Disclaimer: Los personajes de Magi: The Labyrinth of Magic no nos pertenecen, son de su autor respectivo.
Pareja Principal: Sinbad x Alibaba.
Advertencia: Relación chico x chico. Si el tema no es de tu agrado, no lo leas.
"Realmente, me sorprendí mucho al ver tu carta. No la esperaba, pero me ha hecho muy feliz que me escribas. A decir verdad, yo tampoco sabía cómo empezar a responderte, Alibaba. No he mandado muchas cartas en mi vida, así que estoy tan perdido como tú en este sentido. Sin embargo, haré lo mejor posible ahora.
He estado bien. Muy ocupado con el estudio, tanto, que sí, descuidé un poco mi salud, pero no fue nada grave. Hasta ahora todo marcha bien. Tengo un compañero de habitación que es de un país del norte y habla con un acento peculiar, además de que me lleva como tres cabezas en altura, pero es un buen sujeto. Espero que tu familia y tú también estén bien. Siempre pienso en ustedes y los extraño mucho. Seguramente nos podremos ver dentro de algún tiempo, aunque me alegra ver que no me olvidaste.
Y claro que me acuerdo de eso. Eras un pequeño terremoto, ibas para todos lados y yo tenía que andar persiguiéndote para que no causaras destrozos. Era muy divertido, de todas formas. Incluso tengo guardados muchos dibujos tuyos que me obsequiabas. También me acuerdo cuando empezaste la escuela, cuando te fui a buscar no parabas de hablarme de lo mucho que te habías divertido y las cosas que hicieron. Estabas muy emocionado y creo poder recordar ese dibujo del que me hablas. Tú también siempre fuiste y serás alguien importante en mi vida…".
II
Ese día, los padres de Alibaba regresarían más tarde de lo habitual. Aparte de tener responsabilidades en el trabajo, también las tenían sobre su hijo y su situación académica. Debían asistir a esas reuniones de padres y apoderados que se efectuaban una vez al mes, por lo que Sinbad tendría que quedarse con el pequeño un poco más de tiempo. Esa noticia, para el niño sin embargo, era maravillosa. Estar todo el tiempo que podría con Sinbad era lo que más le gustaba. El único problema, era que a raíz de ello, Alibaba se ponía el doble de hiperactivo, y por ende, más inquieto, siempre buscaba llamar la atención de Sinbad con cualquier cosa.
Hacía travesuras por doquier, se movía por todas partes; corría, saltaba, se arrastraba por el suelo y gritaba. Esas cosas eran normales para Sinbad, acostumbraba a esa clase de comportamiento del niño, pero nunca en exceso, mucho menos cuando las cosas habían seguido de la misma manera durante más de una hora, revoltosas, y, por qué no decirlo, agotadoras. Esos eran uno de esos días donde fácilmente su paciencia podía verse colmada.
Gruñó exasperado cuando vio a Alibaba por milésima tirarse contra el sillón, como si fuera un proyectil. Ya estaba totalmente cansado de esto. Siempre solía llevarse bien con el pequeño, pero en ese momento se encontró enojado.
—¡Basta, Alibaba! —espetó Sinbad. No había gritado muy fuerte, sólo lo suficiente para llamarle la atención al otro y funcionó—. Quédate un poco quieto.
El niño se quedó petrificado en su lugar mirándolo y Sinbad se sintió levemente satisfecho. Sin embargo, el rostro del pequeño se llenó de pena y al instante la culpabilidad por haberle gritado lo atacó. Siempre le pasaba lo mismo.
Los ojos del niño se tornaron vidriosos en cuestión de instantes y poco a poco comenzó a sollozar.
—¿Te enojaste, Sinbad? —dijo el pequeño mientras se acercaba a él y tiraba de la tela de su pantalón.
—No, claro que no —Sinbad suavizó su voz mientras se agachaba junto a Alibaba—. Sólo intentemos estar un poco más tranquilos, ¿sí?
—¿Pero no estás contento? —insistió al querer cerciorarse de que Sinbad no estaba molesto ni mucho menos.
—Estoy bien —Tomó al niño entre sus brazos y lo alzó, mientras le sonreía mostrándole que realmente ya había pasado el momento—. ¿Quieres hacer otra cosa?
—Quiero jugar contigo… —pidió, limpiándose uno de sus ojitos a los que le corrió una lágrima.
—Bien, jugaremos, pero no llores —Abrazó al pequeño y le acarició la espalda. Nunca podía resistirse cuando Alibaba lloraba, tenía cierta debilidad por ese niño y no quería verlo mal—. ¿A qué quieres jugar? Si quieres podemos dibujar. Todavía me debes unos dibujos que no me hiciste.
—Pero eso es aburrido —reprochó—. ¡Quiero jugar al caballito!
Y, antes que se diera cuenta, el niño ya estaba sobre sus hombros. Ni siquiera Sinbad supo cómo se había convertido en el caballo de ese juego, simplemente ocurrió. Al menos así Alibaba no hacía tanto escándalo y era divertido. Caminó por la casa, sosteniendo al niño para que no se cayera, pero éste no se preocupaba por ese tipo de cosas. Alibaba le tironeó del cabello como si fueran riendas y le exigió que vaya más rápido.
—Alibaba, al caballo le duele eso, no agarres el pelo —pidió aguantando el dolor en su cuero cabelludo y el niño parecía muy entusiasmado aún.
Pero el peor momento no fue aquel donde Sinbad sintió dolor, sino que fue en donde ambos perdieron el equilibrio. Alibaba tiró tan fuerte del cabello del otro, que éste se echó hacia atrás y tropezó con uno de los juguetes que estaban esparcidos en el piso. El pequeño cayó cerca del televisor de la sala de estar, y Sinbad, por su parte tambaleó junto a él.
En el tropezón, el único sacrificado fue el televisor, el cual terminó desplomado en el suelo. Hubo silencio durante un momento donde se escuchó el estruendo y Sinbad en seguida se acercó a Alibaba para verificar si no le había pasado nada.
—¿Estás bien? —le preguntó, pero el niño parecía estar asustado por lo que pasó y no le prestaba atención—. ¿Te lastimaste?
Pero Alibaba, por el susto, comenzó a llorar, sin poder responderle a Sinbad. Se sentía abatido por la situación, el vértigo y el hecho de que ahora el televisor estuviese arruinado. Sus padres a lo mejor se enojarían por eso y eso le causaba miedo. Se aproximó al otro y lo abrazó mientras su corazón seguía latiendo por lo sucedido.
Sinbad suspiró mientras abrazaba a ese niño y trataba de calmarlo. No importaba que aquel aparato se haya roto, se había preocupado pensando que quizá le había pasado algo, eso era lo que realmente importaba. Alibaba lloró un rato más en sus brazos, dejó que se descargara hasta que se le pasara ese repentino susto. Luego cuando vinieran los padres del pequeño debería explicarles y tomar toda la responsabilidad, un niño pequeño no tenía la culpa de ese tipo de incidentes. Suspiró hastiando, pensando que quizá los adultos se molestasen mucho con él. Si tenía que pagar el televisor o algo así, no le importaba, estaba bien y sería justo. Lo que realmente sí temía es que no lo dejaran cuidar más a Alibaba o que reprendieran a éste por lo sucedido, no podría ser capaz de soportar algo semejante. Aquel niño era muy importante para él y la idea de verlo sufrir o no verlo más le espantaba.
Qué suerte tenían ambos de que los dos adultos sean comprensivos y entendiesen que sólo se trató de un accidente. Más allá de la molestia, los papás de Alibaba estuvieron en parte contentos de comprar una televisión más nueva en remplazo de la vieja. No había sido una pérdida total, aunque Sinbad sí recibió reprimenda y un par de fines de semana sin salir gracias a aquel accidente.
Continuará.
