CAPITULO 4: '' PRIMER BESO, NUEVO COMIENZO ''

No sabía en el problema que me estaba metiendo pero por otro lado estaba siendo feliz, feliz de poder proteger a Fate-chan e intentar alejar a esa chica llamada Ginga.

INFANCIA

- Nanoha, ¿puedes ayudarme con esto? -preguntó mi padre. Asentí, agarré la bolsa para que mi padre pudiera pagar y elegir los condimentos que tenía que llevar a casa.

En ese mismo instante mi vista sin querer se giró hacia el otro lado de la carretera, estaban dos chicas tomadas de la mano y algo acarameladas pero no entendía por qué lo hacían, es como mi padre y mi madre cuando se muestran mucho cariño. No entendía, en eso mi vista se oscureció.

- No tienes nada que ver hija mía, eso es algo anormal -comentó pero cubriendo mis ojos para empezar a caminar a otro lado.

Una vez que llegamos a casa, no estaba quieta, quería saber más y preguntar.

¿Por qué era anormal? ¿lo que papá y mamá hacen también es anormal? ¿por qué lo hacen? Mi vista estaba triste, mirando el piso, no comprendía.

- Hija, ¿qué sucede mi amor? -preguntó con una suave voz mi madre, tomando asiento en el mismo sofá que yo. Su brazo rodeó mi cuerpo, dando un cálido abrazo.

Papá se había ido a dar un baño.

- Mami, ¿cuando papá y tú, se abrazan o se dan besos... es algo anormal? -pregunté fijando mi vista en mi madre.

Ella sorprendida respondió: '' Es algo normal ''

Continué.

- Hoy vi dos chicas, más grandes que yo, estaban tomadas de la mano y a veces se daban besos en la mejilla... ¿son mejores amigas o son como papá y tú? -pregunté nuevamente.

Ella se quedó en silencio un segundo.

- Cariño, cuando hay amor nada es anormal. Cuando hay amor, se tiene que vivir el amor... siempre en la vida habrá gente que quiere hacer daño al amor, pero si una persona realmente ama o mutuamente se aman, nada ni nadie podrá separarlos. El amor es amor, no tienes por qué escuchar a tu papá; no siempre tiene la razón -con aquellas palabras de último dejó un beso sobre mi frente.

- Si... a mi me gustara una chica ¿tú me castigarías? -pregunté una vez más, ella rió y suspiró.

- Sería difícil pero no... aún eres una niña, seguro que tu amor será un príncipe apuesto -dicho eso último se levantó- vamos a comer.

La miré un momento en silencio para luego sonreír levemente, asentí y me coloqué de pie para ir a la cocina.

FIN INFANCIA

Aún con todas las invitaciones que tuve de algunos chicos y el estresante de Yuuno-kun no logré ni siquiera sentir algo por ellos, ni una pizca de emoción pero cuando Fate-chan se acercó a mi para colaborar con la maqueta escolar, las invitaciones con sus amigas, el día a día en la escuela con nuestra amistad hace que sienta cosas... hasta el día que aquella chica, Ginga Nakajima quizo besarla, el día en que dije que nunca me gustaría Fate-chan. Ese día mentí, mentí porque temía lo que los demás dijeran pero aún lo oculto, oculto mis sentimientos por la deportista popular de la escuela.

Todos los Días del amor he visto que recibía chocolates de algunas chicas y chicos, me sentía apenada porque nunca fui capaz de hacer lo mismo, algo celosa porque ellas eran capaces y yo no; nunca antes hice una amistad con ella por temor porque era linda, es guapa, ella es sexy. Ahora que soy más cercana me siento tranquila, feliz pero mi padre me causa temor porque no sé cómo decir... que Fate-chan me gusta, que Fate-chan es una mujer y no quisiera alejarme de ella.

- Entonces, tú si eres la nueva novia de mi Testarossa-san ¿verdad? -esa chica.

Giré a verla.

- La otra vez lo dije, lo soy, ¿tienes algún problema con eso? -crucé mis brazos, de reojo vi que Hayate-chan y Suzuka-chan se estaban acercando.

- No lo creo, ustedes ni siquiera se ven con química como cuando ella me mostraba todo su cariño. Ella me abrazaba, me besaba sin pena alguna frente a la gente -colocó sus manos en la cintura, mirándome con cara de ''provocación''.

- Pero no creo que Fate-chan haya llegado contigo a algo más... íntimo -susurré lo último, me sonrojé porque tampoco lo hice pero quería que ella pensara que sí, que pensara que Fate-chan era mía como yo de ella. Ginga frunció el ceño, se me estaba acercando para decir algo pero...

- ¡Nanoha-chan! Ehehe... -era Hayate-chan, pasando su brazo por mi hombro- ¿vamos a comer? ¿quisieras?

La miré y sonreí, asentí ante su invitación, miré una vez a Ginga y sin más decidí retirarme.

...

- ¡¿Cómo es que ella no las deja tranquila?! -preguntó algo molesta Hayate-chan con su pan con huevo en manos.

- La verdad es que tampoco la entiendo Hayate-chan -comentó Suzuka.

- No le valió con haberla abandonado por un chico, quiere volver a molestar -respondió la castaña.

Estaba escuchando sus comentarios, mi apetito se había ido.

- No dejaré que esa chica quiera interponerce entre Fate-chan y yo -les mentía, ni siquiera me he dado un beso con Fate-chan- nosotras saldremos adelante... una vez una persona me dijo: Si ambas se aman, nada ni nadie nos podrá separar.

- Tienes razón Nanoha-chan -dijo Hayate-chan mientras continuaba en su alimentación.

- Estaremos con ustedes siempre -comentó Suzuka. Sonreí a los apoyos pero me disculpaba por dentro.

Después de la escuela Fate-chan y yo caminamos dirección a la casa, en sumo silencio porque aun que hayamos estado en clase juntas no hemos tenido la oportunidad de estar juntas. Simplemente, no hemos podido, ella a estado casi todo el día en el campo de baloncesto con su equipo y su entrenador, mientras que yo aburrida en clase.

- ¿Estás bien, Nanoha? -preguntó deteniéndose un segundo. Giré a verla, sonreí al mirar aquellos bellos ojos.

- Estoy bien, ¿te fue bien en deporte? -pregunté intentando cambiar el tema. Ella no se movió, se acercó más a mi y mis ambas manos las tomó entre las suyas.

- Nanoha, no estás bien, ¿te sucede algo? -esa pregunta nuevamente.

Suspiré. Si no le respondo, no me dejará tranquila.

- Fate-chan... yo... -bajé la vista- tuve una pequeña charla con Ginga...

Ella ahora era la que suspiraba.

- Le dije que tú y yo... tuvimos algo más que besos y abrazos, que hemos tenido relaciones sexuales -mi rostro estaba sonrojado como un tomate, no tengo el valor ni siquiera de mirarle a la cara.

Un silencio total.

Alcé la vista y al mirarla ella estaba también sonrojada. Lo notaba.

- Oh, ¿en serio? Pero... ni siquiera hemos tenido un beso... -respondió- aparte, no estamos juntas ¿verdad? -comentó.

- Sí, es verdad... pero quiero... que te deje tranquila, no la quiero cerca tuyo -susurré acercándome a ella, solté sus manos y pasé estas por su cintura, abrazándola. Mi corazón estaba latiendo pero me tranquilicé cuando sentí como sus brazos protectores también me rodearon. Sonreí.

- Nanoha... -susurró, había escondido su rostro entre mi cuello entonces sentí una corriente electrica en mi espalda, nervios, sus labios empezaron a dar pequeños besos sobre mi cuello. Estaba nerviosa, mi respiración se agitaba, presioné su playera pero decidí alejarme aun que no quisiera. Miré a otro lado nerviosa.

- Cre...creo que deberíamos continuar Fate-chan -dicho eso empecé a caminar sin mirarla.

Y como todo los días Fate-chan me acompañó hasta la casa, una vez en la puerta de mi casa ella se despidió con un beso en la mejilla acción que me hacía feliz. Algo cariñoso.

Cuando ingresé a mi hogar mi padre estaba en el sofá. Esto no me gustaba, mi madre estaba en otro sofá.

- Nanoha, ven toma asiento -era su voz.

- Sí... papá ¿sucedió algo? -pregunté mientras me acercaba a tomar asiento a lado de mi madre.

- ¿Quién es esa chica? ¿por qué todo los días te trae a la casa? ¿por qué siempre se despide de ti con un beso en la mejilla? ¿por qué la otra vez estabas con ella teniendo una salida a tomar Milk Shake? -preguntó con suma seriedad, me sentí vigilada, mi cuerpo se congeló y miré a mamá quien sólo sonreía. Devolví mi vista al hombre.

- Papá, ese día te lo dije... es sólo una amiga -respondí intentando sonar lo más creíble- ella siempre pasa por acá porque su casa está a unas cuadras más allá de la casa, y es una muy buena amiga que tenemos la confianza de dejarnos besar en las mejillas como despedida.

- ¿Estás segura que sólo es una amiga? ¡Porque si me entero que es más que una amiga y estás creyendo que el amor entre dos mujeres es algo normal, te sacaré de esa escuela e irás a un internado! -exclamó molestó, se colocó de pie y sólo lo miré frunciendo el ceño, me coloqué de pie en forma de reto.

- ¿Y si tengo una novia? ¿qué tiene de malo? -respondí en preguntas- si me gusta alguna chica, ¿qué te hace de daño? ¿es tu ego de hombre por querer una familia supuestamente etiquetada de ''normal''? -estaba peleando con él, era mi primera vez.

- Silencio -dijo molesto.

- ¡Si me gusta una chica y qué! -exclamé- si quieres sacarme de la escuela hazlo, si quieres botarme de la casa ¡también puedes hacerlo! Pero no me dejaré que trates de malograr mi felicidad, ¡Y qué más da si es ella la chica que me gusta! No me hizo daño, me trata bien, me ... quiere -esto no lo sabía, no sabía que andaba diciendo. Una bofetada hizo que mi boca silenciara.

- ¡Shiro! -exclamó mi madre quien se colocó de pie, se acercó a mi.

- No quiero verla, no quiero una hija como ella en esta casa -con esas palabras simplemente se retiró.

Me separé de mi madre, la miré con lágrimas en los ojos.

- Déjame hablar con él mi amor... -susurró limpiándome las lágrimas.

- No mamá, él nunca me va aceptar... y aun que esté en una relación con ella, o con otra persona mientras que no sea un hombre, él no va aceptar mis sentimientos -confesé mientras seguía llorando. Dicho eso, me fui a la habitación. Me iría de la casa pero ¿ahora qué hago? ¿a dónde voy?

En un bolso coloqué algunas prendas, ropas íntimas y de una alcancía de ahorros saqué el dinero que tenía.

Sabía donde ir pero... ¿se molestará?

Caminé hasta la casa de Fate-chan, la verdad es que no me acordaba muy bien pero logré llegar. Toqué la puerta y esperé unos segundos, era mejor que me fuera pero la puerta se abrió, era su madre sorprendida.

- Oh... Nanoha-chan -dijo sorprendida, confundida al parecer por verme con un bolso.

- ¿Se... encuentra Fate-chan? -pregunté, ella asintió y me hizo ingresar. Coloqué mi bolso en el piso a lado de su sofá y tomé asiento mientras la señora se dirigía a llamar a su hija, esta casa era grande, demasiado grande.

Pasos rápidos estaban acercándose, cuando miré las escaleras era ella bajando como si tuviera un maratón cosa que me hizo reír, se acercó a mi, era una pena que me viera con los ojos algo hinchados por mi lloriqueo en casa.

- ¡Nanoha! -exclamó con voz suave- ¿te sucedió algo? ¿qué es ese bolso? ¿estás bien? -se quedó en silencio cuando vio mi mejilla roja- ¿quién te golpeó?

- Muchas preguntas para un segundo Fate-chan nyahaha -burlé, ella suspiró para sonreír.

- Mi padre... me sacó de casa porque... le dije todo -respondí.

- ¿Todo? -preguntó confundida.

Miré el alrededor en silencio, ella entendió por lo que se paró y agarró mi bolso para acto seguido tomar mi mano, me levanté y la seguí hasta su habitación.

Una vez dentro de su habitación tomé asiento en su cama, ah esto me recuerda a la primera vez que estuve aquí.

- ¿Me cuentas? -preguntó mientras acercaba una silla frente a mi, tomando asiento en este.

- Le dije a mi papá que... me gusta una chica, que qué más daba si lo era o no que después de todo era mi felicidad -suspiré y la miré- me hecho de casa, no me quiere ver...

- ¿Tu madre... qué dijo? -preguntó algo sorprendida pero escuchando atentamente a todo lo que hablaba.

- Nada pero iba intentar tranquilizarlo, hablar con él.

- Nanoha... -susurró para acercarse y darme un abrazo. Lo haría.

Correspondí su abrazo pero esta vez me recosté sin soltarla, haciendo que se colocara encima mío. ¿Debería hacerlo? ¿lo hago? Pero... si no le gusta... yo...

Ella se separó un poco para observarme fijamente, nuestros ojos en ese momento se conectaron era una sensación que no iba haber nadie más en nuestro alrededor. Un silencio cómodo, mis manos viajaron a su rostro para que mis pulgares acariciaran su mejilla iba acercando mi rostro lentamente al de ella, entonces cerré los ojos, no quería observarla quería saber si ella correspondería.

Mis labios tocaron los suyos, era como un toque suave pero intente profundizarlo poco a poco pero para mi sorpresa el beso fue correspondido.

Sí, era nuestra primera vez besándonos.

De esa manera, mis manos empezaron a bajar acariciando su cuello y seguido sus hombros. El beso no era eterno, cuando nos falto el aire nos separamos y abrimos los ojos para volver a mirarnos.

- Nanoha...

- Fate-chan...

- Pue... puedes quedarte aquí si no tienes dónde ir -susurró haciendo que la punta de su nariz rozara con la mía en forma de juego, sonreír levemente.

- ¿No las molestaré? -pregunté.

- No, por supuesto que no... eres bienvenida a mi nombre -dicho eso sonrió para levantarse.

Tome asiento alegre, realmente no esperaba que Fate-chan me aceptaría en su casa de hecho ... me gusta la idea, de estar a su lado, pasar día a día con ella pero ¿después de lo que hice? ¿qué será de nosotras? ¿estará bien?

Desde hoy empezará algo nuevo con Fate-chan, creo que ella también lo piensa.