Nosotros y ellos
Parte 10: Restos de una batalla perdida
«¿Por qué?» Su cabeza chocó contra la pared, su largo cabello rubio tenue se pegaba a su espalda, a su cuello, a su rostro e inclusive a sus pechos desnudos. Recordando el rotundo fracaso que vivió anteriormente, así como esas sensaciones… Se suponía que no debería ser capaz de sentirlo.
Miedo. Desesperación. Preocupación. Ansiedad. Duda. ¿Cómo podía sentir eso de nuevo? Era inaceptable y hasta engorroso.
Apretó los puños y hasta mostró parte de sus dientes, luego puso ambas manos contra la pared de cerámica azul, humedeciendo la misma, mientras la regadera del baño seguía mojando todo su atlético y bien formado cuerpo, limpiando los restos de sangre de su estómago; había sido perforado cerca de cuatro veces seguidas, fue inevitable que hasta sus bragas se mancharan de sangre.
Mirando algo de su reflejo gracias al acabado de las paredes del lujoso baño en el que se encontraba, en un hotel del Reino Unido, notó algo interesante en sus ojos morados; algo extraño que pensaba no existía más, pero que había sobrevivido a la paz, a los días tranquilos, incluso a su voluntad y orgullo.
No es la primera vez que se enfrentaba a un oponente fuerte, cuando llegas a ser el número uno en algo es porque se ha visto todo lo que podía verse, porque se conoce todo lo que se podía conocer, porque se había pasado por una gran y dificultosa cadena de obstáculos, de escalones y porque se había superado a sí misma varias veces, todo para llegar hasta aquí.
Ellen Mira Mathers, la hechicera más poderosa del mundo.
Sin embargo, ese título ya no valía nada desde que la derrotaron, no una, sino dos veces, quizá tres si contaba la vez en que se dio por vencida por primera vez en la vida, por voluntad, no porque Isaac Wescott, su jefe, se lo ordenó.
La hechicera arrugó por completo su frente, necesitaba cambiar eso en sus ojos, necesitaba cambiar eso en su rostro, era desesperante, era un insulto, era una vergüenza, una muestra total de debilidad… ¡Era una mierda!
Ellen golpeó duramente la pared y cuarteó la cerámica, pero logró abrirse las manos y este líquido rojo y algo espeso escurrió por sus antebrazos y por la pared, logrando así calmarse, controlar el fuego del miedo: seguía ahí, de nuevo adentro, pero que sin duda volvería al recordar eso de nuevo.
Ellen había perforado a Irele en el estómago, lo había hecho en anteriores ocasiones, sabía exactamente cómo se sentía el herir de esa forma a un ser humano, como el deslizarse dentro era sencillo porque era un corte limpio, sin pasar a traer huesos.
Sin embargo, esa mujer, herida de gravedad, no soltó ni un grito ahogado de dolor, al alzar la cabeza sus ojos morados vieron la sonrisa que hizo, una de satisfacción, pero no era la mujer la que le provocó miedo, fue lo que esa curva ensangrentada en su rostro representaba.
Las cosas que le hizo revivir, esa llama oscura llamada miedo y todo lo que provoca, ¡se encendió y la incendió por dentro! Fueron segundos, pero fueron fatales, y aunque después se puso de pie, ya era tarde.
Muy tarde.
Pasó de nuevo y ahora, justo ahora, volvía a recordarlo y volvía a vivirlo, la maldición de ser tan fuerte es que estás destinado a encontrarte, frente a frente, contra el miedo en ti, personificado en otro ser.
—Ugh… Nnn… Ah… Ah… —Respiró entrecortadamente y no supo en qué momento, se encontraba en el suelo.
Se raspó las rodillas y sus manos estaban contra el suelo, podía ver claramente con sus ojos morados, como se combinaba su sangre con el agua de la regadera, extrañamente sintió frío en el trasero —seguramente porque estaba expuesto— y también en sus pechos que estaban al aire.
La derrota siempre deja cicatrices y un sabor muy amargo en el corazón.
—Ellen, tal vez este sea el oponente más fuerte al que te hayas enfrentado, así que usa todo tu poder.
—De acuerdo.
Disparó con su arma de última generación una potente ráfaga de energía luminosa, pero entrecerró los ojos con molestia al ver como este espíritu inverso lo detuvo con solo usar su mano y se reía de su intento por matarlo.
—No funciona…
—Me sorprende que tengan este tipo de "armas", aunque dije que les perdonaría la vida y aunque es cierto que es la primera vez que estoy agradecido con los humanos por despertarme de mi sueño; deben saber que eso solo pasa cuando han destruido por completo el equilibrio espiritual de donde reside Tipheret, eso es casi imposible de hacer, hay que llegar al límite de la locura o la rabia para llegar a ese nivel, hay que desear la muerte por sobre todas las cosas, sí… eso es lo que corromper el alma significa. —Con la mano desocupada, le dio un manotazo al disparo y alejó el ataque hacia un edificio que lo hizo estallar en una gran explosión.
Ellen abrió más los ojos y actuó por impulso, dejando toda su tranquilidad y concentración muy atrás.
—¡Llévense a Ike ahora mismo! —Ordenó que salvaguardaran a la persona más prioritaria en su vida y también en este momento.
—¡Entendido!
Una de ellas tomó a Ike y se lo llevó volando. Las que quedaban junto con Ellen se prepararon, pero el miedo los corrompió, los quemó. Sudaron y sus manos temblaban frente al espíritu.
Esto era muy diferente de Princess.
—Humanos desgraciados, no los culpo por huir de mí, al fin de cuentas, voy a cumplir con mi objetivo.
—¿¡Y cuál es ese?! —exigió Ellen rudamente, intentando recuperar a su equipo por la fuerza.
—Voy a hacer arder a Eurasia por pura satisfacción, me han hecho enojar, comparando sus insignificantes poderes contra el mío, van a pagar por esto, malditos. —Él estiró los brazos a los lados, en posición de cruz—. ¡Vamos! Te daré un último ataque, si quieren ataquen todas juntas, de todas formas, van a morir, así que les daré una oportunidad de defenderse, solo para que esto sea más divertido.
Thagirion acabó con la mayoría de las hechiceras, incluso cuando Shidou quiso ayudarlas, porque no importaban los bandos en esos momentos, fue derrotado de una colisión de ataques de energía, siendo el muchacho superado fácilmente.
Después de eso, Ellen tuvo sus últimos pensamientos en sus momentos finales, mirando esos ojos rojos brillantes y ese rostro de superioridad, en este ser retorcido que nada tenía que ver con Satou Matsuo, Battery, el espíritu de la luz.
Este sin duda era… el espíritu de la oscuridad.
—Te dejé para el final. ¿Sabes por qué me gusta matarlos lentamente? —Ellen ya veía borroso, pero después gritó de dolor cuando su herida fue aplastada por su pie lentamente.
—¡Ahhhhh!
—¡Eso es! ¡Para escucharlos gritar! Solo los humanos poseen sentimientos que los hacen más débil que una roca, es más disfrutable ver una muerte lenta, pero me hacen falta muchos humanos. Así que… Adiós, humana.
Finalizados sus recuerdos, finalmente habló con Isaac Wescott, ambos estaban regresando a la ciudad Tenguu por medio de un jet privado de industrias DEM, con toda clase de lujos de un vuelo de primera clase, se encontraban sentados frente a frente, bebiendo vino sin ninguna razón en particular, pero este alcohol ayudaba no solo con la digestión de los alimentos, sino con sus sentimientos.
—¿Por qué lo hiciste, Ike? —preguntó al mirarlo con el ceño levemente fruncido—. En esa última ocasión casi muero…
—Pero no lo hiciste, Ellen —respondió sin dejar de mirar la ventanilla, afuera estaba por completo oscuro, pues viajaban de noche—. Esa vez me salvaste la vida, tal vez pudo ser miedo y ni siquiera lo pensaste, pero me pusiste a salvo, inconscientemente.
Entonces, Wescott miró que Ellen se sorprendió ligeramente por sus palabras, él sonrió un poco, inspiraba confianza.
—Eso me hizo feliz.
—Uh… No fue nada, ni siquiera lo pensé, solo… —explicó con nostalgia y recordando el mal presentimiento que le asaltó en esa ocasión—. Esa mujer, Irele Campbell… Está quebrada, corrompida, justo como ese espíritu… ¿Por qué lo hiciste, incluso después de todo lo que dijo? Ike, no puedes controlar a una persona así.
—Nadie puede controlar a una persona así, querida Ellen —respondió seguro de sí mismo, ella abrió un poco más los ojos—. Hmp, veo que no has entendido lo que hice, pero podrías entenderlo de la siguiente forma: acabo de salvar nuestras vidas de alguien muy peligroso, alguien con la capacidad de destruirlo todo… sin razón alguna.
—¿Qué quieres decir? —preguntó con el ceño fruncido.
—Personas como ella son como dinamita pura, listos para estallar y destruir, personas así solo hay que darles un pequeño… empujón —explicó hasta usando las manos, haciendo el movimiento de cuando se lanza algo—. Hacia el punto adecuado.
—¿Para qué la vas a usar?
—Oh, Ellen, a veces eres muy sorprendente —dijo con algo de diversión, ella no dejó de mirarlo con dudas—. No has entendido. No has comprendido, pero está bien. No voy a "usarla", solo voy a mostrarle todo el bosque y observar desde lejos lo que tenga que ocurrir. Si lo incendia, entonces que así sea, pero nosotros no caeremos en esas llamas.
—Entonces, ¿por qué yo…? —preguntó de nuevo con un mal presentimiento, pero Wescott le puso las manos en sus hombros, ella se sorprendió un poco, ¿este hombre teniendo tacto?
—Te necesito, Ellen. Es cierto, no todo ha salido como había planeado, no todo ha ido de la forma "correcta", pero tú eres fuerte; hace falta más que esto para romperte, dime si acaso me equivoco. —Apretó un poco su agarre y vio directamente a sus ojos, en los cuales ella no podía ver nada más que oscuridad.
Ella asintió con la cabeza y puso un rostro serio y duro, como siempre, el hombre sonrió satisfecho y volvió a sentarse, tomó su copa de vino y la sostuvo cerca.
—Ellen.
—Por supuesto. —Tomó la suya y ambos chocaron sus copas y bebieron al mismo tiempo.
Esa misma noche, Shidou se encontraba a las afueras de la ciudad Tenguu, donde liberó su aura de color azul para inundar todo el lugar con su energía, agitó el pasto, los árboles, hizo temblar las rocas y el aire a su alrededor se enloqueció, sus ojos tomaron una tonalidad dorada.
«Nunca pensé…» Shidou se movió rápidamente para realizar diferentes destrozos; las rocas, el suelo, cortar el pasto y golpear el aire, todo sin que su cuerpo pudiera ser visible ni una vez. «Que este poder… Pudiera ser arrebatado».
Shidou impactó en el mismo lugar donde se empezó a mover, destrozando el suelo con solo su puño, seguía rodeado de su aura azul brillante y se aseguraba de examinar la zona, por si lograba sentir a Natsumi, intuía que tal vez le haría algo si estaba solo, aunque el chico solamente quería hablar.
De hecho, lo que más debería estar haciendo… era eso precisamente: hablar.
«Origami…»
Shidou permaneció en la enfermería de la escuela, incluso cuando se recuperó por completo, decidió quedarse un rato más ahí, en cama, para reflexionar sobre la laguna mental y esa extraña visión que más pareció un recuerdo.
Satou y él peleándose, fueron escenas vividas de la última gran pelea que tuvo contra él.
«¿Por qué… recordé eso justo en ese momento? ¿Hay algo malo en mi cabeza?» Pensó el muchacho de cabello azul, con las manos detrás de su nuca, observando al techo, pero recordando su pelea contra su copia. «Hubiera sido más fácil con Satou de mi lado, estoy seguro que juntos podríamos haberla detenido… Yo también soy fuerte, pero…»
—¿Quién anda ahí? ¿Uh? —Shidou había escuchado un ruido, así que se giró a la puerta y dijo esas cosas, pero se encontró con alguien muy conocida, quien usaba un chándal encima—. ¿Origami?
—Shidou —respondió en un tono sin emoción, luego caminó hasta llegar a sentarse a su lado, el chico solamente pudo parpadear y observarla—. ¿Te sientes mejor?
—Ah, sí, gracias por preocuparte y por ayudarme antes… Que hayas podido ver a través de eso… Fue realmente sorprendente —dijo con una sensación extraña en el estómago, pues las cosas que ella dijo fueron… de cuidado.
—Era un espíritu y te lastimó… Igual que lo hizo el último —dijo con una voz pesada y con una pizca de odio—. Battery.
—Ah, eso… —Recuerdos inundaron su mente, lo sofocaron tanto que terminó agachando la cabeza—. Es cierto… Pero todo se debe a un malentendido, igual que la última vez.
—¿Un malentendido? —preguntó con molestia y Shidou notó como apretó las manos la chica de cabello blanco, solo que estaban cubiertas por guantes.
El joven no tenía idea de por qué estaba vestida así, dudaba que fuera por el frío, tal vez Tobiichi Origami estaba ocultando algo, pero su preocupación era clara, de otra forma, no estaría aquí y por esta ocasión, mostrándose ante él.
Se concentró un poco y cerró los ojos, recordó exactamente lo que Satou había hecho con la AST, con Origami, con Mana, con Kotori, como los aplastó a todos… luego soltó un audible suspiro.
—Origami… —dijo suavemente y atrapó una de sus manos entre las suyas, ella dejó de temblar entonces y abrió un poco más los ojos.
—Shidou… —susurró al girar lentamente su cabeza hacia él, quien no le dio oportunidad de que mirara su rostro, la abrazó con algo de fuerza, la joven hechicera dejó escapar un leve quejido, finalmente correspondió al abrazo.
«Origami, lo siento, yo… Entiendo, lo entiendo todo… Pero… Sé que tú no lo harás y yo, lo único que puedo hacer es… Como siempre… Nada importante». Pensó con culpa y apretó un poco más el abrazo, también acarició su cabeza, se quedaron así por varios minutos, hasta despedirse con solo una mirada.
«Origami». Cerró los ojos con fuerza, ella quería decirle algo esta tarde, ella llegó para pedirle algo esta tarde, a él, a la única persona en la que podía confiar.
—Se acabó… ¡Se ha acabado, maldito! Te he despojado de los cinco sentidos con los que naciste, Shidou. Me repugna un poco tu cara, creo que era más bonita antes, ¡jajaja! Pero no estás muerto, solo al borde de la muerte, pero… ¿Para qué esperar? —Perforó su corazón de un solo ataque.
—¡AAAAAAAHHHHHH! —gritó con toda la fuerza de sus pulmones, creando una onda sónica con destino al cielo, donde su voz se prolongó, como si gritara en lo alto de una montaña.
Luego cayó de rodillas con el poder desbordándose, con sus pupilas doradas temblando ligeramente, apretando los puños con mucha fuerza, ¿qué era diferente de esa ocasión? Él era más fuerte, pero… ¿De qué diablos servía si no podía comprender a Natsumi? ¿De qué diablos servía todo este poder si no tenía la confianza para responder a lo que una amiga debía decirle? ¿De qué diablos servía todo esto si seguía recordando con miedo como todo se derrumbó?
Era el único desgraciado que lo recordaba, junto con Satou, y era tranquilizador que sus amigas y hermanita no lo recordaran, pero también era algo asfixiante, sobre todo en estos momentos en los que sentía que nada era justo en este mundo, porque después de todo…
«Sigues haciéndome sufrir…» Shidou imaginó el rostro desfigurado de su amigo invertido; un ser que ni humano era, uno que solo quería destruirlo todo, ver el mundo consumido por el caos.
«Te odio».
Al final de todo, no hubo ganadores en esa pelea, tampoco los hubo en esta, solo quedaban los restos; recuerdos de pesadilla que deseaban olvidar, heridas que no podían cerrarse y un odio en lo más profundo de sus entrañas, uno que solo sería comprensible por aquellos que pelearon en esa gran batalla, uno que les quemaría por dentro.
Hasta que la luz por fin los tome.
Muy dentro de ellos la oscuridad de un pasado que quieren enterrar, ¡los acosa! ¿Podrán superar sus miedos alguna vez? ¿Shidou podrá salvar a Natsumi? ¿La fuerza y el poder le llevarán a algún lado? ¿Natsumi aparecerá de nuevo con un nuevo plan? ¡Descúbranlo en los siguientes capítulos!
Bueno, dos capítulos salieron, dos capítulos publicados. Espero que les haya gustado y que puedan seguir leyéndome, nos vemos en un siguiente capítulo, ya sea de este fic o de otro.
Sin más, ¡saludos y pásenla bien!
