18. Asesinato en el campo de Quidditch
De regreso en su casa y en su cama, en Hogsmeade, Harry estaba solo una noche de principios de enero pensando en Ron.
Habían tenido un muy buen final de vacaciones, recorriendo islas en Navidad, y a la vuelta Hermione había pasado Año Nuevo con su familia, y Harry solo en su casa. Ella había sugerido que la acompañe, pero se notaba que no estaba convencida y Harry no quiso forzar las cosas. No eran una relación seria, claramente, y Harry sabía que solo lo invitó porque sabía que no tenía donde más ir.
Claro que tampoco podía ir de los Weasley, y no había miembros de la Orden u amigos de Hogwarts con los que se hablara regularmente y tuviera confianza suficiente para invitarse a sus casas a pasar Año Nuevo. Así fue que pasó esa festividad solo, con Stripy. Comió algo sencillo sacado de la alacena, puso música en su reproductor mágico y se quedó dormido en el sofá con una botella de cerveza de manteca en la mano.
Ahora, varios días después, estaba tirado en su cama mirando el techo. Hermione y él no se habían visto en los últimos días, intercambiando solo un par de cartas. No había mucho que hacer, ya que no había clases y el Ministerio y su negocio no le demandaban mucho tiempo. El resultado de esa falta de tareas fue pensar nuevamente en Ron.
Harry se preguntó si habría pasado tiempo suficiente para intentar hablar con él. Siempre había sabido que luego de lo ocurrido no tenía nada que decirle a su ex mejor amigo, que las disculpas no servirían y mucho menos teniendo en cuenta que seguía viéndose con Hermione. Sabía que Ron no lo pondría en una situación de tener que elegir a quién prefería, a él de amigo o a ella de pareja; no se trataba de eso, así que no valía la pena hacerse esa pregunta.
Sin embargo, se detuvo un momento en sus pensamientos y se la hizo: ¿prefería a Ron, su mejor amigo desde hacía ocho años y con quien había compartido todo lo que había tenido importancia en su vida? ¿O prefería a Hermione, su mejor amiga desde hacía ocho años y desde hacía un tiempo su interés amoroso por quien cada día sentía más cosas, con quien también había compartido todo lo que tenía importancia en su vida?
Era difícil. La realidad es que en un principio al menos, Ron había sido la persona más importante para él. Había sido él a quien se llevaron al fondo del Lago Negro para la Segunda Prueba del Torneo de los Tres Magos. Porque era la persona más importante para Harry. Sin embargo, los años siguieron pasando y la relación con Hermione también creció y cambió. Muchas de sus aventuras las vivió solo con ella. El año anterior habían tenido una aventura de redescubrimiento de su relación, en su viaje dentro de otra aventura. Y el resultado había sido ambiguo y confuso. Harry los quería a ambos, de formas distintas.
Era un triángulo amoroso bastante imposible de resolver. Su amistad con Ron parecía imposible de poder salvarse.
Porque sabía que eso era lo que le pasaba a Ron. No se trataba de elegir o algo así. Se trataba de que Ron estaba ofendido. Y traicionado. Y no había perdón posible. Y no había nada que hacer.
Pero, así y todo, Harry se dio cuenta de que ese momento que estaba viviendo era clave. Habían pasado suficientes meses para que Ron asimilara lo ocurrido, para eliminar el efecto inminente del impacto de lo sucedido. Para intentar acercarse y hablarlo con él con más calma.
Pero, al mismo tiempo, había pasado suficiente tiempo para que su falta de comunicación amenazara en convertirse en algo permanente. En otras palabras, era ahora o nunca. O salvaba su relación con Ron en ese momento, o estaría perdida para siempre.
Fue por eso que Harry decidió ir al primer partido internacional de la Quidditch Heroes League, la liga que se disputaba entre los países europeos todos los años y la más popular entre magos. Se disputaba en el estadio "Los Altos Seis Aros" de Londres, uno de los más grandes del mundo. Sería el primer partido oficial de Ron en el equipo, y Harry pensó en comprar entradas para verlo y tratar de hablar con él después del juego.
-Yo iré -le dijo Hermione, en cuanto le contó su idea-. Sé que es posible que sea en vano, pero si vas a intentarlo yo también debo ir.
-Sí, claro, si quieres -coincidió Harry, mirándola con nervios ese día. Se dio cuenta de que Hermione le estaba leyendo la mente y sabía en qué pensaba.
-No hemos hablado demasiado luego de lo que ocurrió -dijo ella, para responder a la incógnita de Harry-. No le pedí desesperadamente que vuelva conmigo como dice Corazón de Bruja. Solo quise hablar con él, pero no me dejó acercarme. Esa noche, luego de lo que ocurrió, fui a buscarlo, pero no me abrió la puerta. Más adelante intenté ir a verlo de nuevo, y en una oportunidad cruzamos un par de palabras en la calle, pero él seguía caminando de largo y no quería verme. Y eso fue todo.
-Sí, está bien –Harry se quedó pensativo-. Fue Luna a quien oí decir que le habías suplicado que volvieran…
-¡Que ridiculez! No fue así.
-No es que me parezca mal eso, ni nada, claro.
-Lo sé, pero no lo hice. Quizás eso haya interpretado Ron de mis intentos por verlo para hablar, pero la realidad es que jamás hablamos. No me lo permitió.
-Ya pasó algo de tiempo. Creo que si no podemos volver a hablarnos ahora, quizás...
-Quizás luego ya sea muy tarde. ¿Verdad?
-Exacto.
-Bien. Iremos juntos –Hermione asintió, miró a Harry y apartó un poco la mirada, nerviosa-. No tan juntos. Solo iremos a decirle que queremos ser amigos, como antes. Que esto que pasó... Quizás no deberíamos hablar de lo que nos pasó... A nosotros, digo.
-Pero si no hablamos de eso será muy difícil. Él no sabe en qué plan... estamos... bueno, tú sabes.
-Sí.
-Es decir...
-Él debería saber primero que nada lo que está pasando... entre nosotros, ¿no? Porque sino, si no le decimos, y luego sí le decimos, pasaría de vuelta lo mismo.
-Pero, al mismo tiempo...
-Si le decimos, quizás no quiera ni hablarnos ahora.
-Pero eso estaría bien, porque debemos ser honestos. Y si él no quiere, bueno...
-Sí, lo sé. Deberíamos decirle, e intentar que nos hable igualmente.
-Aunque sea más difícil.
-Sí.
Se miraron unos instantes y se dieron cuenta de que ambos estaban aterrados por la idea de hablarle a Ron. Pero, al mismo tiempo, no podían seguir postergando más el momento.
Llegó finalmente el día. Harry y Hermione despertaron esa fría mañana de sábado abrazados en la cama de Harry. Hermione se había quedado dormida allí, y al abrir los ojos Harry se encontró envuelto con ella en brazos en colchas y sábanas hasta el cuello, con el paisaje de una ventana con escarchas de nieve visibles del lado exterior y copos de nieve cayendo del cielo en la calle.
Harry respiró el dulce aroma del cuello de Hermione y acarició sus brazos desnudos por debajo de las sábanas. Ella giró la cabeza lentamente, despertando, y le dio los buenos días con un beso en los labios. Empezaron a besarse de forma más pasional y acariciarse bajo las mantas. Se encendió un fuego que eliminó el efecto del invierno en la habitación, y se besaron intensamente mientras el sudor corría por su piel y en las sábanas, cayendo de la punta del pelo de Harry y por su frente, mientras Hermione, roja por el calor, respiraba con dificultad bajo él.
Unos instantes después, ambos se relajaron en la cama abrazados con mucha fuerza.
-Hoy es el día -dijo Hermione, en un susurro agitado-. Tengo miedo.
-No tengas miedo –dijo Harry, quitándole un mechón de cabello del rostro y mirándola a los ojos con amor-. Es solo Ron. No tienes por qué tener miedo... Te prometo que todo estará bien.
Pero no lo estaría. Y aunque Harry aún no lo sabía, su promesa no iba a cumplirse.
Luego de bañarse y desayunar, ambos se vistieron, tomaron sus entradas para el partido, que Harry había comprado días atrás, y se desaparecieron rumbo a Londres. Una ráfaga de aire frío los recibió haciéndolos tiritas cuando aparecieron bajo la capa para hacerse invisible (agachados, para que no se vean sus pies y parte de sus piernas) en Tottenham Court Road.
Harry sintió un déjà vu.
-Estamos de nuevo aquí -dijo, mientras se apartaban del paso para que unos muggles no chocaran con ellos-. Aquí es donde vinimos el año pasado luego de que cayera el Ministerio...
-Pues sí, resulta que por aquí también se va al estadio de Quidditch de Londres –dijo Hermione, tirándole del brazo para que se alejaran hacia un callejón-. ¿Ibas a traerme al juego sin siquiera investigar donde era el lugar?
-Lo siento. Dijiste que sabías donde era, así que...
-Eres muy descuidado para planear citas –dijo ella, con tono de broma, y quitó la capa de encima de ellos, para guardarla en su bolso.
Harry se preguntó si la chica estaría intentando tomar las cosas con actitud desafiante o hasta humorística para reprimir lo que sentía en verdad, y que le había confiado esa mañana en un contexto más íntimo. Después de todo, no era difícil pensar en Ron y sentirse nerviosos de hacia dónde iban cuando acababan de aparecerse en un lugar que había sido una ruta de escape junto al chico el año anterior.
Avanzaron por la calle y doblaron en una esquina. Al llegar junto a un negocio de ropa, Hermione cerró los ojos y murmuró unas palabras. Entonces, una vieja puerta de chapa oxidada se abrió unos centímetros en la pared del lado del negocio. Hermione la abrió, le indicó a Harry que la siguiera y se metió en la oscuridad de unas escaleras.
Harry, obediente, fue tras ella y subió por aquellas escaleras sintiendo olor a humedad y encierro. ¿Esa era la entrada al estadio? De pronto, las escaleras dieron lugar a otra puerta, y Harry oyó en la oscuridad a Hermione hacer algo con su varita.
De pronto, la segunda puerta se abrió de par en par y los recibió un estruendo tal que Harry casi cae hacia atrás por las escaleras. De pronto, de la nada, el ensordecedor sonido de una multitud gritando desaforadamente le atacó los oídos. Estaban en lo alto de una tribuna en un gigantesco campo de Quidditch, que le recordaba bastante a aquel al que habían asistido en el Mundial de Quidditch cuatro años atrás.
-Vaya, esto es increíble -dijo Harry, fascinado por lo que veían sus ojos y oían sus oídos, mientras seguía a Hermione por entre la multitud, bajando una escalera de la tribuna para posicionarse en dos asientos delante de todo, contra una baranda que daba al vacío del altísimo estadio.
-Bienvenido a Los Altos Seis Aros. ¿Primera vez aquí? -dijo una voz a su lado. Harry giró la cabeza y se encontró cara a cara con Kingsley Shacklebolt.
-¡Señor Ministro! Hola –dijo Harry, sorprendido, y le estrechó la mano-. Sí, es mi primera vez. ¿Usted vino a ver el partido? ¿Aquí?
Se refería a los asientos que había comprado Harry, que no eran nada grandioso. Estaban a una altura media de las tribunas, si bien daba contra las barandas la verdad es que la mayoría de los asientos daban allí alrededor del enorme estadio. Y tampoco daban al medio exacto del campo, sino un poco más hacia el costado defensivo del equipo local, para ver de cerca a Ron.
-Sí, claro, los palcos preferenciales no son para mí -dijo el ministro, con una sonrisa-. Me gusta vivir el juego, para verlo desde un cubículo lo vería en mi casa. Pero qué casualidad que nuestros asientos tocaran juntos. Te presento a Gabriel –dijo entonces, señalando a un mago negro y calvo que estaba junto a él, quien le ofreció a Harry una brillante sonrisa y un apretón de magos-. Él es mi novio –dijo entonces.
Harry quedó en silencio, sin saber qué decir. ¿Había oído bien? ¿Acababa Kingsley de decir novio?
-No te sorprendas, Harry, estamos en 1998 –dijo Kingsley, dándole una palmada a Harry en el hombro-. No me dirás que te parece extraño, ¿o sí?
-No, claro que no –se apresuró a decir Harry.
-No es que lo haya querido ocultar antes, ni nada así -añadió el ministro, tomando un sándwitch de chorizo que le pasaba su novio y dándole un gran mordisco-. Simplemente nos pusimos de novios hace poco. ¡Oh, madre santa! ¡Qué bueno que está esto! -cerró los ojos un instante, disfrutando su sándwitch-. Tienes que probarlo, Harry.
Quiso darle un pedazo a Harry y Hermione, pero ellos le indicaron que no, gracias con un ademán.
-Oye, Kings, creo que debes presentar el juego –le dijo Gabriel a Kingsley, tratando de hacerse oír entre el estruendo-. ¿No es hora ya?
-Oh, sí, es cierto -dijo este, asintiendo con la cabeza y masticando su sándwitch-. Déjame terminar esto y ya lo hago.
Harry miró a Hermione y compartieron una sonrisa. Entonces, Harry vio que Hermione, algo preocupada, miraba hacia el campo de juego. Harry miró también, pero los equipos aún no estaban allí.
Entonces, una voz con un volumen descomunal hizo que todos los magos y brujas en el estadio quedaran en silencio. Kingsley, junto a Harry, había dejado de comer y ahora presentaba el juego con su varita clavada en su garganta.
-¡Bienvenidos, brujas y magos, al primer partido de la Quidditch Heroes League europea! Es un placer para Inglaterra ser el país anfitrión de este primer encuentro entre los mejores equipos de las selecciones nacionales de Quidditch de los países de este gran continente. Quisiera comenzar con un pequeño discurso.
Harry vio que todos los ojos a lo largo del estadio apuntaban hacia donde estaba él, y se sintió incómodo. Claro que en verdad no lo miraban a él sino a Kinglsey, pero al estar justo a su lado...
-Nuestro país acaba de salir de un momento terrible –dijo Kingsley, ahora muy serio y sin rastros del humor y jovialidad que había exhibido a Harry instantes atrás-. Será difícil para el resto de los países europeos y del mundo entender qué tan difícil fue, porque pocas veces los magos hemos vivido cosas así. Ahora que el reinado de Voldemort ha acabado, algunos magos oscuros siguen apareciendo aquí y allí. Algunos buscan fama, notoriedad, manipulando los periódicos y cosas así. Lo que ellos buscan, les revelo, es darles a ustedes la sensación de que el horror continúa, porque no pueden concebir que el bien haya triunfado, que los magos buenos hayamos ganado la guerra mágica. Son momentos como este, en un precioso día soleado, en el corazón de nuestra querida ciudad de Londres, donde los magos y brujas nos reunimos para celebrar la vida, para celebrar nuestra victoria por sobre las fuerzas oscuras y a disfrutar de la belleza de tener partidos de Quidditch, invitados de otros países que vienen a nuestra casa a pasar un buen momento, con una sana competencia deportiva para celebrar juntos todo esto. Así que yo les digo a ustedes, brujas y magos: No le demos la satisfacción a estos pocos magos oscuros que quedan de sentirse importantes. Ni hablemos sobre ellos. Disfrutemos de la vida ignorándolos, hasta que nuestros aurores los atrapen y los metan para siempre en Azkaban, ¡y celebremos juntos disfrutando de este partido!
La multitud rompió en aplausos y vítores, eufórica. Parecía que todas y cada una de las personas en el enorme estadio se habían sentido tocadas, identificadas y afectadas por las palabras de Kingsley. Como si hubieran estado esperando que alguien les dijera que tenían derecho a ser felices para romper en vítores y aplausos. Harry sintió la carne de gallina por lo genial de las palabras que había dicho el ministro, y sintió un gran respeto hacia él. Aplaudió también, y vio que Hermione también lo hacía. Era como si el partido hubiera terminado con una victoria de Inglaterra, por el nivel de los aplausos, a pesar de ni siquiera haber empezado.
-No te mencioné a propósito -le dijo Kingsley a Harry al oído, con la voz ya no más amplificada-. Me hubiera gustado decir algo de ti en referencia al fin de la guerra, pero supuse que no querías notoriedad. ¿Me equivoqué?
-No, muchas gracias –le dijo Harry, agradecido de que no lo hubieran expuesto allí.
-Grandes palabras de nuestro ministro –dijo otra voz, también amplificada pero mucho más arriba en lo alto de las columnas de asientos, y en el centro del campo del lado del frente a Harry y Hermione-. Como su comentarista deportivo, les doy también la bienvenida al partido de hoy...
-Un momento –dijo Harry a Hermione, aguzando el oído-. ¿Acaso ese es...?
-Sí -dijo ella, frunciendo el entrecejo-. ¡Es Lee Jordan!
-¡Increíble! -dijo Harry, sorprendido. Hasta Hermione, que no miraba tanto Quidditch, lo había reconocido-. Consiguió el puesto de comentarista profesional. ¡Bien por él! La verdad es que extrañaba oírlo relatando.
-Muy bien, damas y caballeros, magos y brujas, duendes y elfos presentes –dijo la alegre voz de Lee-. No más preámbulos. Con ustedes, venidos desde las lejanas tierras del este y sur, o sudeste, ¿o será el suroeste? Lo siento, soy pésimo en geografía. ¡Qué bueno que la profe McGonagall no esté aquí para fastidiarme! Oh, claro, ustedes quizás no sepan ni quién es ella, porque esto no es Hogwarts. En fin, me dejaré de divagar. ¡Con ustedes, la selección de Quidditch de España!
Todos aplaudieron entusiasmados, algunos mirándose entre sí con expresión confusa, probablemente por no haber entendido del todo a Lee, pero Harry se moría de risa junto a Hermione. Aquello estaba tan genial que casi olvidaba los motivos por los que había asistido a ese partido.
La selección de España ingresó al campo de juego volando desde uno de los laterales del campo, y recorrieron las gradas con las manos saludando a los locales. La multitud los aplaudió con respeto. Uno de ellos, un jugador de notoria corta estatura y con apariencia de humilde, se ganó los vítores de muchos magos ingleses.
-No olvidemos, amigos míos, que la selección de España ostenta a uno de los mejores jugadores de Quidditch de todo el mundo –dijo Lee-. El magnífico goleador que lleva dos años con el promedio de mayores goles del mundo: el argentino, Lionel Metza.
El mago de corta estatura levantó una mano, saludando, con una sonrisa algo vergonzosa. Al parecer la fama no era lo suyo, a pesar de que medio campo lo estuviera ovacionando a los gritos y aplausos.
-Será difícil para nuestra nueva selección inglesa vencer a Metza, ¡pero haremos nuestro mejor esfuerzo! -dijo Lee, emocionado-. Porque hace años que no ganamos una Heroes League, y esto no puede seguir así. ¡Así que ten cuidado, Metza, porque vamos a hacerte polvo!
-¡LEE! -bramó otra voz amplificada, enfurecida.
-¿Profe? -dijo Lee, aterrado.
-¡Ten respeto por nuestros visitantes!
-¡Profesora McGonagall! ¡¿Qué hace aquí?!
-Pedí permiso al ministro para controlarte mientras comentas esto, porque estaba segura de que no tardarías en cruzar la línea -dijo la enfurecida voz amplificada de la profesora McGonagall, desde alguna grada cerca de Lee.
-¡Oh, no! -se quejó Lee-. Vaya mierda.
-¡POR DIOS SANTO LEE, CUIDA ESA BOCA!
Harry no podía más de la risa. Aquello iba a matarlo. Era el mejor partido de Quidditch de la historia. Lamentó profundamente estar peleado con los Weasley y no poder disfrutar ese momento junto a Ron, jugando con él en el equipo. Verdaderamente se sintió feliz por lo alegre del momento, y al mismo tiempo triste por tener que vivirlo en esa situación desfavorable.
-Ahora bien, damas y caballeros, invitados españoles, londinenses y chicos que se escaparon de Hogwarts sin permiso para venir a ver esto, ¡DÉMOSLE TODOS UNA GRAN BIENVENIDA A LA NUEVA E INCREÍBLE SELECCIÓN DE INGLATERRA!
El estadio se derrumbó en gritos y aplausos, haciendo que la bienvenida de España pareciera un susurro junto a aquella explosión de griterío. Harry se puso de pie para poder ver cómo la selección de Inglaterra entraba al campo con los puños en alto mientras daban vueltas a las tribunas volando en sus escobas a toda velocidad. Logró distinguir, luego de buscarlo unos instantes, a Ron. Tenía una expresión en el rostro que no era alegría, pero tampoco seriedad. Era una expresión desafiante que hizo que la alegría abandonara a Harry ya que le recordó a cómo lo había mirado luego de atraparlo con Hermione, solo que con una pizca de motivación encima, probablemente por las ganas de ganar el partido y atajar los tiros de Metza.
-Ahí está -dijo Hermione, a su lado, y Harry pudo notar los nervios en su voz-. ¿Crees que nos haya visto aquí?
-Lo dudo –dijo Harry, viendo cómo los jugadores tomaban cada uno su posición en el campo de juego-. Pasaron demasiado rápido.
-Bien, la árbitra del encuentro, la señorita Angelina Johnson, acaba de soltar la Snitch en el campo -relató Lee-. ¡Y comienza el juego!
-¿Angelina Johnson? -dijo Harry, sorprendido de vuelta, pero no tuvo tiempo de pensar en eso porque de pronto el partido comenzó y todos empezaron a gritar mientras los jugadores pasaban volando a toda velocidad de un extremo a otro del campo, lanzándose la quaffle y bateando bludgers.
-¡Vaya! Este partido está muy violento –dijo Hermione. Justo en ese momento, un jugador de Inglaterra bateó una bludger justo en la cabeza de un español, que recibió el golpe de lleno y cayó de su escoba a siete u ocho metros del suelo.
Angelina hizo sonar su silbato y el partido se detuvo mientras varios médicos se acercaban corriendo al campo.
-Arrancó con todo –dijo Harry, y entonces buscó a Ron con la mirada. Su ex mejor amigo estaba montado en su escoba en medio de los tres aros defensivos, muy cerca de donde estaba Harry. Sin embargo, su mirada estaba clavada en Metza. Parecía que estaba decidido a no apartar los ojos de él, por más que el partido estuviera detenido y con un jugador tendido en el suelo. ¿Sabría que Harry estaba mirándolo? ¿Lo sospecharía? ¿Estaría evitando mirar a las gradas a propósito?
Harry se quedó mirando al jugador español. Ahora se ponía de pie, con los médicos apuntándolo con sus varitas y murmurando cosas. Les hacía entonces una señal con la mano indicando que se encontraba bien, y volvía a montar a su escoba.
-¡Vaya que se ha recuperado rápido! -exclamó Lee Jordan-. Increíble vuelta al juego para Sánchez. Yo hubiera estado en San Mungo dos semanas luego de ese golpazo en la cara. Pero no, señores, miren eso, ¡montado en su escoba y volando a toda velocidad nuevamente! ¿Y declarará Johnson una falta para España? Claro que sí, por lo visto. Tenemos falta a favor de España, y se reanuda el juego.
-Pero miren quén está aquí -dijo entonces una voz detrás de Harry. Este se dio vuelta y se encontró, sorpresivamente, cara a cara con Draco Malfoy. El muchacho venía de nuevo con su amigote, y ambos estaban pasando caminando por la fila detrás de Harry.
-¿Qué haces aquí, Malfoy? -dijo Harry, molesto.
-Miro el partido –dijo este, con una mueca-. ¿Qué haces tú aquí? ¿Trajiste a tu novia a ver cómo su ex es molido a golpes por Metza?
-¿Cuál es tu objetivo? -le dijo Hermione, mirándolo con asco-. ¿Para qué sigues molestándonos? Ya no estás en Hogwarts, ¿por qué nos sigues?
-Parece que no tiene amigos, y venir a molestarnos es su forma de preguntar si puede unirse a nosotros –dijo Harry, tratando de ser hiriente-. Pero no, Malfoy, creo que no vas a cambiar. Así que mejor sigue caminando.
-¿Ser amigo suyo? -Malfoy adoptó una expresión de asco como si acabara de tragar excremento de hipogrifo-. Por favor, lo de ustedes es enfermizo. Sangres impuras revolcándose con traidores a la sangre, luego engañándolos con el héroe local Potter... No quiero ser parte de esa historia de sexo tan enferma, gracias.
Harry sacó su varita y la apuntó directo a la nariz de Malfoy, furioso. Para su sorpresa, vio de reojo que Hermione también había hecho exactamente lo mismo que él.
-Uy, qué miedo –Malfoy sonrió-. ¿Vas a atacarme al lado del ministro, Potter? Eres igual de imbécil que siempre, ¿verdad? Tu estupidez tampoco cambió, por lo visto.
Harry vio de reojo que Kingsley miraba el partido con alegría. Había tanto alboroto por la intensidad del partido, que no se había percatado de nada.
-Creo que ya sé por qué nos sigues –dijo entonces Harry, entornando los ojos mientras examinaba el rostro de Malfoy. Creyó ver en ese momento algo de sorpresa en él, como si no se esperara ese comentario. -Aquella invitación de tu padre... Es obvio que fue todo un plan elaborado. No engañan a nadie, Malfoy. Ahora que él está preso, tú debes continuar el plan, ¿no es así?
Hermione bajó su varita y miró a Harry con el ceño fruncido.
-No sé de qué hablas, Potter –Malfoy hizo otra mueca, pero Harry creyó que sí sabía de qué hablaba-. No vine aquí a buscarte, no eres tan importante. Estábamos pasando por esta fila para ir a nuestros asientos y sentimos un olor a podrido horrible. Entonces fue que pensé: oh, no, Potter debe estar aquí.
-Sí, claro –Harry le sonrió como si acabara de descubrirlo-. No me importa qué te traigas entre manos esta vez, Malfoy. Si ustedes están detrás de ese estúpido Cazador de Brujas, entonces haré que te reencuentres con tu padre pronto.
-Ya deja de hablar de mi padre –Malfoy sacó ahora también su varita y apuntó a Harry, poniendo cara de odio.
-Basta –Hermione bajó un poco el brazo de Harry, alternando la mirada entre este y Malfoy.
En ese momento, el ministro giró la cabeza y se los quedó mirando, con expresión de desconcierto.
-¿Pasa algo aquí, muchachos? -dijo, dándose cuenta de que el juego no era lo único violento cerca suyo.
-Nada –Malfoy bajó la mirada y le dirigió al ministro su expresión de asco característica-. Vámonos de aquí, Goyle. Me estoy perdiendo el juego.
Ambos se alejaron, y Harry se volvió hacia el ministro.
-Lo siento, Malfoy suele crear este tipo de situaciones –le dijo. Kingsley hizo un gesto de comprensión y volvió a concentrarse en el partido, lo que Harry y Hermione decidieron hacer también.
Sin embargo, mientras veían a los jugadores lanzarse la quaffle a toda velocidad, esquivarse entre sí con movimientos épicos y alejar las bludgers a patadas, Harry se quedó pensando en que no había sido demasiado duro con Malfoy. Teniendo en cuenta que había altas probabilidades de que su padre y él hubieran tenido algo que ver con lo que le había ocurrido a Harry en el verano, quizás hubiera tenido que tomar mayores medidas con él. Pero, ¿qué podía hacer? ¿Interrogarlo con veritaserum? Parecía algo extremo, pero si Malfoy estaba implicado con el Cazador de Brujas...
Era extraño, sin embargo. Los Malfoy habían demostrado en la guerra mágica que su lealtad no era con Voldemort, sino con quien sea que tuviera el poder. Ahora que el poder había vuelto a ser del Ministerio y no de los magos oscuros, aquella jugada por parte de ellos parecía fuera de lugar.
Harry decidió que no había ido allí para cuestionarse la complicidad de los Malfoy con el Cazador de Brujas, sino para reconciliarse con Ron, y trató de concentrarse en el juego y de dejar eso para después.
-¡Oh, wow, eso fue increíble! -gritó Lee, cuando Metza pasó entre medio de al menos cinco jugadores ingleses a toda velocidad girando con su escoba sobre sí mismo y esquivándolos de formas complejas y con mucha táctica, con frenos, aceleradas, giros y vueltas. -¡Este muchacho sí que sabe jugar!
Harry y Hermione siguieron a Metza con la mirada. Iba directo hacia Ron, y no había nadie que lo marcara. Ron extendió ambos brazos y miró la quaffle fijamente, congelado en el lugar. Harry contuvo el aliento cuando Metza lanzó la quaffle de forma espectacular, directo a un ángulo en el aro más alto, y Ron fue hacia allí con su escoba a toda velocidad, en una fracción de segundo, y con la punta de los dedos rozó la quaffle y la desvió unos centímetros, lo suficiente para que golpeara el borde del aro y rebotara fuera de allí, sin entrar.
-¡POR LOS CALZONES DE MERLÍN, ESO ESTUVO CERCA! -gritó Lee.
La multitud aplaudió, fascinada, pero Ron no cambió su expresión de seriedad y determinación por un segundo. En ningún momento se lo vio feliz de haber atajado el increíble lanzamiento de Metza.
-Tengo que ir al baño -le dijo Hermione a Harry en un susurro al oído-. Enseguida vengo, ¿sí?
-Sí, claro –dijo Harry, mirando el juego, impresionado. Cuando Hermione estaba por alejarse, reaccionó y fue tras ella-. Espera, te acompaño.
-No es necesario.
-No, está bien. Iré contigo.
Se alejaron hasta el final de la fila de asientos y subieron la escalera hacia la cima de la tribuna. Harry giraba la cabeza ocasionalmente para ver el juego, que transcurría a una gran velocidad. Aún nadie había anotado.
Subieron juntos y cuando llegaron a los baños, Hermione entró y Harry se quedó en la entrada, esperándola mientras miraba el juego.
-Schwitz esquiva a Francesco y avanza con la quaffle hacia aros españoles -relataba Lee-. Se la roba Ramírez. Ramírez lanza la quaffle a Hernández. ¡Pero se la roba Jackson, luego de un increíble desvío de bludger por parte de Pérez que casi le arranca toda la dentadura a Hernández!
-Hola, Harry –dijo una voz mucho más cerca y mucho menos amplificada que la de Lee. Harry apartó la mirada del juego y vio a un mago y una bruja que pasaban caminando por allí y que se habían detenido ante él.
-George –dijo Harry, reconociendo al hermano de Ron ante él-. Hola. ¿Cómo estás?
Tragó saliva, algo incómodo. Sabía que existía la posibilidad de encontrarse con algún Weasley, pero hubiera deseado que eso no pasara. Hasta poder cruzarse a Ron después del partido, al menos.
-Bien –dijo él, mirándolo con una especie de frialdad que no era propia de él, al menos en tiempos anteriores a la muerte de su hermano-. Te presento a mi novia, Evangelina.
Harry la saludó, tratando de esbozar una sonrisa, pero de pronto esta se le borró del rostro. No sabía explicarlo, pero el mirar a los ojos a esa chica de pronto hizo que se sintiera frío y como asustado. Fue como si de repente, el solo hecho de ver por primera vez a la novia de George hiciera que algo hiciera clic en su cabeza, como un descubrimiento, algo terrible.
-Un gusto conocerte, Harry –dijo la chica. Había algo en la forma en que miraba a Harry, como con mucho interés, con demasiada intensidad. Tenía unos ojos azules que brillaban en su rostro moreno. Su cabello negro ondulado caía sobre su rostro de una forma algo… ¿macabra? Su aspecto delgado y su túnica negra le daban una apariencia que a Harry se le hacía, por más que pareciera estúpido y no tuviera sentido pensar aquello, algo maligna.
-Vinimos a ver a Ron –dijo George, clavando la mirada en Harry.
-Sí, claro –dijo Harry, asintiendo y sin poder dejar de mirar a la chica. De pronto, Harry se dio cuenta de que esa chica también había estado allí, en el cuarto de al lado, la noche en que alguien entró con una máscara en el cuarto de Harry y le robó su varita. Y ella no había salido al pasillo a ver qué pasaba, sino que era la única que se había quedado dormida, en su cuarto aparentemente, sin que nadie más estuviera allí con ella…
De pronto, Harry abrió grandes los ojos, mientras la miraba, y empezó a respirar con dificultad. Porque al mismo tiempo que este descubrimiento llegaba a él, la chica hizo algo extraño… le sonrió con una mueca que parecía de maldad, con solo una comisura del labio.
-Bueno… vamos a nuestros asientos, Evangelina –dijo George, pasando junto a Harry muy serio y siguiendo de largo.
-Hasta luego, Harry –la chica también pasó junto a Harry, saludándolo con una mano mientras seguía mirándolo de esa forma tan extraña y sonriéndole de esa forma, como con malicia. El corazón de Harry latía a toda velocidad mientras los miraba marcharse. No pudo decir nada más. No pudo decirle a George nada que lo hiciera irse de una forma menos despectiva hacia Harry. No pudo pensar en nada más.
Esa chica lo había descolocado totalmente, lo había dejado confuso y nervioso.
De pronto, Harry quedó allí de piedra, con el corazón latiéndole muy rápido. Esa chica lo había puesto muy nervioso. Y era la misma clase de nervios que le ocasionaban sus ataques de pánico. La misma clase de nervios que sentía cada vez que tenía algún tipo de encuentro con el Cazador de Brujas.
-Harry, ¿estás bien? –dijo Hermione. Harry ni siquiera se había dado cuenta de que la chica había regresado a su lado.
-Hermione –dijo él, mirándola con los ojos muy abiertos.
-¿Qué pasó? –dijo ella, asustada.
Pero entonces, todo el mundo junto a ellos se puso de pie y empezó a gritar con júbilo.
-¡ANOTACIÓN DEL EQUIPO INGLÉS! –Harry oyó que gritaba Lee Jordan, de forma amplificada entre medio del estruendo ensordecedor-. ¡INCREÍBLE ANOTACIÓN DE JACKSON! ¡POR FIN! ¡SE ABRE EL MARCADOR DEL PARTIDO CON DIEZ PUNTOS PARA INGLATERRA!
Todos gritaban con júbilo y aplaudían. Menos Hermione, que miraba a Harry con mucha preocupación, y el mismo Harry.
-¡Harry! ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?
-Sí, sí, estoy bien –dijo él, asintiéndola a la chica e intentando que esta se tranquilizara-. Solo tengo que… tengo que ir a ver algo.
-¿Qué? ¿Qué tienes que ir a ver?
-Hermione, espérame en los asientos. Enseguida regreso.
Harry empezó a alejarse de ella antes de que esta pudiera replicara, hacia donde se habían ido George y su novia, y se perdió entre medio del tumulto de gente antes de que Hermione pudiera ir tras él.
No sabía bien qué esperaba de aquello, pero empezó a avanzar entre la gente sin tener un plan elaborado. No sabía qué iba a hacer, o qué quería averiguar, pero sabía que tenía que ir tras esa chica e interrogarla, hablar con ella o al menos espiarla en secreto.
¿Acaso pensaba que la novia de George era el Cazador de Brujas? No estaba seguro, pero había algo en la forma en que lo había mirado. Una especie de complicidad. Como si no fuera la primera vez que miraba a Harry, como si le divirtiera la cara de susto que Harry había puesto. Como si acabara de encontrarse de pronto con una víctima a la que llevaba acechando en secreto…
Pero no podía ser. El Cazador de Brujas no tenía nada contra Harry. No era algo personal. Harry solo estaba investigándolo, pero más allá del robo de la Varita de Saúco no parecía que quisiera nada de Harry… ¿o acaso estaba equivocado?
Harry avanzó más, pero se dio cuenta de que los había perdido de vista. No sabía donde estaban.
Entonces, todos los magos a su alrededor lanzaron un bufido o se agarraron la cabeza, mientras un murmullo y unos pocos gritos desde la tribuna de los visitantes inundaban todo. Metza acababa de meter una quaffle por el aro central y Ron no había llegado a tiempo para salvarla. Eso eran diez puntos para el equipo español. Estaban empatados.
-Oye, cuidado –dijo un mago, que acababa de chocar con Harry.
-Lo siento –le dijo Harry.
-¡Oh, Harry! –dijo el mago, cambiando el tono de voz-. ¿Cómo estás?
Harry lo miró y se dio cuenta de que acababa de chocar con su jefe.
-Hola, señor Millan. No sabía que le gustara el Quidditch –añadió, tratando de ser amigable.
-Sí, claro. Soy un gran fan. Tengo que decir que hace tiempo espero que Inglaterra gane una Heroes… pero con este Metza, lo veo difícil.
Harry le sonrió, lo saludó y siguió caminando. Luego de un rato buscando, supo que no encontraría ni a George ni a Evangelina. Había demasiados magos allí, todos levantándose de sus asientos con cada lanzamiento de Inglaterra, todos demasiado exaltados gritando y aplaudiendo a la vez como para poder encontrar a nadie entre medio de aquello.
Harry se dio la vuelta, dispuesto a regresar junto a Hermione, y entonces su corazón se detuvo.
Estaba allí. Delante de él. A lo lejos, en una grada superior, que estaba al menos dos pisos por encima suyo. Podía verlo porque el estadio tenia una curvatura circular, con lo que podía ver los pisos que estaban encima del suyo, y las gradas en él, al pegar la curva delante.
Lo que vio fue peor que todo lo que acababa de pasar: Había un mago, o una bruja, con una máscara. Ahora que había tanta iluminación, ya que el estadio tenía unas luces muy brillantes blancas, podía ver con detalle que era una máscara de perro. Tenía la forma de un perro, con su largo hocico. Era el único mago usando una máscara allí, y estaba de pie mirando fijamente a Harry entre una multitud de personas que lo ignoraban por completo y veían el juego.
El corazón de Harry volvió a latir, y tomó velocidad de golpe.
Sabía que era él. O ella. Sabía que era el Cazador de Brujas. Lo estaba mirando desde una tribuna superior, con su máscara. Lo miraba fijamente como intentando transmitirle algo. Algún mensaje. O quizás solo miedo.
Un escalofrío recorrió el cuerpo entero de Harry. Por un momento sintió miedo. Pero de pronto…
-¡Oh, no! –gritó la voz de Lee-. ¡¿Pero qué está ocurriendo?!
Harry miró hacia el campo de juego al tiempo que la multitud ahogaba un grito, pero esta vez no era de júbilo, de victoria o de derrota: era un grito de horror.
Allí mismo en el aire, en lo alto, ante todo el mundo, uno de los jugadores del equipo de Inglaterra había salida despedido de su escoba, pero hacia el cielo en lugar de hacia abajo; y entonces se había detenido en el aire, sin escoba, y había salido despedido hacia otro lado para frenar y quedar suspendido también. Era como si alguien lo hubiera controlado con su varita como una marioneta y lo hubiera empezado a lanzar de un lado a otro del campo, en el aire y elevándolo hacia el cielo, como una horrible marioneta descontrolada.
-¡¿Pero qué le ha pasado a Jackson?! –decía Lee, mientras la multitud se ponía de pie y contemplaban aterrados lo que pasaba. Era como si alguien lo mantuviera levitando en el lugar, sin escoba, y pudiera controlarlo a gusto por el aire. ¿Pero quién podía tener el poder de hacer algo así? No era para nada normal ver a un mago flotar en el aire sin una escoba, ni siquiera para los magos.
Harry volvió a mirar hacia el mago enmascarado, pero había desaparecido. Ya no estaba allí.
El pulso de Harry se aceleró. Empezó a ponerse rojo. Ahora ya no tenía miedo, sino determinación. Empezó a correr a toda velocidad hacia la pared de la tribuna y en dirección a las escaleras que conducían a la tribuna superior.
-¡Que alguien haga algo! –decía Lee, con horror-. ¡Está fuera de control!
Harry veía, mientras corría a toda velocidad, al jugador siendo impulsado hacia la izquierda, casi hasta llegar a los aros de Inglaterra, y luego hacia la derecha, casi llegando hacia los aros de España, luego ser lanzado hacia arriba a kilómetros de distancia, y luego bajar a toda velocidad casi a punto de darse contra el suelo, para luego ser suspendido en el aire otra vez. Los magos y brujas en el estadio gritaban con horror, apuntaban al campo con sus varitas intentando detener lo que estaba pasando, pero nadie conseguía nada.
Harry vio que Ron se había sujetado de uno de sus aros y contemplaba la escena con una nueva expresión en su rostro, la misma que tenían todos los demás: sorpresa y horror.
Harry subió las escaleras a toda prisa, y cuando llegó a la siguiente tribuna volvió a subir otro tramo de escaleras hasta la tribuna superior a esa. Cuando llegó, miró hacia el campo de juego y vio que la situación seguía igual. Nadie podía controlarla.
La árbitra, Angelina, iba en su escoba de un lado a otro apuntando a Jackson con su varita, pero este seguía siendo lanzado por todos lados.
Harry corrió a toda velocidad hacia el lugar donde creyó que era que había visto al mago con la máscara de perro. Cuando llegó al lugar, empezó a caminar entre los asientos, mirando a todos los magos, buscando… Estos contemplaban la escena con horror, se tapaban los ojos. Algunos se ponían de pie y caminaban asustados hacia la salida, como si temieran que sus vidas corrieran peligro. Otros apuntaban a Jackson con sus varitas y gritaban contrahechizos hacia él, con la esperanza de que alguno pudiera detener aquello.
Pero no había rastros del mago enmascarado.
Harry giró en su lugar y, cuando estaba por caminar más arriba para ver mejor, vio que el señor Millan estaba de pie a pocos pasos de distancia de él. Estaba mirando el campo de juego y apuntaba con su varita a Jackson. Harry miró al jugador y luego a Millan. La varita no se movía igual que el jugador, pero sin embargo…
-Señor Millan –dijo Harry, acercándose a él y mirándolo con sospechas. Este dejó de hacer lo que hacía y miró a Harry, algo sorprendido. Entonces Harry se apresuró a mirar a Jackson, pero este seguía balanceándose por doquier. -¿Qué hace aquí arriba? Acabo de cruzármelo en la tribuna de abajo.
-¡Estoy tratando de detener esto, Harry! –dijo él, señalando a Jackson. Pero Harry no le creyó. Había algo muy extraño en el comportamiento de su jefe, y en el hecho de que de pronto estuviera allí arriba cuando minutos antes estaba en la grada inferior. ¿Por qué había subido allí, si podía intentar detener eso desde abajo también? ¿Acaso no parecía que estaba cerca de su asiento cuando se había encontrado con Harry instantes atrás? Y por otro lado, estaba allí, a pocos metros del lugar donde Harry había visto al mago enmascarado…
Millan apartó la mirada de Harry y volvió a concentrarse en Jackson. Harry vio que varios jugadores trataban de agarrarlo, volando en escoba hacia él para atraparlo y que este dejara de ser lanzado por doquier. Pero no lo conseguían, ya que este era despedido de un lado a otro con una velocidad que no se comparaba con la de ninguna escoba.
-¡Me voy abajo! ¡Ten cuidado, Harry! –dijo Millan, y salió corriendo hacia las escaleras.
Harry se quedó mirando el lugar por el que había ido su jefe. No parecía que él estuviera haciendo el encantamiento que tenía así de enloquecido a Jackson, pero aquel encuentro le había dado una gran desconfianza.
Harry decidió seguir buscando, por si el mago enmascarado seguía por allí. Avanzó entre un grupo de brujas que lloraban aterradas, y siguió caminando.
Tenía que estar. Tenía que estar por allí…
Y entonces lo vio, de nuevo. El perro estaba ahora en la tribuna superior a la de Harry, ya no más en esa. Era la tribuna más alta, y esta vez el perro no miraba a Harry sino a Jackson.
-Te atraparé –dijo Harry en voz alta. Corrió hacia las escaleras y subió a toda velocidad hacia la siguiente tribuna, deseando con todas sus fuerzas que el enmascarado siguiera allí, que no se hubiera ido.
Cuando llegó, giró la cabeza buscando, desesperado, y esta vez sí volvió a verlo: El mago con la máscara de perro estaba allí, casi al borde de la baranda, a unos metros de él. Era mucho más bajo de lo que había creído al verlo por primera vez, pero era él. Era el mismo mago, con la misma máscara. Estaba mirando a Jackson, casi de espaldas a Harry.
-¡Te tengo! –Harry sacó su varita, corrió hacia él apuntándolo y, cuando estaba por llegar y a punto de lanzarle un embrujo, recibió un encantamiento aturdidor que lo lanzó a un lado, contra una butaca vacía.
-¿Qué crees que haces? –le gritó un mago, enfurecido.
-¡Es él! ¡Voy a detenerlo! –gritó Harry, apuntando con su varita al mago enmascarado. El mago, que ahora que estaba cerca de Harry este podía apreciar lo verdaderamente pequeño que era físicamente, giró en su lugar y se quedó mirando a Harry. La máscara de perro miraba a Harry igual que como lo había hecho instantes atrás.
Pero había algo extraño allí, algo que no podía ser. Ahora que lo tenía delante, Harry se dio cuenta de que ese mago era…
-¡Pero si es solo un niño! –dijo la voz de una mujer.
El mago se quitó la máscara entonces, y Harry pudo ver que se trataba de un niño. No debía tener más de once o doce años. Miró a Harry con temor, mientras su madre llegaba a su lado y lo abrazaba. Su padre estaba apuntando a Harry mientras lo miraba con confusión.
-¿Te has vuelto loco? ¡Intentaste atacar a mi hijo!
Harry frunció el ceño y miró al hombre, luego al niño, y luego a la máscara. No era más que la máscara de un niño, probablemente con el emblema de algún equipo de Quidditch que Harry no conocía, cuya mascota era un perro…
Pero entonces, algo ocurrió. Algo que hizo que los magos que estaban allí cerca, en esos asientos, desviaran sus ojos de Harry y volvieran a concentrarlos en Jackson.
Alguien nuevo había aparecido. Alguien más flotaba en al aire, en lo alto, más alto que Jackson. También flotaba sin escoba, y también estaba amplificándose la voz, como Lee Jordan. Y el sonido que producía con su voz amplificada había hecho que todos miraran hacia allí.
El sonido era una risa macabra.
Harry alzó la vista, con terror, para ver como un mago envuelto en una capa negra, con una capucha negra puesta ocultándole la cabeza y una máscara oscura con un hocico también, de algún tipo de animal que no se distinguía por la distancia, reía con maldad ante la multitud.
El mago, imposible de reconocer con su capucha y su máscara, reía con la risa amplificada de una forma que hizo que todos quedaran en silencio y aterrados.
No dijo absolutamente nada. Solo rio.
Y entonces, antes de que nadie pudiera hacer nada, el cuerpo suspendido de Jackson empezó a extenderse en direcciones opuestas, el brazo tirando hacia un lado, la pierna hacia otro, y de pronto, ante el horror de cientos de espectadores, se partió en pedazos.
Harry abrió los ojos enormes y dejó escapar un grito de horror, al igual que todos los magos que lo rodeaban. Vio con sus propios ojos y con la sangre helada cómo el cuerpo de Jackson se desmembraba ante todos los allí presentes y los trozos de su cuerpo caían desde lo alto hacia el campo de juego. La sangre también saltó por todos lados, como la explosión de un terrible fuego artificial rojo, y el mago oscuro en lo alto rio a carcajadas de una forma que dejó a Harry la carne de gallina.
Harry quedó de piedra. La gente a su alrededor gritaba y lloraba, y muchos se desmayaban y caían a su lado.
El mago no dijo una palabra. Cuando acabó de reír, giró en el lugar y desapareció. Por unos instantes, allí donde había estado, apareció una inscripción en el cielo hecha con alguna clase de gas color negro, que se leyó perfectamente contra el cielo celeste: "El Cazador de Brujas".
Y entonces el mensaje desapareció, al igual que el mago.
Hubo unos instantes donde parecía que aquello se tratara de una película y alguien hubiera puesto la función de mudo. No se oyó nada, ni una mosca. El silencio fue atroz. Entonces, de a poco, el sonido fue volviendo al estadio en forma de llantos, de gritos de horror y de desesperanza, y de pasos mientras los magos y brujas empezaban a caminar y a correr hacia las escaleras.
Abajo, en el campo, cientos de magos corrían por todos lados. No sabían qué hacer, según pudo ver Harry. Nadie sabía cómo actuar. Si irse del estadio, si quedarse. Los magos del Ministerio ingresaban al campo y se miraban entre sí, sin saber a dónde ir o qué hacer. Harry vio que algunos se reunían en círculos en torno a lugares donde debían estar las distintas partes del cuerpo de Jackson…
Harry cerró los ojos con fuerza, tratando de convencerse de que aquello no había pasado. De que eso no había sido real.
Quiso vomitar, pero se contuvo. Empezó a ayudar a algunos magos y brujas que había a su lado y a quienes se le había desmayado un familiar, a quitarlos de los pasillos y recostarlos sobre los asientos, o tratar de que volvieran en sí.
Luego de un rato, recordó que Hermione existía, y que Ron también. Se acercó a la baranda más cercana y vio que los jugadores estaban abajo, en el campo, reunidos, españoles e ingleses mezclados, hablando entre sí consternados, o llorando desesperados, igual que el resto de la gente. Uno de ellos era Ron, que estaba con su escoba en la mano y rodeado de cabezas pelirrojas, que debían ser su familia.
Harry distinguió una cabellera negra entre ellas. Debía ser Evangelina.
Harry entonces corrió hacia las escaleras y bajó tres pisos, hasta regresar a su tribuna original y hacia su asiento. Cuando llegó, casi choca con Hermione, que iba corriendo hacia allí.
-¡Hermione!
-¡Harry!
-¿Estás bien?
-No, ¿y tú?
-Tampoco.
Harry y Hermione se inspeccionaron el uno al otro, ambos con expresión de horror, y mirándose como tratando de identificar alguna lastimadura en el cuerpo del otro. Cuando vieron que ambos estaban sanos y salvos, se abrazaron.
-¡Dios mío! –Hermione rompió a llorar en el hombro de Harry, y Harry le acarició el cabello mientras sentía las lágrimas de Hermione humedecerle la túnica-. ¡¿Qué acaba de pasar?! ¡Qué horrible!
El horror que expresaba Hermione era comparable al que sentía Harry por dentro. El impacto de lo que había ocurrido aún no llegaba a su cerebro. Aún no tomaba conciencia y dimensión de ello, sino que seguía impactado por el efecto que había tenido en él.
Pronto algunos pensamientos llegaron a su mente: ¿Seguiría el Cazador de Brujas allí? ¿Se habría ido?
-Hermione, tenemos que bajar –dijo Harry.
No sabía por qué había dicho eso. No sabía si era por las ganas que tenía de reencontrarse con Ron, más que nunca en ese momento, o por qué, pero Hermione asintió de acuerdo con él y ambos bajaron las escaleras hasta llegar al campo de juego.
Cuando llegaron, empezaron a avanzar en dirección a los jugadores. Los magos y brujas que había allí caminaban inseguros de un lado a otro, mirando alrededor y hacia el cielo, como con miedo de que algo más ocurriera.
Harry y Hermione cruzaron el campo caminando rápido y, al ver hacia las gradas, Harry vio que más de la mitad de los espectadores ya se habían ido de allí.
Cuando estaban por llegar hacia los jugadores, Harry sintió algo en el estómago. ¿Por qué estaban yendo hacia allí? ¿Acaso lo que acababa de ocurrir justificaba que fueran directo hacia Ron? Quizás, de hecho, sí.
Ron levantó la mirada cuando estaban a pocos metros, y fue el primero de los Weasley en percatarse de su presencia. Los miró a ambos con cara de pánico y se quedó así, mirándolos fijamente. Harry pudo ver que Ginny, momentos después, también giraba su cara hacia ellos, y así de a uno el resto de los Weasley.
Cuando llegaron junto a ellos, todos se quedaron quietos y en silencio. Harry y Hermione miraban a Ron, y Ron los miraba a ellos, al igual que el resto de su familia, incluyendo a Arthur, Molly, Charlie y Percy. Harry vio que ni George ni su novia estaban con el grupo, seguramente se habían marchado en lo que ellos dos habían tardado en bajar al campo.
Harry pensó en qué decir, porque no podían seguir todos mirándose de esa forma eternamente.
-¿Estás bien? –preguntó entonces, mirando a Ron.
Luego de unos instantes de silencio, Ron asintió.
-Estoy bien –dijo.
Y entonces, algo muy extraño ocurrió: al mismo tiempo, los tres muchachos avanzaron hacia adelante y se dieron un fuerte abrazo, los tres. Y Hermione rompió a llorar desconsoladamente de una forma que jamás la habían oído.
-Oye, ¿estás bien? –dijo Ron, apartándose y mirando a Hermione con preocupación. Pero Hermione no podía parar de llorar y sacudirse con el llanto.
Ron miró a Harry a los ojos, y por un segundo pareció como si los últimos meses no hubieran existido, como si nada hubiera pasado.
Entonces, fue evidente que alguien necesitaba consolar a Hermione, porque parecía a punto de desmoronarse allí mismo. Harry no se atrevió a acercarse a ella delante de Ron, y Ron tampoco, intercambiando una mirada de temor con Harry.
Entonces, Molly avanzó hacia adelante y rodeó a Hermione en brazos.
-Tranquila, querida –le dijo, de forma maternal.
-Vámonos de aquí –dijo Percy.
-Sí, coincido –dijo Arthur, avanzando hacia adelante y mirando a Hermione y Harry-. Vamos, Harry, Hermione, vámonos todos a un lugar más tranquilo. Salgamos de aquí.
Empezaron a caminar hacia la salida. Hermione le indicó a la señora Weasley que se encontraba mejor, y se apartó de ella un poco. Harry y Ron empezaron a caminar juntos.
Se miraron entre sí, Harry y Ron; y Harry estaba a punto de decirle algo, de pronunciar unas primeras palabras de reencuentro, cuando algo dorado pasó ante la mirada de los dos muchachos fugazmente. Harry reconoció la Snitch dorada, que aún estaba en juego. Giró la cabeza por instinto hacia donde iba la Snitch, y vio que alguien la atrapaba en el aire a pocos metros de distancia.
Se le cayó el alma a los pies. El Cazador de Brujas estaba de nuevo allí, ante ellos. Tenía la Snitch atrapada en una mano cerrada y tras él había un círculo negro, una especie de portal que aparentemente había sido el medio por el que había aparecido allí en medio del suelo del campo de juego.
Aún tenía la máscara puesta, y una capucha que le tapaba casi la mitad de esta. Con su otra mano, levantó una varita con esferas que Harry reconoció muy bien, y la apuntó hacia ellos.
Un haz de luz verde salió de allí disparado, hacia ellos a toda velocidad.
-¡CUIDADO! –bramó Harry, y saltó encima de Hermione.
Todos gritaron y se cubrieron con las manos.
Harry alzó la vista cuando la luz desapareció y alcanzó a ver al Cazador de Brujas meterse dentro del círculo negro, que se cerró, y desaparecer dentro de este, quedando solo aire allí donde había estado un segundo atrás. Su desaparición fue tan rápida como su aparición.
Miró hacia los Weasley. Aquello los había tomado totalmente por sorpresa. Todos estaban cubriéndose con las manos, o agachados. Harry había alcanzado a Hermione y la estaba abrazando, cubriéndola con su cuerpo. Ginny se había lanzado a un lado.
Harry se tocó todo su cuerpo, para comprobar si estaba bien. No le habían dado, el hechizo no lo había golpeado. Aún estaba con vida. Miró a Hermione, y pudo comprobar que ella también estaba bien. Tras ella, los Weasley bajaban un poco los brazos, conmocionados. Parecían estar todos bien.
Harry miró hacia donde estaba Ron, detrás suyo. El chico miró a Harry con sorpresa y miedo, y se quedó mirándolo, aturdido. De pronto, sus ojos se pusieron en blanco y empezó a caer hacia atrás.
-No –dijo Harry. Corrió hacia Ron, pero cuando llegó este ya había caído al suelo. Estaba allí tendido, con los ojos vacíos. Su cuerpo estaba tieso. Sin vida.
El grito de horror de la señora Weasley no fue escuchado por Harry, porque tenía su propio zumbido interno en la cabeza que le impedía entender nada.
Harry se agachó junto a Ron y puso una mano en su brazo y otra en su cuello, pero no sintió nada. No tenía señales de vida.
El hechizo le había dado.
