¡Hola!
T_T Lo conseguí! Esta semana pasada tuve problemas con mi ordenador y pensaba que iba a perder el capítulo junto con todo lo demás. Pero por suerte pude solucionarlo todo, incluso salvé el ordenador *lloro* ¡Qué alegría y qué alivio!
Os dejo con el capítulo. Tal y como dije, este es un poco más largo, tiene mucha tela que cortar jaja
Disclaimer: Frozen no me pertenece :(
CAPÍTULO 5
Apretó con fuerza el manojo de llaves que llevaba en la mano y cerró los ojos un instante. Ni siquiera se había percatado de cuándo había comenzado a faltarle el aire.
Como siempre que se encontraba ante una situación emocional que no podía manejar, su parte más racional y pragmática tomaba las riendas de su cuerpo. Cerraba por completo la puerta hacia sus sentimientos y se limitaba exclusivamente a razonar metódicamente. No obstante, también en esos momentos salía a relucir su personalidad más cínica e insensible.
El primer pensamiento que le vino a la mente fue que por fin entendía por qué sólo le llevaban cuencos con caldo, con los grilletes que llevaba, muy parecidos a los que en su día ya lució en Arendelle, era imposible que pudiera tomar otra cosa.
De cualquier forma, debía centrarse en salir de allí.
―Nos vamos de aquí, ahora ―dijo Hans con autoridad mientras se acercaba, llaves en mano, hacia la Reina.
Ante la proximidad del ex príncipe, Elsa se tensó. Se irguió todo lo que pudo y su semblante se volvió serio e imperturbable. Igualmente, Hans ni siquiera lo notó. Estaba demasiado concentrado tratando de dar con las llaves correctas que abrieran los grilletes. Estos tenían una extraña espiral blanca alrededor y eran bastante más pesados de los que recordaba de Arendelle.
Tras un par de intentos, por fin se abrieron mostrando las pequeñas manos enguantadas de la reina. Hans arqueó una ceja, extrañado, y levantó la mano de la joven hasta tener una mejor visión de esta. Finalmente, le dirigió una mirada condescendiente.
―¿Por eso no has podido escapar? ¿Porque llevabas puestos tus guantes de tela? ―preguntó con incredulidad.
―¡Por supuesto que no! ―exclamó ella retirando con rapidez su brazo y masajeándose las muñecas por fin liberadas de sus cadenas― El dibujo blanco de los grilletes brillaba cada vez que lo intentaba y no podía hacer nada.
Elsa calló en ese momento y volvió a adquirir una postura erguida. No tenía por qué darle ninguna explicación a él precisamente pero había herido su orgullo que pensara que había sido incapaz de escapar de allí con todo su poder sólo por unos guantes de tela.
―Como sea, vámonos ―dijo este con desinterés.
Sin perder más el tiempo, salió de la celda seguido muy de cerca por la Reina de Arendelle. Elsa se había mentalizado a que debía reorganizar sus prioridades. En ese momento era más importante escapar de allí que odiar a Hans. Y él parecía saber lo que hacía, a fin de cuentas, no era la primera vez que escapaba de una prisión.
Hans abrió la puerta que daba a un pasillo. Frenó en seco y por poco hace que Elsa choque contra él. Ella le miró con cara de pocos amigos, pero al verle tan concentrado decidió no decir nada.
El ex príncipe miró a un lado y a otro y cuando comprobó que no había peligro inminente por fin se adentró por el pasillo, virando hacia la derecha donde unas escaleras bajaban.
Esta vez, Elsa se extrañó. A la izquierda las escaleras subían, la salida más cercana estaba por allí.
―¿Hacia dónde se supone que vamos? ―preguntó en voz baja, pero tratando de sonar lo más autoritaria posible. Cuando llegaron a las escaleras sin haber obtenido respuesta, su mal humor fue en aumento― ¡Hans! ―espetó frenando en seco.
El mencionado pareció por fin darse cuenta de que le estaban hablando y se volteó para encararla con molestia.
―¿No esperarás de verdad que vayamos a salir por la puerta principal del palacio?
―No, pero…
―Entonces hay que hacerlo por otro lado más… discreto.
Dicho esto, Hans comenzó a bajar las escaleras, dejando a Elsa allí plantada y todavía con la incógnita de hacia dónde iban. Suspiró para calmarse y comenzó a descender ella también repitiéndose mentalmente que todo lo hacía por regresar a casa cuanto antes una y otra vez.
Llegaron a una sala, bastante sucia y muy pequeña. La humedad y el hedor eran insoportables. Y justo en el centro, en el suelo, una reja cerrada con candado. Elsa no necesitó de nada más para saber dónde estaban.
―¿Los desagües? ―preguntó con escepticismo.
Hans hizo caso omiso y se acercó a la reja para comprobar que estaba cerrada con un candado. Estiró varias veces sin ningún resultado. Decidió entonces buscar la llave que pudiera abrirla pero la luz apenas se colaba por las escaleras que acababan de descender.
―¿Tienes alguna idea mejor? ―preguntó algo molesto.
Comenzaron a escuchar algo de barullo proveniente del piso de arriba y ambos se miraron con nerviosismo. Ya se habían dado cuenta de que faltaban allí.
Elsa decidió tomar cartas en el asunto, se quitó uno de sus guantes y tomó el candado con la mano. Ni medio segundo después, este comenzó a crujir hasta finalmente partirse congelado.
―No está mal… ―se permitió Hans felicitarla mientras levantaba la reja y saltaba dentro medio segundo después.
Elsa le siguió con algo más de cuidado, tratando todo lo posible no salpicarse con el agua sucia de allí dentro. Si arriba ya era difícil respirar, aquí el hedor lo hacía imposible. Se llevó la mano que todavía tenía enguantada al rostro, tratando de mitigar un poco el olor.
―No es que las celdas olieran mucho mejor, Reina ―dijo Hans al notar la disconformidad de la joven, la cual no tardó en dirigirle una mirada de odio―. Vamos, es por aquí ―añadió tomándola del brazo sin miramientos y casi arrastrándola en la oscuridad.
―¡Suéltame! ―exclamó Elsa tirando de su brazo y soltándose de su agarre pero siguiendo en todo momento el paso de su compañero de escape― ¿Cómo sabes que es por aquí?
―El desagüe desemboca en el río y está en esta dirección ―contestó Hans con superioridad. Le encantaba tener la razón… y demostrarlo.
La reina no dijo nada más y se limitó a acelerar el paso todo lo que pudo hasta que ambos corrían salpicando agua estancada y sucia en plena oscuridad. No tardarían en perseguirles también por aquí y necesitaban toda la ventaja.
De pronto, Elsa vio algo que la animó a correr incluso más rápido, dejando a Hans unos pasos por detrás. Un pequeño haz de luz al final del túnel. Sin embargo, su alegría duró poco.
―¡No! ¡Espera! ―escuchó que le gritaba Hans tomándola de nuevo del brazo.
Su acción llegó demasiado tarde. En ese mismo instante, la joven no se percató del desnivel del suelo y cayó llevándose consigo al ex príncipe de las Islas del Sur. Ambos soltaron un leve grito de sorpresa pero esto de nada servía para frenar su caída. El desnivel y la pequeña corriente los arrastraron varios metros hasta llegar al final del desagüe.
Lo que les esperaba era una caída libre de más de veinte metros hacia el río. Ambos, cegados por la luz repentina de la tarde, apenas tuvieron tiempo de reaccionar cuando sus cuerpos se sumergían en el agua y la corriente comenzaba a arrastrarles.
Hans notó como su agarre sobre la reina desaparecía, mas en ese momento lo que más le importaba era ser capaz de llegar a la superficie y coger algo de aire. Pataleó y movió los brazos luchando con la corriente y tras unos segundos agónicos por fin pudo emerger y coger una gran bocanada de aire que tanta falta le hacía.
Todavía tardó un poco en estabilizarse para mantenerse a flote. El río fluía con fuerza y una gran cantidad de agua que le hacía recorrer una gran distancia en muy poco tiempo.
Miró hacia un lado y hacia otro. Buscó frenéticamente cualquier atisbo de una cabellera rubia platino pero no veía nada.
―¡Elsa! ―la llamó esperando obtener una respuesta.
Hans se temió lo peor. Después de todo el esfuerzo por salir de allí había acabado matando a la Reina de Arendelle ahogada y quién sabía si él sobreviviría también.
―¡Elsa! ―la volvió a llamar, esta vez más fuerte― ¡Elsa!
Continuó manteniéndose a flote y luchando contra la corriente cuando le pareció escuchar una voz. Trató de girarse en aquella y dirección y por fin encontró aquello que estaba buscando. Varios metros por delante y a su derecha, la Reina también pugnaba por no hundirse. Su vestido de hielo reflejaba la luz del mismo modo que el agua por lo que resultaba casi imposible distinguirla de no ser por su rubia cabellera. Trataba de aferrarse, aunque con poco éxito, a lo que parecía un tronco o algo parecido que también flotaba a la deriva.
Aunque cada vez le quedaban menos fuerzas, nadó con la mayor rapidez que pudo al encuentro de la joven. Esta, demasiado ocupada tratando de mantenerse a flote, no se dio cuenta de que estaba acompañada hasta el momento en que el propio Hans alcanzó el tronco y se aferró precariamente a él.
Elsa se sobresaltó, no esperando compañía, y se soltó de su improvisado salvavidas. Se sumergió por completo en el agua y luchó por tratar de volver a la superficie. Sintió que algo tiraba de ella con fuerza y la sacaba de nuevo del agua. Se vio aprisionada entre el pecho de Hans y su brazo, el cual se aferraba a su cintura. Al menos había dejado de hundirse.
El ex príncipe se concentraba en tratar de llevar a ambos a la orilla, pero estaba resultando un trabajo tremendamente difícil. El mero hecho de mantener la cabeza sobre el agua ya era complicado. Podía incluso sentir como Elsa se tensaba cada vez que era la suya propia la que se hundía.
―Tranquila, tranquila, tranquila… ―escuchó Hans que se decía a sí misma, al menos hasta que el agua llegaba demasiado cerca de su boca y le impedía hablar.
Por un momento, el pelirrojo se temió lo peor. No quería morir ahogado, pero tampoco quería morir en un río congelado por una reina asustada. Su cuerpo le pesaba y sus fuerzas se estaban desvaneciendo por completo. Tenía las piernas entumecidas y los brazos cansados por el esfuerzo, pero no podía rendirse en ese momento.
―Te tengo ―fue capaz de articular con voz entrecortada. Atrajo más a la joven hacia sí, asegurándose de que no se fuera a soltar en caso de que una corriente los empujara demasiado, y trató de hacer un último esfuerzo por llegar a la orilla.
Notó que ella se ponía más nerviosa y se aferró a su cuello con fuerza. Ahora sí que estaba perdido, si no moría ahogado o congelado, moriría asfixiado. Cada vez podía añadir más causas de su muerte a la lista. Lo siguiente que notó fue un fuerte golpe en la cabeza y en la espalda.
―¡Sí! ¡Vamos! ―escuchó decir a Elsa.
Algo aturdido, por fin reparó en lo que estaba ocurriendo. La reina había creado una pequeña barrera que frenó su avance por el río y conectaba con la orilla, y él, había chocado contra ella sin ningún freno.
Soltó a Elsa y dejó que escalara su propia barrera para después seguirla muy de cerca. Definitivamente no era una de sus mejores creaciones, pero al menos cumplía la función de elevarles sobre el agua lo suficiente para permitirles llegar a tierra, si bien tenían que hacerlo gateando y de forma bastante precaria.
En cuanto Elsa llegó a la orilla se tumbó sin miramientos, de espaldas al suelo y con piernas y brazos extendidos. A su lado, sintió que Hans hacía exactamente lo mismo. Estaba exhausta y necesitaba aire y descansar unos minutos.
―No… te permito… que me llames… por mi nombre ―fue capaz de decir aun entre respiración y respiración.
Hans, tomando a su vez grandes bocanadas de aire, se permitió una sonrisa.
―Pues no pienso… llamarte de otra forma.
De no haber estado tan cansada, Elsa habría tratado de replicar. Su cerebro todavía estaba tratando de asimilar que era tierra firme lo que tocaba su espalda y que había conseguido escapar de la prisión. En cuanto cayó al río, por mucho que luchaba, parecía que jamás iba a lograr salir de allí. Estaba tan nerviosa que ni siquiera podía usar sus poderes correctamente.
Curiosamente, habían sido las palabras y los brazos de Hans quienes le dieron la confianza y seguridad suficientes para utilizar sus poderes de nuevo de forma segura y finalmente salir del río. Sintió un escalofrío de desagrado sólo de pensar en ello. Por eso, se concentró en controlar su respiración, sentir el sol en su rostro y disfrutar de su recién adquirida libertad tras casi dos semanas allí encerrada.
Todavía tuvieron que pasar varios minutos hasta que ambos pudieron reponerse. Hans sentía todo su cuerpo entumecido y adolorido por el esfuerzo, sobre todo tras varios días sin apenas haber hecho el menor ejercicio. En las Islas del Sur, había sido entrenado para la marina y por tanto, nadar era una de sus especialidades. Pese a eso, había estado a muy poco de dejar de luchar contra la corriente y acabar ambos hundidos.
Aunque, debía reconocer, tratar de rescatar a la damisela en apuros le había rememorado aquellos tiempos en los que él era del tipo príncipe azul. O sólo príncipe.
Como fuera, la realidad es que se encontraba a las afueras de Wesseltonburg, nuevamente como fugitivo, empapado hasta los huesos y con la Reina de Arendelle en el mismo estado a su lado. Todo muy principesco, sin duda.
Por fin fue capaz de incorporarse y al menos quedar sentado. Con pesadez comenzó a quitarse las botas y vaciar el agua que les había entrado dentro. Observó a la joven mientras se escurría la camisa. Parecía exhausta, lo cual no era sorprendente, pero realmente relajada.
―De cualquier forma, ¿Qué se supone que hacías encerrada allí? ―preguntó finalmente.
Sintió como ella salía del trance en el que había entrado. Casi le dio lástima haberla despertado, pero su curiosidad iba en aumento y su mente ya funcionaba lo suficiente como para empezar a cuestionarse su situación.
La joven abrió los ojos lentamente, volviendo en sí, recordando donde se encontraba. Fue capaz de sentarse y descubrió que el improvisado puente de hielo que había creado seguía allí. Con un leve movimiento de muñeca, lo hizo desaparecer.
Reparó entonces en que había perdido un guante. Después observó al pelirrojo, descalzo, escurriéndose la ropa y mirándola expectante. Suspiró. Era Hans, pero en el fondo necesitaba hablar con alguien.
―Fui hecha prisionera cuando me dirigía al reino de Wesselton a firmar un importante tratado.
―Sabes que estabas apresada por el propio reino de Wesselton, ¿verdad? ―preguntó Hans.
―Lo sé. El tratado era sólo una excusa para hacerme salir de Arendelle.
Dicho esto, la reina se levantó definitivamente y con un movimiento de su brazo comenzó a sustituir su vestido por otro nuevo de hielo. Esta era de un estilo más similar a los de falda y chaleco que solía llevar su hermana, más cómodo que los que ella portaba a menudo. Para cuando terminó, Hans no pudo evitar maravillarse ante la visión. Pese a que vistiera de manera sencilla, su porte era como siempre majestuoso. Nadie podría decir que unos minutos atrás hubiera estado a punto de morir en el río, o que llevaba dos semanas encarcelada.
El joven decidió volver a concentrarse en la conversación y con un leve gesto con la cabeza la instó a seguir. Elsa suspiró profundamente, como si lo que estuviera a punto de decir fuera de una gran magnitud.
―¿Conoces la leyenda de la Reina de las Nieves?
Hans la observó con incredulidad. No pudo evitar una pequeña risa.
―Espera, ¿ellos creen que tú eres la Reina de las Nieves? Incluso si la leyenda fuera cierta, se supone que murió muchos años atrás.
Pese a la pregunta, Elsa decidió continuar.
―Se dice que la reina tenía un espejo maldito. Capaz de reflejar lo peor de todos nosotros. Capaz de reflejar la maldad en su estado puro, y que era la misma reina quien lo podría controlar ―comenzó a explicar―. Mas ese espejo se rompió en millones de pedazos y la reina jamás lo pudo utilizar. El Rey Egbert de Wesselton, así como su padre y su abuelo, han dedicado años a reunir de nuevo todos los pedazos.
―No puede ser ―replicó Hans, asombrado―. ¿El espejo existe? Creía que era sólo un cuento para asustar a los niños.
―¡Yo también! Hasta que un rey te secuestra y te cuenta que ha estado reuniendo los pedazos ―exclamó Elsa perdiendo la paciencia―. Dice que yo soy la Reina de las Nieves y que yo soy la que podrá arreglar el espejo… y que él podrá controlar el poder del espejo a través de mí.
―El Rey Egbert siempre ha sido un hombre muy ambicioso, pero jamás pensé que hasta ese punto ―dijo él, algo pensativo―. ¿Y cómo te hicieron venir hasta aquí?
Ante esto, la joven reina se ruborizó levemente y desvió la mirada hacia el río.
―No quiero hablar de eso…
Por muchas ganas que esas cinco palabras le hubieran dado de saber la verdad, decidió no insistir. Hans supo que se acababa de abrir ante él una gran oportunidad. La oportunidad de volver a casa… mejor dicho, simplemente a las Islas del Sur. Tenía que aprovecharla.
―De acuerdo, vámonos de aquí cuanto antes ―concluyó finalmente el joven, poniéndose de pie y calzándose las botas de nuevo.
Ante esto, Elsa finalmente reaccionó.
―¿Cómo que "vámonos"? ¿Tú y yo? ―preguntó ella con incredulidad.
Hans la observó con detenimiento.
―Voy a ayudarte a regresar a Arendelle ―dijo pausada y claramente.
Elsa reprimió lo que pudo ser una mezcla entre risa y gruñido. Y, todavía algo boquiabierta, respondió:
―No, por supuesto que no.
Hans, ni siquiera se inmutó. Continuó su escrutinio y pestañeó un par de veces. Finalmente le mostró una malévola sonrisa torcida.
―Si lo que me has contado es cierto… y no tengo por qué dudar ―agregó al ver que la reina abría la boca para contestar―, el reino entero de Wesselton te estará buscando a partir de estos mismos momentos.
―Créeme, lo sé ―contestó Elsa con condescendencia. Hans alzó una mano evitando que le volviera a interrumpir.
―Teniendo en cuenta que tu forma de huir consiste en correr sin rumbo fijo congelándolo todo a tu paso, creo que sí, necesitarás ayuda para salir de aquí ―añadió con algo de burla―. Si quieres salir de Wesselton y llegar a tu reino sin ser descubierta, tendrás que hacerlo pasando desapercibida.
―Y supongo que tú sabes perfectamente cómo hacerlo ¿no?
―Lo sé, porque ya lo he hecho ―respondió con superioridad.
Elsa arqueó una ceja, nada impresionada.
―Me consta ―contestó ella a su vez con desgana―, o no estarías aquí, ahora.
Lejos de desanimarse, Hans sonrió, bastante orgulloso de su hazaña. Sin embargo, no tardó mucho en volver a ponerse serio.
―Hablemos claramente, ¿cómo pretendes llegar a Arendelle? ―preguntó.
Elsa sabía que le estaba poniendo a prueba. No obstante, decidió entrar en el juego, a fin de cuentas, ni ella misma estaba muy segura de lo que hacer a continuación. Pensó detenidamente unos segundos.
―Necesito un barco ―dijo finalmente. Al ver que Hans le seguía mirando, supo que debía elaborar un poco más su respuesta―. Iré a alguna de las ciudades costeras y…
―En Wesselton, claro. Porque las ciudades costeras no serán en absoluto el primer lugar en el que te buscarán.
Elsa quedó pensativa de nuevo. Hans tenía razón en ese aspecto. Si quería volver sin ser descubierta debía pensar en algo que no fuera lo más obvio.
―Wesseltonburg está cerca de la frontera con Corona. Puedo ir hacía allí…
―Porque tu prima, la Reina Rapunzel, te proporcionará protección ―le cortó Hans―. Otra opción muy obvia y de las primeras que se encargarán en vigilar.
Por mucho que le costara admitirlo, tenía razón. Trató de pensar alguna otra opción pero no se le ocurrió nada más. El ex príncipe la miraba expectante. Sus ideas se agotaron y él parecía estar guardándose todavía algo bajo la manga.
―¿Y qué propones tú? ―preguntó finalmente Elsa.
Contrariamente a lo que en un principio había imaginado, Hans no mostró su lado arrogante, al contrario. Hizo una mueca pensativa y finalmente contestó:
―Podemos ir a Steinhauk, al norte de Corona. Mi hermano Henning es el conde de la ciudad y podría ayudarnos a llegar a Arendelle si le ofreces un buen trato de comercio.
Lo peor de todo, Elsa pensó, es que tenía mucho sentido. Puesto que sus primeras opciones eran demasiado evidentes, la que proponía Hans resultaba tremendamente atractiva. Lo malo era tener que confiar en él.
―Dime la verdad ―comenzó Elsa recuperando su semblante serio y autoritario―. ¿Qué quieres obtener a cambio de ayudarme a regresar?
Esta vez, Hans también la observó con seriedad.
―Sólo quiero una carta ―dijo―. Un escrito firmado de tu puño y letra que diga que te he ayudado. Algo que me ayude a mí a volver a las Islas del Sur sin acabar de nuevo encarcelado.
―Sabes que ayudarme ahora no va a borrar nada del pasado ―respondió Elsa.
―Lo sé, pero…
Mientras Hans trataba de poner en orden sus pensamientos, un ruido a lo lejos le puso en alerta. Tardó un segundo en comprender que se trataba de cascos de caballo que se acercaban a su posición rápidamente.
―¡Deprisa, hay que ocultarse! ―exclamó rápidamente tomando a la reina del brazo y lanzándose tras unos matorrales lo suficientemente espesos como para taparles.
Elsa se sobresaltó cuando sintió a Hans abalanzarse sobre ella, mas lo que dijo le hizo darse cuenta de que era algo incluso peor.
―No… hemos dejado un rastro de agua… ―se lamentó el pelirrojo dispuesto a levantarse y salir corriendo.
―Espera ―dijo ella tirando de él y obligándole a agacharse de nuevo.
Con la mano que no tenía enguantada, hizo un pequeño movimiento que congeló por completo las marcas de agua que habían quedado para, medio segundo después, hacerlas desaparecer por completo.
Volvió a esconderse tras los arbustos. Apenas unos segundos después, escucharon los cascos de caballos pasando justo a su lado. Instintivamente, se agazapó algo más junto a Hans. Este, se irguió levemente por encima de ella y, retirando con extremo cuidado una pequeña rama con hojas observó el claro que habían abandonado poco antes y que ahora estaba ocupado por cuatro jinetes sobre sus corceles.
Desde su posición, tumbada en el suelo, Elsa era incapaz de ver nada de lo que estaba ocurriendo al otro lado de los arbustos, mas observando el rostro de su no tan deseado acompañante podía hacerse una idea. La seguridad que el pelirrojo transmitía con su rostro serio y atento, pendiente en todo momento de lo que estaba ocurriendo sólo se vio una vez comprometida cuando frunció levemente el ceño unos segundos. Elsa no pudo evitar preguntarse cuántas veces él habría tenido que esconderse de una manera similar en el último año como para poder mantener la compostura tan fácilmente. Definitivamente estaba acostumbrado a este tipo de situaciones.
Sólo cuando pasó por completo el peligro, Hans se permitió volver a respirar. Con precaución, se levantó nuevamente. Antes de que pudiera decir nada al respecto, Elsa se le adelantó.
―De acuerdo, si llego a Arendelle sana y salva, te concederé lo que me has pedido ―dijo ella, para sorpresa del ex príncipe.
Este, tardó algo en reaccionar y asimilar lo dicho. Finalmente, se permitió una pequeña sonrisa.
―Entonces en marcha ―exclamó con ánimos renovados.
―¿Y… cómo planeas que lleguemos a Steinhauk? ―preguntó ella poniéndose de pie y sacudiéndose el polvo de su ropa helada.
―De la única forma que disponemos en este momento, andando.
Elsa reprimió sus ganas de rodar los ojos ante lo que acababa de decir. Hans sólo sonrió incluso más mientras echaba a andar en la dirección correcta a través del bosque. Justo cuando Elsa comenzaba a seguirle, este se dio la vuelta para encararla, sonrisa imborrable incluida.
―Por cierto ―comenzó―, bienvenida a la vida como fugitiva.
Continuará...
Lo sé, no he podido evitarlo XDD me hizo mucha gracia cuando vi la película que unos guantecitos de tela frenaran los poderes de Elsa y unas pedazo esposas de metal no pudieran, tenía que mencionarlo sí o sí jaja.
Por otro lado, ya empiezan las referencias al cuento original de "La Reina de las Nieves" supongo que todo el mundo ya se habría dado cuenta por el título que iba a haber un espejo xD (aunque en cierto modo también quería hacer referencia a Hans ya que dicen de él que es el espejo en la película, vamos, que era un plan redondo xD). En el cuento, una de las primeras paradas de Gerda cuando empieza su viaje en busca de Kai es casi ahogarse en un río... ...¡hecho!
Dentro de poco también empiezan las referencias a enredados (tangled), a fin de cuentas van hacia Corona jeje Y disculpad mi falta de originalidad, no quería meter más nombres innecesarios así que nombré a la capital de Wesselton, Wesseltonburg :P
Ayy! Muchas gracias a todos por vuestros reviews! Y esta semana especialmente que con lo del ordenador he estado un poco estresada y me han animado mucho a seguir! Agradeceros a todos, A frozen Fan, Rosy, Spirit Ella, Amelia, Tapitey, HoeLittleDuck, Aurora Auror, Vero y Clo9.
Como siempre, si tenéis cualquier duda, crítica constructiva, sugerencia o lo que sea jeje, me podéis dejar un review, trataré de contestaros lo mejor que pueda y además me motivan un montón para seguir escribiendo y tratando de mejorar ^^
¡Me marcho, hasta la próxima!
¡Un saludo!
Almar-chan
