¡Hola a todos! Lamento la tardanza, pero ayer no pude terminar este capítulo que espero les guste mucho, tanto como a mí al escribirlo. Tenía otros planes para este capítulo, iba a tratar de otra cosa, pero a la mera hora me salió esto y lo quise dejar así, por lo que espero les guste.
Fue algo complicado escribir de personajes que no suelo usar de esta forma tan profunda, pero me gustó mucho el resultado.
Nosotros y ellos
Parte 12: Algo por lo que luchar
Los días pasaron y en menos de lo que se podría pensar, la semana de trabajo y escuela llegó a su fin para dar paso al fin de semana, el cual la mayoría de la población ya esperaba con ansias, durante ese tiempo muchas cosas pasaron; cosas cotidianas que tal vez no tenían gran relevancia desde un punto de vista general, pero ¿quién realmente tiene idea de todo lo que sucede en un solo día?
Lo más importante es invisible a los ojos, después de todo. Y a veces, se encuentra en las cosas más simples.
Con una visita y una charla seria y motivacional, Shidou hizo algo más que darle apoyo a Origami sobre sí misma, sobre las cosas que no pudo hacer y con las cosas que aún no podía hacer, lo cual era difícil de aceptar y de perdonar también; porque donde habita la culpa también habita la negación, pero gracias a él, las cosas fueron más sencillas.
Origami ganó algo de confianza, el sellador de espíritus había sacudido todo su mundo desde que lo conoció, pero después de esa conversación tan cálida y directa entre ambos, empezaba a darse cuenta de otras cosas a su alrededor; las cuales fueron más notorias en la escuela.
La chica no se escondió de Shidou para observarlo a sus espaldas, incluso soportó a Tohka cuando se acercó al muchacho, pero conforme fueron pasando los días, Origami aprendió a soportar al espíritu glotón de la preparatoria Raizen, así como esta misma empezó a aceptar que ella se les uniera.
Tal vez ese era el principio de una amistad o más bien, de una oportunidad. No importa cuál de las dos fuera, Shidou pensaba que era algo bueno.
Shidou también hizo algo muy importante que Satou no pudo entender del todo, eligió dejar los entrenamientos porque no le llevaría a nada sano con Natsumi y que, por ahora, ser fuerte no era algo que necesitara, en todo caso, debía ser más amable.
El espíritu de la luz no comprendió a su mejor amigo, sin embargo, no le discutió nada, simplemente aceptó y él reflexionó sobre su propia fuerza; ¿con eso se salvaba a los espíritus? Pensó mucho sobre eso y no llegó a nada concluyente.
Por otro lado, el plan de Isaac Wescott estaba sobre la marcha, su idea de convertir a Irele Campbell en otra de sus hechiceras a su mando comenzaba desde un debido entrenamiento, pero Ellen no estaba muy de acuerdo en ser la profesora de esa desquiciada mujer.
Sin embargo, esto también era una prueba para ella, una en la que tendría demostrar valentía y lo que realmente valía, de otra forma sería devorada por el miedo, el estrés y esa mala espina que provocaba la estadounidense en todo su ser.
El entrenamiento y las explicaciones eran bien recibidas, pero era en el combate de práctica cuando la experiencia se volvía realmente tensa —al menos para Ellen—, no existía un respeto entre ambas y no existió respuesta por parte de Irele para defenderse ni para atacar, era como si ella no fuera un reto o alguien de cuidado, incluso si ella era la que terminaba más herida.
Hoy era sábado e inicio de fin de semana, sin embargo, los días no importaban para Ellen desde que entrenaba con Irele; esta mujer provocaba muchas sensaciones dañinas y negativas, pero quería vencerla, no podía aceptar ser menos o alguien más débil, y esto la obsesionaba.
Poco a poco, la consumía algo más cada día.
—¡Ugh…! —Su grito fue ahogado y sin mucho dolor, fue más porque rodó por el suelo manchado de sangre por la combinación de ataques de Ellen.
—Maldita sea… —dijo en voz baja al mirarle con desprecio y con el rostro lleno de sudor, la vio levantarse como si nada, aunque sus piernas resentían el castigo.
La mujer abrió un poco más los ojos al notar como las piernas de su rubia rival estaban flaqueando y pasando un mal rato para mantenerse rectas y su cuerpo erguido. Pero Irele no parecía demostrarlo, ¿acaso fingía?
—Si estás cansada, Teacher, creo que deberíamos detener esta pérdida de tiempo.
—¿Cansada? —preguntó con tono de superioridad, incluso la vio como una novata que no tenía nada qué hacer aquí—. No me hables con tanta soltura y confianza, Campbell. ¡Y menos digas cosas con tanta superioridad cuando tus piernas están a punto de derrumbarse!
—Oh… So? (¿Entonces?) —preguntó en un tono algo divertido y agachó la cabeza para ver como sus piernas estaban debilitadas.
—Llevas toda la semana ignorándome, dejándote herir, y ahora tu cuerpo lo resiente, lo sufre, ¡estás sufriendo y no puedes negarlo! —expuso con una sonrisa triunfante, Irele puso un rostro de póker, pero Ellen no se dejó impresionar—. Escúchame, Irele, no me importa que Ike me haya asignado a ti para entrenarte y convertirte en hechicera, si al final resultas ser una inútil, lo cual estás siendo, no perderé más mi tiempo.
Los ojos azules de Irele se fijaron por completo en los morados de Ellen y su mirada fue filosa por unos momentos, tiempo en el que en sus pupilas se notó su sed de sangre y su fuerte instinto asesino, uno que le despertaba el hambre y algo de fuego en su alma.
Ellen apretó los dientes, en anteriores ocasiones hubiera retrocedido por inercia o instinto de protección, pero no esta vez. Parece que se estaba acostumbrando a esta mujer con instintos salvajes y ruines, cada vez más.
Una sonrisa se formó en el rostro de la hechicera novata, sus ojos azules brillaron y también un punto rojo apareció en el centro de estas, como si fuera una pequeña chispa o una prueba fidedigna de que esta mujer poseía alma.
«Ellen Mira Mathers, hoy estás algo diferente; usas la misma ropa, está manchada de mi sangre y de tu sudor, los olores ya se han mezclado desde hace rato, ¿realmente me veo tan débil para ti solo porque me tiemblan las piernas?» Irele tomó una pose de combate idéntica a la de su maestra; Ellen quedó sorprendida. «No… Entonces, ¿qué sucede? No lo entiendo, es la misma de siempre, pero por alguna razón… Su piel está más hidratada, de seguro ahora es más jugosa, realmente apetecible, ella se ve… tan…»
«Sus piernas ya no tiemblan, ¡no será por mucho!» Ellen decidió atacar primero, pero su rival por primera vez respondió al bloquear sus patadas con sus brazos, así como demostró ser realmente ligera para esquivar sus ataques. «¿¡Qué?!»
«¡Se ve… tan… consistente…!» Irele pensó al no perder de vista el rostro de su enemiga, incluso cuando no pudo escapar de algunos puñetazos y codazos que le cortaron los labios y la mejilla, no parpadeó ni una vez. «Eso no me gusta, esa consistencia, no, necesita ser más blandita, su carne».
«¿Qué le sucede? ¿Qué está pasando? ¡Hay algo raro!» Ellen estaba atacando con puños y patadas a su enemiga, la estaba moliendo, pero había algo realmente inquietante: eran esos ojos y esa mirada fija; nunca pensó que su mirada fuera tan penetrante y molesta, hasta ahora. «¡No me ha perdido de vista en ningún momento!»
Sin embargo, al perderse en su mirada asesina, cometió su peor error.
—¡Ughht…! —Ellen recibió un golpe directo al cartílago sobresaliente de la garganta, uno que no pudo absorber toda la fuerza para proteger a la laringe y a sus cuerdas bocales.
La mujer cayó al suelo y tosió fuertemente, sintió como el aire no le llegó a los pulmones, el dolor era insoportable, estaba con la boca abierta sin poder gritar correctamente, con los ojos bien abierto y tomándose la garganta con las manos.
«Sí… Pero aún no, necesita más preparación, su carne necesita estar… más molida». Ella sonrió con cierto placer en su rostro al aplastar la boca de su estómago para que el cuerpo de Ellen se levantara por inercia, igual le dejó sin aire y se retorció como un pescado lejos del mar. «Sí… ¡Sí!»
No conforme con eso, la pateó con todas sus fuerzas para hacerla rodar por el suelo, el mismo que había manchado con su sangre, ahora la sangre de Irele estaba en el rostro de Ellen, en su cabello rubio tenue y en sus ropas, mientras ella trataba de respirar.
—What's wrong,Teacher?! —preguntó con emoción al caminar más deprisa viendo que Ellen estaba recuperándose, por lo que decidió aplastar uno de sus pechos con la suela de su bota.
—¡Ahhhhh!
—¿Duele, cierto? Una parte tan suavecita, ¡en verdad duele! ¿¡No es cierto?! —Repitió eso de nuevo y Ellen solamente pudo gritar de dolor, realmente no tenía de que doliera tanto el que sus pechos fueran aplastados.
«Ella… no tiene ni una pizca de honor…» Pensó con tanto dolor que ni podía abrir los ojos, recibió otra patada que le hico escupir sangre que fue directa al suelo y rodó por este hasta quedar boca abajo. «Maldición, mis pechos parecieran que estuvieran… entumecidos…»
—Se pondrán morados… ¿Tal vez? ¡Jajaja!
«Maldito engendro». Aun con un dolor desafiante como este y consciente de las consecuencias, aquí no había nadie más fuerte que ella, no había nadie quien pudiera detener esta masacre. «¡No puedo quedarme aquí!»
Ellen apretó los dientes y dejó de quejarse por el dolor, trató de levantarse al usar sus brazos como apoyo, pero tan solo levantó un poco su cuerpo del suelo, recibió una patada de Irele que levantó su cuerpo por el aire.
—¡Ughtt! —Ellen cayó de espaldas y con los brazos estirados a los lados.
—Oh, no, this meal isn't ready yet (Este platillo aún no está listo)… —susurró con una sonrisa y un tono malicioso, su presa no tenía ni idea de lo que estaba diciendo.
Irele soltó varios puñetazos al rostro de Ellen, todos con la intención de moler su piel y pintarla de un rojo carmesí. Sus labios fueron cortados, sus mejillas se pusieron rojas, su nariz soltó sangre e incluso una ceja fue cortada, con cada golpe quedaba más mareada y sangrada, pero ella no se detenía.
Esto era demasiado, había enfrentado a espíritus y a otras hechiceras sin miedo alguno, sin embargo, todas esas veces fueron combates justos y honrados, ambas partes usando lo mejor que tenían. Su cuerpo nunca había sido tan lastimado y nunca había sentido tanto dolor gracias al realizador.
Ni siquiera Tohka inversa le dejó en un estado como este, pero esta persona no era un espíritu, aun no era una hechicera, pero dudaba que fuera humana; no tenía honor, no tenía reglas, no respondía ante nadie y su sed de sangre era… inhumana, era como la de un animal enfurecido.
Sin embargo, hubo un momento después de cierta cantidad de puñetazos y de dolor en la que ya no entendía lo que estaba pasando, es decir, escuchaba sus gritos ahogados y sentía perfectamente como su cuello se movía contra su voluntad por los golpes, pero no sentía más que entumecimiento y vibraciones.
Hay ocasiones en las que el cuerpo recibe tanto dolor constantemente que deja de sentirlo por unos momentos, Irele notó que esto estaba sucediendo, por lo que se detuvo a punto de dar un golpe.
—¿Sigues aquí? —preguntó algo confundida al ver el rostro de Ellen algo molido por los golpes; no era bonita, para nada, el dolor estaba impreso en su cara y la sangre también.
Sus ojos habían perdido luz y uno estaba completamente cerrado, el otro apenas podía decirse que estaba abierto.
—¿Hmm? —Se acercó un poco más, con una sonrisa y sus ojos brillantes, Ellen no parpadeó, estaba exhausta.
«Es inútil… Es inútil… Es más fuerte… Lo es…»
¿Lo era? Tal vez sí, ella podía escuchar un trueno partiendo su corazón al admitirlo, aunque tal vez era por el dolor.
Sin embargo, algo le decía que no podía ser así, que no podía rendirse. No se trataba de Isaac Wescott; no estaba peleando por él; tampoco se trataba de sus metas; realmente no tenía una propia, seguía y ayudaba con las ambiciones de su jefe. En verdad no sabía por qué lo deseaba.
Quería levantarse y seguir peleando, en verdad quería… seguir en pie. Deseaba su muerte, pero más deseaba ponerse de pie y quedarse así… hasta el final.
«Yo… No quiero… morir».
—A-Ah… —Dejó escapar de su voz y movió rápidamente las manos hacia los mechones de cabello cercanos de Irele, para jalarla con toda su fuerza y darle un cabezazo. «¡No voy a morir!»
«¿¡Qué?!» Pensó durante su caída al suelo, su frente chorreó sangre de forma descontrolada, igual que Ellen, quien logró ponerse de pie, aunque sus piernas temblaban y su cuerpo estaba doblado por el dolor, se tomaba uno de sus pechos con su mano, como si la hubieran manoseado y respiraba con mucha dificultad, sin embargo, la veía fijamente con un solo ojo. «No puede ser…»
Irele se levantó y Ellen dejó escapar un suspiro grave y pesado, la hechicera alzó la guardia, aunque apenas podía mantenerse en pie, impresionando a su rival… en un sentido extraño.
«¿Qué demonios…?»
—Jejeje… —Sonrió al verla dispuesta a seguir con la pelea—. ¡Je! ¿Y yo soy la desquiciada?
—N-No… No p-perderé… —dijo con dificultad y luego respiró de nuevo por la boca, pero lo único que quería era tirarse al suelo.
Irele bajó los brazos y su instinto asesino despareció de sus ojos, caminó hasta Ellen para darle un pequeño empujón con un solo dedo, ella estuvo a punto de caerse, pero no lo hizo, sin embargo, eso fue suficiente para deshacer su guardia.
—Hmm… ¿Así que es así? —Dejó las sonrisas y se puso seria, luego pasó de ella la caminar hacia la salida—. A partir de ahora, voy a escucharte de verdad, Teacher. Sigue entreteniéndome más.
Se oyó cuando las puertas se cerraron, sin embargo, Ellen sentía que, si se derrumbaba ahora, no volvería a levantarse, no podría ir hacia la enfermería para usar el realizador médico, así que apretó sus dientes para evitar quejarse tanto del cansancio.
«M-Maldita sea…»
Para su sorpresa, la puerta volvió a abrirse a sus espaldas, por un momento tuvo algo de miedo; si era Irele con intenciones de matarla, que así fuera, de todas formas, ya no tenía nada más que dar, pero de alguna forma… se sentía más fuerte, solo un poco más.
«Si vuelve a empujarme, realmente voy a… derrumbarme». Pensó al girar un poco la cabeza, aunque empezaba a ver borroso y en rojo, porque sus ojos estaban sufriendo de un derrame. «Ike…»
Unos segundos después, ella cayó sobre una tela que pareció lo más suave del mundo, aunque solo se trataba del saco de Isaac Wescott, él la sostuvo con sus brazos, Ellen soltó por completo su cuerpo y finalmente se sintió en confianza como para, por fin, descansar.
—Lo hiciste bien, Ellen… —Escuchó esto en un tono algo distante, pero fueron unas palabras bonitas; ella lo pensó así, como que todo había valido la pena.
Tal vez no había ganado la guerra, pero sí una batalla, y bueno, por algo tenía que empezar.
Wescott dijo algo más, pero lo último que sintió fue que algo se posó encima de su cabeza, pero no fue un golpe o de forma violenta, fue un tacto suave y hasta gentil; igual y estaba delirando antes de ceder por completo.
Luego quedó inconsciente.
Cuando despertó, se encontraba en la enfermería y el realizador ya había hecho su trabajo, sin embargo, su cuerpo aún necesitaba unas horas de reposo porque lo sentía por completo entumecido, sin embargo, su rostro había recuperado belleza y forma natural, así como la molestia en sus pechos desapareció.
«¿Cómo llegué hasta aquí? No recuerdo nada…» Ellen intentó sentarse en la cama, pero fue demasiado castigo, así que cayó en la cama de la enfermería.
—Por fin despiertas, Ellen —dijo tranquilamente un hombre a su lado, sentado y revisando su celular sin mayor interés.
—Ike… —dijo con algo de sorpresa—. ¿Por qué estás aquí…?
—Lo vi todo —respondió en un tono vacío; no podía descifrarse su emoción—. Tuve la intención de detenerlas, pero entonces no habría cambiado nada.
—¿A qué te refieres…? —preguntó un poco molesta y le miró seriamente.
Wescott dejó su celular en paz, lo guardó en su bolsillo y se giró para observarla, le prestó la máxima atención y también le vio seriamente.
—¿Sabes por qué estás a mi lado, Ellen?
—…
—Porque no hay nadie más como tú; eres la hechicera más poderosa que este mundo haya visto —explicó con confianza, ella no dijo nada, pero su expresión flaqueó—. Lo has sido desde hace tiempo, y la prueba es que tú sigues aquí, Ellen. Pero por alguna razón, así no son las cosas, ¿no es así?
—Ike, Campbell no nos va a beneficiar, ¿no te has dado cuenta incluso después de lo que viste y escuchaste? ¿En qué estás…? —Se detuvo cuando Wescott le puso la mano en su hombro con algo de fuerza—. Ah…
—Oh, claro que lo hará. Nunca te exigiría algo que no podrías hacer, Ellen, porque tú sigues mis órdenes, y si yo decido algo mal, no es culpa tuya, es culpa mía, y no puedo cometer esos errores. Sin embargo, hay algo por lo que tienes que responder.
—¿Qué es? —preguntó algo insegura, aunque lo disimuló bien, Wescott la tomó de los hombros para mirarla a los ojos.
—Nunca he dudado de ti, pero dime: ¿eres fuerte o no lo eres, Ellen?
—Yo… —La soltó y se levantó para retirarse—. Espera, aún no te he respondido, Ike…
El hombre se detuvo entonces y suspiró.
—Sigues sin entender, querida Ellen. Yo no soy quien necesita esa respuesta.
Y sin más, el hombre dejó la habitación de la enfermería, dejando a la mujer con la cabeza abajo y apretando los puños por no estar segura de lo que realmente la fuerza era, y si la poseía o no.
Solo sabía que no quería rendirse y que tenía algo que superar.
Mientras las cosas parecen mejorar para Shidou y sus amigos, ¡en la DEM sucede un enfrentamiento explosivo en el que Ellen se mantuvo de pie hasta el final! ¿Podrá Ellen superar este reto? ¿Shidou podrá salvar a Natsumi con su nueva estrategia? ¿Natsumi aceptará sus disculpas si es que se llega a dar el momento? ¡Ya lo veremos en los próximos capítulos!
