12. Corazones destrozados
-¡ESO ES TU CULPA! -bramó Hermione, mirando a Harry con una mezcla de furia, pena y horror-. ¿CUÁNTAS VECES TE DIJE QUE PUSIERAS ENCANTAMIENTOS PROTECTORES EN TU CASA? ¡CUALQUIERA PUEDE ENTRAR Y SALIR DE AQUÍ A SU GUSTO!
-Hermione, creo que no se trata de…
-¡NO ME DIGAS DE QUÉ SE TRATA! -gritó ella, derramando lágrimas. Estaba hecha una crisis de nervios-. ¡TE DIJE QUE PONGAS ENCANTAMIENTOS PROTECTORES! ¡NO TE COSTABA NADA HACERLO! ¡MIRA AHORA LO QUE HA PASADO! ¿QUIÉN IRÁ DETRÁS DE ÉL PARA EXPLICARLE? CLARO QUE NO SERÁS TÚ, ¿VERDAD? PORQUE YO SOY LA NOVIA, Y YO SERÉ LA IDIOTA QUE TENGA QUE IR TRAS ÉL PARA HABLAR.
-¡Yo también puedo ir! -dijo Harry, fuera de sí-. ¡Claro que iré! Iremos ambos y le diremos…
-¿"Iremos ambos"? -repitió ella, mientras seguía derramando lágrimas-. ¿ACASO CREES QUE ES BUENA IDEA QUE NOS VEA JUNTOS OTRA VEZ? DÉJALO, HARRY. DEJA LAS COSAS ASÍ. YO IRÉ TRAS ÉL.
Hecha una furia y sin dejar de llorar, Hermione giró en su lugar y desapareció.
-¡MIERDA! -gritó Harry, furioso. Le dio una patada a la mesa y la pata de esta se quebró. Lanzando un aullido de cólera, Harry tomó toda la pila de platos que Hermione había reparado y la lanzó contra la pared opuesta de la habitación, haciendo que cientos de pedazos de vidrio volaran por doquier. Se dejó caer en el piso de la cocina, se tapó el rostro con las manos y se quedó allí en el suelo, respirando muy agitado y con demasiada ira dentro suyo.
Sin tener suficiente con haber destruido media cocina, le dio un codazo con fuerza al mueble de cocina tras él y esta vez lo que pareció romperse no fue el mueble sino su codo. Un dolor inmenso lo agobió con tal intensidad que nubló su mente unos segundos. Pero no pasó mucho tiempo hasta que los pensamientos volvieran a él.
¿Por qué Hermione se había puesto así? Había tenido el mismo comportamiento que el día del primer beso: enfurecerse y echarle la culpa a él. ¿Qué había hecho Harry de malo que ella no hubiera hecho? Ambos eran parte de esa relación, de lo que estaba pasando. Ella era tan culpable como él. Claro que él no había hecho los encantamientos protectores, porque no quería vivir con miedo y sentir que fueran necesarios. Pero eso no tenía nada que ver: Ella se escudaba en eso para no admitir la verdad: que Ron tenía que enterarse tarde o temprano. No podían mantener esa mentira. Claro que la forma en la que había pasado había sido la peor, pero Harry no creía mercer que lo tratara como lo hizo.
Trató de calmarse. Luego de unos segundos respirando agitado en el suelo, se sacó las manos de los ojos y empezó a respirar y pensar con más normalidad.
Hermione solo estaba conmocionada por el momento, probablemente no creyera realmente que Harry fuera el culpable. Había ido tras Ron, para explicarle lo que había pasado. ¿Qué le diría? ¿Qué le gustaba Harry y quería ser novia suya en vez de ser novia de él? ¿O que aquello había sido un error, y que la perdonara y siguiera siendo su novio?
No tenía idea de qué diría Hermione, porque cada vez encontraba menos sentido en las acciones de la chica. Conocía muy bien a Hermione, y parte de conocerla era saber que a veces simplemente no podía saberse cómo iba a reacciones o actuar. Siempre podía sorprenderlo. Lo había hecho al levantarse así de la mesa para besarlo, cosa que no se esperaba de ella con esa actitud; y también lo había sorprendido al enojarse así. Sus cambios de comportamiento eran impredecibles.
Y Ron… Bueno, no sabía que pensar de eso. Sabía que la mirada que le había lanzado Ron no era nada. Merecía algo mucho peor. Merecía que Ron lo golpeara, que le lanzara maleficios con su varita enfurecido y lo batiera a duelo. Claro que la reacción de Ron solo lo hacía sentir peor: el haberse simplemente ido, con esa expresión de seriedad total que parecía indicar que se tomaba aquello como la ofensa más grave que alguien hubiera cometido contra él, simplemente yéndose luego, indicaba que estaba profundamente dolido y que nunca en su vida olvidaría ese momento. Lo habían herido de verdad. No había querido pelear o enfurecerse. Simplemente había querido irse.
Harry volvió a arremeter contra la mesa y le acabó de partir la pata, que salió volando por el aire. Le dio un puñetazo a la superficie de la mesa y sintió que se le rompían varios nudillos. Aulló de dolor y volvió a lanzarse al suelo. Ahora tenía el codo izquierdo y los nudillos de la mano derecha rotos. No había dudas de que estaban rotos.
Cerrando los ojos con fuerza para tratar de no sentir el dolor, se sintió un estúpido. No tenía ningún sentido ese ataque de furia, y no sabía realizar los encantamientos para sanar sus huesos. Tendría que ir a hacerse ver. Quizás era bueno tener una excusa para hacer algo y no quedarse allí, sin embargo.
Harry se puso de pie y trató de no mover los brazos, porque lo mataban de dolor. Sobre todo el izquierdo, si flexionaba el codo por accidente. Se acercó a su varita, que estaba sobre la mesa, pero no sabía cómo agarrarla. Con la derecha era imposible, así que trató con la izquierda. Cuando finalmente la pudo sujetar, giró sobre sí mismo y desapareció.
Luego de su breve visita a San Mungo, Harry volvió a su casa y se quedó horas despierto mirando el techo. Pensó en escribirle a Hermione, pero, ¿qué podía decirle? ¿Qué le cuente qué había pasado cuando fue a buscar a Ron? ¿Qué le pregunte si al final lo prefería a él? No tenía idea de qué escribirle, así que no le escribió nada. Se quedó pensando en todos los problemas que podrían surgir a partir de ese momento: Ginny seguramente se enteraría de lo ocurrido, porque sería raro que Ron no le fuera a decir nada. Tampoco Harry tenía intenciones de correr al castillo a buscar a Ginny para explicarle nada, porque, ¿qué podía explicarle? ¿Que la había engañado con Hermione, pero que no se preocupe, que igual la quería? Era absurdo. Él era el malo de la historia, no tenía nada que decirle a Ginny. No había disculpas que compensaran aquello.
Y luego, ¿qué más podía ocurrir? ¿Iría finalmente Ron a buscarlo para golpearlo? ¿Debía poner los encantamientos protectores para evitar que lo matara a golpes mientras dormía? ¿Cómo haría para verle la cara el lunes en la Academia, si es que iban? O en el Ministerio, si continuaban trabajando allí. Decidió dejar esas preguntas para después. Ahora lo urgente era saber qué había pasado cuando Hermione fue tras él. ¿Cómo podía saberlo?
Luego de pensarlo mucho tiempo, decidió que iría a casa de George y Ron también él. No sabía para qué exactamente, pero no había forma de que se quedara allí solo en su casa toda la noche luego de lo ocurrido. Pasara lo que pasara, tenía que enfrentarlo.
Harry se lavó la cara en el baño, tomó fuerzas, giró sobre sí mismo y se apareció en el Callejón Diagon, frente a Sortilegios Weasley.
Estaba oscuro. No había nadie en la calle. Harry intentó escuchar por si había gritos o discusiones dentro, pero no se oía nada. Caminó hacia el negocio y se detuvo. La entrada a la casa de Ron y George era en un costado del negocio, una puerta discreta que conducía a una escalera. Fue hasta allí y giró el picaporte. No abrió. Se quedó pensativo un instante. Entonces levantó el puño y golpeó varias veces.
Nada. Nadie atendió.
Harry se apartó un poco y miró alrededor. No había un alma allí, era muy tarde en la noche. Cerró los ojos y se imaginó con toda claridad el recibidor de la casa de Ron. Se concentró en el lugar, giró sobre sí mismo y ocurrió algo extraño: desapareció, pero al instante reapareció de vuelta en el mismo lugar donde estaba antes de desaparecer, frente a la puerta de entrada, no dentro del lugar.
Ron debía de haber puesto encantamientos protectores.
-¡Ron! -gritó Harry, y golpeó la puerta varias veces-. ¡Ron! ¡Ábreme la puerta!
Se quedó esperando. No salió ni se asomó nadie. El corazón de Harry latía a toda velocidad. Sabía que Ron debía estar allí, ¿a dónde más estaría? Miró hacia la ventana de la casa, a varios metros sobre el nivel del suelo. Las luces estaban todas apagadas.
-¡Ron!
Nadie salió, a pesar de que su grito era perfectamente audible.
-¡Ron! ¡Abre la puerta! -repitió a los gritos.
-¡Oye, deja dormir! -gritó alguien. Harry giró sobre sus talones y vio que de una ventana también alta, pero de otro edificio cercano, asomaba la cabeza de una bruja conocida: era Madame Malkin, con una vincha de ojos para dormir puesta.
-¡Lo siento, señora! -le dijo Harry en voz más baja.
Se volvió de nuevo a la ventana de Ron y supo que Ron no quería dejarlo entrar, ni salir él. Debía estar atrincherado dentro, solo, y le habría dicho a George que no saliera tampoco. ¿Habría dejado entrar a Hermione? ¿Estaría ella dentro?
Se quedó esperando unos instantes, pero era inútil. Luego de un rato, se desapareció y volvió a su casa.
Al día siguiente, Harry estaba con un aspecto terrible. No había dormido nada. Desayunó con desgano y se fue a pasos lentos y pesados al almacén a comprar comida. En el camino, tuvo la desagradable suerte de encontrarse a Miranda Plementiff.
-¡Hola, Harry! -le dijo la bruja, acercándose a él con curiosidad. Harry quiso esquivarla, pero no había por donde. -¡Que agradable verte! Quiero que sepas que los lectores amaron mi nota sobre ti y tu novia. ¿Has visto la portada? Fantástica, ¿verdad?
-Sí, muy linda -dijo Harry, con una sonrisa forzada y tratando de seguir su camino. Para su horror, ella se puso a caminar a su lado.
-Espero que hayas notado lo que te decía. Ya no inventamos historias en Corazón de Bruja. Solo la verdad, ¿has visto? Espero que nos permitas hacerte una entrevista pronto. A ti y a tu novia Ginny, por supuesto. Los lectores quieren saber todo sobre la relación, y sobre ustedes. ¿Qué me dices?
-Sí, podría ser -mintió él, tratando de escapar de la situación-. Le enviaré una lechuza.
Ella le lanzó una sonrisa y una mirada simpática.
-Claro, claro -dijo, acelerando para seguirle el paso-. ¿Te queda bien este martes?
-Tendré que ver mi agenda, no recuerdo a qué hora tengo clases -dijo él, y se arrepintió al instante de haberle dado esa información.
-Oh, estás haciendo estudios superiores, ¿verdad? ¿De qué, se puede saber? Imagino que tendrás una profesión honorable.
-Podemos hablarlo todo en la entrevista -volvió a mentir él, que quería sacársela de encima antes de que ella le sacara alguna foto con ese rostro destruido y la publicara en primera plana.
-¡Claro que sí! -dijo ella-. Harry, te veo un poco mal -dijo ella entonces, y Harry empezó a perder la paciencia-. ¿Estás bien? Te noto algo decaído.
-Estoy bien.
-Claro que nuestras lectoras quieren saber de tu relación con Ginny, pero también…
-Disculpe, debo entrar aquí -dijo Harry, y muy rápidamente giró en dirección opuesta a donde estaba yendo, metiéndose dentro de una tienda que ni siquiera sabía cuál era. Antes de que la bruja lo siguiera también adentro, se fue hasta el fondo de todo con rapidez, entre los estantes, y encontró unas escaleras que bajó con rapidez. Esperaba perder de vista a la bruja para poder desaparecerse, lejos de allí. Volvería en otro momento a hacer las compras.
Fue entonces que se dio cuenta de que estaba en el sótano de Honeydukes. Pudo reconocer el lugar de inmediato, y entonces se quedó inmóvil. ¿Lo habría visto alguien bajar al sótano? No parecía que nadie en la parte de arriba lo hubiera visto, porque nadie bajaba las escaleras. Pensando que era la mejor forma de huir de la periodista, Harry caminó hacia el sitio donde sabía que estaba la puerta trampa hacia el pasadizo de la Bruja Tuerta, la descubrió, la abrió y se metió dentro.
Una vez dentro del oscuro túnel, se sintió a salvo. Ese era el túnel que Hermione había estado usando para ir a verlo. ¿Qué hacía ahora, se desaparecía de regreso a su casa? Se quedó pensativo, y tuvo una repentina idea. Podía resultar tan terrible como haber ido a casa de Ron la madrugada anterior, pero debía intentar esta también: debía ir a ver a Ginny. Si bien no se le ocurría nada que escribirle, quizás en persona las cosas fueran distintas.
Avanzó durante largos minutos por el túnel. Tenía que ir agachado, porque siendo ya un mago adulto era muy distinto que cuando iba por allí a los trece años. Los túneles de Hogwarts habían desaparecido por un tiempo, pero luego de la batalla la restitución del castillo había traído consigo que se volvieran a habilitar. Harry no sabía si McGonagall era consciente de ello o los magos que habían reconstruido el castillo simplemente se habían topado con esos túneles bloqueados y habían pensado en restituirlos también, junto con lo demás, sin consultar a nadie. Lo único que sabía es que estaban activos de vuelta, y eso le jugaba a favor en ese momento para poder ir a ver a Ginny.
Claro que su decisión empezó a flaquear cuando el túnel fue llegando a su fin. Y, al llegar a las escaleras que conducían arriba, ya no estaba seguro de querer hacerlo.
Finalmente, se armó de coraje, como lo había hecho al ir a casa de Ron y George, y salió afuera del túnel y al pasillo del tercer piso, luego de aplicarse el mejor encantamiento desilusionador que pudo (no tenía su capa). Pasó junto a la estatua de Gunhilda de Gorsemoor y se puso a caminar por los pasillos.
Un regreso al interior del castillo de Hogwarts hubiera sido una ocasión muy emotiva y feliz en otro momento. Pero no ese día. Avanzó con cuidado por los pasillos, tratando de esconderse tras una estatua cada vez que pasaba un estudiante, por si su encantamiento desilusionador no era muy efectivo, y consiguió llegar sin ser visto ante el retrato de la Dama Gorda.
-Soy yo -dijo en un susurro.
-¿Cómo? ¿Quién anda ahí? -dijo la Dama Gorda.
-Soy yo. ¡Harry Potter! -le reveló en un susurro.
-¡Oh, vaya sorpresa! -dijo ella, encantada-. Qué agradable… pero tú ya no eres estudiante aquí. Imagino que por eso es que llevas un encantamiento desilusionador -astuta, la Dama Gorda se inclinó hacia adelante como intentando verlo tras su encantamiento.
-¡Vamos, déjame entrar! -pidió Harry-. Necesito hacer algo importante.
-No me digas que hay más magos tenebrosos -dijo ella entonces, y se llenó de miedo-. ¡Oh, no, qué horror! Si estás aquí, de seguro es para atrapar a algún mago tenebroso. Bien, pasa, Potter. No quiero más guerras en este castillo. ¡Hogwarts no puede soportar otra batalla! ¡Detenlos, muchacho!
La Dama Gorda se hizo a un lado, abriendo el retrato, justo en el momento en que un grupo de alumnos de sexto año salían de allí.
-¿Con quién hablabas, Dama Gorda? -le preguntó un muchacho que venía de la mano con Romilda Vane. Tras ellos salieron dos chicos más.
-Con Harry Potter -dijo ella-. ¡Esta aquí, vino a derrotar a otro mago tenebroso!
-Claro, Dama Gorda -dijeron, y pasaron de largo riendo-. Está cada día más loca -comentaban entre ellos, mientras se alejaban.
Harry se coló a través del hueco tras el retrato y se metió en la sala común. Buscó escondite rápidamente, porque había varios chicos allí y no quería que su hechizo le fallara y lo vieran. Se escondió rápidamente y sin mirar tras unas butacas en las que había dos muchachas sentadas, y esperó. ¿Cómo haría para subir a los cuartos de las chicas para buscar a Ginny? ¿Estaría allí, o en otra parte del castillo? Mientras trataba de resolver ese problema, oyó que las dos chicas sentadas en las butacas tras las cuales estaba él escondido hablaban, y sus voces eran extremadamente familiares.
-Lo siento mucho, Ginny -decía la voz de Luna. Harry sintió que su corazón se paralizaba.
-Está bien, me recuperaré -dijo la segunda voz, y Harry reconoció aterrado la voz de Ginny, pero casi irreconocible: ella nunca lloraba, y en ese momento su voz denotaba que lo estaba haciendo en ese preciso momento. -Creo que siempre lo supe -dijo entonces Ginny. Harry aguzó el oído, tratando de no perderse palabra. -Ellos siempre estaban juntos, ¿sabes? Al final de quinto año, cuando nos pusimos de novios, solo unas semanas después él rompió conmigo diciendo que debía cumplir su misión.
-Lo sé, lo recuerdo -decía Luna, comprensiva.
-Yo lo entendí -continuó Ginny-. Me pareció que estaba bien. Sabía que él era así, y por eso me gustaba tanto. Me pareció bien que fuera a cumplir su misión, por más que eso implicara romper conmigo. Me destrozó, me hizo sentir terrible, pensé que quizás moriría en la lucha y jamás volvería a verlo.
-Imagino lo horrible que debió ser -decía Luna, y Harry casi podía ver la expresión de comprensión y angustia que debía tener Luna, a pesar de que los separaba el respaldo de la butaca.
-Pero entonces, supe que no había ido solo a hacer esa misión -siguió Ginny-. Había ido con ella. ¿Cómo crees que me sentí entonces? Sabía que estaba con ella escondiéndose del Ministerio, huyendo juntos, y jamás se apareció donde yo estaba para visitarme. Nunca se arriesgó para verme. Claro que no me importó, decidí que no debía importarme. Porque él estaba cumpliendo su gran misión, yo tenía que entender. Así que pensé, bien, Hermione ha estado con él y con Ron todos estos años, resolviendo misterios juntos, tiene sentido que estén juntos en este momento, porque quizás tienen más chances de derrotar a Voldemort que si yo estuviera con ellos. Al mismo tiempo, me hacía sentir una inútil que no me hubieran preguntado si quería ir con ellos. Yo lo habría hecho.
-Yo igual -dijo Luna-. Me hubiera gustado ir a pelear. Además, acabaron secuestrándome.
-Exacto -siguió Ginny, y lanzó otro sollozo-. Y todo, ¿para qué? ¿Para que acabara… engañándome con ella?
Ginny rompió en silenciosos llantos y Luna se movió en su asiento, seguramente para consolarla. Algunas personas en la sala común giraban su cabeza con disimulo para ver qué le ocurría a la chica.
-Quizás deberíamos ir a otra parte -dijo Luna-. Había menos gente en la sala común de Ravenclaw.
-Déjalo, no te preocupes. Además -continuó Ginny-. ¿Con Hermione? ¿En serio? No sé qué pensar. ¿Tienes idea de cómo estaba Ron cuando me lo dijo? Estaba destrozado, peor que yo. Él siempre había gustado de Hermione. Era su amor platónico, la futura madre de sus hijos. En estos meses que pasaron, estaba realmente contento de estar con ella. Lo noté. Incluso lo ayudó a superar lo de Fred, ¿sabes?
Llegado a ese punto de la charla, Harry no sabía si seguir escuchando o apuntarse con la varita en la cabeza y gritar "¡Avada Kedabra!".
-Es terrible, jamás hubiera pensado que Harry pudiera hacer algo así -reflexionó Luna-. Siempre lo vi tan valiente y heroico, pero ahora creo que es un idiota.
Harry tragó saliva, en su escondite. Eso era muy depresivo de oír.
-Como muchos hombres -siguió Luna-. Seguro se dejó llevar por un impulso.
-No me importa por qué lo haya hecho. Todo terminó entre nosotros -sentenció Ginny.
-Pero estoy segura de que se debe querer morir en este momento -dijo Luna, y Harry asintió con la cabeza para sí mismo mientras escuchaba-. Ya sea que su intención fuera quedarse con Hermione o no, se querrá morir ya que las perdió a ambas. Ella prácticamente le suplicó a Ron que la perdone y regrese con ella, y si bien ahora él está enojado, todo parece indicar que la perdonará, ¿no crees?
-No sé qué hará Ron o no -dijo Ginny con frialdad-. Por mi parte, no pienso hacer un duelo de esto. Me buscaré al primero que vea y me pondré de novia con otro.
-Esa es la actitud. ¡Bien! -Luna quiso animarla, con un tono de voz alegre-. No llores, Ginny. Son todos idiotas, ¿no crees?
-Sí… -pero no se la oía tan convencida-. Solo que no pensé que él…
-Haz lo que dijiste. Ponte de novia con otro lo antes posible y olvídalo.
-¿Sabes? Mejor sí vámonos de aquí. Me estoy cansando de que aquellos chicos me miren queriendo saber qué pasa.
Se pusieron de pie y Harry trató de no mover un solo músculo. Oyó que se alejaban, y cuando la distancia fue prudente se asomó y vio cómo se alejaban a través del retrato.
Harry se quedó allí, invisible para todos, tras una butaca, sintiéndose lo peor. Decidió que no tenía nada que hacer allí, lo mejor era volver.
Esa tarde de domingo fue horrible. Harry estuvo tirado en su sofá comiendo comida chatarra que había comprado en el almacén de la calle principal. Le había crecido la barba y tenía el pelo grasiento y revuelto ya que no se había bañado aún. Tampoco había comido nada decente. Sus ojos estaban rojos y perdidos en la distancia. Había llorado, finalmente.
Nadie lo había ido a ver. Pero, ¿quién lo hubiera hecho? Ron lo odiaba. Ginny lo odiaba. Todos los demás estaban de parte de ellos, naturalmente. Incluso Hermione parecía haberlo abandonado, ya que según Luna le había suplicado perdón a Ron y le había dicho que lo elegía a él, y pronto estarían de nuevo juntos, si Ron la perdonaba.
Todo parecía reducirse en que Harry estaría solo en el mundo a partir de ahora.
-Así que este fue el precio -dijo en voz alta, ya que estaba empezando a hablar solo también-. El precio de lo que hicimos. De besar a mi mejor amiga. De sentir algo por ella… que ella también dijo que sentía -cerró los ojos, y una lágrima le cayó por el rostro hacia la barba-. El precio de nuestra travesura ha sido muy caro. Ahora debo tragarme todo y pagarlo, no hay opción. Lo merezco, después de todo. Engañé a Ginny… le mentí a Ron… Lo merezco. ¿Verdad, Stripy?
La lechuza rayada pareció asustarse de que le dirigiera la palabra, quiso salir volando hacia el dormitorio, pero se golpeó la cabeza con una sartén y cayó sobre la mesada.
-Sí, así se siente, Stripy. Como golpearse la cabeza.
Harry se desplomó aún más en el sofá y se metió más comida chatarra en la boca.
Los días siguientes no fueron mejores. Ron no apareció en la clase del lunes, ni en la del martes, ni en la del miércoles. Evidentemente, había decidido abandonar su cursada. Harry no encontró eso tan exagerado. No era como Hogwarts, donde perder un año hubiera sido algo terrible. Muchos de sus compañeros del AAS eran magos adultos o mayores. No todos empezaban a los 18 años. Algunos decidían que querían ser aurores de más grandes, o habían trabajado antes de hacer la carrera. Así que Ron no estaría fuera de lugar si decidía retomar los estudios al año siguiente. De hecho, Harry entendía que las materias eran cuatrimestrales, así que Ron podría anotarse a esas mismas materias en solo cuatro meses para retomar el curso. Seguramente Ron habría decidido que no quería verle más la cara a Harry y por ende prefería perder cuatro meses antes que tener que verlo en clase.
Ron tampoco apareció el jueves en el Ministerio. Harry se preguntó si no sería demasiado ya dejar también su nuevo empleo por su problema con él. El jefe del departamento le preguntó si sabía qué había pasado con Ron, porque no había avisado nada de que no fuera a ir. Harry le dijo que creyó que estaba enfermo. Quizás Ron algún día se enteraría que lo había cubierto y pensaría bien de Harry por hacerlo. Pero era un pensamiento muy optimista. La realidad es que Ron tampoco fue al día siguiente, y el jefe del departamento le mandó una lechuza consultando si estaba abandonando el empleo, para darlo de baja. Seguramente Ron jamás se enteraría que Harry lo había querido cubrir.
Así que el viernes, después del trabajo, Harry se aplicó un encantamiento desilusionador y se apareció frente a Sortilegios Weasley. Efectivamente, Ron estaba allí dentro, acomodando productos en estanterías.
-Así que aquí trabajas ahora -se dijo Harry en voz alta, hablando solo nuevamente-. Me lo imaginaba. Bien, seguramente sea más dinero que el Ministerio de cualquier forma.
Volvió a su casa, y la soledad lo recibió nuevamente, igual que toda la semana. Se sentó y se puso a hacer los deberes, que terminó en solo una hora. Una ventaja que tenía estar solo en el mundo era que los deberes lo distraían de la miseria de su vida, así que hacerlos no era nada complicado y los terminaba enseguida. Luego de dejarlos a un lado, se dio cuenta que aún tenía todo el fin de semana por delante sin nada que hacer ni nadie que lo fuera a ir a ver, y eso lo deprimió enormemente. El lunes estaba muy lejos…
Stripy entró por la ventana y dejó algo a su lado.
-Gracias -le dijo Harry, y tomó la revista para ojear la portada. Le había pedido a Stripy que le trajera un ejemplar de Corazón de Bruja, porque tenía sus sospechas de que la periodista hubiera dicho algo de su encuentro con él. El semanal de Corazón de Bruja tenía una portada enorme con la cara demacrada de Harry el día que se había cruzado a la periodista en la calle central de Hogsmeade. -Diablos -se quejó el chico, incluso antes de leer el titular. Había salido abatido y horrible, y al parecer en alta definición. Y entonces leyó el titular:
"¡CORAZONES DESTROZADOS! HARRY POTTER ENGAÑA A GINNY WEASLEY CON AMIGA DE HACE MUCHOS AÑOS, QUIEN ERA NOVIA DE SU MEJOR AMIGO".
Enfurecido, Harry buscó la nota y empezó a leerla:
¡La noticia de la semana! ¿Creías que Harry Potter era un gran mago y un héroe? ¡Espera a oír lo que le ha hecho a su ahora ex novia, Ginny Weasley! Le engañado con nada más y nada menos que su amiga de hace muchos años, Hermione Granger, con quien en el pasado ha sido visto muchas veces combatiendo las fuerzas oscuras. ¡Y eso no es todo! Granger era novia, antes de caer en los brazos del héroe mágico, del hermano de Ginny Weasley: Ron Weasley. ¿Demasiado confuso para ti? ¡Pero hay más! Porque Ron era y siempre había sido el mejor amigo de Harry Potter. ¡Qué lio has hecho, Harry! A ver ahora si la gente lo sigue idolatrando, ahora que sabemos el peculiar gusto del mago por las brujas de su círculo íntimo.
En exclusiva con Corazón de Bruja, la estudiante de sexto año de Hogwarts, Romilda Vane, nos cuenta toda la información sobre el drama romántico de la seana, quizás del mes, ¡y hasta del año! Lee la entrevista a continuación:
Romilda: Gracias por invitarme, Miranda. Cuando me enteré de lo que había ocurrido, me sentí profundamente afectada y no pude evitar escribirte. Soy ardua lectora de Corazón de Bruja, y siento que toda la comunidad mágica debería saber esto.
Miranda: Cuéntanos, querida, ¿qué te has enterado?
Romilda: En la sala común de Gryffindor, todos vimos llorar a la ex novia de Harry Potter, Ginny Weasley. No fue muy abierta al contar lo que le pasaba, pero un par de orejas extensibles de Sortilegios Weasley nos iluminaron a todos con la verdad. Su hermano, Ron, le acababa de decir la verdad, que había visto a Harry Potter engañándolos a ambos.
Miranda: Déjame ver si tengo clara la historia. Todos sabemos de la pareja del año, Harry Potter y Ginny Weasley. Escribí sobre ellos hace poco. Ahora tú dices que estos otros chicos…
Romilda: Son Ron Weasley y Hermione Granger, los dos mejores amigos de Potter, siempre juntos en todas sus aventuras. El año pasado se pusieron de novios entre ellos y llevaban meses juntos.
Miranda: Y ahora, Potter ha engañado a Ginny con nada más y nada menos que su amiga de hace muchos años, Hermione Granger.
Romilda: Exacto. ¡Y agarrados con las manos en la masa por el mismísimo Ron, mejor amigo de Harry, que los descubrió juntos al aparecerse en su casa!
Miranda: ¡Increíble, Romilda! Eso debió destrozar a los hermanos Weasley.
Romilda: Los hizo polvo, sin lugar a dudas. Yo misma había estado tras el gran Harry Potter en una época, a todas nos atraía. Pero luego de esto, temo que tenemos que darnos cuenta de que solo es otro gran idiota como tantos hombres…
Harry no siguió leyendo. Rompió la revista en pedazos y la lanzó lejos, con furia. Así que por eso Romilda salía de la sala común cuando él estaba entrando. Iba con sus amigos a escribir una carta a Miranda Plementiff, luego de que espiaran a Ginny dentro de la sala común cuando ella acababa de contarle a Luna lo ocurrido. Y la periodista, que acababa de toparse con Harry, aprovechó la oportunidad y de paso se vengó con él por negarle una entrevista…
Asqueado por la situación, con un desprecio hacia esa revista, la periodista y Romilda Vane que no podía describir, Harry se levantó del sofá y se puso a dar tumbos por la casa.
Tenía que hacer algo. Ya había perdido todo. ¿Qué más podía perder? Quería hablar con alguien, aunque no sirviera para nada. ¿Qué hacía? ¿Iba a uno de esos psicólogos de magos que había mencionado Ron? No le vendría nada mal… Pero entonces recordó que tenía a Hagrid aún. ¿Acaso él lo odiaría también? Hagrid no parecía la clase de persona que dejaba de hablar a un gran amigo por un problema romántico con otros. Decidió hacer la prueba. Tomó su escoba, se aplicó el encantamiento desilusionador y salió volando por la ventana en dirección al castillo.
-¿Quién está ahí? -preguntó Hagrid momentos después, al abrir la puerta de su cabaña y no ver nada.
-¡Soy yo! ¡Harry!
-¿Harry? ¡Vaya, qué alegría…! -su voz entonces bajó abruptamente, como si acabara de recordar algo, y continuó de forma mucho más fría-. Claro, Harry, pasa. Adelante.
Harry entró a la cabaña y se quitó el hechizo.
-Tú también me odias, ¿verdad? -dijo, con las esperanzas de una charla amistosa por el piso tras ese cambio en el tono del semigigante.
-No, no, claro que no -dijo él-. Ya se todo lo que pasó. Toma asiento Harry. Esperaba que me visitaras de nuevo un día de estos. Como en los viejos tiempos, ya sabes. ¿Quieres té?
-Sí, por favor -dijo Harry, tomando asiento y acariciando a Fang. Qué bueno era ver como el perro estaba emocionado de verlo. Al menos él no lo juzgaba.
-Terrible, lo que ocurrió -dijo Hagrid, mientras preparaba el té-. Pero entiendo que no tienes toda la culpa, Harry. Son cosas que pasan. Cosas de gente joven.
Luego de preparar el té, se sentó junto a Harry y le pasó una canasta con unos bollos especialmente duros.
-Gracias -dijo Harry, y tomó uno. No le importaba más nada. Hasta comería los bollos duros de Hagrid si eso la garantizaba caerle mejor a su amigo. Estaba desesperado por caer bien a alguien.
-Dime, ¿cómo has estado estos días?
-Terrible -dijo Harry, encogiéndose de hombros-. ¿Cómo hasta estado tú?
-Bien, bien -Hagrid asintió, mirando a Harry con preocupación-. Tú sabes, empezando las clases y todo eso.
-¿Eres profesor nuevamente, verdad?
-Sí, sí, McGonagall me devolvió mi puesto de Cuidado de Criaturas Mágicas.
-Qué bien, Hagrid.
-Es bueno enseñar, sí -dijo él, bebiendo su té-. Pero mejor hablemos de tu problema, Harry. Imagino que por eso has venido.
-Sí, bueno… No sé qué puedo decir de eso.
-¿Por qué engañaste a Ginny? -dijo Hagrid, preocupado-. Ella es una niña tan buena…
-Lo sé, Hagrid, soy un idiota.
-Si me dijeras que la engañaste con otra muchacha que conociste en un baile, o… ¿tú vas a bailes?
-Jamás -dijo Harry-. No, no hago nada de eso. Supongo que tienen en el mundo mágico, pero nadie me ha invitado.
-Sí, claro. Los hay. Bueno, en mi juventud he conocido uno o dos lugares para bailar y conocer muchachas.
-¿De verdad? -Harry sonrió por primera vez en mucho tiempo.
-Oh, sí, no creerás que siempre he sido un viejo solterón, ¿verdad?
-Bueno, sé que tú y Madame Maxime…
-Olvídate de ella, Harry. Ya te he contado mi historia con ella. Pero no, no he estado solo siempre. He conocido algunas muchachas, en mi juventud, que no tenían problemas con mi gran tamaño. De hecho, te confieso que a algunas de ellas les resultaba atractivo.
Harry sonrió de nuevo y bebió de su té.
-Ahora bien, Harry, como te decía. Si me dijeras que estuviste con otra cualquiera, desconocida, me enfadaría contigo. Porque Ginny es una buena niña y no lo merece. Pero, tratándose de Hermione… -se quedó pensativo-. Ustedes tienen una historia, el uno con el otro.
-Sí, una gran historia. Pero supongo que creíste que era una buena amistad y nada más.
-No lo sé, no había pensado en eso. Pero está bien si te gusta. Supongo que la conoces más que a Ginny. Han compartido más cosas juntos. Es muy normal que te guste, Harry. Son compañeros de aventuras, de vida, mucho más que con la hermana de Ron. Te diría más, te diría que Hermione y tú son el uno para el otro.
Harry miró a Hagrid con seriedad y respeto, agradecido de tenerlo a él como amigo.
-Ron nunca volverá a hablarme, Hagrid.
-Bueno, quizás su enojo no sea para siempre -se quedó pensativo nuevamente-. Conociendo a Ron, bueno… por algunos años, quizás.
Abatido, Harry se desplomó en el asiento y comió otro bollo masticando con fuerza.
-No es como que no hubiera estado peleado antes con Ron -dijo, luego de tragar-. Nos hemos peleado en varias ocasiones. Casi podríamos decir que tengo una gran pelea con Ron una vez al año en promedio. Pero esta vez… Esta vez, creo que es para siempre.
Harry quedó cabizbajo, y Hagrid lo miró con aprehensión.
-No te pongas así -dijo con tristeza-. Mira, se supone que no te diga esto… -pensó unos instantes antes de continuar-. Pero Hermione ha estado aquí estos días. También vino a verme para buscar consejo.
-¿Ah, sí? -dijo Harry, interesado.
-Sí. Está destruida, ella también. Pobre, me da tristeza, igual que tú. Le dije exactamente lo mismo que te digo a ti en este momento: Lo que hicieron es algo malo para Ron y Ginny, y me apena por ellos dos. Pero entiendo que les pasara esto el uno con el otro, y creo que si de verdad se quieren, deberían estar juntos. Y que no les importe lo que digan los demás. ¿Qué opciones tienen, eh? Si se gustan, se gustan. Los demás podrán enojarse, pensar que son unos traidores. Quizás podrían haberle dicho a Ron de una manera mejor, pero ya está hecho, él tendrá que aceptarlo. Ustedes se quieren el uno al otro.
-Entonces Hermione dijo que me quería -dijo Harry, incorporándose un poco.
-Bueno, no se supone que te diga eso, Harry.
-Gracias -Harry se sentía un poco mejor-. Es bueno saberlo, de cualquier forma. Creo que siento algo por ella, Hagrid, algo que no sentía por Ginny. Si algún día superamos esto y conseguimos estar juntos, podría hacer que al menos eso saliera bien. No sé si Ron pudiera perdonarme alguna vez, pero tampoco podría estar el resto de mi vida mirando a Hermione así y viendo como está con él y no conmigo, ¿no crees? Eso también me hubiera destruido.
-Sí, creo que tienes razón, Harry -Hagrid bebió su té y lo miró detenidamente-. Cómo han crecido, niños. A veces lo olvido.
Alguien golpeó la puerta en ese momento.
-¡Adelante! Está abierto -gritó él.
La puerta se abrió, y Harry una vez más sintió una aceleración del pulso al ver a Hermione entrar sin notar su presencia.
-Hola, Hagrid. ¿Cómo estás? Pensé en venir a ver…
Se detuvo al ver a Harry.
-¿Qué haces tú aquí? -dijo con frialdad. Harry iba a contestar, pero no le dio la oportunidad-. No importa. Volveré después.
-¡Espera! -Harry se puso de pie y fue tras ella.
-Olvídalo, Harry, no hablaré contigo.
-¿Por qué no? -dijo él, yendo tras ella con una ardiente mezcla de emociones-. No me ignores…
-Es muy pronto. No puedo hablarte.
-Vamos, Hermione -se acercó a ella y quiso agarrarla del brazo.
-¡Que me dejes! -protestó, y lo miró enfada unos instantes. Él se quedó quieto, y no dijo nada más. Entonces ella se dio la vuelta y se alejó a pasos largos hacia el castillo.
-Bueno… Valía la pena que lo intentes -opinó Hagrid, dándole palmaditas en la espalda-. Ya se le pasará, Harry. Confía en mí. Pronto ustedes cuatro estarán bien, podrán superar esto…
Pero los días pasaron, y nadie superó nada. No volvió a hablar con ninguno de sus amigos, y los días se hicieron eternos y aburridos. Cuando se dio cuenta, estaba sentado en el aula de la materia Hechizos y Encantamiento de Aurores I, practicando hechizos solo. Nadie de sus compañeros quería practicar con él. Muchos lo miraban con desprecio al pasar. Había pasado de ser el héroe mágico al mago más odiado. Lo bueno era que no era la primera vez que pasaba de ser un famoso mago heroico a un mago famoso desprestigiado, así que ya sabía cómo actuar, qué hacer y qué no hacer. Se quedó solo, sin molestar a nadie, tratando de que no lo molesten.
En la clase del miércoles, Criminología Aplicada a la Magia, veían muchos contenidos prácticos, pero también algo de teoría. En un momento determinado de la clase, Harry estaba repasando el libro de la asignatura para hacer el trabajo que les habían mandado, que consistía en resolver el crimen que el profesor les había dado como ejercicio. Había un asesino, y debían averiguar quién era en base a las pistas que había dejado. La profesora Jerkings les había dado veinte minutos, a ver quién podía resolverlo en ese tiempo, y Harry trataba de reflexionar el acertijo mientras repasaba los distintos hechizos de ocultismo de magia negra en su libro.
-Lo tengo -dijo en voz alta, y levantó la mano.
-¿Sí, Potter? -dijo la profesora, y todos hicieron silencio y lo miraron, varios con la misma mueca de desprecio usual en esos días.
-El asesino es el compañero del auror -dijo Harry, ojeando el libro de texto para confirmar si estaba en lo correcto-. Porque puede deducirse del texto que no realizó los procedimientos de rutina, lo que lo deja en sospecha; además la víctima había sido asesinada con una varita de 23 cm., que es un largo de varita habitual en magos de la personalidad del compañero. Finalmente, me doy cuenta porque los hechizos que utilizaron para cubrir la magia negra empleada coinciden con la magia que vemos en esta carrera, la carrera que se estudia para ser auror.
-Muy buen ojo, Potter -dijo la profesora, sorprendida-. Esperaba que descubrieran como mucho que la varita y su personalidad coincidían, pero me sorprende que hayas descubierto los otros indicios. Excelente, Potter.
Harry sabía que sus compañeros lo miraban aún con más desprecio, pero los ignoró. Acababa de descubrir algo. Mientras la profesora hablaba y explicaba algo del ejercicio, Harry sacó una notas que tenía dentro de su cuaderno y empezó a hacer flechas y anotar palabras en las notas. Buscó en su libro de texto y siguió anotando.
-Claro -dijo en voz alta, para sí mismo, en un susurro-. Esto tiene sentido.
Quizás su compañero del banco de al lado creyera que estaba loco por hablar solo, pero no le importó. Acababa de darse cuenta que si la Varita de Saúco había sido la varita asesina de aquellos tres magos, entonces no había forma de hacer una correlación entre la varita y el perfil del asesino, porque era una varita que no había elegido a su amo, como solía ocurrir, y motivo por el cual se las podía ligar a la personalidad de estos para descubrir quiénes eran sus amos; sino que era una varita que respondía a un amo que había desarmado a su amo anterior. Por ende, el departamento de aurores había mentido al decir que tenían un esquema del perfil del asesino, como habían hecho en información que Harry había oído allí mismo la semana anterior. Y no podía ser una equivocación, porque esos magos eran aurores y conocían la teoría y los hechizos. Según el libro de texto, la única forma de conseguir un perfil en un caso como ese, sin más evidencias del asesino, era por medio de información de su varita obtenida por hechizos de aurores.
-No se consiguió eliminar la cobertura de magia negra, porque había sido realizada con la Varita de Saúco -reflexionó Harry en un susurro para sí mismo-. La varita es perfecta. Ningún auror pudo acceder a los hechizos realizados por el asesino. ¿Cómo consiguieron un perfil entonces? No existe forma. No pudieron hacerlo. O sea que están mintiendo. El departamento de aurores tiene que estar involucrado con el homicidio, alguien allí es un cómplice.
Su compañero de al lado lo miraba como si estuviera loco, e incluso unos segundos después se puso de pie y se fue a sentar a otra parte. Pero a Harry no le importaba.
Estaba un paso más cerca de descubrir a su atacante. O era alguien del departamento de aurores, o tenía un cómplice allí.
