¡YAHOI! Pues un viernes más por aquí, actualizando. Y con la semana santa a la vuelta de la esquina xDDD.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

¡Espero que os guste!


Acto VIII

Del intento de reconciliación


―Me alegro de que hayas recapacitado. ―Las manos le empezaron a temblar y las escondió por debajo de la mesa, retorciéndolas mientras se mordía el labio inferior para evitar que también le temblase.

No contestó, sabía que su padre no esperaba una contestación, que solo había hablado para recalcar un hecho, nada más. Una de las doncellas le trajo café y ella se lo agradeció en un murmullo apenas audible, para acto seguido comenzar a desayunar, en completo silencio.

―Buenos días. ―El corazón se le paró y levantó la cabeza, solo para ver como los ojos de su hermana menor la fulminaban con la mirada. Hinata no pudo menos que sentirse la peor persona del mundo al percatarse de la rojez y las ojeras que rodeaban sus párpados, evidenciando así que había estado llorando.

―Hanabi… ―Pero su hermanita la ignoró, cogiendo una tostada para untarla. Hinata apretó los labios y bajó la vista a su taza de café.

―Hinata. ―Levantó la vista de nuevo, esta vez a su padre―. En cuanto termines nos iremos. Tienes mucho con lo que ponerte al día.

―Sí, padre―musitó, sin ganas.

―Y recuerda que hoy tenemos la cena del círculo de empresarios. Espero que estés a la altura. Lo mismo va para ti, Hanabi. Vosotras dos algún día dirigiréis la compañía junto con Neji. No me decepcionéis. ―Aquellas duras palabras, Hinata lo sabía, iban dirigidas casi exclusivamente a ella, pero no protestó. No tendría caso hacerlo. Había tomado una decisión y no podía arrepentirse.

Una dolorosa decisión, le recordó su agónico corazón. Las lágrimas quisieron hacer acto de presencia en su rostro pero se apresuró a llevarse una servilleta a la cara, simulando limpiarse algún resto de café o de mermelada. No podía derrumbarse, no ahora.

Las cosas estarían mejor así. Naruto seguiría con su vida, era un chico joven, fuerte y optimista. La odiaría durante un tiempo pero acabaría superándolo, encontraría a otra persona a la que amar, de la que se enamoraría y con la que se casaría para formar una familia, una chica de su edad, que tuviera los mismos intereses que él…

Tragó saliva, restregándose los ojos nuevamente con la servilleta, tratando de esconder su dolor. Un par de sillas más allá Hanabi se dio cuenta de que su hermana mayor parecía estar a punto de quebrarse, pero ignoró la punzada de culpabilidad que la asaltó.

Se lo merecía. Ella había confiado en Hinata, le había contado sus más profundos sentimientos y ella había tenido el descaro de mentirle, de ocultar información y de aprovecharse de alguien tan noble como Naruto.

―Me voy. ―Se levantó bruscamente, cogió sus cosas y salió de la casa, rumbo a la universidad. El chófer la dejó justo en la entrada y se dirigió a su clase, todavía con los remordimientos queriendo hacerse dueños de su mente. Sacudió la cabeza, ceñuda, negándose a permitirlo. Era una Hyūga, orgullosa y fuerte, no dejaría que algo que sabía era lo correcto la martirizara.

―Buenos días.

―Buenos días, Shion. ―Su mejor amiga se dejó caer a su lado.

―No tienes buena cara… ¿problemas en casa?―Hanabi torció los labios. Shion había sido la única persona a la que le había contado lo que había ocurrido. Pero la rubia, lejos de comprenderla y compadecerla, la había censurado, diciéndole que había sido una estúpida por actuar guiada por un impulso.

―Te odiará como se entere―le había dicho, refiriéndose a Naruto. Hanabi la había mirado, con el ceño fruncido.

―¿Cómo puedes decir eso? ¡Ella…

―Lo hacía feliz. Siempre venía la mar de contento a la uni, radiante y con una sonrisa en el rostro. Ahora parece un zombi, un alma en pena. ―Hanabi había desviado la vista.

―No exageres… ―Y Shion se había limitado a suspirar, dándola por imposible.

Sintió un codazo en las costillas y levantó la vista, volviendo al presente. Su amiga le señaló para la entrada de la clase, donde un cansado y abatido Naruto entraba, arrastrando los pies, con los hombros y la cabeza gachos, una expresión de total desolación en su rostro, con los ojos rojos y unas ojeras oscuras, bien marcadas en su bronceado rostro. Parecía haber adelgazado porque la camiseta y el pantalón que llevaba le quedaban algo flojos.

―Me pregunto cuánto llevará sin comer bien… ―Hanabi frunció el ceño. No iba a rendirse tan fácilmente. Naruto lo superaría, estaba segura de que lo de su hermana tarde o temprano se le pasaría. Después de todo, no podía ser más que un encaprichamiento, un enamoramiento pasajero de un chico joven por una mujer mayor, algo que pasaba con frecuencia.

Puso su mejor sonrisa y se levantó, agitando el brazo para llamar la atención del rubio.

―¡Naruto, hey! ¡Aquí!―Él la miró. Durante un segundo, Hanabi vio como sus ojos se abrían y se la quedaba mirando, fijamente, como si tuviera que esforzarse en reconocerla. Cuando él al fin reaccionó desvió la vista, sin contestarle, y se arrastró como alma en pena hasta uno de los asientos delanteros, dejándose caer sobre la silla como un fardo.

Hanabi borró su sonrisa y bajó el brazo, lentamente.

―No quiere saber nada de ti. ―Hanabi se sentó de nuevo, mirando para Shion.

―¿Qué quieres decir?―Los ojos violetas de Shion se clavaron en ella durante unos segundos para luego mirar la espalda de Naruto, unas cuantas filas más adelante.

―Naruto no es idiota, Hanabi. Seguramente sospeche que tú tengas la culpa de que su novia lo haya abandonado.

―No eran novios―se apresuró a decir ella. Shion bufó.

―Vivían juntos, probablemente también dormían juntos y se acostaban juntos… oh, sí, nena, no niegues lo evidente―dijo al ver la mueca de repulsión que cruzaba el hermoso rostro de la castaña―. Eran novios, pareja formal que compartía una vida desde hacía sabe Dios cuánto tiempo. ―Volvió de nuevo la vista a su amiga―. No te perdonará fácilmente, no si finalmente sabe que has sido tú la que ha hecho que ahora tenga que pasar por un infierno.

―Exageras―murmuró.

Shion bufó de nuevo.

―Hanabi, eres mi mejor amiga y te quiero, pero deja de ser tan cabezota. Si Naruto no amase a tu hermana no parecería a punto de derrumbarse en cualquier momento. Está enamorado de ella, hasta el tuétano. Allá tú con las consecuencias si no quieres escucharme. Además, te le pareces demasiado, ¿no crees que sería asqueroso que te aprovecharas de eso? No me mires así, sé que lo has pensado. No todos los fines justifican los medios, Hanabi. Tenlo claro. ―Iba a replicar cuando el profesor de turno entró en el aula, dando así inicio a la clase.

Se mordió el labio inferior, observando para la doblada espalda del Uzumaki, con los remordimientos luchando una vez más por salir a la superficie y reconcomerla.


―Dobe. ―Gimió, revolviéndose entre las revueltas sábanas de la cama, abrazando con más fuerza la almohada sobre la que ella solía reposar su cabeza mientras dormía, cuando no lo usaba a él para apoyarse. La tela aún conservaba rastros de su olor, por eso se había negado a lavar las sábanas y la colcha, porque era lo único que le quedaba que le aseguraba que todo lo vivido con Hinata había sido real y no un producto de su imaginación―. Dobe.

―Déjame―murmuró, con voz ronca, sintiendo la lengua pesada y la boca pastosa. Escuchó un bufido y sintió como le arrancaban las mantas. Un tintineo le dijo que alguna de las tantas botellas de alcohol que había consumido se había caído al suelo.

―O te levantas tú o te levanto yo. Elige. ―Gruñó y abrió los ojos, tratando de enfocar la vista. Las sienes empezaron a palpitarle y cuando al fin distinguió la cara de su mejor amigo a los pies de la cama bufó, volviendo a dejarse caer sobre el colchón.

―Vete a la mierda, te-

―Tú lo has querido. ―Naruto chilló cuando Sasuke lo atrapó de los tobillos y tiró de él hasta arrancarlo de la cama, lanzándolo al suelo. Naruto estaba tan debilitado por la falta de comida y la mona de la borrachera que se había cogido la noche anterior (como todas las noches desde que ella lo abandonó) que no tuvo opción a protestar, soltando un gemido de dolor cuando su cuerpo cayó contra el duro suelo de madera. Fulminó al Uchiha con la mirada; hizo un esfuerzo sobrehumano para incorporarse. A duras penas pudo reunir fuerzas para sentarse y apoyarse contra el borde de la cama, con las piernas y los brazos estirados, como un muñeco sin vida.

A Sasuke se le retorcieron las entrañas al ver al que consideraba su hermano como un muerto en vida. Maldijo a Hanabi Hyūga en su mente una vez más, porque estaba cien por cien seguro de que esto había sido cosa suya.

Hinata amaba al tarado de su mejor amigo, no lo habría dejado así como así, de un día para otro y de la forma tan cobarde en que lo hizo, sin decirle nada y sin darle explicación alguna. No era propio de la dulce chica que adoraba y veneraba a Naruto de la misma forma en que él besaba el suelo que ella pisaba.

Suspiró y se agachó al lado del rubio, apretándole el hombro en señal de comprensión y apoyo.

―Ve a darte una ducha, yo intentaré arreglar este desastre. ―Naruto clavó sus ojos azules, apagados, sin ese brillo travieso que lo caracterizaba, en el Uchiha. Intentó esbozar una sonrisa amarga.

―No puedes arreglarlo―dijo, haciendo un esfuerzo por hablar. Se sentía tan cansado… ―. Nadie puede. ―Sasuke rodó los ojos.

―Suficiente. ―Lo tomó del brazo y tiró de él, prácticamente obligándolo a levantarse y a caminar a trompicones hasta el cuarto de baño―. Métete en la ducha o te juro que te meto yo. Y sabes que soy capaz de hacerlo.

―Sasuke…

―Luego hablo contigo. Primero, adecéntate. Que pareces un puto muerto, joder. ―Y le cerró la puerta en las narices, no dándole tiempo a replicar.

Se quedó unos minutos fuera del baño, parado en el pasillo, escuchando. No se movió hasta que oyó el agua de la ducha correr. Cerró los ojos, aliviado, y volvió a la habitación donde su mejor amigo solía pasarse el tiempo encerrado, emborrachándose y compadeciéndose de sí mismo, llorando la pérdida del amor de su vida.

―Jodidas mujeres celosas―masculló, haciendo bola con las sábanas para echarlas a lavar. Cogió las almohadas y también las despojó de las telas. Probablemente su amigo le chillaría, pero lo hacía por su propio bien.

Metió en una bolsa de basura las botellas vacías de alcohol y la puso en la entrada, para bajarla luego. Abrió las ventanas de toda la casa para ventilar y luego se afanó en la cocina, para lavar los escasos cacharros sucios que había en el fregadero. También preparó un par de esos envases de ramen instantáneo que tanto gustaban a su amigo, para obligarlo a comérselos. Esos asquerosos fideos eran mejor que nada, y dudaba de que Naruto hubiese ido a hacer la compra.

Cuando dejó de escuchar el agua en el baño fue hacia el mismo. Naruto salió, con el corto cabello rubio húmedo y totalmente desnudo. Sasuke se cruzó de brazos, observándolo, importándole muy poco su estado de desnudez. Apretó sus brazos al percatarse de la marcada delgadez en su amigo. No es que hubiese sido nunca antes rollizo o gordito, pero ahora parecía mucho más flaco.

Con un suspiro de resignación Naruto fue hacia su habitación, quedando momentáneamente parado en el umbral, como si le doliera terriblemente el tener siquiera que dar un paso dentro de esa estancia en la que había pasado los mejores momentos de su vida.

Sasuke vio con alivio como al fin entraba y se dirigía al armario, sacando ropa limpia. Tan solo unos viejos pantalones de chándal y una camiseta descolorida, pero era mejor que nada. Al menos eran prendas limpias.

Luego lo siguió hasta la cocina, donde el Uzumaki hizo una mueca al ver los dos envases de ramen, humeantes y ya listos para tomar.

―Sasuke…

―Come. ―Empujó la comida hacia él y, con los hombros hundidos por la resignación, cogió los palillos y empezó a sorber, lentamente, como si realmente no quisiera hacerlo. Sasuke esperó a que terminara al menos la mitad del primer envase y luego se recostó en su silla, con un suspiro―. Traigo noticias… ―Naruto levantó la cabeza, mirándolo, esperanzado―. Hoy hay una cena, en el círculo de empresarios. No te garantizo que ella vaya a estar pero… si conozco en algo a Hiashi Hyūga… ―Naruto sintió el corazón martillearle en las sienes, pero esta vez no era por la resaca.

―¿Crees… crees que ella… irá?

―Probablemente. ―Naruto tragó saliva.

―Y… ¿crees… crees que yo podría…

―Estarás allí, pero no como invitado, no he podido colarte entre los asistentes, pero… ―Suspiró de nuevo―. Mi padre es el que organiza este año el evento, y lo he convencido para que contrate los servicios de cáterin del restaurante de los Akimichi. ―Naruto contuvo la respiración―. Irás, como camarero, Chōji me ha dicho que se asegurará de que te llamen para ello, aunque sea a última hora… ―Tuvo que respirar hondo―. Sé que no es la situación ideal…

―No―lo cortó Naruto. Una ancha sonrisa iluminaba su bronceado rostro―. Es perfecto. Gracias, teme. De verdad. ―Sasuke esbozó una media sonrisa, felicitándose por haber podido hacer que su mejor amigo sonriera de nuevo.

―De nada. Ahora no la cagues. ―Naruto hundió los palillos en su ramen, ahora sí, con ganas de comer.

Al fin, era lo que había estado esperando. Al fin podría ver a Hinata y preguntarle, estrecharla entre sus brazos y hacerle prometer que volvería con él y que nunca, nunca jamás en la vida le volvería hacer una cosa así.

Metió la mano en el bolsillo, apretando el objeto que últimamente lo acompañaba a todas partes, con fuerza, sintiendo sus esperanzas renovarse.

Espérame, Hinata―se dijo―. Juro que te recuperaré.


Se miró una vez más en el espejo. Su atuendo era el adecuado, eso no lo negaba, pero no se sentía bien llevándolo. Los vestidos caros y las joyas exclusivas habían dejado de tener hueco en su guardarropa desde hacía mucho, y tener que volver a ponérselas apenas un par de semanas después de tener que haberle roto el corazón al chico al que amaba no le daba ningún consuelo, sino todo lo contrario.

―Hinata. ―Respingó al oír la voz de su primo Neji al otro lado de la puerta. Respirando hondo para tomar valor, agarró su bolso y salió―. ¿Se encuentra bien?

―Estoy bien―mintió, forzando una sonrisa. Neji alzó las cejas pero se abstuvo de comentar nada. Su prima parecía estar de todo menos bien. Seguramente tenía que ver con la fría y cortante actitud de su hermana menor hacia ella. En toda su vida era la primera vez que veía a las dos hermanas pelearse. Hinata adoraba a Hanabi y Hanabi adoraba a Hinata. Tenía que haber alguna poderosa razón para que ahora Hanabi la mirase con tanto rencor y se negase a dirigirle la palabra.

―¿Seguro? Puedo convencer a mi tío de que-

―No―lo cortó Hinata. Se humedeció los labios y respiró hondo de nuevo―. Estoy bien, Neji-nii-san. De verdad. Vámonos. ―La miró un par de segundos más fijamente y luego asintió. Se apartó de la puerta y le ofreció su brazo. Hinata se aferró a él como si fuera un salvavidas y ambos recorrieron el pasillo y bajaron las escaleras hasta el vestíbulo, donde Hiashi y Hanabi ya los esperaban.

―Bien. ―Comentó Hiashi, dando una mirada evaluadora al aspecto de su hija mayor. Sonrió, satisfecho, y se acercó a ella. Neji se apartó discretamente y dejó que fuera el padre de Hinata el que tomara su lugar―. Estás muy guapa, hija. ―Hinata intentó sonreír. Su padre estaba haciendo un esfuerzo por halagarla, y sabía que lo hacía de verdad, que no eran solo palabras vacías.

―Gracias―contestó, con voz débil. Miró un segundo para Hanabi, pero esta le rehuyó la mirada, con los labios y los puños apretados. Sintió la tristeza invadirla una vez más, pero se guardó esos negativos sentimientos para más tarde. Ahora tenía un importante evento al que acudir.

La cena del círculo de empresarios sería en la morada de estilo occidental de los Uchiha que estos poseían a las afueras de la ciudad. Un mayordomo impecablemente vestido los recibió y los hizo pasar al jardín, donde los invitados disfrutaban de un aperitivo previo a la cena.

Neji y Hiashi se mezclaron a la perfección, arrastrando a ambas hermanas con ellos, presentándolas y obligándolas a entablar amenas conversaciones, la mayoría de las veces con las demás mujeres que allí se encontraban.

―He oído que dentro de poco va a retomar su puesto en la empresa familiar. ―Hinata sonrió forzadamente a su interlocutora, una espigada mujer de gesto severo―. Espero que no se lo tome muy en serio, querida, o pronto perderá la oportunidad de encontrar marido.

―¿Es cierto que ha ido a visitarla el joven heredero de los Ōtsutsuki? ¡Qué envidia!―Hinata tuvo que agarrar una copa de champán de una bandeja que un camarero portaba para darle un trago y ver si así el alcohol la ayudaba a tranquilizarse.

Los rumores volaban, al parecer. Sí, era cierto que Toneri Ōtsutusuki había ido a visitarla un par de veces, con el pretexto de tratar asuntos de negocios con su primo o con su padre, aunque todos sabían que sus intenciones habían sido verla a ella.

―¡Oh, Dios, mío! ¡Ahí viene!―Hinata se dio la vuelta y, efectivamente, vio a Toneri caminar hacia ella, con su porte elegante y una sonrisa amable en sus finos labios―. Es guapísimo…

―Agárrame que creo que voy a desmayarme… ―Las risitas flojas le chirriaron en los oídos, pero consiguió mantener la compostura de alguna manera y forzar la enésima sonrisa de la noche.

―Hinata. ―Dejó que tomara su mano para besársela como todo un caballero.

―Toneri. ―La retiró enseguida, reprimiendo el impulso de limpiársela en la falda de su vestido de cóctel.

―Me alegra verte.

―Gracias. ―No le dijo "yo también" porque sabía que eso daría lugar a malinterpretaciones, y lo que menos quería era que la gente empezara a pensar que ellos dos mantenían algún tipo de relación íntima.

―¿Has probado ya los canapés?

―Aún no he tenido el placer.

―Permíteme. ―Buscó con la mirada e hizo un elegante gesto con la mano para llamar a un camarero. Hinata miró para su copa, buscando una manera educada, rápida e indolora de salir de aquella situación tan incómoda.

―Gracias. ―La voz de Toneri sonó amable cuando agradeció al camarero.

―De nada. ―Fue como un latigazo.

Levantó la cabeza de golpe y sus ojos se abrieron con la más absoluta sorpresa, su corazón golpeando fuertemente su esternón. Abrió y cerró la boca varias veces, incrédula. Empezó a temblar y temió desmayarse.

No podía ser. Simplemente no podía ser. No, no podía ser, su imaginación le estaba jugando una mala pasada, solo eso…

―¿Se encuentra bien, señorita?―Cerró los ojos con fuerza, negándose a creer en sus sentidos porque seguramente estos la estaban traicionando. Anhelaba tanto verlo, escucharlo, olerlo que ya estaba viendo visiones.

―Di-discúlpenme… ―Prácticamente echó a correr hacia la casa, necesitando encontrar un lugar para esconderse, y seguramente uno de los tantos cuartos de baño sería una buena opción.

Se metió en el primero que encontró, cerrando y echando el pestillo a la puerta. Luego se dejó caer contra la misma, temblando.

―No lo es―se dijo en voz alta, tratando de tranquilizarse―. Estás agotada y triste, solo eso… ―Un nudo le apretó el estómago. Triste era una palabra demasiado vana para definir como se sentía.

Estaba devastada, rota, estropeada. Y dudaba que algún pudiera volver a sentirse completa y a pleno rendimiento. No sin él, que era al tiempo sus alas y el viento que las impulsaba.

Fue hacia el espejo, viendo que las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos ya le habían corrido el maquillaje. Se las apañó lo mejor pudo para componer de nuevo su apariencia y, una vez creyó que su aspecto era al menos aceptable descorrió el seguro de la puerta y la abrió, solo para toparse en el pasillo con una alta figura masculina.,

Una alta, rubia, bronceada, figura masculina.

Rio, de forma histérica, haciendo que los ojos azules del producto de su imaginación la mirasen con el ceño fruncido y el desconcierto pintado en su rostro.

―Bien, Hinata, definitivamente te has vuelto loca―murmuró, sacudiendo la cabeza.

―Hinata… ―Cerró los ojos, ampliando su sonrisa. Hasta el sonido de su voz lo recordaba a la perfección. Qué ilusión tan bien hecha… ―. Hina… ―Sintió su presencia más cerca, el olor de su colonia masculina, esa que ella le había regalado en su último cumpleaños, la envolvió, llevándola de nuevo a ese pequeño apartamento en el que había sido más feliz que en toda su vida.

La ilusión la envolvió entre sus brazos, delicadamente, apretándola con fuerza, tal y como él solía hacer. Se dejó llevar por sus recuerdos, diciéndose que no tenía nada de malo fantasear. Seguramente estaría desmayada dentro del cuarto de baño o algo así, pero ya no le importaba. Ese sueño estaba siendo maravilloso.

―Hina… ―Sintió los labios de su visión onírica posarse en los suyos, intentando ser suave y cariñoso, pero pronto el beso se volvió exigente, demandando una respuesta más que apasionada por su parte. Ella no se lo negó, envolviendo los brazos en su cuello, enredando los dedos en su corto cabello dorado, desordenándolo y dejándoselo tal y como a ella le gustaba.

Notó las manos de su sueño deslizarse por su espalda hasta sus muslos, donde hizo fuerza para impulsarla y levantarla del suelo. Ella enredó las piernas en la delgada cintura mientras ambos se devoraban la boca, sus lenguas luchando encarnizadamente por sentir al otro.

Dios… hasta su sabor era el mismo en su imaginación. Gimió, todavía con los ojos cerrados, cuando los labios de su ilusión pasaron de su boca a su cuello, mordiéndolo con tal fuerza que un grito de dolor escapó de su garganta.

Los sueños no deberían doler tanto… ―Abrió los ojos de golpe, solo para verse empotrada contra la pared, con un fuerte cuerpo claramente masculino presionando el suyo. Asustada, clavó los dedos en los hombros del desconocido, tirando de su chaleco para apartarlo. ¿Qué estaba…

Todo se derrumbó cuando dos orbes azules la miraron. Hinata se paralizó.

―Hina…

―No… ―Cerró los ojos, negando con la cabeza. Él dejó de presionar sus caderas para subir las manos hasta su cintura, despacio, en una lenta caricia que los hizo estremecer. La posó con cuidado en el suelo, pero no se apartó. Temía que ella saliera corriendo si lo hacía.

―Hina…

―¡No!―chilló, siendo presa nuevamente de la histeria―. ¡No estás aquí! ¡No eres real! ¡No lo eres! No… ―Gruesas lágrimas se deslizaron por sus mejillas, en un llanto desesperado pero silencioso, guardándose todo su dolor para ella, como llevaba haciendo desde hacía semanas.

Naruto se sintió el imbécil más grande del universo al verla llorar de forma tan desgarradora. Su intención al seguirla había sido hablar con ella, nada más, pero sus ganas por volver a sentirla, por besarla, por corroborar que ella siguiera siendo suya habían podido con él.

No había sido lo más inteligente, lo admitía, pero los celos lo habían carcomido cuando había visto a ese idiota con cara de muñeco acercarse a ella tal y como él deseaba, como tomaba su pálida y pequeña mano y se la besaba, en un contacto tan íntimo que tuvo unas ganas locas de mandar todo a la mierda y liarse a golpes con ese niño rico de papá.

La abrazó una vez más fuertemente, contra él, ahogándola contra su pecho. Hinata negaba, una y otra vez, diciendo entre balbuceos que aquello no era real, que no podía serlo, que su mente le estaba jugando una mala pasada.

―Soy real, Hinata―le dijo al cabo de unos minutos de dejarla desahogarse a gusto. Ella volvió a negar―. Lo soy, soy real ¡estoy aquí, maldita sea! ¡He venido por ti!―La tomó por los hombros, separándola bruscamente de sí para mirarla directamente a los ojos.

Hinata levantó su llorosa mirada a él, topándose con el brillo azulado de sus orbes.

―Soy yo, nena… de verdad. ―Hinata se sintió morir cuando su mano acarició su cabello y su rostro, limpiándole las lágrimas. Había tanto cariño, tanta desesperación y tanto dolor en ese simple gesto que algo hizo click en su cerebro, obligándola a enfrentarse a la realidad.

―¿Na-Naruto-kun?―Él sonrió, ampliamente, feliz de que al fin lo hubiera reconocido como algo real y no un producto salido de sus fantasías―. ¿D-de verdad… e-eres tú?―tartamudeó, aún incrédula. Él se inclinó hacia ella, enmarcando su ovalado rostro de porcelana entre sus grandes y ásperas manos. El calor de su toque envió una corriente eléctrica a lo largo de su columna vertebral, espabilándola del todo. Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas, pero esta vez ya no de tristeza.

―Soy yo, nena. Estoy aquí'dattebayo. ―Hinata no pudo aguantar más. Se lanzó contra su pecho, envolviendo los brazos en su cintura y dejando salir al fin todo el dolor que la había ahogado las últimas semanas.

Naruto se limitó a estrecharla con fuerza contra él, acariciando su espalda y rozando sus negros cabellos con sus labios con infinita ternura, murmurando palabras tranquilizadoras en su oído.

Cuando Hinata al fin logró calmarse se separó un poco de él, sin soltarlo, aferrándose a sus ropas como si él pudiera salir corriendo de allí en cualquier momento, huyendo de ella para no mirar atrás.

―¿Qué… qué haces a-

―Vine a buscarte. Es obvio. ―Abrió los ojos como platos ante la seguridad y la ferocidad que destilaban sus palabas.

―T-tú… ¿n-no me odias?―Naruto suspiró, hundiendo los dedos en su pelo, sintiendo la dicha recorrerlo por poder volver a sentir la sedosidad de su melena negro azulada entre sus manos. Adoraba cada milímetro de ella. Toda ella.

―Admito que al principio, cuando llegué a casa y vi que te habías largado sin más me embargó la ira, pensé que tal vez te habías cansado de mí o que te habías dado cuenta de que yo no tenía nada que ofrecerte―Hinata abrió la boca para rebatir tales acusaciones, pero Naruto le puso un dedo en sus labios, acallándola y pidiéndole continuar―… pero luego me dije que estaba siendo un idiota, que tú nunca me harías algo así, no por propia voluntad al menos, porque sé que me amas, tanto como yo a ti. ―Aquella verdad hizo a Hinata temblar, porque era cierto, tan cierto como el insoportable dolor que había sentido los últimos días, separada del hombre de su vida―. Así que me propuse venir a buscarte. ―Acarició sus pálidas mejillas con sus pulgares, traspasándola con sus ojos azules. Hinata no pudo evitar sonrojarse ante la intensidad que esa mirada desprendía, y Naruto tuvo que reprimir el impulso de inclinarse para volver a tomar su boca y devorarla entera, tal y como había hecho antes. Primero tenían que aclarar ciertos asuntos―. Vuelve conmigo, Hina. ―Ella sintió una daga incrustarse dolorosamente en su pecho.

Sollozó; Naruto se inclinó y limpió la gota salada que resbalaba por su pómulo con sus labios.

―No puedo… ―El rubio suspiró, todavía con su boca pegada a su suave y pálida piel. El cálido aliento masculino envió un estremecimiento por todo su cuerpo, pero se obligó a mantenerse firme a pesar de que sus piernas parecían haberse vuelto de gelatina.

―Me amas, ¿no es así?

―Te amo―corroboró ella, casi sin pensarlo. Naruto asintió, como dando más valor a su afirmación.

―Entonces… ¿qué es lo que ocurre'ttebayo? ¿He hecho algo malo?―Hinata negó―. ¿Tu padre ha descubierto lo nuestro?―Volvió a negar―. ¿Temari te ha dicho algo? ¿Kiba ha vuelto a molestarte? ¿Alguien te ha chantajeado o alguno está en peligro de muerte… ―Una risita escapó de la garganta femenina y Naruto se sintió el mejor hombre del mundo por haber podido hacerla reír, por haber podido hacer que olvidara la tristeza y el dolor durante al menos un segundo―. Entonces… ¿qué es lo que ocurre? Sea lo que sea lo solucionaré, Hina. Pero, por favor, vuelve conmigo―suplicó. Hinata se mordió el labio inferior, cabizbaja, incapaz de mirarlo a los ojos.

―No puedo―contestó al fin, con un hilo de voz. Había tanto dolor en esas dos palabras que Naruto sintió como se le encogía el corazón. Puso los dedos bajo su barbilla, obligándola a que lo mirara.

―¿Por qué? ¿Qué es lo que ocurre? ¿Acaso… acaso hay otro…

―¡No! ¡Nunca!―exclamó ella, sin permitirle terminar. El alivio lo recorrió al escucharla.

―Hina… dime lo que pasa… por favor… ―Hinata desvió la vista a un lado, sintiendo su corazón golpear dolorosamente su esternón con latidos erráticos; le empezaba a costar respirar y tuvo que inspirar profundamente para que el aire llegara a sus pulmones.

Tal vez, si le explicaba, él entendiera.

―Hanabi. ―Naruto pestañeó ante su tenue murmullo―. Hanabi… ella… n-nos vio un día y… e-es mi hermana, Naruto-kun. ―Lo miró, con la agonía reflejada en sus preciosos orbes perlados―. Y está enamorada de ti. ―Algo pareció encajar al fin en su cabeza, la piza fundamental del puzle que le faltaba, al fin había aparecido.

Apretó los dientes, sintiendo unas ganas locas de ir a junto de Hanabi para zarandearla y pedirle explicaciones, de decirle que no se metiera donde no la llamaban y que se ocupara de sus propios asuntos.

Así que eso había pasado. Celos.

Hanabi estaba celosa de su hermana mayor, tan solo porque él la amaba, en vez de a la propia Hanabi. Porque se había enamorado como un loco de Hinata mientras que a ella la ignoraba, haciendo oídos sordos a sus coqueteos y a sus intentos por conquistarlo.

No tenía todos los datos, pero podía hacerse una idea de lo que había pasado. Conociendo a Hanabi, seguramente le habría montado una escena a su hermana y Hinata, sintiéndose dividida, comida por sus inseguridades, había optado por salir corriendo, seguramente dando crédito a lo que quiera que Hanabi le había dicho, creyendo que él lo superaría, que tal vez solo estaba encaprichado, que no la amaba con cada fibra de su ser, tal y como hacía realmente.

Suspiró, recordándose que esa era Hinata, la mujer que, aun siendo mayor que él, a veces era tan insegura y tímida como una niña, tan buena y noble que seguramente había querido poner los sentimientos de su hermana menor por encima de los suyos, como normalmente hacía, con todo el mundo, incluido él mismo.

Se acercó de nuevo a ella y la abrazó, no dejando que lo alejara cuando sus finos dedos arrugaron las mangas de la camisa blanca de su uniforme de trabajo.

―Te amo―le dijo, alto y claro, con la seguridad de un hombre hecho y derecho que sabe lo que quiere y que no tiene temor a enfrentar las consecuencias de sus palabras.

Hinata apretó más fuerte la tela de su ropa, hundiendo el rostro en su pecho, dejando que las lágrimas empapasen su chaleco.

―Y si piensas que voy a dejar que una loca hermana celosa me separe de ti es que no me conoces en absoluto. ―La miró nuevamente a los ojos, fijo, sin apartar la vista de ella ni un instante―. Voy a luchar por ti, Hinata'ttebayo. Y no hace falta que tú lo hagas, porque esta será mi batalla. Tú ya te arriesgaste en el pasado para estar conmigo, pusiste en peligro tu puesto de trabajo, tu reputación y toda tu vida patas arriba, por mí. Ahora es mi turno de demostrarte que yo sí soy digno de todo eso. ―Hinata sintió las lágrimas acudir a sus ojos de nuevo, al mismo tiempo que el amor por ese chico crecía aún más en su interior, si es que eso era posible―. Solo espérame, porque te juro que no pararé hasta tenerte nuevamente conmigo. Te amo demasiado como para renunciar a ti, por muy egoísta que suene.

―Naruto-kun… ―Bajó la cabeza y atrapó sus labios en un beso, esta vez lento, sensual. Le hizo el amor de tal forma con su boca que Hinata tembló y se derritió entre sus brazos.

Cuando se separaron Naruto la abrazó una última vez contra él, antes de dejarla volver a esa horrible fiesta llena de pretenciosos y gente falsa. Hinata no pertenecía a ese mundo de apariencias y superficialidad.

Su sitio estaba con él, a su lado, amándolo y dejando que él también la amara, la cuidara y la mimara. Porque Hinata lo merecía. Porque le había devuelto las ganas de vivir y de luchar por un futuro mejor cuando creía que todo estaba perdido para él, que no era más que un fracasado sin pena ni gloria.

Por eso no descansaría hasta demostrarle al mundo que era digno de que alguien tan maravilloso como ella lo amara.

Y lo primero que tenía que hacer era hablar con Hanabi para ponerle las cosas claras.

Fin Acto VIII


¡Wiiiiii! Pues nada, uno más. Ya habéis visto que, como dije, no iba a haber mucho drama, tan solo lo justo y necesario. Aún faltan cosas por contar, cosas que pasarán en los siguientes capítulos, pero la meta final ya no está tan lejos para nuestra parejita xDDD.

¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

¡Muchísimas gracias por el suyo a Guest, Marys y Alee! Pues espero que la publicación del nuevo capítulo os haya gustado. Que veo mucha amenaza de corazones rotos por ahí y eso, no es bueno para el negocio (?).

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí.

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.