¡Hola!

Estoy triste :( Se me han acabado las vaciones! Con lo estupenda y relajante que ha sido esta semana... Pero bueno! Vengo con un nuevo capítulo!

Disclaimer: Frozen no me pertenece.


CAPÍTULO 4

Su risotada estridente resonó por toda la celda e incluso por el resto de la enorme sala. Tras varios minutos riendo cual maniaco y obviando las quejas de algún que otro pobre diablo también encerrado allí, su cuerpo no parecía tener intención de dejar de reír.

El destino le estaba jugando una broma muy pesada y él había perdido la cabeza por completo. Cada vez que veía un leve mechón rubio platino a través del diminuto cristal de la puerta frente a él volvía a reír descontroladamente.

Un fuerte golpe secó resonó por toda la sala y le sobresaltó, cesando su risa de inmediato. El carcelero de turno, un hombre enorme e intimidante, acababa de pegar en los barrotes de su celda con el enorme manojo de llaves que debía portar. El sonido metálico todavía retumbaba.

―No sé qué te hace tanta gracia pero para de una vez ―espetó con voz hosca e intimidante.

A Hans se le quitaron por completo las ganas de reír.


Ya había pasado un día y medio desde que estaba allí encerrado y nada parecía cambiar. Teniendo frente a él a la Reina de Arendelle esperaba al menos algo de movimiento. La única visita que había tenido, al igual que él, era la del guardia de turno llevando comida a los presidiarios. Lo único extraño que notó fue que mientras que él recibía siempre algo con una mínima consistencia, a la reina se limitaban a llevarle un cuenco con caldo.

¿Quizá la estarían envenenando? Era una posibilidad pero ciertamente no tenía ningún sentido tenerla encerrada y matándola poco a poco.

Supo entonces que sólo había una forma de averiguarlo y como tampoco tenía nada mejor que hacer decidió indagar en el asunto.

Buscó alrededor de su cuchitril algo que pudiera lanzar y descubrió que había algunas baldosas de piedra algo estropeadas y rotas. El tamaño de las rocas no era lo suficientemente grande como para herir de gravedad a nadie pero podrían cumplir su función. Se acercó todo lo que pudo y se apoyó en los barrotes de su celda. Se permitió medio segundo para apuntar y lanzó la piedra al cristal. Esta hizo un ruido sordo al chocar, mucho menos estridente que de haber chocado contra el metal. En cuanto cayó al suelo con un par de saltos, Hans se encargó de recuperarla con el pie para no dejar rastro.

El joven giró la cabeza a su izquierda, buscando con la mirada cualquier señal de que había alertado a alguien. Tras unos segundos sin movimiento, se dio por satisfecho.

Cuando se volteó de nuevo para observar la puerta, allí se encontraban esos ojos azules observándole con seriedad. Ante la profundidad de su mirada su mente se paralizó y su única reacción instintiva fue mostrarle una de sus sonrisas torcidas y saludarle con la mano. Visto desde fuera, un gesto bastante malévolo.

Elsa le frunció el ceño con desagrado. Una reacción que Hans encontró totalmente lógica y normal. Antes de arriesgarse a que ella se retirara de la puerta preguntó tratando de no alzar demasiado la voz:

―¿Qué demonios haces aquí?

Esta vez el ceño de la reina se frunció, pero con extrañeza. Hans notó como su rostro se hizo completamente visible a través del cristal, señal de que había tenido que ponerse de puntillas ya que la parte más baja de este le llegaba exactamente sobre su pequeña nariz de botón.

Hans se dio cuenta de lo estúpido que había sido. Elsa se encontraba tras muchos centímetros de metal, cualquier posibilidad de que le hubiera entendido aun gritando a pleno pulmón era bastante reducida. Suspiró y volvió a preguntar, "¿Qué haces aquí?" esta vez tratando de vocalizar todo lo posible, con lentitud y apoyándose con gestos de las manos, señalándola a ella y seguidamente al suelo.

Elsa dudó por un segundo, no parecía muy segura de si responder o no. Tampoco es que Hans la fuera a culpar por no querer entablar conversación con la persona que intentó hacerle lo que intentó pero… tampoco tenía otra cosa mejor que hacer. Finalmente, parece que Elsa opinó igual.

Volvió a ponerse de puntillas y con mucho cuidado articuló una sola palabra: Secuestrada.

Hans se limitó a asentir. Ciertamente era la mayor posibilidad. A fin de cuentas hubiera sido realmente extraño encontrarse precisamente a la Reina Elsa encarcelada por haber cometido un crimen en el reino de Wesselton. No obstante, tener la confirmación le hacía sentir un poco menos perdido.

"¿Cuánto tiempo?" preguntó esta vez Hans, de nuevo articulando y ayudándose de gestos.

La reina se mordió un labio, pensativa. Sin duda no le hacía mucha gracia tener que comunicarse con él. Finalmente, contestó: Una semana.

Esta respuesta sí que extrañó a Hans. Una semana parecía mucho tiempo como para que no se hubiera filtrado ningún rumor. Es decir, ella era la mismísima reina de Arendelle, la que congeló su propio país con sus formidables poderes de hielo, ¿y no se había dicho nada sobre su desaparición? Si era así, no tardaría en correrse la noticia.

De cualquier forma, había algo en todo el asunto muy preocupante. Con el paso del tiempo, Hans había aprendido a no preocuparse por más que lo suyo propio, pero que un reino secuestre a una reina que curiosamente posee poderes de hielo, y que el secuestro se haya llevado tan en secreto que no había llegado ningún rumor a pie de calle era para preocuparse. Más que nada porque demostraba que se estaba preparando algo muy grande y si era así, sí que podría verse afectado por toda la historia. Mucho peor, si además estaba encarcelado.

Volteó de nuevo la cabeza para encontrar que Elsa ya se había retirado. Intercambiar dos frases con su… con la persona que intentó hacerle daño, era demasiado para alguien tan digna como ella. Si Hans estuviera en su lugar, quizá hubiera hecho lo mismo, pero sólo quizá.


Todavía pasaron otros tres días más hasta que el ex príncipe decidió que era hora de movilizarse.

Durante esos días, el tiempo había transcurrido lento y sin eventualidades pero Hans debía reconocer que había habido algo en ellos que había merecido la pena. Básicamente, saber que tenía por compañera de encierro a la Reina le provocaba una sensación de nerviosismo. Era la primera vez que se encontraban cara a cara después de lo ocurrido en Arendelle; si por cara a cara se puede decir a pesar de tener un enorme y grueso portón de metal y una mínima ventana a través de la cual hacerse gestos.

No es que realmente hubieran hablado nada. Tras aquella mínima conversación Elsa no le había vuelto a dirigir la palabra. Por otro lado, Hans tampoco lo había intentado, lo encontraba un poco inútil.

De cualquier forma, saber que ella se encontraba al otro lado de la puerta le reconfortaba. El hecho de tener a alguien conocido en una situación similar junto a él. Ciertamente era un pensamiento tremendamente retorcido. Aunque aún más lo era cuando en alguna ocasión se preguntó si ella se sentiría igual.

No obstante, eso no siempre era bueno. Sus ojos le perseguían, siempre. De noche, en sueños, los veía más cerca que nunca y por el día a veces se los encontraba a través del cristal, observándole atentamente y con intensidad. Durante esos momentos no sabía qué hacer. Fingía que no se daba cuenta, se hacía el dormido o paseaba por la celda. Mas la presión de su mirada siempre persistía.

Era en esos momentos cuando más agobiado y encerrado se sentía. Era una sensación terrible, una opresión en el corazón que no le dejaba respirar.

Por eso, ese mismo día decidió que necesitaba aire fresco, espacio. En definitiva, que tenía que escapar de allí como fuera.

Habían pasado tres días, tiempo algo escaso pero suficiente como para poder ajustar los horarios a los que pasaban los guardias y los tiempos de comida. Tal vez fuera un poco apresurado pero no podía esperar más. Su querida ganzúa escondida como siempre en su bota estaba deseando ser de utilidad.

Alrededor del medio día llegaba siempre la primera bandeja con comida y esta no se retiraba hasta ya caída la noche cuando traían la siguiente. Contrariamente a lo que ocurría en las Islas del Sur, los calabozos estaban mejor vigilados por la noche. Las rondas eran más habituales, precisamente como medida para evitar posibles intentos de escape.

Por tanto, su única oportunidad era por la tarde, durante todas las horas en las que nadie se acercaba por allí a no ser para realizar una visita o interrogatorio. Esta, de todas formas, era una variable que no podía prever de modo que tendría que dejarlo a la suerte. Y siendo el hermano número trece nunca había confiado mucho en ella.

Después de terminar su comida, mejor escapar con el estómago algo lleno o no llegaría muy lejos, sacó su ganzúa y se dispuso a trabajar con la cerradura de sus grilletes. Le estaba constando bastante y los minutos pasaban en su contra. Finalmente escuchó ese maravilloso "clic" que abría finalmente el ultimo grillete, el de su mano izquierda, liberándole por completo.

Su felicidad duró poco en cuanto sintió ese atisbo de rubio platino y ojos azules. Nuevamente la mirada, esta vez extrañada, de Elsa se clavaba en él. Tal fue su nerviosismo que al intentar sacar sin cuidado la ganzúa de la cerradura esta se partió por la mitad.

Observó atónito y boquiabierto lo que quedaba en su mano de su preciado objeto de escapismo. Reprimió un grito de rabia a duras penas y se llevó las manos a la cabeza en señal de desesperación.

Se había librado de las cadenas pero todavía le quedaba la cerradura de la puerta, si no lograba salir de ahí estaba perdido. Los grilletes no podían volver a cerrarse sin su llave y si le encontraban sin ellos puestos sabrían que habría intentado escaparse… y no solían ser muy amables con las personas que intentaban darse a la fuga.

Observó furibundo a la reina que había tras el cristal. Esta le observaba con una mezcla de sentimientos reflejados en su rostro. Por un lado parecía querer reírse de su desgracia y desesperación, por otro se compadecía de estas mismas y por último, parecía realmente intrigada por conocer su plan de escape. Ante esta indecisión de sentimientos, parecía que Elsa decidió mantenerse al margen y alejarse de la puerta un poco.

Hans estaba desesperado. Debía pensar un plan y debía hacerlo rápidamente. Se acercó a la puerta de su celda y observó como pudo a través de los barrotes. A su izquierda, a varios metros, el estrecho pasillo acababa y allí sentado se encontraba dormitando el carcelero más robusto y enorme que había visto en su vida. Al menos sólo había uno.

Hans respiró profundamente. Lo repitió varias veces. Debía mentalizarse y armarse de valor. Incluso estiró los músculos e hizo un par de estiramientos.

―¡AHHH! ―gritó fingiendo dolor.

Lanzó su bandeja ya sin comida al suelo para hacer algo más de ruido e hizo rodar su vaso hacia el pasillo para darle más dramatismo.

Con rapidez, se tiró al suelo y se colocó estratégicamente los grilletes para ocultar todo lo que pudo que no estaban cerrados. Ni medio segundo después, el carcelero se encontraba en su puerta.

―¡Levanta! ¿Qué haces? ―le preguntó con severidad a través de los barrotes.

Hans gruñó levemente fingiendo estar desorientado y medio inconsciente pero apenas se movió del sitio. Cuando se trataba de actuar era un experto.

El carcelero, exasperado, comenzó a abrir la puerta. El ex príncipe reprimió una sonrisa. Su plan estaba marchando. El hombre gigante se acercó un poco y Hans se preparó. Todos sus músculos se tensaron con anticipación. El carcelero frenó en seco y se volvió precavido de pronto. Hans maldijo su mala suerte.

Si se acercaba con tanto cuidado podría percatarse de que los grilletes estaban abiertos y de que todo era una trampa. Si perdía el factor sorpresa jamás podría salir de allí, pues enfrentarse así, cuerpo a cuerpo, a semejante mole de persona iba a ser imposible.

El carcelero se acercó un poco más y Hans temió lo peor. A esa distancia todavía no era del todo seguro atacarle. Trató de mantener su papel todo lo que pudo pero estaba seguro de que algo acabaría delatándole. Su suerte siempre había sido esquiva. Pronto estaría perdido.

De repente unos llamativos golpes metálicos sobresaltaron a ambos. Detrás de su puerta, Elsa parecía estar diciendo algo mientras llamaba la atención del carcelero.

―¿Y ahora qué quieres tú? ―preguntó con molestia este volteándose y retirándose un poco.

Hans decidió no perder oportunidad y con todas las fuerzas de que disponía agarró con fuerza las piernas de aquel hombre para hacerle trastabillar. Dada su envergadura, este cayó con tal mala suerte que su cabeza chocó con uno de los barrotes de la celda y quedó tendido en el suelo, inconsciente.

Todo ocurrió tan rápido que a Hans le costó unos segundos reaccionar. Con los ojos como platos y todavía sin creerse lo que acababa de ocurrir. Pateó levemente al hombre allí tendido para asegurarse de que efectivamente había perdido el conocimiento.

Con cuidado, y todavía dudando de su suerte, pasó por encima de él y salió de su celda cerrándola tras de sí con el manojo de llaves. Comenzó a escuchar algunos golpes en la celda de Elsa y a ella diciendo lo que parecía ser "espera" e incluso "por favor". No le prestó atención, todavía demasiado absorto en tratar de entender la sucesión de eventos que le estaban llevando a lograr su objetivo.

Comenzó a caminar por el angosto pasillo de celdas con cuidado y sigilo. Por suerte, el resto estaban vacías y nadie le podía ver escapar. No pudo reprimir una sonrisa torcida. Todavía no se creía que había podido pasar el primer escollo camino a su libertad.

Había pensado que todo estaba perdido cuando el carcelero se acercó a él, y realmente así hubiera sido de no haberle distraído la reina. Su sonrisa se borró. Debía reconocer que de no ser por ella habría sido descubierto, aunque otra parte de él quería creer que realmente no le había ayudado, sino que quería advertir al guardia de sus planes.

Siguió avanzando y llegó hasta la puerta de salida. Sacudió la cabeza con fuerza. Casi podía sentir esos ojos azules en su nuca pese a que sabía a ciencia cierta que desde su celda no le podía ver.

Trató de continuar pero una opresión en el pecho se lo impedía. Era una sensación horrible de saber que estás haciendo algo muy mal.

Su menté razonó. Si tenían a la reina cautiva es porque estaban planeando algo muy importante y podía ser peligroso. Y estaba también el tema de todos sus crímenes y el mal que cometió en Arendelle… quizá esto podría equilibrar un poco la balanza.

Sí, definitivamente todo tenía una explicación muy razonable.

Antes siquiera de terminar de convencerse ya se encontraba buscando las llaves, de entre todas las del llavero, que abrían aquella pesada puerta. El carcelero comenzó a removerse en el suelo y pronto despertaría pero él ya estaba demasiado decidido.

Abrió el candado metálico sin mucha dificultad e hizo fuerza suficiente para poder correr la enorme barra metálica que cerraba la puerta. Comenzó a abrirla con dificultad pues su peso le impedía hacerlo con rapidez.

Ante él, de pie y encadenada con unos enormes y extraños grilletes, se encontraba Elsa, la Reina de Arendelle, observándole con asombro y toda la profundidad de su mirada.


Continuará...

Muchas gracias a A Frozen Fan, Kicks Cullen, Amelia, Rosy, Amelia, Chikaalien, Bubblesthepimagi, Spirit Ella, Maggie Westergard y Vero por vuestros reviews! Me han animado mucho a seguir escribiendo y me estoy planteando algunas cositas nuevas jujuju

Ante cualquier duda, opinión, crítica constructiva o sugerencia por favor, no dudéis en dejarme un review, serán siempre bien recibidos y además animan un montón a seguir escribiendo y mejorando todo lo posible! ^^

Bueeeeno, ya por fin vamos moviendo la trama! XD El capítulo que viene será además más largo y por fin van a interactuar cara a cara! jujuju

Hasta la próxima!

Un saludo!

Almar-chan