Capítulo 10: La fiesta de los celos

Las luces navideñas adornan la ciudad de París, mientras la nieve cae sobre las calles pintando todo de blanco, los villancicos se hacen oír por las ventanas congeladas por el invierno. Refugiados en sus hogares, los parisinos celebran las fiestas en compañía de sus seres queridos, todos a excepción de un gato solitario que espera en el gran comedor la llegada de su padre.

-¿Padre dónde estás? Me prometiste que pasarías la Noche Buena conmigo.

Sin embargo, su respuesta no fue lo que el chico esperaba, mucho menos que repitiera lo sucedido hace sólo un año. Adrien colgó el teléfono muy decepcionado, sobre todo molesto de que su padre volviera a abandonarlo en un día como ese.

-¿No vas a cenar Adrien? – pregunto Nathalie con su habitual porte frío, pero él pudo notar pena en su mirada.

-No tengo hambre Nathalie. – respondió el chico cabizbajo. – Estaré en mi cuarto, por favor no me molesten.

Adrien se dejó caer en su cama cuando llego a su habitación, demasiado decaído como para prestar atención a los reclamos de Plagg por no haberle traído algún aperitivo de queso. Entonces decidió que no pasaría su noche en aquella solitaria mansión ni un minuto más.

Por otro lado, Marinette subía con demasiada prisa las escaleras de su casa, directa a su habitación para entregarles a sus padres sus regalos de Navidad, deseaba ver los rostros de ambos cuando abrieran lo que con tanto esfuerzo y dedicación les había hecho, pero cuando entró noto que la trampilla para subir al tejado estaba abierta pues la luz de afuera iluminaba una parte de su cama, temerosa de encontrarse con algún ladrón, tomo el primer objeto a su alcance para defenderse, sin contar que fuera un gancho para coser.

Con sigilo subió los escalones para llegar a la parte alta de su cuarto, asomándose lentamente para ver algún intruso por ahí, entonces se percató de la pequeña caja de regalo que descansa sobre su cama, la tomo entre sus manos y la abrió, encontrándose con un guardapelo en forma de mariquita que en su interior guarda una foto de ella junto a Adrien de aquella antigua sesión que la hizo participar sin su conocimiento. Sonrío agradecida por el regalo y el recuerdo.

Marinette dejó el gancho de coser en su cama y subió al tejado, encontrándose a Chat Noir sentado en el barandal, dándole la espalda y mirando hacia la nada. No pudo evitar abrazarse para conservar un poco de calor ya que afuera el frío le calo hasta los huesos, pero el chico parecía no sentir la nevada.

-Feliz Navidad princesa. – pronunció el minino sin siquiera voltear, pues no hacía falta hacerlo para saber que detrás de él se encuentra la chica de sus sueños.

-Feliz Navidad para ti gatito. – devolvió el gesto la peliazul, acercándose unos pasos más para quedar de lado junto a él. – ¿Qué haces aquí afuera? Creía que nos veríamos más tarde. – le recordó.

-No quería estar en casa. – dijo el chico con tono afligido. – ¿Te molesta sí me quedo aquí un rato más? – pregunto, está vez mirándola a los ojos. Entonces, Marinette pudo ver la tristeza y decepción en su rostro, ella quiso abrazarlo, pero sabía que él lo odiaría.

-¿Por qué mejor no vienes conmigo abajo y cenamos todos juntos? –sugirió.

-Te lo agradezco princesa, pero no estoy de ánimos para celebrar nada.

-Está bien, quédate aquí. – aceptó la chica sin insistir. – Ahora vuelvo, les traeré algo de comer. – y antes de que Chat Noir pudiera replicar, la peliazul desapareció por la trampilla.

Chat Noir suspiro, observando por última vez la gran luna que ilumina París, bajo del barandal y se adentró en la oscura habitación de su novia, está vez para deshacerse de su transformación en privado, volviendo a ser Adrien Agreste, el modelo que su propio padre dejo plantado en Noche Buena, frustrado se sentó en la cama de la peliazul, esperando su pronta aparición minutos más tarde. Ella llegó con un plato lleno de bocadillos hechos por su familia y algo de queso, que en cuanto Plagg olió salió directo a devorarlo.

-Guarda algo para los demás Plagg. – le regaño Tikki sentándose junto a él, para después morder una pequeña galleta de jengibre horneada esa mañana.

Marinette dejó a los Kwamis en la parte baja de su habitación, subiendo las escaleras para llegar hasta Adrien que aún está sentado sobre su cama y tomando entre sus manos el guardapelo que hace unos minutos ella admiraba.

-No te he dado las gracias por el regalo. Me ha encantado. – dijo la chica sentándose a lado de él, pero dándole la espalda y recorriendo su cabello para ayudar al chico a ponerle el guardapelo. Cuando lo tuvo puesto, lo admiró mirando hacia abajo y sonriendo. – Yo también tengo algo para ti.

Marinette se inclinó hacia abajo, sacando de debajo de su cama una caja negra con un moño verde, alusivo al traje de Chat Noir, en el momento que se incorporó le entregó el regalo al chico, quien lo abrió al instante, sorprendiéndose por su contenido.

-Wow Marinette ¿lo hiciste tú? – preguntó Adrien completamente fascinado ante la playera con un diseño muy similar a la que solía usar.

-Sí. – respondió la chica apenada. – Sentí que te debía una después de quedarme con la tuya.

-No te preocupes por eso. – dijo Adrien restándole importancia a lo que sucedió luego de que Marinette se enterará de su identidad. Demasiado contento se sacó la ropa que cubría su pecho para colocarse su playera de regalo. Cuando volvió la vista hacia la chica notó que ella le miraba con las mejillas sonrosadas. – Gracias, de ahora en adelante no me la quitaré nunca.

-No puedes hacer eso, vas a ensuciarla y no dejaré que arruines mi regalo de esa manera, así que si tú no te la quitas, yo te la quitaré, quiero decir, que yo no voy a quitártela, bueno sí, pero no de la forma en la que piensas. Deja de mirarme de esa manera. – termino por decir la peliazul demasiado nerviosa para su gusto.

-Me sorprendes princesa, creí que ya no querías hacerlo conmigo. – las mejillas de Marinette se tornaron de un tono carmesí, teniendo que cubrir su rostro con sus manos por la vergüenza, segundos más tarde se recompuso.

-Tengo que volver o mis padres se preocuparan y no quiero que suban. – dijo la chica desviando la conversación y levantándose de la cama demasiado rápido. – ¿Te quedarás?

-Claro que sí. – confirmo el rubio sonriendo.

Las horas pasaron con lentitud para los chicos, la cena transcurrió con total normalidad, pero la mente de Marinette estaba en otro mundo, preocupada por el modelo que le roba el aliento cada segundo. Cuando ella volvió a su habitación, ya eran pasadas de las 2 de la mañana, por lo que encontró a sus respectivos Kwamis durmiendo plácidamente uno junto al otro, con sigilo saco su pijama de la cajonera, saliendo del cuarto para cambiarse en el baño y luego volver, subir los escalones para reencontrarse con Adrien, sólo que el chico también cayó bajo los efectos del sueño.

Con cuidado se recostó junto a él, quedando frente a frente, observando su rostro completamente tranquilo, sin rastros de tristeza o decepción, nada le hacía más feliz que ese momento, con cariño retiro un mechón de cabello rubio que caía sobre sus ojos, ella quiso besarlo, pero temió despertarlo y arruinar su placentero sueño.

-Yo siempre voy a estar a tu lado gatito. – susurro la chica, cerrando sus ojos para también caer rendida a los pies de Morfeo.

Los días siguientes fueron un martirio para Chat Noir debido a que su Lady se había ido de París para visitar a su abuela, por lo que ambos héroes recurrieron a Rena Rouge para que ayudará a cierto gatito con las patrullas nocturnas o cualquier otro incidente que esperaban no sucediera en su ausencia.

-Eres un genio. – vocifero Chat Noir en cuanto se cruzó con Rena Rouge en la Torre Eiffel, donde se quedaron de ver para comenzar su patrulla nocturna.

-¿Yo? Espera, ¿quieres decir que mis consejos funcionaron?

-Totalmente. Ladybug y yo somos más unidos ahora, pero ni se te ocurra mencionarlo porque ella me matará si se entera que te lo dije.

-Tranquilo, soy buena guardando secretos. – dijo Rena simulando sellar sus labios con un cierre imaginario.

-Está bien. Confío en ti, por algo my Lady te eligió como portadora del miraculous del zorro. Además, estoy en deuda contigo, por fin Ladybug me corresponde, así que si hay algo que pueda hacer por ti, sólo dilo. – la chica del traje naranja lo pensó por unos segundos, aunque no había mucho que meditar.

-Ya sé que puedes hacer por mí. – respondió Rena con una mirada de completa seguridad, algo que temió el minino.

Los momentos que pasaban juntos los chicos eran apreciados por ellos, debido a sus diferentes itinerarios, se les hacía muy difícil poder compaginar un horario para verse, a pesar de ir al mismo Colegio. Es por ello que están tan emocionados con la fiesta de cumpleaños de Juleka que contaban las horas para poder estar juntos.

-Nino, ¿sabes a qué hora vendrá Adrien? Prometió que tocaría con nosotros. – pregunto Rosita al chico de las gafas que se quitó los audífonos para escuchar a la chica de cabello corto.

-No lo sé, tal vez deberías preguntarle a Marinette. – respondió Nino dirigiendo su mirada a la chica de las coletas que ayuda con la decoración.

-¿Qué? ¿Por qué a mí? Yo no… no… – comenzó a tartamudear Marinette con nerviosismo.

-Tranquila Marinette, Nino sólo estaba jugando. – intento calmarla Alya.

-Sí, jugando. – dijo el chico con un tono de sarcasmo en la voz, uno que nadie noto más que la peliazul.

-¿Marinette quieres que te ayude con eso? – pregunto el chico alto de cabello azul apuntando a las luces decorativas que las chicas habían traído para decorar el Liberty y así sorprender un poco a Juleka en su cumpleaños.

-Claro. – respondió la chica con una sonrisa.

Por otro lado, Adrien tuvo que trabajar mucho para que su padre le diera permiso de asistir a la fiesta de Juleka y aunque no estaba llegando a tiempo para ayudar a sus amigos a decorar, al menos estaría ahí antes que la cumpleañera. Su guardaespaldas condujo tranquilamente sobre las calles de París, aun cuando Adrien deseaba que Gorila acelerará, pero eso definitivamente no pasaría.

Cuando Adrien llego al Liberty deseoso de ver a Marinette, lo que encontró no fue precisamente lo que hubiera preferido presenciar. Ella estaba frente a él junto a Luka riendo despreocupada y divertida.

-Vaya parece que alguien se ha estado divirtiendo sin ti. – murmuro el pequeño Kwami negro asomándose por detrás de la camisa del rubio.

-Cállate Plagg. – le regaño Adrien poniendo una mano sobre él para esconderlo antes de que alguien más le viera.

-Adrien al fin llegas. – dijo Rosita interceptándolo en la entrada. – ¿Te parece si ensayamos? – la chica del vestido rosa lo llevó en medio del escenario donde ya están todos los instrumentos ahí, rápidamente tomo el micrófono y llamo a los demás para comenzar a ensayar, es en ese entonces que Marinette por fin le dirige la mirada, sentándose en las sillas acomodadas frente a la banda y regalándole una sonrisa de bienvenida provocando que su corazón se derrita de amor por ella.

En el momento que los chicos terminaron de ensayar, Adrien tuvo la idea de que Marinette se acercaría a él. Sin embargo, eso no sucedió, al parecer la chica aún tenía mucho trabajo por hacer, pero eso no hizo que el sentimiento de disgusto se instalará en el pecho del rubio, quien quería pasar su tarde juntos, pero al parecer todo sería igual que en la escuela. Molesto, Adrien tomo su teléfono comenzando a escribir rápidamente y presionando el botón de enviar sin preocuparse de las consecuencias que aquello le traería.

-¿Alguien sabe por qué Chloé y Sabrina están aquí? – pregunto Alya luego de que los chicos terminaran de decorar y vieran llegar a la rubia junto a su amiga pelirroja al Liberty.

-¿QUÉ? ¿Chloé está aquí? – cuestiono la peliazul asombrada, rápidamente la buscó con la mirada y en el momento que detecto su presencia, Marinette la encaro frente a todos. – ¿Qué estás haciendo aquí Chloé?

-¿No es obvio? He venido animar está fiestucha. – dijo la rubia mirándose las uñas como si fuese lo más interesante del mundo.

-Pero nadie te invito. – contraataco la chica.

-En realidad, yo la invite. – Marinette abrió su boca asombrada tras escuchar la voz de Adrien detrás de ella, si no fuera porque se puso a su lado, jamás creería que él fuese capaz de hacerle algo así.

-¿Qué? ¿Por qué razón lo harías? – cuestiono la chica a su novio demasiado molesta para preocuparse de lo que los demás pensarán, ya que meses atrás nunca le habría levantado la voz a Adrien.

-Porque Chloé y Sabrina son parte del grupo, merecen ser invitadas.

-¿Desde cuándo a ellas les ha importado el grupo? Chloé se la pasa molestando a todos los aquí presentes, incluyéndome.

-No voy a negar eso, pero Chloé intenta cambiar, deberíamos darle una oportunidad de demostrarlo, tú más que nadie.

-Ok, ¿por qué no intentamos calmarnos todos? Al fin y al cabo es una fiesta. – fue Nino quien intervino la primera pelea frente a todos de los chicos, siendo el único consciente de su relación y poniéndole un alto a su absurda discusión antes de que las cosas pudieran salirse de control. Sin embargo, las palabras de Adrien fueron demasiado hirientes para Marinette, entendiendo el doble significado de "tú más que nadie". Entonces, ¿sólo por ser Ladybug es que debía ser perfecta? Pues estaba claro que no lo era, ni tampoco buscaba serlo, ella cometía errores y estaba cansada de darle oportunidades a Chloé Bourgeois.

Molesta y desanimada, Marinette le dio la espalda a Adrien sin deseos de verlo en ese momento ya que teme de lo que es capaz de decir, porque a pesar de todo ella le ama. Por otro lado, Adrien se arrepintió de todo lo que dijo e hizo en el momento que vio la mirada afligida de su novia, quiso ir detrás de ella para rogarle que le perdonara por ser un tonto idiota, pero él la conoce demasiado como para saber que ella no desea saber de él en ese instante.

Sin muchos ánimos de celebrar, pero poniendo su mejor sonrisa Marinette junto a los demás recibieron a Juleka quien llegó diez minutos después de aquella extraña discusión de la que todos evitaban hablar, al menos frente a los protagonistas de dicho suceso. En toda la noche la peliazul evadió a Adrien, tanto su mirada como su persona estaban siendo excluidos de su espacio personal, la fiesta transcurrió con total normalidad, los chicos se divertían bailando entre ellos o simplemente platicando sobre cosas banales.

La mayor parte del tiempo Marinette estuvo con Luka, quien la animaba para que dejará de estar triste ya que por alguna extraña razón, él supo que las palabras del chico rubio la habían herido y eso sólo le daba indicios de que algo mucho más grande estaba pasando entre ellos. Minutos más tarde, la chica fingió necesitar ir al baño, siendo la excusa perfecta para estar sola por un momento, pero no contaba con que cierto gato negro se escabulliría entre sus amigos para alcanzar a su novia en el piso de abajo.

-¿Podemos hablar princesa? – susurro el chico detrás de ella con voz suave y pausada temiendo un poco de su reacción.

-Ahora no es un buen momento Adrien. – corto la chica aún de espaldas a él.

-Por favor Marinette. – suplico el rubio, acercándose a la peliazul para poder quedar frente a ella. – Sólo quería decirte que lo siento… por todo. Estaba tan celoso y enojado que no pensaba con claridad. – decidió que ninguna de sus excusas pensadas anteriormente eran buenas, por lo que opto por contarle la verdad aún si aquello no lo hacía sentir del todo bien, avergonzado miro un punto muerto en el suelo.

-¿Celoso? – escucho a Marinette preguntar. – No sabía que fueras celoso gatito. ¿Puedo saber de qué estás celoso? O mejor dicho de ¿quién?

-De nada, ni de nadie en particular. – respondió el chico aún con la mirada baja y jugueteando con sus pies.

-Adrien. – pronuncio su nombre ocultando en un tono suave y dulce su reprimenda, él chico sintió unos dedos bajo su barbilla, alzando su rostro para encontrarse con el azul profundo de sus ojos. – Sabes que puedes contarme lo que te pasa. – Adrien dudo por un segundo, incluso se mordió la lengua para evitar que ésta hablara por él.

-Es de Luka, ¿está bien? – respondió con molestia. – Se suponía iba hacer una tarde especial para nosotros y sólo pasas tiempo con él.

-Te recuerdo que fuiste tú quien arruino el día.

-Lo sé. Había soñado con este momento, era mi oportunidad de pasar una velada increíble contigo sin tener que escondernos. – Marinette sintió como su enojo desaparecía al ver el sufrimiento del chico. – Yo iba acercarme a ti para invitarte a bailar, después te apartaría de los demás para robarte un beso a escondidas y tomar tu mano sin preocuparme de nada.

-Me sorprende lo romántico que puedes llegar a ser gatito. – cuando Marinette estuvo a punto de tomar su mano entre la suya la música cambio, un ritmo lento y encantador se hacía oír por lo alto, una melodía que ambos conocían muy bien.

-¿Me permite está pieza my Lady? – pregunto el chico siendo el quien tomara su mano y depositara un dulce beso sobre su dorso. Marinette asintió con la cabeza, sonriéndole en respuesta al minino, quien elimino todo el espacio que había entre ellos, para colocar sus manos en su cintura, mientras las de la chica rodeaban su cuello.

Lentamente los chicos se movieron de un lado al otro, disfrutando de la cercanía del otro, tan enamorados como la primera vez que ambos se vieron, en un momento Marinette recargo su cabeza sobre el hombro del chico, suspirando su increíble aroma, ella podría quedarse en esa posición por siempre.

Por otro lado, Adrien estaba soñado de que al menos la velada no terminara del todo mal y su tonta discusión se esfumara con el viento llevándose los ceños fruncidos de sus rostros, él al ser más alto que su princesa podía contemplar el leve sonrojo en sus mejillas y sus labios le incitaban a besarlos. Marinette sintió la intensa mirada del chico sobre ella, elevo su cabeza para encontrarse con el esmeralda de sus ojos, fue tanta la atracción que poco a poco fue acercándose, cerrando sus ojos en el mismo instante que sus labios se tocaron, sintió como una mano de Adrien acunaba su rostro, mientras las suyas bajaban a su pecho, pudiendo sentir el latido de su corazón. Sin embargo, sin preverlo una luz blanca resplandeció el lugar, atrayendo la atención de los chicos, quienes aterrados se separaron al instante.

-Esto tienen que verlo todos.

...


Hola a todxs!

Gracias por esperar tanto por un capítulo nuevo, las cosas que tenía que hacer tomaron más tiempo del necesario, pero aquí está y espero les haya gustado.

Por cierto, como comenté hace tiempo, está historia no iba a tener tantos capítulos por lo que el próximo será el final, si es que no queda muy largo, de ser así tendré que dividirlo en dos y terminarlo en el capítulo 12.

Muchas gracias por seguir apoyando está historia. Nos leemos pronto.