Capítulo 6. Malfoy's Resort

Los siguientes días del verano transcurrieron con normalidad. Ron y Harry se juntaron en la casa de este para ver uno de los últimos partidos de Inglaterra en la Copa Mundial de Quidditch antes de la final, el cual Inglaterra ganó a último momento con una impresionante captura de snitch de parte del buscador Jack Michael, cuando estaban a solo diez puntos de que una captura de snitch no les garantizara la victoria.

Harry no volvió a ver a Hermione hasta su cumpleaños. La chica pasó todos esos días con su familia, y se reincorporó al grupo de amigos para celebrar los dieciocho años de Harry. En esa oportunidad, Harry hizo el festejo en su nueva casa, a pesar de ser bastante pequeña. El jardín tenía el tamaño suficiente para hacer entrar una larga mesa en la cupieran todos. Asistió casi toda la familia Weasley (menos Bill y Fleur) y Hermione. Harry preparó la cena, lo cual significó para él una prueba de habilidad que demostraría si finalmente era o no bueno en la cocina. El resultado pareció ser aceptable, o al menos nadie escupió ningún bocado. Luego de la cena, comieron la torta de cumpleaños que había preparado y llevado la señora Weasley, que no dejó de darle a Harry consejos de cocina todo el rato.

Ginny empezó a ir regularmente a la casa de Harry, y la relación entre ambos cambió un poco, volviéndose mucho más centrada en lo físico y menos en compartir charlas o largas conversaciones. Harry no pensó que eso tuviera nada de malo. También le confesó a Ron lo que estaba haciendo con su hermana, y pensó que este lo golpearía o algo, pero por suerte no fue así, y lo tomó bastante mejor de lo que imaginaba.

Llegó agosto, y con él la realización de la invitación de Lucius Malfoy. Harry, Hermione y los Weasley caminaron fuera de La Madriguera varios metros hasta un punto en el que el Ministerio, luego de que ellos les solicitaran un permiso para salir al exterior, había habilitado un traslador que los llevaría a Malfoy's Resort, en la isla caribeña de Bahalearis Island.

Se pusieron todos en torno al objeto (una lata de arvejas vacía) y se aferraron a él en el horario indicado por el Ministerio. Entonces, Harry volvió a sentir la sensación de que un gancho lo jalara bajo el ombligo, llevándolo lejos de allí. Pero esta vez, a diferencia de la última, la sensación duro muchísimo más, tanto que pensó que iba a empezar a vomitar en cualquier momento. Y justo cuando eso estuvo por pasar realmente, el suelo se dibujó bajo sus pies, y a los tropiezos aterrizó junto a los demás en un lugar con un intenso sol brillante y olor a agua salada.

-Bienvenidos a Malfoy's Resort –dijo inmediatamente un mago ante ellos, vestido con uniforme y sonriéndoles-. Estábamos esperándolos.

-Qué bueno que hayan recibido nuestra carta –comentó el señor Weasley, tendiéndole la mano al mago-. Arthur Weasley. Ella es mi esposa, Molly; mis hijos Charlie, Percy, George, Ron y Ginny; y sus amigos Hermione y Harry.

Por primera vez en mucho tiempo, un mago desconocido al que le presentaban a Harry no se detuvo mirándolo a él ni a la cicatriz en su frente. Seguramente en aquel país no habían corrido tan intensamente las noticias de Gran Bretaña, o no todos los magos les prestaban atención al ser de un país lejano. El mago no debía tener ni idea de quién era Harry, y esa sensación era hermosa.

Avanzaron a través del complejo, un lujoso hotel con algunos magos turistas descansando junto a piscinas o saunas, haciendo deportes o comiendo en el restaurante, guiados por el mago; hasta llegar a sus habitaciones, que eran grandes y lujosas.

-Gracias por acompañarnos –le dijo el señor Weasley, educadamente. El mago sonrió. –Supongo que querrá una propina… -se puso a buscar en su túnica, pero no pareció encontrar nada.

-Aquí –dijo Harry, sacando un galleon de su monedero y dándoselo al mago, que lo miró con curiosidad.

-¿Qué es? ¿Moneda británica?

-Harry, aquí no usan nuestra moneda –le susurró Ginny a Harry al oído.

-Oh, lo siento –añadió él al mago-. No lo sabía. No cambié mi dinero antes de venir.

-No se preocupen, los magos y brujas de recepción pueden cambiarles su dinero en el momento –dijo él con cordialidad, y se retiró.

-Vaya, pero qué bonitas habitaciones –comentó la señora Weasley-. Veamos, nos dieron cuatro recámaras. La matrimonial será para nosotros dos, y luego hay una triple que puede ser para los muchachos, y dos dobles, otra para los otros muchachos y una para las chicas.

Ginny revoleó los ojos, y Harry adivinó sus pensamientos: quería compartir habitación con él. Pero la chica no dijo nada, y llevó sus cosas hacia la habitación que compartiría con Hermione. Harry y Ron se metieron a una habitación con George, mientras que Percy y Charlie se metieron en otra.

-Increíble, ¿no? –comentó Ron-. Odio el hecho de que esto pertenezca a los Malfoy, pero creo que será genial. Miren, me dieron un mapa del lugar. Hay varios sitios por recorrer en la isla además de la playa. Podemos hacer surf mágico, buceo con cascos-burbuja…

-Genial –dijo Harry.

Ese día estuvieron disfrutando de la playa, fuera del resort, que era extensa y preciosa. De arena blanca y aguas transparentes, varios magos descansaban en la arena y atraían bebidas y comidas con sus varitas hacia ellos desde el complejo. Algunos niños jugaban en la arena construyendo castillos con unas varitas para niños, haciendo que la arena levitara y se compactara. También había gente practicando surf mágico, que era muy parecido al muggle solo que las tablas flotaban centímetros por sobre el agua y podían ser impulsadas a gran velocidad con varitas, atravesando un extremo a otro de la isla por sobre las olas en menos de diez segundos.

-Es muy peligroso –decía la señora Weasley, que tomaba sol con un sombrero enorme y contemplaba a los surfistas, horrorizada-. Si pierden el control de la tabla pueden matarse a esa velocidad.

-No seas exagerada, mamá –dijo Ron-. Yo creo que es genial.

-Pues ni se te ocurra pensar en hacerlo –le dijo ella. La señora Weasley pasó una hoja del periódico que estaba leyendo, recostada tomando sol con su poción de protección solar que le daba un aspecto muy brilloso a su piel.

-Mamá, ¿estás leyendo El Profeta? –preguntó Ginny.

-Claro –dijo ella, pasando otra hoja-. Quiero mantenerme informada sobre lo que pasa en mi país mientras no estoy. ¡Oh, Harry querido! Aquí está tu artículo sobre los elfos domésticos. Veo que tuvo tanto éxito que lo han vuelto a publicar esta semana.

-¿Qué? –dijo Hermione sorprendida, levantando la cabeza del hombro de Ron, donde estaba recostada segundos antes-. ¿Qué es eso?

-¿Qué no les has contado a tus amigos lo que has hecho? –inquirió a Harry la señora Weasley.

-Creo que lo olvidé –admitió él, algo avergonzado. A decir verdad, sí lo había olvidado. Con toda la mudanza y cosas de las que hablar, en sus pocas reuniones con sus amigos no había recordado contarles aquello.

-Harry escribió un hermoso artículo sobre su ex elfo Kreacher –dijo la señora Weasley.

-¿Ex? –preguntó Ron.

-Oh, queridos, déjenme que se los lea –dijo entonces la señora Weasley, y Harry se ruborizó mientras empezaba a leerlo:

Mi sorprendente descubrimiento sobre los elfos domésticos

Por Harry Potter

Este artículo trata sobre los elfos domésticos. Jamás había escrito uno antes, así que disculpen si no lo hago correctamente, pero quería transmitir a tantas personas como sea posible la experiencia que tuve con mi ex elfo doméstico, Kreacher, y todo lo que he aprendido de ella.

Kreacher es un elfo ya algo avanzado en edad, incluso para las largas vidas de los elfos. De acuerdo a información de antiguos libros sobre la familia Black, una tradicional familia de sangre pura a la que perteneció mi padrino Sirius Black, Kreacher ha llevado sirviéndoles más de seiscientos años. Así es, una larga vida de devoción y servidumbre.

Hace unos años, mi amiga Hermione Granger inició una organización de protección de los derechos de los elfos domésticos, P.E.D.D.O. Debo admitir que entonces pensé que no había demasiadas razones para querer luchar por los derechos de los elfos. Si bien he nacido en un entorno de muggles, mis amigos magos me han enseñado que los elfos domésticos llevan siglos sirviendo a las familias de magos con honor y devoción. Como me han explicado, ellos disfrutan de lo que hacen, disfrutan de servir a los magos y son felices así. Por lo que pensé que mi amiga Hermione debía estar exagerando al insinuar que los elfos domésticos necesitaban ser libres.

Yo he tenido la suerte de conocer al mejor elfo doméstico que haya existido, Dobby. Él servía a una familia de magos tenebrosos, por lo que solo tenía sentido para mí sus deseos de desobedecerlos y ser libre, que aunque reprimidos, cuando por fin fueron hechos realidad lo convirtieron en el elfo más feliz del mundo. Lo de Dobby parecía ser un caso aislado entonces, quizás, pensaba yo, producto de que su familia fuera de magos tenebrosos y no de magos decentes. Yo imaginaba que el resto de los elfos debían servir con felicidad a sus amos magos, y gozaban vidas plenas haciéndolo.

Entonces fue que heredé a Kreacher, de mi padrino Sirius Black. El comienzo de mi relación con el elfo no fue fácil: él honraba a sus amos, al linaje Black, y despreciaba a los muggles y a algunos magos. Pero no fue hasta un tiempo después que descubrimos que la fidelidad de Kreacher no era realmente hacia la familia Black. Cuando empezamos a llevarnos bien, Kreacher fue feliz conmigo y mis amigos. Comenzó a cocinarnos, limpiar y servirnos con mucha felicidad y admiración hacia nosotros, más de la que hubiera profesado por nadie más en muchos años. No se trataba de una cuestión ni de familia, ni de sangre. Simplemente quería alguien que lo tratara bien. Y eso fue lo que hicimos nosotros: lo tratamos con respeto y con amistad, con cariño.

Finalmente, he tomado la decisión de liberar a Kreacher. La experiencia con Dobby me dijo que quizás él también disfrutaría ser un elfo libre. Quizás también gozaría de la libertad. O quizás no. Quizás odiaría tanto ser liberado que acabaría llorando y suplicándome que lo dejara regresar a servirme. Pero decidí que debía probar liberarlo, y lo hice.

Lo que pasó fue sorprendente: Kreacher recibió un calcetín de mi mano, lo tomó, y entonces me agradeció. Me dijo que jamás había pensado, en su larga vida, que llegaría un día en que un amo lo liberaría. Me confesó que era feliz de que esto hubiera pasado, y que iba a aprovechar los años de vida que le quedaban para pasear, para recorrer el mundo, para viajar y ser feliz. Cuando se desvaneció en el aire delante de mí, había una sonrisa en su rostro. Lo que vi me conmovió muchísimo: Era la sonrisa de un ser sometido que finalmente era liberado. Era la sonrisa de alguien que ve con ojos soñadores cómo miles de puertas se abren delante de él, cómo una vida nueva aparece en el horizonte. Kreacher empezaría a vivir una vida de verdad, una que sí valiera la pena, después de seiscientos años.

No tengo mucho más que decir. Creo que mi experiencia habla por sí sola. Solo quería compartirla para generar consciencia. Si crees que tu elfo doméstico es feliz y disfruta sirviéndote, deberías pensártelo dos veces. Nadie puede disfrutar de ser un esclavo. Aunque jamás lo admitan, aunque sigan escondiéndose en las sombras otros mil años, los elfos domésticos tienen un corazón hermoso que anhela vivir en libertad.

La señora Weasley terminó de leer al tiempo que Hermione rompía en llantos.

-¿Amor? ¿Estás bien? –preguntó Ron, muy preocupado. Ella hundió el rostro en su hombro y siguió llorando desconsoladamente.

-¡Harry! –protestó Ron-. Mira lo que le hiciste.

-¡Ey, yo no hice nada! –se defendió él.

-Oh, querida, yo también lloré la primera vez que lo leí –admitió la señora Weasley.

-Vaya, Harry, no sabía que se te daba tan bien escribir –Percy asintió con respeto.

-¿Hay algo en lo que no seas bueno? –exclamó Charlie, y Harry ya estaba muerto de vergüenza.

Harry echó una ojeada a George, pensando que se burlaría de él, pero no. George estaba con la mirada perdida en el océano, y no parecía estar prestando atención a la conversación. Harry tragó saliva.

-Excelente, amor –lo felicitó Ginny, dándole unas palmaditas en el hombro-. Un poco cursi, pero está bien.

Harry le sonrió y miró a Hermione, que ya se había calmado un poco pero continuaba derramando lágrimas.

-¡Oh, y si eso les gustó, esperen a ver la portada de Corazón de Bruja! –la señora Weasley rebuscó tras ella en un canasto de playa donde había, entre muchas otras cosas, un puñado de revistas, y sacó una de ellas. Se las pasó para que todos la miraran, y Harry y Ginny intercambiaron una mirada de temor. Cuando finalmente la revista llegó a ellos, Harry leyó el titular de Miranda Plementiff: "El amor después de la guerra". Y debajo, en letra más pequeña: "El héroe del momento, Harry Potter, disfruta de un merecido descanso luego de derrotar al Innombrable una vez más, de la mano con su bella novia en las calles de Hogsmeade".

-Bastante bien –dijo Ginny, aliviada-. Aunque, ¿tenía que salir tan gorda?

-No saliste gorda –le dijo Harry-. ¿Bromeas? Si estás súper delgada.

-¡Mentiroso!

Harry abrió la revista y buscó el artículo. En la página 10, había varias fotografías de ellos dos de la mano en ese breve trayecto de media cuadra que habían hecho en la calle principal en Hogsmeade, lo que indicaba que Miranda sí había tomado otras fotos sin pedirles permiso. El artículo, de no tanta extensión como las fotografías, decía:

Harry Potter, el mago más famoso en Gran Bretaña y por estos días también podría decirse que a nivel mundial, descansa luego de haber derrotado al Innombrable en batalla hace pocas semanas.

¿Qué más podemos decir sobre él? Es sexy, atractivo, musculoso, pelea con los magos más tenebrosos del mundo y, lo más importante, tiene unos increíbles ojazos verdes. ¡Te amamos, Harry!

Y de la mano con él, la suertuda Ginny Weasley, con la que lleva saliendo dos años. La pelirroja, que también goza de un cuerpo y una belleza con la que el resto de los mortales solo podemos soñar, se ve muy contenta junto a su atractivo novio. ¡Felicidades a la pareja del momento!

La reacción de Ginny ante ese artículo fue similar a la de Hermione con el artículo de Harry, solo que en vez de romper en llantos rompió en carcajadas.

-Mamá, ¿por qué compras esta basura de revista?

-No es basura, hija –protestó ella, que se creía cada palabra de la revista siempre al pie de la letra.

-Al menos esta periodista no inventa historias para ganar lectores –admitió Ginny.

-Aunque sí ha exagerado un poco a la hora de describirte, ¿no crees? –dijo Harry a su novia en broma. En seguida notó que había cometido un grave error: Ginny no rio por su chiste, sino que le lanzó una mirada asesina.

-Lo dices porque sí estoy gorda, ¿verdad?

-¿Qué? ¡No! ¡Claro que no! Era solo una broma.

Había cometido un grave error. Ginny pasó la siguiente media hora muy seria y sin dirigirle la palabra. Luego de eso, las cosas volvieron de a poco a la normalidad a medida que el sol bajaba y la playa iba quedando con menos magos. Las olas rompían en el océano y el calor descendía muy lentamente.

Más tarde, Harry, Ginny, Hermione, Ron y George se alejaron del resto caminando por la orilla mientras bebían licuados de frutas. Estuvieron charlando un buen rato mientras recorrían las costas de la isla, y solo regresaron al resort al anochecer, cuando el sol ya casi se ocultaba del todo tras el océano y la noche bañaba la playa.

-No olviden que nos encontraremos para cenar a las nueve –dijo la señora Weasley al cruzarse a los cuatro amigos entrando a sus habitaciones.

-Lo sé, mamá –dijo Ginny.

Harry entró a su habitación con Ron y George y se turnaron para bañarse y cambiarse. Luego se reunieron con los demás para la cena en el restaurant del resort, que consistió de calamares y mariscos. Más tarde, el señor y señora Weasley se retiraron a su habitación a dormir; Charlie, Percy y George se fueron por cuenta propia al sector de saunas y relajación del hotel a hacerse masajes y terapias con piedras mágicas; y Harry, Ron, Hermione y Ginny salieron nuevamente a la playa a caminar en la noche y respirar aire fresco.

-Esto sí que es hermoso, ¿verdad? –decía Ron, abrazando a Hermione por detrás mientras avanzaban lentamente en la arena. Se había levantado un poco de frío, y la arena era oscura en la noche. Harry y Ginny iban de la mano.

-Sí, es genial –coincidió Harry-. Uno casi se olvida de que no es más que una trampa de Malfoy.

-¿Trampa de Malfoy? ¿De qué hablas, Harry? –dijo Ron, sin comprender, mientras le daba un beso a Hermione.

Ginny lanzó una risotada.

-¿Lo ves, Ron? –le dijo, burlona-. Te crees el gran auror, pero olvidaste incluso lo que tú mismo habías dicho. ¿No decías que todo esto de la invitación al hotel era una trampa de Malfoy contra nosotros?

-Ah, sí, eso. Bueno, tampoco puedo estar en alerta todo el día –se defendió él-. ¿Qué problema hay en que olvide mi misión un momento?

-Moody diría: ¡Alerta permanente! –dijo Harry.

-Bueno, es que Hermione lo distrae, él no tiene la culpa –dijo Ginny, y atrajo a Harry hacia sí.

Harry notó que Hermione estaba algo silenciosa, y parecía que le molestara un poco cómo Ron estaba tan encima suyo.

-¿Tus padres ya están bien, verdad? –le preguntó Harry. Los cuatro chicos avanzaron cerca de la orilla del mar, y una fresca ventisca con aroma salado los golpeó en la cara. A su izquierda, había velas encendidas por magos en otros hoteles y complejos turísticos, todos al borde de la playa.

-Sí, ya están bien –dijo Hermione, lanzándole una mirada a Harry-. Gracias por preocuparte.

Siguieron caminando durante un rato más, las dos parejas recorriendo la oscura playa y disfrutando de la hermosa noche veraniega.

Más tarde, de regreso al hotel, Charlie los detuvo en la entrada.

-¡Oigan! A que no adivinarán lo que pasó.

-¿Qué cosa? –preguntó Ron.

-¡George conoció a una chica!

-¿Bromeas?

-¡No! –Charlie estaba muy emocionado-. ¿Entienden lo que esto significa?

-Sí, claro –dijo Harry, contento-. Por la tarde estaba bastante deprimido, ¿no creen?

-Sí, lo estaba –coincidió Charlie, mirando a Harry-. No es que todos no estemos deprimidos aún. Pero a George lo ha afectado especialmente lo ocurrido… Pero ahí estaba, hace un rato, se puso a hablar con una chica por su cuenta en el sauna, terminaron yendo al bar a compartir unas bebidas, y ahora… -dudó un poco antes de continuar-. Bueno, la chica compartía habitación con dos amigas, así que se fueron a la de él.

-La nuestra –corrigió Ron-. ¿Está allí con la chica ahora?

-Pues sí –Charlie se encogió de hombros-. Es fantástico, ¿no creen? Esto es un gran paso para él. Lo ayudará mucho a recomponerse.

-Genial –dijo Ron, asintiendo, mientras Charlie les sonreía por última vez y se alejaba a su habitación, que compartía con Percy, para dormir. –Excepto que mi cepillo de dientes estaba allí.

-Bien, nos quedamos sin dormitorio esta noche –dijo Harry-. ¿Qué hacemos?

-Vengan con nosotras –dijo Ginny inmediatamente. Hermione instantáneamente le lanzó una mirada de advertencia.

-No hay lugar, Ginny –dijo, muy seria-. Son solo dos camas.

-Podemos compartirlas –insistió ella.

-Yo no tengo problema –Ron asintió, mirando a Hermione de reojo.

-De ninguna manera –dijo la chica terminantemente, mirando a Ron con desconfianza-. Lo siento, Ron, pero estoy segura de que Percy y Charlie podrán hacerte un lugar en su habitación.

-Tú duermes conmigo, ¿no, Harry? –dijo Ginny, mirando a su novio con sus bellos ojos café.

-Claro –dijo él, no muy seguro de qué otra cosa decir.

Ginny sonrió, lo tomó de la mano y lo dirigió en dirección a las habitaciones. Harry giró la cabeza para ver cómo Ron le decía algo a Hermione que no alcanzó a escuchar, y ella negaba con la cabeza y lo miraba con el ceño fruncido. Finalmente llegaron a la habitación de las chicas y Harry y Ginny entraron.

-Bien, vamos a acostarnos –dijo Ginny al entrar, quitándose rápidamente la ropa delante de Harry sin ningún reparo, para colocarse el pijama. Algo sorprendido de lo rápido que la chica había perdido la vergüenza ante él, Harry observó sin moverse del lugar. –Es bueno que podamos compartir la habitación, como debería ser. Mamá y papá son tan anticuados que jamás entenderán. Pero he decidido empezar a ignorarlos a partir de ahora.

-Sí, claro –Harry seguía sin saber qué otra cosa decir.

-¿No te cambias? –dijo ella, ya con el pijama puesto, mirando a Harry.

-Oh, claro –Harry miró a su alrededor, algo incómodo-. Tengo todas mis cosas en la otra habitación. El pijama también está allí.

-Pues duerme en ropa interior –dijo ella, encogiéndose de hombros.

Harry asintió con la cabeza y se dio vuelta para que la chica no viera cómo se había ruborizado. Empezó a quitarse la túnica, y justo en ese momento, la puerta se abrió de par en par y entró Hermione.

-Oh, Dios mío –dijo Hermione, dándose vuelta y tapándose los ojos al mismo tiempo, consternada.

Harry volvió a colocarse la túnica otra vez a toda velocidad, avergonzadísimo y experimentando el momento más embarazoso de toda su vida.

-Lo siento –masculló, mientras Hermione cerraba tras ella la puerta y cruzaba a largos pasos la habitación tapándose los ojos con la mano, probablemente deseando estar en cualquier otro sitio.

-No te preocupes –dijo ella, tomando a toda velocidad un bolso que había sobre su cama, metiéndose en el baño y cerrando la puerta tras de sí.

Ginny rompió en carcajadas.

-¡Oye, no te rías! –dijo Harry, furioso. Pero Ginny seguía riendo.

-¡Eso fue genial! –dijo la chica en un susurro, sin poder dejar de reír, con un mínimo esfuerzo para que no la oyera Hermione.

Enfadado, Harry volvió a quitarse la túnica y se metió en la cama con Ginny rápidamente, antes de que Hermione volviera a aparecer allí dentro. Ginny lo tapó con las sábanas y le dio un beso en la mejilla.

-No te enojes, tonto.

Instantes después, Hermione salió del baño con su pijama puesto y se recostó en su cama.

-Más les vale no hacer nada extraño mientras yo estoy aquí –les advirtió la chica, desde la otra cama.

-Podemos lanzar un muffliato si quieres –dijo Ginny en tono de broma.

-¡No! –dijo Hermione, escandalizada-. De ninguna forma.

Entonces la chica apagó las luces con su varita y se hizo silencio. Ginny se giró hacia el otro lado de la cama y tomó las manos de Harry para hacer que la abrazara. Harry obedeció, y la pareja quedó recostada en la cama muy cómodamente. Harry cerró los ojos y empezó a sentir como el cansancio del largo viaje y las caminatas por la playa tenían su efecto en él. Pronto su mente empezó a apagarse y entrar a un profundo sueño en el que Ginny reía de él a carcajadas porque un cangrejo se le había metido dentro del traje de baño, Hermione y Ron discutían a los gritos y la señora Weasley leía un artículo de Corazón de Bruja donde mencionaban que Harry estaba locamente enamorado de Hermione Granger… Y entonces, en medio de sus sueños, hubo un estruendo similar al de una explosión. Todo tembló, y Harry salió volando por los aires.

Abrió los ojos. Estaba oscuro aún. Harry estaba en el suelo de la habitación, en ropa interior, sin su varita y sin sus anteojos.

Se puso de pie. Escuchaba voces. Ginny y Hermione estaban despiertas, y cruzaban la habitación de un lado a otro a gran velocidad.

La puerta del cuarto estaba abierta. Pero todo estaba tan borroso sin sus anteojos que no entendía nada.

Harry se apresuró a tomar su túnica del suelo, junto a la cama, y se la colocó por encima de los hombros justo en el momento en que alguien encendía las velas con su varita.

A los tropiezos, Harry se lanzó sobre la mesita de luz, tomó sus anteojos y se los puso. Pero no encontró la varita.

-¿Qué ha sido eso? –era la voz de Ginny.

-¡Se fue por el pasillo! ¡Voy tras él! –esa era la voz de Hermione.

Harry pestañó varias veces para tratar de despertar y comprender lo que pasaba. Vio que Ginny estaba junto a la puerta de entrada, un poco confundida, como él, y Hermione en cambio corría por el pasillo del hotel a toda velocidad, alejándose de ellos.

Harry, que jamás encontró su varita, salió despedido a toda velocidad tras Hermione.

Las paredes y puertas del hotel pasaban a toda velocidad a su lado, como una imagen borrosa. Algunas puertas se abrían, y magos adormecidos salían de sus cuartos. Harry no entendía nada. Pero corría a toda velocidad tras la cabellera castaña de Hermione, que zigzagueaba a unos metros ante él, mientras la chica corría a toda velocidad a través del sauna, de la entrada del hotel y en la oscuridad de la playa.

La noche los envolvió mientras avanzaban a mil kilómetros por hora por la playa y hacia el mar.

-¡Detente! –se oyó el grito de Hermione. Varios rayos de luz roja salieron de la varita de la bruja, y se reflejaron sobre la superficie de las espejadas aguas del mar antes de desaparecer.

Se oyó un sonido similar a un crack, y Hermione lanzó un grito de cólera y dejó de correr.

Finalmente, Harry llegó a su lado y la tomó del brazo. El corazón le latía a mil por hora.

-¿Qué fue eso? –le preguntó, asustado.

-¡Desapareció! –bramó Hermione, colérica-. ¡Esta debe ser la zona a partir de la cual se puede desaparecer! ¡Maldito!

-Pero, ¿quién era? ¿Qué pasó?

-¡No lo sé, Harry! Desperté al oír que abrían la puerta, y ahí fue que lo vi. Un mago de estatura media, no pude verle el rostro porque estaba oscuro y me pareció que llevaba una máscara.

-¿Una máscara?

-Sí, o eso me pareció. Lo único que hizo fue entrar a la habitación y lanzar una maldición hacia la cama de ustedes dos. Entonces dio la vuelta y se fue corriendo.

-¿Y nada más? –dijo Harry, sorprendido y muy confundido. -¿Por qué haría eso?

-No lo sé, pero quise atraparlo y se escapó.

-¿Tú estás bien?

-Sí, estoy bien.

-Ginny –dijo Harry entonces-. Ella estaba en mi cama.

-Ella está bien –dijo Hermione-. Si no me equivoco, el hechizo iba dirigido hacia ti.

-Pero si quería matarme o hacerme daño, no lo logró –dijo Harry, examinando su cuerpo, como esperando encontrar alguna herida de gravedad que no hubiera notado antes-. No tengo ni un rasguño, estoy perfecto.

-Quizás matarte no eran sus intenciones.

-¿Y entonces?

-No lo sé, Harry.

-¿No se supone que todos los que aparecen y desaparecen aquí deben estar registrados? Podemos averiguar quién era de esa forma.

-No –dijo Hermione, y Harry sintió una pizca de enojo ante la determinación con la que hablaba-. No puedes abandonar el país mediante aparición, por eso llegamos por traslador. Seguramente se apareció a otra parte de este mismo país. Luego puede irse desde allí a otro lado. No es tan simple atrapar a alguien.

-Entonces no podremos saber nunca quién es, ni qué quería, ni a dónde fue.

-Parece que no por el momento –Hermione seguía respirando agitada. Se quedó mirando a Harry a los ojos, muy seria-. Tendrás que poner encantamientos protectores en tu casa, Harry. Creo que alguien quiso enviarte un mensaje. Algo así como que no estás a salvo, una especie de advertencia.

-Sí, tal vez –dijo Harry, devolviéndole la mirada a su amiga mientras el viento fresco de la noche les alborotaba el cabello-. O quizás no sea casualidad que Lucius Malfoy nos invite a su hotel, y luego alguien me ataque en la primera noche…

-¿Me perdí de algo? –dijo una voz. Harry y Hermione se apartaron un poco entre sí, sobresaltados, y se encontraron con Ginny ante ellos. -¿No ibas a venir a ver si me encontraba bien, Harry?

-Hermione dijo que estabas bien –Harry no supo qué otra cosa decir. Los ojos de Ginny se clavaron entonces en los de Hermione, molesta.

-Alguien quiso atacar a Harry –explicó Hermione-. No sabemos quién, o qué quería.

-¿Pero tú estás bien? –preguntó Ginny a Harry. Él asintió con la cabeza.

Se quedaron los tres en silencio, y entonces Harry vio que algunos magos empleados del hotel se acercaban a ellos a pasos largos.

-Nos preguntarán qué ha pasado, y tendremos que hacer un reporte y todo ese tipo de cosas –dijo Harry, con pesimismo-. Tu madre se enterará que dormiste conmigo, Ginny –añadió.

-No me importa –dijo ella, con rebeldía, y se acercó a Harry para abrazar su brazo y descansar la cabeza en su hombro. Harry miró a Hermione por encima de su cabeza pelirroja, y ambos compartieron expresiones de preocupación.

-Hermione –dijo Harry entonces, instantes antes de que los magos del hotel llegaran a ellos-. ¿Llegaste a ver cuál fue el hechizo que me lanzó el mago?

-Sí, creo –dijo ella, asintiendo con confusión, como si aquella pregunta la desconcertara aún más-. No lo dijo muy fuerte, pero me pareció oír "¡Expelliarmus!", fue solo un encantamiento desarmador. Pero no entiendo. Si estabas dormido y con la varita en la mesa de luz, ¿por qué querría desarmarte?

Harry abrió grandes los ojos, comprendiendo.

-Tenemos que ponernos en contacto con Hogwarts. Ahora. Que alguien proteja la tumba de Dumbledore.