Capítulo 3. Las vidas después

De regreso en casa, esa noche, luego de la entrega de diplomas, Harry se dejó caer en un sofá antes de la llegada de sus amigos. Miró a su alrededor y contempló aquel nuevo lugar al que ahora debía acostumbrarse a llamar "casa": se trataba de una pequeña pero moderna casita construida en madera. Tenía un solo piso, que consistía de un recibidor, una cocina/comedor pequeña, un dormitorio y un baño. A pesar de ser pequeña, estaba muy limpia y ordenada, con todos los muebles, puertas y ventanas nuevos y recién estrenados, y con una modesta decoración basada sobre todo en fotografías mágicas de sus amigos de Hogwarts y algunos cuadros de equipos y jugadores de Quidditch que había adquirido unas semanas antes en el Callejón Diagon para decorar.

Así es, Harry había decidido irse a vivir solo. Luego de terminada la Batalla de Hogwarts, se había dado cuenta de que no tenía donde ir: sus tíos y primo, según un reporte que le llegó del Ministerio de la Magia, estaban todos a salvo y habían vuelto al número 4 de Privet Drive. Desde luego que él no quería volver allí, por más que en su despedida final le hubieran mostrado un atisbo de paternidad por primera vez en la vida. De cualquier forma, no era suficiente cariño como para aparecerse con las valijas en la puerta de la casa y exclamar "¡hola, he vuelto!" sonriente, cuando Voldemort había sido vencido para siempre, él ya no tenía ninguna protección por parte de su madre que justificara el volver cada verano; y ya no había más motivos para pisar el lugar. Así y todo, consideraría volver de visita alguna vez, aunque era una idea que aún no acababa de obtener una forma definitiva en su mente, y además era muy pronto aún para eso. Quizás unos años más adelante, un día…

En todo caso, eso no era más una casa para él. Y, aunque morían de ganas de recibirlo, tampoco podía irse a vivir con los Weasley. Desde luego que se lo habían sugerido y prácticamente se lo habían suplicado, pero desde el comienzo dejó en claro que no lo haría. El motivo era contundente para él: los Weasley habían sido su familia durante toda su adolescencia y años en Hogwarts. La señora Weasley había sido como una madre, el señor Weasley como un padre, y todos los demás como hermanos para él (quizás a excepción de Ginny, que se había vuelto mucho más que eso). Pero el final de la batalla y de los años vividos marcaban para Harry un punto de quiebre: era hora de avanzar hacia su adultez e independencia. Y no era forma de empezar el regresar a la calidez y familiaridad de los Weasley. Por muy tentador que fuera, tenía que construirse una vida propia de forma independiente. Jamás dejaría de ver a los Weasley y de pasar el mayor tiempo posible con ellos, pero se mantendría firme en su decisión de no vivir con ellos.

Finalmente, había otras opciones: podría haberse ido a vivir a su casa en el número 12 de Grimmauld Place. Después de todo, era suya. Además tenía toda una historia referente a Sirius y a la Orden del Fénix que indicaba que era un lugar donde podría vivir rodeado de aquello que había marcado a Harry como un mago: su padrino, su verdadera familia, y la Orden del Fénix. Esta fue la opción que más consideró desde que se diera cuenta que necesitaba un nuevo hogar, y, de hecho, fue la primera opción que intentó:

Los días siguientes a la Batalla de Hogwarts, el mundo mágico estuvo en una etapa de reconstrucción y de alegría y festejos, un poco opacadas quizás por las ceremonias y funerales de los caídos. Se declaró un día nacional de homenaje a los caídos en la batalla, y otro día de festejos por el fin de Voldemort. No se tardó mucho en reestablecer el orden: en solo unos días, lograron apresarse la mayoría de los magos tenebrosos fugados (los aurores estaban determinados a poner fin a cualquier pequeño rastro de oscuridad que pudiera haber dejado Voldemort, y que todo el país estuviera en orden); luego Kingsley Shacklebolt fue nombrado oficialmente nuevo Ministro de la Magia después de que su nombre, entre otros, fueran sometidos a votación; se reconstruyó Hogwarts en tiempo sorprendente, quedando tal como antes, exceptuando que ahora tenía nuevas estatuas y cuadros en homenaje a los caídos y a la Batalla de Hogwarts (para vergüenza de Harry, habían levantado una estatua suya).

Durante esos días de restitución y de homenajes y celebración simultánea, Harry estuvo viviendo en Hogwarts, igual que algunos estudiantes (la mayoría, sin embargo, habían regresado a sus casas con sus familias luego de presenciar los entierros y celebraciones que se hicieron en el castillo). En esos días viviendo en Hogwarts, Harry estuvo con sus amigos, Hermione y los Weasley, y asistiendo a todos esos eventos. Al pasar varios días y entrar en el mes de junio, se finalizaron los eventos y homenajes dentro del castillo, por lo que este fue cerrado para acabar de refaccionarse y llegar a tiempo a septiembre para iniciar un nuevo año escolar. Cuando cerró, los hermanos Weasley regresaron a su casa, Hermione volvió con sus padres, y Harry, luego de agradecer a los Weasley pero negarse a ir con ellos, decidió ir al número 12 de Grimmauld Place.

Una vez allí, Harry decidió que haría de ese su hogar: convocó a Kreacher y le ordenó ayudarlo a limpiar y ordenar, tras lo cual decidió liberarlo.

-Gracias, Kreacher –le dijo ese día, luego de que la casa quedara en limpia y ordenada-. Has sido un elfo fiel. Me has ayudado mucho, nos has cocinado comidas exquisitas y has atrapado magos para nosotros. No puedo más que agradecerte por todo. Pero he estado pensando en que Hermione tiene razón: es hora de que los elfos dejen de ser una raza dominada por los magos. Y no puedo ser parte de esa dominación.

Los ojos de Kreacher se abrieron como platos.

-Li… liberarme dijo, ¿señor?

-Sí, creo que Hermione estará orgullosa de mí –añadió Harry, y se quitó un calcetín-. Has sido un fiel elfo a la familia Black, y sobre todo a mí, Kreacher. Tu amo, Regulus, estaría orgulloso de ti.

Los ojos del elfo se anegaron en lágrimas un instante.

-Ahora quiero que pases el resto de tus días disfrutando la vida. Aprovecha que puedes aparecerte en cualquier sitio, y visita playas, recorre el mundo… -tuvo que contener una risa, por la cara que puso el elfo ante aquello-. O haz lo que sea que te haga feliz. Pero ya no tienes que servirme a mí.

Entonces Harry le pasó el calcetín, que Kreacher tomó en sus manos. No pareció aterrarse ante la idea de la libertad, como Harry pensó que quizás haría.

-El amo… me ha liberado –dijo entonces. Harry contuvo la respiración, pensando en qué haría el elfo a continuación. ¿Se golpearía? ¿Le pediría por favor que deshiciera lo hecho? Pero su actitud lo tomó por sorpresa: una sonrisa se dibujó en la vieja cara del elfo.

-Gracias, amo Potter –dijo-. Jamás pensé que un amo fuera a liberarme algún día. Usted es el mejor amo que haya tenido Kreacher. Visitaré tantas playas y lugares como sea posible, y disfrutaré la vida.

Y entonces se desvaneció.

Harry quedó impresionado. Jamás hubiera imaginado que Kreacher, el elfo más sometido y leal a la familia de magos a la que obedecía, hubiera estado anhelando en secreto ser libre, recorrer el mundo y disfrutar la vida… aquello era un descubrimiento que verdaderamente cambiaba todo respecto a los elfos. Hermione siempre había tenido razón. Entonces fue que tuvo una idea: escribir un artículo sobre la experiencia que había tenido con Kreacher, y publicarlo en El Profeta. Una de las ventajas de ser Harry Potter es que no sería difícil publicarlo.

Además de hacer eso, claro, tuvo un nuevo trabajo esos días: limpiar y cocinar por su cuenta, el gran lado negativo de haber liberado a Kreacher.

Fue divertido y al mismo tiempo agotador: Harry hizo un paseo de compras por el Callejón Diagon, que no estaba lejos de allí (las ventajas de vivir en Londres) y volvió con un equipo de sonido mágico con el cual llenó Grimmauld Place con las notas de Las Brujas de McBeth, mientras revolvía viejos libros que había en la casa hasta dar con lo que buscaba: un libro de cocina mágica.

Le experiencia realmente fue entretenida: Harry agitaba su varita ante una olla, siguiendo las instrucciones, y en vez de salir aceite de ella salía un chorro de agua hirviendo y le quemaba el brazo. Luego intentaba que la salsa se revolviera mediante magia, y en vez de eso la sartén salía despedida contra la pared opuesta, llenando toda la habitación de salsa.

Luego de varios días de práctica, consiguió preparar unos tallarines con tuco. Fue todo un logro. Gracias a eso, ya no fue necesario ordenar pizzas muggle como había venido haciendo los primeros días, lo cual era muy difícil: primero, tenía que conseguir dinero muggle, lo cual ya era bastante complicado; luego, tenía que ordenarla desde un teléfono muggle; finalmente, tenía que salir a la calle (ya que no podía decirle a la pizzería que su domicilio era el número 12 de Grimmauld Place) y esperar el pedido ante la casa de un vecino que estaba de vacaciones, y por ende no había nadie en su casa.

De esa forma, Harry pasó esos días en Londres aprendiendo a vivir solo, de forma independiente. Fue visitado por Ginny y sus amigos en dos ocasiones, en que los invitó a quedarse un par de días. Pero luego, al llegar a fines de junio, empezó a sentir que aquella casa no sería lo ideal para él.

Era cómodo vivir en Londres, tener acceso a lugares como el Callejón Diagon, y vivir en una gran casa que había heredado de su padrino. Sin embargo, la soledad era dura. Verse con Ginny no era tan simple, ya que el Ministerio aún no le había habilitado la red flu en la casa (era un trámite para el cual debían hacer una inspección, papelerío, y se demoraba varios meses), y aún no había conseguido deshacer todos los encantamientos de seguridad, por lo que aparecerse tampoco era una opción. Claro que sus amigos podían aparecerse frente a la casa y luego ingresar, pero aun así los encantamientos de protección lo hacían bastante complicado.

Por otro lado, al vivir en una casa tan grande, ya sin Kreacher, Harry descubrió que su sensación de soledad no hacía más que aumentar. Pronto empezó a desear escribir a los Weasley y decirles que había cambiado de opinión y sí quería vivir con ellos. Pero se contuvo y trató de pensar en otro plan.

Mientras tanto, claro, tenía que preocuparse por la inscripción a sus estudios superiores para volverse un auror. Para eso, con Ron escribieron una carta de presentación a la Academia de Aurores de Sheffield (AAS), donde todos los magos de Londres que aspiraran a ser aurores debían asistir para cursar tres años adicionales tras Hogwarts; y no tardaron en ser aceptados. Al ser Harry Potter y Ron Weasley, reconocidos ya en todo Inglaterra por haber formado el papel principal en el derrocamiento de Voldemort, ni siquiera tuvieron que hacer el examen de ingreso a la carrera, les permitieron ingresar de forma directa y les escribieron una carta notificándoles que deberían pasar dos semanas de una inducción a la vida del auror durante julio junto con un profesor y otros compañeros ingresantes.

Pero como ese trámite solo consistió en escribir un par de cartas, Harry tampoco estuvo muy atareado con ello, y pronto volvió a sentir la soledad y el vació que le producía esos días la casa de su padrino.

Y entonces fue que decidió que debería hacer un cambio.

Según le habían informado de la AAS, en la Academia no poserían un hogar donde vivir, como ocurría en Hogwarts, sino que se trataba de clases de sol horas de duración, y que solo se cursaba veces a la semana, dependiendo el curso. El resto del tiempo, los estudiantes hacían su propia vida. De hecho, la idea era que al mismo tiempo los magos tuvieran otros trabajos e hicieran su vida. Ya que Hogwarts en el mundo mágico era más que suficiente para conseguir buenos empleos, y los estudios superiores solo eran necesarios para aspirar a profesiones complejas como las de auror, médico mágico, entre otras. Pero si uno quería mientras tanto trabajar en alguna oficina del Ministerio de la Magia, en tareas administrativas o poco complejas, o en numerosas otras opciones, podía hacerlo.

Por eso fue que Harry decidió abandonar Grimmauld Place y comprarse otra casa. Como a Ginny aún le faltaba cursar un año en Hogwarts, quería estar más cerca de ella. Así que tomó una considerable parte de su oro de Gringotts y se compró una pequeña casita en Hogsmeade. Aquello era una gran decisión por muchos motivos: vivir en un pueblo mágico sería mucho mejor que vivir en Londres. Podría salir de casa y pasear por las calles del pueblo mágico que más había disfrutado recorrer en sus años en Hogwarts. Estaría literalmente al lado de Ginny (quizás eso podía sonar un poco invasivo para su privacidad, pero realmente no era así ya que Ginny no podría visitarlo más que algunos pocos días al año) y no tendría ninguna complicación para cursar sus estudios de auror, ya que la ciudad de Sheffield estaba apartada de cualquier otra locación mágica; así que, más allá de que viviera en Londres, Hogsmeade o Escocia, de cualquier forma tendría que aparecerse allí antes de cada clase, y desaparecerse al finalizar las mismas para regresar a su hogar.

De esta forma, la nueva casita de Harry (que mandó a construir él mismo en un terreno que compró no muy lejos de la calle principal del pueblo, y se la construyeron con magia en sólo una tarde), acogedora y hermosa se convirtió en el mejor hogar que hubiera tenido. Era suya, podía invitar a quien quisiera a visitarlo, salir a pasear por las tardes por el pueblo y sus comercios, y por la noche ir a tomar una cerveza a Las Tres Escobas. Además, varias veces al año estaría llena de estudiantes de Hogwarts paseando por sus calles, lo cual para Harry era algo maravilloso.

Aquella noche, luego de la entrega de diplomas, Harry invitó a Ron, Hermione y Ginny a cenar y celebrar en su casa. Fue una noche llena de alegría y festejos. Luego de la cena, que hizo el mismo Harry con la ayuda de uno de sus libros de cocina (lasagnas con salsa de bulbotubérculo), los cuatro amigos abrieron una caja de cervezas de manteca que Harry había comprado el día anterior en Las Tres Escobas, y se pusieron a beber y charlas emocionados sobre sus futuros después de Hogwarts y lo que haría cada uno de ellos.

-Creo que yo ayudaré a George en Sortilegios Weasley mientras estudio –comentó Ron-. Me mudaré allí con él a vivir también, en el Callejón Diagon. No puede solo con el negocio, y está bastante desanimado desde que… -tragó saliva y quedó con la mirada perdida en el suelo-. Bueno, ya saben –añadió sin más, antes de beber otro sorbo de cerveza de manteca.

-Ven a vivir aquí conmigo –le dijo Harry-. Puedes aparecerte en Sortilegios Weasley cada día, y luego vuelves.

-Gracias, amigo, pero creo que será bueno para nosotros estar juntos, con George. No sé como estará arreglándoselas solo en su casa. Al menos por los próximos meses.

Harry asintió y bebió otro sorbo de cerveza. No podía evitar sentirse en parte culpable por lo de Fred, por más que supiera que no era su culpa. Algo dentro suyo no dejaba de echarle a él la culpa por todas las muertes que había habido.

-¿Y tú que harás, Hermione? –quiso saber Ginny. Harry se dio cuenta de que aún no le había preguntado a su amiga sobre sus planes, pero estaba seguro de que los tenía, conociéndola-. ¿Ya has podido decidir a qué querrás dedicarte? Imagino que harás estudios superiores también. ¿Serás médica? ¿Abogada de leyes mágicas? ¿Ingeniera de industrias mágicas?

-Volveré a Hogwarts para hacer los EXTASIS –dijo ella.

Todos quedaron en silencio y sorprendidos. Menos Ron, que seguramente ya lo sabía.

-¿De qué hablas? –dijo Harry, sin comprender-. ¿Volver a Hogwarts? Pero… pero… Nos perdonaron el último año. Nos egresamos ya. ¡Ya te dieron el título y todo!

-Lo sé –dijo ella-. Pero luego me arrepentí. Es decir, nos perdonaron el último año, pero jamás rendimos los EXTASIS. Los EXTASIS son muy importantes para cualquier profesión que un mago…

-Harry y yo entramos a la carrera de aurores sin haberlos rendido, y sabes que es una de las más exigentes –dijo Ron, que lucía como si ya hubiera tenido esa discusión con ella antes-. Solo aceptan alumnos con "Extraordinario" en sus EXTASIS en la mayoría de las asignaturas, y aun así nos aceptaron, a pesar de que en nuestras cartas de presentación tuvimos que decirles que teníamos el título de egresados de Hogwarts, pero que no teníamos calificación en ningún EXTASIS.

-Eso fue porque son famosos y los conocen –dijo Hermione-. No crean que todos los chicos que optaron por recibirse sin pasar los EXTASIS tendrán futuros brillantes. Yo solo fui la primera en darme cuenta que debía volver para rendirlos, pero de seguro habrá otros.

-McGonagall no explicó las opciones que teníamos –añadió Ginny-. Dijo que podíamos recibirnos sin rendir los EXTASIS ya que todos habíamos demostrado que eramos "Extraordinarios" al haber luchado en la Batalla de Hogwarts, lo cual implicó conocimientos de magia que ni siquiera se aprenden en el colegio. Si bien no tenemos una calificación oficial en los EXTASIS, todos los egresados de Hogwarts este año tenemos en el título una calificación de "Extraordinario" por haber formado parte de la batalla, es casi lo mismo que si hubiéramos obtenido un Extraordinario en cada EXTASIS. No necesitamos rendirlos, McGonagall lo explicó claramente. Por eso aceptaron a Harry y a Ron, no fue porque fueran famosos. De hecho, Seamus me escribió hace poco para contarme que fue aceptado para rendir estudios superiores de abogado de leyes mágicas. Él jamás rindió los EXTASIS. Y tampoco aceptan a cualquiera en esa carrera.

-Pues yo regresaré a cursar el último año –insistió Hermione, testaruda-. Por eso es que luego de la entrega de diplomas, esta tarde, tomé la decisión de regresar ante McGonagall y devolverle el título. Le dije que no lo quiero y se lo regresé, y le confirmé que regresaré en septiembre para cursar el último año.

-Qué bien, al menos eso significa que estaremos juntas –le dijo Ginny con una sonrisa.

-Claro. Será genial cursar el último año contigo –Hermione le sonrió.

-Increíble –se murmuró Harry, más para sí mismo que otra cosa-. Jamás hubiera pensado terminar mis estudios superiores un año antes que ti, Hermione –y soltó una risa.

-No festejaría tan rápido de ser tú, Harry –añadió Hermione-. Recuerda que ingresarás a un nivel de estudios muy superior sin siquiera haber rendido séptimo de Hogwarts, con lo que empezarás con desventaja. Será difícil para ti retomar el ritmo. Y, además, aún no sé qué estudios superiores haré después de Hogwarts. Quizás sean más cortos que el tuyo o pueda adelantar materias, y podríamos terminar al mismo tiempo también.

Nadie dijo nada, y por un momento bebieron sus cervezas en silencio.

-Bien, así que estaremos separados –dijo finalmente Harry-. Tú, Ron, viviendo con George. Ustedes dos viviendo en Hogwarts un último año. Y yo aquí.

-Así parece –dijo Hermione, mirando a Harry con seriedad.

Los cuatro amigos se miraron entre sí, algo nostálgicos. Era difícil concebir aquella realidad. Luego de tantos años y aventuras juntos, Harry, Ron y Hermione estarían un año entero separados, viviendo en lugares distintos, viviendo distintas vidas después.