¡YAHOI! Pues un viernes más por aquí, actualizando esta preciosa historia. Como veis, hoy no me he olvidado xD.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

¡Espero que os guste!


Acto VI

De lo que fue vivir en pareja


La alarma sonó a la hora de siempre. Sacó el brazo de debajo de las mantas y lo alargó hasta la mesilla de noche para coger el móvil y apagarla. Llevó la pantalla frente a su rostro y guiñó los ojos para comprobar la hora que era. Las seis menos cuarto de la mañana.

Sintió un cuerpo removerse y sonrió, observando la coronilla que asomaba bajo las sábanas de la cama y que estaba apoyada en su brazo. La besó con cariño para luego levantarse con mucho cuidado. Su compañera de cama protestó e intentó retenerlo, pero estaba demasiado dormida como para emplear la fuerza.

―Hace frío―la oyó murmurar mientras él se vestía con sus pantalones cortos y su sudadera naranja favorita con capucha. Era su favorita por el simple hecho de que ella se la había regalado en su primer aniversario como pareja.

Se acercó a la cama y apoyando una rodilla sobre el colchón se inclinó para depositar un dulce beso en sus labios.

―Volveré en una hora―le dijo yendo hacia la puerta. La escuchó suspirar y sonrió para sí. Fue hacia la cocina y se hizo con uno de los deliciosos bollitos que su novia había horneado el día anterior. Lo fue mordisqueando con tranquilidad en el camino hasta el portal del edificio. Saludó al portero cuando pasó por delante suya y respiró el aire fresco del exterior en cuanto puso un pie fuera.

Aún era de noche pero eso a él no le importaba. Hizo los estiramientos de rutina y cuando terminó echó a correr. Ese día decidió escoger la ruta que pasaba por el parque. Se topó con los deportistas habituales, que lo saludaban cuando pasaba por su lado.

Poco a poco el alba fue haciéndose presente y para cuando la luz tenue del día iluminaba el cielo ya estaba emprendiendo el camino de vuelta.

Se detuvo unos minutos para beber agua en una de las fuentes y luego reanudó su trote, sonriendo ante la perspectiva de poder disfrutar el delicioso y nutritivo desayuno que seguramente su preciosa novia ya estaría preparando para los dos.

La sonrisa se le amplió al pensar en ella, en su Hinata. Llevaban casi tres años juntos y habían sido los mejores tres años de toda su corta vida. Al principio nunca se hubiese esperado durar tanto con una chica como ella: Hinata no solo era guapa y sexy, también era inteligente, amable, dulce, compasiva. A sus ojos no tenía ningún defecto, a pesar de que a veces podía ser muy cabezota. También era muy tímida y enseguida se sonrojaba o se avergonzaba por cualquier cosa. Normalmente era él el que causaba esas reacciones por el simple placer de ver como sus pálidas mejillas adquirían ese tono rojizo que resultaba la mar de encantador sobre su rostro.

Llegó de nuevo al portal de su edificio y se detuvo para recuperar el aliento. Saludó de nuevo al portero al entrar y pulsó el botón del ascensor. Se metió dentro y marcó el cuarto piso. Seguía viviendo en el mismo apartamento de cuando era adolescente. Cuando le planteó a Hinata el irse a vivir juntos seis meses atrás nunca se esperó que ella aceptase, no a la primera, al menos, pero cuando le dio el sí tuvieron el problema de dónde iban a vivir.

Él votó por el piso de Hinata: era grande, luminoso y había mucho espacio para colocar cosas. Pero ella se negó y le dijo que solo iría a vivir con él si lo hacían en su pequeño apartamento. Se sintió tremendamente conmovido cuando comprendió que ella lo había escogido porque allí era donde, según sus propias palabras, había pasado los momentos más maravillosos de su relación. El único cambio que habían hecho había sido el reemplazo de la pequeña cama individual donde él solía dormir por una grande de dos plazas. Eso casi no dejaba espacio para nada más en la pequeña habitación, pero a ninguno parecía importarles ese hecho, sino todo lo contrario.

La sacudida que dio el ascensor al llegar a su planta cortó el hilo de sus pensamientos. Salió en cuanto las puertas se abrieron y se paralizó por completo al ver a un tipo alto y musculoso aporreando la puerta de su apartamento. Torció el gesto y tuvo que meter las manos en los bolsillos para no lanzarse sobre aquel sujeto. Rozó las llaves y las apretó con fuerza, sintiendo el metal frío y cortante contra su palma. Aquel pequeño escozor sirvió para mantenerlo en sus cabales.

Se dirigió hacia su casa. Sus pasos resonaron en el silencio de la mañana y el tío que estaba ante él se giró. Él también hizo una mueca de disgusto al verlo.

―Creí que los niños estaban durmiendo a estas horas. ―Tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no saltar ante la provocación. No era el primero que lo insultaba de esa manera y tampoco sería el último. ¿Por qué aunque estaban en pleno siglo XXI a veces parecía que estuvieran en la edad media?

―Kiba―"saludó"―. ¿Qué haces aquí?―Omitió el honorífico a propósito a pesar de que Kiba era mayor. También era el ex de su chica y uno de los que peor había tomado la noticia del nuevo compañero sentimental que esta había encontrado.

―Vine a ver a Hinata. ―Caminó a paso lento hasta colocarse ante la puerta y lo encaró. No le permitiría entrar en su casa y mucho menos que viera a Hinata. Por culpa de los bastardos como Kiba era que él y Hinata habían estado a punto de romper en varias ocasiones. No dejaría que pasara otra vez.

―No te dejaré pasar―le dijo, alto y claro. Kiba estrechó los ojos en su dirección pero ese gesto no lo amilanó.

―¿Ahora te escondes tras un niño de teta? ¿Así es como quieres hacer las cosas, Hinata?―La voz de Kiba retumbó en toda la planta del complejo de apartamentos. Naruto sintió como la puerta era abierta a su espalda pero no se movió ni un centímetro.

―Kiba-kun. ―La dulce voz de su novia sonó―. Por favor, vete. ―Naruto sonrió ante el ceño fruncido del castaño.

―Hinata, por favor, podemos arreglarlo. ―Naruto rodó los ojos. Desde que Kiba se había enterado que Hinata tenía novio nuevo (es decir, él) no había parado de acosarla. Naruto tenía la sospecha de que simplemente a Kiba le había dolido el que ella lograra pasar página, o que se había enamorado de un chico más joven que ella o tal vez era porque de pronto había perdido la comodidad de la vida que llevaba.

Había hombres que no soportaban tener que empezar a vivir por sí mismos, y Naruto apostaba todo lo que tenía a que Kiba era de estos.

―No hay nada que arreglar―dijo Hinata. Naruto aún no se volvía pero por su tono fácilmente pudo deducir que ahora tendría una expresión de fastidio cruzando por su hermoso rostro―. Estoy con otra persona, Kiba-kun. Vete. Por favor. ―Kiba le lanzó una mirada airada pero no se inmutó, estaba más que acostumbrado.

―Te dije que fue un error… ―Hinata suspiró.

―No me importa. Hace mucho ya. Por favor, déjanos tranquilos. ―Kiba volvió a dirigir una mirada de enfado a Naruto, que siguió clavado en su lugar, dispuesto a no moverse ni aunque llamaran al mismísimo ejército nacional.

Kiba soltó una maldición. A un lado la puerta de uno de los apartamentos se abrió.

―¿Todo bien, Naruto?―preguntó uno de sus vecinos. El rubio sonrió.

―Sí, todo bien. Gracias. ―Kiba retrocedió. Echó una última mirada a la pareja y finalmente decidió irse. El vecino también se metió de nuevo en su casa y Naruto se prometió llevarle unos cuantos bollitos de los que hacía Hinata como agradecimiento.

Entró en su casa y le faltó tiempo para tomar a su novia entre sus brazos y besarla. Ella rio, correspondiendo de buena gana.

―Deberías ducharte―le dijo cuando se separaron, arrugando la nariz de forma graciosa. Naruto se la besó.

―Solo si te duchas conmigo―replicó el Uzumaki, bajando las manos por su espalda hasta apretarle las nalgas. Hinata se pegó más a él como consecuencia del movimiento y un escalofrío lo recorrió en cuanto sintió los suaves pechos rozar su torso. Hinata dormía sin sujetador y ella no sabía hasta qué punto aquello lo excitaba.

O sí lo sabía y lo hacía a propósito. Naruto apostaba por esta última opción. Le encantaba provocarlo incluso cuando no era plenamente consciente de que lo estaba haciendo.

―Tengo que preparar el desayuno…

―Puedo tomar algo fuera. Y tú también.

―Tienes clase…

―¿Estás intentando deshacerte de mí, Hina?

―Nunca―murmuró ella contra sus labios―. Te amo. ―Naruto sintió las mariposas bailar en su estómago. Saber que esa preciosa mujer lo amaba tanto como él a ella había supuesto el epítome de la felicidad.

―Y yo a ti, nena. ―La peliazul sonrió y se dio la vuelta, yendo hacia la cocina para empezar a hacer el desayuno para ambos. Naruto no pudo resistirse palmearle el trasero de camino hacia el cuarto de baño, provocando una cantarina risa femenina que lo hizo sonreír ampliamente.

Dejó que el agua caliente relajara sus músculos. Con los ojos cerrados bajo el chorro de la ducha pensó en todo lo que había ocurrido en el último año. Era indiscutiblemente feliz, a pesar de los problemas que habían tenido que atravesar, entre ellos los celos y las malas miradas de terceras personas. Suspiró al pensar en que llevaba ese mismo tiempo sin hablarse con la que había sido su mejor amiga y también su primer enamoramiento. No como Hinata, por supuesto. Nada podría compararse nunca a lo que sentía por su novia, estaba completamente seguro de ello.

Salió del cuarto de baño secándose el cabello y, una vez vestido, comprobó su aspecto en el espejo que Hinata había comprado y colgado en el pasillo, para darle algo más de luminosidad al reducido espacio. Se pasó la mano por el flequillo, atrapando uno de los cortos mechones. Se había cortado el pelo casi al mismo tiempo que empezaba en la universidad, intentando así adquirir un aspecto más adulto. Lo había conseguido, en parte. Al menos los profesores lo tomaban más en serio. Aunque lo más importante para él había sido la aprobación de Hinata. Le había sonreído dulcemente como siempre y le había dicho que estaba muy guapo, pero que no entendía tan repentina decisión y que a ella le gustaba su alborotada melena dorada. Naruto le había dado razones puramente prácticas, como el hecho de que así le era más fácil lavarlo y peinarlo o que ahora lo tendría más fácil cuando jugaba o entrenaba al baloncesto. Aunque ambos sabían que esa no era toda la verdad. Sin embargo, Hinata no había dicho nada más. Lo amaba por ser él y no por su físico, así que tampoco había mucho que decir al respecto.

Al entrar en la cocina el delicioso aroma de la comida casera de su novia lo recibió. Fue hacia ella de puntillas y la abrazó por detrás, recargando la barbilla en su coronilla.

―Mmm… eso huele de maravilla. ―Besó su cabeza cariñosamente y se apartó para ir a coger platos y tazas y así poner la mesa. Devoró lo que Hinata le puso delante en menos que canta un gallo.

―¿Sabes? Si sigues comiendo así te saldrán michelines. ―Naruto sonrió bebiéndose su taza de café.

―Sabes que soy de metabolismo rápido. Y hago mucho ejercicio para compensarlo'dattebayo. ―Hinata se levantó de la mesa con una sonrisa y empezó a recogerla. Notó un agarre delicado en su muñeca; se vio de pronto sentada sobre las piernas de su novio. Le rodeo el cuello con los brazos y dejó que la besara con una risita. Una de sus manos se coló bajo la camiseta naranja con la que siempre dormía.

―Naruto-kun. ―Detuvo la mano traviesa del chico―. Tienes que ir a clase. Y yo a trabajar. ―Los ojos azules rodaron, con fastidio.

―Dame un incentivo―dijo el rubio, rozando sus labios con los suyos. Hinata acarició su muslo hasta tantear su sexo por encima de los pantalones. Lo sintió palpitar ligeramente y no pudo evitar sonrojarse. Todavía no se creía que podía causar semejante reacción en un chico joven como Naruto. ¿Qué habría visto él en una mujer mayor? Aún se lo preguntaba a veces.

Acarició con lentitud y oyó un gruñido por su parte. Sonrió y se levantó, sin dejar de pasar los dedos por su entrepierna.

―Podemos arreglarlo de otra manera… ―Cuando la vio arrodillarse frente a él supo que no podía haber tenido mayor suerte en el mundo al encontrarla.


La más alegre y estúpida de las sonrisas adornaba su rostro. Iba caminando de lo más animado hacia la cafetería, donde había quedado con el teme de Sasuke. Ambos estaban tan ocupados últimamente que solo podían verse si se daba el caso de que sus horas libres entre clase y clase coincidían.

―Dobe―saludó Sasuke cuando lo vio entrar y dirigirse hacia la mesa en la que él ya lo esperaba.

―Teme. ―Se sonrieron. Naruto fue a pedir un refresco y enseguida volvió, dejándose caer sobre la silla todavía con la sonrisa adornando su bronceado rostro.

―Estás muy contento esta mañana. ―Naruto amplió su sonrisa―. Deduzco que las cosas van bien.

―Mejor que bien. ―Sasuke sonrió de lado, consciente de que la alegría de su amigo tendría que ver, seguramente, con cierta mujer pelinegra de ojos perlados―. A ver cuando te echas tú una novia formal y decente.

―Hmp. No necesito de eso. No soy como tú, que me quedo con lo primero que encuentro. ―Naruto no se ofendió, sabiendo que Sasuke solo lo decía por fastidiar.

―Siempre me quedará recordarte quien fue el que perdió la virginidad primero de los dos. ―Sasuke bufó.

―Idiota. ―Naruto sonrió de forma maliciosa―. Por cierto.

―Dime. ―Lo instó a continuar el rubio cuando vio a su amigo vacilar. Le intrigó. Sasuke no solía dudar ante nada. Nunca.

―Sakura me llamó… ―Naruto no dijo nada. Se limitó a beber de su vaso y a mirarlo atentamente―. Quiere hablar contigo.

―Ya. ―Silencio―. ¿Después de casi tres años? ¿Qué cojones quiere?

―Sonaba arrepentida…

―Ya puede estarlo. Sus jueguecitos casi me cuestan mi relación con Hinata. ¿Tienes idea de lo histérica que se puso cuando se enteró de que Sakura se lo había contado a Kakashi-sensei? ¡Me costó un mes completo convencerla de que no me dejara! ¡Se pasaba todos los días preocupada y llorando pero no por ella sino por mí, porque no quería que me hicieran daño cuando era ella la que tenía más que perder!

―Lo sé, dobe. ―Y era cierto. Sasuke era el que había estado ahí desde el principio, alentándolo y consolándolo, apoyándolo cuando más lo necesitaba.

Naruto resopló.

―No quiero saber nada―dijo.

―No sabía que fueses tan rencoroso.

―Solo cuando tocan lo más importante para mí. ―Sasuke lo miró fijamente durante varios segundos.

―Piénsalo. ―Naruto rodó los ojos pero asintió. Miró para el reloj y se dio cuenta de que si no se apuraba llegaría tarde al entrenamiento.

―Me voy o el entrenador se pondrá histérico.

―¿Tienes partido?―Naruto asintió.

―El sábado por la tarde. ¿Vendrás?

―Hmp. Como si no tuviera mejores cosas que hacer. ―Naruto rio, dio una palmadita en el hombro de su mejor amigo al levantarse y tomando su mochila desapareció de la cafetería. Sasuke oyó algunos suspiros femeninos tras él y no pudo evitar sonreír ligeramente.

Sí, su amigo rubio hiperactivo se había vuelto extremadamente popular, y el que él fuera tan inaccesible para el sexo femenino no hacía sino aumentar el atractivo ante los ojos de las chicas, lo sabía bien.

Meneó la cabeza, sintiéndolo por las pobres féminas que anhelaban algo con el Uzumaki.

No estaba disponible y Sasuke dudaba que algún día lograra estarlo.


―Mañana juegas, ¿no?―Estaban en la cama, desnudos, Hinata acurrucada sobre su pecho y él acariciando la piel de su espalda una y otra vez, disfrutando de su suavidad y calidez. Llevó la mano hasta posarla en su mejilla, apartándole un par de mechones rebeldes detrás de las orejas. La besó dulcemente antes de contestarle.

―Sí. ¿Irás a verme?―Hinata vaciló. Naruto reprimió el suspiro que quiso escapar de sus labios, sabiendo que molestarse sería en vano. Solo haría que su novia se sintiera mal y se encerrara en sí misma durante varios días.

―Iré. ―Sonrió como un niño pequeño, no pudo evitarlo. La abrazó fuerte contra sí y besó su cabeza―. Hanabi estará ahí… ―Naruto cerró los ojos, armándose de toda la paciencia que pudo reunir.

La hermana pequeña de Hinata, Hanabi Hyūga, tenía su misma edad y estudiaba en su misma universidad. El primer día que se la topó en clase creyó que estaba viendo visiones: Hanabi era muy parecida a Hinata pero más delgada, con menos pecho y el cabello largo color castaño.

No solo compartían aula, sino que también espacio en el polideportivo cuando el equipo de baloncesto entrenaba. Hanabi formaba parte del equipo de animadoras de la universidad y Hinata estaba firmemente convencida de que a ella le gustaba él.

―No empieces… ―Hinata se acurrucó aún más. Naruto sentía su inquietud y aquello lo hacía sentirse mal, porque no sabía como tranquilizarla. Era consciente de que la mayoría de la gente los miraba raro cuando iban por la calle cogidos de la mano o abrazados, porque se notaba que Hinata era mayor que él; ese hecho no le importaba, por supuesto. Como le había dicho una vez, solo importaban ellos, nadie más.

Buscó sus labios, besándola con ímpetu, como si quisiera devorarla entera. Hinata correspondió de buena gana. El roce de sus cuerpos los encendió y pronto no volvió a escucharse otra cosa que no fueran los suspiros y los gemidos de placer provenientes de ambas gargantas.

Mientras se dedicaba a amarla como tantas otras veces Naruto se repitió que esa mujer era suya y que siempre sería suya. No dejaría que se le escapara. Nunca jamás.


―¿Listos?―Todos asintieron, serios―. Bien. Recordad: dos delante y el resto a media pista, si se hacen con la pelota os cerráis abajo como putas. ¿Estamos? No quiero ver más que el mínimo indispensable en ese marcador. ¿De acuerdo?

―¡Sí, señor!

―A por ellos, entonces. ―Salieron a la cancha entre los vítores de los aficionados. Naruto levantó la cabeza y sonrió al vislumbrar el hermoso rostro de Hinata entre el gentío. Quiso elevar el pulgar hacia ella a modo de saludo pero se contuvo.

―¡Naruto!―Se sacó la chaqueta del uniforme y sonrió a Hanabi, quien iba hacia él con una sonrisa pintada en su rostro. Hanabi era algo seria pero divertida, más extrovertida que su hermana mayor, sin duda, menos tímida y un pelín más segura de sí misma.

―Hola, Hanabi. ―La aludida se puso frente a él.

―Dadles una paliza. ―Levantó la mano y señaló con el pulgar para el equipo contrario. Naruto sonrió, amable.

―Claro'dattebayo. ―Hanabi sonrió aún más respirando hondo y por ende haciendo que sus pechos se irguieran, quedando todavía más marcados por el diminuto uniforme de animadora. Naruto pensó que quizás, solo quizás, después de todo, su novia no andaba tan desencaminada cuando le comentaba que Hanabi gustaba de él.

Para su alivio el entrenador los llamó una vez más para que se reunieran una última vez antes del partido. Se despidió rápidamente de la castaña. Hanabi se mordió el labio inferior mientras veía aquella recia espalda alejarse de ella, con todos los músculos adivinándose bajo la camiseta de tirantes.

―¿Admirando el paisaje?―Hanabi salió de su ensoñación al oír la voz de su mejor amiga a su lado.

―Es tan guapo… y amable, y divertido, y simpático, y gracioso, y…

―Vale, vale, me ha quedado claro. ―Hanabi sintió como sus mejillas se coloreaban.

―Como si tú no lo admirases también, Shion. ―La aludida, una rubia de ojos lavanda enfundada también en el uniforme de las animadoras, se encogió de hombros con una sonrisa.

―A diferencia de ti yo ya me he hecho a la idea de que nunca reparará en mí. Tiene novia. Te lo digo yo. ―Hanabi frunció el ceño.

―¿Cómo lo sabes? Nunca se le ha visto con ninguna chica en actitud cariñosa…

―Precisamente por eso. ―Hanabi iba a hablar pero Shion no le dejó―. Cualquier chico de su edad ya habría estado con al menos un par de chicas, se le conocerían ligues o algún interés amoroso. Pero no a Naruto. Además, siempre viene con la ropa bien lavada y planchada, no se le ve desaliñado y no es la primera vez que se trae su propio almuerzo para comer. ―Hanabi la escuchó con atención para luego sacudir la cabeza.

―Eso no quiere decir nada. ―Shion sonrió.

―No, claro, solo indica que es un chico pulcro, ordenado y célibe. ¡Por Dios, Han! ¡Abre los ojos! Tiene novia. ―Hanabi volvió a negar y Shion suspiró―. Acabarás con el corazón roto. Te lo advierto. ―La capitana de las animadoras las llamó a formar y Hanabi se dirigió al centro de la pista con el resto de sus compañeras, para hacer el baile que abriría el partido.

Cuando se colocó en su sitio entre los demás miembros de la animación no pudo evitar sentirse emocionada al descubrir a su hermana entre el público, mirándola fijamente. La saludó vigorosamente, contentísima de que Hinata hubiese encontrado un hueco para ir a verla. Hinata le devolvió el saludo con una sonrisa que a Hanabi le resultó un tanto extraña, pero pronto se olvidó de aquel hecho, teniendo que concentrarse en la coreografía que debía llevar a cabo.


La victoria fue para ellos al final. Naruto había jugado casi todos los cuartos menos el último y se dijo que, para ser un jugador de tercer año, no estaba nada mal. Probablemente a finales de curso ya estaría entre los jugadores titulares. Se encaminó hacia los vestuarios con los demás, riendo y empujándose unos a otros.

―Hey, Uzumaki. Vamos a ir a celebrarlo por ahí. ¿Te vienes?―Naruto se lo pensó. Por un lado, le apetecía ir a pasar un buen rato con sus compañeros de equipo, pero por otro quería quedarse con Hinata, pedir algo de comida a domicilio para cenar y acurrucarse con ella en el sofá del apartamento que compartían―. Vamos hombre, di que sí. ―Tras pensarlo durante un par de minutos más finalmente asintió.

―Iré. ―Los demás soltaron exclamaciones de entusiasmo. Esperó a que todos anduvieran ocupados en las duchas y se sentó en el banco que rodeaba el vestuario. Se hizo con su móvil y marcó un número, diciéndose que aunque probablemente Hinata no le diría que no ni se molestaría por querer irse un rato con los chicos del equipo de baloncesto sí que tal vez la decepcionaría. Tal vez debería disculparse y decir que se lo había pensado mejor y…

―¿Naruto-kun?―Se rascó la cabeza en cuanto oyó su dulce voz pronunciar su nombre.

―Eh… hola, nena. Yo… verás, los chicos quieren ir a celebrar y… ¡pero no es necesario que vaya, y-

―Está bien. ―Naruto calló―. No tienes que pedirme permiso, lo sabes, solo avísame si necesitas que te vaya a buscar.

―Hina…

―Pásalo bien, ¿de acuerdo? Os merecíais ganar. ―Naruto sonrió. Dios, como amaba a esa mujer.

―¿Seguro que no te molesta?―preguntó por última vez en voz baja al ver que los demás ya empezaban a llenar el vestuario de nuevo.

―Por supuesto que no. Son tus amigos. Te esperaré en casa. ―las mariposas atacaron fuerte en su estómago, montando una mega-fiesta. Siempre era lo mismo cuando ella se refería a su pequeño apartamento como casa, la casa de ambos. Aún le parecía estar viviendo un sueño demasiado perfecto a veces.

―Eres la mejor, ¿lo sabías?―La oyó reírse y ese maravilloso sonido calentó su corazón―. No volveré muy tarde, te lo prometo.

―De acuerdo. ―Se despidió de ella finalmente y con una toalla enrollada en la cintura y una enorme y tonta sonrisa por tener la mejor novia del universo fue hacia las duchas para sacarse el apestoso olor a sudor que lo envolvía.

Cuando salió ya casi todos estaban esperando fuera. Tan solo quedaban él y otros dos rezagados. Se apresuró a vestirse y agarrando su bolsa se reunió con el resto del equipo. Torció el gesto al ver allí también a las animadoras, coqueteando descaradamente con los jugadores; y era algo recíproco, por lo que pudo ver. Evitó poner los ojos en blanco porque sabía que aquello los molestaría. Compuso una sonrisa.

―¿Alguien ha pensado en algún sitio?

―¿Os hace un karaoke? Hay uno aquí cerca que hace descuento los fines de semana y tiene las salas grandes. Cabríamos todos. ―Tras discutirlo un par de minutos todos parecieron conformes con la idea.

Reservaron una de las salas más grandes que había disponibles. La recepcionista se mostró encantada con ellos por ser un grupo grande. Lo cierto es que no estuvo tan mal. Bailaron, cantaron, hicieron el tonto, pidieron para cenar, rieron y desafinaron todo lo que quisieron y más.

Cuando el reloj marcaba las dos de la mañana Naruto se sorprendió de que ya fuera tan tarde. Se terminó su vaso de cerveza y agarrando su bolsa se despidió de todos.

―Nooooo, nooooo te vayassss. ―Naruto rio.

―Venga, hombre, suéltame. ―Entre risas consiguió desasirse del agarre de su compañero y llegó hasta la puerta, tropezando alguna que otra vez cuando alguien lo tomaba del brazo o de la pierna en un vano intento por retenerlo de irse. Con una sonrisa en los labios pudo alcanzar al fin la puerta y la abrió, saliendo al despejado pasillo. Consultó el móvil dándose cuenta de que tenía una llamada perdida de Hinata y enseguida se sintió culpable y también preocupado. No solía dejarla sola tanto tiempo, a ninguno le gustaba estar separado del otro durante demasiado tiempo. Pensó en llamarla, pero lo descartó: lo más probable es que estuviese durmiendo ya a pierna suelta y no quería despertarla.

Resolvió que cogería un taxi para volver a casa. Le saldría por un ojo de la cara, pero no quería demorar más de lo necesario en llegar y el metro lo dejaba a una distancia un tanto considerable. Pena que el autobús nocturno no pasara hasta dentro de media hora, porque él no pensaba esperar ni un minuto más para ir junto a su novia.

―¿Ya te marchas?―Se volvió al escuchar una voz tras él.

―Sí, es tarde. ―Hanabi miró para la pantalla de móvil que él le mostraba.

―¿Quieres que te acompañe? Lo cierto es que yo ya me estoy agobiando aquí y podríamos… no sé… ir a tomar un helado o algo tranquilamente… ―Naruto se sorprendió por la sugerencia. Sí, definitivamente había algo de verdad en las sospechas que su novia albergaba hacia su hermana.

Negó con la cabeza.

―Lo siento, Hanabi, pero de verdad que quiero irme a casa. Estoy reventado. ―Hanabi pareció sumamente decepcionada por su negativa.

―Oh, bueno… En ese caso… ¿hacia dónde vas? Puedo llamar a alguien y llevarte…

―Tomaré un taxi. Gracias. ―Hanabi torció los labios en un puchero que quizás a otro le habría parecido irresistible, adorable y provocador, pero no a Naruto, no cuando él ya tenía una novia preciosa esperándolo en casa―. Nos vemos, Hanabi. ―Se despidió un tanto frío de la chica y desapareció escaleras abajo en dirección a la calle.

Hanabi no pudo evitar dar una patada en el suelo, frustrada. Ya había perdido la cuenta de las veces que el rubio la había rechazado y no lo entendía, de verdad que no.

Era guapa, venía de una familia rica, se sabía inteligente y, no era por presumir, pero su atractivo resultaba evidente, no por nada había recibido más de una proposición indecente a lo largo de su corta vida. Claro que ella, más allá de algún noviete sin importancia, no había tenido nunca lo que se dice una pareja formal. En parte porque su padre no lo aprobaría, no de momento, al menos, cuando todavía estaba estudiando.

Pero por Naruto estaba dispuesta a pasar por alto las exigencias de su progenitor. Estaba segura de que el Uzumaki valdría la pena el esfuerzo.

Era un chico como pocos, de los que ya no quedaban.

Tendría que hacer su mejor esfuerzo para conquistarlo.

Fin Acto VI


Bueno, dos cositas así, rápido:

1. Esta será la ÚNICA aparición de Kiba en todo el fanfic. No me gustaba la idea de ponerlo del típico ex novio celoso tocapelotas que no come ni deja comer. Así que tan solo aparecerá en este capítulo. Podéis tomarlo como que se dio cuenta de que Hinata no iba a dejar a Naruto y volver con él, después de tres años hostigándola. Se dio por vencido y maduró. Punto.

2. Sé que a algunos les chocará ver a Hanabi detrás de Naruto, pero me pareció algo original y novedoso (ahora va y alguien me dice que no, que esto ya está muy trillado) (?). Siempre se usa a Shion, a Sâra, a Amaru o incluso a Sakura (la cual, por cierto, ya se da a entender aquí que quiere empezar su camino de redención), así que quise hacer algo diferente y aproveché la circunstancia de que en mi historia Hinata es mayor que Naruto xD.

Y eso, que espero sinceramente y de corazón que os haya gustado. ¿Os animarme con un pequeño review? Venga, que así me subís el ánimo, que me hace un poquitín de falta. Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

¡Muchísimas gracias por el suyo a: Guest! (Lo sé, pero es que dudo mucho que ella no tuviese celos de Hinata en su día, incluso en el canon, porque cuando está a punto de celebrarse la boda y ve a todos con sus parejas, felices, a ella se le oscurece la mirada y aprieta el puño; y por mucha cartita vía halcón que mande Sasuke, no creo que fuese suficiente, no en ese momento, al menos xD).

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.