NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS

FictionNews:

Tras un largo periodo de ausencia, la autora de FF Nefertari Queen ha vuelto a publicar un capítulo más para su historia "Counting Stars" deseado que sus lectores encuentren un momento dentro de sus ajetreados labores diarios para rememorar un fic que, en sus propias palabras: "quizá hayan olvidado tras semejante retraso". La autora ha manifestado un profundo arrepentimiento por la demora, alegando que se trató de un bloqueo y que insistió en esperar hasta que el capítulo le pareciera lo mejor redactado posible, contestando al entrevistador: "no puedo, simplemente no puedo subir capítulos que no considero bien escritos. Va en contra de todos mis principios, los lectores merecen que el capítulo sea la mejor versión que pueda dar". Desde aquí mostramos simpatía con la autora, y anexamos unas respuestas a comentarios mandados con anterioridad:

lola: es hermoso que digas que mi escrito es "de buena mano", gracias por leer mis fics y emocionarte tanto ¡me emocionas a mí! ^^

Karen: ¡perdona! T_T aquí está al fin el capítulo nuevo...

Cat-Zetyblack: Primero que nada, lamento mucho haber demorado en la actualización. Segundo, agradezco de sobremanera que me hayas tenido la confianza de expresarte tan abiertamente de tus emociones y ese difícil momento que pasas por ahora en tu vida, sé que suenan a cliché frases como "todo pasa por algo" o "eventualmente lo superarás". La verdad es que nadie puede ponerse por completo en los zapatos de otra persona, admiro enormemente tu fortaleza. Siéntete en confianza de hablarme directamente (si así lo deseas) y espero que este fic sea la mejor ayuda que pueda darte. Te mando un enorme abrazo, y mis mejores deseos con un toque de amor.

Angelus19: ¡Hola hermosa! me alegra tanto que tu familia esté tan bien y principalmente tu bebito hermoso (un beso). En lo que respecta a la historia, ya eventualmente harán sus acercamientos, espero los más realistas posibles XD Quizá sea algo dura pero el punto del fic era llevarlos al límite. Lo que me dices de Wattpad, no sé porqué esa plataforma nunca me ha terminado de gustar, y sobre esas escenas de sexo sé a lo que te refieres, son para reírte por lo idílicas y románticas que ponen, enserio ¿no saben que se suda, hay ruidos y olores raros y un montón de cosas además de besos y coito? XD En fin, al menos le sacan a una alguna risa jeje.

Bureinzu: ¡Lamento no poder escribir más rápido! :c peeeero en las buenas noticias, le has atinado a algunas cosas de este capítulo c;

Nieve Taisho: ¡Nieve hermosaaaa! Primero que nada, me encanta cómo te emocionas ¿enserio lo leíste cinco veces? wow, y por cierto ¿cuál fue tu escena favorita? me quedé con esa curiosidad XD un enorme diploma de "mejores novios del mundo" para ti y tu pareja, te lo dice una mujer que realmente sufre por no encontrar a nadie :c bueno, cosas tristes después (suficiente hay con el fic jaja) y ponle mucha atención a las escenas de los cocodrilos c; (¡Torta será, y de tres leches de chocolate =D)

LautaroR: Muchísimas gracias, lamento que este capítulo se haya tardado más pero agradezco tus hermosos deseos y espero te guste esta nueva entrega.

Guest: suele pasar mucho eso, que intentan tener hijos se rinden y al siguiente segundo ¡pum! embarazados... las cosas de la vida XD


Capítulo 8

Esa cosa llamada realidad

I close my eyes, only for a moment

And the moment's gone

All my dreams pass before my eyes, a curiosity

Dust in the wind

All they are is dust in the wind

Same old song, just a drop of water

In an endless sea

All we do crumbles to the ground

Though we refuse to see

Dust in the wind

All we are is dust in the wind

Cierro mis ojos, solo por un momento

Y el momento se va

Todos mis sueños pasan frente a mis ojos, una curiosidad

Polvo en el viento

Sólo son polvo en el viento

La misma vieja canción, es sólo una gota de agua

En un interminable océano

Todo lo que hacemos se desmorona y cae al suelo

Aún cuando nos negamos a verlo

Polvo en el viento

Nosotros somos sólo polvo en el viento.

~"Dust in the wind" by Kansas

.

Zootopia, 30 años antes.

.

Mr. Big y los cocodrilos hicieron un pacto de territorio claro y directo: la musaraña seguiría dominando Tundratown, y los cocodrilos tendrían a la Sabana y Distrito Forestal. El área central permanecería neutral, como llevaba siéndolo mucho tiempo. No interferirían entre sus negocios, respetarían a sus personas y en caso de conflictos debían seguir el código estándar de las mafias. A los dos grupos les parecía un trato muy justo, pues Mr. Big estaba más que contento con sus negocios y no tenía interés en expandir su dominio.

Hubo paz en Zootopia después de los violentos meses que terminaron con los Cárteles Arena y Rayados, pero apenas pudieron respirar a gusto unas semanas antes de que los barrios bajos de los suburbios comenzaran a mostrar animales ansiosos, con un cuadro de adicción bastante severo. Las autoridades recibían los reportes de arranques de violencia en los jóvenes, que en el mejor de los casos eran detenidos y liberados tras un par de horas de castigo. Al principio los oficiales no notaron algo extraño, hasta que los casos comenzaron a ser mucho más frecuentes y abarcaban más animales de muy joven edad.

Fue en el Distrito Forestal, cuando atraparon a un hipopótamo de apenas diecisiete años, que encontraron en sus bolsos esa droga extraña. La mandaron al laboratorio y confirmaron que se trataba de un narcótico nuevo, probablemente importado, pero eso no podía ser, el hipopótamo vivía en uno de los sectores más bajos de la ciudad, si el joven se drogaba tendría que ser con las mercancías más baratas del mercado negro, no con el caro material importado.

Las autoridades alertaron de la nueva droga, cuyos efectos se consideraban nocivos, y se empezaron a formar patrullas para buscar quiénes podían estar distribuyéndola. No sabían que estaba dándose inicio una de las épocas más oscuras de Zootopia.

.

.

—La policía está detrás de nuestra droga—dijo Mark.

Iván se encogió de hombros, recostado en un sillón de cuero muy cómodo y con los ojos cerrados. Estaban en un cuarto bien amueblado, con alfombras, tapices y una mesa llena de todos los licores conocidos –los más finos– además de mesitas, televisiones y otras cosas. No era una habitación muy grande, pero el lujo era perceptible en cada una de sus esquinas.

—Aún no saben que somos nosotros—respondió—Creen que la droga proviene de otro cártel.

—No son estúpidos, eventualmente sabrán que somos nosotros.

—¿Y qué te preocupa?—Iván abrió los ojos y se irguió—Hemos ganado más dinero en estos seis meses de los que ningún otro cártel en la historia de Zootopia. Podemos perfectamente defendernos.

—Sé que tenemos recursos, y a las hienas—esas hienas eran tremendamente fiables—Pero piensa ¿cómo haremos que el dinero circule de la manera que necesitamos? No sé tú, pero no pienso vivir en pocilgas toda la vida.

—Lo que quieres es lavar el dinero ¿verdad?

—¡Desde luego! Tener las maletas escondidas en los recovecos es tan…

—¿Tan qué?

No dijo nada más, pero Iván entendió su punto.

—También lo he pensado—confesó—Sería lindo poder tener un apartamento ¿no? Con vista panorámica, llena de todos los lujos que uno desea.

—Y los restaurantes más finos, con las mejores comidas.

—Podríamos construir sin problemas los edificios que deseamos.—continuó Iván, de repente emocionado—Pero si somos muy obvios con los fondos le daremos pistas a la policía.

—¡Es lo que te estoy diciendo!

—Carajo, cálmate—se puso de pie y caminó a una mesita, abrió el cajón, donde estaba un legajo, y se lo dio a Mark—Este es el bosquejo de una idea mía para lavar dinero ¿qué opinas?

Mark leyó el documento, eran unas cinco hojas a lo mucho, Iván siempre fue el de mejor temple y más astucia, aun así, Mark quedó sorprendido por su plan. Era tan sencillo, y eficaz.

—¿De verdad es tan sencillo?

—Lo es cuando sabes exactamente qué estás buscando.

—Aquí mencionas tres empresas ¿debemos usar a las tres?

—Yo pensaría usar primero una y, dependiendo cómo nos funciona, acudir a las demás.—dijo Iván—Si nos concentramos mucho en eso podemos perder ventas del krokodile.

—Francamente yo no soy bueno en estas cosa—Mark cerró el legajo y se lo regresó—Hagamos esto, tú te encargas del lavado y yo me encargo de la producción y venta.

—Eres incapaz de dejar las calles ¿cierto?

—Sabes lo que me gusta.

Los dos cocodrilos sonrieron, conformes con su nuevo plan. Habían crecido juntos, eran aún más que hermanos, confiarían siempre su vida en el otro, eso no había cambiado ni con tantos planes, artimañas, chantajes y problemas que habían sorteado. Nada podría cambiar su amistad.

—Bien, yo me haré cargo, pero dime tú ¿en qué empresa empiezo?

—Tú sabes más de eso.

—Pero es también tu dinero. Dime, cualquiera es viable por igual.

Sacó la hoja donde estaban los esquemas de las empresas, Mark le echó un vistazo, conocía a todas, y en cierta forma le tenía desprecio a cada una, usualmente los narcos odian a los empresarios, menos ricos que ellos, pero "legales".

—Tigerdream—respondió.

—¿Los Tigerwilde, eh?—los ojos de Iván chispearon—Buena elección.

Se sirvieron dos tragos de whisky, cerrando el trato.

o0o

.

.

Zootopia, hoy

Cuando una persona muere, aunque físicamente desaparece, el amor de sus seres amados permanece en ellos desafiando las leyes del tiempo y la física. En un proceso complicado, aquel amor se convierte en dolor, después, en sabiduría, dejando al interior de los corazones una marca única e irrepetible, que sana y enseña perpetuamente. Era un proceso de duelo que Judy estaba terminando, pero Nick apenas lo estaba empezando.

Nick Wilde estaba acostado en el despacho de Carlos, viendo al techo, la puerta estaba cerrada pero aún así podía escucharse el jaleo a un pasillo de distancia: su sobrino corriendo por las escaleras buscando perder tiempo para no ir a la escuela, su sobrina llorando para llamar la atención, su hermana buscando con desesperación la fórmula de la bebé y su cuñado apresurando al niño para que no se les hiciera tarde. Era un desorden en tan perfecta sincronía, que Nick se sentía ajeno y decidió permanecer en su alcoba hasta que el huracán de puntualidad se fue en el auto.

Primero fue a la cocina para buscar algo de comer, ahí estaba un contenedor con su nombre y la linda letra de Rei que decía:

"Salimos. Recuerda que nos veremos en casa de la tía Emma a las tres de la tarde. Ten un buen día, siéntete en tu casa. Besos."

Dentro del conetendor estaban unos hot cakes recién hechos con moras encima y miel al lado, sonrió y empezó a comer, sentándose en la sala, para ver la televisión. Era extraño tener tanta tranquilidad, y más aún porque a pesar de no ser su casa, se sentía como en ella.

Era media mañana cuando le marcó Melody, recordándole que había un mundo y una vida más allá de esas paredes.

—¿Sí?

—¡Nick!—había alivio en su voz—¿Estás bien? Supimos la noticia y no te quisimos molestar. Mi más sentido pésame.

—No tienes de qué preocuparte, todo va bien. Sigo en Foxville con mi hermana.

—¿Lo han pasado mal?

—No tanto como creí, pero la ayudaré unos días más. El Jefe Jones ya está enterado.

—Sí, Judy le dijo ¿está ella contigo?

—Estaba, se fue ayer. Bogo no le perdonó más días.

—Al menos te hizo compañía.

—Judy me ayudó mucho—y era verdad—Calculo estar aquí dos días más ¿cómo van ustedes con el caso?

—Vamos a cerrarlo mañana, no tenemos ninguna pista ¡estamos perdiendo tiempo!

—Ni hablar, no es como que pueda ayudarles mucho ahora. Pero confío en ustedes.

—Gracias Nick, cualquier cosa sabes que estamos para apoyarte.

—Eres un encanto, Melody.

Colgaron y Nick repasó la conversación un poco, la verdad llevaba días sin pensar en el caso de Sasha McCallahan, y ahora que Melody lo mencionaba, opinaba como ella, no tenía nada que aportar. Pero, con la mente ocupada en muchas otras cosas, realmente no podía aportar nada a nadie.

Al final, la autocomplacencia nunca fue lo suyo, así que se encogió de hombros y continuó con su día. Se fue más temprano a la casa de la tía Emma, porque necesitaba estar a solas antes de que Rei llegara. Entró al lugar y miró los muebles impasible, nada de eso le despertaba memorias, continuó su camino por las escaleras hasta llegar al ático, un pequeño almacén con cajas llenas de polvo al que se accedía por una escalinata de dudosa calidad, crujiendo bajo sus pisadas. Estornudó un par de veces mientras limpiaba el polvo de las cajas más grandes, pero eso no lo detuvo.

Tras varios minutos de búsqueda lo halló: un cofre de madera mediano, con sus iniciales torpemente grabadas, una chapa dorada carcomida por el tiempo y sin candado. Los tornillos rechinaron cuando lo abrió, revelando un montón de cartas perfectamente dobladas, entre algunas fotos.

Bajó a la sala y se sentó en el sillón, abriendo la primera de las cartas. De niño, él solía escribirle a la tía Emma, que siempre estaba de viaje, contándole sus más recientes hazañas. La tía le respondía en un par de días, con cartas cariñosas y a veces mandando también dulces. Ese cofre contenía las mejores memorias que Nick guardaba de su tía, antes de que los peores años de su vida lo tocaran profundamente.

La torcida letra de cuando era niño le traía enormes recuerdos, imágenes de su madre diciéndole cómo escribir cada palabra, su padre dándole la pata mientras caminaban a la oficina de correos y su hermana –demasiado pequeña aún como para escribir– dibujando encantadoras imágenes en el sobre. Entre las notas donde Nick le contaba a su tía cómo había aprendido a multiplicar, estaban algunas fotos familiares muy viejas, todas de momentos alegres, pero una fue la que llamó su atención.

Ahí estaba él, en Halloween, vestido de médico, con su hermana en brazos llevando un pequeño vestido de tul como si fuera una princesa. A su lado estaba la tía Emma, sonriendo con juventud y alegría, y su esposo el tío Albert.

No recordaba casi nada del tío Albert, salvo que fue un zorro de pocas palabras, miradas serias y que raras veces intentaba jugar con sus sobrinos políticos. Vistos en esa fotografía, parecían dos opuestos: Albert ecuánime y Emma alegre. El tío Albert murió cuando Nick era demasiado pequeño como para tener alguna imagen clara de él, y siendo un ser de poca influencia en su vida, no lo extrañó en absoluto. Pero la tía Emma estaba tan devastada que usó su fortuna para viajar alrededor del mundo, con el afán de encontrar un nuevo sentido a su vida. Entonces, por los viajes, Nick empezó a mandarle esas cartas hasta que…

¿sinceramente valía la pena recordar? Nick guardó la foto al fondo del cofre y lo cerró delicadamente, temiendo que la madera vieja se astillara. Uno no puede vivir de recuerdos, eso lo comprendía, pero ahora estaba decidido a convertirlo en una acción. La tía Emma estaba muerta, la amó bastante de niño y siempre sería su familia, a pesar de los años que duraron distanciados, pero no tenía caso perderse en el pasado buscando respuestas a preguntas que ni siquiera le darían paz.

Los dos estaban muertos, allá en un lejano cielo con sus padres, y se encontraban infinitivamente mucho mejor que su atormentado espíritu ¿sería mucho pedirle que le dieran un respiro?

Suspiró con algo de fastidio, llevándose las patas al rostro y tallándose los ojos. Estaba tan harto como cansado de tanta melancolía en su vida, y de algo estaba seguro, él no sería quien la mantuviera. Por él, la tristeza y la melancolía podían tomar un avión hasta el otro lado del mundo y no encontrárselas nunca más en su existencia; es más, a partir de ese momento, ignoraría que lo acompañaban, quietas pero presentes, como sentadas a su lado en el sillón contemplándolo llenas de compasión. No, ellas no estaban ahí, y si se encontraban, no les daría más poder sobre él. Por su orgullo que no lo permitiría.

Rei llegó algo más temprano de lo esperado y se encontró a su hermano sentado, viendo la televisión, con la caja de cartas frente a él, y esa típica sonrisa sarcástica en los labios.

.

.

.

Tardaron cuatro horas en acomodar en la sala todas las cajas con las cosas que mantendrían, la verdad no eran muchas, pero como debieron revisar el inmueble desde el ático hasta el sótano, deteniéndose de vez en cuando por los recuerdos, demoraron más de lo planeado. Cerraron las cajas con cinta y las arrinconaron en la esquina, Carlos pasaría por ellas el fin de semana y las guardaría en la bodega familiar, para después poner la casa en venta.

—¿Segura que no tendremos problemas vendiendo esta vieja casa?

—No, está a mi nombre—respondió Rei—La tía hizo el cambio de propietario hace años, no quería hacer testamentos.

—Siempre fue práctica.

—Sí, pero me hizo prometer que te daría alguna parte a ti.

—¿A mí? Rei, yo no ocupo nada, sabes que…

—Te daré la mitad de lo que consiga para la casa—dijo en tono firme—Y no me harás cambiar de opinión.

—Ese dinero debe ser para la hipoteca de tu propia casa, tus hijos o…

—Es tuyo.

—Rei.

—Nick, desde que tengo memoria has hecho todo por mí ¿podrías dejar de ser terco y aceptar lo único que nuestra tía nos dejó a los dos, por favor?

No había manera de discutirle a esa lógica.

Cerraron bien las puertas y subieron al auto de Rei, ella condujo en silencio, pero apenas quedaron detenidos en el primer semáforo en rojo, se armó de valor para hablar.

—¿Cuándo regresarás a tu casa?

—¿Te estorbo mucho, hermanita?—dijo en tono jocoso, pero para Rei no era asunto de broma.

—Sabes que no—repuso—Y mis hijos extrañan siempre a su tío. Pero tienes tu vida en Zootopia.

—¿Qué vida?

—No seas cínico.

—Rei, no quieras…

—No hagas lo que yo hice—lo cortó de tajo—No escapes por favor. Tienes una esposa que te ama, un trabajo bueno y una vida envidiable.

—Hablas como si estuviera planeando dejar a Judy.

—¿Honestamente me puedes decir que nunca pasó esa idea por tu cabeza?

—No…

—Nick.

Silencio.

En lo más profundo de su mente: hastío.

—Estoy cansado de esta situación—dijo—Harto de que todo gire alrededor de lo mismo.

—Yo sólo….

—¡No pienso seguir discutiendo de estas cosas! Estoy harto y no planeo soportar ni un minuto más estas situaciones.

Rei no dijo nada, el semáforo cambió a verde y condujeron en tenso silencio hasta la casa. Por las luces encendidas supieron que Carlos y los niños ya estaban en casa, pero no se movieron, era como si la tensión los tuviera congelados e imposibilitaba que se movieran. Nick suspiró, rompiendo el silencio, y murmuró:

—Me iré mañana.

—Por favor, no pienses que te estoy corriendo Nick.

—No—su voz sonó de repente suave otra vez—Sé que no.

Salió del auto y se metió a la casa, siendo recibido por la risa de los niños.

Rei se quedó en el auto un poco más, contemplando la escena por la puerta abierta; la manera en que Nick besaba la cabecita de su sobrina y cargaba en brazos a su sobrino, el brillo de anhelo en sus ojos…. De repente entendió por qué también arrastraba tanto dolor.

Después de esa noche, ninguno de los dos hermanos hablaría del tema otra vez, sencillamente porque no hubo necesidad de hacerlo, ese sería el último día en que los Wilde vivirían aquella melancolía, porque cuando Nick regresó a Zootopia, la realidad golpeó de frente a todos.

.

.

.

—Entiendo que estás pasando por una etapa difícil en tu vida—dijo Bogo—Y también entiendo que Nick afronta problemas similares. Pero, considerando lo comprensiva que se ha mostrado la comisaría con tú condición, seré muy claro: no toleraré más faltas, más retrasos ni cualquier excusa que pueda pasarte por la cabeza ¿entendido?

—Sí, señor.

Judy respondió con tono quedo y se fue a su cubículo, no tenía nada que reclamar. Bogo la miró alejarse y resopló, no le gustaba la manera en que Judy se estaba comportando. Sabía muy bien que era un momento difícil, y que cada animal se sobrepone a sus problemas de diferentes maneras y a su ritmo, pero ¿no pudo escoger otro momento?

Bogo prendió el televisor en su oficina, estaba el canal de las noticias, la ciudad era un caos de amarillismo desde que el domingo por la tarde se declaró al Lic. Pumalez desaparecido, y se encontrara su cadáver el lunes en la tarde. Como el caso de Sasha Topperwerth aún no se cerraba, había demasiados rumores ¿cómo era posible que una estudiante se suicide y días después su jefe directo sea asesinado? Peor aún, era el licenciado que preparaba la defensa de Wormwood. Demasiadas coincidencias para tratarse de algo simple.

Cuando se supo la muerte de Pumalez, Bogo le habló a su compañero el Jefe Jones preguntándole en qué podía ayudar, porque era evidente que se enfrentaban a un problema mayor. Jones fue muy directo, diciéndole que estaban en ascuas: el equipo de Nick aún no encontraba pistas para declarar la muerte de Sasha un asesinato y, mientras se le diera por suicidio, no había manera de conectarla con la muerte de Pumalez. Era como saber que al final del camino había oro, pero no podían ver el camino por más luces que encendían en ese oscuro momento.

Y Bogo sabía muy bien que eran pistas que, si Nick y Judy estuvieran en todos sus sentidos, podrían resolver. La curiosidad innata de la coneja y los contactos y certeros presentimientos del zorro haría que encontraran el inicio del sendero, guiando a todas las comisarías de Zootopia hasta el caldero de oro. Tanto Bogo como Jones estaban seguros de eso ¿y cuál era el problema? Simple: los Wilde no estaban en sus casillas.

No había forma de juzgarlos, como matrimonio habían sufrido mucho los últimos meses. Ahora, Judy enterró a un padre y Nick estaba enterrando a una tía, los golpes familiares siempre dejaban heridas profundas. La dedicación que esa pareja entregaba a su trabajo, tan desinteresada, se había trasladado a ellos mismos y buscaban cómo salir de sus depresiones personales. Bogo no podía llamarlos egoístas, al menos aún no, porque a pesar de todo sabía que se esforzaban por salir adelante.

O al menos eso creía, pero esa mañana, al reprender a Judy, notó que quizá no se esforzaban tanto. La Judy que él conocía habría replicado y buscado una manera de conseguir un mejor acuerdo, pero no lo hizo, sólo asintió bajando sus orejas y saliendo de la oficina como una sombra delgada y bajita. La última vez que vio a Nick, no podía decir que se trataba de su mejor momento.

Él era el Jefe de Policías del Distrito Central, no era un psicólogo ni un coach de vidas. No tenía idea de cómo ayudarlos y tampoco era su responsabilidad, su deber era mantener a la ciudad segura, y para eso ocupaba los mejores policías. Al menos hace unos meses, tenía a una de las mejores oficiales de la ciudad, técnicamente aún estaba ahí, pero…

Apagó la tele y se frotó las cienes con frustración. Quien dijera que ser Jefe era fácil, no tenía idea de qué estaba hablando.

—Clawhauser—lo llamó por el comunicador—Tráeme un café doble, por favor.

—Enseguida señor ¿quiere que le lleve unas rosquillas?

—Sí…¿por qué no?

Urgía de algo dulce en su vida.

.

.

.

—Has tenido días mejores ¿no, Wilde?—le dijo Francine, cuando la vio llegar a la estación de café—Ten, realmente lo ocupas.

Judy sonrió a medias y aceptó la cafetera, sirviéndose el amargo líquido en una taza y echándole únicamente crema. Los oficiales que estaban alrededor fruncieron el ceño, todos sabían que Judy le echaba azúcar hasta a los pasteles, adorando las cosas dulces. Callándose sus comentarios, Francine le ofreció unas rosquillas a su compañera, Judy agarró una sin fijarse en qué estaba aceptando murmurando un "gracias" escueto.

—Difícil lo de ese licenciado ¿no crees?—continuó Francine, buscando hacer conversación—Cuando vi la nota supe que había gato encerrado, lástima que no sea nuestra jurisdicción.

—¿Qué licenciado?

—¿Cómo que no sabes?

—¡El Lic. Pumalez!—dijo Lobezno algo exaltado—¿Pues dónde estuviste el fin de semana? ¡fue la comidilla de toda la ciudad!

"En casa de mis padres lamentándome de mí misma" respondió Judy la pregunta en su mente, pero de sus labios sólo salió:

—Ocupada.

—No importa. El punto es que el domingo la familia del Lic. Pumalez lo declaró desaparecido—explicó Francine.

—Si eso no fuera poco, apareció muerto el lunes—siguió Lobezno—¡Su cuerpo fue hallado en una vereda del Distrito Forestal! Nadie sabía qué rayos hacía ahí, y no se ha podido saber quién lo mató ni por qué.

—¿Hablas del mismo abogado que lleva el caso Wormwood?

—Es el encargado de su defensa.

—Sí, ahora sin Pumalez el bufete de abogados deberá reorganizar completamente la defensa de Wormwood ¡y falta un mes para el juicio! ¿tienes idea de cómo entorpecerá esto a la defensa?

—Y está el caso ese de la muchacha que se suicidó, la que trabajaba con Pumalez. Ahora se ve todo muy sospechoso.

—Por cierto, Judy ¿no era Nick el que llevaba el caso de esa pobrecita muchacha?

—Sí—respondió Judy—Sasha McCallahan. Él me dijo que sospechaba algo, pero no han encontrado nada.

—Ni lo encontrarán—afirmó Lobezno—Para mí que esto lleva meses siendo planeado.

—Pero ¿por quién?

—Además, desaparecer a Pumalez sólo aviva la polémica.

—Quizá eso quieren, y por eso…

Judy se alejó de sus compañeros, no quería oír sus teorías, en vez de eso prendió su computadora e inmediatamente leyó lo más rápido que pudo todos los reportes y noticias sobre la muerte de Pumalez. Vio las entrevistas, donde su viuda lloraba ante la cámara diciendo que su esposo había sido un abogado ejemplar, y no entendía por qué estaba pasando eso.

Pero Judy sabía muy bien, con los años, que todo abogado tiene algún caso sucio en su historial, aunque si lo pensaba muy bien ¿qué tan sucio fue ese caso para que le quitaran la vida? Las mafias no solían operar así.

"Exageras Judy ¡ya estás involucrando a la mafia!" se reprendió a sí misma "Y aún no tienes idea de qué está pasando. Ni siquiera hay manera de conectar a Pumalez con Sasha"

La pobre Sasha… Mary Topperwerth juraba con su vida que su sobrina nunca se habría suicidado, y aunque Judy le creía ¿cómo decir lo contrario? Abrió las carpetas con los expedientes que Nick le había dado –aprovechando que nadie le estaba poniendo atención– y releyó todas las pistas y la escena del crimen ¡no había nada! Si la muchacha fue asesinada, quien lo hizo debió ser el más silencioso de todos los criminales.

Judy podía sentir la corazonada en su cabeza, el instintito diciéndole que ahí estaba la pista que necesitaba, oculta a plena luz del día. Recargada en su asiento, la coneja le dio un sorbo a su taza de café.

—¡Argh, amargo!—frunció los bigotes en un gesto de total desagrado ¿cómo es que se le había olvidado ponerle azúcar?

Inmediatamente le dio una mordida a la rosquilla, para quitarse la amarga sensación del paladar. Saboreando el dulce del pan, analizaba minuciosamente las fotografías del caso de Sasha. Mmm, un dulce y muy discreto criminal.

Dulce criminal…

Momento ¿por qué eso se le hacía tan familiar? Sentía que había visto al fin la primera migaja de pan que le indicaría el sendero. Judy repitió esas palabras en su mente, luego recordó:

Su cuerpo estaba en una posición extraña, la autopsia reveló cortes muy profundos ¡y de fondo estaba la canción de Smooth Criminal!

Un asesino dulce y despiadado… pero no, había aún más en eso. "Piensa Judy, piensa" una muchacha sin causa aparente, que se suicida en unas circunstancias y un escenario muy extraño, que por más sospechas de la policía el caso no parece resolverse, donde el asesino fue demasiado discreto como para dejar pistas, donde…

Judy de repente se puso de pie y corrió por el corredor hacia los archivos, en el camino pasó de largo a sus compañeros, que seguían en su discusión de hipótesis, y a los cuales ignoró muy tajantemente. Bajó los escalones y abrió los archivos, sin perder el tiempo, se dirigió a los que había organizado hace relativamente poco. Abrió los cajones, leyendo los nombres uno por uno.

"He visto esto antes" pensaba "Pero ¿dónde?"

Finalmente, leyó un nombre que hizo eco: "Pamela Zereg". Sacó el expediente y lo leyó otra vez, era la misma información que recordaba, una muchacha que se suicidó en su bañera sin causa aparente. O al menos eso fue lo que dedujeron. El caso era de hace treinta años.

Treinta años atrás la ciudad era diferente, y Judy lo sabía. Con el expediente en su mano, regresó al escritorio y se puso a buscar todo lo relacionado con Pamela Zereg, no había prácticamente nada de su vida antes del suicidio, como si la muchacha no existiera. Hasta que leyó, en uno de los archivos del sistema mejor escondidos, que Pamela era la presunta hija de Erik la Cebra.

Erik la Cebra… con esa nueva pista, Judy inmediatamente dedujo que la joven fue asesinada, pero en el expediente entre sus patas se leía claramente "Suicidio" como causa de muerte. Estaba segura de que los oficiales de hace treinta años también habrían sospechado algo. Pero, si no encontraron al asesino, y en vez de eso se decretó suicidio, el crimen debió haber sido perfectamente planeado.

"Como el de Sasha" pensó.

Sólo había una situación; podía considerar a Pamela asesinada porque era la hija de un poderoso narcotraficante, pero Sasha no tenía velo en ningún entierro, su familia, aunque era adinerada distaba mucho de ser lo suficientemente influenciable como para llamar la atención de un criminal. Además ¿qué ganarían matando a Sasha?

¿Tendría todo eso conexión con el caso Wormwood? ¿Y con la muerte del Lic. Pumalez? ¿cómo es que todo eso podía estar conectado?

Siguiendo un fuerte presentimiento, Judy decidió que era hora de recuperar el control de su vida, y la mejor forma de hacerlo era seguir una posible pista.

.

.

.

Judy respiraba con un poco de nerviosismo, tenía en sus patas el expediente de Pamela Zereg. Lo que estaba a punto de hacer rompía muchas normas –no era como si antes no hubiera roto un par de reglas de vez en cuando– pero esta era la primera vez que se sentía mal, probablemente porque llevaba varios meses sobrellevando una baja autoestima. Cualquiera fuera la razón, la conejita respiró hondo cuando se abrió la puerta del auto, un alto oso polar le ofreció la pata para ayudarle a descender de la limosina y la escoltó por el interior de la hermosa casa.

No había visto a Mr. Big en aproximadamente un año, como él era un criminal y ella una policía solían hacer que sus reuniones fueran escasas y de bajo perfil. Judy veía más a su hija, Fru-Fru, ya que era la madrina de su primogénita, pero se avergonzaba de reconocer que también llevaba unos meses sin saber mucho de ella. Tenían un acuerdo muy bien establecido: la familia estaba aparte del negocio y, cualquiera fuera el nivel de influencia de Mr. Big, él ayudaría dentro de sus posibilidades a Judy, mientras ella recordara que algunas cosas estaban fuera de su control. Como Judy había aprendido muy bien que no puede haber animal perfecto, y que el crimen más que eliminarse sólo se controla, consideraba que era un acuerdo bastante bueno.

Pero ese día se sentía nerviosa, la abrumadora confianza que la caracterizaba le fallaba mucho los últimos días, la conejita tomó asiento frente al escritorio que tan bien conocía y esperó hasta que Mr. Big entró, siendo depositado frente a ella con mucha delicadeza. Se saludaron con una sonrisa y besándose las mejillas, como siempre.

—Bienvenida, pequeña—dijo—¿A qué debo el honor de tu visita?

—Temo que es un asunto delicado—para enfatizarlo, sacó el expediente que llevaba en su bolsa.

Mr. Big alzó una ceja, extendiendo la pata para que ella le pasara el expediente. Un oso polar lo abrió y colocó frente a la musaraña de manera reverencial.

—¿Cómo has estado?—preguntó Mr. Big mientras leía las primeras líneas—Sé que tú y Nick han pasado duros golpes ¿están bien?

—Hemos estado mejor, pero creo que podremos soportarlo.

—No dudes nunca en pedirme ayuda si la ocupas, Judy. Sabes que eres de la familia.

—Y le agradezco muchísimo su aprecio. Pero por ahora me gustaría saber si usted sabe algo sobre ese caso que está leyendo.

Mr. Big guardó silencio, con un gesto le hizo entender que esperara, Judy lo observó leer durante cinco minutos –pesados y largos– hasta que la musaraña hizo una mueca. Se recargó en su asiento, con gesto de disgusto.

—Sí, algo sé….

Judy esperó a que hablara, Mr. Big pidió un trago de whisky y saboreó el licor antes de responder, usando el amargo alcohol para limpiarse el paladar y evocar los lejanos recuerdos de una Zootopia treinta años atrás.

—Pamela era la única hija de Erik la Cebra, el líder del Cártel Rayado. Eran los dueños de operaciones delictivas, principalmente venta de drogas, en el Distrito Forestal. En aquél tiempo, los mafiosos vivíamos en relativa calma, con buenos acuerdos entre nosotros, y Erik era conocido por ser juguetón. La verdad, era un buen tipo.

El peso de los años de repente se manifestó en la musaraña, cuyas canas eran evidentes y su desgastado cuerpo, cansado por el tiempo, reclamaba un merecido descanso. Pero hizo un esfuerzo, bebiendo un segundo trago, para recordar.

—Cuando murió, Erik perdió los estribos. Ella era su luz ¿sabes? Muchas veces decía que era lo único bueno en su vida. Al morir, enloqueció para buscar a los culpables, cometió tontería y media comprometiendo su fortuna y todo su equipo. Terminó metido en una guerra contra Héctor el Camello y, de repente, murió en un cruce policiaco, por una bala perdida.

Judy lo miró de manera acusativa, Mr. Big rio en voz baja por lo perceptiva que era esa coneja. "Demasiado lista para estar en la fuerza" pensaba la musaraña "Es una pena".

—Todos sabíamos que la muerte de Erik fue exageradamente oportuna, pero no para quién. Algunos meses después, un par de cocodrilos aparecieron en sus territorios y con demasiado dinero como para haberlo ganado de manera limpia, vendiendo drogas nuevas. Esos cocodrilos, se supone, eran aliados de Héctor el Camello, que convenientemente había muerto también.

—¿Cocodrilos?—pensó un momento—¿Te refieres a Mark e Iván?

—Es una pena que no seas de los míos—Mr. Big bebió un trago más—Sí, esos dos. Nadie sabía nada de ellos. Cuando surgieron, los mandé investigar, y resulta que Héctor estaba empezando a apadrinarlos cuando se desató la guerra. Ahora bien, poco después Héctor y Erik murieron, y esos dos se quedan con una enorme cantidad de dinero y de territorio libre ¿coincidencia? No estoy seguro.

—¿Pero cómo es posible que dos cocodrilos anónimos pudieran deshacerse de dos líderes mafiosos tan fuertes?

—Esa es la duda que siempre me quedó.

—Mr. Big, imagino que ha hablado con ellos ¿no? ¿pudo saber algo?

—No, niña mía, nunca fueron aliados míos. Cada quien hacía lo suyo en su territorio y ya está. Hasta la muerte de Iván, fueron muy cooperativos, después de eso Mark se volvió paranoico, pero tuvo la templanza de no meterse en problemas.

—Hasta lo de los Tigerwilde.

—Sí, esos pobres muchachos asesinados por estar en la familia equivocada, es una pena—luego, señaló al expediente con un gesto—¿No crees?

—¿Qué insinúa?

—Eres astuta, Judy. Dime ¿no son muchas coincidencias?

Judy revisó el expediente de nuevo, la muerte de una muchacha, por estar en la familia equivocada…

—¿Cree que esos cocodrilos mataron a Pamela? Pero ¿cómo pudieron hacer eso?

—No lo sé, y la verdad nada lo afirma. Pero ata los cabos, Judy ¿quién se beneficiaba con la muerte de esa chiquilla? Aparentemente nadie, al contrario, fue lo que desató una guerra entre dos cárteles. Y al final ¿quién se quedó con el pastel? Soy viejo, tengo mis mañas, no desprecies el consejo de este anciano.

—Oh Mr. Big, su consejo es todo lo que necesito y más.

Judy le siguió dando vueltas al asunto en su mente, le ofrecieron quedarse a cenar y ella aceptó porque no tenía manera de disculparse. Pudo conversar con Fru-Fru al fin después de varios meses, la musaraña estaba encantada, tenía ya tres hijos y su vida era una alegría constante con su familia.

Mr. Big atendió la cena como sólo él sabía hacerlo: esa perfecta combinación de elegancia, amistad y respeto. Era impresionante como un animal tan pequeño podía intimidar a un oso polar, pero Judy lo respetaba por más que eso; a pesar de ser un criminal, Mr. Big no se deleitaba con las delincuencias como otros. En realidad, se trataba de un animal que terminó inmiscuido en el crimen organizado cuando intentaba alimentar a su familia y, sabiendo que no podría salir de eso, y que la única manera de proteger a su familia era siendo el mejor, se convirtió en eso: el mejor, el jefe. Judy nunca supo la historia completa, y no la preguntó, sabiendo que no la necesitaba para asegurar que, bajo la fachada de mafioso desalmado, estaba un animal atento, padre amoroso y amigo fiel.

—¡Tenemos aún tantas cosas de qué hablar!—dijo Fru-Fru emocionada, al final de la cena—Debes llamarme este fin de semana, querida ¡no aceptaré un no por respuesta!

—Desde luego, a mí también me hace falta un buen tiempo lejos de casa.

La escoltaron a la salida y la llevaron en auto a su casa. Sentada en la sala de la cocina, con el expediente enfrente, una carpeta de recortes, la computadora y notas de apuntes, Judy Hopps Wilde trabajó hasta la madrugada por primera vez en meses. Había una pista, estaba segura de eso, y no la dejaría pasar.

.

.

.

Nick nunca fue bueno con las despedidas, le costaban mucho y por eso se fue temprano en la mañana, antes de que empezara el caos cotidiano en la casa de su hermana. Dejó una extensa nota y otras dos pequeñas para sus sobrinos, luego subió al auto y condujo lentamente hasta la carretera, donde el camino desfilaba liso y directo de manera casi interminable.

Como apenas amanecía, pudo ver el espectáculo del sol aclarando el cielo y la manera surreal en que los verdes prados comenzaban a cederle espacio a las construcciones como gasolineras, tiendas y casas, cada vez más numerosas, cada vez más grandes, hasta que de repente los imponentes rascacielos de la metrópoli rompieron la panorámica y brillaron bajo la creciente luz del sol.

Todavía era muy temprano, dedujo que se encontraría a Judy saliendo de casa para ir al trabajo, no se equivocó, pues la conejita estaba cerrando la puerta con llave, haciendo malabares para poder sostener su mochila, unas carpetas y un termo azul.

Eso era extraño, Judy casi nunca tomaba café en la casa, lo hacía en la oficina, era una criatura con natural energía y si tomaba mucha cafeína o azúcar se ponía algo hiperactiva. De hecho, Nick casi podía apostar que nunca antes había usado ese termo azul –de un tono claro y con franjas negras, muy bonito y femenino– regalo de sus padres un par de años atrás. Haciendo memoria, las únicas veces que tomaba doble ración de cafeína era cuando no había podido dormir ¿estaba preocupada, y por eso pasó una noche en vela?

Estacionó el auto, Judy volteó al escuchar el motor y le dedicó una sonrisa genuina, de esas que le recordaban a sus mejores años, tenía ojeras pronunciadas pero un brillo que llevaba bastante sin ver en los ojos. No supo cómo reaccionar.

—¡Bienvenido!—dijo sonriendo, metiendo las cosas despreocupadamente en su propio auto—¿Cómo estás hoy?

Bajó con movimientos tranquilos, como si la más mínima brusquedad pudiera hacer desvanecer ese momento tan agradable.

—Mejor.

Judy dio un salto hacia él, besó su mejilla con cariño y le abrazó.

—Tengo que ir a trabajar ¿te quedarás en casa, verdad?—él asintió—Muy bien, te dejé comida hecha. Tengo algo muy importante que hablar contigo cuando regrese ¡cualquier cosa estoy en mi teléfono!

Se movía mientras hablaba, de esa misma forma casi inquietante que solía estresarlo (no se había dado cuenta que extrañó mucho eso) le dio otro beso y encendió el automóvil, murmurando otras recomendaciones antes de irse.

"¿Qué ha pasado?" se preguntó Nick. Entró a la casa, estaba impecable, ni una sola mota de polvo en ningún mueble. El jardín estaba cuidado, la tierra removida tenía aún marcados los surcos donde deberían florecer las nuevas flores en algunas semanas. En el comedor estaban dos vasijas con guisos, limonada fresca en el refrigerador y una nota que decía "Te amo" encima de la mesa.

Era como regresar al pasado, no es que se quejara, claro que no, de hecho, una calidez muy agradable comenzó a nacer desde su pecho abarcando el cuerpo entero de Nick. No se haría ilusiones muy grandes, pero tampoco de privaría de disfrutar ese pedacito de cielo. Sentía que Judy estaba con él, que no estaba solo, y eso era mucho más de lo que necesitaba por ahora.

Así fue como el día transcurrió de manera muy relajante, se dio un largo baño con su música favorita de fondo, pudo comer despacio y ponerse al corriente con la serie Juego de Territorios(1) que llevaba un par de semanas sin ver –esa maldita familia Lionster se salía siempre con la suya a base de trampas, pero a pesar de todo, los Swolf seguían de pie dándoles pelea– fue una tarde espléndida donde pudo apagar su mente, hasta que el teléfono sonó alrededor de las cinco de la tarde.

Respondió pensando que podría ser Judy o Rei, pero al otro lado del teléfono sonó una voz suave y afinada, que parecía cantar con elegancia las palabras.

—¿Eres tú, Nicholas Wilde?—preguntó Mary Topperwerth—¿Tengo el gusto de hablar con Nick Wilde?

Alejó el auricular un momento para suspirar con pesadez, luego colocó el teléfono en su oído y respondió:

—Sí, soy yo ¿se le ofrece algo señorita Topperwerth?

—¡Me alegra tanto que haya respondido! Disculpe que le interrumpa la tarde, pero me ha llegado un rumor de que cerrarán el caso de mi sobrina, ¿es eso cierto, señor Wilde?

—Temo que sí, señorita.

—¡Por favor, dígame que usted bromea conmigo!—la desesperación se coló en las últimas sílabas—Mi pobre Sasha no descansará en paz hasta que su asesino esté tras las rejas. Por favor, haga que mi sobrina descanse en paz.

—Lo siento señorita Topperwerth, pero la investigación no nos conduce a ningún lado. Sin causa probable o pista alguna, no tenemos otra opción.

—Pero ya tienen una pista—insistió—El asesinato del Lic. Pumalez ¿cree usted que soy tan tonta como para no percatarme de que una cosa conduce a la otra? ¡por favor, eso debe llevarles a alguna pista!

—Ese caso no es de mi jurisdicción, y no tengo acceso a esa información.

—Me dice entonces que se da por vencido ¿verdad?

—Señorita…

—¡No quiera usar palabras elegantes conmigo! Yo sé mejor que nadie cómo usar las palabras—respiró profundo y continuó—Se da por vencido, muy bien, está en su derecho. Sólo le diré una cosa: lamento mucho que Judy se haya casado con un animal de tan poco espíritu justiciero, que evidentemente no la puede comprender. Gracias por su tiempo, señor Wilde, tenga un lindo día.

Colgó.

Hay algo curioso con las palabras, y es que no les temes hasta que ya te han herido. Mary sabía perfectamente cómo hacer que las palabras se convirtieran en certeros cuchillos, y esa tarde, penetraron muy hondo a un desgastado Nick Wilde.

Dejó el teléfono, refunfuñó, y regresó a ver la televisión ¿qué se creía esa yegua para hablarle de esa manera?

.

.

.

El trabajo se le pasó muy rápido a Judy, estaba ansiosa por regresar a casa y tenía energía ese día. Sentía que había avanzado mucho con su investigación y necesitaba presentársela a Nick lo más rápido posible. Además, estaba gratamente sorprendida de que su esposo regresara rápido (debía recordar mandarle algún regalo a Rei, si ella no le hubiera mandado un mensaje advirtiéndole que Nick llegaría esa mañana el pobre hubiera encontrado la casa hecha un chiquero).

Había motivación otra vez dentro de ella, que la empujaba a mejorar. No podía conformarse ni dejarse caer, ni tampoco a su matrimonio. Ella volvería a tomar las riendas de su vida.

Llegó a casa con dos carpetas en sus patas, Nick estaba sentado en la sala viendo televisión en una postura muy relajada "Parece que se está tomando el duelo mucho mejor de lo que pensé" dijo en su mente, cerrando la puerta con llave y dejando las carpetas en el comedor.

—¿Qué tal tu día, zanahorias?—preguntó él.

—Muy bien ¿y el tuyo?

—Tranquilo—pero sus labios se fruncieron—Me habló tu amiga activista.

—¿Mary?

—Sip, ella.

—¿Por qué te habló?

—Alguien le dijo que vamos a cerrar el caso de su sobrina—respondió viéndola de reojo—Me insistió en que no lo hiciera, pero le dije que ya estaba tomada la decisión.

—¿Enserio cerrarás el caso?

—Claro ¿por qué no?—se encogió de hombros—No hay pista alguna, todo indica a que es suicidio.

—Tú mismo me dijiste que no considerabas ese caso un suicidio.

—Lo sé, pero dime ¿qué más pudo ser? No tenemos pistas ni evidencia de nada.

—Yo…

—¿Tú qué?

No era intención de Nick sonar tan hosco, simplemente la charla con Mary Topperwerth lo había puesto de mal humor, Judy miró las carpetas encima de su mesa y de repente sintió un cansancio pesado caer sobre sus hombros, como un letargo: ¿en qué estaba pensando? Ese no era su caso, era el de Nick, además, tampoco tenía alguna evidencia fehaciente. Todo eran conjeturas.

La confianza y emoción que había sentido desde el día anterior se esfumó en un instante, dejando sólo las inseguridades que la habían atormentado durante meses. Uno pensaría que Judy ya habría superado eso, pero deben entender, las depresiones no son tristezas momentáneas, son periodos de tiempo largos, desgastantes, cargados de emociones contradictorias que fuerzan a un ser a cambiar desde sus cimientos. Judy estaba terminando el proceso, pero faltaban unos pequeños y dolorosos empujoncitos antes de que el ciclo se cerrara por fin.

Nick miró la expresión entristecida de Judy "¿Ahora qué?" pensó, antes de que pudiera reaccionar, Judy se dio la vuelta y empezó a sacar verduras del refrigerador "No más colapsos" repetía en su mente "Ocúpate de algo, por Nick".

—¿Qué se te antoja para cenar?—preguntó.

Compuso una sonrisa, el zorro no la creyó del todo, pero se sintió tan conmovido por el evidente esfuerzo de su esposa que apagó la televisión y caminó hacia la cocina, colocó una pata sobre la de Judy y empujó suavemente la puerta del refrigerador, cerrándolo.

—¿Y si mejor salimos a cenar hoy, zanahorias?—preguntó—Algo de aire fresco nos vendría muy bien.

Los ojos violetas de la conejita brillaron al asentir.

—Sólo me quitaré el uniforme.

La vio subir las escaleras hacia la recámara, estando a solas en la cocina, Nick pensó que de verdad una cena en algún restaurante bonito los calmaría. Luego vio las carpetas sobre la mesa, tenían las notitas de colores que Judy usaba siempre para clasificar la información de sus investigaciones ¿estaba llevando ella algún caso pesado en la comisaría? Quizá podría preguntarle en la cena.

Se encogió de hombros, leerlo no le haría mal. Antes de que pudiera abrir la carpeta, Judy bajó por las escaleras luciendo un atuendo sencillo.

—¿Nos vamos?—preguntó sonriente.

Nick tomó las llaves del auto, y los dos salieron, dejando dos carpetas encima de una mesa de madera que ansiaban por ser leídas.


(1)Juego de Territorios. Referencia de Juego de Tronos, donde los Lionster son la familia Lannister y los Swolf la familia Stark. Simplemente soy fan de GoT, no lo pude evitar XD

Gracias a todos por leer, espero que lo hayan disfrutado ¡un enorme saludo!