20. La nueva novia de Harry Potter

-Hermione –Harry corrió en sus brazos y la abrazó fuertemente.

-Te extrañé –dijo ella, y lo besó en los labios-. ¿Por qué te demoraste tanto?

-Tuve que hacerlo. Descubrí algunas cosas.

No pudo decir mucho más, porque ella no dejaba de darle besos en los labios.

-Vamos a la cama –dijo la chica, para gran sorpresa de Harry. ¿Desde cuándo Hermione tenía esa actitud?

Sin desobedecer, Harry la siguió dentro del cuarto y cerró la puerta. Se dejaron caer en la cama a los besos, apasionados.

-¿Qué descubriste? –preguntó ella, mientras le quitaba la túnica. Harry, un tanto anonadado por esa especie de desesperación por parte de ella por estar con él, trató de seguirle el ritmo en aquello de desvestirse, mientras al mismo tiempo trataba de enfocar su cerebro en articular una respuesta coherente a su pregunta.

-Varias cosas –dijo, vagamente, mientras le quitaba la túnica a ella también-. Oliver Wood es malo.

-¿De verdad? –Hermione pareció sorprenderse por ello, pero no obstante no se detuvo en la rapidez con que empujaba a Harry para que quedara recostado en la cama, ya desnudo, y se lanzaba sobre él. -¿Por qué es malo?

-Vende armas al Cazador de Brujas, o eso creo –dijo Harry, cerrando los ojos y acariciando el cabello de Hermione mientras ella le besaba el torso desnudo y le pasaba la lengua por el cuello, torso, ombligo.

-Increíble –dijo ella, y Harry apretó los dientes con fuerza. Instantes después, ella regresó a su cuello. -¿Qué les vende?

-Bueno, creo que no son armas realmente –Harry apretó las sábanas y sus nudillos quedaron blancos por la fuerza que hacía. Le costaba mucho hablar. –Más bien… artefactos.

Apretó los labios, sin poder decir nada más.

-¿Artefactos? –Hermione tomó aliento, a sus pies. -¿De qué?

-No tengo idea –Harry se dio cuenta de que no podía más. Tomó a Hermione por los hombros, la volvió a colocar a la altura de la almohada y ahora él se puso sobre ella, mientras luchaba por recobrar el aliento. –Le robó unas fórmulas a George –dijo, mientras ahora él besaba el cuello, hombros y pecho de ella-. Y las usó para hacer artefactos. Pero para fines malignos.

-¿Viste a alguien con Oliver Wood? –dijo Hermione, ahora cerrando ella los ojos, con placer, mientras Harry besaba su piel, bajando por su estómago y más allá-. ¿Viste a…? –la chica se entrecortó mientras hablaba, sin poder seguir.

-Sí, vi a alguien –dijo Harry, luego de eso respiró hondo y continuó.

Hermione no dijo nada por unos instantes. Luego articuló palabra con dificultad.

-¿A… quién…? ¿A quién viste? –Harry veía que la chica arqueaba su cuerpo y se tapaba la boca con una mano.

-Pues… no vi su rostro –Harry continuó, sin bajar el ritmo de lo que hacía-. No puedo rastrearlo… a ese mago –tomó aliento, continuó, y habló de nuevo-. Pero tengo una… una pista.

-¿Cuál… pista? –dijo Hermione, y mientras trataba de pronunciar aquello su voz sonó débil y al borde del clímax.

-Microscópicos… residuos… de… -Harry sintió la mano de Hermione en su cabello-. Polvo mágico.

En ese momento, se dio cuenta de que una reacción tenía lugar en Hermione, que dejó escapar un sonido de placer.

Harry trató de no cesar en lo que hacía. Hermione pronto se sentó en la cama y lo atrajo hacia sí para besarlo en los labios.

-¿Polvo mágico? –le preguntó, mientras le daba besos por toda la cara.

-Sí, exacto –Harry la abrazó, le besó el cuello y la recostó en la cama nuevamente, posicionándose sobre ella y acelerando el ritmo-. Creo… que… sé qué buscar en la escena del crimen.

-¿El polvo… mágico? –preguntó ella por segunda vez, entrecortadamente, mientras ambos adolescentes se movían abrazados en la cama de Harry-. ¿Qué hallarás con él?

-Puedo… encontrar… pistas… en la escena del crimen.

Se quedaron sin hablar unos instantes, acelerando el ritmo más y más.

-Para descubrir… quién es… el Cazador de Brujas.

Aceleraron la velocidad más y más, apretando sus cuerpos con fuerza, cerrando los ojos y entreabriendo los labios hasta llegar al punto máximo.

Entonces se relajaron.

Harry luchó por recobrar el aliento, aún sobre ella. Hermione abrió los ojos y lo miró intensamente, también tratando de respirar.

-¿Puedes encontrarlo? –le preguntó, acariciándole la mejilla. Harry le dio otro beso en los labios mientras le acariciaba la mejilla también.

-Espero que podamos –dijo-. Debo pedir ayuda al profesor Twinks. Solo él puede ayudarme.

-¿No es él el que te caía mal? –dijo ella. Ya ambos estaban respirando con normalidad.

-No tengo opción –Harry le devolvió la mirada, con cierta preocupación-. Sólo él sabrá encontrar esas posibles huellas producidas por ese polvo mágico microscópico.

-Bien –ella asintió con la cabeza-. Te acompañaré si quieres, esta vez. A buscar a tu profesor.

-No es necesario –dijo él-. Mejor sigue estudiando. Concéntrate en los ÉXTASIS.

-Ya no me importan los ÉXTASIS –dijo ella, mirándolo con mucha dulzura.

-¿Quién eres? –le dijo Harry, en broma-. ¿Y cuánta poción multijugos has tomado para verte tan igual a Hermione Granger?

-Me descubriste –dijo ella, siguiéndole la broma-. A que no sabes quién soy… pues, ¡sorpresa! Soy Draco Malfoy.

-¡No! –Harry se apartó de ella y rompió en carcajadas-. ¡Cómo dices eso!

Hermione se desternilló de la risa, teniendo que sujetarse el estómago mientras reía.

-¡Eso es repulsivo! –protestó Harry, y le lanzó una almohada en la cabeza en tono juguetón-. ¿Cómo dices eso luego de que…?

Pero ella no podía parar de reír.

-¡Mentira! No soy Draco… En verdad soy… ¡Goyle!

Ambos rieron y acabaron haciéndose cosquillas el uno al otro, a las carcajadas.

-Eres una tonta –le dijo Harry-. Ya en serio. ¿No te importan los ÉXTASIS?

-Bueno, creo que es más importante encontrar a este tipo –dijo ella, con el pecho subiendo y bajando por las cosquillas-. Está haciendo desastres… Ya hablando en serio. Lo que le hizo a Ron…

Ambos quedaron en silencio un instante, recuperando la seriedad.

-Sí, es cierto –dijo Harry-. Se pone cada vez peor. Es hora de actuar con más rapidez.

-Sí, eso te falta –dijo ella, mirándolo a los ojos nuevamente-. Rapidez.

-¿Ese comentario tuvo un doble sentido?

-Claro que no –dijo ella, mirando hacia otro lado y haciendo una mueca de ironía-. Para nada.

Harry frunció el ceño, tratando de descifrar qué le había querido decir.

-Siempre has sido tan… mujer –le lanzó de pronto.

-¿Qué demonios se supone que significa eso?

-Ni yo lo sé –admitió él-. Significa que no te entiendo. Para nada.

-Tú siempre has sido tan hombre –ella se encogió de hombros-. Jamás entenderás nada, Harry.

-Quizás sea mejor que no lo haga.

Hermione se lo quedó mirando, y entonces tomó la almohada y se la lanzó a él por la cara. Cuando Harry se la quitó de encima, vio que la chica le sonreía. Parecían dos niños jugando desnudos en una cama.

-Eres un tonto, Harry Potter –dijo Hermione, divertida-. Y lo perderás… todo.

-¡Oye! ¿Qué dices?

Hermione rompió a reír nuevamente.

-No lo sé –admitió ella, entrando en un nuevo ataque de risa imparable-. Me sonó a algo que diría Lord Voldemort.

Mientras decía eso, la chica no pudo contener las carcajadas.

-¡Que estupidez!

Harry rompió en carcajadas también. Fue un largo rato en que ninguno de los dos podía dejar de reír, por más que lo intentaran. Era como si acabaran de tomarse tres botellas de cerveza de manteca entre los dos, solo que no lo habían hecho.

-Ay, eres tan idiota, Hermione –Harry la abrazó y le dio un beso en la mejilla, pero ella lo apartó de un empujón.

-No me digas así.

-¿Quieres ser mi novia?

Harry se quedó de piedra, de pronto. Eso había surgido de repente. ¿Por qué le había dicho eso? Ni él lo sabía.

Pero se quedó de piedra al darse cuenta de que lo había dicho, sin proponérselo. Y ahora sabía que tenía que venir una respuesta, y eso lo hizo quedarse unos instantes con una oleada de miedo.

Hermione no se movió de su lugar, pero giró la cara y lo miró a los ojos, ahora con seriedad. Harry le devolvió la mirada, preguntándose qué pasaría a continuación.

-Sí –dijo ella entonces, aun seria. Harry se acercó más y le dio un largo beso en los labios que pareció no tener fin.

-Hola, profesor –Harry miró a los ojos al profesor Twinks. La tarde caía tras él, y tras los altos edificios de la ciudad de Sheffield en la que vivía el profesor, en una casa antigua cercana a la Academia.

-Oh, vaya, Harry Potter –dijo él, arqueando una ceja-. Hola, ¿cómo estás? ¿A qué debo esta inesperada visita?

-Quisiera preguntarle algo, si no le molesta –dijo Harry, tratando de ir directo al grano. Sabía que no le caía bien al mago.

-Bien. Pasa, adelante.

El profesor Twinks se hizo a un lado y lo dejó pasar. Lo invitó a tomar algo y ambos se sentaron en sillones opuestos de su recibidor. Harry trató de ser directo y conciso al momento de plantearle el tema. Le explicó lo que había averiguado sobre el caso del Cazador de Brujas, y se preparó para preguntarle sobre los residuos en la escena del crimen. Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, este lo interrumpió:

-Estoy muy familiarizado con este caso –le dijo-. Ha tenido gran notoriedad con toda la manipulación de El Profeta y el crimen cometido públicamente en el estadio de Quidditch…

-Los crímenes –lo corrigió Harry-. Atacó a mi amigo Ron antes de fugarse. Aun no despierta del estado en que lo dejó.

-Sí… lo sé… -el profesor se quedó pensativo-. Y supongo que es por eso que te interesa este caso en particular, ¿verdad?

-Bueno, él atacó a mi mejor amigo, aparte de que me robó mi varita. Así que sí, estoy interesado en resolverlo.

-Temo que no es un caso fácil de resolver –dijo él, con soberbia-. No creo que estés a la altura, Potter.

Harry reprimió los deseos de insultarlo. Se contuvo, le dirigió la mirada y trató de elaborar una contestación inteligente.

-Quizás no –dijo-. Pero tengo información que podría ayudar, al menos.

-¿Cuál? –quiso saber él, interesado.

Harry lo examinó y trató de decidir si era confiable revelarle lo que sabía. El Cazador de Brujas no podía enterarse que Harry sabía aquello, o todo podría fallar. ¿Era confiable el profesor Twinks? Harry no lo sabía, pero tampoco sabía de nadie más a quien acudir para aquello, así que decidió decírselo.

Le contó todo. Lo de Evangelina, lo de Oliver Wood y lo del hombre encapuchado visitándolo para pedirle un artefacto capaz de ocultar residuos microscópicos en la escena del crimen. Twinks lo escuchó con atención y seriedad. Cuando Harry terminó, parecía algo asustado pero interesado a la vez.

-Bien… eso es una buena pista –dijo él, pensativo-. Me interesaría participar… de forma estrictamente teórica, claro. Se requeriría un buen análisis con instrumentos delicados en este caso. Un análisis de huellas microscópicas. Seguramente el Ministerio no pensó en hacerlo antes, ya que los demás análisis fallaron por lo que habrán pensado que toda huella había sido borrada a la perfección, inclusive las microscópicas. Lo que me genera la duda de por qué esta varita no borraría esas huellas también.

-Quizás está limitada en ese sentido –reflexionó Harry.

-Una varita que es perfecta y la más poderosa del mundo –dijo él, con suspicacia-. Podría ser, sin embargo. Que el mago limpiando la escena no haya sido tan cauteloso, incluso teniendo semejante varita.

-No parece ser cauteloso, señor. Viendo los ataques que hizo, viendo como regresó en ese estadio para atacar a mi amigo, parece ser un mago bastante impulsivo. De hecho, considero que todo lo "perfecto" de sus hechizos para borrar sus huellas fue pura y exclusivamente por lo buena que es la varita, y muy poco o nada por la habilidad de él.

-Supones muchas cosas, Potter –Twinks lo miró, y Harry supo que buscaría pretextos para atacar a Harry y demostrarle por qué era un mago inferior y poco talentoso, pero no le importó. Solo necesitaba su ayuda, no necesitaba caerle bien. –Pero podrías tener razón en algunas, así que te ayudaré. Podríamos analizar la única escena del crimen en que el Ministerio no meterá sus narices. No tengo ganas de andar llenando formularios y pidiendo autorizaciones para que me dejen participar en esto.

-¿En cuál? –quiso saber Harry.

-La casa de Oxford –dijo él, pensativo-. Está liberada ya. Han dejado de investigar allí. Ahora está desocupada y pronto será propiedad de un miembro distante de la familia que la heredó por lazo de sangre. Pero en este momento está desocupada y vacía, sin presencia del Ministerio en las inmediaciones. Podríamos ir ahora mismo. Aunque primero tengo que ir a buscar mi equipo.

-Sí, claro –Harry se puso de pie-. Lo ayudo a buscarlo.

-No, yo lo llevaré –dijo él-. Tú ve allí y espérame. Entra en la casa, no me esperes afuera. Evita ser visto. Utiliza esa capa que dijiste que usaste para espiar a esa gente.

-Sí, claro –asintió Harry.

Harry se desapareció, pero en lugar de ir allí se apareció dentro de su propia casa, en Hogsmeade. Hermione estaba allí, sentada a la mesa, y pegó un grito al verlo.

-¡Me asustaste! –protestó. La chica tenía un café servido y estaba leyendo El Profeta.

-Lo siento –dijo Harry, avanzando rápidamente hacia ella-. Solo quería venir a avisarte que me iré a Oxford con el profesor Twinks. Analizaremos aquella escena del crimen.

Hermione se puso seria y se lo quedó mirando fijamente.

-¿Quieres que vaya contigo?

-No, no. Tú quédate aquí. No es nada peligroso. Solo analizaremos en busca de huellas, y volveré para la cena. ¿Te parece bien?

Ella asintió con la cabeza.

-Yo cocinaré –dijo Hermione-. Puedo ir al mercado a comprar verduras para hacer una tarta. ¿Quieres?

-Sí, claro –Harry le sonrió-. ¿Y te quedas a dormir luego?

-Sí. Nadie en Hogwarts se da cuenta, de cualquier forma. Al no haber nadie en mi habitación…

Harry se agachó y le dio un beso en los labios.

-Enseguida vuelvo. Te quiero, Hermione.

-¿Cuánto me quieres? –preguntó ella.

-Mucho.

-¿Me quieres mucho? ¿Nada más? ¿Aún no me amas?

Harry se quedó con la boca abierta, sin saber qué decir. Ella sonrió.

-¿Tú me amas?

-Yo pregunté primero –dijo, divertida.

-Pues sí, te amo –Harry quiso darle otro beso, y ella le corrió la cara.

-No sé, tendré que meditar a ver si lo dices en serio.

Harry le sonrió también y fue en busca de su capa para hacerse invisible.

-No me tardo –le dijo-. Te veo más tarde, amor.

-Nos vemos, lindo –le dijo ella, y Harry giró en su lugar y desapareció.

Un ambiente mucho más frío lo recibió en Oxford. Harry se apareció en un lugar que había visto en su viaje anterior, para tener como punto de referencia, ya que no tenía en su memoria una imagen del frente de la casa en cuestión para aparecerse directo allí. En ese momento, Harry comprendió una de las grandes preguntas que siempre había tenido sobre el mundo mágico: por qué Dumbledore cuando lo llevaba a lugares mediante aparición conjunta no se aparecía directo en el lugar al que iban, sino que se aparecía en alguna zona cercana. La respuesta debía ser que no tenía una imagen clara del lugar exacto al que se dirigía, pero sí de algún lugar próximo, y se aparecía allí para realizar la aparición sin inconvenientes, para luego caminar desde aquella zona cercana hacia el lugar exacto al que iba.

Harry caminó por las calles de Oxford y el frío atardecer lo hizo arrepentirse de no haber ido más abrigado. El sol se ponía por detrás de los edificios mientras avanzaba por las calles anaranjadas. Llevaba su capa para hacerse invisible puesta, y cruzó junto a muchos muggles hasta llegar a su destino: la casa en que habían asesinado a aquella familia.

Harry miró detrás de sí para comprobar que no había nadie, abrió la puerta y entró a la casa.

El recibidor era oscuro y sombrío. Un par de sofás en que nadie se sentaba hacía rato, una mesa ratona con una fina capa de polvo encima y una araña colgando del techo le dieron la bienvenida. Estaba muy silenciosa y parecía como si el abandono empezara a tomar posesión de ella.

Harry caminó lentamente hacia un pasillo largo con varias puertas. Por la ventana, con espesas cortinas, no pasaba demasiada luz. Pronto, cuando el atardecer dio paso al anochecer, la casa quedó sumida en una oscuridad casi total. El sentimiento de lo que había sucedido allí empezó a apoderarse de Harry. Caminó por aquel pasillo, abrió una de las puertas y se encontró con lo que sin lugar a dudas era la habitación de un niño. Tenía juguetes, ositos de peluche, e incluso una pequeña escoba voladora para niños modelo Flykid 673, que conocía muy bien porque Harry mismo las vendía en su tienda.

Viendo aquello, Harry sintió algo pesado en su pecho. Aquello fue mutando, primero transformándose en tristeza y luego en rabia. Una rabia atroz que lo invadió hirviéndole la sangre.

En ese momento, la puerta de entrada se abrió y Harry sacó su varita asustado y apuntó hacia allí. Era Twinks.

Harry guardó la varita, se quitó la capa y se la guardó en un bolsillo.

-Ya llegué –anunció él, que llevaba un maletín bastante grande consigo-. Vamos directo al cuarto del crimen.

Harry y el profesor Twinks entraron al cuarto en cuestión.

-Aquí fue donde ocurrió –dijo él, y a continuación apuntó a las paredes con su varita y empezó a murmurar toda clase de cosas que Harry no comprendía.

Harry vio que las paredes, suelo y cama estaban limpias. En ese cuarto sabía que había ocurrido el asesinato. Pero no estaba más el mensaje de "El Cazador de Brujas" ni las salpicaduras de sangre que habían sido descriptas por la versión vespertina de El Profeta el día posterior al homicidio. Lo habían limpiado luego de terminar la investigación.

-Esto es curioso –dijo Twinks en voz alta, mientras hacía toda clase de hechizos.

-¿Qué cosa? –preguntó Harry-. ¿Qué cosa es curiosa?

-¿Has leído en algún lado que el asesino haya conjurado la marca tenebrosa el día del crimen? –preguntó Twinks.

-No –dijo Harry, sorprendido-. ¿La marca tenebrosa? Pensé que eso era de los seguidores de Voldemort.

-¿Lo ves? –dijo Twinks-. No sabes demasiado, Potter. Te falta mucho para poder resolver algo como esto.

Ese comentario le dio tanta ira a Harry que se aguantó las ganas de preguntarle más sobre aquello. Su orgullo se lo impidió. Finalmente, Twinks le reveló lo que sabía, a pesar de que Harry no hubiera preguntado:

-La marca tenebrosa no es solo de Voldemort, la han utilizado magos oscuros en general, a lo largo de la historia de la magia, para señalar crímenes realizados y mofarse de ellos. Grindelwald la usaba también. Y, aparentemente, el Cazador de Brujas la lanzó sobre esta casa esa noche. O eso detectan mis hechizos.

-¿Él también? –dijo Harry, desconcertado-. No vi que hablaran de eso en El Profeta.

-Ni yo, por eso te pregunto. Suena como a si hubieran ocultado ese pequeño detalle, o si alguien la hubiera borrado luego de que el asesino o alguien más la realizara, ¿no crees?

Harry no dijo nada. Se quedó pensativo.

-Ah, vaya, y aquí tenemos algo más –dijo él, moviendo su varita hacia todos lados, emocionado. Harry se dio cuenta de que en parte su profesor tenía razón: Harry no tenía tal dominio de la magia como él. No podría haber descubierto todas esas cosas con tanta rapidez.

-¿Qué más?

-El mensaje en la pared. Lo estoy viendo –dijo él.

Harry se quedó congelado. ¿Hablaba en serio? ¿Tenía la habilidad para ver el mensaje escrito con sangre en la pared, a pesar de que ya lo hubieran limpiado? Adivinando los pensamientos de Harry, su profesor cerró los ojos concentrándose y le contestó la pregunta no formulada:

-Estoy usando un hechizo muy avanzado que me permite ver rastros de sangre que hayan sido limpiados. Si los hubiera limpiado ese mago con la Varita de Saúco, quizás no podría verlo. Pero como fueron limpiados por el Ministerio de una forma mucho menos profesional, puedo verlo con claridad. Y aquí hay otra sorpresa, Potter. El Profeta decía que el mensaje solo decía "El Cazador de Brujas". Pero lo que yo estoy viendo es un mensaje mucho más largo que eso.

-¿Más largo? –Harry estaba muy sorprendido-. ¿Qué dice?

-El mensaje completo dice: "Otro regalo para ti, Granger. Disfrútalo. El Cazador de Brujas".

Harry tragó saliva y abrió grandes los ojos.

-¿Está hablando en serio? No me mienta…

-¿Mentirte? No tengo interés en mentirte –Twinks pareció ofendido, y entonces pareció comprender. Incluso él habría oído el apellido de la novia de Harry alguna vez. –Pues sí, eso dice, Potter. Eso dice el mensaje…

-¿Dice Granger? ¿Está seguro de eso? ¿Cien por ciento seguro?

Él asintió con la cabeza, lentamente, y mientras Harry sentía que todo giraba descontroladamente dentro suyo el mago abrió su maletín y sacó un aparato lleno de engranajes y botones que Harry nunca había visto. Lo activó y este encendió unas luces rojas. Lo levantó con ambas manos, lo posicionó en el centro de la habitación y este empezó a emitir pitidos.

-Interesante –dijo Twinks. Harry sintió deseos de golpearlo. Se sentía un inútil, allí parado, mientras el profesor adivinaba toda esa serie de cosas con su gran conocimiento, y Harry era incapaz de ayudar en nada.

-¿Qué cosa es interesante? –preguntó, enfadado.

-Sí hay rastros de polvo mágico microscópicos –dijo-. Este aparato está detectando los residuos del mismísimo hechizo asesino. Y los está recopilando.

-¿Recopilando?

-Sí… Sí, creo que está captando todo a la perfección –dijo Twinks, mientras su aparato emitía pitidos, y sus engranajes giraban-. Está recolectando la materia microscópica del hechizo asesino, está almacenándola, y pronto empezará a trabajar en su interpretación. Nos permitirá saber cuál fue el hechizo exacto, de qué varita salió, y, tal vez, si los residuos de polvo están bien conservados, a qué mago respondía la varita que fue utilizada para cometer el crimen.

-¿Puede saber todo eso? ¿En cuánto tiempo?

-Imposible saber –dijo él, negando con la cabeza-. Lo primero es lo primero. Permíteme recolectar todo de la forma más exacta posible.

Harry asintió, y observó cómo el aparato hacía su trabajo.

-Sí, creo que esto será de buena calidad –dijo él, y esbozó una suerte de sonrisa.

-¿Cómo lo sabe?

-Por el tipo de sonido que emite la máquina. Si los fragmentos de polvo mágico están deteriorados o contaminados, el sonido suele ser más débil. Quizás esto sí sea útil para dar con el asesino.

-¿Cómo es que el Ministerio no hizo esto? –dijo Harry, pensando a toda velocidad-. ¿O sí lo hicieron, y no nos revelaron la información, como hicieron con ese mensaje y con la marca tenebrosa? ¿Estarán encubriendo al asesino?

-Quizás, pero también podría ser que no se les haya ocurrido hacer este análisis –dijo Twinks-. Yo tampoco pensé nunca en sugerirles hacerlo, cuando leí las noticias, hasta que te apareciste en mi casa a decirme que el asesino podría haber contratado a alguien para diseñar un artefacto que elimine restos microscópicos de polvo mágico. Existen aproximadamente trescientos cincuenta análisis distintos de un mismo hechizo utilizado para cometer un asesinato, y el análisis de restos microscópicos de polvo mágico es uno de los menos comunes. Por el simple hecho de que es mucho más probable dar con la identidad de la varita y del usuario de esta analizando restos no microscópicos, que son mucho más exactos. En general siempre hay de ellos, aunque no permitan dar con el criminal. Los exámenes también suelen fallar mucho. Al ver que este mago pudo borrar todo casi a la perfección, resulta normal que un auror busque otras alternativas para encontrarlo que no sean el análisis de la escena del crimen, ya que parecería imposible que un análisis de los menos convencionales ayude a dar con él. Pero si tú me dices que el asesino está preocupado por haber dejado restos microscópicos… pues, yo le creo entonces. Y creo que sí vale la pena probar buscarlos. Pero de otra manera, no lo haría.

El aparato dejó de emitir sonidos. La noche ya había caído en su totalidad, y la oscuridad absoluta los envolvía. Harry sacó su varita, pero Twinks lo detuvo.

-No enciendas ninguna luz –le advirtió.

Harry le hizo caso.

-Ya tengo lo que queríamos –dijo-. Vámonos de aquí rápido y sin ser vistos.

-¿Me avisará cuando tenga los resultados?

-Sí, claro, te avisaré –dijo él-. Y también al departamento de aurores, si es que descubro quien fue el asesino de esta familia.

Harry dudó sobre eso último.

-Pero… usted mismo vio que encubrieron lo de la marca tenebrosa. Y lo del mensaje.

-Eso no lo sabemos –le dijo él, en plena oscuridad. Harry tomó consciencia de que ambos estaban solos en total penumbra en el cuarto del homicidio. –Sabemos que no lo publicaron en El Profeta, pero eso no significa que lo estén encubriendo. Descuida, tengo gente de confianza en el departamento de aurores. No se lo diré a las personas inadecuadas, si descubro algo…

-De acuerdo –dijo Harry-. ¿Cree que el análisis demorará mucho?

-Tanto como sea necesario para dar buenos resultados –le dijo su voz, en la oscuridad total-. No se trata solo de que el aparato de buenos resultados, sin embargo. También debo documentar el proceso para que quede registro de que la prueba es válida. De nada servirá saber quién fue si no podemos presentar pruebas válidas. Este análisis es una prueba válida para el Ministerio, pero siempre y cuando se documente el proceso adecuadamente y con detalle. Yo me encargaré de eso.

-Bien. Gracias –dijo Harry.

-No me agradezcas. No lo hago por ti, ni por tu amigo. Siempre estoy dispuesto a ayudar a resolver un crimen si puedo hacerlo.

Harry no sabía si se sentía mejor respecto a su profesor, o seguía cayéndole mal, pero tampoco tuvo tiempo de pensar en eso. Twinks empezó a caminar hacia la salida de la casa, y Harry fue tras él. El mago salió al exterior y hacia la noche, y a los pocos pasos se desapareció en el aire y sin despedirse siquiera. Un tanto sorprendido por esa falta de modales de su parte, Harry se colocó la capa para hacerse invisible, salió de la casa, cerró la puerta y miró la luna llena que brillaba en lo alto. Entonces se desapareció también.

Mientras se desaparecía, Harry pensaba en otra cosa además de en el recibidor de su casa. El apellido "Granger" le había quedado haciendo ruido en la cabeza.

Sin embargo, cuando aterrizó en el recibidor de su casa, no quedó lugar para pensar en eso ni en nada más. Una escena terrible tenía lugar ante él.

Harry casi pega un grito: Toda la casa estaba patas arriba.

Todos los muebles de la cocina estaban abiertos. Las ollas, platos y cubiertos estaban desparramados por el piso. La mesa estaba boca abajo y contra un costado. Incluso los almohadones del sofá estaban en el comedor, contra un rincón. Era como si alguien hubiera deseado dar vuelta completamente la casa de Harry, lanzando todo por todos lados.

¿Qué había pasado allí?

-¡Hermione! –gritó Harry, y empezó a correr hacia la habitación.

Abrió la puerta de su cuarto y entró. Todo allí estaba igual: La cama estaba toda deshecha, el armario abierto de par en par, los cajones abiertos y toda su ropa tirada por el piso. Habían revuelto absolutamente todo, cada rincón.

-¡Hermione! –repitió Harry, pero no había rastros de ella. Hermione no estaba allí.

Harry estaba por volver al comedor, pero entonces cambió de opinión. Con el corazón latiéndole a mil por hora, asustado, buscó en uno de sus cajones abiertos, y en los calcetines que estaban tirados en el piso, y se dio cuenta de que algo faltaba allí: la Piedra de la Resurrección había desaparecido.

Harry volvió al comedor y se quedó allí de pie, sin saber qué hacer. Consternado y asustado, empezó a pensar en qué hacer a continuación. Su prioridad era buscar a Hermione y saber que estuviera bien.

Miró hacia la cocina y su corazón dio un salto: había algo envuelto con aluminio sobre la mesada. Salía vapor de allí. Harry quitó el papel y vio que era una tarta. Una tarta de verduras caliente y elaborada hacía poco tiempo. La comida que Hermione había dicho que cocinaría.

-¡¿Hermione?! –gritó, pero era inútil. Su casa era pequeña. ¿Dónde iba a estar? Tampoco estaba en el baño. Ya no quedaban lugares donde buscar.

Entonces, en medio del pánico, Harry notó algo que no había visto antes. En el piso, junto a la mesa volcada, había dos ediciones distintas de El Profeta. ¿No había solo una antes, la que Hermione había estado leyendo cuando él se marchó?

Levantó la primera. Era la edición normal de El Profeta que había llegado a su casa esa mañana. Entonces levantó la segunda, y casi lanza un grito al leer el titular:

"Mensaje para Harry Potter de parte de El Cazador de Brujas"

-¡NO! –bramó Harry, aterrado. De nuevo había pasado lo mismo. Parecía una edición completamente normal de El Profeta Vespertino, con pequeños encabezados de noticias normales en los lados, pero en el centro y en primera plana aquel mensaje gigante, esta vez dirigido a él. La gigantesca fotografía era de Hermione. La chica estaba amordazada y con las manos atadas, en un lugar oscuro, en una fotografía en movimiento donde la chica se retorcía y lloraba.

Harry sintió que su corazón se le salía del pecho. Una lágrima cayó por su propio rostro mientras abría el periódico y daba vuelta las páginas de noticias normales hasta llegar a la doble página central. Otra vez vio la misma única y gigantesca fotografía de Hermione, y su corazón se hundió ante el avistamiento de la chica sufriendo y retorciéndose, atada.

La noticia era un poco más larga que la vez pasada esta vez:

"Mensaje para Harry Potter de parte de El Cazador de Brujas", decía el titular, y abajo, en letra más chica: "He aquí a la nueva novia de Harry Potter, a punto de morir".

El Profeta Vespertino empezó a vibrar y temblar en las manos de Harry, sacudido por el pulso del joven mago. Harry siguió leyendo:

Harry Potter, he secuestrado a tu novia, Hermione Granger. Te estarás preguntando, ¿es esto algo personal que tengo contigo? No, no lo es. Tú no me interesas, no eres tan importante.

Harry dejó de leer en ese punto, y se quedó mirando esa frase. "No eres tan importante". Lo mismo le habían dicho hacía poco tiempo, alguien. ¿Quién había sido? No podía recordar…

Malfoy. Malfoy le había dicho eso en el estadio de Quidditch, las mismas palabras.

Harry siguió leyendo:

No es algo personal. Solo tienes algo que quiero. Quiero que me entregues la capa para hacerse invisible que tienes. Te explicaré cómo quiero que lo hagas: Quiero que te suicides, esta misma noche. Hazlo colgándote del cuello, con sogas, y aplícate muchos encantamientos Sectusempra a ti mismo, para desangrarte ante todos. Hazlo en medio de la calle principal de Hogsmeade, cerca de casa. Si lo haces, liberaré a tu novia y ella no morirá. No olvides de llevar tu capa y de dejarla cerca de tu cadáver.

Si no haces esto esta misma noche, temo que Hermione tendrá una muerte muy sangrienta y dolorosa. No vivirá para ver otro amanecer.

¿Por qué quiero que te suicides, si solo quiero tu capa? No lo sé. Supongo que por diversión.

Cada minuto que tardas en leer esto, es un minuto en que me divierto jugando con tu bella novia Hermione. Y un minuto en que ella grita y se retuerce rogándome que deje de jugar con ella.

Pero no puedo evitarlo. Es muy divertido.

Muy pronto, la Cacería de Brujas comenzará.

Tu amigo,

El Cazador de Brujas