17. Navidad en Australia
Harry sentía la humedad del café caliente llegar a sus pies, pero toda su concentración estaba puesta en el artículo principal de El Profeta, que ocupaba las dos páginas centrales. Este contenía una serie de fotografías de cuerpos sin vida, sin ningún tipo de censura, brutalmente masacrados. Impresionado y horrorizado por las imágenes, Harry leyó el enorme titular y la noticia, que solo consistía en un único párrafo:
CUIDADO, MUNDO MÁGICO. LAS MUERTES RECIÉN HAN COMENZADO
Teman. Sufran. El horror recién ha comenzado. Pronto mataré a tantos como sea necesario. Nada pueden hacer. El terror comienza.
La cacería ha comenzado.
El Cazador de Brujas
Harry se quedó pasmado y nervioso, con la noticia abierta ante él pero sintiendo deseos de romper el periódico y lanzarlo lejos. La primera pregunta que se le cruzó por la cabeza fue si aquello había sido publicado en El Profeta verdaderamente, o solo le había llegado a Harry a su casa.
El resto del periódico era normal. Noticias sobre el primer partido de la liga nacional de Quidditch, recetas de cocina de Samantha Cheersson (puré de patatas con esencia de mandrágora especial), novedades sobre la última reunión del Ministro de la Magia con autoridades del MACUSA en Estados Unidos para tratar temas de comercio internacional…
Harry volvió al artículo de El Cazador de Brujas. Reconoció a McGreggor en una de las fotografías. Estaba en un aula de Hogwarts, ya sin vida. En otra de las fotografías se veían tres bultos, dos grandes y uno más pequeño, que tenían que ser la familia de Oxford. En otra fotografía había una bruja que Harry no conocía, cuyo rostro no se distinguía, también sin vida y llena de sangre. No recordaba que hubiera habido una noticia sobre esa bruja. Finalmente, una última fotografía mostraba a un mago que, a diferencia de los demás, no estaba muerto. Era un señor mayor con barba y cabello blancos. La fotografía se movía y el hombre miraba hacia la cámara con expresión fría para luego girar la cabeza y mirar a otro lado.
Harry miró la doble página nuevamente para asegurarse que no había nada más allí, y cerró el periódico. Le causaba una profunda indignación que el asesino, además de haber matado a esos magos y brujas de esa forma tan sangrienta, les tomara fotografías. Tenía una ligera curiosidad por saber quién era el hombre de la última foto, pero esa sensación se veía enormemente opacada por el asco que le ocasionaba el asesino y la necesidad de averiguar si ese periódico había sido enviado solo a él o a toda la comunidad mágica. De inmediato, se apareció en el Ministerio y empezó a caminar a pasos largos por el hall central. Había un pequeño revuelo allí. Magos iban y venían a toda velocidad, a pesar de ser un sábado por la tarde. Era evidente que algo había pasado.
Harry avanzó hasta llegar al departamento de aurores y observó una escena singular: magos y brujas iban y venían a las corridas, llamando gente a los gritos y vociferando cosas. Algunas cosas que Harry pudo distinguir entre los ruidos fueron "¡¿quién está a cargo?!", "¡¿cómo que no saben quién controló las tiradas?!", y hasta un grito enfurecido que decía "¡COMUNICAME CON EL DIRECTOR DE EL PROFETA YA MISMO!"
Harry se apresuró a pasar entre los desesperados magos hasta llegar a la oficina del señor Millan. Justo en el momento en que Harry llegaba allí, este salió apresuradamente junto a una aurora que tenía un cargo importante en la oficina también. Era una bruja de cabello corto y rubio y expresión seria.
-No, señora Dawson, nadie pudo rastrearlo aún -decía Millan, mientras avanzaban juntos y pasaban a Harry de largo, sin notarlo.
Harry miró alrededor, comprobó que nadie se fijaba en él (todos estaban corriendo desesperados por doquier) y se puso su capa para hacerse invisible rápidamente. Entonces fue tras los dos magos, el jefe del departamento y Dawson. Se alejó tras ellos fuera del departamento y hasta llegar al hall central. Venían hablando estrechamente en voz baja y a las apuradas, y Harry no podía captar palabra. Entonces, en el hall central, Harry vio que ambos magos se tomaban del brazo de una forma poco afectuosa, y más bien formal.
Era ahora o nunca.
Harry saltó hacia adelante a toda velocidad y, justo a tiempo, aferró con la punta del dedo pulgar e índice un doblez sobresaliente de la formal túnica negra y pulcra de Dawson, a la altura de la espalda, en el momento exacto. Harry desapareció con ellos y los tres fueron transportados hacia otro sitio.
Harry se separó de ellos de inmediato y comprobó que su capa estuviera cubriéndolo bien. Se preparó para desaparecerse lejos de allí al instante en caso de que lo hubieran descubierto, pero ellos avanzaron en dirección contraria a él a toda velocidad y retomando su ansiosa charla, sin notar que alguien se había desaparecido con ellos.
Harry avanzó tras los magos y se dio cuenta de que estaba en el hall de otro edificio, mucho más chico que el Ministerio pero con un aire similar de oficina y papelerío. Al doblar un recodo, tratando de seguirles el rápido paso, logró ver mirando hacia atrás que en una pared del hall había unas letras flotando mágicamente que decían "El Profeta" en tonos grises.
Cuando llegaron ante una puerta, Harry aminoró la marcha y trató de cuidar más sus pasos para no ser descubierto. El señor Millan golpeó con furia.
-¡Rossman! ¿Estás ahí?
La puerta se abrió y un hombre mayor, canoso y hecho un manojo de nervios abrió la puerta.
-Millan -dijo, mirando al otro mago con el ceño fruncido-. Pensé que serías el Ministro.
-Está en un congreso en Alemania. Si no, te aseguro que sería él.
-Adelante -dijo Rossman, cediéndoles paso a su despacho.
Volviendo a hacer uso de sus grandes habilidades para infiltrarse sin ser visto, Harry se lanzó hacia adelante en silencio y pasó tras ellos dentro del despacho justo antes de que Rossman cerrara la puerta. Se escabulló hacia un rincón del pequeño despacho y se quedo allí, junto a una vitrina que, por lo que Harry vio, tenía trofeos de premios obtenidos por El Profeta.
-Tomen asiento -dijo Rossman. Se lo veía perturbado, y Harry se preguntó si siempre tendría esa cara o solo aquel día. Se sentó ante su escritorio, pero no miró a sus dos visitantes a los ojos, sino que se quedó mirando el piso.
-Soy el director de El Profeta desde 1953, desde que mi padre murió -dijo con tristeza-. No diré que El Profeta no ha sido manipulado durante ese tiempo, porque sería una falta de honestidad de mi parte. En los últimos años, El Profeta ha sido forzosamente obligado a responder a intereses políticos y de magos tenebrosos, me han amenazado, me han torturado, me han desplazado y tomado mi lugar en la dirección múltiples veces, sobre todo los últimos tres años. Ahora todo había vuelto a la normalidad, luego de la caída del Innombrable… Y aún así, ni siquiera en esos oscuros momentos, jamás había pasado que bajo mis ojos y bajo mi directa supervisión, alguien publicara una edición sin mi control ni mi conocimiento, como ha pasado hoy.
-No vas a decirme que no tienes idea de cómo ocurrió, porque no lo creeré -dijo Millan, severo.
-No tengo idea de cómo ocurrió -dijo él, mirando a Millan con los ojos bien abiertos.
-¡Es imposible! -Millan dio un puñetazo a la mesa-. ¿No hacen controles de edición? ¿No revisan los ejemplares?
-Vengo de una reunión con todos mis mandos medios en la empresa -dijo él, frunciendo el ceño de vuelta-. Y aseguran que todo iba normal. El titular iba a ser sobre la reforma del código alimentario mágico en algunos estados del sur. La nota estaba hecha y se había mandado a imprimir. Luego de las impresiones, dos brujas se encargan de controlar que no haya errores de impresión como manchas de tinta o páginas arrugadas, y aseguran que la nota correcta estaba allí. Luego de eso, las tiradas pasan por un supervisor que controla que no haya errores de márgenes, superposición de texto u otros en números al azar. Él asegura que todo estaba en orden. Finalmente, casi diez magos embalan los números en cajas y los envían levitando a la gran lechucería que esta aquí encima del edificio, donde las lechuzas retiran los números impresos. Si bien esos magos hacen un trabajo más manual y sin prestar atención al contenido del periódico, algunos confirmaron que la primera plana estaba bien. Nadie vio esto en todo ese proceso. Nadie se explica cómo pasó.
-Bueno, pensándolo bien, Rossman, si descartamos a los magos embaladores, solo son un mago y dos brujas los que revisaron las ediciones impresas…
-No mienten -dijo el director del periódico, muy serio-. Se lo aseguro. Confío plenamente en ellos, han trabajado para mí muchos años. Usted no sabe lo fieles que han sido a mí estas personas, incluso cuando el Innombrable controlaba el diario. Si ellos dicen que la edición estaba correcta, le aseguro que estaba correcta.
-Si no la alteraron ellos, y no fueron cómplices de alguien más que la hubiera alterado, no hay muchas opciones -razonó Millan-. Tendríamos que suponer que el Cazador de Brujas estaba en lo alto de la lechucería abriendo caja tras caja y cambiando los titulares, y eso es ridículo.
-Claro que es ridículo, porque ningún ser humano puede ingresar ahí. Está protegida por un encantamiento que lo imposibilita totalmente, para evitar hurtos y otras cosas. La magia que la protege solo permitirá a una lechuza ingresar allí arriba. Ningún humano puede ingresar, una fuerza protectora lo expulsaría de inmediato.
-Disculpe, señor Rossman -dijo Dawson, hablando por primera vez-. Quizás ya se haya percatado de esto, pero lo que usted dice prácticamente no deja ninguna posibilidad a investigar. Si creemos en su palabra respecto al hechizo que protege esa torre…
-Bueno, si desea verlo usted misma… -empezó el director del diario, mirándola con recelo.
-No es necesario. Lo que decía es, si creemos en su palabra respecto a eso y también respecto a su total confianza en sus empleados, entonces no cabe pensar ninguna forma en que El Cazador de Brujas pudiera alterar la edición.
-Exacto. Mi trabajo como director es que algo así jamás pase, y por eso no he dejado ninguna posibilidad abierta al diseñar el proceso de edición e impresión.
-Pero pasó -dijo Millan, y entonces Rossman volvió a mirar al suelo, con tristeza. Ahora que Harry lo miraba bien, podía notar que debía ser mucho más mayor de lo que pensó en un comienzo.
-Y no tiene sentido…
-Dígame -continuó Millan, negándose a darse por vencido-. Estos diez muchachos que dijo que embalan los ejemplares…
-Los embalan y los suben en cajas hacia la lechucería. Los guían por levitación hacia estanterías que hay allí arriba, donde esperan a ser retirados por las lechuzas. Tienen un supervisor, a quien también confío sin dudar, que asegura que todo estaba correcto.
-Pues, señor Rossman -dijo Millan, poniéndose de pronto de pie y acomodándose el cuello de la túnica-, usted está indudablemente confiando en al menos una persona equivocada.
-Imposible -dijo él, sin dudarlo un segundo.
-No lo retendremos más tiempo. Necesitaremos, por favor, un reporte completo de todos los magos que han tenido contacto con el proceso de impresión de esta edición de El Profeta. Aparte de sus nombres, quiero cualquier informe de antecedentes que tenga en su poder sobre estos empleados. Lamento la situación, pero a partir de este momento El Profeta es sospechoso de actuar con El Cazador de Brujas.
Millan indicó a su compañera que se ponga de pie, y ambos avanzaron hacia la puerta.
-¡Eso es ridículo! -Protestó el señor Rossman-. Nosotros hemos estado aquí cuando el Innombrable regresó, cuando tomó el control…
-¿Cuándo volvió y ustedes lo negaron durante un año, dice? -dijo Millan, arqueando una ceja, y Harry no pudo evitar sentir una ráfaga de simpatía hacia él por esas palabras-. ¿O cuándo los controló para que no digan la verdad durante la guerra mágica?
-Sabe bien que nos controló Fudge en lo primero, y el mismo Voldemort en lo segundo -dijo el otro mago con ira-. Y ya le dije que fuimos torturados y desplazados…
-Pues nadie los tortura ahora. La paz ha regresado. A menos que… -Millan abrió su maletín, sacó un número de El Profeta y lo abrió en el escritorio de Rossman, ante él. Harry vio en las páginas abiertas las horribles fotografías de los cadáveres. -…A menos que ustedes permitan que esto pase.
-Nadie aquí lo ha permitido -dijo él, fuera de sí. Harry sintió pena por el estado de nervios de ese señor.
-Pero ocurrió -repitió Millan-. Y es su responsabilidad como director, no la mía, averiguar cómo. Adelante, señora Dawson, pase.
Ambos magos salieron del cuarto y cerraron la puerta tras ellos dejando al director de El Profeta solo y en un estado de frustración e ira. Harry quería irse de allí, pero primero quería ver qué hacía Rossman al quedarse solo, por si le daba algún indicio de sospecha.
Sin embargo, la actitud de Rossman en soledad no le aportó demasiado: el mago se tapó la cara con ambas manos, se quedó mirando el suelo un rato más y luego caminó hacia un mueble y sacó de su interior una botella de whiskey de fuego.
La conmoción en el mundo mágico fue total: Por doquier, Harry veía a magos y brujas discutiendo sobre El Cazador de Brujas, teorizando sobre una posible complicidad de El Profeta algunos, y otros sobre los extraordinarios poderes mágicos que tendría el asesino para haber saboteado la publicación; veía a brujas y magos en las calles de Hogsmeade asustados mirando alrededor con miedo antes de entrar a algún lugar, incluso en un par de ocasiones vio a gente corriendo o llorando.
Si el nivel de personas acercándose a pedirle a Harry consejos, autógrafos o palabras de alivio por la guerra mágica había disminuido al estar Harry envuelto en su propio escándalo amoroso; ahora El Cazador de Brujas había hecho que aumentara exponencialmente la fama de Harry en las calles nuevamente, y su escándalo quedara en el olvido. Ahora que El Cazador de Brujas era el tema de moda, la gente se lanzaba de cabeza sobre Harry para pedirle por favor que los bendiga a ellos y a toda su familia en algunos casos, que los protegiera en otros, e incluso algunos le preguntaban si ya tenía nombres y pistas sobre quién era El Cazador de Brujas.
-Lo siento, yo no estoy en este caso -le dijo a una bruja regordeta que lo frenó en una calle de Hogsmeade el siguiente fin de semana, mientras salía a hacer compras-. Quizás oyó que trabajo en el departamento de aurores, pero...
-Ah, no, no, no sabía nada de eso, querido -le dijo ella-. ¡Pero eres Harry Potter! Claro que lo detendrás, ¿verdad?
Lo miraba con esperanza en los ojos.
-Bueno, pues... -Harry no quería que nadie supiera que estaba investigando ese tema, pero la señora lo miraba con súplica-. Claro, lo intentaré, señora.
-Estoy segura de que tú podrás vencerlo -le dijo ella, estrechando sus manos y asintiendo con esperanza, y Harry le dio una sonrisita nerviosa.
Aunque algunos volvieran a mirarlo como un héroe y dieran por hecho que Harry estaba investigando el tema, a pesar de que esta vez no lo involucraba para nada de forma personal, y él no tenía nada que ver con El Cazador de Brujas, también había otros que aprovechaban la oportunidad para hacerle la vida imposible.
-Vaya, pero miren quién está aquí... -dijo una voz un día, mientras Harry avanzaba apurado por el Callejón Diagon, solo, hacia su negocio, ya que Neville le había mandado una lechuza pidiendo ayuda ya que Philip no había ido a trabajar, diciendo que estaba enfermo.
Harry volteó y no pudo creer lo que veía: Draco Malfoy, junto a su amigote Goyle, estaban de pie cruzados de brazos en medio de la calle y mofándose de él. Tal como en los viejos tiempos.
-Pero si es el gran Harry Potter -dijo Malfoy, con expresión de asco en el rostro-. El héroe del pueblo. Vencedor de magos tenebrosos, y en sus ratos libres atrapa asesinos seriales. Pero solo por hobby, claro.
-¿Qué tal, Malfoy? Tiempo sin vernos -comentó Harry, sin detenerse-. ¿Cómo va la familia?
Malfoy entornó sus ojos.
-Muy bien. ¿Y la tuya? Ah, no, espera...
-Lo siento, me encantaría quedarme a charlar, pero viendo que no has dejado de ser un imbécil a pesar de salvarte la vida a ti y a tu tonto amigo, temo que... mejor sigo camino -Harry le guiñó un ojo y avanzó hacia su negocio. Por un momento creyó que recibiría un maleficio por la espalda, pero nada de eso ocurrió.
¿Cuál era el problema con Malfoy? ¿Por qué tenía que seguir haciéndose el matón? Ya ambos sabían que en el fondo no era mala persona, y Harry y sus amigos le habían salvado la vida en su último encuentro por la estupidez de su amigote, que Harry no tomaba a gracia su muerte, por supuesto, pero aun así había sido él quien iniciara el fuego...
-Supongo que alguna gente no cambia -dijo entonces alguien. Harry se volvió y vio que Seamus estaba allí. Acababa de aparecer saliendo de un negocio junto a una chica muy linda que Harry no conocía. -¿Cómo va todo, Harry?
-¡Seamus! Hola -Harry le estrechó la mano con una sonrisa. Ese encuentro sin dudas era más alegre que el de Malfoy. -¿Cómo va todo?
-Bien, bien, estudiando -Seamus le sonrió también-. Estoy estudiando Derecho Mágico. Ella es mi novia, Florence.
-Hola, un gusto -dijo Harry, saludando a la chica.
-Oye, Harry, tu negocio está habilitado por el Ministerio, imagino -dijo Seamus, de forma conversacional.
-Sí, claro.
-Pues no olvides exhibir el certificado de habilitación en un lugar visible. Recién vengo de allí y no lo tenía. Pueden multarte por eso -le guiñó un ojo.
-Veo que ya eres todo un abogado de la magia -dijo Harry, sonriendo.
-Y tú todo un auror -Seamus le dio una palmada en el hombro-. ¿Es cierto que estás investigando a El Cazador de Brujas?
-No, no, no es cierto -Harry negó con la cabeza-. No sé por qué la gente me relaciona con esto, no tengo nada que ver.
-Sí, claro -Seamus le guiñó un ojo.
-No, en serio... Solo quiero descansar de todo lo que pasó, el año pasado y todo... -Harry se sintió algo incómodo. Era cierto que estaba investigándolo, pero no podía ir contándoselo a todo el mundo. Ni siquiera estaba seguro de querer investigarlo.
-Sí, fue terrible -Seamus negó con la cabeza, tristemente-. Pero la vida sigue. Oye, vamos para Sortilegios Weasley, ¿quieres...?
A medio camino, Seamus pareció darse cuenta que había metido la pata y se interrumpió. Además, Harry notó que su novia le había dado un casi imperceptible codazo en las costillas.
-Oh, lo siento -masculló Seamus.
-No hay problema -le sonrió nuevamente a su amigo, esta vez de forma bastante forzada y falsa-. Suerte en tus estudios, Seamus, nos estamos viendo.
-Sí, claro. Nos vemos, Harry.
Se despidieron, y Harry siguió viaje hasta finalmente llegar a su tienda. Neville no estaba hecho una crisis de nervios, sino que manejaba las cosas bastante bien solo. Harry se quedó atendiendo al día siguiente también, y cuando Philip apareció por la tarde diciendo que se sentía un poco mejor con un rostro pálido y enfermo Harry supo que había dicho la verdad y lo envió a su casa nuevamente.
Los días continuaron con normalidad. Harry y Hermione se veían una o dos veces a la semana (cuando ella lograba hacerse un hueco en sus estudios para los ÉXTASIS) prácticamente en secreto, a pedido de ella, lo que Harry entendía. En sus reuniones, además de desahogar sus sentimientos a besos, encontraban momentos para compartir ideas y teorías sobre El Cazador de Brujas.
-No creo que El Profeta esté involucrado -dijo ella, una noche de diciembre en casa de Harry, mientras comían postres de helado que Harry había comprado en una heladería de Hogsmeade-. Creo que logró burlar los mecanismos de control de El Profeta y poner su artículo allí a la fuerza mediante una magia superior a lo que el departamento de aurores piensa que este mago tiene. Y eso solo se explica con...
-La Varita de Saúco -completó Harry-. Lo hizo con ella, claro. El Ministerio subestima el poder de esa varita. El ministro no cree que sea tan poderosa, y por ende el departamento de aurores debe pensar lo mismo. Pero tú y yo sabemos que sí es poderosa. Es la varita legendaria. Seguramente tiene la capacidad de burlar los controles de El Profeta.
-Tiene el poder de limpiar las escenas del crimen de forma perfecta, y seguramente también de eso -coincidió Hermione-. Estamos de acuerdo. Hay algo que me he quedado pensando...
-¿La fotografía de esa mujer que parece muerta también, pero de la que jamás oímos nada al respecto? ¿Y esa fotografía del hombre de barba blanca? Nadie sabe quiénes son, parece que ni el Ministerio.
-Sí, eso también… pero no. Hablaba de otra cosa.
-¿De qué? -quiso saber Harry.
-La cacería... Dijo que la cacería ha comenzado.
-¿Qué querría decir con eso?
-No se me ocurrió, por eso fue que...
-Fuiste a la biblioteca.
-Exacto. Ya suenas como... -Hermione se detuvo en seco, y Harry supo que había estado a punto de decir "Ron". Hubo un momento de silencio en que ambos no dijeron nada, y entonces, para alivio de Harry, ella continuó-: Fui a la biblioteca y repasé nuestros libros de tercer año sobre las cacerías de brujas. Primero pensé que no había demasiado allí que pudiera aportar a este caso. Las cacerías de brujas fueron, como hablábamos la otra vez, una serie de persecuciones realizadas por muggles que acabaron haciendo que brujas y magos se escondieran y se creara el Estatuto del Secreto. Se mataba sobre todo a brujas. Mujeres. Claramente había un tema de género allí. Había brujas y magos entre los muggles, pero estos solo mataban a las mujeres. Típico caso de machismo, por supuesto. En fin, creo que en un comienzo uno pensaría que eligió ese nombre por un tema de sangre. Para vengarse de los muggles por las cacerías de brujas de hace cientos de años, elegiría ese nombre. Una bandera que ya han levantado otros como Grindelwald o Voldemort. Ir en contra de los muggles parecería algo que le daría sentido a ese nombre que eligió. Lo que definitivamente hace que caiga esa teoría es el hecho de que parte de sus víctimas fueron magos sangre pura. Y otra parte, magos sangre mestiza. Ni siquiera tenemos registros de que haya matado muggles. Por otro lado, pensando en el tema de género, una teoría de asesino de brujas mujeres también se cae porque la mayoría de sus víctimas fueron magos varones, como hablábamos la otra vez. En fin, todas las teorías parecen caerse con este mago. Pero algo me dice que cuando dijo "cacería" en El Profeta estaba haciendo referencia a las cacerías de brujas, porque su apodo elegido también hace referencia a eso. Si es así, deberíamos esperar que ataque mujeres o muggles...
-No estoy de acuerdo -sentenció Harry, negando con la cabeza.
-¿Y por qué no? -cuestionó Hermione, cruzándose de brazos y mirándolo con fastidio.
-Tú misma acabas de decir que esas teorías se caen ante la evidencia, con lo que estoy totalmente de acuerdo.
-Sí, pero...
-No creo que esto tenga algo que ver con género, o con muggles. El nombre "Cazador de Brujas" e incluso esa frase que puso en el artículo, si es que eso que sacó en El Profeta puede llamarse artículo, sobre que "la cacería ha comenzado" parecieran ser trampas para despistar. Te lo dije, algo que nos han enseñado en la Academia sobre los nombres apodo de asesinos seriales es que están diseñados para distraer y llevar a los investigadores a investigar y perder su tiempo en cosas que no son. Estoy seguro de que, tal como la evidencia lo indica con las características de los asesinatos que ya cometió, esto no tiene nada que ver ni con brujas mujeres ni con muggles o sangre impura.
-Bien, Harry, entonces dime. ¿Con qué tiene que ver? ¿Por qué se ha elegido ese nombre?
-No lo sé, así como tú tampoco sabes por qué ha matado a la gente que ha matado hasta ahora. Es evidente que hay muchas cosas que no sabemos de esto. En vez de investigar lo que no es, deberíamos concentrarnos en averiguar los verdaderos motivos tras las muertes que ya han ocurrido.
-Pues yo pienso que tiene un fin machista. Solo eso explica lo de "cazador de brujas" -dijo Hermione, convencida.
-Bien -Harry le devolvió la mirada fría que le lanzaba la chica-. No estoy tratando de fingir que soy mejor que tú investigando -añadió, al ver cómo lo miraba ella.
-¿Estás seguro de eso?
-Solo te digo lo que he estudiado. ¿Recuerdas cuando estabas convencida de que el Príncipe Mestizo era mujer?
-Eso no tiene absolutamente nada que ver -Hermione negó con la cabeza, testaruda. Harry se acercó a ella e intentó abrazarla, pero ella se apartó un poco. -No te me acerques. Estoy enojada contigo.
-¿Cómo que enojada? -Harry la abrazó igualmente y esta vez ella lo dejó. Se dieron un beso en los labios y se quedaron mirando a los ojos unos instantes. -Oye, Hermione, quería preguntarte algo.
-Sí, dime -dijo ella, sorprendida. Harry fue a buscar algo que tenía guardado en una caja y, cuando regresó, se sorprendió al ver la cara de susto que tenía Hermione. -¡Oh, no! -añadió, sonrojándose-. No iba a proponerte... ninguna cosa -dijo entonces, avergonzado. ¿Habría pensado que sacaría un anillo de allí o algo así?
-No, claro -dijo ella, acomodándose un mechón de cabello.
-Más bien era una invitación -Harry sacó de la caja unos pergaminos con unas autorizaciones firmadas por el Ministerio.
-¿Qué es eso?
-¿Te gustaría viajar a Australia conmigo para celebrar Navidad?
Hermione quedó pasmada ante la pregunta.
-Harry... ¿hablas en serio?
-Pensé que sería algo lindo -dijo él, tratando de no sentirse nervioso o avergonzado-. Sé que estás con los ÉXTASIS y todo, y que quizás quieras ir con tu familia en Navidad. Estas autorizaciones del Ministerio no son nada. Puedo revocarlas si no quieres. Es para tomar un traslador, como hicimos en el verano...
-Vaya, Harry, pero ese trámite habrá sido costoso. E ir allá... será costoso también.
-No es nada -le aseguró Harry-. El negocio está yendo muy bien, además gano bien en mi empleo de auror. Solo pensé en que sería lindo, un viaje juntos. Pero entenderé si no quieres.
Ella le sonrió y se quedó pensativa unos instantes.
-Supongo que no tiene nada de malo... unos pocos días.
-Sí, claro, solo un par de días -dijo él, asintiendo.
-De acuerdo -Hermione asintió, con una expresión entre contenta y tímida-. No iré a casa de mis padres, de cualquier forma. No estarán.
-¿Van a algún sitio ellos también?
-Sí, a casa de familiares. Unos familiares que ni yo conozco. Sabes cómo es mi familia.
-Sí, claro -en esos días de verse con Hermione en plan de pareja, sus charlas habían alcanzado niveles de profundidad más allá de lo normal, y ahora sabía cosas de la familia muggle de la chica, como el hecho de que estaban todos muy distanciados entre sí y no conocía a muchos de sus parientes. Cosas que anteriormente ella no había compartido con Harry y Ron por más que fueran mejores amigos.
Además de eso, Harry le había contado sobre su pequeño viaje a Oxford, y ella le había contado que había interrogado a todos los cuadros cercanos al aula del homicidio, a los elfos, y a los centauros. Estos últimos no tenían ni idea porque aquella noche había habido un fenómeno lunar muy interesante (aparentemente aquel año la luna tenía una posición y alineación privilegiada, especialmente en días de luna llena) y habían estado distraídos, sin mirar al castillo. Los elfos tampoco tenían información, porque aquellos que debían limpiar ese piso por la noche tuvieron que quedarse reforzando la limpieza de la cocina por un pequeño incidente que había habido durante la preparación de la cena, con unas ollas que se rompieron, por lo que no había ninguno por allí en el momento del homicidio. Y respecto a los cuadros, le comentaron a Hermione que a esa hora todos habían estado profundamente dormidos y no habían oído nada ni visto ninguna luz.
-¿Y por qué se te ocurrió Australia? -quiso saber Hermione.
-Bueno, me comentaste que era un lugar lindo y pensé en que sería un buen destino.
Hermione le había hablado a Harry sobre el pequeño poblado muggle donde dejó a Wendell y Monica Wilkins (el nombre ficticio de sus padres durante el año anterior) luego de borrarles la memoria, para protegerlos. Le había gustado mucho, y como Harry recordaba eso había elegido Australia para llevarla a pasar la Navidad.
-Bien, me gusta. Será lindo pasar Navidad sin frío. Podré usar la ropa que llevé a Bahalearis Island y jamás pude usar, por regresar al día siguiente.
-Sí, lo sé -Harry se sintió un poco incómodo y trató de desviar el tema-. Tengo un par de lugares en mente para ir a conocer, pero tú dime si se te ocurre algo, para recorrer.
-Bueno, me gustaría ir a Sydney -dijo ella, emocionada-. Oí que tienen muchísimos lugares mágicos ocultos allí. El Opera House, por ejemplo, es un edificio de magos encubierto para que parezca de muggles. Pero, en verdad, al pronunciar un conjuro las hojas del techo se pliegan, solo visible para magos, y dan acceso a un teatro con famosas obras de magos.
-Vaya, increíble -dijo Harry, ilusionado-. Definitivamente, tenemos que ir.
Los días pasaron y la Navidad estaba cerca. Harry tuvo su última semana de clase para las materias que había cursado ese cuatrimestre. Como el año se dividía en dos cuatrimestres en la AAS, las materias que había estudiado terminarían en esa semana, luego tendría un plazo de un mes para presentar los trabajos finales (no se aprobaba con exámenes, sino con trabajos prácticos, al menos ese cuatrimestre), y en febrero empezaría las materias nuevas.
-Espero que hayan aprendido, sobre todas las cosas, la importancia del estudio teórico en las ciencias de aurores -dijo el profesor Twinks en su discurso final, en la última clase. Harry seguía sin soportar a ese profesor, pero no habían tenido discusiones frente a toda la clase otra vez. Todo ese embrollo de la importancia de la teoría jamás iba a gustarle a Harry, le recordaba demasiado a Umbridge. -Un buen auror no es el que sea mejor en un duelo. Un mago oscuro puede ser mejor en combate que ustedes, y seguramente lo será. Lo que deben recordar es que aplicando toda la técnica y teoría que hemos aprendido en este curso, ustedes tendrán la inteligencia para atraparlos sin necesidad de un duelo. Si son empleados del Ministerio o trabajan para cualquier empresa de seguridad mágica, habrá a su lado magos con la habilidad para pelear. Pero el que realmente hace la diferencia es el que interpreta los signos de magia oscura para atrapar al verdadero culpable, para resolver el acertijo con la cabeza y llegar al resultado correcto.
Luego de esa clase, Harry se fue del aula y se desapareció lejos de allí sin despedirse de nadie. ¿De quién iba a despedirse, si no había hecho ningún amigo? Pero no dejó que eso lo deprimiera. Faltaban dos días para las vacaciones con Hermione, y esta vez nada podía salir mal como en el verano.
Luego de arreglos, empacar, planificar, y todo eso, Harry y Hermione se encontraron el día pactado en casa de Harry (Hermione se apareció allí con todas sus cosas), se aparecieron juntos a un par de kilómetros de distancia de Hogsmeade, en medio de unas montañas nevadas, y avanzaron a través de la nieve en una fuerte ventisca hasta encontrar aquello que habían estado buscando: un bidón de agua vacío y lleno de moho y nieve.
-Es aquí -le dijo Harry a la chica-. Es el traslador.
Consultaron la hora, se aferraron al objeto y entonces todo empezó a girar.
Cuando aterrizaron, Harry sintió cómo todo el frío que acababa de hacerlos tiritar hasta los huesos desaparecía y en su lugar era reemplazado por un intenso calor. De inmediato, la nieve y la oscuridad del norte de Inglaterra se transformaron en sol, luz, verano y olor a mar.
-¿Dónde estamos? -preguntó Hermione, al tiempo que se sacaba la capa de viaje y la guardaba dentro de su bolsito de cuentas con fondo extensible, el cual habían decidido llevar para moverse con más comodidad. De hecho, todo el equipaje de ambos estaba empacado allí.
-Perth -dijo Harry, mirando hacia la playa.
Pasaron los días previos a la Navidad viajando por algunos lugares del país. Conocieron las playas de Perth, los arrecifes de Coral, las montañas azules, Parque Nacional Kakadu, Sydney, Sunshine Coast y Melbourne. Todo eso en dos días. La forma en que lograron semejante azaña, previamente planificada por Harry, no fue únicamente por medio de aparición.
Además de contar con un permiso del gobierno australiano para aparecerse con una tarifa única pre-paga cuantas veces quisieran por todo el territorio nacional, Harry y Hermione tenían contratado un extendetiempo turístico del Ministerio de Australia que les permitía alargar los días para aprovechar mejor el tiempo. Funcionaba como un giratiempo, pero en vez de regresar en el tiempo, extendía los días haciéndolos durar hasta el doble de tiempo o el triple de tiempo, al punto de que el 23 de diciembre duró más de 72 horas para Harry y Hermione. No sentían ningún tipo de fatiga, ya que con dormir solo 8 horas y comer dos o tres veces en ese tiempo sentían la energía y entusiasmo para recorrer todos esos lugares en un mismo día, descansar en las playas y escalar montañas, o bucear en los arrecifes de coral, sin sentir sueño o hambre. Era como si se tratara de un día normal de 24 horas, en cuanto a necesidades, pero el tiempo vivido era extendido y les permitía disfrutarlo a pleno.
El 24 de diciembre, Harry y Hermione pasaron su última noche en Melbourne cenando en un restaurante mágico que estaba en la cima de la torre Eureka, invisible para magos. Era un piso adicional en la cima de la torre oculto mediante magia, al que solo tenían acceso los magos. Estaba lleno de cosas así en Australia: según aprendieron, los magos que vivían allí habían hecho todo un arte el esconderse de los muggles. Además del Opera House en Sydney que se abría sin que los muggles lo notaran para convertirse en un gigantesco teatro de magos a cielo abierto, había puentes que al tocarlos con una varita se hundían en el mar y partían las aguas a la mitad para revelar un campo de Quidditch o un edificio de magos en las profundidades; playas paradisíacas ocultas a las cuales para acceder había que acariciar el lomo de una serpiente venenosa y esta se metía en el hueco de un árbol haciendo que este cayera sobre unos arbustos para abrir paso por la espesa vegetación hacia la entrada secreta de la playa; o caminar por un sendero que solo se abría al poseer una varita en la mano, de pronto apareciendo criaturas mágicas en ellos escondidas de los muggles.
Definitivamente, lo que más sorprendió a Harry fue cuando visitaron la famosa formación rocosa de Uluru, en el centro del país, y al gritar las palabras mágicas a todo pulmón ("Wingardium Leviosa") estas se levantaron completamente y quedaron suspendidas en el aire a cien kilómetros del suelo, revelando bajo ellas una híper tecnológica ciudad mágica de última generación cargada de vehículos voladores con tecnología avanzada, edificios de magos que flotaban en el aire y se movían de un sitio a otro para dejar a sus residentes en donde ellos quisieran ir, calles flotantes que se entrelazaban en los edificios como serpientes y donde cientos de magos vivían tranquilamente al parecer sin sentir que estuvieran bajo una gigantesca roca de 1300 kilómetros de ancho. La ciudad en cuestión se llamaba Uluru y era la ciudad de magos más moderna y con mayor cantidad de habitantes magos en el mundo. El nombre, según aprendieron al visitarla, provenía de una antigua bruja australiana llamada Margareth Venice Uluru, antigua doncella de una civilización de magos en aquella zona. Habían inventado una historia falsa sobre el nombre para los muggles, para que todo el mundo, magos y muggles, la conocieran por ese nombre.
Ese día, Harry y Hermione celebraron Noche Buena en el restaurante "Sky Full Of Stars" en la cima de la torre Eureka. Ordenaron mariscos, admiraron el paisaje desde las ventanas, pasearon de la mano por el balcón exterior hasta que el viento de los trescientos metros de altura los obligó a entrar de vuelta, y finalmente regresaron a su habitación en el hotel de magos de la ciudad de Melbourne. Al día siguiente pasarían el día de Navidad haciendo avistaje de criaturas mágicas por el océano y varias islas de Oceanía, y por la noche regresarían a Inglaterra.
-Gracias por las vacaciones, Harry. Ha sido hermoso -Hermione lo besó en los labios en ese cuarto de hotel con un gigantesco ventanal de vidrio con vista a la ciudad intensamente iluminada, se abrazaron y se recostaron juntos en la enorme cama. Los besos fueron dando paso a las caricias, a desvestirse y a expresarse su amor con fuego e intensidad.
Harry se dio cuenta de que aquellas eran casi las mejores vacaciones que había tenido en toda su vida. Y sabía que Hermione también lo sentía.
Lo único que evitaba que fueran las mejores era el pensamiento de que estaban ignorando por completo una tercera vida que siempre había estado allí con ellos compartiendo todos los momentos felices. Una vida que antes los acompañaba a esas aventuras llena de alegría, energía, chistes y buenos momentos: Ron.
