Nosotros y Ellos.

Parte 2: Encuentro nocturno.

El 15 de octubre aun no terminaba, por lo que Shidou después del baño iría por los ingredientes para la cena, después de todo, ya se había hecho un poco tarde. Tohka fue la primera en ofrecerse en ir con él, por lo que terminó acompañándolo hacia la calle para ir por la cena.

Halloween se aproximaba, por lo que todo estaba decorado muy acorde a la época, de hecho, en el supermercado había una calabaza gigante de color naranja, con ojos de triángulo y boca con dientes de triángulo.

—¡Oh! ¿¡Qué es eso, Shidou?!

—Ah, es una linterna de calabaza. Se hace sacando el relleno de una calabaza, pero esa es de plástico ya que es enorme.

—¿No son verdes las calabazas?

—Las de Japón, pero en el extranjero hay de este tipo.

—Increíble, mira qué grande es, de seguro que se podrían hacer maravillas con ese tamaño, sí, sí, ¡incluso! Sé que daría para más de veinte guisos distintos. —Shidou sonrió al ver todos los cálculos que en parte eran erróneos, que hizo Tohka con la calabaza, pero de todas maneras, no quería decirle de nuevo que no había calabazas de ese tamaño que fueran comestibles.

—Pues, en ese caso, compremos una calabaza, Tohka. Podría hacer algo con ella.

—¿De verdad, Shidou? —preguntó ilusionada.

—Claro.

—¡Vamos a ello, entonces! —Tohka entró como rayo al supermercado, Shidou corrió tras ella.

—¡Espera, no deberías de correr de esa manera! ¡Podrías chocar con alguien! —Tohka se giró al frente y frenó sus piernas como pudo, por lo que se fue de espaldas y cayó—. ¡Tohka!

Al llegar a ella, le ayudó a levantarse, luego se giró a las personas que casi arrolla por su temperamento alocado.

Allí estaba un viejo como de 50 años en silla de ruedas, y detrás de él, una mujer como en sus veintes que manejaba la silla.

—Lo siento mucho, ¿no se lastimó? Tohka, discúlpate también.

—Lo siento, señor. No estaba viendo al frente.

—No hay problema, no me pasó nada, señorita —habló en un japonés que no concordaba con su fachada, se notaba que era bastante educado.

—Qué alivio, pensé que me metería en problemas —dijo Tohka con una sonrisa nerviosa.

—Ningún problema, señorita, todo está bien. De hecho, estoy en busca del hospital público, ¿podrían llevarme ahí? Realmente no tenemos mucha idea de cómo movernos por aquí.

Shidou se rascó la mejilla, pero no podía negar la ayuda a un viejo anciano y menos en silla de ruedas.

—Está bien, le llevaremos.

Entonces salieron los cuatro del supermercado como para cruzar la zona comercial, para ir al hospital.

—Lamento pedirles esto, pero estoy muy agradecido.

—No es problema, señor…

—Ah, disculpa joven, llámame Baldwin. Ella es Karen. —Señaló a la mujer detrás de su silla. Una mujer con el cabello rubio y ojos azules, Shidou la notó un poco familiar, aunque no sabía de dónde.

—Encantada de conocerlos —dijo sin más, luego se quedó en silencio.

—Yo soy… Itsuka Shidou.

—Yo soy Yatogami Tohka.

—Ya veo. —El viejo sonrió de buen humor—. Entonces, Tohka-san, ¿tienen mucho de conocerse?

—Eh… alrededor de un año.

—Eso quiere decir cuando es la apertura del año escolar, ¿se conocieron ahí?

—No. Conocí a Shidou en un terremoto espacial…

—¡Ahhh! —gritó Shidou por lo que su amiga había dicho—. No fue así, bueno sí fue pero no es lo que cree, señor.

—¡Cierto! Pasó un terremoto espacial, como usted debe de saber…

—Pero nos conocimos en el refugio, ahí es donde la vi por primera vez, ¿no es así, Tohka?

—Muy cierto, Shidou.

El joven miró de reojo a Baldwin, él sonrió como si ya supiera todo o algo parecido, este hombre era muy extraño pero para Shidou no le pareció mala esa sonrisa. Se alivió.

—Eso debe ser obra del destino. —El viejo tomó un suspiro y después continuó—. Tohka-san, en este momento, ¿eres feliz?

—¿Ah?

La pregunta fue muy repentina, aun con todo lo que había pasado con su más reciente amigo Satou, no pudo evitar sonreír.

—¡Soy muy feliz ahora!

—Me alegra oír eso.

Entonces el verdadero destino se puso en marcha, cuando una alarma alertó a todos los ciudadanos que estaba por pasar una catástrofe.

Un espíritu.


Unos minutos antes, Kurumi Tokisaki se encontraba en una encrucijada que tenía mucho de no estar, bueno, esta vez era su turno, por lo que era justa la situación. Se la pasaba viendo el refrigerador de la casa en la que estaba refugiada, aunque en realidad, se podría decir que era más que una inquilina.

Después de mucho pensar, abrió el refrigerador para encontrar solo una caja de leche, unos cuantos huevos y gelatina de uva en un traste.

—Esto podría funcionar. —Pero al verlo detenidamente y tenerlo entre sus manos, se dio cuenta de un pequeño pero grandísimo detalle—. Es muy poco para los dos.

Cerró el refrigerador y subió las escaleras, luego bajó con una blusa de color negra, además de un pantalón azul tobillero y un poco apretado. Sus cintas de color rojo no podían faltar, gracias a ese estilo podía tapar su ojo de reloj.

—Mejor voy a comprar algo para la cena, es más fácil que cocinar.

La chica salió de la casa con las llaves, ya hasta tenía copia de todas las llaves de la casa, tranquilamente se puso a recorrer la colonia en busca de algo cerca para poder tenerlo de cena. Caminó hasta que llegó a una tienda de abarrotes de 24 horas y como no quería caminar más, entró por pura nostalgia, de alguna manera, recordaba haber entrado a uno, aunque no físicamente.

Se llevó un paquete de Ramen instantáneo que solo traen dos trastes. Con una media sonrisa salió del lugar y regresó.

A su hogar.

No pasó mucho tiempo, y ella sabía que no pasaría mucho para que él regresara a casa. Por lo que fue a la cocina para preparar la cena, bueno, a calentarla en una olla para que estuviera bien hecho cuando fuera el momento justo.

Dejó la llama al medio y subió de nuevo las escaleras para cambiarse a unas ropas más cómodas; una playera sin mangas de color negro y se quitó el pantalón para volver a dejarlo en su lugar, pues apenas lo usó diez minutos. Kurumi hizo una sonrisa de gato al ver su cuerpo.

—La cena.

Bajó las escaleras y regresó a la cocina, para servir la cena, de seguro que no tardaría más tiempo. Lo sirvió en la mesita de la sala, además de poner los palillos. Se sentó en el sillón y prendió la televisión.

Hasta que…

—Ya estoy en casa —anunció un chico de 15 años de edad con una sonrisa.

—Satou-kun, te estaba esperando para cenar. —El joven sonrió al escucharlo pero cuando volteó a verla, con tan poca ropa que le cubriera su piel blanca, se quedó petrificado. Ella hizo una sonrisa de gato y se acercó a él de manera rápida—. ¿Qué pasa, Satou-kun?

—Hace frío afuera, y las ventanas están abiertas, ¿no sientes frío, Kurumi-san?

—Sí, un poco. —Satou no entendió, como en otras ocasiones, lo que Kurumi quería lograr en él al mostrarse… de esa manera, pero de todas maneras, ella sonrió y le dio un beso en la mejilla, además de un abrazo. Ella también fue rodeada por los brazos de él.

—Si tienes frío deberías de cubrirte más o te-

—Para eso te tengo a ti, ¿no entiendes? —El chico se sonrojó y ella sonrió por su reacción.

—A veces no te entiendo, Kurumi-san…

—Ya entenderás, Satou-kun. Y cuando lo hagas, espero seas un buen chico.

—¿Eh? Bueno… si tú lo dices.

De alguna forma, a pesar de que dormían bajo el mismo techo, él seguía sonrojándose por las cosas más simples que le hacía Kurumi, y ella seguía divirtiéndose y sonriendo al ver esas reacciones en él.

—Entonces, vamos a cenar.

—De acuerdo.

Ambos se sentaron cerca de la mesita para empezar a comer el Ramen. A ambos esto los tenía sin cuidado, él sabía que ella nunca cocinaba y ella sabía que Satou era un genio en la cocina de lo más simple pero que era completamente delicioso, además de que se entretenía viéndolo cocinar, de hecho, le ayudaba a pasarle las cosas o a picar verduras o lo que se requería. No les importaba quien hacía más tareas del hogar que compartían, tampoco discutían y ella ahora estaba más en casa, se estaba ablandando más y más, pero solo con él. Los demás eran otra historia.

—Veo que te gusta mucho el Ramen, Kurumi-san.

—Es simple y sencillo, además este ya está preparado, solo lo calenté. —Tomó los palillos y los separó en dos. Satou le imitó.

—Entonces, en unos días te prepararé Ramen, solo para ti. —Satou se arremangó las mangas de su sudadera y ella pudo observar las vendas en sus brazos, incluso un poco de negrura se notó en el final de los vendajes, se quedó viendo eso un rato. Satou incluso dejó el comunicador en la mesa que Kotori le había dado el día de hoy—. ¿Kurumi-san?

—No es… nada.

—¿Segura? —La vio directamente a los ojos con preocupación, ella le tomó el brazo vendado y lo apretó un poco.

—Ya no sientes nada, ¿verdad? —preguntó con un poco de culpa, él le puso su mano encima.

—No. Ya no siento nada, pero lo siento justo… —Tomó la mano de ella y la puso sobre su pecho, ella dejó de agachar la cabeza y se sonrojó ligeramente—. Justo aquí.

—Satou-kun… eres tan… —Ella agachó la cabeza y suspiró, el joven pensó que había hecho algo malo, por lo que le alzó un poco la cara para besarla en su frente, ella no pudo hacer nada más que sonreír con un sonrojo en las mejillas. Es como si todas sus preocupaciones se volvieran bombas de jabón, estallando en un "pop", como si fuera reanimada instantáneamente, una calidez le apretó el corazón y le impidió pensar con claridad. Era perfecto.

—Lo siento. De alguna manera hago que te preocupes, aunque me gusta verte preocupada, ¡pero, pero! No pienses mal… es solo que… me siento… muy seguro al verte así, pero no está bien que quiera preocuparte solo para verte así y… —Ella dio una leve risita.

—Está bien, solo tú te preocupas tanto por mí, es justo que me veas preocupada por ti también. Además, a mí me gusta mucho eso de ti, te quiero, Satou-kun.

Él sonrió ante esas palabras que solo le aceleraron el corazón, la tomó de las mejillas y ella de sus brazos vendados, él se acercó para besarla y estaba decidido a hacerlo, hasta que…

UUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU

El sonido molesto de la alarma, además que de la televisión también fue escuchado, quebró el momento mágico entre ambos.

«¡Justo ahora!»

Debe ser una de tus amigas.

«Maldita sea, espero que no sea nada grave». Satou se detuvo completamente. —Lo siento, Kurumi-san.

—Está bien, entiendo. Es tu deber después de todo. —Sonrió ella, realmente no tenía prisa. A diferencia de su compañero, él estaba disgustado por la situación.

—¡Pero volveré pronto! Y podremos seguir cenando y… con eso también.

—Está bien, solo no te precipites mucho. —Él sonrió y se levantó del suelo para ir directo a la puerta—. Se te olvida esto. —Le lanzó el comunicador que estaba sobre la mesita y él lo atrapó en el aire.

—¡Gracias!

Sin más, se puso el comunicador en su oído izquierdo y su Vestido Astral que le dio un aura dorada y una armadura del mismo tono, tan solo por su aparición, ella sintió la fuerte energía que movió las cortinas de la sala.

«Espero que no sea una de las metidas de pata de Shidou o algún deseo imposible de Tohka, o que las gemelas estén peleando». Y siguió con su lista de preocupaciones y causas de esta alarma, pero sobre todo se molestaba que haya interrumpido tan sagrado momento.

—¿No deberías irte ya?

—¡Cierto! ¡Me voy! —Abrió la puerta y tras cerrarla detrás de sí, emprendió vuelo mientras accionaba el comunicador—. ¿Me recibes, Kotori?

Fuerte y claro, Satou.

—Estaba ocupado hace unos momentos, dime qué sucede, ¿es Tohka o las gemelas? ¿Fue Yoshino? ¿Qué pasó ahora?

Satou, no fue ninguna de ellas. Esto lo hizo un nuevo espíritu.

Y aquí, en esta ciudad, donde pasan los días, cada uno lleno de experiencias y sentimientos, se abre el telón para abrirle paso a una nueva aventura.