¡Hola! ¡Ya estoy de vuelta con el segundo capítulo!

Por el momento no me voy a entretener y os dejo leyendo, presiendo que la nota al final del capítulo será un pelín larga jeje

Disclaimer: Frozen no me pertenece :(


CAPÍTULO 2

Desde el mismo momento en que consiguió poner en orden sus pensamientos, supo que una de sus mayores torturas iba a ser la de ver a cada uno de sus hermanos desfilando por el pasillo de los calabozos dispuestos a hacerle una visita. Por suerte para él, también sabía que muchos de ellos ni siquiera se dignarían a ello.

Efectivamente, no se equivocó.

Es cierto que había aprendido mucho gracias a ellos, a pesar de ellos en alguna ocasión, y que no todos le resultaban indiferentes. A algunos les tenía incluso cariño. No obstante, en eso no cabía duda, para él, sus hermanos sólo eran números delante de él, con la suerte de haber nacido antes.

El primero también fue el primogénito, Henrik, sucesor al trono de las Islas del Sur. Su personalidad era tan severa y estricta como la de su padre, y su apariencia, alto, fornido y con una espesa cabellera castaña, también.

Le observó detenidamente antes de hablar. Durante todo ese tiempo, Hans le lanzó su propia mirada retadora.

―Nunca lo hubiera esperado de ti ―le dijo.

Hans alzó una ceja con incredulidad. Su hermano era mayor por dieciocho años y además el primogénito. Apenas habían tenido contacto alguno como para que tuviera expectativas de él.

―Madre no se ha podido reponer todavía desde tu numerito en la sala del trono…

―Si lo que pretendes es hacerme sentir mal, no lo vas a lograr, Henrik ―le cortó el menor de los hermanos con la misma contundencia con la que el mayor solía hablar.

―Ya veo que no. Al menos esperaba verte algo arrepentido ―contestó el futuro rey justo antes de dar media vuelta y marcharse de allí.

―¡Incluso si me arrepintiera, jamás te lo diría a ti! ―exclamó Hans tratando de hacerse oír mientras se alejaba su hermano.

Siempre había odiado la actitud de Henrik, por encima de todo y todos, sabedor de la moral absoluta. Y por si fuera poco, ahora había conseguido que se sintiera fatal por haber asustado a su madre.


Su hermano número 2, Hubert, también fue de los primeros en acudir a la señal. Su parecido físico también asemejaba al de su padre salvo que la palabra fornido ya no era muy apropiada para él, rechoncho, sí.

Era experto en diplomacia internacional así que ya sabía perfectamente qué tipo de charla le iba a dar. Se había pasado casi media hora, o eso suponía Hans, hablando sobre los problemas que su actitud había causado y exagerando más de lo normal. En cuanto su hermano menor comenzó a discutirle algunas de sus graves consecuencias no tardó en observarle como si fuera un bicho al que tenía que aplastar.

En realidad estaba acostumbrado a esa mirada, era la que le lanzaba cada vez que Hans de joven se atrevía a preguntarle alguna duda sobre aquel tema que según Hubert era su especialidad. El hermano mayor, simplemente se limitaba a ignorarle, muy ocupado como para atenderle, e incluso en alguna ocasión a echarle de su despacho lanzándole un pesado pisapapeles de plomo, el cual dejó una pequeña cicatriz en su cabeza, por suerte, oculta entre su cabello cobrizo.

Una vez que Hubert terminó con su retahíla de agravios ocasionados por los actos de Hans, abandonó el pasillo y no volvió a bajar en ninguna otra ocasión. Por su parte, Hans tampoco necesitaba de su compañía en ese momento.


El tercero de sus hermanos, Hakon, tardó un poco más en llegar. Era capitán de la marina de las Islas del Sur por lo que pasaba grandes temporadas en alta mar. En apariencia era bastante similar a Hans, mas los catorce años de diferencia que se llevaban eran notables entre ellos.

Gracias a él, Hans había aprendido a navegar y a ostentar el puesto de almirante de la flota, si bien, todos estos logros habían resultado una sorpresa para su hermano mayor. Mientras que el pequeño Hans se alegraba de poder pasar tiempo con su hermano y aprender por fin cosas nuevas e interesantes, Hakon se limitaba a utilizarle como imán para sus conquistas. Una vez que una falda y cara bonita había caído en su red, este desaparecía a la mínima que su hermano menor se descuidaba dejándole solo de nuevo en pleno puerto repleto de desconocidos.

Para cuando Hans se hizo lo suficiente mayor, Hakon se había visto obligado a contraer nupcias y todo interés por enseñar a su hermano se había esfumado. No obstante, también para ese entonces, Hans había aprendido lo suficiente como para ser autodidacta y superar a su hermano en el arte de la navegación.

Esto no significaba que sus conocimientos fueran reconocidos. Siendo él mejor, Hakon siempre obtendría el mejor puesto por encima de Hans, simplemente por haber nacido antes.

Al final, toda su visita consistió en contarle todas las historias que le habían ocurrido durante su última estancia en el mar varias veces, presumiendo de grandes dotes de mando y navegación. Era bastante habitual que lo hiciera, por lo general Hans aprovechaba el mínimo descuido para abandonar la sala, tal y como había hecho Hakon con él siendo pequeño. Esta vez, encerrado como estaba, no tuvo más remedio que escucharlo todo.

En el mismo momento en que a Hans se le ocurrió contarle todas sus hazañas vividas, incluidas las no tan heroicas de Arendelle, del mismo modo que Hakon había hecho, este fue el que no tardó ni medio minuto en cortarle, aburrido, y salir de allí.

Desde entonces, no había vuelto.


Su mayor sorpresa llegó con su cuarto hermano, Henning. Físicamente, ambos hermanos no se parecían en nada. El mayor lucía una entrecana cabellera castaña clara, sus facciones eran mucho más redondeadas y sus ojos azules y pequeños. Era doce años mayor que él y había sido nombrado conde de la ciudad de Steinhauk en el país de Corona tras haber contraído matrimonio con la única heredera al título. Precisamente por eso, dudaba que hubiese venido hacia las Islas del Sur. Quizá habría algún evento importante en el país y Hans lo había olvidado por completo, a fin de cuentas, también había perdido por completo la noción del tiempo.

Henning era un experto economista y había llevado a la ciudad de la que era Conde a la prosperidad. Teniendo en cuenta que era un enclave importante entre el este y el oeste del continente a través del mar tampoco era muy complicado.

Pese a todo, Hans había aprendido mucho de él. La única condición que su hermano le había impuesto era que no le molestara mientras trabajaba. Así, Hans había aprendido observándole detenidamente. En ocasiones había llegado a estar más de siete horas de pie, junto a él, atendiendo a todo lo que hacía y sin apenas moverse e incluso sin respirar si hacía falta, de lo contrario, cualquier mínimo movimiento haría enfadar a Henning y no le dejaría volver a acercarse a él en varios meses.

Su encuentro fue breve y economizado. Parecía que Henning simplemente quería dejar constancia de su presencia y tras un leve intercambio de palabras aludió a otros compromisos y se marchó. En el fondo Hans lo agradecía, ¿para qué fingir que estaba preocupado por su bienestar y él mismo fingir que le alegraba su visita?

Pasó toda su visita recostado sobre su catre sin molestarse en fingir un gran interés. Estaba harto de estar de pie frente a Henning.


Sus hermanos número cinco, seis y siete, los trillizos Hamish, Hammond y Howell ni siquiera aparecieron por allí. Tampoco resultaba extraño. Si habían logrado pasar dos años enteros fingiendo que Hans no existía, no le sorprendería que ahora lo creyeran de verdad.

Hans recordaba muy bien como en alguna ocasión había llegado llorando a su madre preguntándole si de verdad era invisible. Esta, quitándole importancia al asunto simplemente le dijo que si no le veían era porque era demasiado pequeño y que volviera de nuevo a jugar con sus hermanos. Ese día, todos se habían puesto de acuerdo en fingir que era invisible. Al parecer era un juego muy divertido, aunque Hans nunca le vio la gracia.

Por otro lado, era preferible ser invisible a que le vieran cuando tenían un mal día y acabaran emprendiéndola a golpes con el que menos culpa de todo tenía; él.

Definitivamente mejor que ni se presentaran, tres contra él, a solas, en un calabozo y sin posibilidad de escapatoria. Sin ellos estaría mejor.


Del número ocho, Haines, había aprendido el arte del manejo de la espada. Como siempre, Hans había podido aprender por suerte. Su hermano necesitaba a alguien con quien desquitarse y que le hiciera de bulto para practicar. Para cuando Hans se volvió lo suficientemente hábil como para derrotarle varias veces, este perdió por completo el interés por competir contra él. Hans supuso que sólo estaba interesado cuando era él quien mordía el polvo y normalmente de forma bastante dolorosa.

Su visita también consistía en desquitarse de sus problemas con Hans, gritarle a él, insultarle a él y si hubiera podido también agredirle. Con lo que no contaba Haines, era con que su hermano menor también estaba deseando poder desquitarse con alguien después de un par de meses allí encerrado, así que cuando ambos empezaron a gritarse y proferir los mismos insultos sin sentido, los guardias del calabozo tuvieron que pedir educadamente al octavo príncipe de las Islas del Sur que abandonara la sala. Desde entonces no había vuelto, probablemente no se lo permitirían aunque él quisiera.


Su noveno hermano, Hunter, sí fue a visitarle, es más, incluso se interesó por su estado de salud y por el de Sitron. Su querido caballo se había quedado en Arendelle y esperaba que allí estuviera bien cuidado. En el par de veces que fue a visitarle sus conversaciones habían sido bastante cordiales.

Hunter le enseñó a montar a caballo. Su hermano siempre había sido un gran montador por lo que se propuso como reto personal conseguir que Hans aprendiera a montar pese a que su diferencia de edad era de tan sólo seis años. A fin de cuentas, Hunter también quería demostrar que era más de lo que todos creían que era y no le podía culpar. Él también estaba en la línea joven de la familia por lo que las esperanzas de que fuera a hacer algo de importancia tampoco eran muy altas para él.

De todos sus hermanos, siempre había sido el más independiente, ajeno a todo y centrado tan sólo en las pocas cosas que le interesaban. En el fondo, a Hans le hubiera gustado ser como él, capaz de evadirse de todo y todos y no querer depender o demostrar nada a nadie. Desafortunadamente para él, no era así.


Por alguna razón que nunca llegó a saber, su hermano número diez, Harris, siempre había tenido un odio desmedido por él desde que era pequeño. Le ponía la zancadilla cada vez que iba por el pasillo, le encerraba en los armarios y cuartos vacíos, e incluso llegó a tirarle por las escaleras. Sus padres, creyendo que eran juegos de niños, nunca le dieron la mayor importancia.

Lo peor de todo era cuando el resto de sus hermanos, o al menos unos cuantos, se aliaban con él para ayudarle con cualquiera que fuera la broma de turno. Todavía recordaba cuando se les ocurrió colgar su caballito de juguete de la rama más alta del árbol más alto del jardín de palacio. Hans se había esforzado tanto en subir que acabó rasguñándose las manos y las rodillas e incluso, durante la bajada, cayó al suelo desde varios metros de altura. Por si esto fuera poco, el castigado acabó siendo él quien no pudo salir a jugar al jardín durante el resto de ese verano.

Al menos, si en algo había conseguido vengarse, era en que Harris iba a ser en principio el candidato a cortejar a la futura, ahora actual, Reina de Arendelle. Después de todo lo ocurrido unos meses atrás, dudaba mucho que ninguna de las dos muchachas fuera a confiar en Harris como pretendiente. Visto de ese modo, ahora sí, su hermano ya tenía un buen motivo para odiarle, probablemente habría acabado con todas sus opciones de convertirse en rey de cualquier territorio.

Su conversación fue tensa y cargada de rencor pero por primera vez a Hans no le importó enfrentarse a él. También fue la única ocasión en la que pensó que todo lo ocurrido en Arendelle había merecido la pena. Había destrozado a su hermano cualquier posibilidad, pues él no era precisamente un príncipe encantador ni mucho menos. Ni siquiera tenía un físico portentoso, sus ojos verdosos eran pequeños y nada llamativos y su semblante serio era atemorizante y nada atractivo.

Sólo cuando él se marchó y Hans volvió a quedar a solas, encerrado en su celda maloliente, la sensación de triunfo y superioridad se esfumó y volvió a sentir que lo había perdido todo.


Y finalmente estaban sus hermanos número once, Hallen, y número doce, Hamlyn, tres y dos años mayores que él. Debido a la edad, eran los más cercanos a él, pero entre ellos estaban mucho más unidos que con el propio Hans.

Habían sido compañeros de juegos en ocasiones, pero precisamente por eso también habían sido los cómplices principales del resto cuando de engañarle a él se trataba en un intento por pertenecer al grupo de los hermanos mayores.

Pese a eso, Hans pensaba que de todos, eran quizá los que más le podían llegar a comprender, por eso le extrañó tanto, y a la vez le sorprendió, que fuera precisamente Hamlyn el único que le realizó esa pregunta.

―¿Por qué lo hiciste, Hans?

Y justo llegó ese momento que no había conseguido ninguno de sus otros hermanos. El plantearse todas sus acciones. Pensar en lo que había hecho. Precisamente porque no quería hacerlo, o no se atrevía a enfrentarse a lo que había hecho.

No obstante, lo que sus hermanos le acababan de preguntar no era que se replanteara todo lo que hizo, sino que simplemente les diera un por qué.

Se acercó hasta cerrar sus manos sobre los barrotes y observó a Hamlyn con seriedad.

―Porque quería salir de aquí.

Antes de que sus hermanos pudieran replicarle, se dio media vuelta y les dio la espalda, decidido a ignorarles. De todos, eran los únicos que se habían dignado a volver a visitarle con algo de asiduidad, si a eso se le puede llamar una vez al mes, por lo que sabía que aunque él mismo había dado por concluida la conversación ellos acabarían volviendo a por más. Quién sabe, quizá de toda su familia sus dos hermanos más cercanos eran los únicos que no terminaban de tomarle por un caso perdido.

Cuando sintió los pasos de Hallen y Hamlyn desvanecerse por completo, se permitió sentarse en su diminuto catre y ocultar su rostro entre sus manos. La imagen de las dos soberanas de Arendelle apareció en su mente atormentándole.

Se palmeó con fuerza las mejillas y volvió a levantarse con fuerza. Debía alejar de él esos pensamientos cuanto antes o no podría dejar de darle vueltas. Tenía que pensar en otra cosa o pasaría la noche en vela como cada vez que recordaba todo lo que ocurrió en Arendelle, pero en una celda tan pequeña se sentía apresado e incapaz de entretenerse con otra cosa. Ese debía de ser el motivo de esos sitios, hacerte pensar únicamente en lo que debías reflexionar.

Hans decidió entonces que ya había esperado demasiado. Había esperado a que sus hermanos y su familia se olvidaran por completo de él, pero teniendo en cuenta la situación bien podría adelantar un poco sus planes.

Y es que, si tantas bromas pesadas y sin gracia de sus hermanos le habían enseñado algo, era a llevar siempre escondida una ganzúa dentro de su bota.


Hasta aquí por el momento. Puesto que para Hans sus hermanos son números delante de él, me gustó la idea de hacer un capítulo en el que los fuera enumerando jeje.

Aun así, antes de publicar el capítulo me preocupaba un poco, seguro que la mayoría estáis ya deseando que empiece la trama pero quería profundizar un poco más en el personaje de Hans y su familia antes de entrar al lío. Espero aun así, que os haya gustado.

Please, si tenéis cualquier duda, sugerencia, crítica constructiva, o sólo queréis darme ánimos xD dejad un review, estaré encantada de conocer vuestra opinión y contestaros si es posible ^^

Precisamente por eso, muchas gracias a F, A Frozen Fan, adrilabelle, Kaly Paola, Rosa, MM, Abby Lockhart1, Maggie Westergard, Patzylin-Donno, Kiks Cullen, Vero y The princess of the ice-magic por vuestros reviews! GUAU! No me esperaba para nada que el fic fuera a tener tan buen recibimiento así que ahora estoy super contenta y enchufada tratando de ordenar todas las ideas que tengo para los próximos capítulos. Si ya sabía yo que cuando el Helsa me tocó el corazón era por algo xD

Además, he abierto un blog en tumblr dedicado al Helsa, ya que una amiga se ha ofrecido a realizar algunos fanarts sobre el fic! Ya está trabajando en algunos y tengo muchísimas ganas de verlos. Los publicaré por allí. Si a alguien le interesa pasarse por tumblr y fangirlear a tope sobre Helsa o Hans o Frozen en general, buscadme como thequeensmirror

En respuesta a algunos comentarios que no podía contestar ya que no había cuenta a la que contestar XD diré que siii, la última frase, en la que Hans afirma que el príncipe perfecto se había ido, era claramente una referencia a lo que dice Elsa... Estos dos están hechos el uno para el otro!

Por cierto, ahora que por fin empieza a desarrollarse la trama, en el próximo capítulo salen algunos personajes importantes, entre ellos por fin aparece cierta reina juju, si habéis leído el cuento original de "La Reina de las Nieves", vais a ver muchas referencias a este, me encantaba la idea de poder enlazarlo en cierto modo con el fic y si habéis visto "Tangled" también habrá algunas referencias más ^^ Igualmente, cuando vayamos llegando ya os iré comentado xDD

Bueno! Ahora sí que me voy, que empiezo a hablar y no paro nunca!

Un saludo!