"En mi armario" respondió Helga, buscando que pantalón ponerse en su cajón de ropa.

Arnold pensaba en agarrar unas cobijas para acomodarlas sobre la alfombra del cuarto, y dormirse sobre el suelo cercas del armario, por si Olga abría la puerta para no ser detectado a primera vista.

En el momento que Arnold abrió la puerta del closet, nunca se imaginó en lo que sus ojos captarían.

Al final del armario de ropa, Helga tenía una pelota de balón moldeada con plastilina con pelo rubio artificial. Parte del pelo eran mechones rubios verdadero, a lo que parecía en ser de Arnold. En medio del apartado del pelo había una pequeña gorra azul. El mono parecía estar con los ojos cerrados, con una expresión muy parecida a la de Arnold.

La cabeza artificial estaba apoyada sobre un torso de madera grande vistiendo la camiseta roja de Arnold sobre una camiseta blanca. Atrás del altar pegado en la pared había muchas fotografías de Arnold en diferentes partes de la escuela y cuando practicaba basquetbol. Incluso había una foto de él sin camiseta cambiándose en su cuarto, y otra en donde él estaba con la toalla enredada en su cintura en su habitación. Sobre el suelo abajo del altar había velas ya utilizadas con un trofeo viejo y diarios de color rosa empalmados al rededor.

Sin saber de lo que Arnold había descubierto en su armario Helga comento. "Espero que apruebes este pantalón Arnoldo." sacando la pijama que finalmente encontró al final del cajón.

Helga se volteó con el pantalón en su mano, encontrando a Arnold parado atónito enfrente del armario con la puerta totalmente abierta.

"No veas!" exclamo Helga corriendo hacia la puerta y cerrándola con un portazo.

Arnold parpadeo dándose cuenta del ruido que hizo Helga al cerrar la puerta.

"Helga...no hagas ruido, recuerda que nadie sabe que estoy aquí." Le recordó.

"Espero que no hayas mirado nada?!" dijo Helga con su rostro en pánico.

Arnold cruzo sus brazos y mirándola con su suave sonrisa le contestó.

"Ya lo miré todo encanto."

La mirada de Helga demostró horror al momento en escuchar esas palabras. Arnold se acercó a ella poniéndole su mano sobre el hombro. "Helga ya no tienes que mantener en secreto tu altar."

"No! Lo que tú crees que miraste no es, lo que aparenta en ser!" Respondió ella sin saber que mas decir.

Arnold le dio un beso en su mejilla intentando en que su novia inquieta se tranquilizara. "Amor, ya sabia del altar."

"Como?" respondió ella con sus brazos extendidos sobre la puerta cerrada del armario.

"Tu escribiste un poema sobre tu altar en tu diario rosa y...lo leí cuando estabas en el hospital."

"Yo... .yo no escribí nada, no se de que hablas." Añadió Helga negando todo.

Arnold movió su cabeza hacia abajo con una sonrisa recordando el poema que leyó en el diario de Helga ese día.

"Te lo dire...

En mi dormitorio en donde destapó mis sentimientos, guardo mi ultimo secreto,

el altar en donde invocó, mi eterna adoración, por mi cabeza de balón."

Helga lo miraba pasmada recordando el poema que ella escribió.

"Me aprendí tu poema de memoria Helga. Lo leía una y otra vez intentando en descifrar a que te referías sobre un secreto en tu dormitorio y un altar. Pensé que tenías algo mío guardado pero, no pensé que fuera tan escultural."

"Criminal!" Helga bajo su cabeza en derrota.

"Puedo ver?" volvió a preguntar Arnold.

Helga finalmente se movió dejando que Arnold abriera la puerta.

"Helga, cuando me tomastes tantas fotos que ni me di cuenta?" Preguntó Arnold examinando el altar.

"Con mi celular cuando pasabas por el pasillo o cuando menos te lo esperabas te tomaba una foto para mi."

"Hasta en mi cuarto?" pregunto Arnold sorpresivo.

"Que no te extrañe cabeza de balón, ya sabes que yo estado en todos lados en tu cuarto."

Arnold toco los mechones de pelo que tenia el mono. "Y estos...son míos?"

Helga se enrojeció. "Mmmmmm...si."

"Como fue que me cortaste mechones de pelo sin que me diera..."

"Eres un distraído camarón con pelos, qué más puedo decir!"

"Y estas camisetas son idénticas a las que utilizo."

"Eso es porque son tus camisetas cabeza de balón." Confesó Helga con sus mejillas chapeadas.

"Cuando las agarraste?"

"Las dos camisetas me las lleve de tu casillero del gimnasio cuando jugabas basketball. Pique el candado y las saque en diferentes días."

"Ya me acordé. Con razón...habían dos días que extravié mis camisetas. Le pregunté a todos los del equipo si alguien las agarró. Por un momento pensé que alguien jugaba una broma conmigo."

"Pues ya ves que no."Dijo Helga sobándose el brazo.

Arnold miraba a Helga medio molesto. "Helga...cuantas veces te has metido en los vestidores de los hombres?"

"Ummmm...no me acuerdo, que importa cuantas veces fueron Arnoldo."

"Espero que no lo vuelvas hacer. Recuerda de lo que hablamos."

"Como olvidarlo cabeza de balón...no será que, no quieres que me meta a los vestidores para no ver a los demás muchachos cambiándose."

Arnold la miraba con seriedad. "Ya no me espíes en los vestidores Helga."

"Si Arnold." Respondió ella desanimada.

Arnold soltó un respiro dirigiendo su mirada al altar una vez más.

"De seguro piensas que soy...extraña." comento Helga avergonzada.

Arnold se acerco a ella y la abrazo. "Yo nunca pensaría eso de ti. Eres creativa y determinada en lo que te gusta hacer, eso es bueno. Ya veo que tienes el trofeo que ganamos hace años cuando construimos el castillo de arena en la playa."

"Tu me dijiste que me podía quedar con él."

"Por supuesto Helga, si ganamos ese trofeo, fue por ti."

"Tú eres el talentoso Arnold, yo nada más estaba haciendo lo que tú me decías."

"Tu apoyo me inspiraba Helga, me sentía seguro de tu compañía y por eso ganamos ese día." Le decía Arnold mientras la tenía abrazada. " Y...a como lo veo, seguiremos triunfando en todo mientras confiemos en nosotros." Dijo Arnold dándole un beso a Helga en la frente.

"Me siento tan... expuesta estando aquí en mi armario contigo enfrente del altar." Comentó Helga ansiosa, con sus manos sobre el pecho de Arnold.

"Me gusta cuando estas expuesta...mi Helga." Dijo Arnold mirándola directamente a sus ojos tímidos azules.

"Las...cobijas que necesitas, están ahí." Señaló Helga nerviosamente.

Arnold agarro las cobijas grandes y se salió del armario. En el momento que Helga miro como él se salió del closet, ella soltó un respiro de alivio. "Eso fue algo, intimidante."

"Ya paso amor, ya te puedes relajar." Dijo Arnold acomodando las cobijas sobre el suelo.

"Entonces dormirás ahí?" Preguntó Helga.

"Oh querias que durmiera en otro lado?" comento Arnold con un gesto risueño.

Helga cruzo sus brazos intentando en verse como que no le importaba. "Ummm, no... está bien, te puedes dormir en el suelo."

Helga se metió adentro del armario para cambiarse a un pantalón para dormir. "Como me veo?...Mejor?" pregunto ella, modelando el pantalón para Arnold.

"Mucho mejor Helga."

"Pensé que dirías eso, Romeo. Ten, puedes utilizar esta almohada o prefieres una grande?"

"Con la almohada chica tengo Helga."

Helga se salió del cuarto para cepillarse los dientes mirando que el cuarto de Olga estaba cerrado. Que bueno que no me tope con Ángel. Pensó ella regresando rápidamente a su habitación sin poder creer que Arnold estaría durmiendo con ella esa noche. Cuantas noches me la pase escribiendo poemas de amor para el secreto más grande que tenía mi corazón. Cuantas noches me la pase adorando mi Dios de amor. Y hoy...mi Arnold adorado, vio su altar... Helga puso su mano sobre su corazón. Cielos...todavía no puedo creerlo, Arnold estaba parado enfrente de mi altar...hace unos meses yo me hubiera desaparecido en tan solo saber que él lo miraría. Y hoy...fui testigo de la revelación de mi adoración hacia él. Criminal! Porque fui tan bruta en dejarlo entrar al armario. Pensaba Helga parada enfrente de la puerta de su recámara.

En el momento que Helga entro a su habitación miro a Arnold acostado en el suelo debajo de las cobijas utilizando la almohada chica que ella le había dado.

Helga apago el foco del cuarto y se acostó en su cama para dormir. Ella intentaba en cerrar los ojos pero las ansias de saber que Arnold estaba con ella no la dejaban.

"Me siento...extraña."

"No eres extraña Helga."

"Yo no hablo sobre eso Arnoldo. Yo hablo sobre el hecho que tu estas conmigo, en mi cuarto, a...escondidas."

"No es la primera vez que pasamos la noche juntos Helga."

"Si pero...es la primera vez que pasamanos la noche juntos en mi, cuarto."

Arnold tenia los ojos cerrados quedándose dormido.

"Arnold?" murmuro Helga.

"Si Helga."

"Podríamos hacer...cositas." Comentó ella con su voz suave.

Arnold abrió sus ojos grandes pensando en lo que ella le propuso.

"Helga. No hablas en serio verdad."

"Pues...si hablara en serio que pasaría."

Arnold suspiro. "Ya duérmete princesa, ya es noche y mañana tenemos un largo día."

Helga se levanto de su cama y camino hacia el tendido de Arnold y se acomodo a su lado abajo de las cobijas.

"Hel-ga. ¿Qué haces?" Arnold miraba a su novia acomodando su rostro sobre su pecho y enrollando su pierna sobre la de el.

"Me estoy acomodando Arnold. ¿Hay algo malo en eso?"

"No...solamente que...que pasaría si Olga entra y..."

"No creo que yo estando acostada a tu lado haga mucha diferencia de la realidad que tu estas en mi cuarto a escondidas. Pero...si no me quieres contigo entonces me puedo..."

"No! Yo no digo eso Helga, me gusta que duermas sobre mi pecho...me fascina en realidad." Helga movía su pierna lentamente sobre la pierna de él, acariciando su chamorro.

"Arnold...puedes dormir aunque te esté sobando tu pierna, no te...distraigo?"

"Un poco, pero puedes hacerme lo que quieras amor. Tu descansa." Arnold le acariciaba el pelo a ella mientras la sostenía en su brazo.

"Te puedo pedir algo?"

"Lo que sea Helga."

"Me puedes, cantar aquella canción que me cantaste por el celular aquella noche."

"Te refieres a la canción, tu eres mi sol?"

"Si, esa."

"Claro Helga." Arnold miro como Helga cerro sus ojos lista para escuchar la voz de su amado cantar para ella.

"Tu eres mi sol...mi único sol.

Me das tu brillo...aunque este gris.

Tu nunca sabrás, que tanto te...amo.

Por favor, no alejen mi sol...

Tu eres mi sol, mi único sol.

Me das tu amor...incondicional.

Tu nunca sabrás...que tanto te amo...

Por favor, no alejen..." Arnold cantaba sobándole la cabeza a Helga, sintiendo la cicatriz del accidente. "...no alejen, mi sol."

Arnold POV

Miraba a mi encantadora Helga dormida sobre mi brazo con su rostro en mi pecho, y yo no dejaba de suspirar. Podía sentir como ella inhalaba con cada respirar que daba, sintiendo su acogedor calor que llenaba mi corazón hasta no poder más. Le cantaba su canción favorita una y otra vez, mirando como su rostro se relajaba cada vez más con mi voz. Yo me sentía tan afortunado en tener a Helga Pataki como mi novia. Siento que, tuve que pasar por, todo, para ganarme el lugar que tengo en su corazón. Helga siempre me a amado, pero en ganarme su confianza para poder decirme todo lo que siente es, mi triunfo más grande. Le sobaba su cabeza mientras dormía, podía sentir la cicatriz recordándome que por poco y la había perdido para siempre. Cada momento con ella era un milagro en mi vida. Mi hermosa Helga...el tesoro más grande, de mi corazón.*

Después de unos minutos Helga se quedó sumamente dormida en los brazos de Arnold. Con cuidado la abrazó, cargándola como lo más valioso en su vida, con cuidado la acostó en su cama, y la tapo.

Que bella es mi novia. Pensó Arnold, dándole un beso más sobre la frente y regresando a su tendido se durmió.

Las sombras del temor perseguían a Arnold, mientras el corría entre las calles buscando a Helga.

"Helga! ¡En donde estas!" Gritaba Arnold. Él sabía que ella estaba en peligro y sabía, que estaba corto en tiempo.

Un ruido alarmante de un auto chocando lo espanto. Su respiración se agitó. Sentía las piernas pesadas de correr sin poder avanzar. Llego a otro callejón sin salidas sabiendo que estaba perdiendo a Helga para siempre.

"Helga! ¡Por Dios en donde estas!" Gritaba Arnold.

De pronto, la imagen oscura de una persona se iba acercado hacia el, cambiando lentamente, transfigurándose en una mujer.

"Arnold, hijo." Lo alertó su Madre.

Los ojos verdes de Arnold brillaban con la imagen de su Madre ante él.

"Mamá!" Exclamó Arnold corriendo a donde estaba ella y abrazándola.

"Mamá. ¡Todo este tiempo sin saber nada de ti! Como te he necesitado Mamá." Decía Arnold abrazándola con lágrimas en sus mejillas.

"Hijo. Helga te necesita."

"Pero necesito saber que te sucedió!" Preguntó Arnold en desesperación.

La mujer de pelo corto pasó su mano por el pelo de su hijo. Dándole una tranquilidad que él nunca se imaginó en sentir. "Todo lo bueno llega a su momento y tu solo, contestaras todas tus preguntas algún día. Por ahora ella es la que te necesita, ve... ayúdala."

"Pero no se en donde está Helga mamá!"

"Ve por aquel camino y la encontrarás. Corre, y sálvala."

Arnold dio pasos a tras mirando la imagen de su madre desvanecer, y limpiando sus lágrimas se fue por el camino que ella le mostró.

"Helga! ¡Por Dios!" Gritó Arnold mirando el auto volteado con humo negro tóxico saliendo por todas partes.

"Arnold...déjame...sálvate." Decía Helga con sus ojos rojos.

"No Helga! ¡No te dejare!" Arnold la seguía jalando de sus brazos buscando la manera en liberarla del auto y no podía.

"Déjame...sálvate." Rogaba Helga con su voz débil sin poder respirar.

El humo negro sofocaba los pulmones de Arnold, agotando sus fuerzas, pero él no abandonaba a Helga.

"NOOO...Helga. ¡Nunca te dejare!"

El humo negro consumió a Arnold y con una explosión fuerte, se despertó.

"Ahhhhhh..." Se enderezo el rubio sofocado, intentando en respirar, sintiendo su camiseta blanca húmeda del sudor frío que tenía por todo su cuerpo. Miro alrededor de la habitación, recordando que estaba en el cuarto de Helga. Agarro su celular y miro la hora 3:30am.

Confundido por la pesadilla se levantó de inmediato para ver a Helga. Tenía que mirarla respirar para saber que estaba bien. "Fue un sueño." Se murmuro él. Pasando su mano por su húmedo pelo. "Cielos...solo fue un sueño, se sintió tan real."

Arnold presionó su mano sobre su pecho sintiendo los latidos fuertes de su corazón. Todavía sentía la desesperación y el miedo de aquella noche, de perder a Helga, como perdió a sus padres.

Arnold miraba el tendido en el suelo y la miraba a Helga. Sabiendo que no iba a poder dormir por la pesadilla que tuvo decidió algo. Con cuidado se subió arriba de la cama y se acostó sobre las cobijas, sintiéndose más seguro de dormir junto a ella. El escuchar sus suaves ronquidos le daban serenidad . Lentamente sin querer despertarla, el puso su brazo sobre ella y la abrazo. Poco a poco sus ojos se fueron cerrando, oliendo el dulce pelo de ella sobre el rostro de él, hasta que el cansancio lo domino.

Al siguiente día en la mañana muy temprano Helga abrió sus ojos mirando el brazo de alguien sobre su cuerpo. Se volteó mirando a Arnold profundamente dormido alado de ella. En ese momento ella no entendió como se pudo quedar dormida en sus brazos estando en el suelo y terminar en la cama abrazada por el.

Se ven tan tierno dormido con mi pelo en su rostro. Pensó ella y agarrando su celular le tomó una foto a Arnold dormido. Lo despierto o'...lo dejo dormir, no, creo que sería mejor en despertarlo. Aunque...esto parece un hermoso sueño vuelto realidad.

Helga pego sus labios a lados de él y lo despertó con un beso.

"Helga." Dijo Arnold abriendo sus ojos.

"Dime come fue que nos dormidos en el suelo y terminamos aquí? Pasó algo que yo no me acuerde Arnoldo?"

"Te quedaste dormida y te acosté en tu cama apaga que estuvieras más cómoda."

"Eso no explica cómo amaneciste en mi cama Arnoldo."

"Anoche tuve un...mal sueño y, tenía que estar alado tuyo."

"Te dio miedo en dormir solo? Que soñaste con fantasmas."

"No fue una pesadilla de fantasmas sino de...mejor no te digo."

"Claro que tienes que decirme cabeza de balón."

"Mejor...vamos a levantarnos y, qué tal si desayunamos en la cafetería de las donas. Ahí podemos platicar más gusto. Siento que tu hermana abrirá la ojera de tu recámara en cualquier momento."

Arnold se levantó de la cama y se puso sus tenis.

"Pues tu ya estás cambiado." Comento Helga mirando a Arnold con sus jeans y camiseta blanca. Arnold se había cambiado antes de llegar a la casa de Helga para no tener que llevar ropa extra.

El cuarto tenía una pequeña lámpara de noche prendida y la luz del día ya estaba eliminando el cuarto.

De pronto la manija de la puerta se movió. "Shhh." Arnold le hizo señas a Helga que no hiciera ruido mientras el de escondía atrás de la puerta. Helga se acosto fingiendo en estar dormida mientras la puerta se abrió un poco.

Arnold pensó que era Olga la que se asomaba con el asombro que era Ángel.

Arnold apretaba sus dientes en coraje mirando a Ángel espiar unos segundos a Helga, que le parecieron eternos para él. Si te atreves en ponerle una mano enzima te romperé la mano! Pensó Arnold con coraje.

La puerta se volvió a cerrar. Arnold se recargó sobre la puerta mirando el rostro espantado de Helga. De nuevo la manija se volvió a voltear como queriendo volver abrir la puerta, pero esta vez Arnold apoyo su peso sobre la puerta empujándola con toda su fuerza, para que Ángel no pudiera abrirla. La manija se movía pero la puerta no se abría. A los segundos la manija dejo de moverse y se escucharon pasos alejándose del cuarto.

"Criminal que vamos a hacer." Murmuro Helga preocupada.

"Vámonos amor. Cámbiate rápido en el armario mientras yo vigilo la puerta y bajaremos por la ventana." Sugirió Arnold.

Helga se cambio rápido poniéndose un pantalón de mezclilla, una camiseta negra de tirantes y un suéter rosa, con sus botines marrones.

Los dos rubios se bajaron por las escaleras de emergencia de la ventana y se fueron caminando para la cafetería de donas.

"Le mandaré un mensaje a Phoebe para que no me espere en la parada del autobús. Luego si no me ve empezará a preocuparse, me recuerda alguien ..." Dijo Helga mirando a Arnold, esperando a que él dijera alguien.

Arnold caminaba en silencio pensando.

"Todo bien?" Preguntó Helga.

Arnold pasaba saliva pensando en cómo decirlo. "Helga...tienes que hablar con tu hermana hoy sobre ese idiota, y...tenemos que pasar a la tienda después de escuela para comprar un candado para tu puerta. No quiero que pases ni una noche más, sin tener un candado en tu puerta."

"Tienes razón Arnold. Lo qué pasó hoy en la mañana fue...concertante."

"Fue inaceptable Helga! Tenía ganas de agarrar a ese imbecile del cuello y..."

"Calma Arnoldo, tú no te expresas así."

"Como quieres que me exprese después de lo que mire Helga! Llámale a tu papá y dile que está pasando!"

"No puedo Arnoldo."

"Porque no?" Preguntó Arnold concertado.

"Es que...Olga y yo tenemos un trato y..."

"Trato?"

"Si Arnoldo...estuve hablando con mi hermana y...ella no se quiere meter en problemas si Bob se entera que Ángel estuvo en la casa sin permiso de él."

"Helga! No sabemos nada sobre Ángel! Tu papá tiene que saber!"

"Hablaré con Olga hoy por la noche y le dire todo."

Llegando a la cafetería Helga y Arnold ordenaron sus donas.

"Yo quiero...tres donas de chocolate con sprinkles de colores arriba y un chocolate caliente." Dijo Helga.

"Tres donas Helga?"

"Yo como cabeza de balón ya deberías de conocer eso de mi."

"Uhg...yo quiero dos donas de fresa...no espere, cancele las de fresa mejor quiero de vainilla y una de azúcar, con un café de canela."

El cajero dijo cuánto era por la orden.

"Vas a invitar a tu novia Romeo?" Comento Helga agarrando las donas y bebidas.

Arnold sacó su cartera. "Ya deberías de conocer eso de mi Helga."

Los dos se sentaron a comer, en unas mesitas que estaban afuera rodeadas de macetas grandes con flores de decoración. El calor rico de la mañana le daba mejor sabor al desayuno.

"Y porque no ordenaste las donas de fresa?" Preguntó Helga.

Arnold le dio un trago a su café y la miró "Mmm...porque, se de tu alergia."

"Si pero esa es mi alergia no la tuya Arnoldo."

"Yo se amor pero..."

"Entonces?" Preguntó Helga molesta interrumpiéndolo "No quiero que te limites a probas postres con fresas si te gustan tanto. Yo no quiero ser la razón para que cambies tus hábitos de comer lo que quieras Arnoldo!"

"No es eso Helga."

"Hubieras comprado las donas de fresa si tanto..."

"Helga." Arnold se acercó a ella y la abrazó fuerte dándole un beso suave seductor en su boca, los labios calientes de Arnold probaban el sabor de chocolate en la boca de ella, saboreando el dulce sabor de Helga con el dulce del cocoa.

Helga se soltó en los brazos de él dejándose probar por sus labios de amor. Al final del beso largo, Arnold le dio un beso suave sobre su nariz.

"No ordené las donas de fresa para poder besarte princesa." Dijo soltándola para que ella continuará comiendo sus donas. Helga se quedó desorientada por el beso largo repentino que le dio Arnold, quedándose con sus ojitos azules brillando de amor por el.

"En ese caso...que bueno que no ordenaste donas con fresa cabeza de balón."

Arnold sonrió mirando a su novia chapeada por el beso. "Sabía que lo entenderías Helga."


Notas de autor:

Nadie puede calmar a Helga como Arnold. Especialmente cuando es con un beso dulce.

Qué tal el altar? Ja ja yo me sentía avergonzada escribiéndolo sólo puedo imaginarme como se sentía Helga con Arnold estando ahí con ella. ️️

Se me olvido que no habia bajado este capitulo en mi cuenta de

Bajare los demas capitulos muy pronto, ya estan hechos.

Hasta la próxima.

Y gracias por su gran apoyo con mi historia.

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