¡YAHOI! Aquí os dejo el capítulo 2. Siento muchísimo la tardanza, sé que normalmente publico por las mañanas, pero hoy me ha sido imposible. Gracias a Dios he llegado a tiempo, porque aún es viernes xDDD.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.


Acto II

De cómo se reencontraron


―¿Y bien? ¿Te has decidido?―Hinata levantó la vista de su taza de café. Delante de ella, Temari Sabaku, su mejor amiga, la miraba con los brazos cruzados sobre el pecho y el ceño fruncido.

Las dos estaban disfrutando de una buena dosis de cafeína para recargar las fuerzas tras la extenuante mudanza. Hacía exactamente tres meses que Hinata había mandado al diablo a Kiba, su ex novio, tras encontrarlo poniéndole los cuernos con otra chica.

Aquello había servido para abrirle los ojos y para que, por fin, decidiera darle un vuelco a su vida. Había estado viviendo en casa de Temari durante aquellas largas semanas, mientras pensaba qué hacer con su vida. Había seguido trabajando para la empresa familiar, pero finalmente había conseguido convencer a su padre de que necesitaba un cambio. El hombre tan solo le había puesto como condición que aquello debía ser temporal y que, pasado un tiempo, cuando tuviera las cosas más claras, debería de retomar su puesto de trabajo y su posición como su digna heredera.

Pero, mientras tanto, necesitaría mantenerse con algo, así que Temari le había conseguido una entrevista con el director del instituto en el que ella había estudiado y al que aún asistía su hermano más pequeño. Sería la nueva profesora de química.

―Creo que me sentará bien. Siempre me gustaron los niños. ―Temari relajó la expresión y descruzó los brazos.

―Estoy orgullosa de ti, Hina. Al fin me haces caso en algo. ―Hinata soltó una risita, dando otro sorbo a su taza de café―. Siempre te dije que lo de Kiba era una mala idea.

―L-lo sé. Debería haberte hecho caso. ―Temari suspiró.

―Lo importante es que finalmente has sido capaz de empezar a vivir por ti misma. ―Hinata se mordió el labio inferior.

―Creo que solo tenía miedo ¿sabes? Siempre me habían dicho qué hacer, nunca había podido hacer nada sin la aprobación de otras personas. Y no podía seguir así. ―Temari sonrió.

―Y… ¿quién ha sido el artífice de tan brusco cambio?―Hinata parpadeó para acto seguido enrojecer.

―N-nadie. ―Temari amplió su sonrisa.

―Oh, vamos, nunca pude convencerte de que empezaras a vivir tu vida como a ti te diera la gana y de repente, hace tres meses, te plantas en la puerta de mi casa con una maleta. ―Hinata bajó la vista. Lo cierto es que no había podido olvidar aquella noche, aquella magnífica noche, tres meses antes, donde un rubio de ojos azules la había ayudado y había logrado que se sintiera bien consigo misma de nuevo.

A veces se sentía una total y absoluta pervertida. Es decir, aquel chico era menor que ella, tal vez ni llegaba a los dieciocho y lo había corrompido. Se sintió fatal por los siguientes días, como una asaltacunas, hasta que decidió que había sido algo perfecto y maravilloso cosa de una sola vez. Nunca más volvería a verlo y el único recuerdo que conservaba de Naruto eran las ropas con las que ahora dormía todas las noches.

Naruto… ¿Cómo estaría?

―Sólo… lo de Kiba me hizo darme cuenta de algunas cosas, nada más. ―Temari la dejó por imposible. Si no le había sacado nada en tres meses no lo haría ahora.

Se levantó de la banqueta con un suspiro y recogió su bolso, colgándoselo al hombro.

―Debo irme. Tengo que revisar unas cosas en el trabajo. Buena suerte mañana en tu primer día. ―Hinata la acompañó hasta la puerta y se despidió. En cuanto cerró miró para su nuevo apartamento y sonrió, regocijándose con la nueva vida que la esperaba.


Llegó temprano, como era su costumbre desde hacía tres meses. Saludó a alguno de sus compañeros de clase, los cuales aún les sorprendía verlo allí a esas horas, cuando antes era su costumbre llegar tarde. Pero no solo su actitud había mejorado, ya que aparte de llegar temprano ahora era respetuoso con los profesores e, incluso, se había aplicado en los estudios, subiendo considerablemente sus notas.

Algo que la gente todavía no se explicaba.

―¡Naruto!―Suspiró mientras se cambiaba los zapatos y cerraba el casillero.

―Sakura-chan, buenos días. ―La aludida, una bonita joven de extraño cabello rosa y ojos verde jade, frunció el ceño llegando junto a él.

―Esto me está dando escalofríos―sonrió―. Esta nueva actitud tuya, digo. ―Naruto se encogió de hombros, echando a andar hacia su clase.

―Ya era hora de que madurara ¿no? No podía seguir siendo un niño por siempre. ―Sakura se lo quedó mirando, boquiabierta.

―Estás raro. ―Naruto volvió a encogerse de hombros―. Da igual. Oye, quería decirte… han abierto una nueva heladería y me gustaría ir… ¿Por qué no vamos juntos? Hace tiempo que no salimos a ningún sitio tú, yo y… Sasuke-kun. ―Naruto detuvo sus pasos y se giró a mirarla. Sakura mantenía la vista baja, algo sonrojada. El chico la observó, detenidamente.

Desde que tenía uso de razón Sakura era la chica que le gustaba, de la que se había enamorado siendo apenas un chiquillo. Siempre había andado detrás de ella, halagándola, invitándola salir, pidiéndole que fuera su novia, haciendo lo inimaginable para llamar su atención. El problema era que Sakura estaba enamorada de Sasuke Uchiha, el mejor amigo de Naruto y, aunque este nunca había demostrado ni el más mínimo ápice de interés en la pelirrosa, esta aún no perdía la esperanza. Y en sus intentos por conquistar al Uchiha arrastraba con ella a Naruto. Por alguna razón este siempre rechazaba sus propuestas para quedar a solas, pero solía aceptar si era Naruto el que se lo pedía. Y Sakura siempre se había valido de los sentimientos que el rubio tenía por ella para intentar llegar a Sasuke.

Naruto no era idiota. Siempre había sabido que Sakura lo usaba para acercarse a Sasuke. Pero había estado tan estúpidamente cegado por el amor que le tenía que siempre había hecho oídos sordos a la voz de su conciencia.

Pero ahora era distinto. Había conocido a otra persona, una mujer de las de verdad, una chica que, a pesar de haber podido estar solo unas horas en su compañía, lo había mirado a él y solo a él. Y a pesar de lo que había sucedido entre ellos en ningún momento se había sentido utilizado. Se le había entregado, igual que él se había entregado a ella, en cuerpo y alma. Había sido una conexión tal que Naruto aún se estremecía de tan solo recordar sus roces, sus besos y sus caricias.

Sabía que lo más seguro era que no volviera a verla, tan solo le quedaba aquella pulsera plateada que ahora llevaba siempre prendida en la muñeca, adonde quiera que fuera. Pero aunque no volviera a ver a Hinata en su vida, ya no podía mirar a Sakura con los mismos ojos, no cuando Hinata, en unas pocas horas, le había enseñado lo que era sentirse realmente amado. Porque eso había sentido Naruto entre sus brazos: se había sentido amado por primera vez en años, aun si tan solo había sido cosa de una noche, ella lo había amado y por eso él no se arrepentía de haber tenido su primera vez con esa preciosa mujer cuyo rostro soñaba a todas horas.

Sakura ya no significaba lo mismo para él. Después de Hinata, ninguna chica lograba despertar nada en él. Antes de conocerla, y aún con sus sentimientos por Sakura, había alguna que otra que lograba llamar su atención, aunque solo fuera por el físico. Ahora ni eso.

Suspiró, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón. Sakura lo miraba, ansiosa por su respuesta. No creía que le dijera que no. Naruto nunca le decía que no.

―Lo siento―los ojos jades se abrieron, sorprendidos―, pero no puedo. Tengo que trabajar hoy―se excusó. Sakura frunció el ceño.

―Pero… tu turno no empieza hasta las-

―Pero antes quiero descansar y, además, en tres días tenemos el examen de matemáticas, necesito estudiar. Sabes que yo no soy como Sasuke y tú, me cuesta más retener las cosas. ―La mandíbula de Sakura se abrió y, si estuvieran en un anime, lo más probable era que se le hubiese caído hasta el suelo.

―Pe-pero…

―Lo siento, Sakura-chan. Otro día será. ―Se encogió de hombros por tercera vez y entró en el aula.

―¿Te pasa algo, frentona?―La voz de Ino Yamanaka, su mejor amiga y rival, la hizo darse la vuelta.

―Me ha rechazado… ―Ino alzó una ceja.

―¿Quién te ha rechazado?

―¡Naruto! ¡Me ha rechazado!―La rubia soltó una carcajada―. ¡Ino!

―Perdón, perdón, es solo que nunca creí que llegara este día. ―La Yamanaka se puso seria al ver el desconcierto y la molestia cruzar el rostro de Sakura―. No entiendo el problema, Sakura. A ti no te gusta Naruto, te gusta Sasuke-kun. Siempre te andabas quejando de lo molesto que era tenerlo rondando siempre a tu alrededor, pidiéndote citas y proclamando lo mucho que te quería.

―Ya lo sé, pero… ―Sakura se mordisqueó el labio inferior. Respiró hondo y se puso recta―. No ¿sabes qué? Tienes razón, Ino, es mejor así. Al fin se ha dado cuenta de que no tiene nada que hacer.

―Ya… ―Ino la miró de reojo mientras las dos entraban en su clase―. No te pongas en plan caprichoso, Sakura, puede que Naruto sea un idiota y un cabeza hueca, pero es un buen chico. Déjalo avanzar. ―La pelirrosa iba a protestar por las palabras de su amiga cuando el profesor entró en el aula.

Rápidamente todos los alumnos se posicionaron tras sus asientos e hicieron una reverencia a modo de saludo. El maestro les indicó que ya podían sentarse y luego carraspeó.

Mientras daba los avisos del día, Sakura miró a Naruto, cuyo asiento estaba justo a su lado. Parecía distraído mientras escuchaban lo que el tutor tenía para decirles. Suspiró, sintiendo de nuevo la molestia. Naruto siempre había gustado de ella, nunca había mirado más de dos veces a otra chica, y Sakura ya venía sospechando que había empezado a perder el interés en ella. Al principio no se había percatado porque ella apenas le prestaba atención, pero en cuanto vio drásticamente reducidas las atenciones que él solía darle la alarma se prendió en su cabeza.

Sin Naruto no tenía forma de acercarse a Sasuke. El Uchiha nunca se había fijado en ella, y el rubio era el único medio que tenía de poder cruzar más de dos palabras con él. Por alguna razón, Sasuke nunca le hacía desplantes a Naruto ni lo trataba con la misma frialdad que al resto de sus compañeros. Sakura ni siquiera entendía por qué eran mejores amigos, si eran como la noche y el día.

Naruto era alegría pura, amable y siempre sonriente, divertido. Sasuke era frío como el hielo, cortante y mordaz, y la única ocasión en que Sakura lo vio sonreír (o al menos eso creía) fue por causa de una de las tantas bromas de Naruto.

―Prestad atención, por favor. ―La voz del profesor la trajo de vuelta de sus pensamientos. Había hablado con un tono un poco más alto, para llamar la atención de los que parecían estar distraídos―. Todos aquí sabéis que Yamamoto-sensei ha tenido que prejubilarse antes de tiempo por problemas de salud―se oyeron algunos murmullos―debido a ello, a partir de hoy tendréis una nueva profesora que se encargará de la asignatura de química. ―Todos los estudiantes masculinos parecieron de pronto interesados. Sakura rodó los ojos. Hombres, nunca cambiarían―. Por favor, espero que os comportéis y la tratéis bien. ―El maestro se asomó fuera unos segundos para indicarle a alguien que podía pasar.

Cuando volvió a entrar, a prácticamente todos los chicos empezó a caerles la baba: la nueva profesora era una preciosidad. Tenía una figura pequeña pero llena de curvas en los lugares exactos, unos senos grandes, ojos perlados llenos de calidez, tez pálida en contraste con una brillante melena negra con reflejos azulados y una sonrisa extremadamente hermosa.

Las exclamaciones ahogadas no se hicieron esperar, así como los susurros y los cuchicheos. Con aprensión, los ojos verdes de Sakura se dirigieron hacia el asiento de Sasuke. Comprobó aliviada que él no se había inmutado por la aparición de la nueva profesora. Entonces su mirada, casi sin quererlo, se desvió a Naruto, y sintió un pinchazo en el corazón al verlo con la mirada totalmente fija en la nueva maestra.

Naruto había prestado poca o nada de atención a los anuncios del profesor. Pero cuando mencionó a la nueva profesora se mostró interesado. A él le gustaba la química. Nunca antes lo hubiera dicho porque apenas prestaba atención a las clases, pero en cuanto se le dio por tomarse en serio sus estudios descubrió que dicha asignatura era apasionante y, además, la mar de divertida. Le encantaba hacer experimentos y combinar las distintas sustancias para ver las distintas reacciones que podía provocar.

Claro que nunca hubiese pensado que la nueva profesora fuera, precisamente, ella.

Hinata. Hinata se encontraba allí, ante él, con su preciosa sonrisa y su cuerpo de infarto. El corazón comenzó a latirle con violencia en cuanto sus ojos blancos se pasearon por toda la clase, abriéndose con sorpresa en cuanto reparó en él. Naruto pudo notar su nerviosismo. Lo había reconocido, se acordaba de él. ¡Hinata no lo había olvidado! Se sintió eufórico ante ese pensamiento y todo el malestar que Sakura lo había hecho sentir se esfumó de golpe.

―Mi nombre es Hinata Hyūga. ―Hizo una reverencia algo brusca. El corazón le iba a mil por hora. Hacía apenas unas horas estaba convencidísima de que no iba a volver a Naruto nunca más en su vida y ahora de repente lo tenía allí, frente a ella, como uno más de sus estudiantes―. Encantada de conoceros. Espero que nos llevemos bien. ―Sonrió nerviosamente, intentando por todos los medios no mirar a ese adolescente rubio cuyos ojos azules como el cielo la hacían temblar.

Afortunadamente no tuvo que lidiar con él a solas ese día, ni tampoco los siguientes.

Hinata siempre había sido buena esquivando los encuentros incómodos, por mucho que fuese uno que deseara con todas sus fuerzas que pasara.


Un mes. Un jodido mes había pasado desde que Hinata era su nueva profesora de química. Un mes desde que había intentado por todos los medios acercársele, queriendo quedar a solas con ella. Pero la mujer siempre lograba huirle.

Lanzó el trapo contra la ventana y empezó a frotar el cristal furiosamente, con el ceño fruncido y los dientes apretados.

Sintió dolor en la cabeza y se volvió, sobándose el chichón y fulminando a su mejor amigo con la mirada.

―¡¿Se puede saber qué haces, teme?!

―Hmp. Estás en la luna. Espabila. No quiero tardar más de lo necesario. ―Naruto masculló algo ininteligible y siguió limpiando la ventana. Ese día a él y a Sasuke les tocaba quedarse a limpiar.

El Uchiha volvió a su tarea de barrer el suelo. De reojo, miró a su mejor amigo. Naruto estaba raro, mucho, sobre todo desde que esa nueva profesora, Hyūga-sensei, había llegado para sustituir al antiguo maestro de química. Sasuke intuía que la actitud tan extraña del rubio tenía que ver en parte con esa mujer. Suspiró.

―¿Sabes?

―¿Qué?

―He oído que la profesora nueva necesita un ayudante―comentó, como quién no quiere la cosa. Inmediatamente, Naruto dejó de frotar el cristal de la ventana y puso la oreja a lo que Sasuke le estaba diciendo, súbitamente interesado―. El otro día la vi hablando con Kakashi-sensei. Es la única maestra de química del instituto y no da abasto con tanto papeleo. ―Naruto se giró. Tenía una expresión de suma concentración.

―¿Por qué me lo dices?―preguntó. Sasuke se encogió de hombros.

―Creí que te interesaría. Ya sabes, con eso de que ahora te has vuelto aplicado y demás. Quizás no te vengan mal unos puntos extra. ―En parte Sasuke tenía razón. Que ahora hubiese decidido ponerse a estudiar en serio no borraba su desastroso expediente de los dos años anteriores. Esos puntos extra le vendrían extremadamente bien para subir la media y, también, para su futuro currículum.

Aunque… él tenía otros planes al respecto de ese puesto. Si lo conseguía, al fin tendría la excusa perfecta para acercarse a Hinata, para pasar tiempo con ella y hablarle. Ella ya no podría esquivarlo, tendría que tratar con él quisiera o no.

Una lenta y amplia sonrisa se extendió por su rostro.

―A veces tienes buenas ideas, teme.

―Hmp. Yo siempre tengo buenas ideas, dobe. ―Sasuke esbozó una media sonrisa. El Uzumaki rio y lo palmeó en la espalda.

Mañana estaría allí a primera hora para entregar su solicitud. Ese puesto sería suyo, costase lo que costase.


Hinata estaba nerviosa, como cada mañana que ingresaba en el instituto. Siempre temía encontrarse a Naruto al volver una esquina solitaria, donde nadie los viese ni los escuchase.

Sacudió la cabeza, ahuyentando esos pensamientos. Estrechó con fuerza los libros que llevaba contra su pecho. Naruto solo era uno de sus alumnos, nada más. Independientemente de lo que hubiese ocurrido entre ellos meses atrás no cambiaba el hecho de que él ahora era su estudiante y ella su profesora. No pasaría nada porque no podía pasar nada.

Giró para dirigirse al laboratorio de química, para preparar así las clases del día, cuando una figura parada al lado de la puerta hizo que todo su cuerpo se congelara. Antes de que él la viera, se escondió tras la pared del pasillo. ¿Qué hacía él allí? Ni que lo hubiera invocado con el pensamiento. Tal vez tendría alguna duda… pero para eso estaban los horarios de tutoría o los descansos… tal vez se hubiese olvidado algo… pero podría esperar a la hora de química para recuperarlo… tal vez…

―¿Hyūga-sensei?―Pegó un chillido y un salto del susto, y todos los libros que llevaba en las manos se cayeron al suelo. Temblando como una hoja, se agachó para recogerlos a toda prisa. Reprimiendo una sonrisa, Naruto se agachó frente a ella y la ayudó.

―¿Qu-querías algo, Uzumaki-kun?―preguntó Hinata, incorporándose, evitando a toda costa mirarlo a la cara directamente. Naruto sintió una ligera decepción, pero enseguida la hizo a un lado y sonrió ampliamente. Sacó un papel doblado en cuatro del bolsillo del pantalón, lo desdobló y se lo tendió.

―Soy su nuevo ayudante, sensei. ―Hinata quedó estática. Miró para Naruto, luego para el papel, a Naruto otra vez y de nuevo al papel, incrédula ante lo que él acababa de decirle.

Que alguien le dijera que era una broma, por el amor de Dios. ¿Por qué, de entre los cientos de alumnos, había sido precisamente él el escogido?

Se aclaró la garganta intentando recuperar la compostura y tomó el papel, con dedos temblorosos. Lo leyó, comprobando así que lo que él decía era cierto.

―B-bien. ―Le devolvió el papel y él volvió a sonreír―. E-entonces… sígueme. ―Casi corriendo se dirigió hacia el laboratorio de química. Algunos profesores y los estudiantes más madrugadores los saludaron. Entraron en el aula y Hinata dejó la puerta abierta, tan solo por precaución. Si era consciente de que alguien podía verlos no haría nada comprometido. Y esperaba que Naruto tampoco.

Entre tartamudeos nerviosos, le explicó las tareas y deberes que tendría que llevar a cabo como su ayudante. Naruto la escuchó atentamente y con seriedad y a Hinata le alivió saber que él parecía tomarse aquel puesto como algo en verdad importante y que no lo había solicitado solamente como excusa para acercarse a ella.

Los siguientes días fueron tranquilos. Poco a poco Hinata se fue relajando en presencia del Uzumaki, al este no hacer ningún movimiento sospechoso ni tampoco el hacer amago de iniciar una conversación que sería por demás incómoda para ambos.

Lo que Hinata no sabía era que Naruto llevaba todos esos días mirándola de reojo, suspirando por ella, soñándola en las noches como llevaba haciéndolo los últimos cuatro meses y buscando la mejor forma de acercarse a ella sin que le rehuyera.

Porque no podía llegar simplemente y decirle "Hinata, desde aquella única vez que estuvimos juntos me traes loco, me muero por volver a tenerte y sé que tú sientes lo mismo por mí. Hagámoslo".

No, no podía decirle eso.

Apretó los dientes al verla subida en una silla, intentando colocar uno de los botes de muestras en la parte de arriba de una estantería. Su perfecto culo se marcaba en la falda larga que llevaba puesta, a través de la tela. Ese era otro problema: Hinata era preciosa, condenadamente atractiva y demasiado sexy. No era el único que se quedaba embobado en mitad de las clases, observándola. Todos sus amigos y compañeros masculinos la miraban con ojos cargados de deseo y lujuria. Aquello le hacía hervir la sangre. Nunca se había considerado un chico celoso, sí que había sentido envidia en ciertas ocasiones de Sasuke, cuando Sakura centraba toda su atención en el Uchiha y a él lo ignoraba, pero nunca esas ganas de coger y partirle la cara a su mejor amigo por robarle la atención de la chica que le gustaba.

Salió de sus pensamientos al escuchar un pequeño grito. Como en cámara lenta, vio como el cuerpo de Hinata se precipitaba al suelo sin que nada lo evitara. Haciendo gala de unos estupendos reflejos consiguió llegar a su altura y atraparla antes de que se estampara y se llevara un buen golpe. Por la inercia de la caída él perdió el equilibrio y se fue hacia atrás, dándose contra el borde de una de las mesas. Retuvo el gemido de dolor que quiso escapar de su garganta y se concentró en la maravillosa sensación de sentir aquel magnífico cuerpo femenino entre sus brazos.

Aún apoyado contra la mesa cerró los ojos y hundió la nariz en la sedosa melena negro azabache, mientras sus manos afianzaban el agarre sobre el vientre de la mujer.

―U-Uzumaki-kun… ―Hinata estaba más que nerviosa: aterrada. No porque creyera que Naruto fuese a hacerle daño, sino asustada de sus propias sensaciones y sentimientos. El corazón le latía violentamente en el interior de su pecho y las manos masculinas se sentían tremendamente cálidas.

―Anhelaba tocarte… ―Aquella confesión la hizo enrojecer a niveles insospechados.

―¡U-Uzumaki-kun!―Se debatió para intentar soltarse―. ¡E-es suficiente!

―No―gruñó Naruto, apretándola aún más fuerte y mirándola ahora directamente a los ojos―. Llevo todo el maldito mes intentando acercarme a ti ¿sabes lo que tuve que hacer para que Kakashi-sensei me diera el puesto como tu ayudante? Pensé que no te volvería a ver nunca más y… Dios… ―Alzó una mano y le acarició la mejilla con infinita ternura. Hinata estaba paralizada, con la respiración agitada y adorablemente sonrojada.

―Naruto-kun… ―Su nombre escapó de sus labios y ¡oh, qué bien sonaba! No aguantó más y la besó, sujetándola del rostro con una mano y de la cintura con la otra. Hinata lo dejó y le correspondió de la misma manera apasionada. Cuando se separaron se quedaron mirando un buen rato el uno al otro. De reojo Hinata distinguió un destello plateado. Con delicadeza, agarró la mano de él y se la apartó, observando la fina cadena de plata que tintineaba en su muñeca―. Tú… la conservaste… ―Naruto sonrió, entrelazando sus dedos con los suyos.

―Es lo único que me dejaste, aparte de los recuerdos. ―Hinata enrojeció.

El sonido de unas risas en el pasillo interrumpió el momento. Alarmada, Hinata se apartó de él hasta quedar apoyada contra las estanterías. Naruto maldijo. Intentó volver a acercarse a ella pero Hinata no se lo permitió.

―No está bien―dijo ella―. Esto no está bien. No debemos… soy tu profesora…

―¡No me importa'dattebayo!―le gritó―. He soñado contigo cada noche de los últimos cuatro meses, no sé qué me hiciste aquel día, Hinata, pero me tocaste hondo. Gracias a ti he conseguido volverme una mejor persona. ―Hinata negó con la cabeza. No se dejaría convencer. No era correcto. No podían.

―Soy mayor que tú, e-eres aún un niño…

―¿Ese es el problema? ¿Mi edad? ¿Después de lo que hicimos?

―¡Eres menor de edad!―gritó Hinata. Naruto hizo una mueca; aun así no desistió: volvió a acercarse a ella, acorralándola esta vez contra la estantería que tenía detrás, haciendo que su espalda chocase con la misma.

―No pareció importarte mucho la última vez… mi primera vez, Hi-na-ta. ―La besó de nuevo sin darle tiempo a replicar, metiendo la lengua en su boca, saboreándola tal y como había deseado desde que la había vuelto a ver.

Cuando se separaron ella lo miraba, entre aturdida, ansiosa por más besos y sumamente nerviosa. Naruto suspiró y se apartó de ella, dejándola libre y con el corazón latiéndole a mil por hora.

―Naruto-kun… ―Se le escapó a Hinata. Le dolía verlo tan abatido. Ella también lo había soñado todas las noches desde el día en que se conocieron. Deseaba estar con él. ¿Acaso sería tan malo dejarse llevar? Una vez más, se dijo, tan solo una vez más.

Se acercó a él con decisión, lo tomó de la corbata del uniforme y tiró hacia abajo haciendo que sus labios se encontraran. Sorprendido, Naruto tardó unos segundos en reaccionar, pero cuando lo hizo le correspondió de forma feroz. La empujó hasta tenerla de nuevo a su merced contra las estanterías. Sus manos recorrieron sus muslos y sus caderas con ardiente deseo, mientras Hinata colaba las suyas por debajo del jersey y de la camisa, acariciándolo con el mismo ímpetu.

―Hinata… ―gimió él enterrando el rostro en su cuello y aspirando su aroma―. Me estás volviendo loco.

―L-la puerta…. ―Acertó a decir ella, perdida en las sensaciones que estaba experimentando. Antes de que ella decidiera arrepentirse, Naruto corrió a cerrar la puerta del laboratorio e incluso echó la llave, solo por si acaso.

Regresó junto a Hinata, besándola de nuevo. La obligó a darse la vuelta y mordió su cuello, haciendo que la mujer soltara un gritito que lo encendió todavía más. Metió una de sus manos bajo su blusa, levantando el sostén para estrujar uno de sus turgentes pechos, y coló la otra por debajo de la falda, subiéndola, introduciéndose en el elástico de las bragas para poder así acariciar su intimidad.

―Me encantas… ―Encontró su punto más sensible y empezó a trazar círculos en el mismo. Hinata gimió y empezó a moverse, rozando sus glúteos contra la erección del chico. Naruto cerró los ojos, besando su cuello, masajeando y torturando el pezón ya más que duro. Introdujo un dedo en la cálida humedad y gimió al sentir lo mojada que estaba.

―Naruto-kun… sigue… sí… sigue… ―Hinata sintió que no iba a aguantar mucho más. En cuestión de segundos todo su centro explotó, enviando oleadas de placer por todo su cuerpo. Sin darle tiempo a recuperarse, Naruto consiguió hacerse con el condón que llevaba en el bolsillo trasero del pantalón, se lo puso entre los dientes, se desabrochó los pantalones bajándolos junto con los calzoncillos y rasgó el paquetito. Siguió presionando su cuerpo contra el femenino mientras manipulaba la funda y se la colocaba, no quería que ella tuviera oportunidad de escapar.

La última vez no se habían cuidado, habían sido unos imprudentes, pero a partir de ahora harían las cosas bien, como Dios manda. Porque esa, juró Naruto, no sería la última vez que le hiciera el amor a su profesora.

Le bajó las bragas con una mano al tiempo que le subía la falda con la otra; le enrolló la molesta tela en las caderas y guio su endurecido miembro a su entrada. Se estremeció cuando la punta rozó la humedad y la suavidad del sexo femenino y, sin poder aguantar un minuto más, se hundió en ella de un solo empuje, hasta el fondo. Gimió. Aquello era la gloria.

―¡Oh, Dios mío! ¡Estás tan apretada, Hinata! ¡Mierda!―Empezó un vaivén frenético. Hinata chilló, arañando la madera de las estanterías que tenía delante.

―¡Sí, sí, sí! ¡N-no pares, Naruto-kun! ¡Naruto-kun!

―Hinata… ―Por segunda vez, Hinata sintió el orgasmo golpearla. Naruto notó las paredes internas de ella apretarlo y, con un último y profundo embiste, él también alcanzó el clímax, echando la cabeza hacia atrás con un sonoro gemido.

Ninguno quiso moverse, no hasta que las respiraciones se normalizaron y los latidos se calmaron. Con gran pesar, Naruto salió de ella, se quitó el preservativo y lo lanzó a la papelera.

Luego se giró a mirarla una vez más, quedándose embelesado por su rostro preciosamente sonrojado y bañado en sudor. La abrazó contra él, depositando un suave beso en sus labios, otro en su mejilla y otro en su hombro. Hinata cerró los ojos y se dejó mimar. Sintió como Naruto le volvía a colocar la ropa en su lugar y sintió su corazón rebosar ternura.

―Naruto-kun―suspiró. Cuando abrió los ojos vio los orbes azulados del Uzmaki fijos en ella.

―No pienses que me voy a conformar con una sola vez. ―La besó―. No me importa que seas mayor que yo, que seas mi profesora o que los demás no lo vean con buenos ojos. Yo quiero estar contigo. Además―Hinata lo miró―, en unas semanas cumplo los dieciocho. Ya es un obstáculo menos ¿no?―Una pequeña sonrisa adornó la faz de la peliazul.

Se dejó caer contra el cuerpo de su estudiante. Naruto le susurró palabras tiernas al oído mientras no dejaba de acariciarla.

Si podía sentirse así de bien siempre entre sus brazos ella tampoco se conformaría con solo una vez.

Fin Acto II


Bueno, pues na, ya sabemos cómo se volvieron a cruzar sus caminos xD. Espero sinceramente que os guste. Perdonadme si no os cuento nada más, ando baja de ánimos...

¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí.

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.

P.D.: juro que mañana contesto reviews, ahora mismo no tengo ganas ningunas. Estoy cansada y muy jodida. Espero estar mejor tras una noche de sueño reparador. De todas maneras, gracias a todos, de verdad.