agua pasara y regara los campos, Judy sintió que un poco de la frescura de esa agua llegaba a ella, no a su cuerpo, sino a cansado espíritu, renovándola por primera vez en mucho tiempo.

Era curioso cómo al ponerse en contacto con aquellas cosas de su infancia podía renovarle tanto el ánimo, pero si lo pensamos con mayor profundidad, no existe mucha ciencia en el fenómeno. Simple y sencillamente todos fuimos alguna vez semillas, que nacimos de un árbol y de cuyas raíces extraemos fuerza, podemos crecer, tener enormes ramas llenas de flores y frutos y dar perfecta sombra a nuestros seres amados en las primaveras; pero cuando el invierno trae consigo la tormenta, arrasando prácticamente todo lo que somos y poseemos, lo único que podemos hacer para mantenernos con vida es volver a nuestras raíces, alimentarlas con esmero, aún si eso significa perder las ramas más grandes y los troncos más robustos, porque al llegar la primavera sólo las raíces fuertes darán vida, y aquellos árboles que no las cuidaron, perecerán.

En la tarde, y con esa reflexión en mente, Judy fue al cementerio familiar con un ramo de flores y las colocó en la lápida de su padre. Ella siempre sería una semilla de su árbol, y volver a la raíz la enriquecía, pero no podía dormitar para siempre, estaba llegando una nueva primavera y era momento de tomar la vida por delante y continuar, esmerarse, seguir creciendo.

Después de todo, ése es el ciclo de la vida.

Volvería a su casa, hablaría con Nick, encontraría la manera de que su matrimonio volviera a ser el de antes. No se quedaría ya de brazos cruzados, nunca más, tenía que continuar, la vida había sido verdaderamente difícil ¿y qué? Ella aún era Judy Hopps Wilde y por su nombre que no la tumbarían. Su árbol soportaría cualquier tormenta.

Pero, cuando regresó a la madriguera, lista para volver a hacer sus maletas, recibió una llamada de Rei, diciéndole que Nick estaba en Foxville.

—¿De verdad?—preguntó—¿Por qué?

"Oh, por todas las zanahorias del mundo ¡dime que no me ha abandonado, por favor!" pensó.

—Es que… Oh, Judy—y entonces se percató de que Rei tenía una voz aguda y cansina por el llanto—Fue… es…

—Rei ¿estás bien? ¿él está bien? ¿qué pasa?—la paciencia se le acababa.

—Dentro de lo que cabe. Judy, la tía Emma falleció esta mañana, le hablé a Nick y tomó el primer tren. Pero está tan extraño…

—¿Qué?

—Debes venir, por favor. Haremos el funeral mañana.

Bruscamente, le dijo que tomaría el primer tren a Foxville.

.

.

Nick dejó a Judy en la estación de trenes y después regresó a casa, en el camino se compró un café y pastel de moras, al llegar se sentó en la sala para ver la televisión. Estaba decidido a desquitar al máximo ese fin de semana en solitario, durmiendo, descansando, olvidando por un momento los problemas y sentimientos que llevaba semanas acarreando.

Entonces sonó el teléfono.

—Más vale que sea algo bueno—respondió con tono hosco y perezoso.

—Sabes que sí—dijo Melody—Es un giro en nuestro caso.

—Sigo esperado…

—¿Recuerdas al Lic. Pumalez, para el que Sasha estaba trabajando?

—Sí.

—Bien, ha desaparecido.

Nick suspiró ¡adiós a su tarde tranquila!

Media hora después, el zorro estaba bañado y bien vestido en su escritorio, esperando a que Melody llegara con la copia de los reportes. La desaparición de Pumalez no estaba en su jurisdicción, de hecho, le correspondía al Distrito Central –donde vivía el abogado– pero mandaron amablemente una copia de los registros para que pudieran relacionarlo con el caso de Sasha (esas ventajas de tener contactos en otras zonas).

Leyeron el registro concienzudamente, buscando cómo analizarlo. Nick hizo una nota mental de pedirle ayuda a Clawhauser, o hasta a Judy cuando regresara, para que le diera más información. La verdad era que no tenían mucho de lo cual aferrarse.

El caso estaba siendo llevado por el oficial Jaulez –uno que Nick no conocía– ya había revisado las cámaras y entrevistado a su familia. Aparentemente, Pumalez dijo a su esposa que llegaría tarde el viernes por la noche, porque tenía una junta con un posible cliente, pero no regresó. Su esposa estaba devastada, y había mandado a sus hijos con su tía para que no la vieran llorar. Mientras, los compañeros de trabajo de Pumalez no tenían idea de qué cliente podía ser, porque no mencionó nada durante el día, ni tampoco notaron algo extraño.

—Bien, estamos peor que antes—dijo John—Además de un suicidio, tenemos aquí a un desaparecido.

—Lo peor es que no podemos conectar ambos casos.

—¿Cómo qué no?—debatió Melody—Una estudiante de aparente vida perfecta se suicida en donde realiza la pasantía, con una excusa muy torpe que nadie ha terminado de creer, y casi dos semanas después el que era su jefe directo desaparece ¡debe estar relacionado!

—Pero no tenemos evidencia.

—¡Pues las encontraremos!

—¿Cómo?—dijo Nick—No tenemos ni idea de qué buscar, ni por dónde empezar. Si alguien asesino a Sasha no tenemos la más remota idea de quién pudo hacerlo, ni por qué.

—Y si fueron los mismos que hicieron desaparecer a Pumalez, tampoco tenemos motivos ni forma de localizarlos—continuó John.

—Debemos buscar la línea en común de todo esto—Melody no se daba por vencida—¿Qué es lo único que compartían?

—Pues trabajaban en el despacho de abogados.

—¡El caso Wormwood!—dijo Nick, impresionado—Pero, no tiene sentido. Sergei no mandaría a nadie que amenazara a Pumalez, él era su defensor. Además, Wormwood no tiene enemigos fuertes.

—Aún, hay que pensar ¿quién sería el más perjudicado si es que Sergei sale libre?

—Roger Goldman.

Ah, Goldman, él había asumido los cargos como Jefe de Distrito en lo que se creaban nuevas elecciones, ya que Sergei estaba tras las rejas. Ciertamente Roger tenía en ese momento un poder enorme, pero temporal, tampoco podían considerarlo del todo culpable.

—Aún si todo esto tiene que ver con el caso Wormwood, no tenemos manera de saber por qué fueron ellos atacados. Es decir, Pumalez lideraba un comité entero encargado de liberar a Sergei.

—Quizá tenían información que los demás no.

—De Pumalez lo entendería, pero ¿Sasha con información valiosa? ¡ella era sólo la pasante!—dijo John.

Pero ese comentario hizo clic en la cabeza de Nick, después de todo, nadie sospecharía de una joven anónima ¿oh si?

A pesar de todas las hipótesis que hicieron, nada les estaba dando resultado, escribieron sus teorías y las dejaron en una carpeta, regresando a sus casas. Era su día libre después de todo y ocupaban descansar, pero en su camino al hogar, Nick seguía dándole vueltas al asunto, todo recaía en Sergei Womrwood, o al menos eso pensaban, pero no se le podía ocurrir por qué.

Pensando que algo encontraría, comenzó a leer todos los reportes que habían del caso Wormwood, pero no había información nueva, lo mismo de siempre: Sergei Wormwood, jefe del Distrito Sahara, había sido acusado de lavado de dinero por una carpeta entregada por un anónimo a las autoridades, en donde se detallaban sus crímenes. Como Sergei era millonario antes de ser Jefe, seguían investigándose los motivos.

Pero, si Sergei no había robado ese dinero, probablemente aquél que sí lo robó fue el que asesinó a Sasha y secuestró a Pumalez. Pero de ser así ¿qué tonto secuestraría a Pumalez cuando la atención sobre el caso está tan focalizada tras lo de Sasha? Además, seguía en blancos, no se le ocurría nadie que tuviera motivos para culpar a Sergei.

Frustrado, se fue a dar un largo baño y durmió algo cómodo, a pesar de todo extrañaba a Judy, pero… ¿realmente a ella, o al recuerdo que tenía de ella? No quiso pensar más en el asunto y decidió continuar con su descanso de fin de semana. En la mañana hizo ejercicio, comió en su restaurante favorito y regresó a casa pensando que podría pasar la tarde viendo un maratón de películas, pero al entrar a la sala, vio que su celular –el cual había olvidado conscientemente, deseoso de una tarde tranquila– tenía diez llamadas perdidas.

Inmediatamente pensó en Judy, y que algo malo pudo haber pasado, pero vio que las llamadas eran de Rei y eso empeoró su miedo. Le marcó, y le respondió la voz medio llorosa de su hermana, balbuceando dos sencillas y aterradoras palabras:

Emma murió.


Escena Extra 1

Bonnie dejó a su hija en la estación de trenes y se quedó parada en el andén hasta que vio el tren alejarse, llevándose a su hija muy lejos, a donde no podía ayudarla. Su corazón estaba dividido, por un lado quería seguir mimando a su hija, dándole ánimos para que saliera de su depresión y continuara con su vida, pero por el otro agradecía tener un respiro para asimilar todo lo que Judy le había dicho.

La esterilidad, los intentos infructuosos de adoptar, el intento de demandar a esa agencia retrógrada… no le sorprendía ahora que su hija estuviera tan mal, había soportado muchos pesares. Le sorprendía bastante que Judy no pudiera tener familia, considerando que las mujeres Hopps siempre eran fértiles, pero… bueno, siempre había excepciones ¿no? Y siendo Judy la más diferente de todos sus hijos, tenía sentido que también fuera diferente en eso.

Se imaginó el dolor que debió sentir su hija, sabiendo que no podía nunca tener hijos. Recordó todas las veces que le sugería –de manera muy directa en ocasiones– darle nietos, aprovechando cada oportunidad que tenía de recordarle visitar a sus sobrinos más pequeños para verlos crecer ¡cuánta crueldad! Si Judy hubiera comentado lo de su esterilidad, Bonnie se hubiera encargado de que nadie en la familia la hiciera sentir mal por eso, algo se le habría ocurrido, para que su pequeña no se sintiera mal.

Ahora entendía por qué, desde que llegó, miró a los bebés de sus hermanos con una mezcla de ternura y rabia, lo mucho que le costó acercarse a ellos para jugar y cargarlos, las lágrimas que contenía en sus ojos cuando veía a una de sus hermanas arrullando a un bebé para que durmiera y dejarlo en la cuna con el resto de la camada ¡Cuánta crueldad!

Y Nick también debía sentirse devastado, si lo pensaba con mayor detenimiento, ahora comprendía muy bien el deterioro del matrimonio de su hija. Después de todo, Nick seguro deseaba tener hijos también. Luego el asunto con esa maldita agencia de adopción… ¡oh, que bastardos! Bonnie, tan optimista y que se reprimía cualquier opinión negativa, abiertamente decía que con mucho gusto los vería en el infierno ¿es que su hija y su esposo, dos animales tan cariñosos y decentes, no merecían tener una familia sólo por ser de especies distintas? ¡malditos retrógrados, enfermos y amargados, por decir lo menos!

Pero lo que más le preocupó fue cuando su hija le comentó los ataques de pánico y ansiedad que había experimentado, usuales en personas deprimidas, y que Judy no había atendido de la mejor manera. Nick, cansado tras tantas desilusiones, parecía haberse dado por vencido. Pero Bonnie conocía bien a su hija, y creía conocer bien a su zorro marido, bajo todo ese cansancio aún debía quedar una chispa, sólo había que encontrar aquello que la hiciera arder, para que se incendiara todo el peso acumulado en esos años y de las cenizas renacieran sanos, felices y más fuertes que nunca.

Rezaba con todo su corazón no equivocarse en eso, porque como toda madre, lo que más deseaba Bonnie Hopps era ver a su hija feliz, y estaba completamente segura –dejando de lado cualquier amor maternal– que su hija, sin lugar a dudas, merecía la felicidad.


Escena extra 2

Aunque Carlos había dicho que el día anterior Emma se veía bien, todavía Rei tenía un mal presentimiento, así que a media mañana cuando era su hora del almuerzo salió del trabajo y condujo a la casa de su tía, pensando que podía invitarle al menos tomar un café y asegurarse de que estaba bien. Por más que lo intentaba, la aprehensión en su pecho no desaparecía cuando pensaba en su tía.

Estacionó su auto enfrente de la casa llena de hermosas plantas, donde se respiraba su juventud, y abrió canturreando para que la tía la reconociera. Entró a la sala, pulcra como siempre, y llamó.

—¡Tía! ¿estás presentable? ¿no quieres ir a tomar un café?

No hubo respuesta.

—¿Tía?

Buscó en la cocina, no había nadie, con un profundo frío colándose por su espina dorsal, Rei subió los escalones hacia la habitación de la tía Emma, y tocó la puerta. No hubo respuesta.

—¡Tía Emma, ya es tarde para que esté dormida!—dijo, pero había miedo en su voz.

Finalmente abrió la puerta, y la verdad se reveló frente a ella con total crudeza.


Eso es todo por ahora.

Los pensamientos de Bonnie ante la verdad de Judy quise ponerlos aparte, porque quería que la escena original se centrara completamente en Judy, espero que ese formato les haya gustado. Y la escena de Rei la tenía escrita antes de escribir el capítulo, así que la agregué al final cambiándole unos cuantos detalles simplemente porque no la quería desperdiciar.

¿Y bien? ¿Qué les ha parecido? Apuesto a que no se esperaban lo de Mark e Iván con las hienas, sobre cómo fueron los causantes de la muerte de Pamela, y ahora con la desaparición de Pumalez ¿qué tiene eso que ver con la muerte de Sasha? todo se irá resolviendo jeje.

Espero que les haya gustado, cualquier comentario o sugerencia es muy bien recibido y ayudará mucho al desarrollo de la historia.

PD.-Si les encanta la cultura pop en música, videojuegos y películas, adorarán Ready Player One tanto como mi hermano y yo, se las recomiendo; pero si no conocen ni les gusta la cultura pop, no la vean XD

Mil gracias por leer ¡nos vemos pronto! c: