¡Hola a todos! Sí que han pasado varias cosas desde que terminé con la secuela de mi fic, pero vine aquí no para ponerme nostálgico, sino para mostrar lo que he estado trabajando durante unos meses, en mis momentos libres y más bien, durante estas vacaciones.
He vuelto para continuar con esta secuela como debe de ser, porque sí, sé que tengo muchas historias encima que necesitan continuación, pero no podía evitarlo, estos días solo he pensado en este fic y he escrito puramente de él, estoy muy emocionado y estoy feliz de anunciarles que voy a continuar con esto, ¡y que seguiré hasta terminarlo, en lo que me sea posible!
Sin más, ¡continuemos por este viaje!
Parte 6: Aquí vamos otra vez
Respirando el olor del oxidado de estos viejos e inútiles aparatos de diversión en este gran parque olvidado por todos y condenado a derrumbarse con el paso de los años, ellos yacían aquí, mirando al cielo con cierta decepción en sus rostros, pues en este lugar lúgubre iluminado por la luz de la luna, saborearon la derrota de su primera misión juntos.
El sellador de espíritus y el espíritu masculino; único en su clase, al menos, hasta ahora.
Shidou era un poco más alto que el chico de solo 15 años de edad, recién cumplidos hace poco tiempo, y, aun así, Satou parecía un poco más serio, maduro y con rostro duro que el muchacho de preparatoria.
Natsumi posiblemente ya había desaparecido de este mundo y no tenían idea de cuándo volverían a verla, pero por la actitud que había tomado, sería natural guardar algo de precaución. Sin embargo, no era la primera vez que el sellador se ganaba el odio de un espíritu.
«Ni siquiera sé qué es lo que pasó… Espero que no actué como…» Con un rostro amargo y con la brillantez de sus ojos color miel en nivel bajo, observó a su amigo mirar el cielo nublado y oscuro. «No, es muy pronto para pensar en cosas así».
—Oye, Shidou —dijo con su voz tranquila y amigable, lo miró con una expresión serena.
—¿Si? —preguntó en respuesta, un poquito nervioso, por recordar al viejo, pero muy presente, Satou Matsuo.
—Es la primera vez que te ayudo para estas cosas, ¿qué tal lo hice? —preguntó con una pequeña sonrisa y cierta emoción.
—Oh… Con que era eso. —Sonrió.
—Estoy seguro que la señorita Natsumi volverá a aparecer, así que, si lo hice bien ahora, quisiera repetirlo la próxima vez, espero que puedas hablar más con ella y así…
—¿"Señorita Natsumi"? —preguntó un poco sorprendido.
—Ah, bueno, es que Kotori dijo que tuviera tacto y fuera amable… Supuse que era mejor llamarla así, además es mayor que tú y yo.
—Vaya…
Realmente era un poco extraño que Satou, quien no usaba honoríficos ni tenía establecidas líneas límites de respeto por los niños, jóvenes, adultos y viejos, así como los rangos, de repente llamará a un espíritu con tanta educación. Esto solo era prueba de lo mucho que había aprendido en todo este tiempo y sin duda, aprendería más.
Se estaba convirtiendo en mucho mejor persona de lo que pudo haber imaginado en el pasado, y eso eran buenas noticias.
—Entonces, ¿cómo lo hice? Esta vez sí te ayudé, ¿verdad, Shidou?
Esto era suficiente prueba, fue suficiente para pensar que nunca volverían a ser los mismos del pasado, que esa historia no se repetiría con él ni con otro espíritu; de verdad, quería pensar positivo y no solo eso, se aseguraría de ello.
—Claro que sí, Satou. Contigo aquí, además de Kotori y todo los demás del Fraxinus, me siento mucho más tranquilo.
—Sí, me alegro por ti, Shidou, pero estás olvidando algo muy importante, ¿sabes?
—¿Uh? —soltaron ambos al ser sorprendidos por la voz de Kotori, justo en sus oídos y en sincronía.
—Te espero en casa… ¡Con la cena!
—¡Maldición! —gritaron los dos, con diferente grado de preocupación.
—Es cierto, ¡se supone que tenía que irme de aquí pronto!
Los ojos color miel del chico se hicieron pequeños por unos momentos y se tomó de sus cabellos con ambas manos, luego miró a su amigo, quien tenía un rostro molesto en su cara, miró a otro lado con desdén.
—Satou, ya tendremos tiempo de hablar luego, porque ahora tengo que…
—Nos veremos después, Shidou —respondió algo serio al mirarlo y luego emprendió vuelo—. ¡Y no hagas esperar más a todas, se van a enojar!
Shidou alzó la cabeza para seguir los movimientos del chico de cabello negro, y se quedó con la boca levemente abierta y una expresión algo vacía al ver como despegó a gran velocidad, parecía una chispa en el cielo, una que terminó perdiéndose de su vista después de unos segundos.
«Y se fue… Parece que él tiene más prisa que yo…» Soltó una pequeña risa y puso una mano en su oreja.
—Kotori, ¿me pasas a traer?
Cuando el espíritu de la luz logró regresar a casa, aterrizó en el techo de esta sin mucho problema y su armadura dorada que le protegía casi por completo, se convirtió en un montón de chispas doradas que se consumieron a sí mismas, dejando al muchacho con sus ropas casuales y con los vendajes en sus antebrazos.
Sin embargo, pronto alzó sus brazos a la altura de su estómago, para notar que los vendajes se habían puesto flojos y se estaban desenrollando en ambos brazos, cosa que lo decepcionó un poco, ya que era tedioso tener estas cosas.
Pero sabía que fue por su bien, sabía que tendría que vivir con esas marcas que ocultaba a casi todos, por el resto de su vida.
—Satou. Si te molestan, ¿por qué no tomas la oportunidad que Kotori te ha ofrecido anteriormente?
«Mikael». Parpadeó una sola vez y negó con la cabeza, luego caminó hasta el borde de la azotea, al mismo tiempo estaba acomodando las vendas del brazo izquierdo. «No es necesario, además, no quiero que esto sea curado, ni siquiera lo intentes, por favor».
El chico terminó entrando por la ventana de su cuarto que estaba con las luces encendidas, no escuchó más a su ángel y siguió con su tarea, solo que ahora con el otro brazo.
Cuando finalmente terminó, decidió que no necesitaba tener puesto más el auricular azul del Fraxinus, así que lo dejó en la mesita que estaba al lado de su cama, donde también estaba una lámpara apagada.
«Espero que Kurumi-san no esté molesta… Finalmente está aquí». Pensó con nostalgia al darle una rápida mirada al armario que tenía su ropa… y la de Kurumi. «Ahora, tú estás aquí… Y yo llego tarde».
Salió del cuarto y cerró la puerta tras de sí. Un cuarto que compartía con su novia; ella tenía su parte de la cama, su propia almohada, la mitad del armario era suyo, la mitad de los cajones eran suyos, tenía más calzado que él y cada vez el cuarto resultaba más pequeño para ambos.
—Ya regresé, Kurumi-san —anunció un poco apenado y en voz baja, una vez terminó de bajar los últimos tres escalones de la escalera.
—Tarde —respondió ella con algo de desdén.
Satou agachó la cabeza y detuvo su camino hacia el sillón, donde ella estaba sentada, mirando la televisión.
—Perdón, Kurumi-san, ¿ya terminaste de cenar? —preguntó un poquito triste.
Ella, entonces se giró a él con una sonrisa que escondía molestia, ya que sus ojos estaban cerrados y la curva de sus labios era… minúscula.
—¿Tú qué crees?
—Lo siento mucho, es solo que la nueva espíritu apareció y nos salió todo mal al final, y fue la primera vez que hacemos esto juntos, pero no pude ayudarle mucho después de todo, pero…
—Jijiji.
—¿Uh? —Estaba confundido por su reacción y por la sonrisa que estaba dedicándole—. ¿Por qué te ríes? Por lo menos, ¡sabemos su nombre!
—Oh, es un buen comienzo, Jijiji.
—¿Por qué te ríes? —preguntó un poco incómodo.
—Satou-kun. Ya me debes dos cosas ahora mismo —dijo en un tono divertido y con una sonrisa.
—Claro que te recompensaré esto, Kurumi-san, pero ¿dos? —preguntó confundido—. ¿Cuál es la primera?
La chica de cabello negro largo, atado en dos coletas por cintas rojas y delgadas, ocultando su ojo de reloj y dejando libre su ojo rojo, dejó el sillón con la televisión encendida; un programa que no era importante.
Al ver claramente sus largas y delgadas piernas blancas casi en totalidad, porque seguía usando no más que sus bragas moradas y una blusa negra de tirantes algo escotada, como si este fuera un día de verano, se dio cuenta que era tan liberalmente despreocupada en casa, cosa muy diferente a cuando estaba afuera.
—Kurumi-san, ¿sigues usando solo eso? —preguntó con un tono desaprobatorio al mirarla a los ojos—. ¿Uh?
Parpadeó un par de veces y se sorprendió cuando ella lo tomó de las mejillas con sus manos, por la cercanía, se sonrojó ligeramente y su corazón, trabajó velozmente.
—Es una lástima que esa alarma haya sonado antes, ¿no lo crees?
Con esa frase, el chico recordó como maldijo internamente cuando eso sucedió, pero no fue tan rápido como ella, Kurumi era demasiado audaz, pues tan solo vio que reaccionó un poco, juntó sus labios con los suyos.
Después de unos segundos, ella lo abrazó finalmente, usando algo de fuerza, él sonrió con felicidad y con las mejillas rojas, era inevitable no hacerlo cuando nada más importaba cuando ella hacía esto.
Todos sus problemas y lo que había pasado antes, se desvanecía al instante, dejando en su mente y en su corazón, a Kurumi solamente.
—Ahora solo me debes una sola cosa —susurró a su oído con una pequeña sonrisa, sin soltarlo de su fuerte abrazo.
—Sí. Haré lo que tú quieras, solo pídemelo —dijo en voz baja y rodeándola con sus brazos, cerró los ojos con una sensación de paz, se sentía tan cálido en estos momentos—. Te quiero, Kurumi-san. Gracias por esperarme, incluso si no tenías que hacerlo.
—Yo era la que llegaba tarde, ¿no? Y a veces, ni llegaba.
Sus palabras fueron como una nota aguda distante que llegó a él con ayuda del viento, en un susurro. Era un sentimiento distante, un secreto entre ambos; no compartía los temas de su relación con ninguna de sus amigas y Kurumi… Ella no tenía a nadie, excepto a él.
—Está bien, eso ya no importa. —La separó un poco de él al tomarla de los hombros con firmeza, sonrió un poco—. Ahora estás aquí, no tienes por qué hacer nada más… Estamos juntos, tenemos esta casa, tengo el dinero del seguro de mis padres y tengo más ayuda gracias a Reine y Kotori, además estoy bien… Ya puedo hablar con Mikael de nuevo y después de un tiempo, hoy he vuelto a pelear, estoy bien.
Kurumi lo miró a sus ojos azules tenues, estos poseían un titilante brillo, pero entonces agachó un poco la cabeza para mirar sus brazos mal vendados, porque estaban flojos y una tira colgando, ella lo tomó de sus brazos y alzó la cabeza para observarlo con culpa.
—Satou-kun, tú… ¿En verdad estás bien? —preguntó preocupada. «Sé con exactitud lo fuerte que eres, pero es un nuevo espíritu y Shidou-san te derrotó una vez, creo que es prueba suficiente de que no te necesita».
—Claro que lo estoy, siempre me siento mejor cuando estoy contigo y al estar en casa —dijo contento y más tranquilo, entonces fue a sentarse al sillón donde el resto de su Ramen lo esperaba—. ¿Cómo debería recompensarte, Kurumi-san? No era mi intención llegar tarde.
Kurumi se quedó callada por unos segundos, así que él se giró a verla antes de llevarse algunos fideos a la boca.
—¿Kurumi-san?
—Oh, ¿entonces puedo pedir lo que yo quiera? —preguntó con algo de picardía y se fue a sentar a su lado rápidamente, incluso se acercó mucho a su rostro—. ¿Hm?
—Sí, puedes pedir lo que quieras —respondió con una pequeña sonrisa y empezó a comer sus fideos tranquilamente.
—Quiero que me compres ropa.
—Entendido.
—Mañana.
—De acuerdo, no saldré a buscar trabajo de medio tiempo y Shidou tiene escuela mañana, así que está bien.
—Quiero que estés conmigo…
—Lo haré —dijo seguro y mirando su comida, puesto que no quería que ningún fideo se cayera al suelo.
—Incluso si Shidou-san o Kotori-san te necesitan, te quedarás conmigo.
Satou bajó un poco los brazos y giró su cabeza para mirarla un poco sorprendido.
—Pero…
—Promételo —dijo un poco seria y después le miró con una sonrisa típica suya—. Si no es así, no cuenta como un castigo para ti, ya que hoy llegaste tarde a nuestra cena, y eso que yo me esforcé.
—Pero si la fuiste a comprar…
—Oh, ¿entonces eso no cuenta?
—No, sí cuenta, pero… ¿Y si Shidou me necesita?
—Se las arreglará él solo, además… No pienses en él, te necesito… Justo ahora, estoy hambrienta, Satou-kun —dijo con un tono lleno de picardía al acercarse mucho a su cuello, el cual terminó lamiendo, Satou arqueó una ceja sin entender.
—¿Quieres un poco? —preguntó al ofrecerle de sus fideos fríos de Ramen.
Ella no pudo evitar reírse mucho y después suspiró ante su ingenuidad e inocencia. Luego de elogiar su lindura, le explicó que necesitaba "recargarse" y él entendió perfectamente. Después de todo, él prometió hacerse cargo de ella y desde ese momento, lo había hecho todo bien.
Vivía en esta casa, dormía en la misma cama que él, podía disponer de la cocina y de cada cuarto cuando ella quisiera, eran una pareja no pública que compartían todo, casi como si estuvieran comprometidos a casarse en un futuro; algo que nadie se imaginaba, ni Satou que estaba por completo enamorado de Kurumi Tokisaki.
También era él quien pagaba el precio más grande por todos los habitantes de esta ciudad: alimentar los años de vida de Nightmare para que no muriera y se mantuviera fuerte. Pagaba con su energía y sus años de vida. Era el precio más alto que se podía pagar, pero él lo hacía con mucho gusto y con un gran sentido de responsabilidad.
Y este día, no sería la primera excepción.
Al día siguiente, Satou cumpliría con todo lo prometido con su novia y ambos pasarían todo el día juntos, algo que no podía imaginarse antes, cuando ella no era honesta con él y no había abierto su corazón. Ellos seguirían su plan de cita y lo terminarían sin ningún problema.
Pero ellos no eran los únicos que importaban en esta historia.
Con la aparición de un nuevo espíritu, su sangre hervía por dentro y solamente podía contener las ganas que tenía de salir y volver a luchar, sin embargo, unos recuerdos de hace más de un mes se reprodujeron en su mente y le llevó a la estática que, a veces, provoca el miedo.
Era temprano por la mañana, en este silencioso departamento, mirándose al espejo de este pequeño baño lleno de vapor que, en conjunto con la tolla, tapaban su cuerpo de piel blanca y sus atributos de su cuerpo atlético, pero no lo sucedía así con su rostro sombrío de muñeca de porcelana.
La razón era simple: ansiedad e impotencia. Apretó los dientes al verse sus brazos y parte de los dedos, porque no importaba a que tratamiento se sometiera, no importaba que cosmético usara, su piel no podría volver a ser la misma. Parecía una tela delgada de un tono más blanco que el de su piel, las marcas de costuras eran finísimas, un trabajo especial hecho por realizadores médicos.
Estaba en sus brazos y en algunos de sus dedos, donde antes solo existía su carne bañada en sangre y en su mente lo único que recordaba era ese chico espíritu que le había dejado en cama durante mucho tiempo, ¡tiempo en el que no hizo nada!
De un impacto veloz, el espejo se cuarteó por el puñetazo de Origami, viendo su rostro desfigurado a través de los cristales. Sus ojos azules entrecerrados, su frente arrugada, su ceño fruncido y los dientes apretados. Su brazo tembló un poco y terminó agachando la cabeza.
—Shidou… —susurró al retirar suavemente su brazo, escuchando como los cristales al caer al lavado se hicieron pedazos y sangre fresca se resbaló por sus dedos—. Lo siento…
Cuando apareció Miku y la DEM, Origami había usado una unidad especial llamado "White Licorice" para ayudar a Shidou, incluso si ella odia a los espíritus, incluso si no podía aceptar que ellos siguieran existiendo, cuando la persona más amada sí lo hacía, causando controversia cada vez que este tema salía a la luz. Igual no pudo evitar la catástrofe que causó Tohka a la ciudad, no ayudó lo suficiente a su amado.
Y cuando este nuevo espíritu masculino apareció, tampoco pudo hacer mucho por el chico que siempre era tan amable y atento con ella. No era la primera vez que perdía contra un espíritu, pero en esa ocasión en particular… Lo recordaba perfectamente, incluso si no quería hacerlo.
—Te ha dolido, ¡eso no es ni la mitad de mi dolor! Me quitaste todo… ¡Todo lo que tenía!
Satou gritó al tener entre sus manos el cuello de Tohka; un espíritu que ni Origami había podido derrotar ni una sola vez, ni siquiera hacerle tan siquiera un rasguño. Y ahí estaba, observando estupefacta, a una distancia segura, como la chica intentó con la única mano que podía mover, detener su asfixia.
—¿¡Por qué!? ¡¿Por qué solo destruyes cosas?! —preguntó rudamente al apretar más su cuello—. ¿¡Por qué los espíritus son así!?
—Tú… d-desgraciado… le has… h-hecho da-daño… ¡A todos mis amigos! ¡Ugh! —Cerró los ojos y usó toda su fuerza para alejar las de él, pero no pudo—. No puedo… perdonarte.
Los dedos de Origami temblaron mientras observaba y lograba escuchar solamente lo que le chico decía en voz alta, con rabia y molestia.
—Tus amigos… los dañé, pero están ahí, con vida. ¿Y qué hay de mí? ¿¡Ya te olvidaste de lo que me hiciste!? —Exigió mientras la levantaba un poco más y la sangre del hombro de la chica bañó su brazo hasta caer gotas en el suelo.
Origami no entendía nada de lo que estaba escuchando, pero no podía hacer más que observar como su rival de los últimos meses, estaba herida y a merced.
—Y-Yo… n-ni te… conozco…
—Maldita perra… —Susurró y su rostro se arrugó de la rabia, las lágrimas se soltaron de sus ojos azules, su voz también se quebró—. ¡Mataste a mis padres! ¡Los mataste! ¡Me quitaste todo! ¡TODO!
Los ojos de Origami se abrieron un poco más y sus dedos dejaron de temblar, de hecho, se volvieron puño conforme vio como las cosas se fueron desarrollando.
Tohka fue golpeada en la mejilla, su piel fue aplastada y cayó al suelo como un saco de papas, Satou se agachó y la tomó de su cuello que ya estaba rojizo con las marcas de sus manos, solamente para golpearla de nuevo, su labio fue cortado y escupió sangre de forma inevitable.
—Los borraste del camino… fuiste tú… tú quién posee esa espada para cortar la tierra, ¡tú causaste los daños que ni siquiera han podido reconstruir! ¿¡Ya te olvidaste de eso!?
Origami soltó los brazos y dejó escapar toda concentración de fuerza, agachó la cabeza por esas fuertes declaraciones. En su mente, el juicio era claro: Tohka debía pagar por esto y ella no se interpondría.
Los quejidos de la chica los escuchó claramente, porque eran fuertes y audibles, Satou estaba golpeándola una y otra vez en su bello rostro, liberando su ira, su dolor, la pena que cargaba todos los días.
Shidou quiso interponerse, pero de un puñetazo le quebraron la mandíbula porque se escuchó el crujir de sus huesos y salió volando lejos, Origami vio eso y cierta indignación regresó a su rostro, sus ganas de interponerse aumentaron, pero entendía que nadie debía interponerse.
Entendía a este chico.
Las mejillas de Tohka estaban tan rojas e hinchadas que era difícil que ella pudiera tan siquiera sonreír un poco, sangre salía de su boca, de sus labios, así como saliva. Los puños dorados del chicho cubierto en armadura, estaban también ensangrentados.
—…lo siento… no tenía idea… lo siento mucho. —Esto no revivía a los muertos.
«Shidou». Pensó la chica de cabello blanco al ver como el chico de cabello azul, herido y con las ropas dañadas, se levantaba una vez más, en malas condiciones, pero fue apoyado por Kotori, con su vestido astral. «Efreet».
A veces, los muertos no importaban, ni en situaciones como estas.
Una vez Shidou se alejó, de seguro por órdenes de Kotori, Mana no tardó en unirse a Origami, y las tres se lanzaron contra el espíritu, pero esa fue la peor decisión que pudieron tomar, porque él estalló; ella lo recuerda así y después… nada.
Había sido víctima de un mini-terremoto espacial y su cuerpo había quedado tan dañado que no se recuperó hasta después de un mes o más. Tiempo en el que no pudo ver a Shidou, ni ayudarlo, se enteró de muchas cosas después. Cuando no tenían gran importancia.
«Shidou… Lo siento. Tú no tienes la culpa y no sé realmente porque haces todo esto». Pensó al tener el uniforme de la preparatoria Raizen ya puesto, pero ella se puso un chándal liviano y delgado encima; en los brazos era de color negro y en el resto, de color blanco, y no corrió el cierre.
Miró sus manos con piel injertada, notando las costuras finísimas que solamente ella notaba, porque su piel se sentía plastificada. Y le recordaba su más grande derrota; una de la que casi no se salva.
Tomó unos guantes oscuros y se los puso para cubrir sus manos, gracias a octubre, había frío y el uso de estas ropas estaba justificado, igual no le importaba mucho si alguien más lo veía, pero si Shidou lo hacía… que lo haría…
«Solamente quiero verte, Shidou. Sin preguntas. Solamente…»
Y finalmente, salió de su departamento.
