"Olga no me dejes sola!" Decía una niña rubia en lágrimas.

"Tengo que irme hermanita, no puedo dejar ir esta oportunidad. Aparte no estarás sola, mami y papi se quedarán contigo."

"Pero...pero..." La niña rubia pasaba saliva sin poder hablar.

"Todo saldrá bien hermanita. Estaré fuera unas semanas y regresaré a visitarlos a ustedes muy pronto. No llores." Olga limpio las lágrimas de su hermanita y continuó empacando en su maleta.

En un instante el cuarto iluminado lleno de alegría se oscureció y una sensación fría de miedo invadió el cuerpo de Olga. Ella de inmediato volteó a mirar a su hermanita dándose cuenta que ella ya no estaba en la habitación.

Olga salió de la recámara buscándola desesperadamente, recorriendo la oscura casa sin poder encontrarla.

Los ojos de Olga se abrieron en pánico cuando observo a una niña de pelo largo rubio parada en la puerta de la casa con su pequeña mano en la manija.

"Helga?" Preguntó Olga mirando la espalda de la pequeña rubia.

La niña se volteó, y mirando a su hermana mayor con sus ojos azules vacíos de alegría le gritó. "Vete Olga!...Para cuando regreses ya no tendrás hermana. ¡Más que el recuerdo de una niña que lloró por ti esa noche!"

Olga abrió sus ojos espantada en horror en su cama. "Aaaaahh...estoy, en mi cuarto." Dijo Olga, desorientada por el sueño. "Hermanita." Se levantó rápidamente de la cama y corrió hacia el cuarto de su hermana, encontrando la habitación vacía. "Ya se fue a la escuela. ¿Que hora será?" Un ruido de televisión prendida en el primer piso captó su atención y ella bajo para ver quien estaba en la sala.

"Ángel. Miraste a mi hermanita salir de la casa?" Le Preguntó Olga a su novio sentado en el sofá.

"No."

"Pero no está en su cuarto." Comento Olga.

"Tal vez se escapó en la madrugada o ahorita en la mañana." Comento Ángel con su atención en la televisión.

"Porque lo dices?"

"Solo digo. Tu hermana llega tarde a la casa todo el tiempo. Luego actúa molesta como que no quiere estar aquí, y de seguro hoy en la mañana se escapó por la ventana."

"Pero qué tal si no pasó la noche aquí." Dijo Olga preocupada.

"Si la pasó."

"Como sabes?" Preguntó Olga acercándose a su novio en el sillón.

"No sé. Supongo que la pasó aquí. Llámale a su celular y pregúntale en donde está."

Olga corrió a su cuarto y agarró su teléfono para marcarle a Helga. Pero miró la hora 9:00am y cambio de idea. "Lo más seguro es que no me contestara si le marcó, las clases ya iniciaron. Le mandaré un mensaje."

En la escuela, entre clases durante el día, Helga le mando mensajes a su hermana diciéndole que estaba bien y que necesitaba hablar con ella por la noche.

"Como va todo Helga?" Le pregunto Phoebe durante la hora de lonche en la cafetería de la escuela.

"Las cosas no van bien en mi casa Phoebe. Me gustaría quedarme a dormir contigo por uno o dos días si se pudiera."

"Claro Helga le diré a mis padres. ¿Pero has hablado con tu hermana?"

"Hablamos un poco estas últimas dos noches pero...todavía queda mucho por hablar. Para empezar con ese disque novio que tiene. Yo creo que él miente a morir."

"Porque?"Preguntó Phoebe.

"El miente y es un pervertido. Anoche y hoy temprano por la mañana se metió a mi cuarto dos veces sin tocar. Lo bueno fue que Arnold pasó la noche conmigo y detuvo la puerta para que Ángel no la siguiera abriendo."

"Arnold estuvo contigo!?"

"Si, déjame te explico qué pasó ayer cuando llegue a mi casa..."

Mientras Helga le platicaba a Phoebe, Arnold estaba con sus amigos sentado, escuchando a sus compañeros hablar sobre el partido de juego de la noche anterior.

"La única razón que llegamos al nivel veinte fue por mí y Sid." Dijo Gerald levantando su mentón en orgullo.

"No es cierto Gerald, yo y Raúl los cubríamos a ustedes." Comento Josh.

"También yo ayude." Agregó Harold.

"Miren solamente porque Sid no tiene este lonche, pero si el estuviera a qui él me apoyaría. Ustedes no sabían cómo encontrar la puerta secreta, si no hubiera sido porque Sid y yo desciframos el código ya los hubieran matado a todos."

Mientras sus amigos discutían sobre el juego de computadora, Arnold miraba en el internet de su celular diferentes chapas de seguridad. "Que tanta vez viejo?" Preguntó Gerald.

"Le ayudaré a Helga en poner un candado en su puerta. El novio que Olga llevo a la casa no me agrada en absoluto...hoy por la mañana lo mire espiando a mi Helga en su recámara. ¡Por poco y le parto la cara!" dijo Arnold con su voz firme, mostrando furia en su rostro.

Todos los compañeros de la mesa se quedaron callados cuando escucharon a Arnold decir. ¡Por poco y le parto la cara!

"Wow que te hicieron Arnold?" Preguntó Josh.

"Nada." Respondió Arnold.

"No lo creo camarada, para que tú te refieras a alguien de esa manera es porque...oh no me digas! Alguien se metió con tu chava." Comento Raúl.

"Ya dije que no es nada." Insistió Arnold con su rostro todavía molesto.

"Ya no lo cuestionen, ya saben cómo es Arnold...Pero como lo miraste espiando a Helga? Tú estabas en el cuarto de ella cuando..."

Los amigos se les quedaron viendo intentado en escuchar la plática.

"Después te digo Gerald." Respondió Arnold serio.

"Entiendo viejo...hay muchos oídos en la meza. ¡Par de metiches parecen niñas!" se quejó Gerald mirando a sus compañeros que disimulaban su atención en el tema.

Después de escuela, Helga esperaba a Arnold en el casillero mientras ella acomodaba unos libros. De pronto, un

joven sospechoso se fue a acercando a ella lentamente. Helga tenía toda su atención en las cosas que estaba acomodando, viendo cuáles libros se llevaría a su casa. Sin saber que el joven de sonrisa extraña se acercaba cada vez más a ella.

La respiración agitada del él se escuchaba cada vez más cercas a ella. El no dejaba de mirarla de pies a cabeza, con su respiración acelerada al pensamiento de acercarse más y mas a la joven rubia, hasta detenerse, justo atrás de ella.

Helga levantó su mirada del casillero escuchando los ronquidos de alguien parado atrás de ella. Sintiendo un escalofríos en su cuerpo, Helga se volteándose lentamente. El rostro del joven extraño se acercó mas a ella en ese momento, hasta que la mano pesada de alguien lo jalo a él hacia atrás.

"Brainy! Qué haces aquí?" Le pregunto Arnold con sus cejas arqueadas.

"Uhhhggg..." Brainy miraba a todos lados menos a los ojos de Arnold. "Umm...heeee...nada." Finalmente respondió, intimidado por el gesto molesto del novio de Helga.

Arnold soltó un respiro de fastidio con su mirada seria hacia él. "Helga es mi novia Brainy. Te agradesco lo que hiciste en el pasado para ayudarla pero...no quiero que la estés espiando mas."

El joven de lentes se agarraba las manos en nervios "Uhhggg...si, digo...no, no la...ummm." Con esa corta media respuesta, Brainy se alejó rápido de ahí.

Helga estaba parada con sus brazos cruzados y su mirada en desagrado. "Ya vez lo que he tenido que soportar todos estos años. Brainy es un..."

"No le des importancia Helga. Aparte ya hablé con él, no creo que vuelva a acercarse de esa manera."

"No lo conoces Arnoldo. Brainy es como la abeja que no deja de rodear la..."

Arnold prendió sus labios a los de Helga interrumpiendo la conversación. El beso cálido de él la calmo por completo, soltando todo su cuerpo.

"Ya quería besarte." Le murmuro Arnold con sus labios rosando los de ella.

"Mmmmmmm..." El gesto enamorado de Helga detuvo todos sus pensamientos con una sola imagen de amor que su corazón alumbraba. Helga empezó a recitar su pasión.

"Ohhhh...como cantar la canción de amor puro que fluye desde mi corazón, esparciéndose por mis venas. Como poder apagar el fuego de pasión incontrolable que quema mi cuerpo hirviendo mi ser...Ohh mi Arnold. Mi príncipe de amor. El rey de mis sentimientos. Que tan solo con un beso me atrapas en tus barrotes de aflicción eterno por ti! Nunca podré escapar este deseo amoroso que debilita mi cuerpo. Ohhh Arnold, Arnold." Helga tenía sus manos unidas en romance cuando abrió sus ojos encontrando los ojos verdes sorpresivos de Arnold mirándola.

"Arnold!" Exclamó Helga en pánico con su mano sobre su pecho, dejándose detener por su casillero para no caerse.

"Eeeesssscuchaste...todo?" Preguntó pasmada de nervios.

Arnold se acercó a ella y la apretó en sus brazos "Escuche todo lo que era para mi. Ahora comprendo porque te molestabas cada vez que me encontrabas cercas de ti, cuando te escuchaba hablar sola. Por mucho tiempo pensé que hablabas sobre alguien más o, sobre otra cosa...Me imaginaba todo, menos que te expresabas sobre mi." Arnold la miraba serenamente y dándole un beso en su frente le murmuro. "Tú me haces sentir exactamente lo mismo, mi princesa de corazones."

Helga se quedó callada mirando los ojos suaves de Arnold. "Vámonos amor antes que se haga más tarde." El le agarró la mano. "Tenemos que pasar a comprar el candado y después de ahí, iremos a tu casa."

Helga pasaba saliva de nervios, sintiéndose incómoda por lo que Arnold había escuchado. El Finalmente fue testigo del himno de su corazón y para Helga, eso era inaceptable, y quiso fungir lo sucedido.

"Sabes Arnold. A veces digo cosas sin pensarlo, no creas que estoy loca enamorada por ti, porque no es así. Yo tengo mis límites Arnoldo." Dijo Helga en orgullo.

Arnold le sonrió dulcemente cerrándole un ojo.

"Lo que tú digas Helga."

Después de comprar el candado los jóvenes rubios llegaron a la casa de los papas de Helga, para instalar la chapa en la puerta de la recámara.

"En donde encontraste estas herramientas cabeza de balón?"

"Tú papá me dijo en donde estaban guardadas la vez pasada que pinte tu cuarto."

"Entonces tu y mi papá platicaron mucho?" Preguntó Helga mirando como Arnold ponía la chapa.

"Tu papá me dijo cómo le fue cuando estuvo en el ejército y como miró a muchos buenos soldados perder la vida por la guerra. Tu papá a pasado por mucho Helga."

"Si. No le hago platica sobre eso para no recordarle el pasado."

"Eso es una manera en verlo." Comentó Arnold.

"Cual es la otra manara?" Preguntó Helga.

"Hablarlo. Platicar sobre las heridas del pasado también puede ayudar a sanarlas. Deberías tener mejor comunicación con él."

"Bob no se presta cabeza de balón. El hablo contigo porque eres hombre. A veces pienso que el solamente quería tener barones y cuando miró que tuvo otra niña se llenó de decepción por mi."

"No lo veas así Helga. Aparte tu papá te quiere."

Helga volteo su vista en desacuerdo.

"A su manera, quizás." Dijo ella en pena.

Arnold agarró otro tornillo para poner la chapa mientras decía. "El amor se demuestra de diferentes maneras en cada persona. No puedes esperar que Bob exprese su amor por ti a como tú lo deseas. Si tú amas a tu padre, acéptalo como es él."

"Pero el tampoco me puede tratar como le da su gana! Yo tengo derechos sobre la manera en cómo él me hace sentir. Puede de que lo ame, y si no tengo otra alternativa lo acepto como es él...pero, no tengo porque aguantarlo."

"No se puede vivir con aquellas personas que no pueden sacar lo mejor de nosotros Helga."

"Y...yo sacó lo mejor de ti Arnold?" Preguntó Helga triste, dudando de su actitud hacia el joven que ella amaba.

Arnold la miró afligida y se levantó del suelo. "Tú eres lo más bello que llena mi corazón amor." Arnold la abrazó apretando a Helga en su pecho. "Nunca dudes del valor que tienes en mi vida."

Helga enrolló sus brazos en el torso de Arnold apretando el cuerpo de él, respirando el aroma de perfume que daba su cuerpo. "Te mentí hace rato cabeza de balón."

Arnold la seguía abrazando. "Sobre que Helga?"

"Si estoy...loquita por ti." Confesó ella.

Arnold le beso la cabellera. "No tienes que decirlo Helga, yo lo veo cuando me miras, lo siento cuando me besas. Tú me das algo que...no puedo explicar, tu amor brilla en tu mirada. Y aunque antes me lo escondías, cuando me mirabas en ese segundo de debilidad en ti...lo miraba tan claro como el color azul de tus ojos. Yo sé que...por mucho tiempo fue difícil para ti en aceptar y enfrentar tus sentimientos, pero, ya ves que con el tiempo y mucha paciencia todo se da cuando el amor es verdadero."

"Cuantos años tienes Arnoldo?"

"Helga que pregunta es esa?" Sonrió Arnold diciendo.

"A veces te escuchas muy maduro cabezón con pelos." Comento Helga pasando su mano por el pelo rubio de él.

Arnold sonrió. "Gerald dice que le recuerdo a su papá en ocasiones...Ya está amor. Con esta chapa puedes cerrar la puerta por dentro. Como quiera tienes que hablar con Olga hoy por la noche y decirle todo."

"Lo haré en cuanto llegue."

"Lo prometes?"

"Si Arnoldo lo prometo."

"Qué raro que la casa estaba sola cuando llegamos." Comento Arnold.

"Quizás se fueron de compras."

"Quisas, y que bueno que no le vi la cara a ese imbécil." Dijo Arnold.

"Todavía sientes mucho coraje?"

"Claro que si."

"Ya no pienses en eso cabeza de balón, tu eres positivo y siempre vez lo mejor de todos."

"No siempre Helga."

"Claro que si. Hoy por la noche hablare con mi hermana, hasta entonces..." Helga abrazo a Arnold de nuevo y pego sus labios urgidos de querer probar el sabor de él.

Arnold abrazo a Helga levantándola, dejando que los pies de ella rosaran sobre el suelo. "Ohhh Arnold." Murmuraba Helga con cada beso pasional que prendía en los labios de él. "Helga...eres tan hermosa, tan bella...no dejare que nadie te haga daño mi amor." Decía Arnold con su respiración agitada de sentir los labios intensos de Helga por su boca.

Helga bajo sus labios al cuello de Arnold mientras ella pasaba sus manos por la espalda de el. "Helga como me calientas...creo que lo haces a propósito."

"No." Respondio ella sin dejar de besar las mejillas y el cuello de él.

De rependte como alarma sono el celular de Arnold alarmando a los dos enamorados.

"Cielos Arnoldo quien te habla!?"

"No se amor." Decía Arnold con sus manos apretando el cuerpo de Helga.

Ring...Ring...Ring...Ring...

"Criminal! ¡¿Quien es?!" Helga saco el celular del pantalón de Arnold y contesto la llamada molesta. "Bueno!"

"Que. ¿Quién es?" pregunto Gerald en el celular.

"Diablos porque hablas! Que no ves que interrumpes..."

Arnold le arrebato el celular a Helga de las manos y contesto la llamada.

"Bueno Gerald que paso."

"Oye viejo que tanto hacías con Pataki que esta que me hecho fuego por la bocina."

"No interrumpiste nada Gerald..."

"CLARO QUE SI INTERRUMPIO!" Exclamo Helga furiosa.

Arnold intentaba en escuchar a Gerald por el celular. "Dime que pasa Gerald."

"Te estamos esperando Arnold."

"Esperando en donde?"

"En mi casa viejo. No me digas que se te olvidó."

"Quien está ahí?"

"Sid y Stinky. Solamente te estamos esperando hombre."

"Ah si, ya me acorde. Ahorita llego Gerald. Adiós."

Helga lo miró disgustada sabiendo que Arnold tendría que irse. "No me digas cabeza de balón."

"Tengo que irme Helga."

"Te dije que no me digieras...gggggrrrrrr."

"Helga le prometí a Gerald y a los muchachos que los miraría hoy para un juego de barajas."

"Esta bien. Tanto te quieres ir vete!"

Helga camino a su cama y se sentó con su mirada hacia abajo.

"Helga no me quiero ir y dejarte con esa carita de enojada que tienes. Ándale regálame una sonrisa antes de irme." Dijo Arnold sentándose a lado de ella.

"Olvídalo. Estábamos muy tranquilos y solamente porque Gerald te llamo ya vas de volado a juntarte con la pandilla."

"Cuál pandilla Helga, son Gerald, Sid y Stinky." Helga no le respondió, seguía molesta con su mirando hacia otro lado. "Entonces no me regalas una sonrisa antes de irme?" Helga seguía seria. "Esta bien Helga...ya me voy."

Arnold se levantó de la cama mirándose desanimada.

Diablos no puedo dejar que se valla así. "Arnold espera!" Helga se levantó y lo jalo de la camiseta plantándole un beso sorpresa. Entre el calor y el empujón de Helga los dos se dejaron caer en la cama, con Arnold encima de ella.

En la casa de los papás de Gerald. Sid y Stinky se quejaban con él.

"No que ibas a ordenar pizza?" Preguntó Sid.

"Pásame la plata y la ordenó." Comentó Gerald.

"Porque no ponemos cada uno una parte para pagar por la pizza entre todos."

"Esa es buena idea Stinky." Dijo Sid

"Esperaremos a Arnold y luego ordenaremos la pizza." Sugirió Gerald.

En eso, Gerald escucho a alguien tocar el timbre de su casa, su papá abrió la puerta. "Pásale Arnold. Gerald está en su cuarto con sus amigos." Dijo el papá de Gerald.

"Genial ya llegó Arnold. Ahora si ordenaremos pizza." Comento Gerald.

"Esa fue una buena idea Gerald, de esperar a Arnold. Así el pagará su porción de pizza." Agregó Stinky.

La puerta del cuarto se abrió, revelando a Arnold con su camiseta chueca y su pelo alborotado.

Los tres amigos se le quedaron viendo a Arnold con sus miradas alarmadas de la manera relevante en que se miraba Arnold.

"Que te paso hermano? Te ataco un oso en el camino?" Preguntó Gerald.

"No, de seguro fue una fiera...ja ja ja ja." Se carcajeó Sid.

"No saben de lo que están hablando ." Dijo Arnold.

Stinky se acercó a Arnold y apuntó a una mancha roja en el hombro de Arnold abajo del cuello. "No fue una feria Sid, le pico una avispa y de las grandes mira."

Arnold se enrojeció y acomodó su camiseta para que no le mirara el chupeton que le había dejado Helga.

"Con razón Pataki se molesto cuando te hablé hermano." Dijo Gerald burlándose "Me hubieras dicho que ustedes estaban embarrando el emparedado y te hubiera dicho que mejor vinieras otro día."

"No hacíamos nada Gerald." Comento Arnold con su mano apenada atrás de su cuello.

"El chupete en tu cuello cuenta otra historia viejo."

"De que historia hablan?" Preguntó Stinky.

"Como serás de tonto Stinky" Dijo Sid barajando las cartas.

"Ya siéntate en la mesa Arnold." Dijo Gerald riéndose. "Vamos a ver que tanta suerte traes encima, aparte de los besos de Pataki."

"Párale Gerald." Exclamó Arnold apenado.

"No creo que Arnold traiga suerte esta noche. Mira su cara está todo nervioso." Dijo Sid.

"Estoy bien. Ya vamos a jugar." Comento Arnold sentándose en la mesa para empezar el juego.

"Hey Arnold antes de jugar pon la plata." Comentó Sid.

"A cuento están jugando?" Preguntó Arnold sacando su cartera.

"No...es para la pizza viejo." Respondió Sid.

"No creo que Arnold tenga hambre como dijo Gerald que él y Helga estaban preparando emparedados, de seguro esta lleno.

Gerald y Sid se carcajearon de Stinky.

"Que dije?" Preguntó Stinky confundido.

Más tarde Helga estaba en la sala mirando una película y comiendo cuando llegó Olga con bolsas de mandado en su mano.

"Hola hermanita, recibiste mis mensajes?"

"Si. Lo mire tarde Olga en donde estabas?"

"Fuimos a comprar una cosas y compre un poco de mandado para la casa."

"Eso es bueno." Comento Helga .

"A que hora te fuiste en la mañana Helga. Abrí la puerta de tu recámara y no estabas en tu cuarto."

"Me fui temprano."

Ángel entró a la casa con bolsas de comida en sus manos.

"Nos puedes ayudar hermanita?" Preguntó Olga

Helga se levantó del sillón y agarró unas bolsas de comida y acomodó las cosas en el refrigerador.

"Ya me voy a mi cuarto Olga...y...quería hablar contigo." Comentó Helga cuando Ángel subió al segundo piso a poner unas bolsas en el cuarto de Olga.

"Sobre que Helga?" Preguntó Olga.

"Vamos a mi cuarto y ahí hablaremos."

Las dos hermanas se metieron al cuarto de Helga y cerraron la puerta. Helga prendió una bocina chica que tenía en su cuarto para poner música.

"No crees que la música está un poco fuerte para una platica." Comento Olga.

"Es que...no quiero que Angel escuche nuestra conversación"

"Porque abría él de hacer eso Helga."

"Olga..." Helga se sentó en la cama con sus piernas cruzadas. "...Ángel...no es lo que tú crees."

"No me digas eso hermanita."

"Tienes que saberlo Olga. Hoy por la mañana Ángel abrió mi puerta mientras dormía y...me estaba, espiando, mirándome dormir."

"Eso no puede ser, lo soñaste."

"Como lo pude haber soñado Olga. Estaba despierta cuando pasó, me hice la dormida pero alcancé a mirarlo espiándome por la mañana."

"Ángel no te hubiera espiado de una mala manera. Quizás él escucho algo en tu recámara y...por eso se asomo para ver si todo estaba bien."

"No Olga escúchame, él abrió mi puerta apropósito, como lo hice ayer por la noche."

"Ángel me dijo que te dejo tu vaso de agua sobre el peinador, eso fue todo."

"Pero no tocó antes de entrar Olga."

"Ángel nunca había tocado la puerta de nadie para entrar a un cuarto. El nunca tuvo hermanas para saber que tiene que tocar antes de entrar."

"El debe saber el significado de respetar las casas y cuartos ajenos para tocar. Más aparte, ayer por la noche, me dijo que si yo lo miraría diferente si él no fuera tu prometido. Que crees tú que él quería decir con eso!?"

"El lo dijo porque tú siempre lo miras de una mala manera, como si el fuera el malo de la casa. Quizás por eso dijo que si lo mirarías diferente si no estuviera conmigo."

"El no me lo dijo como tu piensas Olga." Dijo Helga irritándose.

"Claro que si Helga. Porque será que a fuerzas quieres encontrar algo malo con él." Se frustró Olga mirando a su hermana.

"No quiero encontrar! Se ve...lo es!" Aseguró Helga.

"No lo es Helga!" Exclamó Olga molestándose.

"La otra noche también me cerró un ojo y me miraba de una manera extraña, como queriendo insinuar algo."

"Cállate!" Se levantó Olga de la cama diciendo. "Porque no me quieres ver feliz hermana! Será porque tú no eres feliz quieres ver a todos infelices, furioso con la vida como tú!"

"No es así Olga, te digo porque quiero que sepas la verdad de Ángel!" Exclamó Helga.

"Y quien eres tú para saber quien miente!? Como puedo confiar en ti para saber que tú hablas con la verdad!?"

"Soy tu hermana Olga confía en mi! Ángel no te ama, es un..."

"No me digas más! Ya no quiero escucharte Helga! Por eso papi no puede hablar contigo! Eres una negativa sobre todo! Para ti todos están en tu contra...y no importa que tanto uno te quiera nunca estás contenta porque nadie es como tú . Adivina que hermanita...tú eres la mala pensada, negativa de la familia! Quizás por eso mis padres son como son, por haber tenido una hija como tu!" Los ojos de Helga se abrieron con el dolor de las palabras de Olga.

Con los puños cerrados del coraje y su rostro firme Helga se levantó de la cama y abriendo los cajones metió ropa en una mochila grande que tenía.

"A donde vas!?" Preguntó Olga.

Helga no le contestó con su rostro duro del coraje y dolor.

"Helga te estoy hablando."

Helga cargó su mochila de ropa y la de libros y se salió del cuarto.

"Helga! A donde crees que vas!" Le gritó Olga siguiendo a su hermana por el pasillo, bajando las escaleras y caminando con velocidad a la puerta.

"Hermanita!" Gritó Olga mirando a su hermana con la mano sobre la manilla de la puerta para salir a la calle.

Helga estaba de espaldas agitada del ardor que sentía por dentro.

"Ya no tienes hermana!" Le declaro Helga abriendo la puerta en coraje, y con sus ojos rojos en lágrimas se volteó mirando a Olga diciendo. "La perdiste cuando la dejaste llorando aquella noche."


Notas de autor:

El drama del dolor entre hermanas. Este capítulo iba a estar más largo pero decidí en dejarlo hasta aquí. Esta semana soltaré la otra parte.

hasta la proxima.