¡YAHOI! Siento mucho haberme tardado hoy en actualizar.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

Ahí os va. Espero que os guste.


Acto VII

De lo que pasó cuando la gente se enteró


Hinata detuvo el coche frente a la facultad y sonrió a su novio. Naruto se desabrochó el cinturón de seguridad y, agarrando su mochila con una mano, se inclinó para darle un beso de despedida.

―Gracias por traerme. De verdad que se me ha hecho tarde… ―Hinata soltó una risita.

―Eso te pasa por quedarte jugando a la consola hasta tarde.

―¡Era el jefe final! ¡Tenía que terminarlo'ttebayo!―Hinata volvió a reír.

―Te amo―le dijo, mirándolo fijamente a los ojos. Naruto sintió su corazón parar momentáneamente, para luego reanudar los latidos el doble de rápido.

―Yo también te amo. ―La besó una última vez y, tras sonreírle, abrió la puerta del coche y salió. Hinata lo vio perderse entre la multitud para luego arrancar, yendo de camino a su trabajo.

―Buenos días. ―Hanabi se echó para delante en su sitio y le sonrió.

―Buenos días, Naruto. Se te ha hecho un poco tarde ¿no? Por poco y no llegas. ―Naruto se dejó caer en su asiento de siempre.

―Sí, menos mal que mi no- que me han podido traer. ―Se mordió el labio inferior. Había estado a punto de meter la pata. No es que se avergonzara de Hinata ni nada, pero ella le había pedido que no le dijera nada a Hanabi por el momento, que ese era su cometido, como su hermana mayor. Y Naruto, como buen novio, lo respetaría.

Claro que no se había percatado de que Hanabi se había dado cuenta de su casi metedura de pata. Si su sentido deductivo no le fallaba Hanabi juraría que había estado a punto de decir "Menos mal que mi novia me trajo".

Sacudió la cabeza y miró para Shion, quién le sonrió con cara de "Ya te lo dije". Desvió la vista y negó con la cabeza, convenciéndose de que había oído mal y que, de tener pareja, él algo ya habría dicho. Naruto no era un tipo que supiera aguantarse las cosas.

Resolvió que, como preguntándole no creía que fuera a obtener respuesta alguna, lo mejor sería buscar a alguien que sí pudiese aclarar sus dudas. Cuando el profesor dio por terminadas las clases de la mañana, todos los alumnos se levantaron y, tras saludar, empezaron a recoger sus cosas.

―¿Comemos?―preguntó Shion. Naruto negó.

―Tengo que ir a la biblioteca.

―Vaya… Te veremos después, entonces. ―El rubio asintió, despidiéndose de ambas y saliendo del aula. Shion y Hanabi lo siguieron minutos después, la una pensativa y la otra parloteando sin parar.

―Ven conmigo―dijo de repente Hanabi, cortando a su amiga. Shion la miró, confusa.

―¿Adónde…

―A la facultad de derecho. ―Shion pestañeó, siguiéndola.

―¿A derecho? ¿Qué se te ha perdido a ti con esos chupatintas?

―Uchiha estudia allí ¿no? Necesito hablar con él. ―Shion abrió la boca y luego la volvió a cerrar, meneando la cabeza.

―No te va a decir nada, Hanabi―dijo tras unos minutos de silencio. Hanabi apretó los dientes.

―Seguro que si se lo pregunto con buena intención… ―Se detuvo al ver que ya habían llegado a la puerta principal de la facultad donde se formaban los futuros abogados. Sasuke salía en ese momento con su mochila a la espalda, seguido de otro tipo que no paraba de bostezar―. ¡Uchiha!―El aludido buscó con la mirada el origen del llamado, hasta dar con las dos chicas.

―Hyūga. ―Hanabi se paró frente a él y respiró hondo.

―Necesito preguntarte una cosa. ―Sasuke alzó una ceja pero no dijo nada, como dándole pie a que preguntara―. ¿Naruto tiene novia?―Al oírla Sasuke enarcó la otra ceja, mientras el chico que lo acompañaba se la quedaba mirando de repente, pareciendo de pronto interesado en la conversación.

―¿Por qué quieres saberlo?―Hanabi enrojeció.

―Porque… yo… bueno… ―Respiró hondo una vez más y encaró al Uchiha, con determinación―. Él me gusta. ―El acompañante de Sasuke tuvo que disimular una risa con una tos.

―Pregúntale a él―contestó Sasuke. Hanabi frunció el ceño.

―Él no me dirá nada, por eso es que he venido a preguntarte a ti. Sé que sois mejores amigos. ―Sasuke metió las manos en los bolsillos del pantalón.

―No soy quién para decir nada, tampoco. ―Hanabi frunció el ceño.

―¡Venga! ¡Solo quiero saberlo!

―¿Y qué harás si resulta ser cierto?―Hanabi se congeló al oírlo.

―¿Lo… lo es?―preguntó, con voz débil. Sasuke suspiró.

―Solo te diré que lo vas a tener jodido.

―¡¿Sí tiene novia, entonces?!―Sasuke se limitó a encogerse de hombros.

―Alguien especial, podría decirse. ―El que había hablado había sido el compañero de facultad de Sasuke.

―Shikamaru―gruñó el Uchiha. El aludido se encogió de hombros, volviendo a bostezar.

―No he dicho nada malo. ―Hanabi estaba procesando la información.

―¿Cómo es?―Tanto Sasuke como Shikamaru tuvieron que aguantarse las ganas de echarse a reír. La situación era de lo más graciosa, al menos para ellos: la hermana pequeña de la novia de su amigo estaba coladita por él. Los maravillosos enredos de la vida.

―Adiós, Hyūga. ―No dijeron nada más, yéndose y dejando a una Hanabi con más preguntas que respuestas.

―Te lo dije―susurró Shiona su lado―. Tiene novia.

―Solo han dicho que es alguien especial. Puede que simplemente le guste o le interese esa misteriosa chica, no necesariamente…

―Hanabi―cortó Shion―, sé que eres perseverante y que no te rindes nunca, una cualidad que aprecio y que creo es admirable, pero esto es pasarse. Espérate a que él te cuente algo y luego actúas o declárate y averigua si él siente lo mismo por ti. ―Hanabi se mordió el labio inferior.

En el fondo, sabía que su amiga tenía razón, que quizás no estaba haciendo las cosas como debería.

Pero en el amor y en la guerra todo valía, y por Naruto era necesario que hiciera el esfuerzo.

Él le gustaba mucho.


―¡Gracias por venir!―Naruto despidió a uno de los últimos clientes del restaurante. Estaba agotado y cansado, pero el tan solo pensar en que en cuanto acabara podría volver a casa a acurrucarse contra el cálido cuerpo de su novia le daba fuerzas para afrontar hasta los peores días de trabajo. Se puso a recoger la mesa que acababan de dejar libre cuando la puerta volvió a abrirse.

No se preocupó en ver quién había llegado, no era su cometido recibir a los nuevos clientes.

―¡Naruto!―el grito de Chōji lo hizo girarse a mirarlo. Su voluminoso amigo le tapaba la vista del nuevo cliente―. ¿Está lista la mesa cuatro?

―¡Casi!―Terminó de recoger en un suspiro y echó por encima un mantel limpio. Mientras iba a por platos y cubiertos Chōji guio a los comensales a la mesa. Cuando Naruto volvió, se llevó la sorpresa de su vida al ver allí a Hanabi, acompañada de un chico muy parecido a ella pero de mayor edad. Le picó la curiosidad. Por las pintas el tío era un Hyūga, eso saltaba a la vista, pero quería saber quién era. Salvo de Hanabi, Hinata no solía hablar de nadie de su familia. A pesar de que era una compañera de clase adoptó un aire profesional―. Buenas tardes y bienvenidos. Soy Naruto y seré su camarero. ¿En qué puedo servirles?―Hanabi le sonrió ampliamente.

―¡Oh, vamos, no hace falta que seas tan formal! ¡Somos amigos!―Naruto parpadeó, pareciendo algo incómodo con el arrebato de Hanabi.

―Hanabi―llamó el otro chico, en tono severo―. Este chico está cumpliendo con su trabajo. No seas impertinente. ―Hanabi hizo una mueca―. Discúlpela. ―Naruto sonrió, como si no hubiera pasado nada. Le había descolocado un poco porque no solía tener a conocidos o amigos que fueran al restaurante, salvo Sasuke y su familia, pero siempre habían sabido mantener las distancias, para así no perjudicarlo en su empleo.

―¿Ya saben lo que van a pedir?

―Denos unos minutos, por favor. ―Naruto asintió y se retiró hacia la cocina, en caso de que alguno de sus compañeros necesitara ayuda con las comandas.

Al cabo de unos cinco minutos regresó.

―¿Y bien?

―Para mí un agua con gas y unos macarrones gratinados.

―Yo quiero una coca-cola sin cafeína y un solomillo en su punto con patatas fritas. ―Naruto les cogió los menús y asintió.

―Enseguida se los traigo. ―Se dio la vuelta, sin ser consciente de que Hanabi lo observó todo el camino hasta que desapareció tras las puertas de la cocina.

―Ahora ya sé por qué te has empeñado en venir aquí. ―El tono de reproche la hizo volverse a mirar a su acompañante.

―No seas así, Neji-nii-san. Este sitio está muy bien.

―Es distinto a lo que estás acostumbrada. ―Hanabi bufó.

―No seas esnob.

―¿Te das cuenta de que ese chico no es más que un camarero? No digo nada si lo que buscas es divertirte un poco, pero mi tío jamás permitiría que salieses en serio con alguien como él. ―Hanabi frunció el ceño, ahora molesta.

―Papá y tú tenéis que dejar de vivir en las nubes y bajar al mundo real. Ya no estamos en la Edad Media ¿sabes? Naruto es un buen chico, es trabajador, saca buenas notas, está en el equipo de baloncesto, deporte en el cual es muy bueno, por cierto, por eso le ofrecieron una beca. Vive solo y se mantiene solo, y creo que eso es admirable. ―Neji suspiró, viendo de reojo como ese camarero rubio volvía con sus bebidas.

―No digo lo contrario, Hanabi, pero no está al mismo nivel socio-económico que nosotros. Además… ―calló, no queriendo proseguir. Naruto llegó a la mesa y sirvió las bebidas, dejando las botellas delante de ellos.

―Además ¿qué?―increpó Hanabi. Neji vio el rostro tenso de su prima y volvió a suspirar.

―Con una oveja descarriada en la familia tenemos más que suficiente. ―Lo había dicho en un susurro, intentando que solo Hanabi lo escuchara. Le pareció que así era, porque el chico no dio muestras ningunas de estar pendiente de su conversación.

―Si necesitan algo―dijo, incorporándose―no duden en llamarme. ―Y volvió a irse. Neji se sintió mucho mejor cuando se fue, en general no le gustaba tratar temas privados en lugares tan públicos, pero Hanabi nunca había sido de las que dejaban pasar una discusión, al contrario que su hermana mayor, a quien le horrorizaban los enfrentamientos.

Lo que Neji no sabía era que, lejos de no haber escuchado, Naruto se había enterado de toda la conversación. Tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para no estallar allí mismo, provocando una escena que sin duda haría que lo despidieran en el acto. Pero una vez en la cocina, lejos de las miradas de Hanabi y de aquel estirado, dio rienda suelta a su enfado, golpeando una de las mesas con la bandeja. El ruido hizo que alguno de los cocineros se lo quedara mirando, pero pronto se encogieron de hombros y volvieron a lo suyo. No era raro que algún camarero sacase la frustración en la cocina. Algunos clientes podían llegar a ser verdaderamente un infierno.

Aquel jodido niño de papá había insultado a Hinata, estaba seguro de ello. No sabía como, pero algo le decía que era así. Si no estuviera temeroso de perder su puesto de trabajo le cantaría las cuarenta encantado o, tal vez, le estamparía el puño en la cara. Nadie tenía permiso para hablar de su Hinata, no en su presencia, al menos.

―¿Estás bien?―Pestañeó y miró para Chōji; esbozó una sonrisa algo forzada.

―Sí, todo perfecto. Un cliente tocapelotas, ya sabes. ―Hizo un gesto con la mano para quitarle importancia. Chōji suspiró.

―Ánimo―le dijo―. No dejes que te afecte.

―Tranquilo, sé tratar con los idiotas. ―El resto de su turno transcurrió más o menos tranquilo. Aquel niño rico no volvió a mencionar nada sobre su novia y él casi que lo lamentó, pero se dijo que era lo mejor. Había sido un comentario desafortunado, sin duda, pero tampoco podía dejar que lo afectara.

Él conocía a Hinata, era la persona más buena, tierna y amable que conocía. Si no fuera así, él no se hubiera enamorado como un loco de ella. Punto final.

Acabó a su hora y, aliviado y con una sonrisa, fue a cambiarse para salir. Había conseguido una buena cantidad en propinas aquella noche. La próxima vez que pudiera salir a cenar con Hinata la invitaría a un buen restaurante, había ahorrado lo suficiente para ello.

Abrió la puerta de la calle y, tras despedirse de sus compañeros, salió. El aire frío le resultó placentero, en comparación con el calor sofocante del interior del restaurante. Anduvo por el callejón de atrás hasta llegar a la avenida principal, llevándose la sorpresa de su vida al ver a Hanabi, apoyada contra uno de esos lujosos coches de último modelo.

―¡Naruto!―Ella sonrió al verlo, apartándose de un salto del vehículo.

―Hanabi…

―¡Te he estado esperando! ¿Quieres que te lleve?―Naruto parpadeó para acto seguido suspirar.

―Hanabi, te lo agradezco pero no es nece-

―¡Venga, por favor! ¡Seguro que estás agotado! ¡No me cuesta nada!

―¿Y tu amigo?

―Neji-nii-san ya se ha ido hace un rato. Cogió un taxi y me dejó a mí el coche. Y no es un amigo, es mi primo. ―Así que primo… anotó mentalmente esa información.

―Hanabi, está bien, de verdad. Iré andando. Está aquí al lado…

―¡Pero es más cómodo si te llevo!―Naruto suspiró una vez más. Parecía que Hanabi no se iba a dar por vencida.

―Está bien, pero solo hasta la esquina de mi calle.

―¿Por qué? ¿Tienes miedo de que si sé donde vives entre a violarte por las noches?―Naruto hizo una mueca, no encontrándole la gracia a la broma.

Abrió la puerta del coche y se dejó caer en el asiento del mismo. Hanabi se puso al volante y arrancó, tras abrocharse ambos el cinturón de seguridad. El camino transcurrió en silencio, tan solo rato por los vanos intentos de Hanabi de entablar conversación.

―Aquí está bien―dijo Naruto, cuando vio que ya estaban llegando.

―Puedo seguir y dejarte en el portal.

―No, aquí está bien―reiteró Naruto. Resignada, Hanabi hizo caso y detuvo el vehículo a un lado de la acera, poniendo el intermitente―. Gracias.

―De nada. ―Lo vio bajar del coche, mordiéndose el labio inferior, sintiendo el amargo sabor de la derrota una vez más.

¿Por qué era tan difícil acercarse al chico que le gustaba? Ningún otro le había resultado tan complicado como Naruto. Era como si el rubio tuviera puesto un escudo invisible que solo dejaba traspasar a muy contadas personas. Y al parecer ella no estaba entre ellas.

Pero no quería darse por vencida. Esperó unos minutos y luego arrancó de nuevo, haciendo rodar el coche lentamente, buscando a su amigo y compañero de clase. Dio con él unos cuantos metros más adelante y lo siguió a una prudente distancia. Lo vio meterse en uno de esos edificios consistentes en varios bloques de apartamentos.

Memorizó el número del portal y la calle, para luego sí, poner rumbo a su propio hogar.


―¡Ya estoy en casa!―Dejó las llaves en el cuenco de la entrada y se descalzó, desprendiéndose al tiempo de su mochila.

―Bienvenido. ―Sonrió en cuanto los delgados brazos de Hinata lo abrazaron, correspondiendo en el acto y hundiendo el rostro en su suave mata de cabello negro azulado y lacio, aspirando con fuerza su aroma. Ahora que la tenía ahí, entre sus brazos, con su fragancia natural rodeándolo, se sintió infinitamente mejor, relajado, sintiendo como todas las preocupaciones se esfumaban de un plumazo―. La cena estará enseguida. ¿Quieres bañarte primero?

―Eso sería estupendo. ―Le tomó el rostro entre las manos y la besó―. Oh, hoy he recibido bastantes propinas, están donde siempre. Guárdalas en el tarro. ―Hinata cogió su mochila, mientras lo veía irse por el pasillo hacia el cuarto de baño. Rebuscó en el bolsillo de fuera hasta dar con el monedero en el que Naruto solía guardar esas monedas extra que recibía por su trabajo. Aunque Hinata insistía en que lo ingresara en el banco Naruto prefería ponerlo en un tarro, y de ahí iban cogiendo cuando hacía falta ir a hacer la compra o para alguna emergencia. Era una cantidad nada desdeñable y a Hinata le daba rabia que se desperdiciara en algo tan mundano, cuando ella misma podría hacer uso de su propio dinero para ello.

Pero su novio era terco, se recordó, metiéndose en la cocina con una sonrisa, y no le gustaba depender de nadie. Estaba empeñado en demostrarle en que ya era un hombre que podía perfectamente cuidar de sí mismo y cuidarla y, aunque Hinata no dudaba de eso, a Naruto le resultaba más fácil si sentía que era él el que ponía el dinero para el día a día.

Echó las monedas en el tarro, junto a las demás, observando como tintineaban al chocar unas con otras, sintiendo el pecho rebosante de amor y admiración hacia ese chico que le había robado el corazón.

Al cabo de unos quince minutos Naruto entró en la cocina, haciéndosele la boca agua ante el delicioso olor que salía de la misma.

―Eres una cocinera magnífica ¿te lo había dicho?―dijo, abrazándola por la espalda y recargando la barbilla en su hombro. Hinata soltó una risita, mientras terminaba de remover las verduras salteadas. Apagó el fuego y las echó en un cuenco. Recibió un beso de su novio antes de poder dirigirse a la mesa, ya puesta con todo lo necesario. Se sentaron a disfrutar de la cena.

―¿Qué tal tu día?―Hinata sonrió, sirviéndose un poco de arroz con verduras.

―Muy bien, la verdad. Los chicos se están esforzando mucho para los exámenes. Creo que todos conseguirán aprobar. ―Naruto sonrió.

―Eso es porque tú eres una gran profesora, Hyūga-sensei. ―Hinata no pudo evitar enrojecer furiosamente mientras que Naruto seguía sonriendo.

―¡Naruto-kun!―protestó.

―¿Qué? Solo he dicho la verdad, eras mi profesora favorita. ―Hinata volvió a sonrojarse intensamente, como cada vez que él hacía referencia a la forma tan poco ortodoxa en la que había iniciado su relación―. ¿Sabes?―dijo Naruto, tan unos minutos de silencio. Hinata lo miró―. Hoy vino Hanabi a comer al restaurante… ―Hinata tensó todos los músculos de su espalda, poniéndose recta como una tabla―. Creo que tenías razón… puede que le guste… ―Hinata no dijo nada, porque ella ya lo sabía, la misma Hanabi se lo había dicho cuando hablaron por teléfono la última vez.

¡Es tan guapo, nee-sama! ¡Es alto, rubio, de ojos azules y piel bronceada, se le da genial el baloncesto y también es inteligente! ¡Si es que lo tiene todo! Porque también es dulce, tierno, amable, divertido, caballeroso… ¡Te juro por Dios que no se me escapará! ¡Me gusta demasiado!

―¿Hinata?―Parpadeó, saliendo de sus recuerdos. Se apresuró a llevarse un bocado de arroz a la boca.

―Y-ya veo… ―Naruto suspiró. Dejó los palillos sobre la mesa y se inclinó, para cogerle las manos, que le había empezado a temblar. Se las apretó con cariño, atravesándola con su mirada azulada.

―No tienes de qué preocuparte, lo sabes ¿no? Es a ti a quién amo, de quién estoy enamorado'ttebayo. ―Hinata bajó la cabeza, mordiéndose el labio inferior. Naruto se dijo que no era el momento para decirle que también había conocido a su primo. Suspirando nuevamente se levantó, se puso al lado de su silla y tiró de ella suavemente, hasta tenerla encerrada entre sus brazos, firmemente apretada contra su pecho―. Te amo―le dijo―, te amo―le repitió, tomándole el rostro entre las manos para que lo mirara―. Te amo, Hinata, a ti y solo a ti.

―Naruto-kun… ―Se impulsó para besarlo, sin poder esperar más, con algunas lágrimas desprendiéndose de sus ojos. A veces le parecía que el maduro de la relación era él y no ella, quien se comportaba como una niña insegura cada vez que una chica más joven y más guapa se acercaba a su novio con claras intenciones de conquistarlo.

Se separaron solo para volver a besarse de nuevo, acuciados ahora por la necesidad. Se olvidaron de la cena, de los cacharros sucios y del exterior. Nada importaba, se dijo Hinata cuando ya estaban en la habitación, sobre la cama que compartían, con él bajo ella disfrutando de sus cuerpos.

Nada importaba salvo el aquí y el ahora, y lo disfrutaría hasta que el destino decidiera que ya era suficiente.


Hanabi detuvo el coche justo delante del portal por el que Naruto había desaparecido el día anterior. Pocas veces lo hacía, pero hoy le había pedido permiso a su padre y posteriormente a Neji para coger el coche, con la excusa de que tenía que quedarse hasta tarde en la biblioteca a estudiar y de que así le resultaría más cómodo volver a casa sin necesidad de depender de nadie.

Claro que su verdadera intención era otra bien distinta. Tenía planeado ir a buscar a Naruto de sorpresa, y no iba a admitir un no por respuesta. Podía ser realmente cabezota cuando quería algo. Rendirse no estaba en su vocabulario, no cuando eras una Hyūga.

Suspiró, mirando por la ventana, dando toquecitos impacientes con la yema de los dedos sobre el volante, esperando a que el chico de sus sueños apareciera. No tuvo que esperar mucho. Divisó su corta cabellera dorada aun en la distancia. Su corazón comenzó a latir apresurado. Bajó la ventanilla y se acercó al hueco, abriendo la boca dispuesta a llamarlo.

Cuando sus ojos perlados se toparon con una escena que, desde luego, no esperaba ver ni en un millón de años.

Naruto, el chico que le gustaba, caminaba por la calle sonriente, hablando con otra persona a la que, según veía Hanabi, le tenía la mano cogida, con sus dedos entrelazados. Llegaron a un vehículo que a la castaña se le hizo sospechosamente familiar, y cuando se estaba preguntando dónde lo había visto antes, Naruto se apartó para rodear ese coche que tanto le sonaba y entrar en él, no sin antes inclinarse para besar, claramente en la boca, a su acompañante, demorándose unos minutos de más.

Cuando al fin pudo divisar a la desconocida chica, a Hanabi le dio un vuelco el corazón. Se echó hacia atrás, chocando contra la puerta de su propio vehículo, con los ojos abiertos como platos.

―No puede ser―susurró, incrédula, viendo como la persona a la que el objeto de sus anhelos había abrazado y besado se peinaba una larga cabellera negro azulada para acto seguido entrar en el coche―. No puede ser―volvió a susurrar, viniéndole ahora a la mente por qué aquel vehículo se le había hecho tan familiar.

Se mordió el labio inferior, viendo como automóvil y pasajeros se perdían en la lejanía. Se apresuró a ponerse ella misma en marcha, sabiendo adonde irían sin necesidad de averiguarlo.

Efectivamente, el coche paró delante del campus, y de él vio bajar a Naruto, así como lo vio volver a meter medio cuerpo dentro para despedirse de la persona que conducía con un beso.

Tragando saliva, Hanabi se bajó del vehículo y, con paso tembloroso, se acercó al coche sin que la conductora, segura de quien se trataba, no la viera, pero de forma que ella sí pudiera verla a ella.

Todo su mundo se vino abajo al confirmarse sus sospechas.

―Nee-sama… ―Se llevó una mano al pecho, jadeando, sin acertar a reaccionar ni siquiera cuando vio a su hermana mayor arrancar su propio coche para irse. Sus ojos se dirigieron entonces a la entrada de la universidad, donde un sonriente Naruto, apoyado contra una columna, simulaba estar escuchando a uno de sus compañeros de equipo que lo había interceptado, pero con sus ojos fijos en el camino por el que Hinata había desaparecido.

Aquello debía de ser una cruel broma del destino, pensó.

Una muy cruel broma.


El timbre del aula sonó, anunciando el final de la clase. Con una sonrisa, Hinata vio como sus alumnos recogían todo el material utilizado y limpiaban las mesas de laboratorio. Su ayudante, una chica llamada Moegi Takahashi, le llevó las fichas que todos habían cubierto durante el experimento de hoy.

―Muchas gracias, Takahashi-san. ―Ella le sonrió.

―De nada, Hyūga-sensei.

―¡Vamos, Moegi! ¡Que después hay cola!―La chica le lanzó una mala mirada a su amigo Konohamaru.

―Ve con Sarutobi-kun y Kumamoto-kun, yo termino de recoger. ―Dándole una sonrisa agradecida, la chica se despidió con una reverencia y fue a reunirse con sus amigos. Hinata no pudo evitar que la nostalgia la invadiera, recordando no hace mucho una estampa similar entre el que hoy era su novio y sus dos amigos en el instituto, Sasuke y Sakura.

Se volvió, empezando guardar las fichas en su carpeta y poniendo encima el cuaderno donde anotaba las observaciones y las notas de todos los alumnos, para no olvidarse de cogerlos cuando se fuera. Metió las fichas sobrantes en un cajón tras sujetarlas todas juntas con un clip y dejó las gafas protectoras en la caja junto a las demás, tapando esta y poniéndola en su sitio, en la estantería que había junto a la puerta. Se encaminó de nuevo hacia su mesa para coger la carpeta y el cuaderno, así como las llaves e ir ella también a comer, a la sala de profesores.

―Se te ve muy feliz, nee-sama. ―Hinata se volvió, desconcertada al ver allí, en el umbral de la puerta de su laboratorio, a su hermana pequeña. Parecía tener pinta de haber llorado y su corazón se estrujó.

―Hanabi, ¿qué ha pasado? ¿Estás bien? ¿Por qué estás aquí y no en clase? Padre se enfadará como se entere… ―Hizo amago de acariciarle el rostro pero su hermana se apartó de ella como si quemara, situándose lo más lejos posible de su hermana mayor. Hinata dejó caer la mano, pestañeando, confusa por el comportamiento de su hermanita―. ¿Hanabi? ¿Qué…

―¡No me toques!―chilló la chica, al ver la mano de Hinata intentando sujetarla de la mano. Hinata abrió los ojos al oírla gritar de esa forma, como si estuviera desesperada, rota.

―Hanabi… ―llamó, ahora angustiada, preocupada. Su hermana pequeña era una chica fuerte, segura de sí misma, que no solía mostrar sus emociones aunque estas estuvieran a punto de ahogarla.

―¡No!―gritó de nuevo, sacudiendo la cabeza―. ¡No vengas ahora a hacerte la hermana buena conmigo!―La señaló con un dedo tembloroso―. ¡Eres una traidora!

―¡Hanabi!―exclamó Hinata, sintiendo su corazón encogerse ante la ira y el desprecio que teñía la voz de la más joven―. No sé lo que ha pasado, ni lo que te he podido hacer para que te comportes así pero…

―¡¿Qué no lo sabes?! ¡¿No lo sabes, dices?! ¡MENTIROSA!―Por el rabillo del ojo, Hinata vio como algunos alumnos rezagados se habían parado en seco en mitad del pasillo, mirando sorprendidos por las ventanitas al interior del laboratorio. Corrió hacia la puerta y, tras darles una sonrisa de disculpa y asegurarles que todo iba bien, que era una asunto personal, cerró con llave, para volver a centrarse en Hanabi.

―Hanabi…

―¡Tú lo sabías! ¡Lo sabías porque te lo conté! ¡Te confié mis sentimientos, mi corazón y tú… t-tú… lo pisoteaste!―Hanabi estalló en un llanto inconsolable. A Hinata se le partió el alma al verla así, tan vulnerable.

―Hanabi… por favor… no sé de qué-

―¡Deja de hacerte ya la tonta!―Hanabi clavó sus ojos enrojecidos en ella―. ¡Te he visto! ¡A ti y a él!―Hinata se sintió como si miles de cuchillos se le clavaban en el corazón al oírla―. ¡Os vi! ¡Vi cómo te cogía la mano, como te abrazaba y como te besaba! ¡Vi cómo te miraba! ¡Cuando tú sabías lo mucho que a mí me gustaba, lo mucho que lo quiero! ¡No eres más que una puta traidora, hermana!―Hinata retrocedió con una mano en el pecho, jadeando, como si la hubiesen abofeteado.

―Hanabi… ―llamó, en un hilo de voz, sintiendo como sus propias lágrimas anegaban sus ojos, igual de perlados que los de su hermana pequeña.

Quiso ir hacia ella, quiso abrazarla, explicarle que eso no era así, que Naruto y ella se amaban…

―¡¿Por qué?! ¡Dime por qué!―chilló Hanabi, con el rostro manchado por gotas saladas―. ¡¿Fue porque querías demostrar que eras mejor que yo en algo?! ¡¿Fue porque me tienes envidia de que padre me prefiera a mí antes que a ti?!

―P-por supuesto que no… yo nunca… ―se le cortó la voz por culpa de un sollozo. Un mareo la asaltó y tuvo que aferrarse al borde de la mesa que tenía más cerca, con un remolino de sensaciones en su interior―. Hanabi, yo…

―¡Es menor que tú! ¡¿Te das cuenta de lo que podría ocurrir si la gente se entera?! ¡Arruinarás tu vida pero también la suya! ¡Eres… e-eres… una puta egoísta, eso es lo que eres!―Desde algún rincón de su mente su conciencia le quiso decir que aquella no era su hermana, que los que hablaban eran el dolor y la desesperación de no saberse correspondida por el chico que amaba, pero Hinata nunca había sido buena siendo racional en situaciones irracionales.

Cayó de rodillas al suelo, cubriéndose el rostro con las manos para ahogar así su propio llanto. Hanabi la miró, con todo el desprecio pintando su bonito rostro.

―Eres asquerosa, nee-sama. Te odio. ―Y se fue, dejando a una Hinata rota de dolor y de desesperanza.


Naruto metió la llave en la cerradura y la giró, con una gran sonrisa pintada en la cara, bullendo de felicidad como cada vez que regresaba al que, después de largos y dolorosos años, podía llamar hogar.

―¡Estoy en casa!―Dejó la mochila en el suelo y comenzó a descalzarse, extrañado de que su preciosa y tierna novia no fuera a recibirlo―. ¿Hina?―Anduvo hasta la cocina, encontrándola pulcra y perfectamente ordenada, sin rastros de una cena a medio hacer, como sería lo normal―. ¿Hinata?―Se asomó al baño, pero ella tampoco estaba allí. Fue de nuevo hacia la sala y la cocina, buscando algún rastro de ella, pero nada.

Tal vez había salido con Temari, sí, seguro que era eso. Dirigió sus pasos entonces hasta la nevera, buscando alguna nota escrita con su bonita y elegante caligrafía que le indicara adonde había ido, como era su costumbre cada vez que algo le surgía y no podía estar en casa a la hora a la que él solía llegar, algo que hacía desde que se habían mudado juntos.

Pero tampoco había nada en la puerta de la nevera, nada en absoluto.

Un mal presentimiento asaltó a Naruto en ese momento y corrió hacia el cuarto de baño, el primer sitio que se le ocurrió revisar. Descorrió las cortinas de la ducha y sus orbes azules se abrieron como platos al descubrir que su champú y su esponja no estaban.

―No puede ser―susurró. Abrió bruscamente los cajones, solo para encontrarse que el secador que ella siempre usaba tampoco estaba en su sitio, así como también faltaban su cepillo de dientes, su cepillo para el pelo, sus gomas y sus cremas para el cuerpo, y su escaso maquillaje―. No, no puede ser. ―Atravesó el pasillo a todo correr hasta la habitación, tropezándose con el marco de la puerta y soltando una maldición por culpa del latigazo de dolor en el hombro; lo ignoró y se precipitó sobre el armario, abriéndolo de par en par.

Se le cortó la respiración y el corazón se le encogió en el pecho al ver que no había ni rastro de su ropa. Nada. Ni siquiera un mísero cinturón.

―No… ―Se tomó el pelo con las manos, tirando de los cortos mechones, cabizbajo―. ¡No, mierda, no! ¡No puedes haberme hecho esto, Hinata!―Sacó el móvil de sus pantalones y, con dedos temblorosos, marcó su número. Le dio apagado o fuera de cobertura. Con un grito de dolor lanzó el aparato contra la pared, descomponiéndose este al ir a dar contra el suelo.

Empezó a buscar por todas partes, tenía que haber algo, una nota, una pista… algo que le dijera el por qué Hinata había decidido coger todas sus cosas e irse, el por qué lo había abandonado.

Pero no encontró nada.

Roto de dolor se dejó caer sobre la cama, temblando como un niño; enterró el rostro entre sus brazos con los codos apoyados sobre las rodillas, llorando a lágrima viva, importándole un comino importunar a los vecinos con sus audibles gritos de desesperación.

―No… no… no… Hinata… ¿por qué? No… no… no… ―No supo cuánto tiempo pasó, ahí, sumido en su propia agonía. No fue hasta que tuvo que limpiarse el rostro por causa de las lágrimas que le nublaban la vista que notó que ella sí había dejado algo, y ese algo le había rozado la punta de la nariz.

Se quedó mirando para su muñeca, estupefacto, durante varios segundos.

La pulsera, la pulsera que había pertenecido a su madre y que ella le había dejado como recuerdo tras la primera noche que habían estado juntos, la noche en la que se habían conocido.

Cerró los ojos, obligándose a respirar hondo y a calmarse, buscando pensar con la cabeza fría. Hinata no se habría ido así como así, no lo habría abandonado a su suerte, dejándolo solo. No lo habría hecho, no, por nada del mundo.

Porque Hinata le amaba, de la misma forma en que él la amaba a ella. Era más que evidente que lo hacía, y no solo porque ella se lo hubiera dicho muchas veces, sino por la forma tan especial en que ella siempre lo observaba, por la forma tan suya que tenía de sonreírle, con esa sonrisa que sabía guardaba especialmente para él.

Con paso tembloroso pero sintiendo la determinación crecer en su pecho, se agachó para recoger el móvil descompuesto y, tras recolocar todo en su sitio, le dio la vuelta y lo encendió, obviando que el cristal de la pantalla había estallado, seguramente al dar contra el suelo.

Apretó los dientes con impaciencia, esperando a que el dichoso aparatito quisiera arrancar. Metió el pin en cuanto le dejó y, tras adquirir varias rayitas de cobertura, llamó a Sasuke.

―Teme, necesito tu ayuda. ―Porque no dejaría que Hinata se le escapara. Así tuviera que luchar contra viento y marea, contra gigantes invisibles o contra molinos de viento, la recuperaría, no pararía hasta tenerla de nuevo a su lado.

Porque Naruto Uzumaki ya no era nada sin Hinata Hyūga.

Fin Acto VII


Ayyyy, pero qué bien que ya pasamos la mitad de la historia xDDD. Perdón de nuevo por tardarme y por no haber contestado aún los reviews. Dadme... tres horas, más o menos (tengo varias cosas por hacer antes u.u).

¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí.

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.