NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS.

¡Hola a todos!

Este salió relativamente rápido. No tengo mucho tiempo, debo irme a dormir porque me espera un día pesado, pero quería de verdad actualizar porque no podré escribir nada en unos tres días y ocupaba sacar estas escenas de mi sistema. Muchísimas gracias a todos sus hermosos comentarios, favoritos y alertas, no puedo responderlos personalmente, pero aún así mando un enorme saludo a:

sueodeluna2, Nieve Taisho, A, Guest, Bureinzu, Guest 2.

No tengo forma de agradecerles su inmenso apoyo (subir capítulos es la mejor manera de agradecerles) Así que aquí tienen rápida la continuación jeje.

¡disfruten!


Capitulo 7

El funeal

Just the other night

I thought I heard you cry

Asking me to come

And hold you in my arms

I can hear your prayers

Your burdens I will bear

But first I need your hand

Then forever can begin

Everyday I sit and ask myself

How did love slip away

Something whispers in my ear and says

That you are not alone

For I am here with you

Though you're far away

I am here to stay

Recientemente la otra noche

Pensé que te escuché llorar

Pidiéndome que fuera contigo

Y te sostuviera en mis brazos

Puedo escuchar tus oraciones

Y sostendré tus cargas

Pero primero necesito tu mano

Para que la eternidad pueda empezar.

Todos los días me pregunto

¿cómo el amor se escabulló así?

Algo susurra en mi oído y dice

Que no estás solo

Porque estoy aquí contigo

Aún cuando estás lejos

Estoy aquí para quedarme

~"You are not alone" by Michael Jackson

o0o

Zootopia, 30 años atrás

La vida normal había regresado a Zootopia, después de muchos meses intensos y difíciles por las peleas entre los cárteles. Ahora, todos estaban expectantes, respirando la repentina paz pero presintiendo que se acercaban tiempos oscuros. No podían estar más en lo cierto.

Con la muerte de Erick la Cebra, el cártel Rayado había caído, desintegrándose en menos de una semana y con muchos de sus antiguos dirigentes siendo aprehendidos por las autoridades. Como meses atrás ya había caído también el cártel Arena, era un secreto a voces de que el único con poder en el bajo mundo era Mr. Big, y se preguntaban si haría algo para extender sus territorios de Tundratown, abarcando los distritos Sabana y Forestal.

Pero Mr. Big no hizo gran cosa, era realista, sabía que si tenía un control y poder efectivo era precisamente por el cuidado que le dedicada a su labor, mismo que no podría tener si extendía demasiado su influencia. Por lo tanto, se limitó a mandar a sus hombres a patrullar las zonas, impidiendo nuevos enfrentamientos entre maleantes del bajo mundo para darle algo de paz a la ciudad, en espera de ver quién heredaría el poder de los difuntos Erick la Cebra y Héctor el Camello.

Fue bastante sorpresivo que dos cocodrilos, aparentemente desconocidos, comenzaran a ganarse poder e influencia en el distrito forestal. Mr Big, desde sus recintos, observaba cómo Mark e Iván se fueron haciendo de dinero al vender esa droga nueva que nadie más tenía en el mercado, pero no sólo eso, los cocodrilos habían montado una impresionante base de operaciones y comprado a un grupo de hienas mercenarias como brazo armado.

¿De dónde provenía el dinero de esos cocodrilos? Nadie lo sabía, porque los únicos que pudieron saberlo eran los que antes fueron parte del cártel Arena, ya extinto. Nadie podía saber que Mark e Iván habían obtenido su dinero del ya difunto Héctor, usando esos impresionantes millones para comprar el mejor equipo que les permitiera una distribución más acertada de su mercancía.

Pero ese dinero no había provenido de los negocios de Héctor, sino de la cuantiosa cantidad que le debía su tío el Jefe de Gobierno Oliver Hamilton. Gracias a la inseguridad en la ciudad, fue fácil para Oliver reelegirse en su mandato, dándole más tiempo de esconder su desvío de dinero. Movía cielo, mar y tierra para saber a dónde fue a parar la exorbitante cantidad que le pagó a Héctor, pero era como si ese dinero se hubiera esfumado en el aire.

Tal llegó su desesperación, que contrató investigadores privados en el bajo mundo. Ellos informaron a Oliver del banco fantasma que usaba Héctor para lavar su dinero, pero cuando acudió a la institución, no encontró nada. Cerró inmediatamente la empresa señalándola como fraudulenta, los periódicos y reporteros elogiaron a Oliver por haber desenmascarado a una corporación fraudulenta, cuando en realidad el Jefe de Gobierno de la Sabana buscaba como desesperado el dinero que había sacado de las arcas públicas.

Su estrés no era gratuito, como la deuda de Oliver era enorme, para pagarle a su sobrino usó más de la mitad del dinero en las arcas públicas del distrito, un total de 1,200 millones de dólares. Apenas supieran que ese dinero faltaba, era camello muerto, y con Héctor fuera del panorama debería ser sencillo recuperarlo. pero si Héctor no estaba, y el dinero tampoco estaba en ese banco fantasma ¿quién se lo llevó?

Los investigadores privados de Oliver hablaron con los trabajadores del ya inexistente banco, ellos comentaron sobre dos cocodrilos que entraron al despacho del gerente con carpetas de cuero, siendo la única actividad sospecha en los últimos meses. Pero Oliver, muy creído, no le dio importancia ¿qué podían hacer dos reptiles para apoderarse de tanto dinero? En su opinión, eran seres torpes que desde luego no conseguirían ni un centavo.

Pero Mr. Big, desde su casona en Tundratown, no opinaba lo mismo. La musaraña vio a los dos cocodrilos hacerse del control du una cuarta parte del Distrito Forestal en sólo dos meses, gracias a la creciente demanda de su droga. No era necesario ser un genio para comprender que el dinero de esos cocodrilos venía de algún lugar, y con dos cárteles desaparecidos en menos de un año, ese par debió desembolsar a alguno de los dos.

.

.

—No deben sentirse cohibidos—dijo Mr. Big con tono amable—Después de todo, fui yo quien los invitó.

Mark sonrió, pero Iván se mantuvo inmutable. Ambos cocodrilos tenían dos tazas de té frente a ellos y platos vacíos, con una selección de pastelitos enfrente esperando a ser seleccionados.

—Agradecemos su invitación—respondió Iván, con tono monocorde.

—Me gusta ser cortés con los más jóvenes, les enseña buenos modales—continuó la musaraña—Pero también soy un animal directo, así que iré al grano: estoy enterado de que ustedes son los nuevos señores del Distrito Forestal.

—No diría propiamente "señores", aún tenemos competencia.

—Todos la tenemos—repuso—Pero no finjan modestia, eso no me gusta, ustedes han conquistado esa zona con su mercancía, y en menos de un año, es impresionante.

Mr. Big tomó de su pequeña taza de té, haciendo un gesto de satisfacción, los enormes osos polares parecían más relajados de lo usual, como si supieran algo que los cocodrilos no.

—Gracias—dijo Mark con tono más cortés.

—Escuché por ahí, de algún informante, que antes fueron protegidos de Héctor el Camello. Que curiosa coincidencia para ustedes que él desapareciera de este mundo poco después, junto con una gran cantidad de su fortuna ¿no?

Mark no pudo esconder su tensión, pero Iván estaba inalterable, con un semblante sereno y carente de alegría.

—Muy conveniente—Big tomó más de su té y después sonrió—Muchachos listos.

—Supongo que la suerte nos ha bendecido—respondió Iván, esbozando una media sonrisa.

Por un momento el cocodrilo y la musaraña se vieron a los ojos, comunicando ideas que Mark no entendió, la misma chispa de malicia e inteligencia resplandecía en ambas pupilas. Mr. Big dejó su taza de té en la mesita que tenía enfrente, y se recargó en el asiento.

—Me considero un empresario flexible ¿saben? A diferencia de otros creídos, yo no busco ser superior a nadie, sólo deseo que mis negocios no se vean afectados. Si quieren que su droga se distribuya en Tuntratown, no me molestará en absoluto llegar a un acuerdo. Desde luego, pido a cambio la misma cortesía ¿les parece bien?

—Excelente—respondió Iván—No podría estar más de acuerdo con alguien. Si usted desea también algún negocio especial en Forestal, no dude en llamarnos.

—Gracias, lo consideraré. Pero antes de que se marchen, déjenme recordarles algo: por razones de seguridad, el Distrito Central está prohibido para todos nosotros, simplemente no nos conviene con tanta seguridad que hay en ese lugar. Si no lo sabían, ahora lo saben.

—Es muy amable por darnos esa información.

—Estando ya todos de acuerdo, sólo queda celebrar.—hizo una señal, y con eso, sus osos descubrieron una pequeña gaveta de licores.

Ni Mr. Big ni Iván eran tontos, era preferible llevar la fiesta en paz a estar peleando y perder en eso vidas, dinero y clientes. Al brindar con una copa de vino, los tres animales llegaron al mismo acuerdo esa tarde: no meterse, nunca, en los asuntos del otro.

o0o

Zootopia, hoy

Desde que Rei le marcó en la tarde del domingo, Judy sintió la necesidad de tomar en ese instante un tren a Foxville, pero su madre y hermanos la calmaron lo suficiente diciéndole que lo mejor era irse en la mañana, después de haber dormido un poco, para tener la mente más despejada, porque le esperaría un momento muy difícil allá. No del todo convencida, Judy les hizo caso, no durmió gran cosa –menos porque Nick no respondía sus mensajes ¿estaría molesto con ella? ¿estaba ocupado?– su corto sueño estuvo lleno de pesadillas que no la dejaron descansar.

En la mañana del lunes, Judy le mandó un mensaje al Jefe Bogo y al Jefe Jones contándole sobre la muerte de la tía Emma y que debían hacerse cargo de los funerales. El Jefe Jones fue muy amable, respondiéndole que no había problema alguno y que el equipo de Nick podía hacerse cargo de todo en un par de días. En cambio, el Jefe Bogo fue más severo, diciéndole que si no se reportaba el miércoles podía darse por despedida, considerando que Bogo había sido muy condescendiente con ella no podía esperarse menos.

El tren de BunnyBurrows llegó a Zootopia, pero antes de que Judy pudiera comprar un pasaje a Foxville, Rei le marcó otra vez, diciéndole que a Nick se le había descargado el teléfono –bien, entonces no la estaba ignorando, se sintió un poco mal por experimentar tanto alivio en medio de un momento tan malo– y que le pedía de favor llevarlo unos cambios de ropa y el cargador.

Echó una maleta grande con cosas de ella y de Nick en la cajuela del auto, pensando que quizá si conducía sus nervios se calmarían un poco más. La verdad funcionó mejor de lo que pensaba, porque ver el asfalto abriéndose camino sobre los campos de manera infinita frente a ella la hacía sentir que avanzaba de alguna rara forma metafórica. Tras conducir poco más de dos horas, llegó a Foxville, el pintoresco pueblito le pareció exactamente igual al que recordaba, con la misma y tranquila alegría de siempre, excepto que ella no podía contagiarse en esa ocasión.

No era sólo la muerte de la tía Emma lo que la tenía consternada, sino la situación en general. En vida, Judy fue buena amiga de Emma, y estaba enterada de su salud delicada, pero por alguna razón la visualizaba viviendo un mínimo de diez años más, lo que suele pasar cuando quieres a alguien: no quieres aceptar que su tiempo es más corto del que deseas para él o ella.

La muerte de la tía Emma le dolía, pero más que eso estaba muy nerviosa, ansiosa, realmente insegura. En ésta ocasión, era ella la que debía contenerse para consolar a Nick, y no sabía cómo hacerlo. Durante casi toda su vida, Nick tuvo una muy mala relación con su tía, pero los últimos años se acercaron bastante, desquitando el tiempo perdido, Judy sabía que Nick tenía algo de culpa en su interior, por haberla juzgado tanto, y no sabía si su muerte lo afectaría de mal modo. Aunque, considerando lo doloroso que era el terreno familiar para Nick, lo más seguro era pensar que sí… sería difícil para él.

Mas ¿cómo ayudarlo? En todo el camino, Judy repasó mentalmente las formas distintas en que había apoyado a Nick en todos sus años de conocerlo. La voz suave y consentidora, la amenaza en broma para hacerle reír, el tono de regaño tan parecido al que tenía su madre, el llanto del chantaje para empezar una medio discusión que lo distrajera… muchos y muchos trucos, pero el único que le parecía viable, era el más directo: simplemente estar ahí, confortarlo, y ser realista. La tía estaba muerta, él debía aceptarlo, y ella lo ayudaría en ese proceso.

Lo que sonaba más sencillo era en definitiva lo más difícil, porque sus meses de distanciamiento le hacían dudar, si antes podía llegar con toda la naturalidad del mundo sujetándole la pata y susurrándole palabras afectuosas, ahora se aterraba de pensar que Nick –con justa razón– no quisiera ni que lo tocara. Pero eso sería decisión de su esposo, ella no podía abandonarlo en un momento así y no quería hacerlo, recordaba lo que le había dicho su madre, la felicidad de Nick era cosa de él, ella sólo podía acompañarlo en su viaje personal. Pero por más que se lo repetía, seguía sin estar tranquila.

Finalmente, el tiempo se le acabó cuando encontró la casa de Rei y estacionó su auto enfrente, respiró profundo un par de veces antes de bajar y cargar la pesada maleta, colocándola en la banqueta. Con el corazón martillándole desesperado, tocó la puerta.

Le abrió Carlos, que tenía el rostro compungido, pero la saludó con una sonrisa y besándole la mejilla, ofreciéndose a cargar la maleta al improvisado cuarto de huéspedes (se trataba de un sofá cama en la oficina de Carlos, ya que el anterior cuarto de huéspedes fue ocupado por su hija Emilia).

—El baño está cruzando el vestíbulo, pero confiamos en que estén algo cómodos—dijo Carlos, dejando las maletas.

Judy solamente le miró a los ojos.

—¿Cómo están?

—La verdad…

No muy bien.

Su esposa le llamó echa un mar de llanto al trabajo, Carlos pidió el día y fue a buscarla. Llamaron a los médicos, pues debían hacerle autopsia al cuerpo antes de ser trasladado a la funeraria, afortunadamente Emma había dejado todos los trámites listos y pagados desde hace años, así que se trataba de seguir el protocolo únicamente. Para poder usar la capilla, el dueño había llamado a Rei con motivo de que eligiera las mejores fotografías, arreglos florales y otros detalles, fue en eso cuando llegó Nick y fue de gran ayuda para ambos, pues acompañando a Rei y dejando que Carlos dejara a sus hijos, Edwin y Emilia, con sus propios padres. Curiosamente, la noche no fue muy difícil, pero Carlos pensaba que se trataba porque aún no se llevaba a cabo el funeral, presentía que después de ver el cuerpo y enterrarlo los Wilde terminarían de romperse.

Curiosa palabra "romperse", Judy la repasó en su mente un par de veces para darle algún significado, la larga crónica que Carlos había narrado a detalle le indicaba que ambos, Rei y Nick, estaban bastante vulnerables. No podía permitirse cometer un error, no en esta ocasión. Judy Hopps Wilde ayudaría, solamente ayudaría, ésa era su misión.

Ahora, Nick y Rei habían salido temprano en la mañana para terminar los últimos trámites del funeral y entierro, que sería al día siguiente. Carlos estaba esperando a que regresaran su esposa y cuñado para llevarle un cambio de ropa a sus hijos, pero ahora que Judy estaba en casa, podía ir a hacerlo. La casa de sus padres estaba a sólo cinco cuadras, no tardaría nada, dejaría las mochilas de sus hijos y regresaría en quince minutos como máximo, lo único que Judy debía hacer era responder el teléfono en caso de que preguntaran por el funeral (cuya información estaba colgando del pizarrón al lado del teléfono).

Sentada con las rodillas juntas en el sillón, con el teléfono al lado, Judy tenía las orejas altas y atentas, estar sola en aquella casa, donde usualmente había tanta alegría y ruido, le causaba escalofríos. En cierta forma, le recordaba a su propia casa, antes tan alegre… "¡maldita sea, Judy, deja de sentir pena por ti misma!" Se reprendió mentalmente "Estás aquí por Nick, porque él te necesita ¡no lo arruines!"

Sólo diez minutos después de que Carlos se fuera, escuchó un auto estacionarse y el sonido del motor apagándose, pensando que era su cuñado de puso de pie con una sonrisa, pero apenas escuchó la aguda voz de Rei supo que no se trataba de él. Adoptó la posición más casual y serena que pudo, mientras veía a su cuñada y esposo entrar por la puerta principal.

—¡Judy!—los ojos de Rei se iluminaron cuando la vieron y corrió para abrazarla, era evidente que había estado llorando, pero se le veía algo más tranquila.—Gracias por venir.

—Aquí es donde debo estar—le susurró.

Rei no dijo nada, la soltó y se escabulló a la cocina, murmurando cosas sinsentido porque sabía que no era escuchada. En la entrada estaba Nick, con ojos cansados y expresión triste, pero al ver a Judy una extraña luz palpitó en sus pupilas, no pudo terminar de reconocer las muchas emociones que invadieron sus facciones, pero algo bueno debió ser porque su esposo caminó hacia ella y le besó la frente con ternura y devoción, murmurando:

—Gracias.

No entendió ese gesto, pero tampoco se molestó en interpretarlo, le besó la mejilla y apretó fuertemente su pata, diciéndole "estoy aquí". No pudieron decir gran cosa porque debieron ayudar a Rei, que estaba preparando bocadillos para los amigos y vecinos que irían pronto a darles el pésame. Cuando Carlos llego, pocos minutos después, se puso a hablar con Nick al otro lado de la sala, pudo ver desde la cocina a los dos machos intercambiando palabras con ahínco y sentimiento, parecía que Carlos verdaderamente entendía la situación de Nick, y sólo por eso Judy sintió una oleada enorme de gratitud hacia él.

El resto de esa tarde fue muy pesada, porque una hora después empezaron a llegar amigos y vecinos que deseaban dar el pésame a la familia y de paso enterarse de los datos del funeral. Rei y Carlos atendían a la mayoría de las personas, dándoles bocadillos, respondiendo sus preguntas y guardándose el luto para después, mientras que Judy atendía el teléfono y Nick saludaba de vez en cuando a los pocos que lo conocían. La mayor parte del día Nick estuvo con mirada ausente, ojos distantes, cuerpo rígido, Judy realmente estaba muy preocupada por él.

A las diez de la noche desconectaron el teléfono y cerraron la puerta con candado, ansiosos de descansar. Tras preguntarles cinco veces si no les faltaba nada, Rei y Carlos se fueron a dormir en su habitación, aunque Judy, gracias a sus enormes orejas, escuchó cómo llamaban a los suegros de Rei para saber si sus hijos estaban bien. "En verdad, un padre nunca descansa", pensó Judy.

Nick agarró un cambio de ropa de la maleta y se metió al baño, Judy por su parte se puso el pijama y acomodó las maletas en el estudio de Carlos, estirando las sábanas del sofá-cama y esperando. Pensó que su esposo tardaría más, pero salió sólo unos pocos minutos después, con gotas de agua escurriéndole del pelaje de la cara, y mirándola como un niño asustado mira a su madre.

Sin que ella pudiera decir absolutamente nada, Nick dio dos pasos grandes hacia ella, y la abrazó apoyando todo su peso contra su cuerpo, aferrándose como si fuera un salvavidas. Y es que, en medio de todo ese dolor, Judy era lo único que lo mantenía cuerdo.

—Sé… sé que no estamos muy bien—dijo de repente—Aún tenemos problemas, pero…

—Nick.

—Déjame terminar—ella guardó silencio—De verdad te necesito esta noche, Judy. Por favor ¿podemos olvidarlo todo, al menos por ahora?

No era necesario pedirlo, porque Judy había olvidado todo apenas cruzó el umbral de esa casa. Pero le dijo que sí y después lo abrazó con mucha fuerza, dejando que las lágrimas de Nick mojaran su hombro y recostándose en la cama sin saber cómo, sólo dejando que el cuerpo se relajara.

—Nick… te amo—dijo ella, en voz suave y tono quedo. Nick la escuchó, pero no respondió nada, solo siguió abrazándola.

Judy no esperaba respuesta alguna, por eso le sorprendió que en medio de su desahogo, Nick le diera un corto beso en los labios, acurrucándose contra su cuello. En pocos minutos se quedó dormido, y Judy acarició su pelaje durante un buen rato, antes de quedarse ella también dormida.

.

.

Cuando Nick recibió la llamada de Rei el domingo en la tarde, ni siquiera se llevó un cambio de ropa, solamente tomó la cartera y se fue a la estación de trenes, tomando el primero que lo llevara a Foxville. Su hermana lo esperó en el andén y lo condujo hacia el hospital donde estaban haciendo la autopsia. Fue un proceso muy rápido y una hora después estaba llegando la funeraria por el cuerpo, debían embalsamarlo y maquillarlo para el funeral.

—No debería haberme sorprendido—dijo Rei, mientras conducía a casa—Ella estaba enferma y ya era mayor pero… Nick ¿por qué no nos llamó si se sentía tan mal? Yo hubiera…

—El hubiera no existe, Rei.

—¡Lo sé, lo sé, pero…!

Shhh, no hay nada que hubieras podido hacer—acarició paternalmente su frente y agregó—Fuiste una gran sobrina, y Emma estaba muy orgullosa de ti. Ahora está con mamá y papá, definitivamente debe encontrarse muy feliz.

—Sí… tienes razón.

Fueron a la capilla, donde tenían que firmar unas cuantas cosas al trasladar el cuerpo y también había que elegir las fotografías, fotos, marcos… esas cosas que a nadie le importan, pero que se hacen sólo para que los dolientes tengan algo en qué ocuparse. Rei hizo prácticamente todo, con Nick abrazándola por los hombros a modo de consuelo y diciendo poco, se sentía fuera de lugar, porque siempre odió los funerales.

Llegaron a casa, Carlos había limpiado absolutamente todo y estaba alistando a los niños para llevarlos con sus padres, Rei fingió una sonrisa ante sus hijos y Nick les siguió la corriente con sus pequeños juegos, pero era evidente que Edwin y Emilia presentían algo malo, porque no estaban tan inquietos ni enjundiosos como otras ocasiones.

Al ver a sus sobrinos partir con su cuñado, Nick recordó a Judy, que debía llegar esa noche a Zootopia. Había estado tan apurado y adolorido que ni siquiera recordó llamarle, pero cuando sacó su celular, vio que no tenía pila. Tampoco había llevado el cargador "Wilde ¿en dónde tienes la cabeza?" se reprendió mentalmente.

—Rei ¿me harías un favor?

—Dime—su hermana se estaba sirviendo un vaso con ron, aprovechando la ausencia de sus hijos.

—Llama a Judy y dile que venga, yo… necesito realmente un buen baño—dijo, diciendo la primera excusa que pudo pensar—Y que me traiga por favor un cambio de ropa, si puede.

Vio a Rei agarrar el teléfono, pero no la escuchó, se fue al baño de la planta baja, el mismo que usualmente usaban cuando los visitaban, y abrió la regadera. Dejó que agua fresca lo empapara y aliviara parte de sus pensamientos negativos, pero recientemente, esas largas duchas eran menos efectivas al momento de aliviarlo.

Duró en el baño media hora, cuando salió se encontró con Carlos abrazando cariñosamente a Rei, susurrándole palabras afectuosas y dejando que ella llorara a gusto. La botella de ron estaba cerca, porque los dos le daban de vez en cuando algún sorbo, era curioso cómo dentro del dolor que estaba cargando la pareja, podía resplandecer tanto amor y comprensión. Nick no quiso interrumpirles el momento, y esperó, la verdad es que Carlos no tardó ni diez minutos en recordar que él estaba en la casa y lo buscó.

—Hey, Nick—dijo—Lamento la molestia, pero recientemente renovamos el cuarto de huéspedes para que fuera el cuarto de Emilia.

—Está bien, puedo dormir con lámparas de princesas y…

—No será necesario—le dijo, guiándolo a su oficina, al fondo del primer piso—Aquí tengo un sofá-cama muy cómodo. La verdad, los cuartos de mis hijos son un desastre.

—Cualquier cosa está bien.—se encogió de hombros.

Carlos prendió las luces de su estudio, la habitación no era muy grande pero el sofá se desplegaba perfectamente y era ancho, más cómodo de lo que Nick esperaba. Rei le llevó unas sábanas y almohadas.

—Espero que estés cómodo—le dijo con una media sonrisa, después le dio un abrazo y besó su mejilla—Gracias, hermano. Nos vemos mañana.

Aunque estaba cómodo, Nick tenía muchas cosas en mente que le impedían conciliar el sueño. Primero pensó en Rei, y en cómo la muerte de Emma la tenía tan sensible, eso no le sorprendía porque ambas fueron muy unidas, además, Carlos estaba siendo un excelente soporte para su hermana. Con los años, Nick había desarrollado una sincera amistad con su cuñado, y le agradaba descubrir que seguía siendo noble y confiable.

El pensamiento más conflictivo era, precisamente, lo que sentía por su tía Emma. Cuando era pequeño la quería muchísimo, porque era cariñosa y consentidora, pero tras la muerte de sus padres la ausencia de Emma hizo que todo el cariño se convirtiera en rencor, uno que se fue volviendo más grande con los años, llegando a su cúspide cuando Rei se fue a vivir con ella.

Con los años aprendió a desarrollar una relación mucho más cordial y sincera con su tía, en parte gracias a la ayuda de Judy. Cuando una idea se le metía a la cabeza a su conejita, nada podía hacerla cambiar de opinión, y Judy opinaba firmemente que Nick necesitaba reestablecer sus lazos con su familia. Al final, aunque su esposa intervino, fueron Nick y Emma los que terminaron de sanar sus respectivas heridas y darse una oportunidad más.

Nick había comprendido que juzgó muy severamente a Emma, cuando no tenía derecho a hacerlo –en realidad, nadie tiene derecho a juzgar a nadie– y al comprenderlo, su relación mejoró mucho. No podía presumir de que eran los mejores amigos, como Emma y Rei, pero el cariño tanto tiempo perdido regresó y en sus últimos años, Nick supo que tuvo una amena, agradable y buena relación con la única hermana de su madre.

A pesar de eso, había un sentimiento de contradicción en su interior, estaba triste por la muerte de Emma, principalmente porque le hubiera gustado pasar algo más de tiempo con ella. Emma siempre estuvo muy orgullosa de Rei y de todas las cosas que hizo, y también estaba impresionada por la forma en que Nick había conseguido enderezar su vida, pero a él le hubiera gustado darle más… probablemente la satisfacción de que formó una familia.

En cierta forma, la tía Emma, al ser la hermana de su madre, era el último rastro de aquella familia tan amorosa que tuvo en su infancia, era como la última roca que seguía en pie de aquella casa que llamó hogar. Rei no contaba en esa definición de su mente, porque siempre fue él quien la cuidó, mientras que sus padres y su tía lo cuidaron a él. Era una confusión curiosa que causaba estragos en su mente, entorpeciendo su duelo y dejándole con un pequeño dolor de cabeza. Con Emma muerta, Nick sentía que esa soledad de su juventud estaba regresando para reclamarlo, como diciéndole "Ya recordaste lo que es tener una familia, pero esto no te corresponde, ahora regresarás conmigo". Y por todo lo que es valioso y bueno, no deseaba estar solo de nuevo.

Ese pensamiento lo llevó a Judy, técnicamente no estaba solo, pero… quizá esa era la forma en que la soledad se estaba cobrando su venganza, haciéndolo sentirse desdichado y abandonado aún cuando tenía esposa, hermana, sobrinos y en general, una familia ¿podía existir sinceramente algo peor?

A la mañana siguiente, Nick tomó una taza de café amargo mientras escuchaba el ajetreo de su hermana. Era lunes, pero no podía llamar a su oficina porque su bendito teléfono no tenía pila y no recordaba los celulares de nadie (ni el suyo). Vio a Carlos bajar las escaleras, lo saludó rápido y le dijo que debía entregar unos papeles en la oficina, después de eso se tomaría otra vez el día. Las ojeras bajo los ojos de Carlos revelaban que no había dormido tampoco gran cosa, pero aún así, estaba dispuesto a perder otro día de trabajo para acompañar a su mujer... sí, ese zorro valía su peso en oro.

Momento ¿y Judy?

Rei bajó las escaleras en ese momento, no estaba muy arreglada y también se veía algo cansada, apenas la saludó preguntó:

—¿Hablaste ayer con Judy?

El rostro de su hermana fue primero de sorpresa, después de culpa.

—Sí, pero se me olvidó pedirle tu cambio de ropa—caminó rápido al teléfono y empezó a marcar—Perdona ¿quieres hablar tú con ella?

—No, no… habla tú. Ya hablaré yo con ella cuando llegue.

—Claro.

Escuchó a su hermana hablar con su esposa, agradeciéndole que no lo juzgara. Aún no se sentía listo para hablar con Judy, no con tantas cosas dándole vueltas en la cabeza.

—Llegará en un par de horas—dijo su hermana, después de colgar—A lo mucho unas tres horas, ya está en Zootopia. Le pedí que nos avisara cuando llegara a la estación.

—Gracias, eres la mejor.

—Lo sé.

Desayunaron algo ligero y después de eso fueron a la funeraria de nuevo, Rei le dejó una nota a su esposo en la cocina y condujo su auto con un silencioso Nick de copiloto, el zorro miraba a su alrededor como si apenas estuviera conociendo Foxville.

Rei lo miraba de reojo de vez en cuando, respetando su silencio, pero sabiendo que necesitaban hablar, aunque ella no lo estaba pasando de lo mejor, reconocía que su hermano estaba pasando por un momento difícil además de la muerte de Emma. La ausencia de Judy y su reticencia a hablar con ella no le daba muy buena espina tampoco.

No tenían mucho que hacer esa mañana, sólo supervisar los arreglos y las invitaciones al funeral, que serían mandadas por la propia capilla vía internet. Como se desocuparon temprano, Rei condujo hacia un restaurante, diciendo que necesitaban un respiro y un buen pastelito para darle a su día algo dulce.

—Siempre has adorado los pasteles—dijo Nick, mientras veía al mesero llevarle una rebanada de pastel de chocolate con fresas a su hermana.

—Tú también.

—No tanto como tú.

Él pidió una rebanada de pastel de tres leches con frutas, al probarlo notó que estaba mucho mejor de lo que esperaba.

—Por la hora, no creo que Judy tarde mucho en llegar.—Rei empezó la conversación, sabiendo que era terreno peligroso.

Nick se limitó a ver su teléfono y asentir.

—Tienes razón.

—Debe estar también triste, le tenía cariño a la tía Emma.

—La ley de la vida—se encogió de hombros, comiendo de su pastel—No podemos hacer mucho al respecto.

—Sí, pero… Nick ¿cómo están las cosas entre tú y Judy?

Él hizo una pausa, mirándola a los ojos.

—No…

—Ni se te ocurra decirme que no sabes de lo que hablo—lo interrumpió Rei—Soy tu hermana, somos familia. Por favor, dime.

En el fondo, Nick se esperaba que su hermana le hiciera una pregunta como esa, por lo que guardó la compostura, pero se permitió expresarse un poco.

—No es nuestro mejor momento—admitió—Pero tampoco creo que estemos tan mal.

Ella alzó una ceja haciendo una mueca de incredulidad, Nick sonrió, porque no podía esconderle nada a su hermana a pesar de los años.

—Ella estaba en Bunny Burrows con su familia porque ocupaba realmente estar lejos de la ciudad, y siéndote franco, no soportaba un minuto más de su tristeza—las palabras fueron saliendo solas, de lo más profundo de su interior—La he apoyado y ayudado en todo cuanto he podido por su depresión, y entiendo que ella necesite su tiempo, pero ocupaba un descanso ¿sabes?

—Supongo que todos…

—A veces me pregunto ¿he sido un mal esposo en solaparla tanto? Quizá debí ser más enérgico, incitarla a que buscara mejores ayudas. No lo sé, hice lo que consideré correcto en su momento. De lo que sí estoy seguro es que no soportaré mucho tiempo más esa dinámica suya de tristeza, y que… que yo también necesito un tiempo, para mí ¿siquiera tiene sentido lo que estoy diciendo?

—Completamente… entonces ¿no querías que ella viniera?

Esas palabras presionaron el botón correcto.

—No lo sé—confesó—Yo también tengo mucha tristeza en mi interior ¿sabes? Y sé que Judy podría ayudarme en eso… pero no sé si la que venga es mi Judy, o esa sombra tristona que últimamente vive en mi casa.

Ambas son Judy. Debes tener confianza en ella, en que hará lo mejor por ti. Conoces a Judy, ella…

—Ella me ha abandonado—unas vez dichas, Nick sintió que esas palabras retrataban perfectamente su estado de ánimo, su situación, ahora le resultaba ridículo haber durado tanto tiempo intentando rechazar lo inevitable, intentando tapar el sol con un dedo—Ella se dejó caer, se abandonó a sí misma, y en ese proceso me abandonó también a mí…

Metafóricamente.

—Pero… ¿crees que regrese?

—No lo sé, la verdad no lo sé.

—Yo creo que sí.—los ojos de Rei contenían lágrimas—Porque, si no lo creyeras, te habrías ido hace mucho tiempo.

Ese era un muy buen punto.

Palabras más, palabras menos, no pudieron hacer que la conversación avanzara de ese punto. Era doloroso ver a su hermano cargando con ese pesar, pero Rei se esmeró en mostrarse presente, en recordarle que ella estaba ahí para él siempre. Pagó la cuenta y de regreso al auto le contó algunas anécdotas de sus hijos, las más graciosas, con el fin de mejorar su humor.

Cuando llegaron a casa vieron el auto de Judy, notó que su hermano se tensó a su lado, pero no dijo absolutamente nada. Nick repasaba aún la conversación que tuvo con su hermana, impresionado de haber descubierto sus verdaderos sentimientos aún sin proponérselo.

Estaba seguro de una sola cosa: si la que estaba ahí era su Judy, prendería mil veladoras de agradecimiento a Dios por haberle mandado a su ángel, aunque sea una vez más; pero si no era su Judy… era la confirmación que buscaba para hacer sus maletas e irse.

Bajó del auto con movimientos lentos, sus patas temblaban, cuando cruzara esa puerta y viera a la conejita tendría frente a sí la respuesta de qué sería de su vida a posteriori. Si era Judy, entonces podrían al fin retomar su relación, enfrentando sus problemas y saliendo adelante. Y si no… jamás pensó que su matrimonio pudiera acabar, si era honesto consigo mismo, nunca se vio a sí mismo empezando de cero. La sola idea de tener que hacerlo le causaba un estrés, una ansiedad y un pesar que realmente lo aturdían peor que dos botellas completas de licor. Pero, pero…

Por favor.

No merecía eso, no merecía perder su matrimonio, su familia, su vida… ¿qué había hecho mal? ¡había mejorado, absolutamente en todo! Había afrontado las consecuencias de sus actos, se había reformado, había construido una carrera y futuro, él… no, no se lo merecía. Entonces ¿por qué?

¿Por qué estaba viviendo esa espantosa situación? ¿por qué parecía que todas las cosas buenas que hizo de corazón no valieron nada? Había sido la mejor versión de sí mismo, por primera vez en su vida se esforzó en hacer lo mejor ¿y así le pagaban? ¿era ésa su recompensa? ¿qué clase de Dios, karma o fuerza cósmica hace eso?

Rei abrió la puerta y saludó a Judy, pero Nick cerró los ojos. No quería verla y descubrir en su rostro la respuesta del destino. Tenía miedo, no, estaba aterrado. Pero encontró fuerza en lo más profundo de su corazón, el desgastado y dolorido corazón, que aun así mantenía la esperanza, y la miró.

Los ojos de Judy lo miraban con esa ternura y angustia que tan bien conocía, no había rastro alguno de pesar, de tristeza, ni siquiera la sombra del fantasma que antes estaba en su esposa. Ella estaba ahí, de pie y con renovada energía, diciéndole con la mirada que lo ayudaría en todo lo que necesitara. Era ella, era su Judy.

Nick sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas, un enorme y pesado bloque se cayó de sus hombros cuando caminó a ella y le besó la frente, incapaz de hacer algo más, temiendo que cualquier otro movimiento la ahuyentaría, como si fuera una ilusión.

—Gracias—murmuró.

A ella, a Dios, a Emma… ¡a quien sea que la haya traído! Por primera vez en mucho tiempo, Nicholas P. Wilde no se sintió solo.

.

.

El funeral fue extrañamente conmovedor, todos los vecinos y amigos que acudieron fueron bastante amables y la ceremonia no se alargó en absoluto. Honestamente, ni Judy o Nick recordarían mucho del velorio, tendrían más presente el entierro, porque nadie nunca puede olvidar el sonido de la tierra golpeando el ataúd, pero fuera de eso, los eventos de ese día serian borrosos en sus mentes.

Nick y Rei se quedaron solos contemplando la lápida un rato, Judy los esperó a distancia, mientras Carlos llevaba a sus hijos al auto. Edwin y Emilia estaban tranquilos, sintiendo la tristeza en el ambiente y extrañando a su mamá después de estar dos días con los abuelos, pero Rei ocupaba un poco más de tiempo antes de regresar a la cotidianidad de su familia. Finalmente, la linda zorra ataviada de negro respiró profundo y caminó hacia su familia, dejando atrás la lápida y a su tía, sabía que su duelo duraría algo más, pero no podía estancarse, los dos niños vestidos de negro en el auto de su esposo le decían con la pura mirada lo mucho que la necesitaban, y ella estaría ahí para ellos siempre.

Judy vio a Rei cargar con mimo a su pequeña Emilia y besar a Edwin en la frente, mientras les ponía los cinturones. Era doloroso pero reconfortante ver la maternidad en tercera persona. Pero no se dio el tiempo de pensar en eso, en su lugar, miró a Nick, que seguía observando ausente la lápida de Emma.

Tras varios minutos, caminó y se paró a su lado, no dijo nada al principio, sólo lo acompañó, con movimientos lentos le sujetó la pata, agradeciendo mucho que Nick le respondiera el apretón. No dijeron nada, el silencio era interrumpido por el ruido de la brisa que soplaba perezosamente de vez en cuando. Tras minutos que se sintieron como horas, Nick suspiró con fuerza y esbozó una sonrisa tenue.

—Los niños deben estar desesperados—dijo—Vámonos.

Le sujetó la mano con fuerza mientras caminaban hacia el auto, donde Carlos y Rei platicaban con Edwin esforzándose en no mostrarse tan tristes.

—¿Qué es la muerte, papi?—preguntó Edwin de repente, cuando sus tíos estaban ya llegando al auto.

Judy apretó los labios sin responder, antes de que Carlos dijera algo fue Nick quien tomó la palabra.

—Es el destino final de todos nosotros, campeón—abrió la puerta y se deslizó para sentarse, colocando a su sobrino sobre sus piernas—Lo que nos espera al final del camino.

—Entonces…¿todos vamos a morir?—había un poco de inquietud en la voz del niño, Rei volteó un poco alarmada, Carlos haciéndose el desentendido al prender el automóvil.

—Desde luego—afirmó con tono casual—Todos moriremos.

Nick…

Nick ignoró a su hermana y continuó.

—Pero será genial ¿sabes por qué?—su sobrino negó moviendo tiernamente su cabecita—Porque es cuando dejamos nuestro cuerpo aquí, pero nos vamos al cielo. Allá están todos los que ya murieron antes, y nos reencontramos con ellos. Es simplemente lo que sigue después de éste camino, campeón.

—¿Y allá está la tía Emma?

—Sí, allá está. Con mis padres y muchos de sus amigos.

—Ah… ¡qué bien!

Con la naturalidad que usó Nick para hablar, Edwin le restó importancia al tema, aceptando la explicación de su tío sin problema alguno. Judy, sentada a su lado y cuidando de la inquieta Emilia, miraba de reojo a su esposo mientras conversaba ahora de algo casual con su sobrino, era curioso cómo podía entenderlo tan bien sin esforzarse.

Rei pensaba en lo mismo "Nick sería un excelente padre" dijo en su mente, no debería sorprenderle, pues él mismo la crio.

La poca tensión desapareció cuando Carlos prendió el estéreo y la familia se puso a escuchar música, tarareando las canciones que transmitían en la radio. Llegaron muy rápido a la casa, donde los niños inmediatamente reclamaron sus juguetes en sus recámaras. La casa, tan silenciosa los días anteriores, volvió a llenarse de ruido y de alegría. Nick jugó con sus sobrinos casi toda la tarde, y Judy ayudó a Rei limpiando, recogiendo y organizando la casa.

Ya en la tarde, la conejita empezó a preparar sus maletas. Era martes, y si no se presentaba el miércoles en la comisaría le iría mal. Le mostró a Nick los mensajes que le mandó Bogo, el zorro alzó una ceja y se encogió de hombros.

—¿Te molestaría irte en tren? Me gustaría regresarme en el auto.

—¿No vendrás conmigo?—inquirió, algo sorprendida. Había dado por sentado que Nick se alistaría para irse con ella.

—Ayudaré a Rei a limpiar la casa de Emma estos días, nos la heredó a los dos, pero lo más seguro es que la vendamos.

—¿De verdad venderán su casa?

—Aún no es nada seguro, pero en lo que lo pensamos, debemos limpiarla y me ofrecí a ayudarle.

Él estaba en todo su derecho, y Judy no podía en absoluto molestarse. Aunque estuviera consternada, no lo mostraría, se limitaría a aceptar y apoyar.

—Si pudiera, me quedaría—dijo.

—Has hecho demasiado con estar aquí—repuso él, y era sincero—No te preocupes, estaremos bien.

—¿cuándo volverías?

Esa pregunta desarmó al zorro por completo, y puso a la propia Judy alerta. Sobraban muchas palabras que flotaban en el aire, sentimientos no expresados y preocupaciones contenidas ¿Y si él no regresaba? ¿y si él no quería regresar?

—No lo sé—respondió—En dos días, probablemente.

—¿Probablemente?

—Te mantendré al tanto de nuestro avance—concluyó.

Esforzándose por mantener a raya su inseguridad, Judy continuó:

—Quiero que me avises, por favor, si ocupan cualquier cosa.—sujetó sus patas y lo miró a los ojos—Sabes que siempre estaré aquí para ti.

—Lo sé—se inclinó y le besó la mejilla—Muchas gracias, zanahorias.

—No tienes nada que agradecer.

La conejita le dio un fuerte abrazo y después se despidió de todos, Rei y Carlos fueron muy efusivos dándole las gracias, y sus sobrinos se echaron encima de ella al no quererla soltar, se dejó escoltar a la estación de trenes, y desde la ventana de su asiento miró a Nick que la despedía agitando el brazo –como antes– mientras el tren partía, esperando en el andén hasta que ella se perdía de vista.

Ella se iba a Zootopia, otra vez, a continuar con su vida. Mientras el tren se alejaba cada vez más, recordaba aquél día tantos años atrás en que la miraban desde el andén sus padres y sus hermanos, expectantes de cómo ella emprendía su nueva carrera. Ahora, aunque Judy tenía una buena vida en la ciudad, no quería irse, por primera vez no la deseaba.

El andén se perdió de vista, y también Nick. Realmente, él era lo único que deseaba tener ahora. Qué cruel era la ironía.


Escena extra 1

Rei subió a su alcoba y sin perder tiempo corrió hasta el teléfono, Carlos estaba cambiándose de ropa en el baño y la escuchó mientras saludaba a sus suegros y les pedía poner a los niños en el teléfono. Rei habló a sus hijos, saludándolos, preguntándoles cómo estaban y escuchando con infinita paciencia sus logros en la escuela ese día, sus ojos se iluminaban a pesar de la tristeza mientras su hijo mayor hablaba y hablaba de sus aventuras escolares.

Tras veinte minutos colgó, para ese punto Carlos ya había apagado las luces del pasillo y comprobó que sus cuñados estaban recostados en su oficina. A pesar de ser un día largo, no resultó ser tan malo. Rei se lavó el rostro y se recostó en la cama, completamente cansada, él se acostó a su lado y le sujetó la pata con cariño, en ese momento, su esposa volteó a verlo a los ojos.

—Hoy Nick me contó un poco de sus problemas con Judy—susurró, sabiendo que la conejita, si estaba despierta, los escucharía—Están muy mal.

—Yo también hablé un poco con Nick, aunque no me contó a gran detalle.

—A mí sí, el pobre se siente muy abandonado. No puedo juzgarlo, debe ser difícil tener una esposa en depresión.

—Pero yo vi a Judy mucho mejor.

—Debe de estarlo, pero eso no borraría meses y meses de tensión ¿o sí?

Rei tenía razón en ese punto. Carlos recordó la conversación que tuvo con Nick, esa misma tarde, su cuñado se veía tan decaído y con una auténtica actitud de derrotado; pero al ver a su esposa, algo de esperanza pareció surgir dentro de la ecuanimidad del zorro. Podía verse a distancia que los dos tenían problemas, pero quizá, se trataban de asuntos pasajeros.

Lo cierto era que Carlos no encontraba a Judy ni tan entristecida ni tan ajena como se lo esperaba, todo lo contrario, la conejita había estado detrás de su esposo procurándole apoyo. No era la imagen que se esperaba.

—Judy es estéril—susurró Rei—Y la agencia de adopción los sacó de su lista.

Carlos, que estaba medio enterado de esa situación, cerró los ojos tratando de imaginar la frustración y dolor que eso debió causarles, esforzándose en ser más empático.

—Estúpidos—respondió.

No encontraba otra palabra para describirlos, Rei en cambio pensaba en un montón de adjetivos mucho más vulgares pero que representaban mejor su enfado. Se acurrucó en el pecho de su esposo, y habló con ira contenida.

—Esos bastardos… no me sorprende que estén tan mal.

—¿Harán algo al respecto?

—No creo ¿no ves lo mal que están? Ocupan esforzarse en su matrimonio por ahora.

—En el peor de los casos, ellos podrían llevarse a Emilia—dijo en tono juguetón—Tendríamos más espacio y seguiría siendo parte de la familia ¿no?

Rei sonrió, y golpeó juguetonamente el hombro de su esposo.

—Esto es serio.

—Yo también lo digo enserio.

—¡Carlos!

Shhh, te oirán—susurró a su oído—Vamos, amor, cálmate. No es nada en lo que podamos ayudar.

—Es que… me lleno de rabia sólo de pensarlo. Nick tenía muchísimas ilusiones de ser padre ¿sabías? Siempre ha querido tener a un niño al cual enseñar a montar en bicicleta y a batear… se me parte el corazón pensando que nunca podrá… que él…

—Estás adelantándote demasiado a los hechos—la abrazó por los hombros—Lo cierto es que no sabemos aún sobre eso.

—¡Pero la…!

—Nada—besó sus labios para callarla—Dios opera de formas misteriosas. Ya verás cómo todo mejorará para ellos.

—¿Y cómo sabes eso? Su matrimonio está tan deteriorado y me asusta mucho que ellos…

—Calma—canturreó—¡Otra vez piensas de más!

—Y tú no piensas nada—le sacó la lengua juguetona.

—Me ofendes, mi amor. Pero hablo enserio. Dales más crédito, amor mío, ¿realmente crees que ellos dos pueden separarse? Han pasado por cosas peores, un poco de estrés no los matará.

Rei se maravilló de toda la fe que Carlos tenía puesta en sus cuñados. La verdad era que Carlos también tenía sus dudas, pero no iba a permitir que su esposa se estresara más de lo que ya estaba y, más importante aún, dentro de sus cuestiones también tenía esperanza.

Porque, esa tarde, cuando habló con Nick, pudo percatarse de que en medio de tanto desastre, Nicholas Wilde seguía enamorado de su esposa.

Y la mirada de Judy, cuando buscaba a Nick para ayudarlo o cuando le sujetaba la pata a modo de consuelo, era la de una mujer enamorada.

Estaban pasando por una espantosa etapa, en la cual le gustaría ayudar, pero a pesar de todo había aún amor dentro de ese matrimonio y mientras hubiera amor, nada malo podría pasar.

—Supongo que tienes razón—dijo Rei, suspirando.

—La tengo—sonrió con petulancia, besándole los labios con mayor ahínco—Ahora vamos a dormir.

Sin debatirle nada, Rei apagó las luces. En el sofá-cama de la planta baja, el desgastado pero aún sobreviviente matrimonio Wilde dormía acurrucado, como si nada malo hubiera pasado, silenciosamente dándole la razón a Carlos.


Escena extra 2

Nick se despertó a media madrugada, la casa estaba completamente silenciosa y la habitación oscura, aunque el sillón-cama era cómodo, él estaba acostumbrado a su propio colchón, así que empezaba a sentir dolor en la espalda. Quiso removerse, pero el cuerpo de Judy estaba apoyado en su pecho y no quiso moverla. Siempre le pareció que cuando dormía era cuando más adorable se veía Judy, no importaba que se sintiera sensible en ese momento, simplemente así lo pensaba. Los bigotes de Judy se movían al compás de su respiración, otorgándole un aura de completa ternura ¿qué hacía una conejita tan hermosa casada con un zorro como él?

Los meses enteros de tristeza y dolor estaban aún en su mente, susurrando frases hirientes y dolorosas, pero no los escuchaba. En ese momento, por esa noche, eran solamente él y ella, sin asuntos pendientes, sin problemas pospuestos, sin un funeral encima... eran sólo Nick y Judy, mejores amigos, inseparables compañeros y esposos apasionados, felices de compartir su vida.

Esa noche, después de tanto, Nick se dio cuenta de que aún amaba a su esposa con todo el corazón. Y que aún creía en su matrimonio, y haría lo que estuviera en sus manos para salvarlo. Esa noche, era fuerte, decidido y audaz. Esa noche, sentía que Judy a su lado (aunque estuviera dormida) lo amaba, apoyaba y ayudaría en toda situación que él ocupara. La soledad no pudo inmiscuirse en su mente, y en vez de eso, sintió total plenitud, una emoción de comprensión y amor que llevaba mucho tiempo sin experimentar. Esa noche, Nick Wilde se sintió completamente unido a su esposa y a su familia.

Sólo por esa noche...


¿Y bien? ¿les ha gustado? la canción de Michael Jackson al inicio se enfoca en la manera en que Judy intenta ayudar, y cómo Nick lo percibe a su manera. Espero haber conseguido un buen efecto.

¿Les ha gustado cómo se van desarrollando esos dos?

¿Y qué me dicen de la escena entre Mr. Big y los cocodrilos?

Gracias por leer, cualquier comentario o sugerencia soy toda oídos =D