El súper-héroe

De las tres decisiones tomadas, Harry solo cumplió una en los siguientes días: no decirle a nadie sobre lo que había pasado con Hermione. La decisión número dos demostró ser extremadamente difícil: el mago enmascarado no dejó ninguna pista o rastro para seguirlo. Parecía que luego de robar la Varita de Saúco, simplemente había desaparecido del mapa y no había hecho nada más. No hubo noticias sobre destrucciones en masa en ninguna parte del mundo, ni sobre un mago con una varita súper-poderosa vanagloriándose de su poder, ni sobre eventos climatológicos catastróficos ni ningún suceso extraño en ninguna parte.

Por ese motivo, Harry no tuvo más remedio que recurrir a la única acción que se le pudo ocurrir para empezar la búsqueda: escribió una carta a Kingsley Shacklebolt solicitándole una reunión para hablar sobre lo ocurrido. No sabía si podía confiar en las personas del departamento de aurores (de hecho, no los conocía) y su cierto nivel de confianza con el ministro le hizo sentir que podía escribirle directamente a él. Además de querer conseguir información sobre el saqueo de la tumba de Dumbledore para empezar su búsqueda, necesitaba contarla al ministro sobre lo que sabía, como por ejemplo el papel de Lucius Malfoy en lo ocurrido. Además, Harry tenía información sobre la Varita de Saúco que el ministro podía necesitar. Sabía que podía confiar en él para plantearle esas cosas, ya que había sido miembro de la Orden.

Respecto a la tercera decisión, no hubo forma de cumplirla. No podía no mirar a Ginny a la cara nunca más. Ella se apareció ante él en su casa al día siguiente de su regreso de Bahalearis Island, y empezó a recriminarle que se haya marchado así sin decirle nada. Al rato de discutir, acabaron a los besos y horas después Harry se encontró a sí mismo en su cama, junto a la muchacha, dándose cuenta de que el fracaso respecto a su tercera decisión había sido contundente. Ginny estaba a su lado y le mordía la oreja seductivamente.

"Soy la peor persona del mundo", pensó Harry, dándose cuenta de que no podría hacer ninguna de las dos: ni decirle a Ginny la verdad sobre lo que había pasado con Hermione, ni dejar de ver a Ginny.

Así que la mentira sobre aquella noche, o el ocultamiento de una verdad muy grande, dependiendo el punto de vista; fue como una especie de tercera presencia que existió a partir de ese día entre ellos, como un fantasma; merodeándolos, estando a su lado día y noche, quizás solo visible para Harry, sin dejarlo tranquilo y sin desaparecer. Por el momento Ginny no pareció sospechar nada, pero Harry pensó que tarde o temprano lo descubriría ya que él no era muy bueno mintiendo. Sus actitudes lo delatarían en cualquier momento…

Aquella decisión que sí resultó, la número uno, funcionó de una forma tan espectacular que le pareció a la vez alarmante y temible: Hermione pareció haberse extinguido de la faz de la Tierra. No es como que Harry muriera de ganas de verla (¿qué podía decirle? ¿cómo podía mirarla a los ojos?), pero al mismo tiempo era alarmante cómo, con el paso de los días, no tuvo ninguna noticia sobre la existencia de la chica, hasta el punto que empezó a preguntarse si volvería a verla alguna vez. Seguramente deberían verse porque ella era la novia de Ron, y Harry su mejor amigo; y todos sus amigos pensaban que Harry y Hermione eran mejores amigos, por lo que sospecharían si de pronto ya no se dirigían más la palabra.

Harry no tenía idea de qué pasaría por la cabeza de Hermione sobre lo que había ocurrido, pero estaba obsesionándose pensando en eso. Día y noche, Harry se encontraba a sí mismo perdido en la distancia, en pensamientos, en momentos cotidianos como el mirar por la ventana, caminar por la calle hacia el almacén, o limpiar la casa; su mente se iba volando hacia Hermione y hacia qué estaría ella pensando de él o de la situación en ese momento. ¿No volvería a hablarle jamás? ¿Mantendría la mentira con Ron? ¿O le diría la verdad a Ron? Eso haría que la verdad llegue también a Ginny. Y ese día no solo perdería una novia, sino también al mejor amigo que la vida pudiera haberle dado. Y todo, ¿a cambio de qué? De un instante, unos segundos, de algo extraño e inesperado que había surgido dentro de él y lo había llevado a cometer un acto sin sentido… ¿o tenía sentido?

Otra cosa que no lo dejaba dormir era el pensamiento de por qué la había besado. Trató de pensar en sus sentimientos hacia Hermione. Él siempre la había visto como una amiga, estaba convencido de ello. Nada había cambiado en el último tiempo que le pudiera hacer cambiar su perspectiva hacia ella. Sin embargo, su idea de amistad con Hermione jamás había sido exactamente igual a su idea de amistad con Ron. Con Ron todo era diversión, risas, compartir anécdotas o historias, hacer actividades juntos o hablar de Quidditch.

Con Hermione, siempre se había tratado de hablar de cosas más serias, de los enigmas y aventuras que la vida les deparaba cada año, de contarse sentimientos o cosas más profundas. Hasta ahora, él había pensado en eso como una amistad de un chico con una chica. Quizás, sin embargo, había sido otra cosa. Ahora esa idea lo confundía. Lo que sí sabía era que él jamás había considerado estar enamorado de Hermione o nada parecido. La verdad es que tampoco sentía algo así como un amor puro y romántico por Ginny, sino más bien que siempre le había gustado y parecido atractiva, y desde luego la quería y tenía sentimientos hacia ella. Pero Hermione tenía algo que lo hacía sentir distinto, y el pensar en todo ello no hacía más que confundirlo más.

¿Por qué perdía el tiempo pensando en quién le gustaba más, si Ginny o Hermione? El destino ya había decidido cómo serían las cosas, el querer cambiarlo solo arruinaba todo para él y para todos aquellos a quienes quería.

Pero entonces, el pensamiento lo invadía: Ginny era más graciosa, más divertida, más como Ron en versión mujer, sexy, atractiva y provocativa. Desde luego que desde hacía tiempo ella lo volvía loco, porque era difícil estar a su lado sin que su belleza lo deslumbrara y lo hiciera desear estar con ella. Con el tiempo, eso no había cambiado, la atracción seguía allí, pero ahora, al ponerse más seria la relación, habían actitudes y comportamientos de ella que a veces lo irritaban y lo hacían desear enfurecerse con ella, cosa que trataba de evitar a toda costa. Y a veces sentía que ella era más superficial, que no podía hablar de esas cosas más profundas que a veces necesitaba compartir. Y siempre que pasaba eso, él pensaba en Hermione y deseaba contárselo a ella.

Esa noche, cuando la besó, algo de eso había pasado dentro de él. Había compartido con Hermione un momento de mucha debilidad: jamás había vivido un auténtico ataque de pánico como ese, y ella estuvo allí no solo para contenerlo sino para estar a su lado sin pensar nada extraño de él, sin sugerirle que tenía algún problema psicológico, sin reírse de él ni quedarse en lo superficial. Ella realmente lo entendió, y entendió que lo que le pasaba le había pasado porque la lucha con Voldemort había tenido un precio: las pesadillas, el temor que a veces lo acechaba, el fantasma de todo lo que había ocurrido había hecho sus pequeños estragos en la mente de Harry, perturbándola un poco. Hermione había vivido lo mismo a su lado, en la búsqueda de los Horocruxes, y seguramente le pasaban cosas similares por la mente.

Esa conexión entre ellos era muy fuerte, y quizás Ginny jamás la entendería. Y el confort que le brindó el apoyo de ella fue suficiente para que Harry olvidara todo lo que tenía sentido en este mundo y se lanzara a cometer quizás el peor error de su vida.

Había muchos otros pensamientos que lo inquietaban, como por ejemplo; si había descubierto que le gustaba Hermione, ¿por qué jamás había hecho nada? Pero quizás antes no lo había sentido, quizás recién ahora despertaba ese sentimiento dentro suyo. Por otro lado, si el año anterior había pasado meses con ella solos en una tienda recorriendo el país, ¿por qué no había sentido allí la necesidad de sugerirle a la chica sus sentimientos? Pero quizás no había sentimientos. O sí los había. Pero el hecho de que Ron se hubiera ido enfurecido y celoso, pensando que había algo entre ellos, había sido suficiente para que ellos trataran de negar ese "algo" a toda costa para no perder a su amigo. Y a su vez, la lucha contra Voldemort había sido una gran excusa para concentrarse en otra cosa.

Entonces, ¿sentiría ella lo mismo? ¿Sentía algo Harry por ella? ¿Estaba enamorado?

Harry se aferró la cabeza con ambas manos ante esos pensamientos, y trató de ignorarlos. Estaba solo en su casa una noche de fines de agosto sin poder dormir. Hacía semanas no sabía nada de Hermione. Si Voldemort había sido una buena excusa para ignorar aquello antes, ahora el mago enmascarado sería la excusa para ignorarlo esta vez.

Harry desdobló la carta que tenía en la mano, que Stripy le había dado unas horas atrás, y volvió a leerla.

Querido Harry,

Me encantaría recibirte. Quería tener una reunión contigo, pero no quería molestarte. Luego de todo lo que viviste, quería dejarte descansar en paz antes de molestarte.

Sin embargo, aprovechando tu carta, te comento que me gustaría hablar varias cosas contigo, y sería un placer recibirte. ¿Crees que podrías pasar por el Ministerio el próximo martes a las 11 hs? Te recibiré en mi despacho. Imagino que sabes llegar al Ministerio, ya que he oído que algunas de tus grandes hazañas contra las fuerzas oscuras han encontrado lugar aquí. Solo preséntate, y el personal te llevará conmigo.

Nos vemos Harry, un abrazo grande

Kingsley

Harry acudió a su cita ese día a esa hora sin inconvenientes. Llegar no fue distinto a otras veces que había estado allí. A diferencia de la última, esta vez accedió con su propio rostro y cuerpo mientras se metía en los cubículos y descendía dentro de un inodoro.

-Hola, Harry -lo saludó Kingsley al verlo, con una sonrisa y un apretón de manos-. Pasa, toma asiento

Una vez Harry estuvo sentado en la oficina del ministro y sentado ante su escritorio, tuvo oportunidad de mirar bien a su alrededor. Se sorprendió de la poca decoración y mobiliario en el despacho de Kingsley. Todo en perfecto orden asimismo, no había muchos objetos allí. Era como si el ministro quisiera mantener su entorno lo más sencillo posible.

-¿Estás bien, Harry? -le preguntó.

-Muy bien -mintió él-. ¿Y usted?

Kingsley lo examinó pensativo antes de contestar.

-Algo cansado, te confieso. Ser ministro de la magia es agotador.

Harry esbozó una leve sonrisa de comprensión.

-Aún hay muchos magos tenebrosos que capturar. Pero eso es solo la punta del iceberg: una vez que los capturamos, hay que hacerlos confesar o buscar pruebas de sus delitos o de su lealtad a Voldemort. No es sencillo…

Se reclinó un poco en su silla. En ese momento, un empleado que debía ser su secretario entró al despacho para servirles café. Harry agradeció y tomó su taza. Fue entonces, al mirarlo bien, que descubrió que el mago era Dean Thomas.

Se quedó algo asombrado por el descubrimiento, pero no se atrevía a interrumpir al ministro en medio de su discurso. Pero, atento, Kingsley notó la cara de Harry y se interrumpió a sí mismo:

-Claro, ustedes se conocen, ¿verdad?

-Hola, Harry -lo saludó Dean, tendiéndole la mano, que Harry estrechó.

-Dean ahora trabaja como mi secretario -dijo Kingsley-. Siempre hay empleos disponibles en el Ministerio para los egresados de Hogwarts. Y no creas que solo sirve el café, hace muchas cosas más importantes.

Los tres sonrieron. Aunque Harry ahora salía con la ex de Dean, el muchacho nunca había parecido tener ningún resentimiento hacia Harry ni nada parecido. Se lo veía alegre en ese momento. En cuanto se retiró, Kingsley continuó:

-Bueno, Harry. Como te decía, hay mucho trabajo aquí. En cuanto atrapamos a los mortífagos, ellos dicen que no lo son y niegan haber cometido los crímenes por los que se los juzga. Alegan haber estado bajo el maleficio Imperius, la mayoría. Algunos inventan cosas aún menos creíbles, como que era alguien más con poción multijugos. Casi como la última vez. Lo único que todos parecen tener claro ahora es que ya no tiene sentido ser leal a Voldemort, porque murió. Y que redimirse, arrepentirse o brindar información son las únicas opciones que tienen. O inventar excusas, claro.

Harry se sentó más derecho en su silla, concentrado.

-Usted dice, ministro…

-Dime Kingsley, como siempre, Harry.

-Está bien. Lo que quieres decir, Kingsley, es que, ¿no han atrapado magos tenebrosos que aún quieran ser leales a Voldemort, como en su época fue Barty Crouch Jr., o que juren lealtad a la magia oscura orgullosos de ello?

-En cuanto a lo primero, no. Nadie juraría lealtad a Voldemort, porque ya nadie cree que pudiese regresar algún día. Esta vez, la magia que usaba Voldemort para seguir con vida quedó en conocimiento de la comunidad mágica en general. Ahora que sus seguidores saben cuál era la "técnica" suya, no ven nada más extraordinario en Voldemort. Solo otro mago oscuro que murió. Que fue poderoso y temible, sin ninguna duda, pero que ya murió. ¿Por qué seguirían leales a un muerto?

-Con todo respeto -dijo Harry-, la muerte de un dictador no siempre significa el fin de su ideología.

-Eres muy inteligente, Harry. Y estoy de acuerdo contigo. A veces las ideas son mucho más grandes que las personas que las tienen o que las ponen en una bandera. Pero esperemos que la ideología de Voldemort muera con él, y se pudra en Azkaban con los que aún la profesan.

Harry asintió con la cabeza.

-En cuanto a lo segundo, algunos quizás se enorgullecen de ser magos tenebrosos, pero están en Azkaban. No sabemos quien fue el que te atacó. Por otro lado, Harry, como decía, si bien la gente no ve ya nada extraordinario en Voldemort, creo que ahora ven eso en ti.

-¿En mí?

-Ahora comprenden cómo hacía él para no morir. Sin embargo, no consiguen entender -y en ese punto, le lanzó a Harry una mirada fugaz- cómo lo hiciste tú.

Harry respiró hondo, y supo que era hora de que él hablara. Le contó todo sobre la Varita de Saúco, y sobre la mala decisión que había tenido de devolversela a Dumbledore, y cómo eso hizo que ocurriera el robo de hacía unas semanas atrás.

-No fue una mala decisión devolver la varita a su dueño -dijo Kingsley, cuando terminó-. Entiendo entonces, claro, que Dumbledore no había sido su único dueño. En general los magos compran sus varitas de niños, y solo si la pierden o la rompen (que es algo que no suele ocurrir, porque todos los magos somos muy celosos de nuestras varitas) la cambian durante su vida, y al morir son enterrados con ellas.

"Dumbledore, sin embargo, no usaba su varita de la infancia, sino una legendaria varita que había pasado de manos durante cientos o miles de años. Por su puesto que yo ya lo sabía, porque tú se lo revelaste al mundo mágico en tu batalla final con Voldemort.

-Y este mago oscuro debe haberlo oído allí también, señor -añadió Harry-. Por eso supo qué tenía que hacer. Supo que solo debía desarmarme para que la varita sea leal a él, y por supuesto robarla para utilizarla. Y supo que no necesitaba matarme, porque fue el error de Voldemort, y yo se lo revelé a él públicamente ese día.

-Sí, quizás es alguien que estaba ahí reflexionó Kingsley-. O quizás se lo dijeron -miró a Harry a los ojos unos instantes.

-Señor, ¿qué sabe sobre cómo profanaron la tumba? -se atrevió a preguntar.

-Todo y nada, Harry. Recibimos la advertencia por parte del celador.

-¿Filch?

-Sí. Nos puso sobre aviso que estaba en los jardines y vio a un mago en la distancia aparecerse en el punto en que está enterrado Dumbledore. Dice que no podía ver cómo era ni nada, por la distancia. Pero lo vio, y cuando se pudo acercar más, la tumba ya estaba abierta.

Harry se quedo pensativo.

-Lucius nos invitó allí.

-Lo sé, y esta siendo investigado. Queremos sacarle toda la información posible antes de enviarlo de regreso a Azkaban, cosa que seguro pasará, porque no queremos continuar la vieja política de liberar magos oscuros a cambio de nombres. ¿De qué sirven los nombres, si ellos quedan libres?

Luego de unos instantes, entendió que no había mas que hablar del tema.

La mirada del ministro indicaba que habían dejado un tema pendiente, sin embargo, una pregunta anterior. Harry supo que él aún deseaba que Harry le diera más información. Le había dicho cosas que él ya sabía, pero no había respondido a su pregunta.

-Creo que no morí porque Voldemort utilizó mi sangre para reencarnarse -le reveló entonces, para que entraran en confianza-. Voldemort hizo un hechizo para reencarnar para el que necesitaba sangre de un enemigo. Podría haber elegido a cualquiera, pero me eligió a mí. Eso hizo que no pueda matarme, fue la misma acción que cuando yo era un bebé. En ambas ocasiones, él me seleccionó. Y en ambas ocasiones, eso hizo que al lanzarme un maleficio asesino yo no muriera.

-No existen otros registros de alguien que haya sobrevivido a dos maleficios asesinos, Harry, ni siquiera a uno -dijo Kingsley-. El hechizo de tu madre, su sacrificio… Dumbledore me lo ha explicado, y lo comprendo, pero tampoco existen antecedentes de ello. En otras palabras, tu madre debió ser una bruja excepcional, con un conocimiento de la magia nunca antes visto.

-Dumbledore dijo que era magia antigua.

-Y muy interesante y única, sin lugar a dudas. Disculpa, Harry, no quiero incomodarte con estos temas. Has tenido suficiente ya de todo esto, ¿verdad?

-De seguro que sí -admitió él-. Créame que me gustaría poder simplemente descansar y olvidarlo todo.

-Muy sano de tu parte -Kingsley le sonrió-. No te preocupes, Harry, nosotros investigaremos a este mago tenebroso y lo atraparemos. La leyenda de esa varita es fascinante, pero en varios aspectos considero que es más que nada una leyenda. Quizás le daba un poco más de poder a Dumbledore, pero no olvides que él era un mago extraordinario, con o sin ella. Podremos derrotar a este mago.

Harry no creía que fuera tan simple, pero parecía que no había mucho más que decir. Asintió con la cabeza y se puso de pie para irse, pero Kingsley lo retuvo.

-Una cosa más, Harry. Estudiarás para ser auror, ¿verdad?

-Sí.

-Sabes que me encantaría contratarte hoy mismo y darte este caso, pero si hiciera eso cuando los demás deben estudiar tres años y trabajar muchos años antes de recibir un caso así, sería un mal ministro… Bueno, no creo que la sociedad pensara mal de ello, seguramente se sentirían más a salvo contigo a cargo del departamento de aurores -le lanzó una sonrisa-. No exagero. Los magos te idolatran y te creen casi un súper-héroe, Harry. Pero no. Mejor estudia, y aprende la técnica teórica del auror, que si bien es aburrida te ayudará. Sin embargo, mientras tanto, ¿te gustaría trabajar en un empleo de medio tiempo como asistente en el departamento de aurores?

Harry se quedo sorprendido. No esperaba ese ofrecimiento.

-¿En el departamento de aurores?

-Sería un trabajo de dos o tres días por semana, en los días que te queden libres con tus estudios. Unas 4 horas quizás. Al no estar recibido de auror no podrás participar de las misiones, pero sí hacer algo de trabajo de oficina. Quizás no sea muy atractivo, pero estarás en contacto con el día a día del departamento, y ganarás algo de dinero para vivir mientras estudias.

-Acepto -dijo Harry, sin dudarlo.

-Fantástico -dijo él, y le dio una palmadita en el hombro-. El jefe del departamento se pondrá en contacto contigo pronto. Será un placer tenerte aquí.

-Muchas gracias, señor -le dijo Harry.

-Dime Kingsley, Harry.

Harry asintió y le dirigió una sonrisa antes de saludarlo y empezar a retirarse. Estaba a punto de dejar la oficina cuando giró en redondo para preguntarle algo.

-Kingsley, una pregunta. Respecto a este empleo en el Ministerio. Ron…

Le dio un poco de vergüenza pedirle aquello, pero debía hacerlo.

-Claro, Ron puede venir también -dijo Kingsley, asintiendo-. Serán un gran equipo, ustedes dos. Avisaré que lo llamen también a él.

Harry se fue de allí, saludó a Dean con la mano mientras se alejaba hacia los ascensores, y pensó que aunque Ron nunca pudiera perdonarlo por besar a su novia, al menos le había conseguido un empleo.