Notas a tener en cuenta en la historia: Toph tiene 31 años y Sokka 34 años.
Revelaciones
La medianoche había llegado sin avisar. El canto de las cigarras todavía se podía escuchar y el calor del verano no daba tregua. Todas las ventanas de la oficina del concejal Sokka estaban abiertas, pero aun así el calor lo estaba aplastando. Era en momentos como estos que él hubiera preferido estar en el Polo Sur, en la nieve, en su estado natural y no sudando a mares. Pasó una mano quitándose el sudor de los ojos y deseó que el papeleo terminara para poder salir del horno que tenía por oficina.
Siguió escribiendo en los papeles, firmando y sellando. Maldijo la hora en que se le ocurrió ser concejal de la Tribu Agua del Sur. En que rayos pensaba. Se detuvo leyendo en un pergamino sobre el proyecto de expandir la zona de la Tribu Agua del Sur en Ciudad Republica. Se recostó en su silla y se concentró en el proyecto. Las cigarras seguían cantando y una cálida brisa entró por la ventana que le hizo fruncir el ceño.
El proyecto había sido elaborado por él y el jefe interino de la Tribu Agua del Sur en Ciudad Republica. Su meta era convertir el barrio en más que eso y expandirlo como un Centro Cultural para no perder sus costumbres, pero aún necesitaba algunos retoques para su presentación frente al Concejo y el Avatar. Subrayó algunos puntos a cambiar cuando la puerta abriéndose lo interrumpió de sus cavilaciones. Sus ojos azules se posaron en la joven Jefe de Policía que caminaba hacia su escritorio con una sonrisa torcida. Sokka sonrió.
-¿No crees que es muy tarde para seguir jugando con papeles, Concejal?- dijo la mujer sentándose en el escritorio de madera. Sokka dejó a un lado el pergamino y apoyó sus codos en el escritorio.
-El papeleo nunca termina, Jefe Beifong
-Debería, ya son medianoche y prometiste que iríamos por unos tragos, maldito mentiroso
Sokka rio ante esto y asintió en acuerdo. El papeleo podía esperar.
-De acuerdo- dijo él y se levantó de su silla. Toph puso una mano en su pecho y obligó a que se sentara de nuevo.
-No es necesario, traje unas botellas de jugo de cactus y algunas bebidas más. Cortesía de Kanto- dijo la maestra tierra con voz sarcastica levantándose y saliendo de la oficina para volver con una especie de conservadora de metal con varias botellas. Sokka frunció el ceño al escuchar el nombre de la actual pareja de Toph. Odiaba admitirlo, pero lo odiaba en secreto. Odiaba que ese hombre siquiera tenga el derecho de poner sus manos sobre su mejor amiga y se odiaba así mismo por odiarlo ya que Kanto era un buen chico. Sokka se levantó de su escritorio y caminó hacia los sillones que tenía en el centro de la oficina. Ambos se sentaron juntos y tomaron una botella cada uno. Sokka uno de jugo de cactus y Toph una bebida extrañamente sin alcohol. Sokka alzó una ceja curiosa, pero no dijo nada.
Un silencio cómodo se presentó entre ellos, mientras tomaban sus tragos. Toph suspiró cansada. Dejó a un lado la botella y estiró sus brazos y piernas como un gato. Sokka sonrió al verla haciendo eso.
-Estoy cansada. Esta ciudad en lugar de mejorar se vuelve más peligrosa cada día- dijo la maestra tierra volviendo a darle un trago a su bebida.
-Lo sé. He estado casi en 10 casos de sentencias por crímenes solo esta semana. Nunca termina- respondió Sokka quitándose el sudor de la frente.
-Más trabajo para mí. Qué bien- dijo la jefe de policía sarcásticamente y luego rió junto a él.
-Estoy pensando seriamente en renunciar y volverme ermitaña- dijo en broma la mujer y lo codeó.- Deberías venir conmigo, viajaremos como en los viejos tiempos y seremos irresponsables y sucios todo lo que queramos.
-Suena bien, pero no creo que Kanto esté de acuerdo- le respondió siguiéndole el juego. Toph bufó y puso los ojos en blanco para luego darle otro trago a su bebida.
-Arruinaste el momento, Cabeza de Carne- se quejó ella y lo golpeó en el hombro. Sokka sonrió y se sobó la zona adolorida para darle otro trago a la botella. El silencio volvió a reinar entre ellos. Las cigarras seguían cantando y el calor parecía que había aumentado. Toph se limpió el sudor del cuello y gimió molesta.
-Odio este calor. Estoy por cocinarme en esta armadura- se quejó.
- Deberías pensar en inventar un uniforme para verano. Que te parece uno con tela o hojas- le dijo sarcásticamente. Toph frunció el ceño.
-Oh, qué gran idea Concejal Sokka. Como no se me ocurrió antes- dijo voz chillona ganándose una carcajada del hombre a su lado para luego volver a quedarse en silencio.
-El calor nos está haciendo decir estupideces- dijo Sokka volviendo a su trago.
-Creo que es el jugo de cactus y no el calor.
-Tienes razón- y ambos volvieron a reír. Sokka observó cómo su amiga buscaba otra botella de la conservadora. Algunos mechones negros que se habían soltado de su moño estaban húmedos por el sudor y se le pegaban en el rostro y en el cuello. Estaba sonrojada por el calor y su piel pálida brillaba. Se veía hermosa. Sokka se recriminó por pensar de esa forma en su amiga. Ella estaba en una relación aparentemente estable y él estaba tratando de intentar algo con una chica de la Tribu Agua del Sur. No tenían nada serio, pero algo era algo.
Suki y él habían terminado hace dos años. Su relación no había funcionado. Ya no se amaban, solo era una costumbre monótona al punto que a veces ambos ni siquiera se veían en meses cuando ambos trabajaban (ella en la Nación del Fuego o la Isla Kyoshi y él en Ciudad Republica o en el Polo Sur). Y lo que realmente le dio la noción para terminar su relación es que ni siquiera le importaba. Caso totalmente contrario con Toph. Sokka no podía vivir sin tener noticias o al menos estar en contacto con ella. Él la necesitaba. Y fue ahí cuando se dio cuenta que estaba enamorado de ella, desde hace años, desde que estaba con Suki. Pero un concejal y un policía no podían tener una relación que no sea estrictamente profesional. Que ambos actualmente sean amigos ya era un problema dentro del concejo. Sin embargo él estaría dispuesto a hacer cualquier cosa por tener la oportunidad de perderse entre las curvas de su amiga, en su boca y en su piel. Pero Kanto estaba en su camino y él no se consideraba tan miserable para meterse en una relación.
-¿Cómo te va con Kanto? No lo he visto en meses- preguntó Sokka apoyando su brazo en el respaldo del sillón, cerca de ella. Toph hizo una mueca y se recostó en el sillón.
-Como siempre- respondió la maestra tierra encogiéndose de hombros como si no le importara. Sokka subió una ceja sorprendido.
- No creo que lo ame, Sokka- dijo de repente. Ella suspiró afligida y volvió a su trago.
-¿Entonces porque sigues con él?- preguntó Sokka confundido. Toph se mordió el labio inferior y levantó su rostro hacia él como si buscara su mirada. Sus ojos ciegos miraban más allá de sus hombros, pero parecían afligidos.
-Estoy embarazada- dijo con un hilo de voz. El corazón de Sokka se rompió en mil pedazos. Su boca se abrió en sorpresa y su cabeza dio mil vueltas. Toph apartó la mirada como si hubiera visto su reacción. Se secó el sudor de su frente y se hundió en el sillón.
-Lo sé. Es muy raro, pero pasó. Lo siento- dijo la bandida ciega encogiéndose de hombros y cruzando sus brazos en el pecho. Sokka seguía sin reaccionar, pero deseó que ese bebé fuera suyo.
-¿Él ya lo sabe?- preguntó con voz tensa. Se acercó más a su amiga y la observó suspirar.
-Ya lo sabe y no se mostró muy entusiasmado, en realidad pensó que bromeaba y se molestó un poco.
-Toph, me alegro por ti y Kanto- mintió Sokka y tomó su mano entre las suyas.
-Mentiroso
Sokka no la corrigió,pero siguió acariciando sus nudillos.
-Ojalá ese bebé hubiera sido mío- susurró Sokka. Toph aspiró con fuerza sorprendida, pero no apartó su mano.
-¿De qué hablas?- preguntó Toph. Sokka negó con la cabeza y apartó su mano.
-Olvídalo. Felicidades Toph. Espero me dejes malcriar al bebé como lo hago con mis sobrinos- dijo el concejal con voz herida. Ella negó ligeramente y lo tomó del hombro.
-No cambies de tema, Sokka. ¿Por qué dijiste eso?
Sokka suspiró y cerró los ojos antes de enfrentarla.
-Te amo, Toph. Desde hace años, pero nunca intenté nada por Suki, por Satoru y ahora por Kanto, pero ya no puedo más. Pensé que te superaría, pero esto….
Toph perpleja se quedó en silencio sin saber que decir.
-Aunque no importa. De todos modos nunca podríamos estar juntos. Soy el presidente del concejo y tú eres la jefe de policía. Es imposible. Y ahora estás embarazada y aunque es de otro hombre, realmente amo a este bebé. Ya lo hago.
Sokka observó a Toph que seguía sin habla aunque lágrimas caían por sus mejillas.
-Sokka eres un imbécil- le dijo con voz molesta y llorosa. Sokka bajó la mirada, pero se sorprendió cuando ella buscó a tientas el cuello de su camisa y lo arrastró hasta sus labios. Ambos se besaron. El beso fue desesperado. Sokka la envolvió en sus brazos y la besó hambriento. No podía dejarla ir.
-Déjame ser el padre del bebé. Déjame estar contigo- suspiró Sokka sobre los labios de la mujer. Toph extasiada asintió perdida entre sus brazos y se hundió nuevamente en los besos calientes y húmedos de Sokka. Las manos de ambos comenzaron a explorar el cuerpo de cada uno. Toph se apartó de Sokka un momento, hizo un movimiento con su mano y se deshizo de la armadura dejándola en una blusa blanca y sus pantalones de lona. Sokka la sentó en su regazo y volvieron a besarse con lujuria. El cabello negro de la maestra tierra cayó como una cascada sobre su espalda y las manos hambrientas de ella recorrían el torso caliente y sudado del concejal.
-Esto está mal- habló Toph cuando ambos se separaron para respirar. Sokka seguía acariciándola debajo de su blusa.
-¿Me amas?- preguntó Sokka sobre sus labios. Ella gimió al sentir su aliento cálido y asintió.
-Lo hago. Siempre te amé, desde que eramos niños, pero no podemos. El concejo, Kanto y….
Se quedó sin palabras cuando Sokka volvió a besarla con fuerza. Sus manos levantaron la blusa dejándola desnuda para arriba.
-No importa si tenemos que escondernos. Ya no puedo estar perdiéndome esto. Déjame ser parte de tu vida y la del bebé
-Siempre fuiste parte de mi vida, tonto- sonrió Toph tomando sus manos para que toquen sus pechos. Sokka sonrió y amasó sus pechos robándole gemidos. Besó su cuello y sus pechos. Succionó sus pezones y la hizo temblar. Toph tomó nuevamente su rostro y lo llevó a sus labios.
Las caricias y los besos de esa noche fueron el acuerdo tácito que necesitaron para por fin estar juntos. Vivirían su relación y amor a escondidas, tendrían dificultades y secretos, pero si estaban juntos estaba bien.
Toph se hundió en un orgasmo salvaje y Sokka la siguió. En la habitación con respiraciones agitadas, sudor, besos húmedos y el canto de las cigarras concretaron lo que hace mucho habían soñado en secreto y no sería la última vez.
