Capítulo 2. La entrega de diplomas
Harry y Ron se abrieron paso entre medio de una multitud. Era la tarde del 17 de julio, día oficial en que les entregarían sus diplomas de egresados de la escuela Hogwarts de Magia y Hechicería.
-¡Hermione! –gritó Ron, alegre, al verla. Se acercó a ella y se besaron apasionadamente, mientras Harry miraba algo incómodo alrededor en busca de rostros familiares. Cuando por fin, luego de lo que pareció una eternidad, acabó el beso, Hermione se acercó a Harry para saludarlo también con un beso en la mejilla.
-Hola, Harry.
-Hola, Hermione.
-Y, ¿cómo estuvo el internado? –preguntó la chica, mirándolos a ambos.
-Bueno, no era realmente… -pero Harry no pudo terminar la frase, porque Ron rompió a hablar emocionado sobre todo lo que habían hecho y cómo habían participado de la vida de aurores con mucho entusiasmo (en realidad, solo habían tenido esa misión en aquella mansión, y nada más). –Bueno, pues, sí fue muy emocionante, pero es solo el comienzo –añadió Harry-. Solo fue un curso de dos semanas con aplicación práctica. Luego tenemos todo un año por delante de estudios teóricos, y recién en el segundo año de la carrera volveremos a tener aplicaciones prácticas. Era una especie de curso inicial, por así decirlo, más que nada para que sepamos cómo es el día a día de un auror en la vida real antes de internarnos en el aburrido curso teórico.
-Sí, bueno, y hemos tenido un asesinato y todo –añadió Ron, muy emocionado.
-¿Un asesinato? –dijo Hermione, de pronto con mucha preocupación.
-Sí, claro –dijo Ron-. Como te decía, nos enviaron a aquella maléfica mansión que parecía embrujada, donde claramente supe desde el primer momento que había un asesino suelto –para variar, Ron tendía a exagerar las historias-. Y, tal como lo sospeché desde un principio, en cuanto abandonamos la mansión ocurrió. El propietario fue asesinado por el intruso, que claro está era un ladrón que quería hacerse con su fortuna.
-De hecho, eso no lo sabemos –corrigió Harry-. La principal teoría, según el profesor Shacklebolt, es que se trató de un ajuste de…
-Mi teoría es que era un robo –dijo Ron, testarudo.
-¿Profesor Shacklebolt?
-El profesor del curso es un sobrino del ministro –explicó Harry.
-Qué terrible –Hermione seguía preocupada-. Ser auror es una profesión peligrosa… ¿ustedes, ya saben…? ¿Fueron ustedes quienes descubrieron el cuerpo?
-No, fue el Ministerio –dijo Harry-. Ya habíamos regresado y dado el reporte de misión, y entonces el Ministerio decidió enviar a investigar y lo encontraron.
-ATENCIÓN –dijo entonces una voz amplificada por magia-. Están todos invitados a tomar asiento para dar comienzo a la ceremonia.
Harry, Ron y Hermione tomaron asiento. La profesora McGonagall se irguió ante la multitud y todos hicieron silencio.
-Bienvenidos –dijo-. Han llegado aquí a base de esfuerzo y dedicación. Hace siete años, esta nueva etapa en sus vidas tuvo comienzo, y hoy encuentra su fin. Tras largos años de dedicación y estudio, muchachos que han llegado a nuestra escuela sin destrezas o incluso sin conocimiento de la magia, en algunos casos sin conocimiento siquiera del mundo de la magia; son ahora brujas y magos experimentados y habilidosos.
Harry miró a Ron y Hermione y se sonrieron mutuamente, conmocionados por las palabras de la profesora, quien estaba consiguiendo ponerlos sentimentales.
-Han aprendido, tras las paredes de este castillo –señaló al castillo que se alzaba tras ella, al final de los amplios terrenos soleados en esa veraniega tarde de julio-, a hacer amistades, conservarlas y serles leales. Han aprendido mucho más que encantamientos y transformaciones y pociones: han aprendido el valor, la ética y la responsabilidad de ser un mago y una bruja. Han conocido el amor, quizás también el odio, y han resuelto los obstáculos que implican no solo ser una bruja o un mago, sino ser un ser humano.
Hizo un breve instante de silencio, mientras recorría a la multitud de egresados de séptimo año de Hogwarts con la mirada.
-Hemos estado viéndonos las caras siete años. Con algunos más que con otros. Algunos de ustedes, desde luego, no han regresado el año pasado a estudiar, lo que es perfectamente comprensible dada la situación que sufrió nuestro país, y que por suerte ya ha terminado.
Llegado a ese punto del discurso, los ojos de McGonagall se detuvieron específicamente en Harry, y este sintió un nudo en la garganta.
-Sin la valerosa lucha de muchos de ustedes, de los aquí presentes, y de sus familias y amigas, algunos caídos en batalla y que serán eternamente héroes de Hogwarts y del mundo mágico, no estaríamos aquí al pleno rayo del sol en esta hermosa tarde veraniega compartiendo este emotivo momento.
Harry vio por el rabillo del ojo que las lágrimas bañaban los ojos de Hermione. Y no era la única. Muchos de los presentes habían perdido a alguien durante la batalla de Hogwarts que había tenido lugar solo unas semanas atrás.
-Ahora llega el momento de celebrar –continuó la profesora-. De celebrar que terminó la batalla. De celebrar que el mundo mágico ha vuelto a la paz. Y de celebrar que todos, más allá de que hayan cursado o no el último año, han aprendido mucho más con estos eventos que lo que cualquiera de nosotros los profesores de esta casa somos capaces de enseñarles aulas adentro, y por eso todos ustedes son, a partir de este momento, egresados de la Escuela Hogwarts de Magia y Hechicería. ¡Bravo!
Todos empezaron a aplaudir y silvar, conmocionados por el discurso. Los vítores se sintieron entre todos los presentes, que reían y se saludaban entre ellos contentos. Quizás contentos de estar vivos.
-Bien, egresados –cortó entonces McGonagall, y todos retomaron el silencio-. El profesor Flitwick le entregará el título a cada uno a mi llamado. Al mismo tiempo, aquellos que hayan ganado distinciones especiales del colegio las recibirán.
-¿Distinciones especiales? ¿Qué es eso? –preguntó Harry a Hermione.
-Caray, Harry, no puedo creer que te estés recibiendo como egresado de Hogwarts sin jamás haber leído Historia de la Magia. Es tradicional en la ceremonia de egreso de la escuela entregar distinciones especiales al mérito de acuerdo a la decisión de los profesores para siete alumnos. Son siete distinciones distintas: tres medallas, dos trofeos y dos copas. Hay una vitrina en el cuarto piso con los nombres de los ganadores de los últimos años en una placa, ¿jamás la has visto?
-¿Aquella vitrina donde también están los trofeos de Quidditch? –inquirió Ron, que no parecía saber mucho del tema tampoco.
-¡No! Es vergonzoso que no la hayan visto. Claro, para el Quidditch no se pierden detalle.
-Yo sí sabía de esas distinciones –se defendió Ron-. Creo que Percy tuvo una, pero jamás me hubiera atrevido a preguntarle por la placa con su nombre.
-Comencemos –dijo McGonagall-: ¡Abbott, Hannah!
Hannah se incorporó de su asiento, sonriendo, mientas todos aplaudían. Se acerdó al pequeño estrado en frente de los asientos, saludó a los dos profesores que encabezaban la hilera del personal del colegio, todos aplaudiendo, y recibió su diploma de la mano de Flitwick. Harry notó que una periodista de El Profeta que jamás había visto sacaba varias fotografías con una cámara idéntica a la que usara alguna vez Rita Skeeter.
-¡Bones, Susan!
La chica de Hufflepuff fue a buscar su diploma muy alegre, y sonrió a las cámaras mientras lo sostenía en alto.
-¡Boot, Terry! –continuó McGonagall, y los alumnos fueron pasando a medida que los llamaba-. ¡Brocklehurst, Mandy! ¡Bulstrode, Millicent! ¡Finch-Fletchley, Justin! ¡Finnigan, Seamus; medalla de Hogwarts al talento! En este caso, por su talentoso descubrimiento de los distintos usos de la pirotecnia.
Harry aplaudió con fuerza mientras su compañero de Gryffindor se adelantaba sonriente, tomaba su diploma y saludaba a los profesores.
-¡Granger, Hermione! ¡Copa de Hogwarts a la mejor estudiante!
Los vítores y aplausos retumbaron por doquier. Nerviosa pero sonriente, la chica se adelantó mientras los presentes la ovacionaban con decidido mayor ímpetu que al resto. Sin lugar a dudas, no se debía solo a la distinción obtenida: luego de la batalla y de que se corrieran los rumores de todo lo que había ocurrido y de quiénes habían sido los magos con mayor protagonismo en la destrucción de Voldemort, los tres amigos, incluyendo a Hermione, se habían convertido en los magos más famosos de Gran Bretaña y buena parte de Europa y el resto del mundo mágico.
-¿La mejor estudiante? –le murmuró Ron a Harry, sonriente-. Vaya sorpresa. Realmente no me lo esperaba –añadió con sarcasmo.
-¡Longbottom, Neville! ¡Trofeo de Hogwarts al valor y el honor!
Sorprendidos pero encantados, Harry y Ron aplaudieron con ganas, junto con todos los demás, mientras Neville avanzaba rojo de la vergüenza a recibir su premio. Al mismo tiempo, Hermione regresó junto a ellos con su título enrollado en la mano y una copa dorada con el logo de Hogwarts en la otra.
-¡MacDougal, Morag! ¡Malfoy, Draco!
Harry ya había visto a Malfoy entre la multitud, y tuvo una mezcla de emociones al verlo adelantarse para recoger su título. Por un lado, le habían permitido recibirse a pesar de no haber cursado completamente el último año (había estado realizando misiones con los mortífagos), aunque a Harry mismo le habían concedido el mismo privilegio. Pero por otro lado, aunque se hubiera redimido era difícil verlo sin considerarlo un natural enemigo. Jamás habían hablado luego de todo lo ocurrido, y después de todo su último encuentro había sido cuando él y sus dos amigos casi matan a Harry, Ron y Hermione en la Sala Multipropósito.
-¡Moon, Lily! ¡Medalla de Hogwarts al esfuerzo y dedicación!
Todos aplaudieron, mientras la chica se adelantaba a recibir su premio y diploma.
McGonagall continuó: Nott, Parkinson, las gemelas Patil, Perks…
-¡Potter, Harry! –McGonagall quiso comunicar el premio junto a su nombre, como lo había hecho con los demás, pero los gritos y vítores fueron tantos que tuvo que esperar y hacerse oír por sobre el tumulto y el estruendo para anunciarlo-: ¡Copa de Hogwarts al mejor mago!
Harry avanzó entre cientos de vítores, aplausos y gritos de triunfo y cantos de la multitud. Varios gritaban: "¡Potter! ¡Potter!" y otros le daban palmadas mientras avanzaba. Harry saludó al profesor Flitwick y a la profesora McGonagall, y le sonrió a Hagrid y otros profesores que estaban cerca de allí, luego tomó la copa que le pasaba McGonagall con una sonrisa y regresó junto a sus amigos.
-Bien, bien, ¡silencio por favor! –tuvo que pedir McGonagall-. La próxima egresada es, ¡Turpin, Lisa! ¡Medalla de Hogwarts al compañerismo!
-¿Y esa a quién acompañó? –protestó Ron-. ¡Casi ni noté su presencia en siete años!
-¡Cállate, Ron! –lo reprendió Hermione.
-¡Weasley, Ronald! –gritó entonces McGonagall. Ron palideció un poco y empezó a adelantarse, al parecer sin imaginarse que fuera a decir nada más. Pero entonces: -¡Honorable trofeo de Hogwarts al defensor del colegio!
-¿Que qué? –dijo para sí mismo casi sin creérselo, pasmado, mientras todos estallaban en estruendosos aplausos y lo vitoreaban. Harry gritó de emoción y lo aplaudió también, sonriendo de felicidad.
-¿La palabra "honorable" la añadiste tú? –le dijo en un susurro inaudible Slughorn a McGonagall, en la parte de los profesores-. ¿O es parte del nombre de la distinción?
-La añadí yo –le dijo ella en tono divertido, mientras Ron sonreía a las cámaras con su trofeo en alto-. El muchacho aún necesita levantar su autoestima.
Cuando Ron regresó con ellos, McGonagall volvió a hablar a la multitud para nombrar al último estudiante que quedaba: Blaise Zabini, medalla de Hogwarts al mayor imbécil (según Ron), y luego dieron un tiempo libre para que todos saludaran a sus familias y amigos antes de agruparse con los profesores en la pequeña tarima del frente para varias fotos grupales con sus títulos en alto y arrojando al aire sus sombreros de mago y bruja.
Después de esto, la profesora McGonagall hizo otro breve discurso sobre la Batalla de Hogwarts, y pidió un minuto de silencio por los estudiantes de la promoción de séptimo año que habían caído en batalla, como Lavender Brown, que luego de ser atacada por Greyback no había podido recuperarse y había acabado sin vida poco después. Harry trató de no escuchar demasiado aquel discurso, porque no se sentía preparado para revivir todas esas cosas.
Luego de la ceremonia, Harry, Ron y Hermione tuvieron que pasar un largo rato saludando a cantidad de magos y brujas, familiares y amigos de sus compañeros, que querían un autógrafo o consuelo por sus familiares caídos en batalla, o agradecerles por derrotar a Voldemort. Se estaba volviendo una costumbre cada vez que Harry estaba en público que se le acercaran para ese tipo de cosas, y Ron y Hermione se habían convertido también en el centro de atención para esas cosas.
Finalmente, cuando la gente empezó a dispersarse y regresar con los suyos, tuvieron tiempo para charlar y comer algo del banquete que habían preparado al aire libre, mientras el sol caía tras los árboles del bosque prohibido.
-Es increíble que este sea el fin de nuestros años en Hogwarts –dijo Hermione, melancólica, mirando al castillo.
-¿Recuerdan cuando dijimos esto mismo al final de sexto año? –añadió Harry-. Y pensamos que jamás volveríamos, ni que no egresaríamos, ni que…
-¿Ni que fuéramos a sobrevivir un año más? –añadió Ron, y sonrió-. Sí, amigos, es increíble, pero ahora podemos ver esta despedida del castillo con otra perspectiva. ¿No creen?
-Sí, esta vez es una buena despedida –coincidió Hermione, sonriente.
Harry entonces vio la copa que tenía en su mano, llena de hidromiel, y decidió levantarla en brindis.
-Por Hogwarts –dijo, haciendo que sus dos amigos lo imitaran y brindaran con él ante el precioso castillo teñido por la luz del atardecer y el final de lo que habían sido unos años llenos de magia y aventuras en aquel castillo; aunque sin saber que la aventura y la magia no habían terminado aún para los tres amigos.
-Por Hogwarts –dijeron ellos.
