Capítulo 9: Las travesuras del minino
Los días en los que Marinette estuvo sola en su casa, un gato negro se colaba todas las noches en su alcoba para hacerle compañía, incluso en una ocasión, la chica intento enseñarle al rubio a hornear algunos croissants, pero éstos tuvieron algunas complicaciones, como quemar el primer lote luego de distraerse jugando a los videojuegos o que el segundo no tuviera forma de nada. Aun así, ellos se divertían y sus Kwamis tenían tiempo para ellos.
En su tiempo libre, Marinette pudo terminar de confeccionar el bolso que diseñó para su Nonna, el cual enfundó y guardó en una caja de cartón junto a una hermosa dedicatoria, para finalmente enviar el paquete. Cuando el regalo llego a la puerta de su casa, su abuela la llamó por teléfono, agradeciéndole el detalle e invitándola a pasar unos días con ella en vacaciones. Por supuesto que a Marinette le encantaba la idea, su único problema es ser Ladybug, lo cual le impediría salir de París.
Tras la inminente llegada de los padres de Marinette al día siguiente, el chico aprovechó su última noche en la habitación de la peliazul para dormir junto a ella antes de verse separados de nuevo. Recostados en la cama con las luces apagadas, el chico alzo un poco su rostro para verle a la cara.
-Hay algo que me inquieta. – susurro sobre su rostro.
-¿Qué cosa? – pregunto la chica soñolienta, abriendo sus ojos para encontrarse con el par de esmeraldas, mirándola con curiosidad.
-Nunca respondiste la pregunta de Alya.
-¿De qué pregunta me estás hablando? – demando la chica sin entendimientos. Adrien se acercó más a ella de manera sugerente.
-Dime Marinette, ¿soy más sexy que Chat Noir o es mi álter ego más sexy que yo?
-¿Qué? ¿A qué viene eso?
-Responde. – le exigió saber el chico.
-No. Chat Noir y tú son la misma persona, no entiendo la razón de tu pregunta.
-A lo que me refiero es que tal vez me vea mejor, ya sabes, con la cola y las orejas. Además, tú podrías tener un fetiche con los gatos, yo por supuesto lo tengo con las catarinas. – el chico le sonrío de lado, dispuesto a besarla, pero ella fue más rápida, girándose su cuerpo a un lado terminando por darle la espalda.
-Estás loco. – sentenció.
-Sólo tienes que responder princesa.
-No voy hacerlo. Ahora déjame dormir. – dijo, dando por terminada la más insólita conversación y dejándose abrazar por el dios de los sueños.
Cuando Marinette se levantó esa mañana, el rubio ya se había ido de su habitación y como todos los otros días en los que pasaba la noche con ella, el chico dejó una rosa roja encima de su almohada con una nota que en esa ocasión decía: "Para mí, tu eres más sexy que Ladybug".
La chica no discutiría más ese tema con el gato negro, sin importarle cuanto lo sacara a relucir, lo evitaría hasta que él se cansara de cuestionar algo tan absurdo y sin sentido como lo es aquella pregunta. Además no dejaría que algo como eso, le quitará el buen humor y la felicidad que siente de ver de nuevo a sus padres, a quienes recibió con un fuerte abrazo de oso.
Para el fin de semana, Adrien le pidió de favor a Marinette que sea su acompañante para una sesión de fotos que tiene cerca de la torre Eiffel, prometiéndole que está vez no había segundas intenciones, un poco dudosa pero confiando en su palabra, la chica acepto ir con él, sin imaginar que su tarde se vería estropeada por el alboroto de un akumatizado. En el momento que las personas comenzaron a correr al ver un auto de carreras descontrolado es que el fotógrafo de Adrien salió huyendo del lugar, dejándolos solos con la amenaza del akuma frente a ellos.
-¡Adrien corre! – grito la peliazul, haciendo a un lado al chico.
-¿Enserio princesa? – aludió Adrien, alzando su puño para mostrarle su anillo.
-Cierto. – recordó de pronto dándose un golpe mental. – Lo siento, aún lo estoy asimilando.
-Pues asimílalo rápido porque ahí viene. – menciono el chico corriendo en dirección opuesta a la de Marinette, ambos dispuestos a encontrar un lugar para esconderse y llamar a su transformación. Pronto los héroes de París hicieron acto de presencia, peleando contra el gran conductor de carreras profesionales, enojado por no llegar en el primer puesto. Tras un arduo trabajo en equipo, los chicos volvieron todo a la normalidad, venciendo una vez más a Hawk Moth.
-Creo que tus padres comienzan a sospechar. – mencionó el chico una tarde en su casa, luego de hacer su cuarta visita en la semana y de que sus padres interrumpieran en su habitación con cualquier pretexto para mantener un ojo sobre ellos. Nadie podría culparlos, ya que el extraño comportamiento de su hija lo hacía más notorio cada día.
-No lo creo, ellos siempre han sido así. – dijo la chica restándole importancia, entregándole un galleta a Tikki y un pedazo de queso a Plagg.
-Tal vez, pero quizás lo presientan y puede que no sea mala idea hablar con ellos.
-¿Hablar? ¿Con mis padres? No, no y no. – se encaró de pronto con el chico, mirándolo de manera aterradora.
-¿Por qué no? Tus padres son las personas más encantadoras que conozco, merecen saber la verdad.
-Adrien tiene razón Marinette, tus padres lo entenderán. – dijo Tikki, introduciéndose en la conversación de los chicos.
La chica no estaba convencida del todo, pues conoce a sus padres y sabe que jamás les dejaran en paz, ellos por supuesto adoran a Adrien, pero tenerlos encima todo el tiempo, acabaría con sus pacificas tardes. Sin embargo, fue persuadida por su novio para contarles la verdad, aunque un poco nerviosa, bajaron las escaleras de su casa, para encontrarse con sus padres, quienes atendían al último cliente que entró en la panadería.
-Mamá, Papá. – llamo la peliazul a sus progenitores, ellos voltearon a verla, prestándole toda su atención. – Tengo…yo…tengo que…yo quiero...que decir…
-Yo le he pedido a Marinette que salga conmigo. – dijo el rubio interrumpiendo los balbuceos de la chica. Sus padres se miraron entre sí, con algo de complicidad mutua, luego se giraron a los chicos con una enorme felicidad.
-Lo sabíamos y nos alegramos mucho por ustedes. – menciono Sabine con una sonrisa tan maternal que por un momento hizo que Adrien recordara a su madre con nostalgia.
-¿Lo sabían? – cuestiono Marinette con incredulidad.
-Por supuesto, creíste que no nos daríamos cuenta. – comentó Tom poniendo un brazo sobre los hombros de los chicos.
-Esperaba que no lo hiciesen. – confeso Marinette avergonzada, pero alegrándose de no ocultarles más la verdad y aunque sus padres aceptaron su relación, aún había un par de reglas que los chicos debían acatar si querían seguir viéndose bajo el techo de los Dupain-Cheng y aunque no eran objeciones que no pudieran cumplir, aquello era lo que la chica deseaba evitar.
En la escuela la miradas de ambos se volvieron cada vez más evidentes, incluso el contacto físico paso de estar lado con lado a colocar un brazo por encima de la espalda de la chica o poner su mano sobre el hombro del chico y sus amigos sólo murmuraban sobre ello sin llegar a ninguna conclusión.
Con las últimas semanas de clases y el clima volviéndose más frío cada día, los chicos pasaban sus tardes en la biblioteca del colegio con el único propósito de terminar sus proyectos escolares. Mientras Marinette y Alya realizan su trabajo de ciencias, sentadas en una mesa compartida con Adrien y Nino frente a ellas, quienes preparan su presentación de historia, sus demás compañeros les acompañan en las mesas restantes elaborando sus tareas en equipos.
Ante la falta de información confiable para su proyecto, Marinette se encamino al área de ciencias, buscando el libro faltante que les ayudaría a complementar su investigación, sin imaginar que un gato travieso la seguiría sobre los estantes, con sigilo y cautela acercándose a la chica hasta acorralarla en la pared.
-¿Qué estás hac… – pero el chico no la dejó continuar pues aprisiono sus labios con los de él, aclamando su contacto con urgencia y sin consideración.
Marinette abrió un poco su boca para inhalar un poco de aíre pues no estaba preparada para recibirle de esa manera, el chico aprovecho la oportunidad e introdujo su lengua, saboreando el dulce sabor de sus labios. La chica se dejó besar, correspondiendo de la misma manera que él pero sin llegar a tocarlo ya que sus manos se mantenían ocupadas abrazando el libro de ciencias, mientras que las de Adrien descansaban en sus caderas.
Está no era la primera que sus besos subían de intensidad desde que Marinette supo la identidad de Chat Noir, de hecho pasaba con demasiada frecuencia, pero siempre era ella quien le ponía un alto al minino, quien deseaba poder estar con la peliazul sin una máscara de por medio, pero la chica aún no se sentía preparada para estar de esa forma con Adrien, pues la vergüenza se apoderaba de ella a pesar de sentir el cosquilleo en la parte baja de su vientre.
Antes de separarse el chico mordió suavemente su labio inferior, para luego descender a su cuello, repartiendo pequeños besos en la zona y pasando su lengua sobre su piel, lo que ocasiono que la chica cerrará sus ojos centrándose en el mar de sensaciones que le provoca, tuvo que apretar sus labios para evitar soltar un gemido cuando le sintió mordisquear su garganta.
-Me estás matando princesa. – susurró el rubio con la voz ronca sobre su oreja, haciéndola estremecer al instante y cuando creía que la besaría de nuevo, el chico se alejó. Marinette abrió los ojos dándose cuenta de su ausencia, él la había dejado completamente sola con la respiración y el corazón acelerado, ¿qué pretendía hacer besándola de esa manera? Se preguntaba furiosa. Aunque más bien se sintió un poco frustrada de no poder terminar con aquello que él inicio.
Marinette volvió a su mesa unos minutos después de haber controlado sus impulsos de deseo, encontrándose con que Adrien ya estaba sentado frente a ella, sin mirarle pero con una sonrisa de victoria.
-¿Chica por qué tardaste tanto? – le cuestiono Alya en el momento en que se sentó a su lado.
-Lo siento, no lo encontraba. – mintió la peliazul, poniendo el libro sobre la mesa.
-Está bien, mejor comencemos antes de… ¿Chica qué te ha pasado en el cuello? – Alya se interrumpió al ver el pequeño hematoma que sobresalía en la piel blanquecina de la peliazul.
-¿Qué? ¿De qué hablas? – pregunto Marinette con evidente pánico en la voz. Rápidamente Alya saco de su bolso un espejo de mano y se lo paso enseguida a la chica viendo por primera vez el área afectada.
-Vaya Marinette, qué gato te ha mordido. – la chica bajo el espejo de golpe y se giró para encarar al rubio que disimulaba una sonrisa burlona o una astuta. Ella sólo pudo devolverle una mirada fulminante con la única intención de matarle en ese momento.
-No sé qué me ha pasado. Tal vez me dio alergia algo. – mintió a sus tres amigos que la veían de manera expectante, pronto los chicos dejaron pasar el suceso, pero Alya no se quedaría con esa simple explicación, su instinto de periodista le decía que había más en esa historia que una simple alergia y pronto lo descubriría.
La semana siguiente los chicos estaban muy ocupados entre ser héroes y terminar sus deberes de la escuela, apenas les quedaba tiempo para verse, pero Adrien tenía un plan, uno que si se cumplía al pie de la letra, haría que la chica pasase la tarde junto a él y es que debía aprovechar que su padre estaba fuera de la ciudad junto a Nathalie, dejando a Gorila a su cuidado, pero encargándose de él.
Marinette estaba en su habitación, cuando recibió un mensaje de Adrien con el texto: "Alerta de Akuma en mi casa" sus palabras la alarmaron, por lo que rápidamente llamo a su transformación, haciendo aparecer a Ladybug y con presura salió de su habitación, pasando tejado por tejado hasta llegar a la mansión de los Agreste.
Entro con cautela por la puerta principal, dando vueltas a su yoyo como escudo protector, se encamino por la mansión demasiado silenciosa para su gusto y sin rastros de nadie. – ¿Adrien? – se atrevió a llamarlo, subiendo por las escaleras al segundo piso. – ¡Adrien! – llamo por segunda ocasión al chico, está vez teniendo repuesta.
-Ladybug por aquí. – grito a lo que la chica del traje moteado corrió a ayudarlo, entrando a una oscura habitación o más bien, su habitación. – Te estaba esperando. – le oyó decir y en ese instante la luz se hizo presente iluminando por completo su alcoba, dejando ver en la mesa de su pequeña sala un increíble banquete.
-¡Te has vuelto loco! – exclamo Ladybug furiosa. – Nunca más vuelvas a mentirme de esa manera. Creía que estabas en problemas. – le grito señalándolo con su dedo índice.
-Lo lamento my Lady, pero no encontraba otra forma de hacerte venir acá.
-Estoy muy molesta contigo gato tonto. – Ladybug le dio la espalda, evitando que viera en su rostro marcado por la angustia y la preocupación. Adrien se acercó a ella por detrás, abrazándola por la cintura, atreviéndose a depositar un beso sobre su cuello.
-Perdóname Ladybug, nunca más volveré a mentirte de esa manera, lo prometo. – pero la chica no respondió, sólo cruzó sus brazos por encima de los suyos, mostrándose recia a perdonarlo.
Adrien no dejaría que la chica siguiese molesta con él, así que volvió a besar su cuello. Habilidoso bajo con su mano el cierre de su traje, dejando sus hombros y parte de su espalda visible ante sus ojos llenos de deseo, besando cada rincón de piel descubierta. – ¿Sigues molesta my Lady? – se atrevió a preguntar el chico casi en un gruñido, colando una mano sobre su pecho y Ladybug no podía negar que le encantaba las atenciones que su novio le daba, así que dejó que el chico la girará para quedar frente a frente con el enojo en el pasado. Adrien la guío hasta su cama, colocándose encima de ella, fue entonces que la chica deshizo su transformación, liberando a Tikki, quien junto con Plagg se escabullían de la habitación, dejándolos completamente solos.
Con el deseo quemándolos por dentro, el chico se quitó la camisa y la playera que siempre lleva debajo, mostrando su abdomen desnudo, Marinette llevo su mano hasta su pecho, acariciándolo para luego posar sus labios sobre su piel, en segundos su ropa de la parte de arriba desapareció, dejando que su sostén cubriera sus pechos. Adrien se apodero de los labios de la chica, besándola hasta agotar su respiración y fue tanta su concentración que ninguno escuchó los pasos acercándose, ni la puerta de su habitación abriéndose de golpe.
-Adrien he conseguido el juego de Factor X+ ¡Oh mierda! – exclamó el moreno interrumpiendo el momento romántico de los chicos y volviendo a salir de la habitación.
-¡Nino espera! – le gritó Adrien, levantándose de encima de Marinette y ayudándola a vestirse. El chico sólo se puso su playera de rápido para encarar a su mejor amigo. Cuando la chica estuvo lista, él abrió la puerta haciéndole una seña para que pasara. Nino entro viéndolos aún pasmado por lo que acababa de presenciar.
-Me van a explicar o van a seguir viéndose entre ustedes. – comentó su amigo, sentándose en el sillón y agarrando uno de los bocadillos de la mesa.
-No es lo que crees, bueno sí, pero no. – intento explicar el rubio con bastante nerviosismo. Finalmente se rindió ante las innecesariamente largas explicaciones, así que solamente dijo: – Marinette es mi novia. Lo somos desde hace algunos meses, pero no hemos dicho nada porque queríamos mantenerlo en privado.
-¿Qué? No puedo creer, cuando Alya se entere…
-No. – le corto Marinette. – Por favor no sé lo digas a Alya, yo hablaré con ella.
-Creía que éramos amigos, pero ya me di cuenta que no es así. – dijo Nino algo decepcionado.
-Lo siento Nino, es mi culpa que no se los hayamos dicho. Yo le pedí a Marientte que lo mantuviera en secreto hasta que pudiera hablar con la prensa. – los ojos de la chica se posaron en el rubio, pero él evadió su mirada, ya que había decido apropiarse de la culpabilidad de sus actos.
-Está bien, esa si es una muy buena razón. – concordó Nino, aceptando sus disculpas. – De acuerdo, no le diré nada a Alya, pero no voy ayudarles con ella. – declaro el chico, volviendo a comer de los bocadillos de la mesa.
-Gracias Nino. – agradeció Marinette con sinceridad.
-Y ahora me voy. – dijo el chico levantándose del sillón con toda la intención de salir huyendo de ahí.
-¿Por qué no te quedas Nino? Yo ya tengo que irme, así que podrían jugar al Factor X+.
-¿Estás segura? Yo podría volver más tarde.
-No, está bien. Quédate, a Adrien le hará bien algo de compañía. – los chicos se giraron hacia el rubio, el cual sólo asintió en respuesta. No era lo que tenía planeado, pero al menos pasaría una buena tarde con su mejor amigo. Marinette se acercó a él para despedirse. Sin embargo, cuando creyó que le besaría, ella sólo susurró sobre su oído. – Aún sigo molesta contigo, pero lo dejaré pasar por lo que acabas de hacer, así que sólo me debes lo de la biblioteca gatito. – y la chica se fue dejándolo paralizado en su alcoba.
...
Hola lectores!
Les traigo una mala noticia, ya sé que el capítulo fue corto, pero no publicaré hasta dentro de dos semanas, si puedo antes lo haré, esto es por motivos de que necesito el tiempo para realizar un par de cosas que tengo pendientes y no quise terminar la historia por terminar dándoles un final desagradable, entonces decidí darle un pequeño tiempo en espera, pero prometo terminarla, tengo algo medio escrito del capítulo 10 y ya tengo planeado el 11, así que no desesperen.
Espero les guste el capítulo, no es de los mejores, pero es lo que salió xD
Y muchas gracias por todo su apoyo.
