¡YAHOI! Pues aquí estoy, un viernes más. Con el capítulo final de esta historia.

Espero que os guste. Oh, y no os desespereis. Que hay epílogo xD.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.


Acto XI

De cómo al fin se consolidaron


Tumbado en su cama, con el cuerpo suave y cálido de Hinata acurrucado contra él, enredado entre las sábanas, no pudo menos que sonreír, feliz, observando su precioso rostro apoyado sobre su brazo que le hacía de almohada, su nariz rozando su hombro desnudo y su aliento haciéndole cosquillas en la piel, erizando todos los vellos de su cuerpo.

Amplió su sonrisa, con el corazón latiendo a mil por hora dentro de su pecho. Elevó una mano y acarició una de sus pálidas mejillas, suspirando cuando ella hizo una graciosa mueca en medio de su plácido sueño, pero, aún sin despertarse, haciendo fuerza para pegarse más hacia él, buscando inconscientemente su calor y su protección.

Aquello lo hizo soltar una risita, acariciando ininterrumpidamente su suave piel con el pulgar en lentos círculos.

Todavía no podía creérselo. El que ella hubiera decidido volver con él, el que hubiera puesto patas arriba una vez más su vida tan solo por el deseo de estar a su lado, aunque esta vez oficialmente, sin miedo y sin barreras, sin necesidad de inhibirse en público por el terror de que alguien de la familia de Hinata los pillara in fraganti.

Sin hermanas celosas de por medio que la obligaran a mentir y a comedir sus actos para no herir los sentimientos de Hanabi.

Sonrió de nuevo, abrazándola con fuerza contra él, besando su frente. No podía dejar de admirarla en la oscuridad de la habitación, con el silencio de la noche como única compañía. Temía que aquello no fuera más que otro sueño producto de las borracheras que solía cogerse para poder dormir al menos un par de horas cada noche, con los sentidos adormecidos por el alcohol.

Tras haber protagonizado la escena más romántica y tórrida que había sucedido en años en la universidad, Naruto se había vestido a toda prisa y había tomado a su preciosa novia de la mano, saliendo a todo correr del campus para llegar cuanto antes a casa y poder así recuperar todo el tiempo perdido.

Se habían besado, acariciado, mordido, lamido y reído mientras hacían el amor una y otra vez, hasta caer exhaustos sobre la cama para dormir una buena noche de sueño reparador. Habían recorrido toda la casa en su afán por volver a tocarse y a sentirse, en recordar que ambos se pertenecían el uno al otro en cuerpo y alma.

Miró para el reloj y, a su pesar, vio que ya iba a sonar el despertador. Con un suspiro volvió la vista de nuevo a la visión celestial que tenía a su lado, doliéndole en el alma tener que salir de la cama para abandonar a semejante preciosidad. Si por él fuera se quedaría en casa todo el día, adorando cada milímetro de ese cuerpo que sabía era suyo, ahora sí, por y para siempre jamás.

Intentó moverse lo más lento posible, para no despertarla. Hinata necesitaba descansar después de la sesión de sexo maratoniano de la noche anterior. No pudo evitar sonrojarse cuando varias escenas aparecieron en su memoria.

―¿Ya es de mañana…?―Se giró al escuchar su dulce voz y se derritió de ternura al encontrarla haciendo un adorable bostezo mientras se restregaba un ojo. Dios, si es que era la mar de tierna…

―Casi. ―Se inclinó para darle un pequeño beso en sus dulces labios de algodón―. Vuelve a dormir'dattebayo. ―Hinata abrió sus adormilados ojos perlas, clavándolos en su novio.

―Te prepararé el desayuno… ―Se sentó en la cama, estirándose y reteniendo un segundo bostezo. Se levantó sin importarle su estado de total desnudez y se hizo con una de las camisetas de Naruto que había tiradas por el suelo.

―Si te paseas de esa guisa por casa, nena, no te quejes si de repente me echo encima de ti. ―Hinata rio cuando lo sintió rodearla con sus brazos desde atrás, empujando su erección mañanera en contra de sus nalgas. Con una juguetona sonrisa en los labios se giró a mirarlo y, batiendo las pestañas de forma coqueta, empezó a restregarse contra él.

Naruto gruñó, apretando el abrazo y apoderándose de su boca en un beso ardiente y lleno de deseo. La tomó en brazos y volvió a la cama con ella, depositándola sobre las sábanas revueltas. Le subió la camiseta dejando a la vista sus muslos y su plano estómago y Hinata se abrió para él, arqueándose para recibirlo en su interior cuando él encontró su centro y empezó a sumergirse en su calor.

Fue algo rápido, intenso y salvaje, que los espabiló a ambos e hizo que se les recargaran las pilas.

Cuando minutos más tarde Naruto salía de la ducha ya vestido y aseado y se encontró la hermosa visión de Hinata, todavía vestida con su camiseta, haciendo desayuno para dos en la pequeña cocina del apartamento sintió que, por fin, todo estaba en su sitio.

Desayunaron juntos, entre bromas, risas, cariños y coqueteos. Aquella era una nueva Hinata, se dijo, mientras atravesaba la planicie de hierba que había frente a la cafetería donde había quedado con Sasuke y Shikamaru, pero una que le gustaba mucho, una Hinata libre de inseguridades y que lo amaba libremente y sin restricciones, sin preocupaciones.

―Vaya―dijo Shikamaru cuando lo vio aparecer más sonriente que nunca―, tú has tenido sexo. Mucho sexo―dijo el Nara mientras lo veía sentarse. Narutuo amplió la sonrisa.

―Y del bueno. ―Sasuke arqueó una ceja.

―Ya era hora.

―Sé que en el fondo te alegras por mí, teme. ―El Uchiha esbozó una levísima sonrisa.

―Por cierto―dijo Shikamaru, sacando su teléfono móvil y girándolo en dirección al rubio―, que sepas que ambos sois la comidilla del año. ―Naruto enrojeció furiosamente al ver la imagen del vídeo que le estaba mostrando Shikamaru, la de la escena que Hinata y él habían protagonizado el día anterior en los vestuarios del equipo de baloncesto masculino.

―No me arrepiento de nada―zanjó la cuestión, robando un sorbo del café de Sasuke, quién se limitó a ampliar su sonrisa.

Su mejor amigo estaba feliz, rebosante de energía y entusiasmo de nuevo, y eso era lo único que le importaba al Uchiha.

Pero enseguida se puso serio, recordando la noticia que tenía que darle. Había intentado tomar valor muchas veces para hablar con él, pero viendo lo bien que se encontraba no había querido estropeárselo, ya le había dejado bien claro, en un par de ocasiones, que no quería saber nada del tema.

Aun así, era imperioso que lo sacara y se lo dijera, que tratara de hacerle entender. Naruto nunca había sido rencoroso, no iba con su naturaleza, estaba seguro de que si conseguía apelar a su carácter noble encontraría la forma de llevar a cabo lo que debía hacer.

Le lanzó una significativa mirada a Shikamaru en un momento en que el rubio se había levantado para ir a pedir algo de comer a la barra. El Nara asintió y se levantó sin decir palabra, recogiendo sus cosas y saliendo de la cafetería. Cuando Naruto volvió a la mesa con un sándwich y un refresco, se extrañó al notar la ausencia de su amigo.

―¿Y Shikamaru?―Sasuke se encogió de hombros.

―Tenía cosas que hacer.

―Ya… ―El Uzumaki miró suspicazmente para Sasuke. Si bien en el pasado había sido un completo idiota a la hora de pillar las cosas había conseguido mejorar ostensiblemente esa habilidad, gracias en parte a Hinata.

Sasuke suspiró, dándose cuenta de que su explicación no había colado. Clavó sus ojos negros como el ónix en los azules de su mejor amigo.

―Naruto, ¿recuerdas que te dije que Sakura quiere… hablar contigo… con nosotros?―Naruto torció la boca, sus ojos azules volviéndose de hielo.

―Lo recuerdo―contestó, sucintamente. Sasuke no apartó la mirada del rubio.

―Es importante para ella―Naruto rodó los ojos pero se abstuvo de comentar nada, esperando a que su mejor amigo terminase de hablar―, pero también para mí. ―Ante semejante declaración, Naruto miró con absoluto estupor para Sasuke.

―Espera, espera, ¿me estás… No… ―Sasuke asintió.

―Sí.

―No…

―Sí.

―No…

―Sí―contestó Sasuke, con un deje de molestia esta vez. Naruto pestañeó, sacudió la cabeza y volvió a poner los ojos sobre el Uchiha.

―Pero… ¡si no la soportabas! ¡Decías que como amiga estaba bien pero que como novia antes te pegabas un tiro!―Sasuke bufó.

―Las personas cambian… maduran… tú eres la prueba viviente de ello. ―Naruto enrojeció hasta las orejas.

―No digo que no, pero… ¿cuándo…. y cómo?

―Hace unos meses… cuando vino la primera vez después de todo este tiempo a hablar conmigo para pedirme que intercediera por ti. Te echa de menos, eras su mejor amigo y… bueno… una cosa llevó a la otra… ―Sasuke se removió, incómodo. Nunca había hablado tanto ni tan seguido, pero sentía que debía explicarse ante su mejor amigo, le debía eso y mucho más.

―Entiendo. ―Naruto calló. Aquella nueva información lo cambiaba todo, porque ahora se trataba de unas circunstancias muy distintas. Sasuke era su mejor amigo y le debía apoyo, al igual que él había estado a su lado todos aquellos años de atrás. Además, habían pasado ya unos cuantos años, reflexionó, y, como bien decía Sasuke, las personas podían cambiar o, al menos, madurar. Era posible que Sakura ya no fuese esa adolescente caprichosa y mimada a la que había conocido durante su infancia y adolescencia.

―Está bien―dijo al fin, tras varios minutos de silencio―, está bien. Podemos quedar un día de estos los tres. Lo consultaré con Hinata, de todas todas, no quiero que se lleve una impresión equivocada de las cosas. ―Sasuke sintió un inmenso alivio recorrerlo.

―Se lo diré a Sakura, entonces. Te mando un mensaje cuando sepa algo. ―Naruto asintió y ambos se despidieron. Sasuke tenía clase y Naruto quería terminar su comida y luego ir a la biblioteca un rato a consultar unos libros para un trabajo que tenía que entregar la semana que viene.


―Estoy en casa.

―¡Bienvenido!―Recibió encantado entre sus brazos a su novia, besándola en cuanto su curvilíneo cuerpo se pegó al suyo―. ¿Qué tal las clases?

―Bien… ―Le sonrió mientras la veía separarse de él e ir hacia la cocina, donde había dejado una sartén al fuego con aceite calentándose.

―La cena estará enseguida. ¿Quieres bañarte ahora o después?

―Mmm… podríamos bañarnos juntos. ―La abrazó desde atrás, besando uno de sus hombros allí donde la enorme camiseta masculina dejaba la piel al descubierto. Hinata rio mientras daba la vuelta a los fideos en la sartén.

―Me parece bien. ―Giró la cabeza para darle otro beso y, cuando se separó para devolver la atención a la cocina Naruto la obligó a torcer el rostro de nuevo, volviéndola a besar―. Naruto-kun… tengo… que… terminar… ―decía, entre beso y beso. Le dio un último pico y al fin la dejó libre, no sin antes palmearle el trasero, haciéndola reír de nuevo.

―Iré a poner la mesa. ―Abrió la alacena y sacó dos platos y dos vasos que dejó en la mesa de la cocina. Se hizo con dos manteles individuales y agarró cubiertos y servilletas, disponiéndolo todo.

Era agradable volver a cenar juntos, saber que, al llegar a casa, no estaría solo de nuevo, y esta vez para siempre.

Hinata puso la comida encima de la mesa y ambos se sentaron, charlando sobre cómo habían ido sus días. Naruto entonces se puso serio, llevándose unos pocos fideos a la boca. Masticó y tragó, pensando en cuál sería la mejor manera de abordar el tema que ocupaba su mente.

―Hinata… ―Ella lo miró, con curiosidad―. ¿Te acuerdas de… Sakura Haruno?―Hinata ladeó la cabeza con el ceño fruncido, haciendo memoria. Una delgada chica de peculiar pelo rosa y ojos verdes apareció en sus recuerdos.

―¿La… la chica que te gustaba antes de que tú y yo… ―Se sonrojó al pensar en la forma tan poco ortodoxa en la que se habían conocido. Naruto soltó una risita y dejó los palillos un momento, para agarrar una de sus manos y apretársela cariñosamente.

―Sí, también era mi mejor amiga… no sé si lo recuerdas… ―Hinata asintió.

―Re-recuerdo que Sasuke-kun y tú ibais siempre con ella… ¿por qué? ¿Es que te has enterado de que le ha pasado algo… ―Naruto hizo una mueca.

―No… bueno… no exactamente. ―Tomó aire, dándose valor para hablar―. Sasuke me ha dicho que… se han reencontrado hace poco y que… eh… han empezado a salir juntos… ―Hinata sonrió.

―Eso es bueno, Sasuke-kun está muy solo. ―Naruto asintió.

―Sí, bueno… el caso es que… Sakura… bueno… ella quiere… quiere que quedemos, los tres, como en los viejos tiempos…

―Oh. ―Hinata calló unos segundos―. Bueno, tiene lógica: hace mucho que no os veis y… ahora que lo pienso… ¿por qué dejaste de verla? Nunca me lo contaste. ―Naruto suspiró, desviando la vista a un lado y rascándose la nuca.

―Ella… en fin, supongo que podría contártelo ahora… Sakura casi destruye nuestra relación. ―Hinata abrió los ojos y la boca con sorpresa―. Se puso celosa porque yo de repente había dejado de prestarle atención y… un día… el día de mi cumpleaños número dieciocho vino a casa… la eché, por supuesto, pero ella te vio entrar después y te siguió y… amenazó con decírselo a Kakashi-sensei y yo no podía permitirlo… ―explicó, atropelladamente. Calló cuando sintió las manos de Hinata tomar las suyas, entrelazando sus dedos con los de él.

―Naruto-kun, ya no importa. Estamos juntos y… puedo entenderla. Ser adolescente es difícil, sobre todo para una chica. No le debió sentar nada bien que la dejaras de lado de la noche a la mañana si siempre le habías dedicado tu atención… ―Naruto la observó, maravillado.

―Eres… eres increíble. ―Hinata se sonrojó; le sonrió cálidamente y se inclinó por encima de la mesa para darle un pequeño beso en los labios.

―Puedes quedar con ella libremente, no voy a interponerme si quieres recuperar su amistad y mucho menos me pondré celosa.

―No tendrías motivos. Porque yo te amo solo a ti. ―Hinata sintió su corazón latir apresuradamente y dejó que él acunara su rostro entre sus manos para besarla de nuevo―. Creo que… estaría bien darnos ese baño ahora.

―Sí. ―Se levantaron y, cogidos de la mano, olvidándose de la cena a medio comer y de los cacharros que había que fregar, se metieron en el cuarto de baño, donde se dedicaron a amarse una vez más, con la misma intensidad de sus sentimientos.


Naruto miró para su reloj por enésima vez, preguntándose si no se habría precipitado al acceder a la cita con Sasuke y Sakura tan pronto. Apenas habían pasado veinticuatro horas desde que informara a Hinata de todo lo acontecido en el pasado referente a Sakura, pero tal parecía que su mejor amigo y la pelirrosa tenían harta prisa por reunirse con él.

Habían quedado en una cafetería que quedaba cerca del que ahora era el apartamento de Sakura, según Sasuke. La chica compartía piso con un par de compañeras de carrera y, aunque el alquiler se lo pagaban sus padres, los gastos diarios corrían de su cuenta, por lo que trabajaba a medio tiempo en una tienda de regalos para turistas que quedaba por allí cerca. Su turno terminaba a la misma hora en la que habían citado a Naruto, por lo que no era de extrañar que hubiesen quedado cerca de su apartamento.

Empezó a impacientarse. La camarera ya se había acercado dos veces a preguntarle si quería algo y las dos veces la había tenido que rechazar, con algo de incomodidad por su parte.

Por fin, tras diez minutos de espera, Naruto vio aparecer la esbelta figura de su mejor amigo, con su cabello oscuro como ala de cuervo destacando sobre la pálida piel de su cuello. Vio como Sasuke se giraba y hablaba con alguien que parecía estar medio escondido. Se levantó, vislumbrando entonces el cabello rosado de Sakura. Lo llevaba algo más largo de lo que recordaba en la adolescencia, pero peinado de tal manera que le daba un aire de madurez a su rostro de adulta.

Sus ojos verdes se fijaron en él y Naruto vio cómo se abrían con algo de sorpresa. Se sintió ofendido por su reacción. ¿Acaso no le había prometido a Sasuke que iría? ¡Y él nunca rompía una promesa!

Sasuke volvió su vista a él y, agarrando firme pero suave a la vez la mano de su novia echó a andar hasta llegar a la altura del rubio.

―Dobe―saludó.

―Teme. ―Se estrecharon la mano con formalidad porque ambos creían que la situación así lo requería. Naruto estiró el cuello entonces para mirar, curioso, a la nerviosa mujer que seguía escondiéndose tras Sasuke. Su rostro se suavizó y decidió ser él el que rompiera el hielo:

―Sakura… ―La aludida respingó por el susto y al fin tomó valor para mirarlo.

―Naruto… ―La emoción la embargaba, haciendo que sus labios y su voz temblaran. Se aclaró la garganta, tratando de buscar algo inteligente que decir.

―Te veo bien. Estás muy guapa. ―El tono amable del Uzumaki hizo que se le llenaran los ojos de lágrimas.

―Tú… tú también… e-estás más alto… ―Se sintió estúpida al remarcar algo tan obvio; Naruto rio y Sasuke esbozó una pequeña sonrisa.

―¿Nos sentamos?―Sin esperar respuesta, Sasuke se sentó y tiró de Sakura para sentarla a su lado. Naruto se sentó frente a la chica y, cuando la camarera volvió al ver que tenía compañía, sí pudo (por fin) pedir algo para tomar.

Cuando se fue regresó su atención de nuevo a Sakura, quien parecía sumamente concentrada en la mesa.

―Sakura―llamó Sasuke. La Haruno levantó la vista, fijándola primero en su novio y después en el que había sido su mejor amigo durante gran parte de su vida. Apretó las manos sobre su regazo y tomó aire.

―Lo siento―soltó, y decirlo en voz alta, a la persona adecuada, supuso un gran alivio para su conciencia. Las palabras empezaron a salir a borbotones de su garganta―. Yo lo siento, siento mucho haber sido tan egoísta, tan caprichosa… no pensaba que tu relación con Hyūga-sensei fuera a durar y, aun a pesar de eso, tenía miedo de que te enamoraras de alguien más porque… porque siempre habías estado para mí y yo… me puse celosa, lo reconozco… ahora me doy cuenta de lo estúpida e inmadura que fui y yo…―Tuvo que parar para tomar aire nuevamente―… lo siento. De verdad, lo siento mucho. Por todo. ―Naruto la miró fijamente durante unos minutos que a Sakura le parecieron eternos. Se removió, nerviosa, esperando una reacción mientras sus ojos azules la taladraban.

Finalmente, una lenta y ancha sonrisa se extendió por el bronceado rostro de Naruto, iluminando toda su cara.

―Está bien. Te perdono. ―Sakura contuvo la respiración―. En serio. Ha pasado mucho tiempo y no me gusta guardar rencor a la gente, no es sano. Hinata y yo estamos bien, además, y no le ha molestado lo que le conté que pasó con nosotros porque estamos bien―repitió. Naruto se rascó la nuca, soltando una risita nerviosa por su falta de vocabulario para expresarse.

―Naruto… Gracias. ―El rubio le sonrió de nuevo y, cuando la camarera regresó con su pedido, se sumieron en una charla algo insegura que pronto se tornó alegre. Se pusieron al día de muchas cosas, hablaron y hablaron de los antiguos compañeros y amigos del colegio con los que aún estaban en contacto e intercambiaron números para volver a quedar algún otro día.

―Me… me gustaría quedar algún día con Hinata. ―Dejó saber Sakura, tímidamente―. Quiero… quiero hablar directamente con ella si… si no hay problema. ―Naruto asintió.

―Le preguntaré, te lo prometo'dattebayo. ―Luego miró para Sasuke y le dio un ligero puñetazo en el hombro―. La vas a desgastar. ―Un muy tenue rubor cubrió la nariz del Uchiha y desvió la vista a un lado.

―Cállate―masculló.

Naruto y Sakura rieron y terminaron de despedirse, para luego proseguir cada uno su camino: la parejita por un lado y Naruto por otro.

El rubio se moría de ganas por poner al día a Hinata.


―¿Estoy bien?―Naruto observó con una ceja arqueada para su preciosa novia, ataviada con un sencillo vestido de manga francesa que caía suelto y abrazaba su figura de forma escandalosa, a su parecer―. No, demasiado arreglada, lo sabía. Voy a cambiarme. ―Evitando por todos los medios reír, Naruto fue hacia ella y la tomó del brazo, para tirarla a su pecho y poder abrazarla.

―Estás preciosa te pongas lo que te pongas. ―Hinata levantó la cabeza y lo miró con los ojos entrecerrados, acusadora.

―Mentiroso. ―Naruto la miró, intentando aparentar seriedad.

―No miento.

―Pues no eres imparcial, entonces. Solo dices eso porque me quieres. ―Un brillo divertido asomó a los orbes azules del rubio.

―Y con locura, nena. ―Hinata no pudo evitar ruborizarse, soltándose de su novio y yendo al espejo a observarse. Se puso de un perfil y de otro, estudiando su imagen.

Habían quedado, después de dos semanas buscando y haciendo hueco, en ir a cenar con Sasuke y Sakura. Al parecer su antigua alumna sentía la apremiante necesidad de disculparse con ella por algo de lo que no había sido consciente hasta hacía muy poco y, aunque le había pedido a Naruto que le asegurara que no hacía falta ninguna Sakura había insistido, diciendo que así ella se quedaba más tranquila. Y, ¿qué le costaba a ella? Si así podía permitir a Sakura hacer las paces con el pasado para poder así seguir adelante, no iba a insistir en no verla. Hinata más que nadie sabía lo importante que era limpiar la conciencia de remordimientos.

Suspiró, yendo a buscar un par de pendientes y la cadena de plata en forma de media luna que Naruto le había regalado en uno de sus cumpleaños. Luego comprobó su maquillaje por última vez y, una vez satisfecha con su aspecto, se reunión con su chico en la entrada, donde Naruto holgazaneaba en el sofá. Estaba guapísimo, notó, colgándose un pequeño bolsito de cuero marrón al hombro. Se había puesto un pantalón vaquero, una camisa azul claro que hacía juego con sus ojos y una chaqueta negra. Sonrió al verla y enseguida se levantó.

―¿Vamos?―Hinata asintió, respirando hondo. Se calzaron y Naruto agarró sus llaves; salieron del apartamento y cerró tras ellos. Habían quedado en un restaurante escogido por Sasuke, por lo que Naruto había tratado de esmerarse en su vestimenta, sabedor de que su mejor amigo estaba acostumbrado a ambientes algo más lujosos de los que normalmente frecuentaban en la universidad o en sus salidas de amigos.

Se metieron en el coche y fue él el que se puso en el asiento del conductor. Eran pocas las veces que se aventuraba a conducir, no porque no fuera capaz o no se le diera bien, sino porque no le gustaba. Siempre había dio en transporte público o andando a todas partes. Solo en las ocasiones especiales se había puesto al frente del volante. Pero aquella noche iba a llevar a cenar a Hinata a una cita doble y creía que era su deber comportarse como un perfecto caballero desde el comienzo. Siempre lo hacía en sus citas a solas.

Sonrió a su novia una última vez antes de prender el motor y arrancar. Tardaron cuarenta y cinco minutos en llegar al restaurante y, cuando ya se habían hecho a la idea de estar media hora dando vueltas para aparcar dada la cantidad de coches que había en el aparcamiento, fue que vieron ir hacia ellos a un hombre perfectamente uniformado. Naruto bufó: jodido Sasuke. Siempre haciendo gala de su estatus.

Bajó del vehículo, viendo que el aparcacoches ya le había abierto la puerta a Hinata y se la sostenía para que ella bajara. Hinata se lo agradeció con una de sus sonrisas y, muerto de celos, Naruto se apresuró a llegar a su lado y asirla de la cintura, dándole con un cierto aire de superioridad las llaves al chico.

―Naruto-kun―lo llamó Hinata en un tono de cariñoso regaño. Naruto desvió la vista, con las orejas rojas.

―¿Qué? ¡Te estaba comiendo con los ojos'ttebayo!―Hinata sacudió la cabeza con una sonrisa y permitió que la mano del rubio se deslizara hacia casi su cadera, permitiendo así que él la apretara más contra su cuerpo.

Así abrazados entraron en el restaurante, donde el metre los recibió con una amplia sonrisa.

―Veníamos a cenar con Uchiha… creo que hay una reserva a su nombre―dijo Naruto, adoptando un tono serio y formal. El hombre revisó el libro que tenía en el atril frente a él y sonrió ampliamente, dando toquecitos sobre una página cuando localizó el apellido.

―Sí, señor, aquí está. Vengan por aquí, sus acompañantes ya han llegado. ―Tuvieron que soltarse momentáneamente para poder pasar hacia el interior del local, pero rápidamente Naruto volvió a tomar su mano.

Sasuke y Sakura ya estaban sentados en una mesa algo apartada, contra una pared. Sasuke se levantó para saludarlos mientras que Sakura clavó la vista en Hinata.

―Dobe.

―Teme. ―Se estrecharon la mano y el Uzumaki apartó la silla para que su novia se sentara. Hinata se lo agradeció con una sonrisa y entonces Naruto saludó a Sakura, quien le devolvió el saludo algo distraída.

―Sakura―llamó Sasuke. La pelirrosa dio un suspiro.

―Perdón―se disculpó por su distraimiento. Hinata le sonrió, como dándole a entender que no pasaba nada.

Pasaron unos minutos leyendo los menús, eligiendo lo que iban a tomar, antes de que la Haruno se decidiera a romper el tenso silencio que se había cernido sobre el grupo.

―Yo… ―Se aclaró la garganta y miró fijamente para Hinata―. Quería… quería disculparme con usted, Hyūga-sensei. ―Hinata la miró y volvió a sonreírle, al tiempo que negaba con la cabeza.

―Ya no soy tu profesora, Haruno-san… puedes llamarme simplemente Hinata. ―Sakura asintió.

―Y tú puedes llamarme Sakura… ―Calló, respirando hondo―. No lo sabes pero… ―empezó, tuteándola―en el pasado no me porté nada bien con vosotros. Intenté… intenté separaros porque… bueno, no veía bien que una profesora y un alumno…

―Te entiendo―la interrumpió Hinata, comprensiva―. No tienes que…

―Por favor―dijo Sakura, elevando una mano―, déjame terminar. ―Hinata pestañeo pero asintió, dejándola continuar―. Pero no era solo eso, yo… estaba celosa. Naruto siempre había proclamado su amor por mí y―al lado de Hinata, el Uzumaki se había puesto rojo como un tomate, recordando con bochorno aquellos días de su juventud―, de pronto, ya no me miraba, ya no me halagaba, ya no me pedía salir… fue… muy raro… y repentino. Creo que eso fue lo que más me chocó: la rapidez con que de pronto dejó de prestarme atención. Yo de aquella tenía una demasiada buena opinión de mí misma, me costó un tiempo darme cuenta de que no era tan perfecta como creía, que también tenía mis defectos y que, en lo tocante a vosotros, no había actuado bien. E hizo falta que perdiera a mi mejor amigo para que me diera cuenta de mis errores.

―Sakura… ―dijo Naruto, conmovido.

―Yo… solo quiero que sepas que… que lo siento, siento haber pensado solo en mí, siento haber intentado arruinar vuestra relación y siento no haber sido… la buena amiga que todos creían. ―Miró ahora para Naruto―. De verdad, Naruto, Hinata, lo siento mucho. ―Inclinó la cabeza y Hinata se retorció las manos, incómoda con aquella muestra, exagerada a su parecer, de humillación.

―Está bien, Sakura, está bien. Levanta la cabeza. ―Dijo, con un pequeño rubor en sus mejillas debido a que algunos clientes del restaurante se les habían quedado mirando―. Ya todo ha pasado, de verdad. Naruto y yo estamos bien y… nos queremos más nunca. ―Ante aquello Naruto tomó su mano por debajo de la mesa y le sonrió.

―Hinata tiene razón, Sakura, ya te lo dije: estamos bien. ―La pelirrosa se incorporó y esbozó una tímida sonrisa.

―Espero que… de aquí en adelante, podamos… ¿ser amigas?―Hinata sonrió con ternura ante su vacilación y el sonrojo en sus mejillas, que acentuaba el tono verde jade de sus ojos. Se inclinó sobre la mesa y cogió las manos de la muchacha entre las suyas.

―Eso me gustaría mucho. ―Una radiante sonrisa se extendió por la cara de Sakura y ambas mujeres acabaron riendo.

A su lado, Naruto y Sasuke se miraron y se sonrieron, el primero más ampliamente que el segundo.

―Nuestras chicas son estupendas, ¿no lo crees, teme?

―Hmp. ―Naruto rio, dándose una palmada en la rodilla.

Al fin, podía cerrar un capítulo de su vida... y escribir uno nuevo.

Fin Acto XI


Bueno, pues aquí está: el tan ansiado final. Sé que no es nada espectacular, pero creo que es... simplemente perfecto, al menos para esta historia.

Pero tranquilos, tranquilos, que hay epílogo. Pero eso será el viernes que viene xD.

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¡Muchísimas gracias por sus comentarios a Marys y a Guest!

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Lectores sí.

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.