15. El castigo

-Disculpa, ¿qué escobas infantiles recomiendas? Es para una niña de un año.

Sintiendo como el mareo aumentaba, se aferró a un estante y trató de mantener la mente tranquila. Solo tenía que dejarla dormida, ausente, distante. Sabía que haciendo eso podría dominarlo. Sentir. No pensar.

-¿Estás bien?

Harry asintió a la muchacha que le dirigía la palabra. Debía tener unos treinta años, era rubia, y sus brillantes ojos azules estaban clavados en los de Harry con preocupación.

-Pues no te ves muy bien, ¿quieres que llame a un médico?

Harry negó con la cabeza, intentó sonreírle, pero supo que no lo lograría. Entonces la sensación le oprimió el pecho. Sentía que se desmoronaría. O peor, que moriría. Sí, eso era. La sensación era de muerte inminente. Como si tuviera la certeza absoluta de que estaba antes sus últimos minutos de vida. O segundos. Todo acabaría.

Se recostó en los estantes y varios productos limpiadores de escobas cayeron al suelo. Harry llegó a ver como Neville se acercaba corriendo y lo sujetaba por los hombros.

-¡Harry! ¿Estás bien?

Claramente, no estaba bien. ¿No veía Neville que estaba por morir?

Harry trató de mantener el equilibrio y echó un vistazo a las personas a su alrededor. El negocio estaba lleno de magos y brujas que lo miraban conmocionados y preocupados.

-Te llevaré a San Mungo –dijo Neville entonces.

-No. Iré solo. Tú quédate a cuidar el negocio. Ya me ha pasado esto antes. De verdad. Estaré bien.

Harry no dejó que Neville replicara. Giró sobre sí mismo y se apareció frente al hospital mágico.

Era la segunda vez que tenía que acudir allí en poco tiempo. Vio borroso el letrero de Purge y Dowse S.A, los almacenes muggle que estaban "cerrados por reformas" tras los cuales había que pasar para llegar a San Mungo. Al llegar al maniquí indicado, Harry le dijo: "creo que estoy por morir", y entonces atravesó el cristal sintiendo como si pasara a través de una cortina de agua fría. Al llegar del otro lado, sin embargo, estaba caliente y seco. Estaba en una recepción, donde un mago lo miró con preocupación y se acercó a él.

-Señor, ¿se encuentra bien?

-Creo que muero –repitió Harry, que estaba pálido como el papel.

El mago lo miró de arriba abajo, y para horror de Harry, cambió su expresión y ya no parecía tan preocupado.

-No se preocupe, señor, tome asiento que enseguida lo atenderemos.

Consternado por la falta de prioridad que ese mago le había dado a su muerte inminente, Harry se dejó caer sin discutir en una butaca y cerró los ojos mientras sentía que el mundo caía ante él. Quizás, si se desamayara, unos magos corrieran a socorrerlo…

-Hola, señor Potter –dijo alguien. Harry entreabrió lo ojos y vio que un mago adulto y canoso le tendía una mano con una semi sonrisa. –No se preocupe, estará bien. Venga conmigo.

Harry se levantó a duras penas y fue tras él. Luego de la consulta, descubrió que sufría ataques de pánico. Claro que no era una gran novedad, pero era bueno que se lo confirmaran científicamente. El médico le dijo que podía deberse por el estrés post traumático que sufría debido a todo lo que le había tocado vivir en los meses anteriores, o a situaciones de mucho estrés que lo estaban afectando. Básicamente, Harry tenía ataques en los que sentía que iba a morir, pero eso no era así realmente. No corría ningún peligro, aunque la sensación podía ser tan real que sufriera alguna consecuencia por el estrés ocasionado por el episodio.

Le recomendó que trate de descansar bien, comer saludable, alejar de su vida las situaciones de estrés y que si el problema persistía consulte con un especialista psicólogo de San Mungo. Harry regresó a la tienda poco después, le dijo a Neville que estaba bien, que no se preocupe, y le pidió si podía atender el negocio el resto del día. Le aumentó la paga por los inconvenientes de tener que quedarse solo y sin ayuda, y se fue para su casa.

Al llegar, Harry sacó un refresco de la alacena, lo enfrió con la varita para que quedara bien helado, y se dejó caer con él en la cama. Bebió la bebida con sabor a frutos dulces de cosechas de Luparia, y cerró los ojos.

-Bien –dijo en voz alta-. Creo que estoy mejor. Tendré que contratar a otro empleado. Es demasiado estrés atender un negocio, estudiar y ser empleado del Ministerio. ¿Por qué hablo solo ahora? Tengo que cambiar eso también.

En los días siguientes, Harry hizo entrevistas para un nuevo empleado en Artículos de Quidditch Potter, y contrató a un muchacho un par de años mayor que él llamado Philip. Le aumentó el sueldo a Neville y lo nombró encargado, ya que confiaba plenamente en él. De esa forma, Harry dejó de ir diariamente al negocio, solo asistiendo de vez en cuando para ver cómo andaban las cosas.

El problema del estrés no parecía haber disminuido lo suficiente, sin embargo. Quizás el hecho de que nunca hubiera vuelto a hablarse con quien había sido su mejor amigo de toda la vida, y con toda su familia que habían sido como su propia familia tuvieran algo que ver con eso. O, quizás, que si bien Hermione le había dicho que investigarían al Cazador de Brujas juntos jamás le había escrito nuevamente en esos días. O tal vez el problema era que en la Academia seguía estando muy solo y nadie le hablaba, o que el trabajo en el Ministerio seguía siendo tedioso y rutinario. O quizás, el hecho de que por su culpa ese mago tuviera la Varita de Saúco era lo que lo tenía tan tenso todo el día. Después de todo, su primer episodio de un ataque de pánico había sido cuando lo desarmaron.

Lucius Malfoy había sido encarcelado en Azkaban, como Kingsley le había dicho a Harry, pero eso no cambiaba mucho, porque nadie pudo averiguar si había tenido alguna implicación en el ataque de Harry. No pudieron sacarle nada de información. El encarcelamiento se dio en base a sus sentencias previas y a su fuga previa de Azkaban.

Los últimos días de noviembre, Harry se presentó a las pruebas para jugar Quidditch profesional. Sabía que aquello no sería lo más recomendable para su salud. Es decir, si ya estaba estresado con sus actividades actuales, ¿para qué agregar una más? Pero quizás eso funcionara a la inversa. Siempre había amado el Quidditch, y quizás esa oportunidad le diera no solo la chance de hablar con Ron, sino también de hacer algo que sí disfrutara y encontrarse mejor de esa forma.

Llegó puntual al horario de presentación. La verdad no había practicado demasiado, y no sabía cómo serían las pruebas.

Cuando llegó, saludó al capitán del equipo junto a otros aspirantes y se alinearon. Estuvieron un rato lanzando Quaffles, bateando Bludgers y atajando lanzamientos. Luego de esas prácticas, el capitán hizo una pre-selección, donde varios de los candidatos quedaron afuera. Como esas pruebas eran específicamente para el puesto de buscador, luego de eso soltaron varias Snitch doradas e hicieron que los aspirantes volaran por todo el campo de juego persiguiéndolas y atrapándolas.

Harry pensó que eso sería todo, pero no. Hubo otra pre-selección, tras la cual pasaron a la siguiente ronda unos quince jugadores. Entre ellos, eligieron a Harry.

Mientras descansaba cinco minutos, bebiendo un jugo azul mágicamente alterado para reponer energías, Harry casi se atraganta al ver a Ron en la distancia. ¿Qué hacía él allí? Harry, que había ido solo a las pruebas, se escondió detrás de un muro y espió por el borde para ver con claridad: Ron estaba vestido normal, sin ropa de Quidditch, caminando por un extremo del campo y hablando con el capitán. Quizás casualmente él estaba allí por otras prácticas. Después de todo, era parte del equipo ahora.

Harry se puso a pensar en qué hacer a continuación. Sabía que tenía menos de cinco minutos para volver al campo de juego y continuar las pruebas. Ya no habría vuelta atrás, si salía allí Ron lo vería y se daría cuenta de su plan de entrar al equipo. Si es que no se lo habían contado aún.

La idea de cruzarse a Ron de nuevo, de que lo mirara a los ojos, lo aterraba. Pero por eso había ido allí… ¿o no?

-Vete de aquí –dijo una voz entonces.

Muy lentamente, Harry giró en redondo. Alguien que estaba a sus espaldas, con una voz muy conocida, le había hablado.

-Ginny –dijo el muchacho, más aterrado que nunca.

Ante él estaba Ginny Weasley. Tenía una expresión muy seria y los brazos cruzados.

-Esta no fue una buena idea, Harry –le dijo ella. Su cara era demasiado seria. Quizás algo apenada.

Harry no supo qué decir. Se la quedó mirando. Si bien la presencia de Ron lo aterraba, la de Ginny no solo lo aterraba más sino que no la hubiera esperado allí.

-Ron no sabe que estás aquí –dijo Ginny-. Mejor vete antes de que se entere.

-Vine… vine a las pruebas –dijo Harry, no muy convencido de sus palabras.

-¿De verdad? –ella arqueó una ceja, y su boca se curvó hacia abajo. Su rostro con pecas era desafiante a la vez que dolido. Era difícil que Ginny no fuera desafiante ante un adversario normalmente. No era parte de su personalidad ser débil. -Te sientes de humor para el Quidditch, ¿no?

-No –dijo Harry, y se cruzó de brazos también-. No se trata de eso.

-¿De qué se trata, entonces? –quiso saber ella, y se acercó un poco a él, sin dejar de mirarlo con esos brillantes ojos marrones, con firmeza, como si estuvieran a punto de batirse a duelo y esas fueran las palabras previas antes de la pelea-. ¿Por qué nunca te acercaste a hablarme?

-¿Querías que te hable?

-Hubiera sido un lindo gesto luego de ponerme los cuernos con una de mis mejores amigas.

Harry enrojeció.

-Fui a hablarte –confesó-. Pero entonces tropecé contigo teniendo una conversación con Luna sobre que te irías también con el primero que apareciera, así que decidí que sería mejor cancelar lo de la charla.

-Así que también escuchas conversaciones ajenas –dijo ella, con desprecio. La cosa estaba poniéndose ardiente.

-Solo cuando me involucran.

-Qué curioso –Ginny dio otro paso hacia Harry-. Típico de hombres. Ellos te pueden poner los cuernos con tu mejor amiga. Pero si luego tú te vas con otro, entonces tú eres la niña fácil.

-Jamás dije eso.

-Sabes que puedo romperte la nariz con un hechizo que te costará deshacer, ¿verdad? –y Ginny sacó su varita, que apuntó a la cara de Harry. Estaba roja de la furia.

-He oído que eres buena con esos hechizos, no me gustaría probarlos –dijo Harry, dando un paso hacia atrás.

-No te conviene.

-Sé que no.

-Entonces, ¿qué harás?

-No lo sé.

-¿Me pedirás perdón? –Ginny se acercaba más y más a él.

-¿Serviría de algo?

-Claro que no.

-Entonces, ¿por qué lo haría?

-Para que no te rompa la nariz y te deje sangrando en este pasillo.

-Perdón entonces.

-Muy bien, eres un buen chico –Ginny se acercó hasta quedar frente a él y entonces le acarició una mejilla, mientras lo miraba a los ojos con furia. ¿Qué le pasaba? Harry no comprendía. Pero si algo le transmitía esa caricia, no era para nada cariño. Más bien locura y furia. -¿Crees que puedas irte de este lugar? De verdad, Ron no necesita verte. Quisiera ahorrárselo. No sabes lo desagradable que es verte. Estoy pasándolo muy mal en este preciso momento.

-Lo siento, pero he venido a…

Ginny no lo dejó terminar, porque le dio una bofetada en la cara que le giró la cabeza de costado y lo dejó con la mejilla ardiendo. Pero estaba bien. Sabía que lo merecía.

-Como decía –continuó Harry, masajeándose la mejilla-. He venido a…

Pero Ginny le dio otra bofetada, esta vez con más fuerza.

-Oye, ¿qué te pasa? –Harry se alejó unos pasos de ella. Entonces vio que una lágrima caía por el rostro de Ginny.

-Vete de aquí o… o…

Harry sintió lástima por Ginny. No podía terminar la frase porque estaba reprimiendo las ganas de llorar. Aquello era terrible. Quería hacer algo para ayudar a Ginny, para consolarla, pero era difícil hacerlo cuando él era el motivo de su tristeza.

Entonces fue cuando supo que su plan había fracasado. Debía irse de allí, debía abandonar su plan de entrar al equipo. Era una estupidez, Ginny tenía razón. No podía hacerlo. Solo los lastimaría más. Ellos no necesitaban que él tratara de estar cerca suyo, sino lo contrario: necesitaban que se fuera, que los dejara en paz.

Comprendiendo, Harry le asintió a Ginny y bajó la mirada.

-Tienes razón. Fue una idea estúpida. Ya me voy.

Giró para marcharse, pero entonces se detuvo y se volvió hacia ella de nuevo.

-Ginny… -empezó. Quería decirle algo, pero no sabía qué. Ginny lo miraba muy dolida y afectada.

-No digas nada –la chica negó con la cabeza tristemente-. Tampoco es lo peor que me haya pasado en la vida, ¿sabes? He perdido un hermano hace poco. ¿Qué es esto comparado con eso? –se quitó una lágrima del rostro con la manga de la túnica-. Nada. No es nada. Solo una estupidez. ¿Quizás pensé que me casaría contigo, que estaríamos juntos por siempre? Sí, quizás lo hice.

Harry oyó un sonido de fondo. El capitán del equipo anunciaba por medio de altavoces que todos los aspirantes regresaran al campo de juego para retomar las pruebas.

-Pero es parte de crecer, imagino –continuó ella, a poca distancia de él. Estaban solos en ese pasillo desierto, y a lo lejos se veía a los magos ingresar al campo. Harry se dio cuenta que el final de ese pasillo terminaba en el baño de mujeres. Eso explicaba su encuentro con Ginny. –Parte de crecer es que un estúpido con el que estuviste ilusionada muchos años te ponga los cuernos con su estúpida amiga.

-Oye…

-¿Acaso vas a defenderla?

Y entonces Ginny arremetió hacia él otra vez. Harry se arrinconó contra la pared.

-No. No lo dije por ella. Yo…

-¿Siempre te gustó?

-No lo sé.

-No me mientas.

Ginny estaba enérgica de vuelta. Echó un vistazo rápido hacia las personas que había más lejos de allí y se detuvo.

-Ron viene hacia aquí –dijo, y entonces le lanzó una mirada asesina a Harry, que le dio mucho miedo-. Pero no terminé contigo. Claro que no. Así que vamos a seguir esto a otra parte.

Y entonces, Ginny lo tomó del brazo y giró sobre sí misma. Ambos desaparecieron de allí y reaparecieron a kilómetros de distancia. Harry cayó de bruces al suelo y cuando se incorporó vio que estaban en medio de un campo, rodeados de nada, solo hierba y algunos árboles. ¿Era aquello alguna zona aledaña a La Madriguera?

-¿Dónde me trajiste? –dijo Harry, nervioso-. Pensé que no te gustaba aparecerte.

-Pues estuve practicando. Pasó mucho tiempo sin vernos, ¿sabes? Muchas cosas han cambiado. Ahora ya soy bastante buena en esto de la aparición, hasta puedo hacer apariciones conjuntas. Bueno, jamás había hecho una antes, pero todas las partes de tu cuerpo llegaron bien aquí, ¿verdad?

-Sí, tengo todo en su lugar –dijo Harry, mirándola a los ojos con preocupación. No sabía en qué acabaría aquello.

-Qué lástima –dijo ella, de vuelta enojada.

-¿Qué quieres de mí?

-Que me cuentes todo –dijo ella entonces-. ¿Acaso piensas que vas a salirte con la tuya sin que te haga pagar el precio? Ambos sabíamos que este día llegaría. El día en que tendrías que darme explicaciones.

Harry no dijo nada. En verdad, nunca había pensado que ese día fuera a llegar. Confiaba en que Ginny simplemente seguiría su vida odiándolo en secreto, sin querer enfrentarlo. Hubiera esperado esa actitud de Ron.

-¿Qué quieres saber? –le dijo Harry.

-Quiero saber desde hace cuánto tiempo te gusta Hermione –Ginny puso mueca de asco al pronunciar el nombre de Hermione.

-No lo sé –admitió él-. De verdad no lo sé.

-No te creo nada. Hace semanas estoy rompiéndome la cabeza pensando en eso, y no te irás de aquí sin darme respuestas. ¿Cuándo pasó esto entre ustedes por primera vez?

-En el verano, en esa playa.

Los ojos de Ginny se abrieron grandes con sorpresa y horror.

-¿ESTUVISTE CON ELLA AL MISMO TIEMPO QUE CONMIGO EN ESA PLAYA?

-¡No! –se apresuró a corregir Harry-. Fue justo antes de irme, esa noche en que pasó todo, antes de irme. Un rato antes. Ahí ocurrió. No había pasado antes.

-Pero –Ginny se quedó de piedra, pensativa-. Pero después… Después de eso…

Harry tragó saliva, y Ginny empezó a negar con la cabeza, sin dar crédito a lo que oía.

-Maldito imbécil. Estuviste conmigo varias veces después de eso.

Harry no dijo nada. Se la quedó mirando y se preparó para recibir más bofetadas.

-Bien, hemos terminado –concluyó Ginny-. No necesito saber más. No vuelvas a hablarme nunca más en la vida. Ni a Ron, ni a nadie de mi familia. Desaparece para siempre, y no vuelvas a intentar acercarte a nosotros, ¿entendiste? O te haré algo mucho peor que esto –entonces, levantó su varita nuevamente hacia Harry, esta vez utilizándola-. ¡Levicorpus!

Harry salió despedido y quedó colgando boca abajo en el aire. Ginny le sacó la varita y la arrojó en la distancia.

Harry siguió sin decir nada. ¿Qué iba a hacer? ¿Pedirle que lo baje? Él sabía que merecía eso.

-Adiós, Harry –dijo Ginny, ahora cambiando a su fase de dolida y afectada otra vez-. Espero olvidarte pronto.

Y entonces la chica pelirroja giró en su lugar y desapareció.

Harry se quedó allí, colgando boca abajo, sintiendo como la sangre le subía a la cabeza. Quizás la venganza de Ginny hubiera sido un poco menos cruel si no lo hubiera dejado allí en medio del campo, rodeado de nada, donde no había nadie para ayudarlo. O, quizás, si le hubiera dejado su varita en la mano. El hecho de que esas dos cosas hubieran resultado de esa forma complicaba bastante las cosas.

Harry miró hacia donde estaba su varita, entre la hierba, y trató de convocarla con la mente. Sabía que algunos magos podían hacer eso, pero no sabía si él podría. Después de varios intentos, decidió que no.

¿Qué haría ahora?

Siguió un rato más colgando allí, boca abajo. Durante ese rato, el efecto de lo que acababa de pasar con Ginny lo abrumó. Se sentía mal por haberla dejado así de afectada, pero al mismo tiempo se sentía bien de que hubiera ocurrido ese encuentro, porque nada era peor que no verse con ellos. Lo peor de todo era no hablarse. Incluso ese tipo de charla era mejor que nada. Aunque en la misma charla Ginny le hubiera dicho que no quería verle la cara de vuelta.

Harry trató de liberarse nuevamente, aunque sabía que no había forma. La única forma de librarse de un Levicorpus era con un Liberacorpus, y eso debía ser conjurado con una varita.

Uno de los inconvenientes de estar solo en el mundo era que nadie se preguntaría dónde estaba ni tratarían de buscarlo hasta dentro de mucho tiempo.

-¿Kreacher? –dijo, probando. Sabía que no funcionaría, ya que había liberado al elfo. Efectivamente, Kreacher no se presentó. Probablemente, si no se trataba de su amo la magia de los elfos no le haría saber que Harry lo llamaba. Debería probar otra cosa.

Entonces fue que vio, a lo lejos, un edificio alargado. Y entonces fue que supo dónde estaba: en los campos que rodeaban La Madriguera.

-¡AUXILIO! –gritó-. ¡AYUDA!

Se quedó esperando. La figura invertida de La Madriguera estaba bastante lejos, y no estaba seguro de que alguien pudiera oírlo con tanta distancia. Lo que tenía a su favor era que el silencio del campo no apagaba el sonido de sus gritos.

La tarde estaba casi convirtiéndose en noche, y Harry oía el zumbido de los insectos junto a su cabeza, que rozaba el alto césped del campo.

Estuvo por probar gritar nuevamente, cuando vio que algo se acercaba. Alguien lo había oído. Alguien se acercaba hacia allí.

Harry se quedó observando, preguntándose si el remedio sería peor que la enfermedad. Si quien se acercaba era un Weasley, había más probabilidades de que lo dejaran allí colgado y lo usaran como bolsa de boxeo en lugar de ayudarlo.

Cuando la bruja estuvo lo suficientemente cerca, supo que se trataba de la señora Weasley.

-¿Harry? –dijo ella, observándolo con preocupación-. ¿Qué haces tú aquí?

-Señora Weasley, hola –Harry trató de esbozar una sonrisa-. Su hija me trajo aquí, y… bueno… me dejó aquí colgado.

-Ya veo –dijo la señora Weasley, muy conmocionada.

-¿Le importaría bajarme?

La señora Weasley lo apuntó con su varita y lo bajó sin demasiado cuidado, con lo que Harry se dio la cabeza contra el piso. Se incorporó y fue en busca de su varita, que estaba a unos metros de distancia.

-Gracias –le dijo a la señora Weasley-. Lamento mucho todo lo que le hecho a su familia. Me iré de aquí y no molestaré más. Gracias por liberarme.

Estaba por desaparecer, cuando ella lo detuvo con un gesto de la mano.

-Espera, Harry. ¿Por qué no entras a tomar algo? –añadió, dudando un poco.

-¿Cree que sea buena idea?

-No te ves muy bien –dijo ella, examinándolo. Harry recordó cuando la señora Weasley decía que estaba delgado y quería darle comida continuamente, cuidándolo como un hijo. ¿Habría dejado de sentir eso hacia Harry luego de lo que hizo este? Probablemente el hecho de que Harry lastimara gravemente a dos de sus verdaderos hijos contribuyera a que ya no se sintiera así hacia él.

-Ven –dijo ella, y se dio vuelta. Harry fue tras ella, incómodo.

Cuando llegaron a La Madriguera, la señora Weasley puso agua en la pava con la varita y convocó dos tazas hacia la mesa. Harry tomó asiento, sintiéndose extraño allí. No había nadie, pero pensó que algún otro Weasley podía aparecer allí en cualquier momento y querer atacarlo o al menos insultarlo.

-Cuéntame –dijo la señora Weasley, tomando asiento frente a él y mirándolo seriamente-. ¿Por qué le hiciste eso a mi hija?

-Con todo respeto, señora Weasley, Ginny ya me ha hecho las mismas preguntas y se ha vengado lo suficiente. Creo que recibí mi castigo. No sé si sea suficiente, pero…

-Sí, has estado un buen par de horas allí boca abajo, imagino. Mira como tienes de colorado el rostro. Debiste haberme llamado antes. Imagino que te daba vergüenza…

En verdad, Harry no había visto la casa de los Weasley en un principio porque su cabeza había quedado suspendida mirando hacia el otro lado.

-Lo siento –dijo Harry-. Ustedes me recibieron en su casa y me trataron como un hijo –Harry no pudo evitar ponerse melancólico-. Siempre pensé que daría mi vida por cualquiera de ustedes. Siempre fueron mi familia favorita. Nunca pensé que podía traicionar a uno de ustedes.

-Pero traicionaste a dos –dijo ella, con severidad, mientras servía los tés y le alcanzaba uno a Harry-. Imagino que lo que sientes por Hermione debe ser muy fuerte. De otra forma no lo habrías hecho, ¿verdad?

Le ponía incómodo que gente como Hagrid o la señora Weasley le preguntaran esas cosas. ¿Qué podía decirles? ¿Qué no era más el niño bueno que habían conocido años atrás? ¿Qué había crecido y ahora hacía cosas como engañar a sus novias? Claro que no podía decirles eso.

-Soy un desastre –le admitió Harry-. No sé qué hacer de mi vida. Estoy solo y sin nadie.

-Imagino que sí –dijo ella, y entonces lo miró con una mirada menos fría y un poco más paternal-. Sabes bien que debo responder ante mis hijos, y la forma en la que los he visto sufrir últimamente me ha hecho enojar mucho Harry. Y jamás lo hubiera esperado de ti. Realmente, en un principio, estaba furiosa. Pero, ¿sabes qué? Lo he pensado mejor, y son jóvenes. Estas cosas pueden pasar. Quizás ellos piensen que es el fin del mundo ahora, quizás tú también estés sintiendo eso, pero esto pasará. Quizás puedan volver a hacer las paces.

-¿Usted cree que eso sea posible, señora Weasley?

-Quizás –la señora Weasley bebió un poco de té-. Ginny es muy orgullosa, salió igual a mí. Así que seguramente ya esté saliendo con otro muchacho en este momento. Yo haría eso.

Harry asintió con la cabeza, en lugar de apenado contento de que eso fuera así. No deseaba nada más que Ginny siguiera con su vida y fuera feliz.

-Ron, por otro lado, es diferente –dijo ella entonces-. Es un muchacho muy sensible. Pero creo que te perdonará. Conociendo a Ron, bueno… En unos años, quizás.

Harry quedó cabizbajo, con tristeza.

-Bueno, con suerte podría no ser tanto tiempo. Pero, ¿sabes una cosa? Las verdaderas amistades no pueden romperse ni siquiera con cosas como esta. Y ustedes han sido los mejores amigos durante toda una vida prácticamente. Sé que podrán superar esto.

-Gracias, señora Weasley –dijo Harry, y bebió un sorbo de té-. Gracias por no juzgarme y dejarme entrar aquí a hablarle.

-Bueno, Harry, tampoco te diré que no te juzgo. De verdad no entiendo cómo no pudiste hablar primero las cosas con Ginny, explicarle lo que te pasaba y luego ir con Hermione. Pero supongo que no querías lastimarla. En fin, no te atormentaré demasiado. Solo quería hablar contigo. Cuídate mucho, querido, y mantente del lado del bien. Eres un buen muchacho… Esto solo fue una equivocación… Sé que todo estará bien.

Sus palabras no lo animaron demasiado, pero Harry se despidió de ella agradeciéndole nuevamente y se retiró de vuelta a su casa.

Esa noche, Harry se quedó despierto hasta muy tarde. A las tres de la mañana, estaba sentado a su mesa bebiendo café con miel a base de saliva de demiguise. Ya podía olvidarse del tema de jugar Quidditch profesional: habían elegido como buscador a otro de los chicos que había estado en las pruebas, y sería el nuevo compañero de Ron en el equipo.

Ron tenía algo que siempre había anhelado: tendría fama, sería un jugador profesional y famoso de Quidditch. Y Harry no había logrado estar a su altura. Seguramente Ron sería muy feliz a partir de ese día.

Y Ginny había dejado en claro que sería feliz también, con otro chico. Todos seguirían sus vidas y serían felices. Todos menos Harry.

Harry recordó las palabras que Hermione le había dicho: "No me abandones de nuevo".

¿Por qué había dicho aquello? Era ella la que no había querido hablarle. Ahora, hacía varios días que no sabía nada de ella. Decidió tomar un trozo de pergamino y escribirle:

Hola Hermione,

Tengo algunas novedades de la investigación para compartir. Quizás quieras que nos encontremos en algún momento. Avísame, por favor. Te deseo una buena semana.

Harry

Había querido ser conciso, para no sonar desesperado; y también muy educado para evitar problemas. Esperando que el mensaje funcione, lo ató a la pata de Stripy y le indicó a la lechuza que lo lleve. Luego se dio cuenta de que debería haber esperado a la mañana, porque Hogwarts estaba muy cerca de allí y quizás Stripy acabara despertando a la chica en medio de la noche para darle el mensaje. Pero ya era tarde, porque la torpe lechuza de Harry había partido ya, no sin enredarse con el árbol de enfrente en su camino.

Harry regresó a su café. Era mentira que tenía novedades de la investigación, solo quería verla y preguntarle por qué había dicho aquello de que no la abandone de nuevo.

Se preguntó qué estaría haciendo Ron de su vida. Habían pasado muchas semanas sin hablar. ¿Se sentiría contento, por haber entrado al equipo de Quidditch? ¿Se quedaría a esas horas de la noche despierto, como Harry, pensando en el engaño que Harry había cometido contra él? ¿Se pondría triste al hacerlo? ¿O furioso, como Ginny?

Harry había hecho un tablero con varios recortes de El Profeta de los casos de El Cazador de Brujas, y notas hechas por él mismo sobre el caso, y lo había colgado en la pared. A veces, a esas horas de la noche, o mientras estudiaba para la Academia, algunos libros que leía le daban ideas o indicaciones de pistas a seguir para descubrir quién era el asesino. Pero luego las pistas no conducían a nada, y las descartaba.

Miró el tablero y se quedó pensando. Era mejor que tratara de descubrir algo nuevo, por si Hermione preguntaba por el contenido de su carta. ¿Qué novedades podía decirle? No había habido información nueva. Solo lo mismo que ya sabían. El o los asesinos parecían querer enviar un mensaje a la comunidad mágica de que había un asesino en serie suelto, y los crímenes parecían ser al azar. Al menos en principio. Por más que Harry hubiera vinculado a Vincent McGreggor con la primera muerte, no parecía ser la intención del asesino que lo vincularan con aquel primer crimen, porque no había dejado ningún mensaje.

Sí parecía ser su intención ser vinculado con los otros dos, de iguales características (mucha violencia, víctimas seleccionadas casi al azar, sin relación entre sí), siendo aparte la segunda dentro de Hogwarts, lo que añadía una preocupación adicional a la seguridad mágica. Claro que Hogwarts no estaba tan llena de encantamientos protectores esos días. Al igual que Harry con su casa, los magos y brujas no querían sentir que eso fuera necesario, porque supuestamente el horror ya había acabado. La falta de encantamientos, la misma que le permitía a Harry ingresar al castillo en escoba, le habría permitido al asesino ingresar.

Aunque las puertas de adentro siempre se cerraban de noche, y él había muerto de noche.

Harry bebió más café, mientras pensaba.

Lo más probable era que el asesino conociera alguno de los pasadizos, o hubiera ingresado vía aérea por alguna torre. O que hubiera estado dentro de Hogwarts todo el tiempo. Para investigar la primera opción, podía hablar con los retratos que estuvieran en las inmediaciones de las salidas de los pasadizos, dentro de Hogwarts, para ver si habían visto a alguien esa noche. Para la segunda opción, podía consultar a los centauros o criaturas del bosque si habían visto algo en el cielo. Y para la tercera… Eso era más complicado, pero también estaba la opción de hablar con los retratos cercanos al salón donde lo encontraron muerto.

Esas cosas, como hablar con los retratos, eran mecanismos que a Harry jamás se le habían ocurrido como alternativas para investigar misterios antes, pero que en su carrera había visto que eran una de las primeras cosas que había que hacer para investigar un crimen. En el mundo mágico había muchos "testigos" que algunos magos no valoraban o creían inferiores, pero cuyos testimonios eran totalmente válidos. Los cuadros, elfos, u otras criaturas mágicas podían saber algo que hubieran visto u oído. Harry pensó en Peeves, que siempre merodeaba por el castillo. Quizás podía decirle a Hermione que la novedad es que haría una investigación de ese tipo en el castillo, por su cuenta…

Mientras pensaba en eso, escuchó un ruido en la ventana. Harry giró en su lugar, algo asustado, y vio que Stripy se había golpeado contra la hoja del vidrio cerrada. Harry fue a ayudar a su lechuza a entrar, y vio que traía una contestación. Eso había sido rápido. Cuando abrió el pergamino, vio que era mucho más largo de lo que pensó que sería. Se acomodó los anteojos y se sentó a la mesa frente a la luz de la vela para leer bien, con el corazón latiéndole a toda marcha.

Hola Harry,

Hoy fue un día duro. Hubo un episodio con Ginny en la sala común. Ya no dormimos en la misma habitación, hace tiempo, pero hoy me crucé con ella allí, mientras intentaba irme a dormir, y empezó a gritarme cosas. Me llamó con muchas palabras hirientes, ya te imaginarás…

¿Por qué tiene que pasarme esto? Al principio te odié mucho, quise echar toda la culpa de esto en ti, y sé que no es justo, así que lo siento, pero, ¿por qué tiene que ocurrir? Lo que pasó hoy fue horrible. Ginny empezó a atacarme con su varita, casi nos batimos a duelo.

Yo no quería atacarla, pero por muy buena que sea ella tengo que decir que logré vencerla sin tanta dificultad. No sé si eso fue bueno o malo. Las personas que estaban allí me miraban con desprecio, todos piensan que soy una cualquiera, una fácil, ese tipo de cosas. No sé cómo me gané esa reputación. Bueno, sí lo sé, pero jamás hubiera pensado que me pasaría a mí. ¿Justo a mí? Siempre había sido la nerd, la ignorada o la sabelotodo. Pero ahora soy la chica fácil. Y solo por haber estado con dos personas. Solo dos. Pero así son todos aquí.

Y eso no es todo. Alguien ha estado sacando de la biblioteca justo los libros que yo necesito. No sé si me estoy volviendo loca, o lo hacen a propósito. Ya sea para estudiar para los ÉXTASIS o para investigar de El Cazador de Brujas, cada vez que quiero sacar un libro me dicen que alguien ya lo tomó. Sospecho que alguien leyó mi lista de libros y lo hace a propósito para molestarme.

Claro que eso no es nada al lado de las otras cosas que me hacen. Dejando de lado los gritos y burlas en los corredores, algunas chicas me arrojan cosas en el baño, se ríen de mí cuando paso junto a ellas y hasta me han metido algo en la cama una vez. No sé qué era, pero era algo apestoso y viscoso que emanaba un vapor hediondo. Tuve que irme de la habitación, porque no se iba con ningún encantamiento.

Y así es mi vida estos días… No sé si volver a Hogwarts haya sido buena idea. Ahora no puedo arrepentirme, porque ya le dije a McGonagall que lo haría, pero es terrible. Estoy sola, y todos me odian. Si piensas que lo tuyo es malo, Harry, no sabes cómo es aquí.

Solo quería contártelo, para compartirlo con alguien… Buena semana también.

Hermione.

Harry notó que había gotas frescas de lo que parecían ser lágrimas en el pergamino. La carta acababa de ser escrita hacía solo instantes por la cercanía del castillo con la casa de Harry, la alta velocidad a la que volaba Stripy y lo cálido de las gotas al tacto. Hermione debía estar llorando en ese momento.

Harry no aguantaba aquello. No podía aguantarlo más.

Dejó de lado su café, caminó hasta el sofá y abrió uno de los cajones del mueble que estaba al lado, en el recibidor. Sacó de él su capa para hacerse invisible y se la puso. Tomó de un rincón la Saeta de Fuego II y salió a la calle. Una vez allí, montó la escoba y dio una patada al piso. Emprendió vuelo a toda velocidad hacia Hogwarts. En concreto, hacia la torre Gryffindor.

Aunque jamás había ingresado en los dormitorios de las chicas por una ventana, supuso que sabía dónde estaban. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, fue acercándose cuidando que el viento frío no le volara la capa y revelara su presencia. Se aproximó por la parte exterior del castillo, a muchos metros de altura sobre esa alta torre, y trató de imaginar dónde podía estar el cuarto que sabía que siempre había sido de Hermione. Cuando creyó localizarlo, intentó espiar hacia adentro. Fue entonces que pudo ver, a través del vidrio, el enrulado cabello de Hermione sobre una almohada. Había acertado al cuarto. Y no había nadie en las otras camas.

Tomando coraje, Harry empujó el vidrio y lo abrió. Hermione se incorporó de inmediato, sabiendo que algo pasaba.

-Soy yo –dijo Harry en un susurro, mientras bajaba torpemente de su escoba y se quitaba la capa-. Lo siento, pero tenía que venir.

-¿Qué haces aquí? –dijo ella, escandalizada. Estaba en pijama, con el pelo revuelto y los ojos llorosos.

-No podía estar allí, sabiendo que estabas… -se detuvo, porque no quería decir "llorando".

-No debiste venir… -Hermione miró hacia afuera-. ¿Cómo supiste cuál era mi habitación?

Harry negó con la cabeza. Había sido puro instinto.

-¿Nadie más duerme aquí? –añadió Harry, aún en susurros. Ella negó con la cabeza.

-Se fueron todas a otros cuartos, Harry. Nadie quiere estar conmigo.

Ambos se quedaron mirándose, inmóviles. Entonces, Harry fue hacia ella a pasos largos con la intención de abrazarla. Pero ella levantó la cara y acabaron besándose.

Harry experimentó nuevamente y después de mucho tiempo los dulces labios de Hermione. Se abrazaron y se besaron con ternura y delicadeza, pero también con tristeza y melancolía. La cara de Hermione estaba húmeda, y Harry le limpió las lágrimas con una mano mientras le besaba una mejilla, el cuello y hasta la nariz. Ella lo aferró por los brazos y lo empujó hacia ella.

Pronto cayeron hacia atrás y sobre la cama. Empezaron a desvestirse y a meterse bajo las sábanas. El calor y el roce de su piel eran una sensación hermosa, extremadamente placentera. Se envolvieron en besos y pasión durante horas y hasta después del amanecer.