9. Descifrando misterios con diversos métodos
El día 1 de septiembre, Harry acompañó a Ginny a Londres para tomar el Expreso de Hogwarts por última vez en la Plataforma 9 y ¾. Fueron por su cuenta hasta allí por medio de aparición y atravesaron juntos la barrera hacia el andén.
-¿Dónde estará Hermione? -preguntó Ginny, y a Harry se le hizo un nudo en la garganta-. Dijo que iríamos juntas, y no la veo por ningún lado. No respondió ninguna de mis cartas, no sé qué tiene últimamente. ¿Te ha respondido a ti?
-No, no -Harry se hizo el distraído, pero sentía el sudor caer de su frente-. No hablé mucho con ella últimamente, no sé en qué andará -eso era verdad. Trató de desviar el tema, porque sabía que su poca habilidad de mentiroso lo delataría-. ¿Y los demás? ¿Dónde estará Luna?
-No quiero ir con Luna -dijo Ginny, arrastrando su equipaje mientras seguía buscando a Hermione.
-¿Por qué no? ¿Qué pasa con ella?
-Le escribí en el verano para vernos un día. Digo, vive realmente cerca, no es como que tuviera un gran viaje. Su respuesta fue de unos tres renglones y básicamente decía que prefería pasar la tarde cultivando bulbotubérculos con su padre.
-Bueno, tú conoces a Luna…
-Lo sé. Pero es hora de que cambie un poco. Este es el último año, si no cambia ahora… ¡Oh, mira! Allí está Hermione.
Harry se tropezó literalmente con el carrito de un niño de primero, salió volando por los aires y aterrizó sobre la jaula de la lechuza de una niña de segundo o tercero. Fue un desastre: La jaula se abrió y la lechuza decidió escapar y volar por su libertad definitiva, fuera de la estación King Cross y hacia cielos despejados. La niña, que tenía cara de ser algo maniática (dando a entender por qué la lechuza ansiaba ser libre), salió corriendo gritando maldiciones y agitando los brazos.
Harry se incorporó tan rápido como pudo mientras veía a Hermione y Ginny saludarse alegremente, y de fondo a la niña correr y bramar: "¡VUELVE, DESGRACIADA! ¡VUELVE O TE ARRANCARÉ LAS ALAS OTRA VEZ!"
-Hola, Harry -dijo Hermione, aún sonriendo de su alegre saludo con Ginny y echándole un vistazo a Harry. Aunque Ginny no haya podido notarlo, Harry supo que ese saludo y vistazo sonriente era en verdad un cuchillazo en el estómago. Sus palabras habían salido perfectamente pronunciadas para que Ginny no sospechara nada, pero Harry sintiera toda la cruda frialdad detrás.
-Hola, Hermione -dijo él, bastante más malo en disimular su pesimismo.
Hermione entonces subió sus pertenencias al tren y desapareció en los vagones. Ginny se volvió hacia Harry para despedirlo antes de abordar el tren tras ella.
-No sé cómo haré para no extrañarte -le dijo, y el corazón de Harry se hundió mientras una lágrima caía por el rostro de la chica-. Así que solo me iré sin mirar atrás y tratando de no pensar en nada.
Harry asintió y la abrazó. Ella le dio un profundo beso en los labios y se besaron largamente, hasta que el silbido de siempre anunció que el tren ya partía.
-Te amo -le dijo por primera vez, rozándole una mejilla con la mano, mientras lo miraba a los ojos aún con lágrimas.
-Te amo, Ginny -dijo Harry, porque sabía que eso era lo que debía decir en ese momento. Le dio otro beso más breve, la acompañó hasta la puerta del tren y la ayudó a subir el equipaje. Entonces bajó nuevamente, justo cuando el tren empezaba a moverse, y se quedó mirando desde afuera cómo Ginny iba hacia el compartimiento de Hermione y lo saludaba tristemente por la ventana, mientras el tren avanzaba y se alejaba de él. Por primera vez, Harry veía al Expreso de Hogwarts partir desde afuera, sin él dentro. Lo último que alcanzó a ver antes de perder el compartimento de su novia de vista fue la expresión conque Hermione lo miró desde su asiento: una expresión muy seria cargada de resentimiento y reproche.
Harry entonces retrocedió en la estación, viendo cómo el tren doblaba un recodo y desaparecía de vista, y al llegar al muro tras él se dejó caer en un banco y se quedó contemplando con nostalgia cómo las familias de los niños caminaban lentamente hacia la salida de la estación mágica, abandonándola. No había rastros de los Weasley u otros conocidos. Ya que sabían que Harry acompañaría a Ginny, no habían ido. La ceremonia de despedir a los hijos había quedado un poco de lado al ser Ginny ya mayor de edad.
Harry recordó el cumpleaños de 17 de Ginny, que había tenido lugar unas semanas atrás. Habían celebrado con todos los Weasley y habían compartido buenos ratos. Harry le regaló un vestido algo caro que compró en el Callejón Diagon. Hermione no fue, alegando que estaba enferma.
-¡Hola, Harry Potter! -dijo un niño de unos ocho o nueve años, acercándose muy emocionado al asiento en que estaba desplomado Harry, deprimido- . ¿Me das un autógrafo?
-Claro -dijo Harry, ofreciéndole una sonrisa que le costó esbozar. Empezó a firmarle un pergamino con una pluma que le había llevado el niño. Harry vio que sus padres estaban atrás, muy sonrientes.
-Vinimos a traer a mi hermano, Billy -dijo el niño alegremente, mientras Harry le escribía una dedicatoria-. Aún soy muy pequeño para ir a Hogwarts, pero mamá dice que pronto iré también.
Harry le sonrió y le dio el pergamino firmado. Casi no se había dado cuenta de lo que escribía. Echó una ojeada a su propia inscripción en la mano del niño: "Billy, sé siempre un niño bueno y honesto. Harry Potter".
-¡Muchas gracias, Harry Potter! -dijo el niño muy emocionado, antes de volverse para volver con sus padres-. ¡Eres mi héroe! ¡Cuando crezca, quiero ser como tú!
Volvió a sus padres y dejaron la estación, junto con todos los demás. Harry quedó solo, sentado allí cabizbajo y mirando el suelo.
Esa tarde, Harry tenía su primer día en la AAS. Pensó que sería algo ceremonioso, como Hogwarts, con muchos magos, una bienvenida y quizás un banquete o algo similar. No fue así. Resultó ser un edificio muy pequeño y similar a otros muggles que lo rodeaban, en aquel suburbio de Sheffield. Para entrar, los alumnos tenían que tocar la puerta de madera con su varita, y esta se abría.
Harry sacó su nueva varita de escamas de dragón sueco, madera de olivo y una sola pluma de pegaso. Tenía 29 cm y Ollivander se la había vendido en su tienda unas semanas atrás. Ahora que Harry no tenía dentro suyo un fragmento del alma de Voldemort, ya no tenía ese problema de que una sola varita lo hubiera elegido, la gemela de la de Voldemort. Varias varitas de la tienda parecieron funcionarle perfecto, pero Ollivander consideró que esa era la más fiel.
Harry aún no daba por perdida su varita original, pero necesitaba otra mientras tanto. Cuando lograra cazar al mago enmascarado, confiaba en que recuperaría la suya. Sin embargo, esa pareció funcionarle a la perfección. Era dócil y respondía de forma rápida e intuitiva a los deseos de Harry. Era igual de buena o, quizás, un poco mejor que la otra, si eso era posible.
Harry tocó la puerta con ella y esta se abrió. Ingresó a un pequeño salón bien iluminado de decoración modesta, con algunos cuadros y estatuillas de varios magos aurores importantes que habian existido, donde había otros magos esperando. Allí encontró a Ron.
-Vaya, amigo -le dijo, saludándolo-. ¿Qué pasó contigo? Estabas desaparecido.
-¿A qué te refieres?
-Te escribí ayer para que vinieras a casa de los padres de Hermione. Íbamos a cenar juntos como despedida y queríamos que vinieras -Harry sospechó que ese "queríamos" incluía solo a Ron-, para luego hoy en la mañana ir a la estación a despedir a Hermione. Yo no pude quedarme hasta que el tren se fuera, porque tenía que ir con George a cerrar un trato con un proveedor que era justo a esa hora, pero fui con Hermione temprano a la estación y la despedí. No te vi allí tampoco.
-Oh, sí, lo siento -argumentó Harry-. No recibí tu carta de ayer -mintió-. Respondiste mi carta anterior enviando a Stripy de vuelta, ¿verdad? La pobre tuvo un accidente golpeándose con la ventana y tiene las alas algo doloridas -mintió de nuevo-. Sabes lo torpe que es. Hasta que se recupere, pobre, recibiré todos los mensajes tarde. Hoy llegamos algo tarde con Ginny, también, nos retrasamos un poco.
Deseando que Ron no sospechara la mentira, Harry le lanzó a su mejor amigo una mirada furtiva, pero el asentía distraído, con expresión alegre mientras miraba alrededor muy emocionado.
-Nuestro primer día. Me preguntó de qué se tratará esto. Como nadie de mi familia estudió auror, no tengo idea de nada. Y, ¿sabes qué? Me parece excelente. Odiaba estar a la sombra de mis hermanos, de todos sus logros en Hogwarts, escuchando las historias que me contaban. Ahora yo seré el único capacitado para hablar de este lugar y de cómo son los estudios en él.
Entonces, un mago viejo y de expresión aburrida apareció ante ellos y los hizo pasar. Tenía barba y cabello blanco, y lentes redondos, pero no parecía ser un gran luchador, más bien un anciano estudioso. Una vez dentro del aula, Harry se dio cuenta de que no eran más de seis o siete los alumnos en esa clase.
-Bienvenidos, jóvenes brujas y magos, a su primera clase de la asignatura Teoría Inicial, que tendremos durante todo el año los martes a las 16 hs., hasta las 19 hs. Esta clase será solo de 3 horas semanales, pero deberán estudiar y preparar algunos trabajos en su tiempo libre. Estudiaremos lo básico a saber para ser una o un gran auror, desde el punto de vista teórico. Esto es, análisis de perfiles de magos oscuros, análisis de escena del crimen, detección de huellas y rastros de magia negra, interpretación de la mente criminal, entre otras cosas. Tendrán clases prácticas donde harán hechizos, encantamientos e incluso pociones, pero serán con la profesora Jerkings, los miércoles. Oh, olvidaba presentarme, yo soy el profesor Twinks. Ex auror, hasta que me retiré a la edad de sesenta y nueve años. Mi especialidad era teórica: yo trabajaba en una oficina, pero era el auror encargado de descifrar los misterios en base a la evidencia y descubrir quiénes eran los criminales. Hacía trabajo de campo, más que nada asistiendo a la escena del crimen. Quizás no les parezca en un comienzo tan divertido como batirse a duelo, pero les aseguro que encontrarán fascinante la resolución de un gran misterio donde un crimen ha ocurrido. Otros aurores les enseñarán a pelear, pero yo les enseñaré algo más importante: distinguir contra quién deben hacerlo.
Harry escuchaba con atención y se sentía muy interesado. Con el pasar de los minutos, pensó que aquel profesor le caía bastante bien, a pesar de su permanente expresión de tedio. O fue así hasta que, en un momento, lanzó este comentario:
-Claro que para algunos de ustedes el análisis científico podría no ser tan necesario. El gran Harry Potter, aquí presente, es un mago que se ha caracterizado por resolver todos los enigmas que el mundo ha puesto en su camino y descubrir a los magos malos con solo su intuición. Así que quizás este curso le resulte un poco aburrido -lanzó, mirando a Harry con desafío-. Para los demás, aprenderemos algo que Potter no conoce: métodos. Y esperemos que todos los aprendan bien, para no tener que recurrir a su instinto como él.
Harry estaba atónito. ¿Qué le había hecho él al profesor Twinks para que lo humillara así? Pero ese día Harry no estaba de ánimos para desgracia de ese viejo, así que le respondió:
-Disculpe, profesor -empezó-. En mis estudios de Hogwarts jamás me enseñaron los métodos del auror. Y, lamentablemente, tuve la desgracia de que la vida me marcara de nacimiento como joven víctima de magos oscuros. Me defendí como pude. Si cree que no apliqué suficientes métodos en mi lucha contra Voldemort, quizás debería hablar con la profesora McGonagall para que los enseñen en un nivel de educación inferior, a la edad en que me tocó necesitarlos. De verdad me habría encantado someter a prueba de análisis el perfil de Lord Voldemort para comprobar científicamente que fuera un mago oscuro antes de atacarlo, pero el verlo matar tanta gente ante mis ojos me pareció suficiente como para no perder tiempo en ello y atacarlo antes de que me matara a mí también.
Se hizo un breve silencio en el que algunos de los alumnos presentes tuvieron que aguantarse la risa. Harry no sabía qué pasaría a continuación, pero no le importaba si lo castigaban. Sin embargo, no fue así. El profesor lo miró en silencio unos instantes, y entonces simplemente retomó su discurso, diciendo:
-Bien, Potter, en otros momentos podrás contarnos más de tus rápidos métodos. Mientras tanto, procederé a explicar cómo funciona la detección de fuerzas oscuras… -y se embarcó en un aburrido discurso sobre metodología científica de magos para detectar rastros de magia negra.
Al salir de la clase, Harry y Ron caminaron juntos hasta el salón central. Recién ahí vieron que en una sala adyacente había una cafetería.
-¿Vamos a tomar algo un rato? -preguntó Ron.
-Claro -dijo él, y caminaron juntos allí. Pidieron unas tazas de café con canela hecha a base de mandrágora y se sentaron en una mesa.
-Increíble lo aburrido que es este tipo -comentó Ron, bebiendo su taza-. A mí me encantan estos temas, saber cómo encontrar elementos naturales alterados con magia y todo eso, siempre me había preguntado cómo podía saberse el lugar exacto en que alguien se había aparecido, por ejemplo. Pero con este profesor, todo mi interés muere en cuanto empieza a explicar la metodología de Hawkings, la de fulanito y la de menganito, los pros y contras de cada una, los libros escritos por ellos… lo hace demasiado aburrido.
-Estoy de acuerdo -dijo Harry-. ¿Y qué tiene contra mí? Yo no le he hecho nada. Seguro le enfurece que hayamos matado a Voldemort sin aplicar el teorema de Hawkings sobre las huellas de los maleficios imperdonables.
Rio río, animado.
-¡Seguro! Dalo por hecho. Se pasó su larga vida estudiando todo eso para que dos adolescentes de diecisiete años mataran a Voldemort sin usar nada de eso. Debe enfurecerlo -dijo Ron, muy animado.
-Igualmente, Dumbledore sí debía saber esas cosas -reflexionó Harry-. Y él las habrá aplicado en su búsqueda de los Horocruxes -Harry bebió de su café y cambió el tema, porque ya no quería hablar de Voldemort. Temía que el pánico empezara de nuevo-: ¿Te han escrito del ministerio?
-Oh, sí, olvidé decirte. Quieren que empiece a trabajar este jueves contigo. Gracias de nuevo, Harry, de verdad, pero aún no lo sé… Sabes que George me necesita en la tienda.
-Es que si vamos a estudiar para ser aurores, esta es una gran oportunidad -dijo Harry, queriendo convencerlo-. No puedes desperdiciarla. Es un trabajo en el ministerio. A mí me encanta la tienda de George, pero no sé, si vas a estudiar auror, entonces, ¿qué mejor que esto?
Ron asintió, de acuerdo con él.
-Tienes razón, le diré eso. Igualmente, ahora que está de novio lo veo mucho mejor.
-¿De novio?
-Oh, claro. No te conté. George y Evangelina están de novios. Es esa chica que conoció en el caribe. Ella es sudamericana, pero tienen una relación a distancia y George está terminando un trámite en el ministerio para que le otorguen un traslador permanente para ir a verla cuantas veces quiera. Es un trámite largo porque debe aprobarlo la Comisión de Relaciones Mágicas Internacionales de ambos países, pero ya están por aprobarlo. Le permitirá ir y venir, y deberá someterse a inspecciones de vez en cuando para que el ministerio se asegure que no lo usa para nada ilegal.
-Eso es genial -dijo Harry.
-Sí, no tanto. Ya sabes cómo es George. Ya estuvo hablando de aprovechar la conexión para exportar ilegalmente sus productos a Sudamérica.
Luego de un rato más de charla, Harry y Ron se incorporaron y salieron del edificio. En la calle, los muggles pasaban junto a ellos sin prestarles atención. Un hechizo del edificio hacía que sus vestimentas fueran muggle al aparecerse en las cercanías, y al entrar a la Academia se transformaban por arte de magia en lo que realmente tenían puesto los jóvenes: túnicas de magos.
-Bien, nos vemos mañana, Harry -lo saludó Ron, en la calle de Sheffield-. Será raro esto de volver a casa todos los días luego de cursar.
-¿Cuándo te mudas con George?
-El sábado. Lo hemos retrasado varias veces porque tuvo una plaga de nargles. En fin, espero que sea bueno este empleo en el ministerio. Ayudar a George me habría dado buen dinero, porque no deja de vender a lo loco. Y necesito el dinero para irme a vivir con él, porque habrá gastos.
-Kingsley no me dijo exactamente cuánto era, pero debe ser un buen sueldo, ¿no crees? Si es un trabajo en el ministerio…
-Hay mucha diferencia de sueldos de acuerdo al rango, pero creo que el básico está en algo así como unos cien galleones por mes.
-¿Eso es mucho?
-No está mal. Pero de seguro sería más trabajando con George. Aunque creo que te haré caso, Harry, solo tengo que resistir la tentación del dinero de la tienda de chascos unos años, y entonces tendremos grandes empleos de aurores profesionales en el ministerio.
-Claro -dijo Harry, no muy seguro de si un auror profesional ganaba más de lo que George ganaba con el éxito que tenía su tienda. Pero no pudo pensarlo mucho más, porque Ron se despidió y desapareció girando en el lugar, luego de asegurarse que no hubiera muggles cerca. Harry lo imitó y apareció en medio del recibidor de su casa.
-Hola, Harry -dijo alguien de inmediato, y Harry sacó su varita instintivamente pensando que se trataba de un mago oscuro. Pero era Hermione, lo que quizás lo asustó más.
-Hermione -dijo, sin comprender-. Tú deberías estar en Hogwarts…
-Me escapé luego del banquete y vine aquí por uno de los pasadizos. Le dije a Ginny que iría a la biblioteca. Necesitaba verte.
-Verme -repitió él en voz alta, alarmado. Su corazón latía con furia por los nervios ante aquella situación.
-Sí. No puedo seguir así -dijo muy seria.
-¿Seguir cómo?
-No te hagas el idiota, Harry. Ambos sabemos lo que pasa. Ni tú ni yo tuvimos el valor para decirle lo que pasó a Ron y Ginny, pero esto está muy mal. ¡Esto es terrible!
Y Hermiome rompió en llantos. Harry no sabía qué hacer. Le daba miedo acercarse a ella, y al mismo tiempo lo destrozaba verla en ese estado. Todo ese tiempo había estado deprimido por el engaño y por la situación, sin pensar en que Hermione se sentía igual o peor que él.
-No puedo, Harry -dijo ella entre lágrimas, mirándolo con pena, el rostro humedecido por las lágrimas y la voz cortada-. No puedo mentirle más a Ron. Él no lo merece.
-¿Y qué hacemos? -le preguntó Harry, abatido, derrotado-. ¿Les decimos la verdad y dejamos que todo cambie y no nos hablen nunca más, separándonos los cuatro para siempre?
No lo decía en tono de sugerir lo contrario, sino que lo dijo en tono de considerar el también eso una opción válida. El tampoco aguantaba más la mentira.
-No sé qué hacer -dijo ella, honestamente-. La verdad no parece ser buena opción, porque solo fue un error, algo que duró unos segundos, y no es justo que esa estupidez destruya todo para siempre. Es decir, si sencillamente nos aguantábamos y no lo hacíamos, entonces nada de esto sería un problema. No puede ser que solo por esos segundos de error ahora todo sea así. Pero si les decimos, no lo entenderán. Ron me dejará, y Ginny a ti. Quedaremos todos peleados.
-Ese día, luego de lo que ocurrió, dijiste que había sido mi culpa -empezó Harry-. Pero ahora dices que tendríamos que "habernos aguantado", en plural.
-No lo sé -dijo ella-. Estuve pensando en eso, pero no sé quién de los dos lo inició, o por qué. Eso no importa.
-¿Tú crees que no importa? -dijo Harry, que no había podido dormir pensando en eso todo el mes, y dio un paso hacia ella. Ella dio un paso hacia atrás.
-No, no importa -dijo Hermione, seria-. Porque yo amo a Ron. Él es mi novio.
-Pero me besaste. Sé que tú también quisiste hacerlo. Lo sentí.
-¡Cállate! ¡Eres un idiota! Jamás debí venir aquí.
-¡Hermione, ambos tenemos la culpa de esto! -ahora Harry estaba un poco enfadado-. ¡Y ambos tenemos el mismo problema ahora! Creo que si no podemos resolverlo juntos…
-¿Y qué quieres que haga? -entonces la chica dio varios pasos hacia él, enfurecida, y fue Harry esta vez el que retrocedió, temeroso-. ¿Qué te bese de nuevo? ¿Qué te diga que siempre me gustaste, pero sabía que Ron gustaba de mí y en vez de ser otra estúpida enamorada del famoso Harry Potter preferí elegir a un chico sencillo pero con un gran corazón, para hacerlo feliz a él? ¿Eso quieres que te diga?
Harry se quedó helado. No sabía qué decir.
-¿Quieres más? -dijo ella, fuera de sí-. ¿Quieres que te revele que me puse a salir con Krum para ponerte celoso, ya que él también era un campeón, y demostrarte que no eras el único mago famoso en el que podía fijarme; y al ver que eso no te movía un pelo me sentí tan estúpida que decidí renunciar a ti para siempre, y le dije a Ginny que lo intente contigo para poder conseguir que salieras con ella y yo ya no tuviera una oportunidad, para así sacarte de mi cabeza por fin?
Harry se dio cuenta de que jamás hubiera adivinado nada de eso, ni en sus más imaginativos sueños, y que Hermione merecía todos los premios del profesor Twinks por haber guardado ese secreto con ella tanto tiempo, si es que era verdad.
-¿Qué mas quieres? -le gritó, ya enfrente suyo-. ¿Qué te diga que me pasé los últimos años convenciéndome de que Ron era el indicado para mí, pero que cada vez soporto menos su personalidad y sus actitudes? ¿Qué aunque todos piensen que esta historia ya terminó y Ron y yo nos casaremos algún día y tendremos hijos, y tú lo harás con Ginny, odio cada día de mi vida imaginar ese destino tan horrible? ¿Crees que me gustará vivir con él, limpiar su casa, hacer el papel de su madre limpiando y cocinando para que se sienta como en casa, sin sentir siquiera amor por él? ¡NO!
Su bramido fue tan fuerte que Stripy se asustó y quiso huir, golpeándose contra la ventana cerrada y cayendo sobre la mesada.
-No quiero esta vida, Harry -dijo Hermione, con el rostro bañado en lágrimas casi encima del de Harry, que estaba contra la pared, los ojos rojos clavados con seriedad en los de Harry, que si bien estaba abrumado por el efecto de sus revelaciones tenía aún las fuerzas suficientes para comprender y responder.
-No te culpo por no querer salir conmigo -le dijo entonces, descubriendo su propia verdad a medida que la iba diciendo-. Yo tampoco me hubiese atrevido a intentarlo contigo. Has sido demasiado amiga mía para atreverme. Y demasiado valiosa para perderte. Y yo también sabía que Ron gustaba de ti, y quería mantenerlo contento. Y además -Harry tragó saliva con dificultad-. Sí me puse celoso de Krum.
Hermione cambió su expresión dura y lo miró ahora con ternura. Levantó una mano y le acarició el cabello. Harry tomó su mano y la acarició. Sintió un cosquilleo en el estómago.
-¿Y qué hacemos? -le preguntó Hermione, con un hilo de voz, mientras se acercaban más y más hasta rozar sus narices.
-No lo sé -Harry cerró los ojos y empezó a besarla. Ella le devolvió el beso con mucha ternura y amor, y se abrazaron por la cintura. Harry respiró su perfume y le acarició el cabello. Caminaron juntos hacia atrás, dentro del cuarto de Harry. Se dejaron caer sobre la cama, sin dejar de besarse. Empezaron a desvestirse, sin tener control de nada de lo que hacían. La sensación que invadió el cuerpo de Harry no la había experimentado nunca. Mientras la sensación del contacto con la piel de Hermione lo hacía sentir que flotaba sobre una nube en el cielo, el calor de su cuerpo lo envolvía. No podía dejar de besarla y compartir ese hermoso amor que sentían el uno al otro, que no los dejaba respirar
