Los personajes de Magi no nos pertenecen.
Relación chico x chico. Sinbad x Alibaba.
"…eso me trae mucha nostalgia, como si esos tiempos hubiesen sido apenas ayer. No sé cómo es que los años pudieron haber pasado tan rápido. Fuimos siempre tan unidos, esas épocas hasta las echo de menos, me da entre risa y pena acordarme de eso. Cuando niño siempre te había visto como un dios, eras tan genial, tan increíble. Y créeme, que esa visión respecto a ti no ha cambiado. Bueno, lo de dios puede que sea un poco exagerado, pero que eres una persona maravillosa, de eso no hay duda. Me has hecho mucha falta, algunas veces hay cosas de las que quiero hablar, que sé que con mis padres no será muy posible. Tal vez tu visión de hombre más adulto me hubiese podido ayudar en diversas circunstancias, pero sé que no siempre puedo depender de tu ayuda.
Al menos he sabido afrontar situaciones y acarrear con ciertas cosas por mí mismo, cosa que de igual forma me enorgullece. ¿Vas a elogiarme por eso, Sinbad, como cuando solías hacerlo hace muchos años atrás? Mi niño interior estaría feliz de ser así. Cómo me encantaba cuando me dabas un cumplido, eso me daba fuerzas para muchas cosas. Igual no sé cómo es que me tenías tanta paciencia, si yo era un completo desastre. ¿Recuerdas cuando destruí la pantalla del televisor por haber estado haciendo otra de mis tonterías? Ese día no sé cómo es que no me quisiste quemar vivo por eso…"
III
La eternidad del tiempo no podía ser más aburrida y tardía de lo que podía haber estado esperando durante el resto del día. Suspiró desganado, tirándose al piso por entre la pila de juguetes que yacían a su alrededor, ni siquiera su dragón, Drakon, parecía divertirlo. Las manillas del reloj golpeaban el tiempo de una manera tan lenta que, aun recién a esas horas de la tarde, no sabía qué más hacer. Rodando de un lado a otro por el suelo, el pequeño Alibaba se encontraba cansado del calor insoportable que hacía a esa hora y del increíble aburrimiento.
Quizás el problema de su aburrimiento se debiera a que hoy era sábado y eso significaba muchas cosas: No había escuela y sus padres estaban en casa. Eso estaba bien, le gustaba estar con ellos, pero eso también significaba que hoy Sinbad no iría a jugar con él. Cuando se despertó creyó que era un día normal como cualquier otro, pero su emoción descendió cuando su mamá le dijo que era fin de semana. Eran divertidos esos días también, pero más divertido era cuando podía estar con Sinbad.
Suspiró una vez más, rodando en el piso sin saber qué hacer.
—Alibaba —oyó cómo su madre lo llamaba. Levantó la vista y la mujer apareció por la puerta—. ¿Qué haces ahí tirado? ¿Estás jugando algo en especial?
—No estoy jugando a nada, sólo estoy aburrido —respondió el niño con un puchero, colocándose de lado y doblando sus rodillas.
—¿Otra vez con eso? Has estado todo el día suspirando y diciendo lo mismo. Podrías divertirte con todos estos juguetes que tienes aquí esparramados.
—¡Pero ya jugué con ellos! —reprochó—. Además hace calor y Sinbad no está aquí para que juegue con él.
—Pero hijo mío —dijo su madre, acercándose a él—, sabes que Sinbad tiene otras cosas que hacer y no puede estar siempre acompañándote. Los fines de semana son para él y eso tú lo sabes.
—Lo sé, mamá —asintió, un tanto decepcionado—. ¡Pero en verdad estoy aburrido! Ni siquiera me dejaste salir a jugar afuera.
—Claro que no, cariño. El sol está muy fuerte ahora. ¿Pero qué te parece si salimos en cuanto baje un poco el calor?
Esa propuesta le hizo sonreír con gran entusiasmo y así pasó gran parte del día esperando ansioso a que su mamá le dijera que podían salir. Después de ir y preguntar infinidad de veces si ya podía ir a jugar, la mujer le dijo que sí. Ella lo llevó al parque. Caminaron un par de calles hasta la plaza cercana a su casa y Alibaba se sintió muy emocionado, al menos ahora podría jugar al aire libre y con todas las cosas que había en el parque. El sube y baja, los columpios, el resbalin; ahora podría divertirse más.
Cuando llegaron al parque, Alibaba corrió hacia los columpios, pero se detuvo al ver que había dos que ya estaban ocupados. Sin embargo, hubo algo más que le llamó la atención.
—¿Qué pasó, cariño? —dijo su madre, acercándose a él. La mujer observó hacia el mismo lado que su hijo y tuvo que arrugar un poco los ojos para divisar mejor a la lejanía—. Oh, ¿pero ése no es Sinbad? ¡Qué casualidad!
La emoción fue tal, que el pequeño no dudó en dirigirse frenéticamente hacia la persona que tanto anhelaba ver todos los días. Sinbad no había tenido tiempo de asimilarlo, a decir verdad, ni siquiera se dio cuenta; todo había sido tan rápido, que de un momento a otro se encontraba a él mismo tirado en el suelo con aquel proyectil rubio sobre él.
Tanto la madre de Alibaba como la otra persona que acompañaba a Sinbad se alarmaron por el repentino ataque del niño que lo botó al suelo. Sin embargo, al pequeño no pareció importarle demasiado, ya que continuaba abrazando a Sinbad y saltando sobre él muy entusiasmado al haberlo visto.
—¡Alibaba, esa no es forma de saludar a una persona! ¡Mira como dejaste a Sinbad cubierto de tierra y tú también!
La mujer se acercó muy preocupada y quitó a su hijo encima del otro, disculpándose con Sinbad por las ocurrencias de su niño. Sinbad, en cambio, lejos de molestarse, estiló una sonrisa y comenzó a reír por lo sucedido.
—No te preocupes, Anise —dijo Sinbad, levantándose del suelo y sacudiendo su ropa—. Qué sorpresa verlos por aquí.
En ese instante, Sinbad pasó una mano por el cabello rubio del niño y éste sonrió feliz por esa caricia. Ya era un acto involuntario por parte del otro muchacho y Alibaba lo disfrutaba enormemente.
—Salimos a pasear un rato para tomar aire —contestó la mujer y miró al pequeño—, pero debemos irnos, mi amor.
—¿Ya? —pronunció el niño con decepción—, quiero estar un rato más con Sinbad.
—Hijo, hoy es el día libre de Sinbad —explicó—. Además, él está con una amiga, no puedes molestarle.
Ahí fue cuando Alibaba notó a esa otra persona, quien se paró junto a Sinbad. Una chica, no sabía quién era y tampoco la conocía, pero eso no le importó en lo absoluto. Sin dudarlo, abrazó a Sinbad con toda la fuerza que tenía.
—¡No quiero irme! —espetó escondiendo la cara entre la ropa del otro joven.
—Alibaba, no hagas un berrinche, vamos.
—¡No!
Al pequeño no le importaba que su madre se enojara con él, lo único que quería era quedarse con Sinbad.
—Alibaba, voy a contar hasta a tres. Hazme caso o ya verás cuando lleguemos a casa.
—¡No quiero! ¡No me voy a ir! —apretó sus manos por entre la ropa de Sinbad, haciendo caso omiso a la orden de su madre.
—Uno…
—¡No lo haré!
—Dos…
—¡Te dije que no! —continuó negándose aún frente a esa amenaza, sin querer soltarse del otro.
—¡Y tres! Ya está, ven aquí, niñito desobediente.
Pero antes de que la mujer alcanzase a hacer algo, Sinbad sugirió:
—Puedo quedarme un rato con él, si no te es mucha molestia. —Puso la mano sobre la cabeza del niño y le sonrió.
—Pero Sinbad, ¿estás seguro? —inquirió ella, desconcertada—. Te veo que estás ocupado y no creo que sea de mucho agrado estar con un niño a cuestas. Además, Alibaba debe entender —remarcó, mirando a su hijo de forma desaprobatoria, mientras que éste le sacaba la lengua desafiante—, que no se puede darle en el gusto por siempre.
—Sólo será una vez. Alibaba se porta muy bien conmigo, ¿no es así? —le preguntó esbozando una sonrisa.
—¡Sí, con Sinbad siempre me porto bien! —dijo el pequeño y la madre suspiró, sintiéndose derrotada. Su hijo sabía cómo salirse con la suya.
Sinbad miró a la joven a su lado, disculpándose y sonriendo de esa forma única que él tenía. La chica le dijo que no había ningún problema y se despidió de él dándole un beso en la mejilla. Eso no pasó desapercibido por Alibaba y miró con el ceño fruncido a esa chica, no le agradaba esa persona, pero eso fue algo que Sinbad no notó.
Jugaron un largo rato. El niño había podido cumplir su deseo de quedarse con él e hicieron muchas cosas. Subieron a los juegos y también corrieron por todo el lugar. La diversión fue tanta que ni siquiera notaron el tiempo, incluso el sol ya había comenzado a descender y Anise tuvo que volver a interrumpir la escena.
—Ya, Alibaba —dijo la mujer—. Se está haciendo tarde y tenemos que volver.
—Pero mamá, todavía no me quiero ir.
—¡Hijo, por favor! —Anise ya se estaba cansando de los caprichos del niño—. Tenemos que volver y Sinbad también tiene que irse a su casa. No puede estar todo el tiempo contigo.
—¡Sí que puede! —espetó y al instante levantó la cabeza para ver al otro joven—. ¿No, Sinbad?
La cara dulce y esperanzada de ese pequeño siempre terminaban doblegándolo, Alibaba tenía un gran poder sobre Sinbad y era porque éste lo quería demasiado.
—Sí, Alibaba —le dijo al niño, acariciando su cabeza.
Más allá de lo que pudieran decir en ese momento, la realidad era otra. Tuvieron que volver cada uno a su casa, pero eso no significaba que después no volverían a verse y seguir con más juegos.
"Incluso yo también extraño muchas veces esas épocas. Todo parecía más fácil y agradable. Tu carta me ha hecho recordar muchas cosas y darme cuenta la falta que me haces. El estar ocupado siempre con tantas cosas provoca que me olvide de muchas otras. Pero esto de tu parte me ha hecho muy bien.
Eres un chico increíble, Alibaba. Seguro ya creciste muchísimo en estos años, quisiera ver cuán grandes eres. ¿Cómo no pretendes que te alague? Siempre has sido fuerte y tienes un espíritu indomable, cosa que es admirable. Desde niño eras así. A pesar de hacer travesuras, jamás perdías esa alegría y sonrisa tan maravillosas. Me hace sentir un poco culpable no haberte podido acompañar en este tiempo y espero saber compensarte cuando volvamos a vernos. Y sí, me da mucho orgullo saber que ese niño que tenía que andar persiguiendo para que no rompiera la casa ahora se haya convertido en un muchacho grande y responsable.
Es gracioso que menciones el episodio del televisor. Recuerdo cuando tuve que explicarle a tu madre lo ocurrido y ella no lo podía creer, pensé que me mataría. Es una buena mujer. Lo gracioso es que no podía enojarme contigo nunca. Aunque hubieras destruido por completo la casa, creo que no podría haberte dicho algo. Incluso a veces te llamaba la atención para que te quedaras un poco quieto y me mirabas como si fueses a llorar. Siempre podías doblegarme así."
Continuará.
