¡YAHOI! Pues aquí vengo con el capítulo tres. Me encanta ver que os está gustando esta historia, al menos a la mayoría xD. Espero sinceramente que este capítulo también os guste.
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
Acto III
De cómo fue su relación
Gruñó con molestia. Estaban en la hora de química. Hinata se encontraba delante de su escritorio, explicando algo a la clase. Llevaba puestas unas gafas protectoras que la hacían ver tremendamente sexy y, para más inri, cada vez que se inclinaba sobre la mesa la blusa que vestía ese día se abría ligeramente, dejando entrever el canalillo de sus pechos y, por ende, haciendo que todos los estudiantes hombres de su sección atendieran más a sus preciosos senos que a su voz.
Apretó con tanta fuerza uno de los tubos de ensayo que este se partió. Soltó una maldición mientras veía el leve arañazo que el cristal le había hecho en la palma de la mano.
―¡Naruto!―Sakura, su compañera de equipo en química junto con Sasuke, le cogió la mano para examinársela.
―No ha sido nada―dijo él, soltándose bruscamente del agarre de la chica. Recogió los trocitos del tubo y los tiró en la papelera. Sintió los ojos preocupados de Hinata en su espalda y aquello lo tranquilizó.
No tenía nada que temer. Ella era suya, estaba con él y solo con él. No tenía por qué sentir celos de los demás.
Durante lo que quedó de hora decidió concentrarse en el experimento que les había tocado realizar. Cuando el timbre sonó anunciando el final de la hora de química al fin pudo respirar tranquilo.
Recogieron todo y, entre charlas y risas, los alumnos fueron abandonando el laboratorio. Sakura y Sasuke lo esperaban en la puerta.
―Uzumaki-kun. ―Su corazón se aceleró al escuchar esa voz llamarlo―. ¿Podrías ayudarme a terminar de recoger, por favor?―Automáticamente una radiante sonrisa se apoderó de su rostro y se giró a mirarla.
―Claro, Hyūga-sensei.
―Pero sólo tenemos una hora para co-
―Te esperamos donde siempre. ―Cortó Sasuke a su compañera. Sakura le lanzó una hosca mirada pero se dejó guiar. No todos los días Sasuke la agarraba del brazo.
Cuando quedaron solos Hinata le sonrió y él hizo lo mismo. Asegurándose de que no había moros en la costa cerró la puerta del laboratorio y echó la llave, como era costumbre ya desde hacía varias semanas.
No perdió tiempo y se acercó a Hinata, atrapando sus labios en un beso demandante. Hinata sonrió contra su boca, poniéndose de puntillas y aferrándose a la camisa del rubio, correspondiendo con el mismo ímpetu a la caricia.
―No podré aguantar hasta final de curso―gruñó él.
―Solo quedan unos meses…
―Demasiados. ¿Tienes idea de cómo te miran todos?
―Lo mismo podría decir de ti. Tu amiga te mira mucho. ―Naruto bufó, estrechándola contra él.
―No tengo nada con Sakura-chan. Solo es una amiga. ―Hinata soltó una risita y volvió a besarlo.
―Lo sé. ―Se besaron un par de veces más antes de que realmente empezaran a recoger el laboratorio. Cuando quedó todo en su sitio se besaron una última vez, antes de despedirse―. Naruto-kun―él se giró cuando ya estaba a punto de salir del aula―, ya va a ser tu cumpleaños… ―Una amplia sonrisa inundó el rostro del adolescente.
―Así es. Ya tendré dieciocho. ―Hinata se retorció las manos.
―¿Te… t-te gustaría que lo celebráramos?
―¡¿Estás de coña?! ¡Claro que sí, Hina!―La abrazó. La joven mujer rio por su entusiasmo.
―Prepararé algo, entonces. ―Naruto la soltó, sonriéndole, sabiendo que esa frase implicaba que ella pasaría la noche con él, en su pequeño apartamento. No lo hacían muy a menudo por el temor a ser descubiertos, por eso cuando Hinata se lo proponía él nunca dudaba en decirle que sí.
Salió del laboratorio de química silbando, más que feliz. Por primera vez en años sentía que las cosas le estaban yendo bien: tenía un trabajo a medio tiempo, amigos que lo querían, sacaba buenas notas y, lo más importante, tenía a Hinata.
―¡Hola, teme, Sakura-chan!―Se acercó a ellos en el rincón del patio al que siempre iban a comer cuando hacía buen tiempo. Se sentó frente a ellos y abrió su almuerzo.
―Estás muy alegre hoy―comentó Sakura. Naruto se llevó una salchicha a la boca y sonrió.
―Será porque dentro de nada es mi cumpleaños. ―Sakura lo miró largamente. Últimamente Naruto no parecía el mismo. Aparte del cambio tan brusco que había dado respecto a los estudios y su comportamiento, parecía desprender un aura de tranquilidad adonde quiera que fuese. Parecía más… feliz.
―Y… ¿vas a celebrarlo?―Se encogió de hombros.
―Aún no lo sé. ―Lo cierto era que no, no pensaba celebrarlo con sus amigos ese año. Tenía un plan mucho mejor, uno que involucraba a una preciosa chica de ojos perla. Ya tenía todo armado perfectamente en su cabeza: cenarían algo en su apartamento, luego se acurrucarían a ver películas en la televisión y después…
―Vamos, no todos los días se cumplen dieciocho―dijo Sakura, alegre. Naruto suspiró.
―Lo sé, lo sé, pero es que ando atareado, ya lo sabes y no sé si…
―¿No puedes pedirle a tu jefe ni un día libre?―Naruto miró para Sakura por encima de sus palillos. Estaba empezando a extrañarle la insistencia de su amiga.
―Te recuerdo, Sakura-chan, que yo vivo solo y que me mantengo solo. No puedo perder ni un día de paga. ―Antes sus palabras Sakura bajó la cabeza, incómoda y apenada.
―Lo siento, yo no pretendía…
―No pasa nada―zanjó Naruto el asunto. Sakura se mordió el labio inferior, apretando su caja de almuerzo sobre las rodillas. A su lado, Sasuke la penetró con la mirada―. Tengo que ir a hablar con el profesor de lengua un momento―dijo Naruto de pronto―. Necesito preguntarle sobre los ejercicios que hicimos ayer. ―Sasuke asintió.
―Nos vemos luego―dijo el Uchiha. Naruto se puso en pie y asintió, desapareciendo en el interior del edificio principal del instituto. Solo entonces, Sasuke obligó a Sakura a levantar la mirada y a encararlo―. ¿Y bien?
―¿Q-qué?―Sasuke resopló.
―No te hagas la tonta. ―Los ojos verdes de Sakura reflejaron molestia.
―¡Está muy raro! ¡Ya lo has visto!―Sasuke la soltó y suspiró.
―Está feliz, Sakura. Déjale.
―¡No puedo! ¡Le pasa algo, lo sé!
―No le pasa nada―soltó Sasuke, en tono cansado. No era la primera vez que mantenían esa discusión―. Lo único que pasa es que te ofende que de repente haya dejado de prestarte atención y de perseguirte. ―Sakura abrió los ojos como platos.
―¡E-eso no es-
―Sí que lo es―la interrumpió el moreno―. Te jode el tan solo pensar que Naruto haya podido enamorarse de alguien más, te jode el ya no ser el centro de su mundo. ―Sakura desvió la vista a un lado.
―Solo me preocupo por él. Es mi amigo―susurró. Sasuke negó.
―No es así, o al menos no del todo. Y lo sabes. ―Sakura frunció el ceño, ignorando la vocecita de su conciencia que le decía que Sasuke estaba en lo cierto.
Le molestaba que Naruto ya no le dijera que la quería, que ya no la halagara ni le dijera lo guapa que estaba todos los días. Porque sus palabras eran lo único que menguaba el dolor del rechazo constante de Sasuke.
―Y… listo. ―Terminó de atar la bolsa de la basura y la depositó fuera, al lado de la puerta, para bajarla luego. Luego se giró a mirar su apartamento y asintió con una sonrisa, satisfecho: se había pasado toda la mañana limpiando. Aquella noche Hinata iría a verlo y no podía tener la casa hecha un desastre. Así que había madrugado (cuando odiaba madrugar incluso más que tener que esperar los tres minutos de rigor a que estuviera listo su adorado y preciado ramen) y se había puesto manos a la obra.
Ahora, el suelo relucía de lo brillante que estaba, no había nadita tirado y todo estaba en su sitio.
Consultó el reloj del móvil y vio que le daba tiempo de sobra a cambiarse y a dirigirse a su trabajo. No le había mentido a Sakura: ese día sí que trabajaba, pero había pedido a su jefe un cambio de turno y, en vez de ir al de la noche correspondiente a las cenas, como normalmente hacía, iría al del mediodía, al de las comidas. Posiblemente su bolsillo se vería reducido un tanto ese mes, dado que se recibían más propinas en el último turno que en el primero, pero por ver a Hinata el día de su cumpleaños, lo que fuera.
Así que se dirigió a su habitación, se puso el uniforme del restaurante y allá que se fue, derechito a currar.
El señor Akimichi, el dueño del restaurante y chef principal, lo recibió con un caluroso saludo. Naruto le sonrió en respuesta y se puso a preparar las mesas junto con el resto de sus compañeros.
―Veo que estás bien. ―Se giró y sonrió al ver a Chōji, el hijo de su jefe y uno de sus amigos.
―¡Hola, Chōji!―Saludó sin dejar de moverse de un lado a otro. Chōji lo siguió con la mirada.
―Vaya, y yo que pensé que te pasaba algo raro y resulta que solo estás feliz. ―Naruto frunció el ceño.
―¿De qué hablas'dattebayo?
―Escuché a Sakura hablando con Ino el otro día, decían que te pasaba algo raro. Y hoy papá me dijo que le habías pedido un cambio de turno, cosa que nos extrañó sobremanera, porque siempre pides trabajar por las noches…
―Te estás pareciendo cada vez más a Shikamaru―gruñó Naruto; aunque lejos de sonar molesto una leve sonrisa oscilaba en sus labios. Chōji rio.
―Al menos, si me dices que no pasa nada, me quedo más tranquilo.
―No pasa nada. Cómo bien dices, solo estoy contento'dattebayo. ―Chōji asintió. Luego metió la mano en el bolsillo y sacó un paquetito cuidadosamente envuelto. Se lo tendió y Naruto se lo quedó mirando, algo confuso.
―Feliz cumpleaños. ―Se emocionó. No pudo evitarlo.
―¡Gracias, Chōji!―Lo tomó y lo guardó en el bolsillo del pantalón, para abrirlo luego.
―¿Has visto a papá?
―En la parte de atrás. Oh, y gracias.
―No hay de qué. ―Ambos amigos se despidieron y Naruto continuó con su cometido, más contento que antes.
Nada podría empañar su felicidad ese día.
Absolutamente nada.
Llegó corriendo a casa. Tenía exactamente media hora para ducharse y arreglarse, antes de que Hinata llegara. Si no hubiese sido por el maldito crío que vomitó varias veces poniéndolo todo perdido habría salido antes y llegado antes. Pero él y los demás tuvieron que quedarse tiempo extra a limpiar el estropicio.
Sacudió la cabeza mientras se descalzaba a toda prisa. Se metió a trompicones en el baño al tiempo que se iba desprendiendo de la ropa, dejándola tirada de cualquier manera y, sin siquiera calibrar el agua caliente, se metió bajo el chorro de la ducha. Un escalofrío lo recorrió al recibir el agua fría sobre su piel. Manipuló la llave hasta que al fin consiguió entibiarla y solo entonces se relajó. Se lavó el cabello y se enjabonó en tiempo récord. Se secó en menos que canta un gallo y, con una toalla enrollada en su cintura, salió del cuarto de baño, recogiendo de paso la ropa que había dejado tirada minutos antes de cualquier manera.
Una vez en su cuarto se metió de cabeza en el armario, buscando algo que lo hiciera ver guapo, sexy e irresistible. Y elegante.
Para su desgracia tan solo tenía vaqueros, bermudas, camisetas y su inseparable cazadora naranja. Así que escogió una de las últimas camisetas que había comprado y que aún no se veía desteñida y unos vaqueros oscuros. Incluso se peinó su rebelde pelo rubio y se echó colonia.
Estaba taponando de nuevo el bote del perfume cuando el timbre sonó. Con el corazón acelerado, echó a correr por la casa hasta la entrada. Respiró hondo para tranquilizarse y abrió, con una enorme sonrisa preparada.
―¡Bienvenida, Hi- ―Su voz murió y su cuerpo se paralizó. La que estaba ahí de pie no era su preciosa y tierna novia, sino que la que se encontraba en el umbral de su apartamento era nada y nada menos que… ―. Sakura-chan… ―La pelirrosa sonrió.
―¡Feliz cumpleaños!―felicitó, alegre, tendiéndole un paquete. Con el ceño fruncido, Naruto lo tomó.
―Gracias. ―Se lo puso bajo el brazo, pero no hizo amago de apartarse ni un milímetro de la puerta. La sonrisa de Sakura flaqueó.
―¿No me invitas a pasar?
―No. ―La respuesta le salió en automático, ni siquiera la pensó. Sakura lo miró, dolida, pero rápidamente se recompuso, volviendo a sonreír.
―Vamos, Naruto, es tu cumple. Me enteré por Chōji que hoy cambiabas el turno y… bueno… ¡ahora podemos salir a celebrarlo!―Naruto suspiró.
―Sakura-chan, lo cierto es que no me apetece ir a ningún sitio. No hoy. ―Sakura frunció el ceño y, por primera vez, detalló la vestimenta de su amigo.
―Vaya… te has… te has arreglado. Te sienta muy bien―halagó. Naruto quiso reír. Meses atrás aquellas palabras probablemente lo hubiesen hecho volverse loco de alegría, así como el que ella fuera a visitarlo a su humilde hogar. Pero ahora tan solo quería que Sakura se largara―. ¿Ibas… a algún sitio?
―No.
―Oh. Entonces… ―Naruto rodó los ojos. Si quería que Sakura lo dejara en paz tendría que decirle la verdad, una verdad a medias.
―Mira, Sakura-chan, muchas gracias por venir y todo eso, pero ahora… ahora no es un buen momento'ttebayo. Estoy esperando a alguien. ―Aquella revelación hizo que Sakura se quedase sin respiración.
―Ya veo. ―Se mordió el labio inferior―. ¿Es… una chica?―Naruto arqueó una ceja ante el tono amargo que Sakura había empleado.
―Sí. ―Sakura retrocedió un paso, como aterrorizada ante aquella posibilidad, como si esas palabras la hubieran abofeteado.
―Naruto…
―Adiós. ―Y Sakura vio ante sí lo que nunca creyó que sucedería: a Naruto cerrándole la puerta en las narices.
Quiso tirar la puerta abajo, entrar a zarandearlo y pedirle explicaciones. Y sus propios pensamientos la horrorizaron.
―¿Qué estoy haciendo?―Se cuestionó en voz alta. Ino tenía razón. Sasuke tenía razón. Se estaba volviendo una egoísta. Naruto tenía derecho a fijarse en alguien más, a intentar buscar en otra chica lo que ella siempre le había negado, quizás incluso a intentar encontrar el amor.
Con esos pensamientos en mente, giró sobre sus talones y se dirigió al ascensor, bajando hasta el piso 0.
Cuando salió del edificio de apartamentos se detuvo en la acera de enfrente a contemplarlo durante unos minutos, debatiéndose la razón y el corazón. Le dolía terriblemente que el chico que hasta hacía nada decía amarla ahora estuviera con otra, otra que no era ella.
Sacudió la cabeza. Estaba ya por darse la vuelta e irse cuando vio una figura femenina dirigirse hacia el edificio donde vivía Naruto. Aquella silueta le sonaba muchísimo, pero no lograba ubicar de dónde. Su instinto femenino la instó a seguirla. Ingresó tras ella de nuevo en el edificio de apartamentos y vio como tomaba el ascensor. Rápidamente se dirigió a las escaleras y comenzó a subirlas a toda velocidad. Algo le decía que esa era la chica misteriosa que había alejado a Naruto de ella.
Necesitaba saber cómo era. Quién era. Qué tenía de especial como para que hubiera logrado que el rubio se colgara por ella.
Llegó jadeante a la cima de las escaleras del cuarto piso y se escondió tras la esquina, amparada en la oscuridad que poco a poco iba tiñendo la noche. La luz del umbral de Naruto se iluminó cuando este abrió la puerta y Sakura vio, con el corazón encogido, cómo él la tiraba de ella para abrazarla al tiempo que la besaba.
―Feliz cumpleaños, Naruto-kun―dijo una dulce voz.
―Gracias, Hina. ―Durante unos instantes la luz procedente del interior de la vivienda iluminó el rostro de la desconocida, y la mandíbula de Sakura se desencajó.
Se quedó observando cómo la pareja ingresaba en el apartamento del Uzumaki y, cuando la puerta se cerró de nuevo tras ellos, Sakura se dejó caer contra la pared, estupefacta.
―No puede ser―se dijo―, es imposible.
―Te he echado de menos… ―Hinata rio, todavía entre los brazos de Naruto.
―Pero si hace apenas cuatro horas que nos vimos…
―¿Ves? Demasiado'dattebayo. ―Hinata volvió a reír y se puso de puntillas para besarlo.
―Feliz cumpleaños. ―Por toda respuesta Naruto sonrió ampliamente.
―Y… ¿qué vas a prepararme?―Hinata se giró a mirarlo con un delantal puesto, terminando de recogerse el pelo en una coleta baja para que no le estorbara al cocinar.
―¿De verdad tienes que preguntármelo? Es tu cumpleaños. ―Naruto amplió su sonrisa.
―Entonces… mmm… no sé… ¿Ramen?―Hinata rio una vez más y Naruto se dijo que haría lo que fuera si con ello lograba que Hinata siguiera riendo.
Entre jugueteos y risas cocinaron, pusieron la mesa y cenaron. Naruto había puesto velas en la sala para darle un toque más romántico y a Hinata eso le emocionó. Kiba nunca había tenido esos detalles en lo que había durado su relación.
Después, con los estómagos llenos, se acurrucaron en el pequeño sofá a ver una película. A pesar de que era su cumpleaños y de que Hinata le dijo que escogiera él lo que quisiera Naruto se decantó por una comedia romántica que a Hinata acabó por encantarle.
Claro que entre escena y escena Naruto aprovechaba para acariciarla, llevando su mano cada vez a sitios más… excitantes.
―Naruto-kun.
―¿Qué? Es mi cumpleaños. Y… ―La apretó contra él, bajando la cabeza para besarla, esta vez de forma más ardiente―… quiero mi regalo. ―Hinata suspiró.
―Espera y ahora lo co-
―No me refería a ese regalo. ―Hinata se sonrojó ligeramente. A veces se preguntaba si de verdad ella era la adulta de la relación, porque no hacía más que enrojecer con ese adolescente algo atolondrado que la había hechizado desde el primer momento en que sus orbes azules se cruzaron con los suyos.
Enrolló los brazos tras el cuello masculino y ahora fue ella la que lo besó a él. Naruto la tomó por la cintura y se tumbó en el sofá llevándosela con él. Poco a poco la ropa fue estorbando, las manos se deslizaron por la piel del otro acompañadas de besos aquí y allá.
Acabaron haciendo el amor allí, en medio de la sala, para continuar después en el dormitorio, disfrutando de la sensación de estar entre los brazos del ser amado.
Un par de horas después, con Hinata plácidamente dormida entre sus brazos, Naruto se dijo que no podía ser más feliz que en ese momento.
Había encontrado su lugar en el mundo por fin, y no pensaba alejarse de él.
Nunca jamás.
Fin Acto III
Bueno, pues uno más. Para los que están preocupados por Sakura y su alma (?): en unos cuantos capítulos tendrá su redención, lo prometo. No es mala, no del todo, solo que tiene sus problemas e inseguridades, como cualquier adolescente en la edad del pavo xD.
Pasando a otra cosa, mariposa... ¿Me dejáis un review? Porque ya sabéis:
Un review equivale a una sonrisa.
*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dara favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.
Lectores sí.
Acosadores no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
