¡YAHOI! Aquí, reportándome como todos los viernes con un nuevo capítulo de esta pequeña historia.

¡Espero que os guste!

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.


Acto IV

De algunos problemas que tuvieron

(Parte 1)


Sakura llegó el lunes siguiente al instituto la mar de nerviosa. Había pasado el fin de semana cavilando, dándole vueltas a la cabeza, buscando una manera plausible de explicarse lo que había visto el viernes por la noche, en el umbral del apartamento de su mejor amigo.

Llegó al aula con paso desganado y, nada más entrar, sus ojos buscaron a Naruto. Estaba apoyado contra el pupitre de Shikamaru, con las palmas sobre le mismo y las caderas apoyadas contra el borde. Se reía por algo que Chōji había dicho mientras Shikamaru dormitaba con la cabeza apoyada sobre su mesa.

Algo en su interior le dijo que era la primera vez que lo veía tan feliz. Parecía irradiar un aura de paz y tranquilidad y sus ojos brillaban de una forma especial.

Sin embargo, se dijo, aquello no estaba bien. El que un alumno saliera con una profesora era una clara transgresión de las normas del instituto. No importaba que Naruto ya hubiese cumplido los dieciocho y que ante los ojos de la ley no había nada de malo en dicha relación, puesto que a los dos se les consideraba adultos hechos y derechos; pero ello sí podría acarrearle la expulsión.

Naruto se estaba jugando su futuro a apenas unos meses de tener la oportunidad de ingresar en la universidad. Sakura, como su mejor amiga, no podía dejar que echara todo ese esfuerzo por la borda, ¿verdad?

―Sakura. ―Dio un respingo al escuchar una grave voz tras ella. Sus mejillas se colorearon casi sin quererlo y el corazón comenzó a latirle deprisa. Cuando sus ojos verdes hicieron contacto con unos negros como el ónix, su mente se olvidó durante unos momentos del problema que tenía entre manos.

―Bu-buenos dí-

―Estás en mi sitio. ―Parpadeó mientras sentía como la decepción iba apoderándose poco a poco de su ser. Se fijó en que, efectivamente, y sin darse cuenta, estaba parada justo al lado del asiento que le correspondía a Sasuke.

―Perdón―murmuró. Se encaminó a su propio pupitre y centró de nuevo su atención en Naruto.

Hablaría con él, decidió. Lo convencería de poner fin a toda esa locura y lo instaría a ir a hablar con el director respecto a Hyūga-sensei.

Las primeras horas de clase le pasaron lentas como nunca antes. No sabía si era por los nervios o por el hecho de tener que ser ella la que infundiera una dosis de realidad en Naruto. Una parte de ella esperaba sinceramente que su rubio amigo estuviese siendo engañado, manipulado.

Esperó a que el timbre sonara y, como un resorte, saltó de su silla. Hizo el saludo al profesor junto al resto de sus compañeros y, como un rayo, se plantó frente a Naruto, antes de que él pudiera escabullirse. Ahora ya sabía por qué esa repentina prisa por ir a desempeñar su trabajo de ayudante de Hyūga-sensei en sus ratos libres.

―Naruto. ―El rubio levantó la vista y lo sorprendió ligeramente al verla ahí, de pie ante él, con gesto serio―. ¿Podemos hablar?―Los ojos azules de su mejor amigo rodaron hacia un lado, un gesto que Sakura sabía denotaba que estaba pensando en algo importante.

―La verdad, Sakura-chan, te-

―Por favor―insistió, antes de que pudiera terminar de darle su excusa. Naruto suspiró pero asintió, a sabiendas de que no lograría nada si trataba de deshacerse de Sakura. La pelirrosa podía ser tremendamente perseverante si se lo proponía.

Sasuke los vio marchar del aula con una sensación de que algo estaba pasando, pero prefirió no interferir. Naruto se lo contaría a su tiempo, aunque se hacía una ligera idea de lo que Sakura querría tratar con el Uzumaki.

Sakura lo precedió por los pasillos a paso rápido hasta encontrar un aula completamente vacía. Naruto la seguía con las manos en los bolsillos, mirándola curioso. Le intrigaba la actitud de su mejor amiga.

Cuando entraron los dos en aquella estancia medio a oscuras y vacía sacó las manos de los bolsillos y se cruzó de brazos, preparado para lo que quiera que Sakura querría decirle con tanto apremio. Estaba seguro de que se trataría de algo serio, al menos para ella, pero él no tenía ganas ningunas de escucharla si se trataba de otra disertación sobre Sasuke y sus motivos ocultos para ignorarla.

―¿Y bien? Tú dirás, Sakura-chan. ―Sakura se mordió el labio inferior y empezó a jugar con el dobladillo de su falda escolar, nerviosa. Decidió que ir al grano sería lo mejor.

―El… viernes, el día de tu cumple, después de que me echaras de tu casa―Naruto captó el reproche implícito pero no dijo nada―vi que una chica entraba en el edificio. No me siento orgullosa de lo que hice, pero la seguí. Algo me dijo que era la persona a la que estabas esperando y yo… ―Naruto descruzó los brazos al tiempo que el pánico empezó a reflejarse en su rostro. No escuchó sus siguientes palabras, sumido como estaba en una especie de trance. No obstante, se obligó a prestar atención de nuevo―…. No me sentí bien espiándote, lo reconozco, pero tenía que saber porque tú no habías dicho nada y estaba preocupada y yo…

―Sakura-chan―interrumpió él, harto ya de que diera vueltas. A pesar del nudo que sentía apretando su estómago necesitaba que ella lo dijera ya, de una vez.

―¿Hyūga-sensei? ¿En serio, Naruto? ¡Es nuestra profesora! Ella… ella es mayor, es adulta y tú…

―Yo también soy adulto―respondió, alto y fuerte. Sakura se mojó los labios antes de continuar hablando.

―Te está manipulando.

―Sakura-chan…

―Solo se divierte contigo, ya ha pasado antes…

―Sakura-chan…

―Debes denunciarla, hablar con Kakashi-sensei. No puede salirse con la suya…

―¡Sakura-chan!―El grito la obligó a enmudecer. Naruto la miraba, hastiado, con reproche, enfadado. No lo entendió―. No pienso decir nada y, si tú te consideras mi amiga, tampoco dirás nada. ―Los ojos jade de la Haruno se abrieron como platos ante semejante petición.

―Naruto-

―No. ―Se pasó las manos por el pelo, nervioso, enfadado―. Te lo estoy pidiendo, como amigo. Por favor, Sakura-chan, no digas nada―dijo en tono suplicante. Sakura se mordió el labio inferior una vez más.

―No lo pillo―susurró―. ¿Por qué quieres protegerla? ¿Por qué no quieres denunciarla a la dirección? Ella…

―Me hace feliz―completó Naruto antes de que Sakura añadiera nada más―. La quiero, Sakura-chan.

―¡No puedes estar hablando en serio! ¡¿Así, de repente?! ¡No hace ni unas semanas que la conoces y-

―Lo suficiente―volvió a interrumpir él. Suspiró largamente, dejándose caer contra la pared―. Sakura-chan, dime la verdad, ¿qué es lo que realmente te molesta?―Sakura pestañeó y desvió la vista al suelo.

―No sé a qué te refieres―dejó salir en un susurro. Naruto quiso echarse a reír. La conocía demasiado bien y sabía que no era solo por la preocupación hacia su persona el que la pelirrosa estuviese teniendo semejante arrebato.

―¿Sabes? Siempre me habéis considerado un idiota y un despistado y, en cierta manera, puede que lo sea―empezó el rubio.

―Naruto…

―Pero no soy tan idiota. Siempre me daba cuenta de que tu única intención cuando te acercabas a mí por voluntad propia era para intentar llegar a Sasuke. ―Sakura abrió la boca para rebatir dicha afirmación―. No, no me digas lo contrario. Sé que era así, y tú también. ―Sakura arrugó la falda de su uniforme, nerviosa―. Y también me daba cuenta de que si no me apartabas era porque te gustaba tenerme a tu alrededor, porque yo te decía todas las cosas que tú deseabas que te dijera Sasuke. ―Sakura abrió los ojos, sorprendida por la perspicacia del chico.

―¡No era así! Naruto… yo… tú… tú me gustas-

―Para―dijo Naruto, ahora dolido―. Para. No digas nada más. ―Clavó su mirar azul en su amiga―. Hinata me hace feliz, la quiero, me quiere. Fin de la discusión. Si me aprecias aunque sea un poco, mantendrás la boca cerrada. Es lo único que te pido, Sakura. ―Algo se quebró en el interior de la pelirrosa al oír su nombre sin el característico –chan del que Naruto siempre acompañaba a su nombre.

El Uzumaki giró sobre sus talones y abandonó el aula vacía, dejándola sola. Sakura pudo oír como aceleraba el paso en el pasillo hasta convertirlo en una carrera.

Y supo, sin que él se lo dijera, que iría a refugiarse en los brazos de la profesora de química.

Cuando el timbre sonó, anunciando de nuevo el inicio de las clases, Sakura aún seguía en el interior de aquella aula vacía.

A paso lento se dirigió hacia su clase. Entró murmurando una disculpa con el profesor y se sentó en su sitio. Echó una mirada de reojo a Naruto y lo vio concentrado en el libro de texto. Clavó la mirada en sus propios apuntes, todavía con la conversación de hacía unos minutos reproduciéndose una y otra vez en su mente.

Para cuando el timbre del almuerzo sonó, ella no había podido prestar atención a ninguna de las materias anteriores. Tendría que pedirle ayuda a Ino o a algún otro con las asignaturas en las que se había perdido en sus pensamientos, ignorando las enseñanzas de los profesores.

―¡Frentona!―Se sobresaltó al oír el llamado de Ino. La miró unos segundos para luego volver a desviar la vista. Como una autómata, sacó su caja de almuerzo y se puso en pie con lentitud, como si de pronto tuviera un peso invisible limitando todos sus movimientos. Ino se extrañó. Su amiga ni siquiera había chillado de vuelta, indignada por ese viejo apodo que solía detestar―. Sakura, ¿qué ocurre? ¿Te encuentras mal?

―Yamanaka. ―La voz grave y profunda de Sasuke sobresaltó a ambas chicas. El Uchiha tomó a Sakura del brazo y comenzó a arrastrarla hacia la salida. Naruto hacía tiempo que ya había desaparecido, sin duda queriendo evitar a la Haruno―. Me la llevo. Necesitamos hablar. ―Ino parpadeó.

―Oh, sí, claro, claro, sin problema. ―Esbozó una sonrisita y miró para Sakura, divertida―. Luego hablamos―le dijo. Y dicho esto dio vuelta y fue a sentarse con Shikamaru y Chōji.

Sakura se dejó arrastrar por Sasuke. Ni siquiera tenía fuerzas para sentirse emocionada por el hecho de que el chico del que estaba enamorada la estaba sujetando del brazo, arrastrándola por todo el instituto ante las miradas envidiosas e incrédulas del resto del plantel femenino que conformaba la mitad de los estudiantes.

Llegaron al árbol de siempre, ese bajo el que ella, Sasuke y Naruto solían sentarse o tumbarse a charlar. Pero ese día faltaba uno de ellos, y Sakura no pudo evitar pensar que ella era la culpable.

―Sakura―dijo Sasuke cuando la soltó, encarándola―. ¿Qué has hecho?―La pregunta la confundió.

―¿A qué te-

―No te hagas la tonta―le soltó así, sin más. Sakura pestañeó―. Desde que hablaste esta mañana con el dobe está raro, más de lo normal. No parece él mismo. Así que, dime, ¿qué has hecho?―A Sakura la ofendió el hecho de que él creyera firmemente que ella era la culpable de que algo malo pasara con su amigo, con el amigo de ambos.

―¡No he hecho nada! Solo hablamos…

―¿Sobre?―indagó Sasuke, de brazos cruzados. Sakura se mordió el labio inferior. Tal vez contárselo a Sasuke hiciera que este hablara con Naruto y tratara de hacerlo entrar en razón. Naruto siempre escuchaba los consejos de Sasuke, al igual que el Uchiha hacía caso de los del rubio. Algo que aún nadie se explicaba, ni siquiera Sakura.

―El viernes… en el cumpleaños de Naruto, fui a verlo a su casa. ―Sasuke asintió, demostrando así que estaba atento a sus palabras―. Me echó. Le di su regalo y le pedí pasar y él me dijo que no podía ser, que estaba esperando a alguien. Me confesó que a una chica. ―Sasuke alzó las cejas pero no dijo nada. Sakura prosiguió―. Me fui, pero cuando llegué a la calle… vi a una figura dirigirse al edificio y entrar. Tuve un pálpito y la seguí. Subió hasta el cuarto piso y llamó a la puerta de Naruto. Cuando él abrió la abrazó y la besó y entonces… pude ver quién era. ―Sasuke siguió sin decir nada. Sakura tomó aire y decidió soltar la bomba―. Era Hyūga-sensei. ―Sakura esperó, esperó y esperó. Sasuke ni se inmutó.

―Así que es eso… estás celosa. ―Sakura se molestó.

―¡Yo no estoy celosa!―exclamó. Sasuke rodó los ojos.

―Lo estás. ¿Te jode que el dobe ya no te preste atención, verdad? Supéralo, Sakura.

―¡No es eso! ¡Yo… Espera―Sakura lo miró―. ¡¿No te sorprende?! ¡¿No te cabrea lo que te acabo de decir?! ¡Es una profesora, es mayor que él y-

―Lo hace feliz. ―Se limitó a contestar Sasuke. Sakura abrió la boca, incrédula.

―¡Es una maestra, Sasuke-kun! ¡Podrían… podrían expulsarlo si lo pillan! ¡Podrían-

―Si tú no dices nada, y yo no digo nada, ni ellos dicen nada, nada pasará. ―Sakura no podía creerse lo que sus oídos estaban escuchando.

―¡Pero Sasuke-kun-

―No―la cortó―. Por primera vez el dobe parece realmente feliz. Y no voy a ser yo más papista que el papa, Sakura. No están haciendo daño a nadie. Déjalos. ―Y dicho esto se fue, dejando a una más que confundida Sakura clavada en su lugar.


―Naruto-kun… ―Su gemido lo envalentonó, haciendo que la embistiera con más vigor. La tomó de las caderas con fuerza al tiempo que ella se aferraba a las sábanas, acompañándolo en el vaivén de sus cuerpos.

Sus ojos se encontraron en medio de la pasión y sus labios se juntaron en un beso ardiente y demandante, sus lenguas pelando por ver quién tomaba el control mientras sus cuerpos seguían friccionándose de forma deliciosa. Naruto sentía las puntas de los pezones femeninos rozar una y otra vez contra su pecho y se pegó más a ella, sin dejar de empujar en su interior. Hinata elevó las manos y le clavó las uñas en la espalda, exigiendo más, gimiendo desesperada por la liberación.

―Hina… ―El susurro ronco de él disparó el inminente final; se arqueó y un pequeño grito abandonó su garganta. Naruto cerró los ojos, concentrándose en la deliciosa sensación que el orgasmo de Hinata había enviado por su columna vertebral. Embistió con más fuerza y él mismo alcanzó la gloria, con un gruñido que estremeció a Hinata y la hizo acariciarlo con parsimonia, enviando placenteros escalofríos mientras todo él temblaba al ritmo de su liberación.

Fue bajando paulatinamente el ritmo hasta detenerse por completo. Todavía sin salir de su interior, ambos sudorosos, sonrojados y terriblemente satisfechos, se miraron y se sonrieron. Naruto bajó el rostro y buscó sus labios, entrelazando sus manos con las de ella por encima de su cabeza.

Se apartó lo justo para quitarse el condón y tirarlo en la papelera de su habitación. Hinata gimió con molestia al verse privada de su calor, pero él pronto volvió a la cama, tumbándose a su lado y atrayéndola hacia sí. La rodeó con sus brazos con suma delicadeza y los tapó a los dos con las sábanas. Hinata se acurrucó con gusto en su pecho. A pesar de ser ella la mayor Naruto era mucho más alto, y sabía que a él le encantaba la sensación de tenerla aovillada bajo su barbilla. Y a ella también le gustaba. La hacía sentirse querida, protegida. Como si ella fuera la princesa en apuros y él el caballero de brillante armadura que siempre la salvaguardaba.

Se acariciaron con calma durante varios minutos, recuperando poco a poco la respiración y los latidos normales.

―¿Sabes?―Hinata no dijo nada, sabiendo que él sabía que lo estaba escuchando―. Ojalá no tuviéramos que escondernos tanto. ―Hinata sonrió, triste.

―Pronto no tendremos que hacerlo… ―susurró―. La semana que viene son los exámenes finales y justo después viene la graduación… ―Calló. Se pegó aún más al cuerpo masculino. Naruto notó que algo pasaba. Se separó un tanto y tomó el rostro femenino entre sus manos, obligándola a mirarlo.

―¿Qué ocurre? Eso no es malo, ¿no? Es decir, ya podremos decir que estamos juntos… ―Hinata se mordió el labio inferior y Naruto tuvo que concentrarse para no perder el control y besarla. Aquella charla tenía pinta de ser importante.

―No será fácil… ―Hinata vaciló al ver como el ceño se le fruncía y como sus labios se torcían, en una mueca que denotaba clara molestia.

Naruto tuvo que hacer acopio de paciencia para no enfadarse. No era la primera vez que tenían esa conversación.

A Hinata la preocupaba sobremanera el hecho de que la gente, una vez supiese de su relación, los juzgara, los mirara mal o les pusiera trabas para intentar separarlos. Naruto sabía que en cuanto lo suyo saliese a la luz ella se llevaría la peor parte. Y era algo que lo traía por el camino de la amargura porque, si fuese al revés, si él hubiese sido el profesor y Hinata la alumna, una vez todo se supiera la gente no hablaría, no murmuraría y no los juzgaría tan duramente como seguramente haría en cuanto se diera a conocer la noticia.

Sin embargo, Hinata no sentía preocupación por ella sino por él, por el hecho de que corría el riesgo de ser despreciado o incluso de perder la oportunidad de obtener plaza en una universidad, algo para lo que había trabajado todo el último año.

Cerró los brazos en torno al cuerpo de su amante. Sintió el roce de la pulsera de plata que Hinata le había regalado en su muñeca y sonrió. Se dio la vuelta y la colocó a horcajadas sobre él. Hinata se sonrojó cuando se dio cuenta de que él la estaba observando, detallando cada rincón de su piel.

Naruto repasó con las yemas de sus dedos todo su abdomen. Hizo círculos sobre cada uno de los lunares que tenía a su vista y dibujando su mente otros tantos más que ahora mismo sus ojos no alcanzaban a ver.

―No me importa―dijo, firme―. No me importa y lo sabes. Te quiero y quiero estar contigo. ¿Tú no quieres estar conmigo?―Hinata suspiró.

―Sabes que sí―susurró, bajando la vista y admirando el torso desnudo del chico.

Naruto era alto y delgado y, aunque dicha delgadez era bien marcada, Hinata bien sabía que Naruto no era un enclenque, sino todo lo contrario. Él le había comentado una vez, como de pasada, que al ser huérfano de nacimiento había tenido que apañárselas desde bien pequeño para intentar sobrevivir. Desde que podía recordar hacía pequeños trabajos para intentar ganar y ahorrar algo de dinero. A pesar de que su padrino se ocupaba de él hasta que este murió Naruto nunca había querido ser una carga. Y cuando Jiraiya falleció hacía ahora dos años, el estado había considerado a Naruto lo suficientemente mayor como para cuidar de sí mismo y lo habían dejado vivir solo. Recibía una mísera pensión de orfandad y su padrino le había dejado ese apartamento y los derechos de sus libros, y aunque estos se vendían bien aun a pesar de que su autor ya no estaba en este mundo, a veces no le llegaba para pasar el mes, era por eso que trabajaba y ahorraba todo lo que podía.

Hinata no podía menos que admirarlo por ello. Se había sentido fatal cuando él le contó a grandes rasgos su vida, porque mientras que ella había podido disfrutar siempre de los lujos propios de la posición privilegiada que su familia le otorgaba el chico que quería había estado sufriendo todo tipo de carencias a lo largo de su infancia y adolescencia.

―Entonces―interrumpió Naruto sus pensamientos―. Nada más importa. Solo nosotros. ―Hinata observó esos ojos azules que le habían devuelto las ganas de vivir, la ilusión. No pudo evitar sonreír y besarlo. Naruto enmarcó su rostro, acariciándole las mejillas con los pulgares.

Tras una pequeña sesión de dulces y cariñosos besos volvieron a acurrucarse en la cama. Era domingo y ninguno tenía ganas de moverse. Hinata, como ya era costumbre, había pasado el fin de semana en el apartamento del rubio. Le gustaba por el simple hecho de que había sido allí donde había encontrado el camino de vuelta hacia sí misma y donde habían hecho el amor por primera vez a tan solo unas pocas horas de conocerse.

Era extraña la forma en la que el destino hacía que encontraras el amor, al menos en el caso de ellos dos. Porque Hinata no tenía duda de que lo amaba, amaba a Naruto y tenía la certeza de que él le correspondía, pero todavía era muy pronto como para decirlo en voz alta y los dos lo sabían.

―En cuanto al baile… ―Naruto la miró―. Yo iré porque me toca hacer de vigía pero… ¿y tú? ¿Vas a ir?―Naruto suspiró.

―Supongo que sí. Si no voy, el teme y Shikamaru me matarán por dejarlos solos. ―Hinata hizo un mohín que le pareció adorable―. ¿Por qué? ¿Qué hay con si voy a ir o no?―Hinata vaciló. No quería parecer una niña caprichosa, pero algo la estaba reconcomiendo por dentro y sabía que se sentiría mejor en cuanto lo soltara.

―A la fiesta… irán también muchas chicas… y sé que hay alguna que se muere porque la invites… ―Naruto se contuvo de soltar la carcajada que quiso escapar de su garganta. Desde que se había empecinado en aplicarse en los estudios había podido retomar otra de las actividades que por culpa de su estupidez había tenido que dejar: el baloncesto. Como sus notas nunca habían sido las mejores, a mediados del segundo año el entrenador lo había tenido que echar del equipo con gran pesar por su parte, pero desde que subió su media fue el primero en suplicarle que volviera a jugar.

Ello lo había hecho recuperar también gran parte de su antigua popularidad, como todos los deportistas. Naruto era consciente de que la mayoría de las chicas del instituto tan solo querían ir con él para presumir ante sus amigas. Tampoco dudaba de que alguna más osada quisiera incluso acabar en su cama, pero si llegara a darse el caso no vacilaría en decir que esta ya estaba ocupada y bien ocupada.

Abrazó a su novia y pasó una de sus piernas sobre las suyas, aprisionándola pero sin llegar a hacerle daño. Hinata dejó que él la besara.

―No iré con ninguna, ya te lo dije: solo quiero estar contigo. ―Se sintió inmensamente feliz al escucharlo, no pudo evitarlo―. Además, si tú estás allí… ―le dedicó una ardiente mirada―podremos escabullirnos y…

―¡Naruto-kun!―lo increpó, intentando parecer indignada y enfadada por su insinuación. Naruto rio y la estrechó más fuerte.

Sí. Aquello era pura felicidad. Y Naruto haría todo lo que estuviese en su mano para que no terminara nunca.

Fin Acto IV


Pues ale, uno más. Sakura sigue empecinada en ponérselo difícil a nuestra parejita protagonista. ¿Creéis que lo conseguirá? ¿O le saldrá el tiro por la culata?

(Tampoco esperéis una trama súper elaborada con drama y complicaciones innecesarias de por medio, habrá algo de drama y angst (creo que se podría calificar así) pero no todavía y, como digo, no será nada rebuscado y complicado y que requeriría de veinte capítulos para resolverse porque los seres humanos somos el colmo de la estupidez y no sabemos comunicarnos entre nosotros, y mira que no tenemos formas de hacerlo, pero no, preferimos comportarnos como auténticos gilipollas).

En fin, que nada, que ojalá os haya gustado.

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¡Muchísimas gracias por los suyos a: Guest y a Aleex! ¡Gracias mil, de verdad!

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Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.