¡YAHOI! Un viernes más, aquí os vengo con el nuevo capítulo.

Espero que os guste.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.


Acto X

De decisiones y resoluciones


Aun después de que la puerta principal se cerrara tras Naruto, Hiashi Hyūga permaneció varios minutos atónito, incrédulo, contemplando a su hija mayor como si fuera la primera vez que la veía, mientras que Hinata estaba ahí, delante de él, callada y rígida como una estatua, con las mejillas rojas y sus ojos perlas brillando mientras su mirada perlada, igual a la suya, no se apartaba del suelo, temerosa de la reacción de su padre.

―Vaya… ―El sonido de la voz de su progenitor envió un escalofrío por su espina dorsal, haciéndola envararse―. Vaya… ―repitió el hombre―. Así que a eso te has dedicado el tiempo que estuviste alejada de nosotros: a divertirte a costa de un joven que no tiene nada que ofrecerte. ―El tono teñido de desprecio la mareó.

―Yo no… ―Hiashi hizo un brusco gesto con la mano, indicándole que callara.

―Creí que solo era un capricho más de los tuyos, una reacción infantil ante la presión que, según tú, estábamos ejerciendo sobre ti. No digas que fue para huir de ese tal Inuzuka, porque ambos sabemos que tu patético intento de establecer una relación con él no fue más que una estupidez por tu parte, un engaño inútil, una forma de intentar hacerme daño. ―Hinata sintió que las mejillas se le calentaban, pero no de vergüenza, sino de ira.

―¡Yo nunca he pretendido tal cosa!―gritó, con los puños apretados, sintiendo la sangre bullir rabiosa en sus venas. Hiashi la miró, con cierto asombro en sus ojos, tan blancos como los de su hija.

Hinata respiró hondo varias veces, buscando tranquilizarse.

―Si empecé a salir con Kiba… ―comenzó, con voz trémula―fue solo porque… ¡porque quería saber qué se sentía el ser una chica normal, como todas las demás!―El elevado tono de voz que fue adquiriendo a medida que hablaba puso recto como una tabla a su padre―. ¡Tú nunca me has permitido libertad, nunca he podido hacer amigos de verdad! ¿Los niños con los que me podía relacionar? ¡Todos hijos de tus amigos, conocidos o socios importantes, niños crueles que tan solo soportaban mi compañía porque sus padres así se lo habían ordenado, temerosos de provocar tu ira si me hacían algo! ¡¿Y crees que trataban de ocultarlo?! Reconozco que yo no era una niña extrovertida, me costaba socializar, abrirme a los demás… ¡pero tú tampoco nunca te molestaste en tratar de allanarme el terreno!―Tomó una bocanada de aire, mirando a su padre durante unos segundos a los ojos, para luego comenzar a pasearse por todo el amplio salón, agitando los brazos nerviosamente y sin poder detener todo aquello que había guardado dentro de sí durante años y que ahora, por fin, estaba saliendo a la luz―. ¡Después de la muerte de mamá no podías siquiera mirarme a la cara! ¡No podías aguantar verme y por eso me mantenías encerrada, fuera de tu vista, custodiada por empleados y niñeras que iban y venían! ¡Natsu fue la única que se quedó, y solo porque no cedió ante tus constantes desplantes y venenosos comentarios!―El torrente de palabras ya era imposible de detener.

Era como si alguien hubiera metido una llave en el cajón donde guardaba sus sentimientos, dándole la vuelta para abrirlo y dejar que todo aquello que llevaba escondido en lo más profundo de su corazón saliera por fin a la luz del día.

―¡Hanabi era lo único que te importaba, la única que lograba cumplir con todas tus exigencias y tus deseos! ¡La perfecta niña de papá, la perfecta Hyūga, la perfecta heredera! ¡Te faltaba tiempo para recordármelo a cada segundo del día!―La vista borrosa hizo que se detuviera. ¿Cuándo había empezado a llorar? Sacudió la cabeza al tiempo que trataba inútilmente de limpiarse las lágrimas, porque estas eran reemplazadas por nuevas gotas saladas nada más restregarse los ojos―. ¿Y sabes lo peor? ¡Que nunca pude culparla a ella de mis fracasos como hija! ¡Hanabi era prácticamente lo único bueno que había en mi vida después de la muerte de mamá! ¡¿Crees que tú eres el único que lo sintió?! ¡¿El único que sufrió?! ¡¿El único que lloró su pérdida?! ¡Tenía cinco años y necesitaba un padre, te necesitaba! ¡Pero tú no parecías necesitarme a mí! ¡Así que me dejé la piel intentando ser lo que tú querías que fuera! ¡Intenté ser la mejor en el colegio, la mejor en casa, la perfecta señorita, la perfecta heredera! ¡¿Y todo para qué?! ¡La única vez que quise ser como las demás chicas de mi edad y no me apoyaste! ¡Reconozco que ahí fracasé como una estúpida, pero todo el mundo comete errores! Claro que a mí no se me permite ¿no?―Había tanta tristeza, tanta amargura en su voz, tantas heridas que todavía sangraban que Hiashi se había ido poniendo pálido por momentos.

―Hinata… ―La joven se echó a llorar desconsoladamente, retrocediendo, negando con la cabeza y cubriéndose el rostro con las manos, incapaz de detener aquella cascada de sentimientos reprimidos. Tantos y tantos años de sufrir, de aguantarse…

―Hice todo… ―dijo, con un hilo de voz―… hice todo lo que creí que debía hacer, me esforcé el cuádruple que los demás, que Neji, que Hanabi… cuidé de mi hermana pequeña como si yo misma la hubiese parido, me preocupé porque no sintiera la ausencia de mamá… me maté a estudiar y a trabajar en la empresa para intentar que me vieras, que te sintieras orgulloso de mí… Incluso cuando empecé a salir con Kiba hice más horas extras que nadie más en la empresa para tratar de compensar aquel… aquel error… ―Sollozó, abrazándose a sí misma.

―Hinata…

―Y cuando aquello acabó mal… no pude… no pude volver… ―Clavó sus hinchados y enrojecidos orbes perlados en su padre―. ¿Qué podía esperar de ti? Yo necesitaba un abrazo, alguien que me consolara y me dijera que todo estaba bien, pero sabía que no podía esperar eso de ti, mucho menos de Neji o de Hanabi… ―Negó con la cabeza, desviando la vista al amplio ventanal del salón―… Así que vagué por las calles como alma en pena… pero… ¿sabes? No me arrepiento, por una vez en la vida no me lamenté de que nadie en esta casa quisiera darme cariño, porque al fin pude encontrarlo en otra parte. ―Miró de nuevo para su padre, cuya palidez repentina lo hacía parecer un cadáver―. Así que no te atrevas a proferir ninguna amenaza, no te atrevas a decir nada en contra de Naruto-kun, porque ha sido lo único bueno que ha habido en mi vida desde la muerte de mamá, lo único por lo que ha merecido la pena seguir viva y luchar contra toda la opresión y la oscuridad que rodean a esta casa y a esta familia. ―Respiró hondo, mirando con decisión para Hiashi Hyūga―. Me voy, padre. Quédate con tu asquerosa compañía, con tu asqueroso dinero y con tu asquerosa reputación. ―Decirlo fue un alivio inmenso, como quitarse un enorme peso de encima.

De pronto, fue como si un mundo nuevo de maravillosas posibilidades se abriera ante ella, como si tuviera al fin la convicción de que, por fin, podía encaminar su vida en la dirección que ella quisiera.

Caminó a grandes zancadas hacia las puertas del salón, abriéndolas de golpe y haciendo sobresaltar a su padre. Lo miró por última vez, dejando que viera en sus expresivos ojos perlas todo aquello que sentía en ese momento: alegría, ira, remordimiento, tristeza, angustia, amargura, ansiedad… Pero no flaquearía.

La visita de Naruto le había dado fuerzas, había renovado sus esperanzas y le había hecho ver que, a pesar de las circunstancias, no podía vivir sin él. Sin su sonrisa, sin sus soñolientos ojos observándola por las mañanas nada más despertarse, sin sus comentarios picantes y sus caricias ardientes a la par que tiernas, sin la calidez de sus dedos ni la suavidad y la pasión de sus besos.

―Adiós. ―No dijo nada más. Salió corriendo hacia las escaleras, subiéndolas de dos en dos.

Se metió en su habitación y sacó la maleta más grande que tenía, empezando a echar ropa sin ton ni son. Abrió los cajones de la mesilla y los vació sin molestarse en mirar su contenido. Hizo lo mismo con los del baño. Cerró la maleta lo mejor que pudo y comenzó a arrastrarla de nuevo escaleras abajo.

Sus gritos de antes parecieron haber alertado al personal de la casa, porque una buena cantidad de gente se hallaba reunida en el vestíbulo, con el viejo mayordomo intentando hacer que su patrón saliera de su estado de absoluta estupefacción.

―¿Señorita…?―La mirada que le dio a la pobre ama de llaves hizo que la mujer se lo pensara mejor antes de decir nada más.

―Necesito un taxi. ―Soltó, sin más ceremonia. Fue Natsu la que se apresuró a cumplir su petición.

―¡Hinata!―Giró la cabeza, encontrándose con la mirada iracunda de su primo. Neji habría salido del despacho al escuchar el alboroto, y sin duda algún criado ya le había puesto más o menos al tanto de lo que ocurría―. ¡¿Qué te crees que estás haciendo?! ¡¿Adónde te crees que vas?!―Una amplia sonrisa iluminó su rostro. Abrió de un tirón una de las puertas de entrada y arrastró fuera la maleta, justo en el momento en el que un taxi se paraba ante las elegantes escaleras de mármol.

―A vivir mi vida. ―Y ante la mirada incrédula de todos los presentes, Hinata Hyūga, hija mayor de Hiashi Hyūga, metió su equipaje en el maletero del taxi y luego se subió dentro, diciendo así adiós, esta vez para siempre jamás, a la que había sido su vida hasta ahora.


La reunión post partido terminó y el entrenador permitió a los jugadores ir a darse una merecida ducha caliente. Las animadoras ya andaban rondando por los vestuarios masculinos, como por casualidad. Hanabi también estaba por allí, intentando aparentar que todo estaba bien cuando en realidad nada lo estaba.

Vio ingresar a todo el equipo de baloncesto masculino, algunos ya semidesnudos, sacudiéndose el sudor del pelo. Vio a Naruto reír mientras era empujado por uno de sus compañeros, devolviendo él segundos después el gesto.

―¿Qué? ¿Hoy no vas a coquetear con él?―El comentario algo malicioso de Shion hizo que fulminara a su rubia amiga con la mirada.

―No. ―Desvió la vista, entre incómoda y todavía enfadada. Estaba más que molesta. Seguía sin entender el por qué. Ella era de la misma edad que el rubio, compartían gustos y alguna que otra afición, ambos eran divertidos y les gustaba ir por ahí a pasarlo bien.

Mientras que Hinata era callada, tímida, retraída; prefería pasarse los fines de semana leyendo o viendo películas antes que salir a pasar una noche loca en cualquier local de moda.

¿Acaso era cierto eso de que los opuestos se atraen…?

Sacudió la cabeza, no hacía más que pensar en gilipolleces.

Las risas y las voces masculinas se perdieron en el interior del vestuario, ya no eran capaces de distinguir lo que decían. Hanabi se dio la vuelta, dispuesta a irse de allí. Si había algo que no estaba dispuesta a hacer era el ridículo. Tarde o temprano algo fallaría en la relación de su hermana con Naruto, y ella estaría ahí para consolar de buen grado al Uzumaki, demostrándole así que ella era mucho más adecuada para alguien extrovertido como él en vez de la introvertida de su hermana mayor.

―¿Quién es esa?―El susurro la hizo girarse de nuevo. Algunas de sus compañeras animadoras que seguían por allí tenían la vista fijada en algo que había a la entrada de los vestuarios. Se puso de puntillas para ver por encima de las demás.

―¿Qué pasa?

―Al parecer alguna fan loca se ha colado. Ya sabes que a veces pasa. ―Hanabi bufó. Le fastidiaba sobremanera cuando eso ocurría. La mayoría de las fans del equipo eran estúpidas cabezas huecas que tan solo querían acostarse con algún deportista para poner una muesca más en su cabecero.

―Ya la echarán, no te pr-

―¿No se parece a Hyūga?―Aquella pregunta dicha a nadie en particular hizo a Hanabi ponerse en alerta. Se abrió paso entre las demás chicas para ponerse en primera fila, apretujada entre los esbeltos cuerpos cuyas dueñas no paraban de mirar para la desconocida que acababa de entrar, analizándola con ojo crítico.

Hanabi quedó totalmente paralizada cuando consiguió ver a la persona que se había colado. Era Hinata, su hermana mayor.

―Parece mayor…

―Es bajita…

―Le sobran kilos por todas partes.

―No, lo que pasa es que está llena de curvas, la muy zorra. Mataría por tener ese culo y esas tetas.

―¿No es esa tu hermana?―Incapaz de hablar, Hanabi asintió, respondiendo afirmativamente a la interrogante de Shion.

Sin poder dejar de mirar, todas vieron como la misteriosa visitante irrumpía sin pudor alguno en los vestuarios masculinos, causando un gran revuelo. Olvidándose del recato y la timidez, las animadoras se apresuraron a apretujarse en la entrada de las duchas de los chicos, no queriendo perder detalle de lo que allí estaba por ocurrir.

Los jugadores del equipo masculino de baloncesto se habían quedado, literalmente, congelados. Algunos incluso ruborizados hasta las raíces del cabello, tapándose como podían sus partes bajas. No obstante, Hinata no se dejó perturbar por la vista de tantos y tantos cuerpos de hombre, sudados y desnudos, apenas cubiertos con calzoncillos, pantalones cortos o toallas. Había ido allí con un claro objetivo y tenía que cumplirlo. A toda costa.

Paseó la vista por todos los sonrojados muchachos, buscando un rostro en particular. Al no encontrarlo, se aclaró la garganta.

―Busco a Naruto Uzumaki. ―Los integrantes del equipo de baloncesto se miraron entre sí, algo sorprendidos por tan directa petición.

―Eh… c-creo que está en la ducha. ―Los demás empezaron a silbar al que había tartamudeado, haciéndolo sonrojarse aún más―. ¡Dejadlo ya, imbéciles!

―¡Oh, no puedes decir algo como eso, Matsumoto!

―¡Te has colgado de la tía buena!

―Nena, si Uzumaki no te quiere, yo te consolaré después. ―Hinata enrojeció un tanto al recibir tantas miradas nada puras. No estaba acostumbrada a ser el centro de atención de tal cantidad de especímenes pertenecientes al sexo masculino. Claro que tendría que haberlo supuesto. No podía esperar otra cosa al haber irrumpido tan abruptamente en un lugar poblado exclusivamente por hormonales jóvenes universitarios.

―¡¿Pero qué… ¡Soltadme, cabrones, os demandaré por acoso sexual'dattebayo!―Al escuchar aquella voz su corazón se aceleró. Por el hueco en el que se distinguían las duchas, varios compañeros empujaron a Naruto, haciéndolo trastabillar. Estaba prácticamente desnudo, de no ser por la toalla que se sujetaba con torpeza contra las caderas. Llevaba el cabello mojado y todavía con champú. También tenía una esponja en la mano, como si lo hubieran obligado a interrumpirse a medio baño.

No obstante, nada le importó. Ni los espectadores masculinos ni mucho menos los femeninos. Tampoco el hecho de que él estuviera mojado, desnudo y lleno de jabón. Ni el que aún no la hubiera visto, ya que seguía discutiendo con los que lo había sacado de la ducha.

Dio un paso y luego otro, para luego echar a correr y saltar sobre él, abrazándose con brazos y piernas a su torso, buscando su boca y obligándolo a recibir a su lengua ansiosa, necesitada de sentir la suya.

Aquella serie de movimientos sorpresivos y del todo inesperados hizo a Naruto tambalearse y caer hacia atrás, con la suerte de que su falta de equilibrio lo envió contra la pared. Se llevó un tremendo golpe en la espalda, pero en ese momento nada importó, porque de repente se vio con un suave cuerpo femenino pegado con desesperación al suyo, mientras una boca pequeña y ardiente devoraba la suya.

Respondió por puro instinto, aprisionando la espalda y las caderas de aquel precioso ser, gruñendo mientras le devolvía la apasionada caricia. Ella enredó con deleite los dedos en su corto cabello dorado mientras él recorría todas sus fabulosas curvas con sus manos, por encima de la ropa. No querían separarse, por nada del mundo. Aquel beso era como respirar oxígeno puro, como beber el elixir mismo de la vida. Pero, por desgracia, los seres humanos necesitaban el aire para vivir.

Se separaron jadeantes, ambos con las mejillas rojas y un hilillo de saliva conectando sus bocas. Naruto parpadeó, enfocando la vista, todavía mareado a causa de las fuertes sensaciones que tan solo una persona podía causar en él.

―Hina… ―Subió una de sus manos hasta su rostro, apartándole un mechón de pelo que le caía por delante para acariciar con libertad la piel enrojecida, sintiéndola arder bajo su palma. Hinata se dejó contra esa mano grande y fuerte con un gemido, cerrando los ojos y girando la cabeza para besar sus dedos. Las falanges masculinas se crisparon, como si todavía no fueran capaces del todo de procesar aquello que estaban tocando―. Hina…

―Te-tenías razón. ―Naruto pestañeó de nuevo, volviendo a mirar a su novia. Los grandes ojos perlados de Hinata lo miraban, brillantes, deseosos, anhelantes―. Tenías razón―repitió, con voz temblorosa.

Apretó el abrazo que mantenía con brazos y piernas en torno a su cuerpo, negándose a soltarlo.

―Hina, ¿qué…

―Tenías razón―volvió a decir por tercera vez. Se mojó los labios con la punta de su lengua y Naruto tuvo que reprimir un gemido al ver aquel inocente y seductor movimiento, claro que no pudo reprimir con igual eficacia la reacción de su cuerpo. Las comisuras de los labios de la Hyūga hicieron amago de curvarse, dando así a entender que se había dado cuenta de su incremento de libido y provocando un furioso sonrojo en el rostro de su novio. Puso las manos en su cara, enmarcándola y pegando su nariz contra la suya, sus labios casi rozándose―. Solo importamos nosotros… ―le dijo.

Naruto sintió como su corazón empezaba a latir apresuradamente, a velocidad supersónica, dentro de su pecho. Sintió un hormigueo de felicidad subirle desde las puntas de los pies hasta las raíces mismas del cabello, haciendo reaccionar a todas sus terminaciones nerviosas y provocando fuegos artificiales en su estómago.

Con una exclamación de triunfo, volvió a apoderarse de su boca, ambos sumidos en su mundo.

Tan solo cuando los sorprendidos espectadores lograron salir de su estupefacción y empezaron a sacar fotos y a grabar con sus móviles aquella escena tan poco ortodoxa fue que se dieron cuenta. A los dos les faltó tiempo para ruborizarse como nunca antes en su vida.

Naruto bajó a Hinata al suelo y le lanzó su toalla para que se tapase, ya que por culpa de haber estado pegada a él se había empapado y ahora la exquisita forma de sus bonitos y perfectos pechos era claramente visible a través de la tela de su blusa semitransparente, marcados por un sujetador igualmente negro.

―¡Volved aquí, hijos de puta! ¡Dadme esos móviles'dattebayo! ¡Como vea alguna foto indecente de mi chica por ahí os corto las pelotas! ¡¿Oís?!―Hinata se tapó el rostro, total y absolutamente avergonzada al ver el firme trasero de su chico en todo su esplendor.

Separó un tanto los dedos para observarlo mientras se ponía a trompicones unos calzoncillos, intentando hacerse con los teléfonos de sus compañeros de equipo al tiempo, chillando y gritando improperios.

Sonrió, volviendo a ocultar su cara.

Porque amaba locamente a ese impulsivo y escandaloso veinteañero; y por muy poco convencional que hubiese sido su relación en el pasado, ahora ya no importaba.

Lucharía con uñas y dientes en los años venideros para que su relación saliera para adelante.

Ya era hora de que encontrara la felicidad que nunca había tenido.


Por el rabillo del ojo, Shion vio como Hanabi se escabullía entre la excitada multitud, corriendo hacia el exterior del pabellón. Fuera estaba lloviendo a cántaros, así que, suspirando, fue a hacerse con sus abrigos y con sus cosas, saliendo acto seguido en pos de su amiga.

Su pecho también dolía pero, a diferencia de Hanabi, ella nunca se había hecho ilusiones con respecto a Naruto. Había estado menos ciega que la Hyūga, había visto las evidencias y, sabiamente, había decidido retirarse antes de presentar batalla. No era sano meterse en una relación que, según había sospechado desde el primer día, parecía bien consolidada. Y hoy no había hecho más que confirmar dicha sospecha.

Encontró a Hanabi encogida sobre un banco de los que había fuera, rodeando la universidad, totalmente empapada. Suspiró y abrió su paraguas, yendo hacia su mejor amiga. Le puso el abrigo sobre los hombros y se quedó a su lado, sin decir nada, dejándola desahogarse en un llanto silencioso cuyas lágrimas eran disimuladas por las gotas de lluvia que le caían por el rostro.

―Duele… ―Shion suspiró nuevamente, elevando la vista al cielo gris y encapotado.

―Lo sé. ―Hanabi soltó un sollozo desgarrador y se dejó caer contra Shion, dejando salir todo su dolor, toda su amargura.

La rubia la abrazó, permitiéndole ese desahogo.

Luego llegaría su turno.

Fin Acto X


Pues nada, estos dos ya se han arreglado. Ahora solo queda un asuntito que resolver y listo, vía que hay trole.

¿Me dejáis un precioso review para que, al igual que Naruto y Hinata, yo pueda obtener un poquitín de felicidad? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

¡Muchísimas gracias por el suyo a: Marys! ¡Gracias, muchas gracias!

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí.

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.