NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS

¡Hola a todos! emm... ¿se acuerdan de mí? ¿no? no los culpo T_T

Antes que nada: este capítulo está dedicado a Carmilla D.

NO voy a perder el tiempo con disculpas, porque sé que no quieren leerlas, ustedes quieren un capítulo y es lo que les traigo. Pero antes, un agradecimiento a todos esos lectores que no dejaron de animarme y sus hermosos comentarios, he aquí las respuestas:

Carmilla D: MUCHÍSIMAS GRACIAS. He leído todos los comentarios que has dejado, desde Someone to Lean on hasta este fic, y no tengo palabras para agradecerte la entrega con la que has leído esta historia y tus hermosas palabras, lo mismo animándome como aconsejándome. Llegó un punto en que esperaba tus reviews porque siempre me daban esa sensación de calidez que todos los autores recibimos de lectores sinceros que disfrutan nuestro trabajo ¡mil gracias en verdad! 3 Respondiendo a la mayoría de las cosas: tampoco creo que Judy sea hipócrita por su relación con Mr. Big, todo lo contrario, la película de Zootopia da muy claro el mensaje de que no existen las utopías y que siempre hay algo malo en lo bueno y viceversa. Sería curioso si Rei y Carlos le dan a Emilia ¿no? jajaja, es broma. Muchísimas gracias por ver esa mejora en mi narrativa, me alegra bastante poder transmitir bien esos sentimientos con claridad. Una disculpa por mi error de dedo, Melody sí es una zorra ártica y ese "Best soundtrack movies" se quedó varado en medio de los párrafos, gracias por hacérmelo saber para editarlo pronto. PD.-También me encanta esa canción de Natalia L. PD.2.-Disfruta muchísimo este capítulo, por si no quedó claro, TE LO DEDICO. Te mando un fuerte abrazo.

Nieve Taisho: ¡Nieve hermosa! ya sé que siempre lees, no te preocupes, la uni nos mata a todos. Con que sigas disfrutando de este fic estoy más que feliz ¿también te gusta Game of Thrones? ¿pues dónde vives mujer que no eres mi vecina y mejor amiga del día a día? ahhh, un enorme saludo y un abrazo lleno de amor 3

Jainesz06: Jajaja lo sé, tengo un problema con Game of Thrones. No te frustres, aquí esta al fin la continuación.

joya blanca: Ya lo verás c;

Kariko08: Me alegra bastante que opines eso, a mi me gustó mucho cómo quedó Somone to lean on y me he esmerado bastante en que esta secuela sea también buena, espero que la sigas disfrutando como hasta ahora y te deje también muy lindos momentos.

Cat-Zetyblack: Una disculpa, otra vez, por lo que me demoré en actualizar, espero que este capítulo no te deje esas sensaciones tristes que te dejaron los demás fics, sobre lo que mencionas de Nick tienes algo de razón, el pobre está saturado, se verá algo más de eso en este capítulo c:

LautaroR: ¡Muchísimas gracias! =D

Guest: Cierto, las depresiones son cosas más serias y complejas de lo que uno cree, me he esmerado en que sea vea realista en este fic, parece que lo he conseguido, gracias por tus palabras de ánimo c:

Karen: Lo mismo digo: Bendita Angelus19, sus dibujos tan hermosos siempre me inspiran y su amistad me anima. Y me encanta que gracias a ella tenga lectores como tú, me motivan mucho tus palabras y que encuentren envolvente el fic, es lo mejor que uno como escritor puede escuchar, eso y que notas el empeño que le pongo a los capitulos poque sí, no me gusta subir cualquier cosa. Disfruta muchisimo este capítulo, te mando un fuerte abrazo.

PinkStar375: ¡Gracias! y sí, a mi me gusta publicar cuando me gusta el capítulo y aunque me demoré, éste me ha gustado. Ya veré que hago con Mary, quisiera meterla un poco más a la historia aunque aún no sé cómo. Espero disfrutes mucho este capítulo =D

¡A leer!


Capítulo 9

Suspicacia

We're caught in a trap

I can't walk out

Because I love you too much, baby

Why can't you see

What you're doing to me

When you don't believe a word I say?

We can't go on together

With suspicious minds (suspicious minds)

And we can't build our dreams

On suspicious minds

Estamos atrapados en una trampa

No puedo salir de ella

Porque te amo demasiado, amor.

¿Por qué no puedes ver,

Lo que me provocas,

Cuando no crees una palabra de lo que te digo?

No podemos seguir juntos

Con mentes suspicaces.

Y no podemos construir nuestros sueños

En estas mentes suspicaces

~"Suspicious mind" by Elvis Presley

o0o

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Zootopia, 27 años antes

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Eran tiempos oscuros en Zootopia. Una metrópoli tan grande estaba, desde luego, acostumbrada a pasar malas rachas, pero pocos animales recordaban haber vivido o leído de alguna situación tan espantosa, era como si una película de terror hubiera salido de la pantalla y se convirtiera en la vida cotidiana.

El Krokodile llevaba algunos años distribuyéndose en la ciudad, y había sido una droga muy vendida en ese tiempo, pero sus ventas de repente se dispararon de tal forma que la cantidad de adictos de triplicó en un par de semanas. Mark e Iván habían hecho bastante bien su trabajo volviéndola una droga de perfil alto, obligando a los hijos de ricachones a pagar enormes cantidades de dinero por muy poco producto. Para terminar los detalles, Iván había conseguido mejorar la droga, volviéndola mucho más adictiva, eso sí, también la volvió muchísimo más tóxica.

El modelo antiguo de la droga volvía a un animal dependiente en alrededor de ocho días, las consecuencias eran las típicas de un drogadicto: falta de apetito, palidez, sistema inmunológico débil, ansiedad y otras características del cuadro común, con la particularidad de que eran más propensos a enfermedades cutáneas. Como eran síntomas confundibles con cualquier otra narco-dependencia, no llamó la atención de nadie, hasta que Iván introdujo la mejora en la droga que realmente causó aterradoras recuelas.

Ahora los jóvenes se volvían adictos en un lapso no mayor a tres días, y la toxina era tan difícil de digerir en el cuerpo que se acumulaba a montones en las extremidades, generando infecciones y gangrena tras unas semanas. De repente, los hospitales comenzaron a llenarse de jóvenes adictos, hijos de animales adinerados, que tenían necrosis severa en las extremidades y otras partes del cuerpo, los moribundos presentaban un cuadro de ansiedad tan severa que ni siquiera la morfina conseguía dormirlos lo suficiente para que fueran atendidos.

Un fotógrafo a las afueras del Hospital Saint-Saben tomó la imagen que se convertiría en el emblema de la ciudad, una venada, que antaño debió ser hermosa y joven, estaba flaca y ojerosa aparentando quince años más de edad. Pero eso no era lo aterrador: llevaba una bata de hospital y gotas de sangre caían de sus brazos, donde antes tenía los cáteres, era evidente que había escapado, una de sus piernas estaba ennegrecida desde el pie hasta la rodilla, tenía una llaga infectada en la mejilla que amenazaba con hacer un agujero hasta su boca y sus dos manos estaban vendadas, intentado ocultar la carne carcomida hasta los huesos.

No caminaba, su pierna muerta no lo permitía, se arrastraba en búsqueda de más droga, desde luego que no llegó lejos, un grupo de enfermeros salió corriendo del hospital para atraparla y llevársela al interior, la venada peleó débilmente, su cuerpo estaba al límite. Las fotografías salieron en primeras planas y causaron indignación y desconcierto ¿en qué se había convertido la ciudad? todo empeoró cuando, tres días después, un reportero confirmó que la venada había fallecido, su cuerpo no soportó la amputación de tres miembros y la infección en su mejilla estaba extendiéndose al cerebro. No hubo manera de salvarla.

Después de esa fotografía, fue relativamente común ver animales en ese deplorable estado. Todos eran jóvenes, lo cual empeoraba la situación ¿quién tenía el corazón para soportar a jóvenes, que deberían tener una vida entera por delante, arrastrarse sobre sus miembros inútiles por más droga? Los hospitales se llenaron de adictos que casi nunca sobrevivían. Fue la primera vez que los periódicos anunciaron los nombres de Mark e Iván, los traficantes que vendían el krokodile.

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—¿Y cómo demonios la policía supo de nuestros nombres?—gritó Iván, dejando caer el periódico sobre la mesa y golpeándola con fuerza.

—No lo sé—Mark se encogió de hombros como si no fuera relevante—Seguro algún informante en las calles. Ellos también tienen sus infiltrados.

—Te ves muy tranquilo con todo esto.

—Si lo estoy, es porque mientras más nos desesperemos, seremos menos capaces de pensar—tenía un tono suspicaz, casi desafiante—La policía solo sabe nuestros nombres, ni siquiera puede aún ubicarnos con fotografías y menos sabe dónde están nuestras operaciones.

—Eso por ahora, si tienen los nombres, eventualmente conseguirán lo demás.

—Sí, sí, pero tenemos que ser inteligentes.—tomó asiento en un sillón y recargó toda su espalda en el respaldo—Tenemos que tener planes de respaldo. Uno por si nos encuentran y debemos defendernos, otro por si debemos escondernos, otro por…

—¿Escondernos? ¿Nosotros? ¡Estás loco!—gritó Iván—Somos los narcotraficantes más ricos y poderosos de la ciudad, no me esconderé de patrullas azules a estas alturas.

—Pero ellos no lo saben, loco ¿no me estás escuchando? ¡tenemos que ser más listos que ellos!

—No me gusta hacia dónde diriges tus planes.

—¿Y eso qué? Casi nunca te gusta hacer planes. Mira, las cosas son así de sencillas: la ley nos perseguirá muy pronto, o buscamos formas de protegernos independientemente si te gustan o no, o de plano nos entregamos en este mismo momento. Tú decides.

Iván le devolvió una mirada penetrante, pero en el fondo sabía que Mark tenía razón. Los dos cocodrilos barajearon algunas opciones en diálogos tensos, para el final de la tarde, tenían esbozados los principales planes a seguir. Se veían venir tiempos complicados, aún para ellos.

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Oliver Hamilton, Jefe de Gobierno de Plaza Sahara durante casi diez años, no podía creer aún su suerte. Había conseguido dos reelecciones –bien invertido fue ese dinero para "suavizar" las críticas de los periódicos a su gobierno– y mientras estuvo en el poder, esconder el desvío de fondos que realizó a su difunto sobrino fue muy sencillo. Pero las próximas elecciones serían en dos años, y como llevaba mucho tiempo en el poder, no veía nada sencillo que la nueva campaña lo favoreciera.

Las Leyes de Zootopia no permitían que un alcalde tuviera más de dos administraciones, fueran continuas o aisladas, pero en el caso de los Jefes de Gobierno no existía límite para las candidaturas, siempre y cuando el candidato no tuviera denuncias por abuso de autoridad o corrupción. Oliver no las tenía, aunque legalmente podría reelegirse, no era tonto ni optimista, sabía que los candidatos jóvenes le harían verdadera pelea en la próxima campaña.

Llevaba esos años buscando los 1200 millones de dólares que le otorgó a su sobrino, el difunto criminal Héctor el Camello, pero no los encontraba. En todos esos años había hecho nuevos ingresos para Plaza Sahara y había conseguido maquillar los balances económicos, con ayuda de su amigo el contador Hugo Cólpez. Con eso había bastado por ahora, pero si se hacía la más mínima auditoria, el desfalco quedaría relevado.

Los investigadores privados que había contratado hace años habían encontrado el banco que usó Héctor para esconder el dinero, y en su tiempo, lo clausuró. Esos mismos investigadores dijeron que el dinero, aparentemente, había sido sacado de las cuentas por un par de cocodrilos anónimos. Ahora que los periódicos señalaban a dos cocodrilos llamados Mark e Iván como nuevos líderes narcotraficantes, Oliver no hacía más que pensar que esos dos debían ser los que se quedaron con el dinero.

Todo tenía tanto sentido para él ¡desde luego que sí, era lógico! ¿cómo dos cocodrilos torpes se harían dueños de un mercado ilegal tan grande sin fondos que los sustentara? Esos fondos tenían que venir de algún lado, no podía ser coincidencia. Aún no sabía cómo habían encontrado el dinero de Héctor, eso era algo que descubriría después, pero de una cosa sí estaba seguro: Mark e Iván tenían ese dinero (o al menos lo tuvieron años atrás).

Tenía que encontrarlos, tenía que buscar una manera de recuperar el dinero antes de que hubiera un cambio de administración. Oliver Hamilton estaba tan estresado, que una mañana común, sin dar ninguna previa señal de agotamiento o enfermedad, el Jefe de Gobierno de Plaza Sahara sufrió un paro cardíaco.

o0o

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Zootopia, hoy

Nick abrió la puerta de la casa, dejando que la sala se inundara con la risa de Judy (los fantasmas del pasado seguramente se asustaron de escucharla reír tan estruendosamente) prendió las luces para que ella no tropezara, porque la conejita a duras penas parecía ver por dónde caminaba. Nick se sentía muy satisfecho de poder provocar aún ese tipo de carcajadas en su esposa.

—Ese pobre mesero no volverá a atender igual a nadie—dijo Judy, algo más compuesta.

—Era la intención, zanahorias ¿o me vas a decir que el joven era bueno en su trabajo?

—No, en absoluto.

Había sido la primera vez en muchos meses que los dos salían a comer, y decidieron ir a uno de sus restaurantes favoritos, pero en ese tiempo el lugar había cambiado de administración y muchas de las cosas agradables se las llevó el viejo dueño, entre ellos, el protocolo de presentación que había formado a meseros muy dedicados. Los nuevos eran lentos, malcarados y daban la impresión de ser arrogantes. Fiel a sus antiguas costumbres, Nick tomó la situación y la convirtió en una de auténtica comedia para ellos dos.

Era eso lo que necesitaba, voltear hacia afuera y concentrarse en eso, no en lo tormentoso que pudiera haber en su interior. No podría decirse que Nick se hubiera aprovechado de los meseros, porque no había poder humano que los espabilara –bueno, técnicamente, las bromas de Nick los habían espabilado– Judy tenía el presentimiento de que recordaría por siempre la expresión desesperada del mesero que juraba y perjuraba que les entregaba la orden correcta.

Metidos en las bromas, la conversación durante la cena fue muy superficial, Judy nunca pensó que había extrañado eso: momentos dulces y sinsentido con su marido.

—¿Irás mañana al trabajo?—preguntó Judy al pie de las escaleras.

Nick estaba sirviéndose un vaso con agua en la cocina, bebió unos sorbos y después asintió.

—Sí, no quiero estar mucho tiempo en casa.

Judy dio dos pasos por los escalones cuando la voz de su esposo interrumpió la subida.

—¿Qué son estas carpetas?—inquirió curioso.

Las orejas de Judy golpearon su espalda, pero Nick no lo vio, él estaba inclinado viendo las primeras páginas de la investigación.

—Como me habías pedido que revisara tu caso, empecé a investigar un poco al respecto—dijo con voz contenida—Eso es todo lo que he encontrado.

—¿Alguna pista?

—Sólo conjeturas.

Nick asintió, cerró las carpetas sin haber leído más que tres hojas y apagó la luz de la cocina, Judy casi se sintió en un interrogatorio al estar bajo la luz de las escaleras, la única encendida.

—Ni hablar, lo cerraré mañana.

Judy quiso decirle "no", quiso sentarse en la cocina y explicarle cada una de sus teorías con los documentos en mano, quiso hablarle de la conversación con Mr. Big y de cómo todo indicaba que se trataba de algo más grande, quiso tirar de sus orejas y hacerle entrar en razón, al más puro estilo de los viejos tiempos. En vez de eso, contuvo todas esas ansias y las convirtió en una sonrisa cansada, dándole la espalda para subir las escaleras.

Nick notó que Judy había querido decirle algo, pero no preguntaría, no quería seguir estando al pendiente de cada una de las emociones de su esposa. Si era serio, ella después se lo diría ¿no? Al menos esa noche, después de una agradable velada, lo único que deseaba era darse un baño e ir a dormir a gusto, con la ilusión de que su matrimonio seguía siendo perfectamente bueno.

Y así pasó, se dio un baño corto y refrescante, al salir, Judy no estaba ni dormida ni ausente como otras veces, estaba sentada con una almohada de respaldo cambiando canales en la televisión. Le preguntó qué quería ver, él dijo cualquier cosa al azar; la pareja miró un capítulo de Ardicastle(1) antes de caer profundamente dormidos.

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En la mañana Judy llegó a la comisaría con un sabor amargo en el paladar, técnicamente no podía quejarse, había sido una mañana agradable. Nick preparó el desayuno y los dos comieron juntos antes de irse a sus respectivos trabajos, aún así, algo no le gustaba. Muy en el fondo, una voz le susurraba "estás exagerando" pero otra voz más alta le obligaba a mantenerse alerta. Era como sospechar que la paz y calma que habían tenido los últimos días fuera una ficción próxima a romperse, y Judy temía ser ella quien lo causara.

Así pues, se contuvo y se puso la mejor sonrisa que pudo esbozar sus labios, caminó hacia la cafetería para servirse una taza de café y saludó a todos sus compañeros con inusual alegría. O'Lion fue el más sorprendido, comentando que aquella se parecía más a la Judy de antes y que estaba aliviado por su regreso. En cambio, el Jefe Bogo y Clawhauser tenían sus reservas.

Ajena a los comentarios de sus compañeros, Judy se sentó en su escritorio y se puso al corriente con toda la papelería que tenía atrasada –rayos, Bogo realmente era paciente con ella– para mediodía casi había acabado. Todavía seguía sentada tecleando cuando Garza llegó diciéndole que alguien la buscaba en la recepción.

—¿Sabes quién es?—si era su madre o alguno de sus hermanos tenía que prepararse para el largo cuestionario que la obligarían a responder.

—Es la activista amiga tuya, lo siento no recuerdo el nombre.

—Ah, es Mary.

—¡Sí, esa!

"¿Qué ocupará?" se preguntó mientras caminaba a la recepción, donde Mary estaba de pie frente a Clawhauser, con expresión de pocos amigos.

—¿Mary?

—¡Judy, me alegra tanto encontrarte!—la yegua caminó hacia ella, pero algo se le veía diferente—¿Podemos hablar?

—Claro—revisó rápido el reloj—Casi es mi hora de comida ¿quieres ir a algún lugar?

—No, sólo quiero conversar.

—Acompáñame.

Eso era inusual, Mary siempre estaba de humor para una buena copa de vino, o una taza de café, dependiendo la hora del día. La llevó a su escritorio, casi todos sus compañeros estaban en la cafetería o en la sala de reunión, comiendo y platicando, así que estaban solas. Mary se sentó frente al escritorio y fue ahí cuando Judy detectó qué había de distinto ese día en la yegua.

Mary era de esos animales que, sin importar el contexto, seguía siendo hermosa, su belleza recaía en las facciones y sus exquisitos modales. Pero el refinamiento que la yegua solía proyectar no estaba ese día: llevaba un pantalón de mezclilla sencillo y sin corte, de esos que te pones cuando abres el cajón sin revisar qué sacaste de él, y una blusa de algodón blanca sin estilo alguno. Tampoco llevaba joyas, y sus zapatos eran unos tenis deportivos de color negro genéricos. Unas gruesas ojeras adornaban sus ojos, en vez del maquillaje sutil y elegante que embellecía su mirada.

—Te traeré una taza de café—dijo Judy, pero Mary la detuvo sujetándole la pata.

—No, por favor, sólo quiero pedirte algo.

—Dime, Mary—su voz sonaba dulce y comprensiva, casi maternal.

—Hablé con tu esposo, dijo que cerrarán el caso de mi sobrina—la mirada de Mary se cristalizó por las lágrimas—Judy, yo sé que mi conocimiento policial es escaso, y que son temas en los cuales no puedo intervenir. Por eso sólo te tengo a ti.

La conejita guardó silencio, mostrando paciencia mientras la yegua buscaba las palabras precisas (como bien era su costumbre).

—Mi sobrina no se quitó la vida, no puedo demostrarlo, ni tu esposo ha podido. Sé que están pasando una mala racha y que mi nivel de influencia en este tema es nulo. Por eso te suplico, Judy, sin importar lo que suceda, aunque ese caso deba cerrarse por cuestiones burocráticas… Judy, te ruego—y dicho eso, hizo ademán de ponerse de rodillas, aunque Judy la detuvo—Te ruego, dale justicia a mi sobrina…

Con la última palabra Mary rompió en llanto, la compostura que solía caracterizarla no pudo soportarla más. Judy la abrazó, su menudo cuerpecito apenas podía abarcar la mitad de la cara de Mary, pero la yegua sintió consuelo en los amables brazos de la que consideraba una verdadera amiga.

Las lágrimas de Mary empapaban su uniforme y sus sollozos eran un ruido de fondo, pero la mente de Judy trabajaba a mil por hora ¿qué podía hacer ella? No era su caso, ni su jurisdicción y ciertamente no podía intervenir aún a través de Nick. El caso era de él, después de todo. Abrió la boca para decirle eso mismo a Mary, incapaz de mentirle y darle falsas esperanzas, cuando la yegua le ganó y murmuró entre el llanto:

—Es todo lo que me queda—ya no había elegancia en sus palabras, Judy no estaba escuchando a la educada Mary Tooperwerth, estaba escuchado un pedido de lo más profundo de su alma, carente de filtros de refinamiento—Mi única esperanza… perdí a mi pareja, luego a mi sobrina, yo no tengo nada en este mundo Judy… sólo la esperanza de darles justicia… por favor.

Con esas palabras, Judy pudo ver perfectamente la escena frente a ella. No vio a su amiga ni a la activista, vio a una yegua destrozada por las circunstancias de su vida, que a pesar de su fuerza, suplicaba que le dieran justicia a sus familiares muertos. Los policías debían hacer eso, llevar la ley y sus consecuencias a todos los animales de la ciudad, si no lo hacían ¿entonces cuál era su propósito?

Judy se juró desde que era niña ser la mejor policía de la historia de Zootopia. Según ella, estaba en buen camino de lograrlo. Pero las desgracias en su propia vida la habían apartado de ese sueño, con Mary llorando en sus brazos, Judy pudo verse de nuevo como esa niña idealista que deseaba hacer del mundo uno mejor. El fuego de esa pasión, mermado por la tristeza, resurgió. No permitiría que nadie apagara esa llama de nuevo, ni siquiera ella misma.

Después de todo, si no podía ayudar a una amiga ¿cómo ayudaría a todos los demás ciudadanos anónimos que contaban con ella?

—Escúchame bien, Mary—habló, su voz sonaba fuerte y decidida—Haré todo lo que esté a mi alcance, te lo juro. Tu sobrina descansará en paz.

Estuvieron juntas un rato más, en lo que Mary se calmaba. Judy no recordaría las palabras afectuosas que la yegua le dedicó a modo de gratitud, sólo recordaría que esa tarde, al ver la desesperación de su amiga, sintió que tenía un propósito claro y conciso, un caso que resolver.

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La mayoría de los oficiales disimularon muy mal las miradas de asombro cuando Nick Wilde entró a la comisaría con rostro sereno y un vaso de café en la mano. Parecía fresco y resuelto, todo lo opuesto a lo que un animal debería verse tras los funerales de un familiar cercano. La propia Melody tenía rostro de asombro y no hizo nada por ocultarlo, pero quien trajo el tema a la mesa fue John.

—¿No tenías permiso hasta la próxima semana?—preguntó—El Jefe Jones dijo que tenías importantes asuntos familiares.

—Ya enterré a mi tía y resolví el resto de los pendientes—bebió un sorbo de café—el mundo sigue girando ¿no?

John iba a decir algo más, pero Melody colocó gentilmente una pata sobre sus labios para que no continuara hablando, el muchacho era aún joven y torpe para expresarse. Pero Melody, con una combinación de experiencia y del tiempo conociendo a Nick, entendía mejor la situación.

—Me alegra verte repuesto—dijo, aunque nadie lo creyó—Díganos jefe ¿cómo procedemos?

Le entregó los legajos con la información nueva que habían presentado algunas cuantas declaraciones y, claro, el giro que había dado el caso con la muerte del Lic. Pumalez. Nick las hojeó por encima, sin leer nada en realidad.

—Aún quiero cerrar este caso, sólo damos vueltas en círculos sin aterrizar en ningún lugar.

—Pero…

—¿Tienes alguna pista que no nos hayas compartido, agente Wallace?

Melody detectó la tensión en su voz, pero en vez de amedrentarse, mantuvo una postura firme.

—No—respondió—Pero siento que no estamos poniendo nuestro mejor esfuerzo.

—Lamento discrepar, pero estoy de acuerdo con Nick—John, que casi nunca se metía en ese tipo de conversaciones, se veía algo tímido mientras hablaba—No tenemos nada sólido, sólo conjeturas que no van a ningún lado. Y hemos puesto mucho de nuestra parte, Melody, tú bien lo sabes.

—Cuando ella hablaba de que no hemos hecho nuestro mejor esfuerza, habla de mí, John, no debes preocuparte—la voz de Nick se volvió aún más profunda—Sé que he estado distraído con mis asuntos familiares, pero eso no está interviniendo en esta decisión.

—Yo nunca quise decir que tú…

—Lo sé, Melody, tú…

—No, ¡no lo sabes!—su grito hizo todos en la comisaría de repente guardaran silencio—Deja de pretender que tienes el control de la situación, porque no es así ¡al menos no aquí!

Nick no dijo nada, de forma tensa el resto de los oficiales regresaron a sus labores, Melody y Nick sostuvieron un duelo de miradas que bien pudo ganar algún récord Guiness. John sólo veía, nervioso y casi asustado, a sus compañeros de trabajo, daba la impresión que uno atacaría al otro a la menor provocación.

Finalmente, para sorpresa de todos –hasta de la propia Melody– Nick suspiró, cerró los ojos y se llevó una mano al puente de la nariz, apretándola.

—Tienes razón—dijo—Estoy algo cansado. Lo mejor es que lea la nueva información y después sigamos hablando de esto ¿no?

Melody asintió, John murmuró algo antes de salir rumbo a la cafetería. Nick se sentó en el escritorio y abrió las carpetas, leyendo con calma. Desde su oficina, el Jefe Jones miraba a través de las cámaras de video, era más curioso que el Jefe Bogo y sólo buscaba una excusa para meterse en la acción.

Una media hora después todo el ambiente se sentía más tranquilo, Melody se sentó frente a Nick con una caja de donas en las patas y las puso frente a él. Nick sonrió ladeado y dejó de leer para agarrar una dona de chocolate.

—Mis favoritas—dijo antes de comerla.

—Bien que lo sé.

Los dos agentes saborearon sus donas en silencio.

—Hay alguien que realmente quiere a Wormwood tras las rejas ¿eh?—habló Nick, recargándose en su asiento—Matar a Pumalez y a Sasha es tomarse demasiadas molestias. Hay algo grueso de fondo.

—Definitivamente, pero no hay pista alguna de quién.

—¿Quién se vería beneficiado de esas muertes? Aparentemente nadie.

—Quizá lo estamos planteando mal y no se trata de quién salga beneficiado, sino de quién sale perjudicado.

—Sigue siendo Wormwood ¿no?

Nick agarró otra dona, necesitaban sospechosos urgentemente. Ocupaba darle más forma al caso y así tener en qué ocupar su mente. Se sentía paranoico, analizaba todo a su alrededor de manera exagerada, desde el comportamiento de su esposa al de sus compañeros de trabajo. Era como si estuviera todo el tiempo sospechando de ellos ¿por qué? No tenía sentido. Y muy en el fondo no quería tenerlo. No quería perder más el tiempo con esos pensamientos ridículos, quería concentrarse en algo productivo. La mañana dio paso a la tarde en un santiamén, y por más que leía los legajos y hacía esquemas con nombres y lugares, nada en el panorama apuntaba que el caso de Sasha McCallahan fuera a resolverse pronto.

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"Respira hondo, Judy" se repitió mentalmente dos, tres, cuatro veces… estacionaba con cuidado la patrulla en la comisaría, en cuestión de segundos ella entraría y debería saludar a los compañeros de trabajo de Nick y al Jefe Jones. Ella conocía a la mayoría, desde luego, pero llevaba meses sin verlos, y de seguro estaban enterados de su situación. No tenía ánimos de miradas condescendientes ni de palabras amables "Estás aquí por el caso, Judy, sólo por él".

Apagó el motor y salió del auto, llevaba puesto el uniforme de oficial porque, teóricamente, estaba patrullando. Pero aún le quedaban unos diez minutos de su hora de comida, apenas Mary se marchó Judy agarró las enormes carpetas con información que había recopilado para Nick y se subió a la patrulla dispuesta a todo para entregárselas. Todo había sido valentía hasta que se paró frente a la entrada de la Comisaría del Distrito Policial 2, cuando un nudo en el estómago la detuvo en seco.

De repente recordó aquellos años de entrenamiento en la Academia de Policías de Zootopia, años atrás, cuando la colocaron frente al muro de hielo y la entrenadora pitó el silbato, diciéndoles a gritos que lo debían cruzar. Su primer instinto fue escalarlo, pero se resbaló en el hielo y cayó al agua helada varias veces. Para superar esa prueba debió tragarse la pena, ser más inteligente y enfrentar el miedo: saltó sobre los cuerpos de sus compañeros para impulsarse y sobrepasar el muro. Aún recordaba las felicitaciones de la entrenadora Wabear esa tarde, poniéndola como la alumna modelo desde ese día y en adelante.

Nuevamente estaba frente a un muro, y ahora todo estaba claro: los últimos meses de depresión fue como haber llorado frente a un muro que le aterraba cruzar, porque no tenía idea de qué había al otro lado ¡pues basta ya! No permitiría que ese miedo la tuviera llorosa y congelada toda la vida. No. Miró alrededor y supo que no le quedaba ya nada: su familia y amistades estaban afrontando sus propios retos y seguían avanzando, ella era la única que se quedaba atrás. Más bien, que se estaba quedando atrás, porque ese día saltaría el muro.

Colocó una pata frente a la otra y abrió la puerta de entrada, en el momento que el aire acondicionado golpeó su rostro sintió como si cayera de la cima del muro hasta la nueva tierra desconocida. Atrás había quedado una etapa de su vida, frente a ella, se esbozaban mil posibilidades, todas al alcance de sus manos, todas disponibles bajo una sola decisión: avanzar.

Con las carpetas en sus patas, caminó cruzando el recibidor hacia los corredores de los detectives, que ella tan bien conocía –antes acudió al trabajo de Nick con algo de regularidad– en el camino se encontró con dos o tres oficiales que la saludaron efusivamente, haciendo uso de esas sonrisas especiales que se guardan para quienes de verdad se aprecian.

"Había olvidado que muchos compañeros de Nick me tenían en alta estima" pensaba Judy, mientras respondía los saludos alegre y seguía caminando. Siempre hubo un mundo y una vida más allá de sus tristezas, y al fin lo estaba recordando.

Tras unos metros dio vuelta a la derecha hacia los despachos de detectives principales, donde sabía que Nick tenía su escritorio. Desde la entrada revisó la habitación, era muy grande, llena de computadoras y pizarrones tapizados de evidencias, con algunos cuantos oficiales sentados tecleando en los ordenadores y otros tantos dialogando sobre los posibles sospechosos. Al fondo estaba el escritorio de Nick, y lo vio sentado, comiendo una dona de chocolate y hablando con Melody Wallace.

Judy conocía a Melody muy superficialmente, era compañera de Nick desde hace tiempo y las pocas palabras que intercambió con ella la colocaban como una criatura simpática. Pero algo en esa conversación no le gustó: había más intimidad de la normal entre ellos, una mirada curiosa, de esa que intercambian los que comparten un secreto.

"Exageras, Judy" pensó, pero algo curioso sucedió en ese instante. Algo de lo que ella no fue consciente, pero Nick sí lo vería más tarde. Ya no reaccionó como la conejita nerviosa y triste que llevaba siendo varias semanas, su primer impulso no fue encogerse y temblar por la ansiedad en un posible ataque de pánico. Reaccionó como Judy Hopps, la mejor policía de la ciudad: mandando por un tubo las inseguridades y agarrándose con fuerza, impulsándose cual resortera, caminando a paso firme hacia ellos dos dispuesta a averiguar si sus sospechas eran o no ciertas.

Al detectar movimiento cerca Nick volteó por inercia, pensando que sería John regresando de la tienda, se sorprendió hasta el susto cuando vio a Judy caminando hacia él con las carpetas que vio anoche en la cocina. Su primera reacción, torpe y aprontada, fue ponerse de pie y caminar hacia ella balbuceando incoherencias, tomando las carpetas en sus patas para ayudarla.

—Hola—dijo Judy sonriendo, respondiendo las incomprensibles palabras de Nick—¿Ya comiste?

—Sí…

—No cuentan las donas.

—Bueno…

—Hola Judy—saludó Melody, sorprendida de ver a la conejita en la comisaría y a Nick tan nervioso—¿Cómo estás?

—¡Melody, que gusto!—la saludó con una sonrisa—Hace mucho que no sabía de ti.

No era hipocresía, Judy y Melody siempre habían hablado muy bien en las pocas ocasiones que coincidían antes. Aún así, dentro de su sonrisa amable, Judy le dejó ver a Melody que no estaba a gusto con ella. Si Melody detectó ese mensaje, no hizo nada para demostrarse ofendida, al contrario, respondió con total naturalidad:

—Es que no ha habido gran cosa por contar.

—Me gustaría decir lo mismo—respondió en voz baja, pero cambió el tema rápido—Hace unos días Bogo me puso a limpiar los expedientes y encontré un caso con muchísimo paralelismo al que están llevando de Sasha.

Mientras hablaba, Judy sacaba de las carpetas un legajo con el caso fotocopiado de Pamela Zereg, el cual le tendió a Nick y a Melody. El zorro miró de reojo a su esposa, recordaba vagamente que Judy mencionarle algo sobre unos casos e información interesante, pero la desechó primero porque no estaba de humor, después porque… ¿por qué lo había hecho?

No pudo seguir pensando porque debió poner atención a lo que Judy hablaba.

—Un contacto que tengo por ahí me dijo que, en el bajo mundo, la muerte de Pamela Zereg se le atribuyó a Mark e Iván.

—¿Enserio?—Melody leía lo más rápido que podía el expediente—No entiendo. Estos años no coinciden con la guerra causada por el Krokodile.

—No, porque son de antes. En las demás carpetas hay otros expedientes y recortes de periódicos de esos años. También hay una línea del tiempo de los hechos.

Dejando de lado otros legajos y recortes, Judy sacó la línea del tiempo y se la enseñó a los dos policías. Era larguísima, tenía anotado en tinta negra los eventos más importantes y en tinta azul el contexto social-político. Además, encima había notas de colores con más detalles curiosos o con preguntas respecto a las situaciones. Esas mismas notas de colores señalaban los legajos y los artículos de periódico en las carpetas con las cuales se relacionaba.

Se trataba de un trabajo de investigación minuciosamente realizado, que dejó a Melody impresionada y a Nick con una enorme sensación de orgullo. Esas eran las labores que sólo Judy sabía realizar. Le sonrió abiertamente, pero Judy no lo miraba a él, estaba buscando algún documento entre las carpetas.

—Sé que este no es mi caso ni mi jurisdicción—añadió—Pero me interesó mucho desde que Nick me lo comentó y, cuando encontré este expediente de Pamela, no pude detenerme. Espero que esto les sirva a plantear mejor el escenario y encontrar a los culpables. Si ocupan ayuda, estoy dispuesta a ayudar.

—Muchísimas gracias Judy, enserio, gracias—Melody no podía contener su alegría—Estoy segura que con esto encontraremos el hilo perdido ¿no, Nick?

—Claro—al fin el zorro pudo ver a su esposa a los ojos y Judy vio en ellos una chispa curiosa y genuina—Gracias.

—Te veo más tarde en…

Antes de que Judy pudiera hacer algo, Nick se inclinó y le dio un corto beso en los labios. Ella se sonrojó un poco, aunque se despidió, Nick la acompañó hasta la salida, varios policías intentaron disimular sus sonrisas cuando vieron a la pareja caminar hasta el estacionamiento.

Melody estaba inclinada leyendo el expediente de Pamela cuando el Jefe Jones salió de su despacho y se acercó a ella.

—Wallace ¿era Judy la que estaba aquí hace unos minutos, verdad?

—Sí, la esposa de Wilde.

—Bien ¿qué es eso?

—Nos trajo esta carpeta con información que podríamos usar en el caso de McCallahan—Melody le mostró el expediente y Jones lo leyó por encima—Encontró unos paralelismos con informes allá en el Distrito Central. Creo que de aquí podremos resolver el caso.

—¿Tan buena es la información?

—Aún no la leo Jefe, pero si la trajo es por algo ¿no cree? Judy siempre ha tenido fama de ser muy suspicaz.

—No sólo ella, también Wilde—el Jefe se recargó en el escritorio entregándole el expediente—Esos dos siempre hicieron un equipo envidiable.

—Quizá podríamos pedirle algún tipo de asesoría ¿no?

—Hablaré con el Jefe Bogo al respecto, pero primero deben traerme algún avance o algo, si no, ese caso deberá cerrarse y no creo que ninguno de ustedes quiera eso.

—Sí, señor.

Justo en ese momento Nick venía de regreso, el zorro tenía una expresión curiosa, que nadie supo interpretar.

—Mándele mis saludos a su esposa, Wilde—dijo Jones.

—Con mucho gusto, Jefe.

El zorro se sentó en el escritorio y, con Melody al lado, procedió a leer la enorme carpeta. John regresaría unos diez minutos después, con bolsas de comida para los tres, incapaz de esconder la mueca ante el evidente trabajo de papeleo que tenían que realizar.

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Judy no podía contener su sonrisa mientras Nick la escoltaba, con pose galante, hasta el estacionamiento. Era muy agradable para su vanidad volver a sentir esa mirada de aprecio por parte de su esposo, más bien, de ese aprecio combinado con orgullo. Nick le sujetó la pata y llegados al estacionamiento le abrió la puerta de la patrulla.

—Zanahorias—la detuvo antes de subirse al auto—Esas carpetas eran las que estaban ayer en la cocina ¿verdad?

—Sí, son esas.

—Lo lamento, sé que anoche actúe muy malagradecido.

—Sólo estabas cansado.

—No es excusa, lo siento—le besó la frente—Gracias por la ayuda, zanahorias. Te diré todo lo que avancemos llegando a casa.

—Me parece bien.

"Estoy orgulloso" pensó Nick, pero no lo dijo. No supo por qué se contuvo, pero se arrepintió de hacerlo. Hizo un ademán y se marchó de regreso a la comisaría, Judy le miró alejarse, vio su expresión contenida y se preguntó qué estaría pensando. Los dos tenían sospechas y teorías en sus mentes, de esas que surgen cuando la distancia hacia mella en las relaciones íntimas.

Judy encendió el motor, pero no se movió, tenía aún ese sabor amargo en el paladar consecuencia de sus sospechas. Ni siquiera estaba segura de por qué tenía sospechas, porque nada a su alrededor le indicaba que estuviera pasando algo malo "Ya cálmate, Judy" se reprendió mentalmente, viendo alrededor vio una tienda de donas cruzando la calle. Apagó el motor y bajó de la patrulla, algo dulce era justo lo que necesitaba.

Pagó por dos donas de vainilla y cargó la bolsita de regreso al estacionamiento, en el camino, se encontró con John y lo saludó.

—¿Judy?—el lobo, que llevaba tres bolsas con comida, no ocultó su sorpresa al verla—¿Qué haces aquí?

—Vine a traerle unas cosas a Nick, seguro les ayudará con su caso.

—No sabía que nos ayudarías con la investigación.

—En realidad lo hice por gusto, espero sí les sirva.

—Oh, gracias.—el lobo balbuceó un poco y su mirada se volvió penetrante—Si usted lo investigó sé que será bueno… ¿sabes? Yo me inspiré mucho cuando te volviste policía.

.—¿Enserio?

Judy escuchó ese tipo de historias con relativa frecuencia antes, pero oírlo en palabras de un compañero de Nick le pareció casi surrealista. Aún así, se esforzó por quedarse quieta mientras el lobo hablaba, no quería parecer grosera, pero sí tenía prisa.

.—¡Claro! Todos hablaban siempre de Judy Hopps, la mejor policía de la ciudad y… mi padre es policía también, siempre habló bien de usted, aunque creo que no lo conoció. En fin, soy un gran admirador suyo. Espero verla más seguido… es decir, que nos ayude con el caso más seguido…

Vio el nerviosismo en su voz, algo que llevaba muchísimo tiempo sin notar en los machos que le hablaban "Exageras" se repitió por milésima vez en ese día. John no podía estarle coqueteado… ¿cierto?

.—Hablaré con Nick al respecto—le dijo en tono amable pero firme, solo por si acaso—Cuídate John, nos veremos después.

El lobo balbuceó una despedida muy tímida, mientras la conejita se subía a la patrulla y se marchaba. Al internarse en la ciudad, no pudo ver cómo la expresión de John miraba la calle de forma casi anhelante.

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Habían demorado casi toda la tarde en terminar de leer las carpetas de Judy, pero bien que valió la pena. Para la hora de la salida tenían mejor armado el caso. Ciertamente había muchos paralelismos entre la muerte de Pamela Zereg y la de Sasha McCallahan, casi parecían haber sido asesinadas por el mismo animal (porque estaban descartando el suicido completamente) pero el contexto era lo más curioso.

Pamela era la hija del mafioso Erik la Cebra, a su muerte, se desencadenó una batalla entre cárteles que destrozó dos bandos criminales, dejando convenientemente las aguas listas para que dos cocodrilos las navegaran con su nueva droga. Ahora, Sasha había perdido la vida en medio de un caso legal bastante polémico, donde un Jefe de Gobierno iría a prisión por corrupción aparente… pero si lo que deseaban era mandar a Sergei Wormood a prisión ¿cuál era el plan posterior?

En medio de las conjeturas, Melody había dicho que probablemente Sasha encontró información que apuntaría a la inocencia de Sergei. De ser así, los motivos de su asesinato quedaban claros, y también los del Lic. Pumalez (seguramente, el abogado encontraría la misma información que Sasha después, y por eso había sido eliminado) pero aún si ese fuera el caso ¿no era muy riesgoso matar a dos involucrados en dicho caso, llamando más la atención?

Estaban seguros de que Sasha había sido asesinada en relación al caso Wormood, pero si fue eliminada por Mark ¿qué vela tenía en ese entierro el peligroso cocodrilo? Desde el caso Tigerwild no se había encontrado rastro alguno de Mark, era imposible saber dónde estaba y cuál sería su nuevo propósito. En cierta forma, Nick sospechaba que todo apuntaba a él, que conforme avanzara el caso la flecha llegaría a su destino: la escamosa piel del cocodrilo. Pero ¿de dónde partir?

No se frustraron porque estaban mucho más cerca de hallar la pista que antes, y todo gracias a Judy.

—Dale las gracias a Judy de nuestra parte—dijo Melody, a la hora de salir—Su carpeta nos ha ayudado mucho.

—Tu esposa es admirable—agregó John en un tono que no le gustó a Nick, pero él solo sonrió a sus compañeros diciendo que así lo haría.

Se subió a su auto y condujo a casa, en el camino, tuvo más tiempo de pensar en sus propias acciones. La noche anterior pudo perfectamente sentarse a leer con Judy toda esa carpeta y hacer un mejor trabajo de equipo, pero rechazó su ayuda ¿por qué lo hizo, aún después de que él le pidió su cooperación en ese caso? Dio mil vueltas en su mente hasta que la verdad se manifestó de esa forma dolorosa y poco agradable: tenía recelo hacia Judy.

Apenas lo supo se sintió horrorizado consigo mismo ¿cómo iba a tener recelo hacia su esposa, su compañera de vida, su mejor amiga? "Porque han pasado muchas cosas estas semanas que te dejaron herido" le respondió su mente, pero de buena gana se daría un golpe por tener esa clase de pensamientos. Era cierto que las heridas tardaban en sanar, pero Judy jamás quiso lastimarlo de manera directa. También había fastidio involucrado y sentimientos de duelo ¿quizá eran esos los que estaban tomando el control?

Aún no terminaba de sobrellevar la pérdida de la tía Emma, ese dolor estaba combinándose con el desgaste emocional que Judy le provocó en su periodo de depresión. Era un simple mecanismo de defensa: su mente le obligaba a ser receloso con todo aquello que pudiera causarle más daño, y siendo Judy una de las personas que más lo lastimó meses atrás, el recelo se trasladaba en ella.

No había dejado de amarla, de hecho, esa tarde al verla tan segura y metida en su papel se sintió feliz y orgulloso de ella. Pero una parte de él se negaba a dejar que las cosas se quedaran en el pasado. Lo peor era que la otra parte, esa que se mostraba más condescendiente, tampoco estaba segura de cómo reaccionar ¿había que pretender que nada sucedió y que eran la misma pareja de antes? ¿o debían hablarlo?

Se echó a reír ¡eso era el colmo! Las cosas estaban mucho mejor que antes y a pesar de eso seguía sintiéndose incómodo y suspicaz como si todos a su alrededor aún quisieran hacerle daño. Era, simple y sencillamente, un mecanismo de defensa emocional que el zorro se formó desde la juventud y que no se erradicaría quizá hasta la vejez. Pero Nick no pensaba con tanta psicología, para él las cosas eran más sencillas: estaba siendo cauto, sin saber aún si eso era necesario.

Finalmente llegó a casa, apagó el motor, saludó al vecino que regaba el jardín y, antes de entrar a casa, respiró profundamente. Sólo estaba seguro de una cosa: no quería hacer sentir mal a Judy por sus confusos pensamientos.

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"Por la muerte del Lic. Pumalez, abogado líder del comité que llevaría a cabo la defensa de Sergei Wormood, el despacho legal Lawrence & Abogados ha nombrado como nuevo defensor principal al reconocido abogado el Lic. Gonzalo Hiponez, quien espera poder dejar de lado la polémica causada por las dos pérdidas que ha tenido el despacho. Debido a estas pérdidas el caso de Sergei Wormood ha estado muy paralizado, recordemos que el antiguo Jefe de Gobierno de Plaza Sahara fue denunciado por corrupción y robo de las arcas públicas en una cantidad estimada de 1200 millones de dólares. Por otro lado, Roger Goldman, quien fuera nombrado Jefe Interino del Distrito Sahara en ausencia de Sergei Wormood, ha convocado a las elecciones extraordinarias por parte del padrón electoral de los Distritos 2 y 3, con el fin de elegir un nuevo Jefe de Gobierno. Roger Goldman incluso ha anunciado que él mismo se enlistará como candidato y que espera…"

Judy cambió el canal, ya había escuchado esas noticias varias veces, sintonizó una repetición de la anterior temporada de Juego de Territorios, necesitaba ponerse al corriente con esa adictiva serie. Llevaba diez minutos viendo por tercera vez la épica batalla entre los soldados de los Lionster y los Sully, cuando Nick llegó a casa.

El zorro entró con movimientos tranquilos, incluso cansados. Judy lo saludó desde la sala sonriendo, él se sentó a su lado y vieron el resto del capítulo de la serie en silencio.

—¿Les ayudó la carpeta?—preguntó Judy, cuando el capítulo se terminó.

—Mucho—bostezó antes de seguir hablando—De hecho quiero preguntarte unas cosas, pero ya es tarde ¿podemos dejarlo para mañana?

—Claro, mañana es sábado ¿verdad?

—¿Cómo es que puedes crear dos carpetas de investigación policiaca y no saber en qué día vives, zanahorias?

—Prioridades supongo—respondió juguetona.

El zorro le sonrió, al fin se sentía en casa.

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Centro de Gobierno del Distrito Sahara

Roger Goldman terminó de firmar los papeles que lo convertirían en candidato a Jefe de Gobierno del Distrito Sahara. Apenas la tinta terminó de dibujar su firma cuando los notarios sellaron el papel y lo guardaron en sus maletines, lo entregarían a primera hora en la Comisión Electoral. Se despidieron amenamente y Roger quedó a solas en la oficina, los minutos fueron pasando, los despachos se fueron vaciando, las luces de la ciudad se encendieron cuando llegó la noche y él vio el espectáculo a través de la ventana.

La paz se rompió cuando su teléfono empezó a sonar, por el sonido del tono supo inmediatamente quién era, así que respondió con tono hosco.

—¿Sí?

¿Firmaste aquello?

—Claro.

Muy bien, informaré al Jefe. Sigue reportándote.

—Desde luego que lo haré, no soy tonto.

Cuida tus palabras chaval.

—Disculpa, es el cansancio.

Vete a un spa o no sé qué hagan los políticos—respondió el interlocutor molesto—Recuerda, perfil bajo.

—Haré lo mejor que pueda.

El otro no respondió, sólo colgó. Roger dejó su teléfono de lado e intentó calmarse, si esas estúpidas hienas no hubieran matado a Pumalez las cosas no serían tan complicadas ¡el plan era solamente darle un susto! Bueno, ya que, su única esperanza era mantenerse muy apegado al plan. Ya era hora de que alguien lo hiciera.


Escena extra

Era una zorra muy bien vestida, tenía cincuenta años pero pasaba fácilmente por una de cuarenta, aún así, su carácter era insufrible. Rei llevaba con ella sólo diez minutos y sentía ganas de estrangularla, ahora comprendía porqué el esposo de esa zorra estaba tan callado y tenía cara de estreñido, seguro compartían el mismo sentimiento, pero aquél lo había acumulado ya por muchos años.

—Este es el segundo piso y la azotea está subiendo estas escaleras plegables—dijo Rei, esforzándose por sonreír.

—¿Tengo que bajar esas escaleras del techo?

"Pues sí, eso significa plegable" pensó Rei.

—Así es, de esa forma de ahorra espacio y…

—¡Tendría que estirarme mucho y me haría un desgarre!—¿enserio eso pensaba?—Mi esposo sería el único que subiría al ático entonces.

El aludido frunció el ceño aún más, si eso era posible.

—¿Qué? No me mires mal a mí, culpa al diseño tan retrógada de ésta casa.

—Como les iba diciendo—continuó Rei—Acá está la recámara principal y el otro cuarto.

—¡Espero que tenga un clóset más amplio!

Al ver a la zorra entrar a la recámara principal, Rei sintió ganas de cerrar la puerta y dejarla ahí encerrada, al voltear hacia el esposo, vio en sus ojerosos ojos la misma idea. Pero no, ese cuarto antes fue de la tía Emma, y no permitiría que esa señora tan horrible lo contaminara con su presencia más de cinco minutos.

—Lo lamento mucho, pero tengo que irme. Si gustan otro día les termino de mostrar la casa.

—Si así lo quieres—la zorra se volteó y bajó las escaleras, murmurando en voz alta para que escuchara—Que poco profesionalismo, de por sí la casa es horrible y ésta se pone en sus moños…

"¡Esta vez sí me la agarro!" pensó Rei, pero antes de poder hacer algo, el esposo de aquella zorra la detuvo sujetándole amablemente el brazo, con la mirada le suplicó que no dijera nada y le entregó un sobre en blanco.

—Gracias por su tiempo, señorita—dijo él, después bajó con su esposa y se la llevó afuera, las quejas de la señora se escucharon hasta que prendieron el auto y el sonido del motor se impuso a su voz.

Rei abrió el sobre que le dio el señor (¿cómo se llamaba? ¿McGwire? Sí, algo así) y encontró una nota: "Lamento el comportamiento de mi esposa. Gracias por su paciencia. Espero no molestarla de nuevo." Con la nota venía doblado un billete de cinco dólares.

¡Qué horror de matrimonio! Rei salió de la casa pensando en cuántos abogados de divorcio conocía, a fin de presentarle alguno. Subió al auto y ya con el motor encendido respiró un poco mejor. Vio la fachada de la casa con cariño, aún si esa loca señora hacía una oferta, nunca permitiría que viviera en tan hermoso lugar. no, la casa de su tía Emma debía tener a una buena familia a unos buenos animales viviendo bajo ese techo.

"Ya llegará un buen comprador" pensó, luego metió primera velocidad y condujo de regreso a casa, con su esposo que amaba, sus hijos que adoraba, y la dulce vida que a pesar de las desventuras seguía siendo hermosa.


¡Listo! ¿qué les ha parecido?

Primero pensé que Mary le diera una especie de sermón a Judy, pero cuando lo iba escribiendo de repente Mary colapsó y me gustó el resultado, pensé que sería más intenso para Judy y la haría recapacitar mejor. Nuestra conejita ya está mejorando mucho más ¿verdad? ahora me concentré más en las inseguridades de Nick, que debe tenerlas claro, pero no se preocupen que eso se explicará mejor en el siguiente episodio. Hay un personaje nuevo, Roger Goldman ¿qué les pareció? sé que aparece muy poco y que deja más preguntas que respuestas, pero no olviden su nombre, será importante. También préstenle atención a las escenas de los flashblacks porque por ahí verán a los hilos terminar de hilvanarse.

La escena extra de Rei mostrando la casa en venta me llegó de la nada y la escribí de jalón, me pareció dulce y la dejé como recordatorio de que la vida sigue aún fuera de Zootopia. Además, quisiera que Rei y su familia pudieran meterse un poco más a la trama después ¿ustedes qué opinan? ¿les ha gustado?

Mil gracias por leer, ojalá les haya gustado ¡nos vemos pronto!