21. El gran sacrificio de amor
Los habitantes del pueblo de Hogsmeade empezaron a salir de sus casas, en la noche. Algunos llevaban El Profeta Vespertino en la mano. Algunos iban corriendo, desesperados, y otros temerosos. Algunos incluso llorando. Otros no se habían atrevido a abandonar sus hogares.
Pero si algo compartían todos los habitantes del pueblo, era que sabían que esa noche algo pasaría.
Algo grande.
Mientras se dirigían hacia la calle principal, que estaba adornada con luces brillantes y festivas, algunas de colores, pensadas para vivir una noche de buen clima, no tan fría, como aquella; los residentes e incluso algunos magos que se aparecían allí luego de leer la noticia intercambiaban miradas de temor.
Luego de lo del partido de Quidditch, la población mágica temía al sujeto llamado El Cazador de Brujas y lo abrumador de que un nuevo mago oscuro surgiera tan pronto los frustraba y enfurecía, además de darles temor. Hacía tan poco tiempo que habían recuperado la normalidad de sus vidas, y ya pasaba esto. Algunos en la calle especulaban sobre quién sería y qué quería.
-Estoy segura de que es Voldemort. ¡Ha vuelto! -decía una bruja de unos sesenta años a su amiga, una mujer regordeta de su misma edad, mientras ambas avanzaban tomadas de la mano.
-No, no, no puede ser él. Muchos vieron cómo moría. Debe ser un seguidor suyo, eso debe ser.
-¿Y por qué le pide esa capa al muchacho Potter?
-¡Oh, pobre Potter! Ha pasado por tanto y no dejan de ponerlo en el ojo de la tormenta.
En la vereda de enfrente, avanzando, un mago canoso y su mujer mantenían una conversación agitada mientras iban a pasos largos en dirección a la calle central, siguiendo al tumulto de gente.
-Son las Reliquias de la Muerte, querida, averigüé todo sobre ellas luego de lo del año pasado.
-¿Cómo lo sabes?
-Potter y el Innombrable se disputaron la Varita de Saúco. Pero, según la leyenda, hay otras dos reliquias. Una es una capa para hacerse invisible única, como ninguna otra. Pero ahora este mago oscuro le pide a Potter que lleve al encuentro su "capa para hacerse invisible", y sabemos que ya tiene la Varita de Saúco porque esa información se ha filtrado...
-¿Y qué conseguirá si consigue todas esas Reliquias? -preguntó su mujer, asustada.
-Se convertirá en el Amo de la Muerte. Un ser indestructible. Supremo. Una especie de Dios.
-¡Oh, no! ¡Eso es terrible! ¡Con todos los que ha matado ya sin ser eso!
En la calle principal, el grupo de magos se reunió atiborrando toda la calle, expectantes. Los magos y brujas se aparecían allí desde otros lugares. Parecía una especie de espectáculo. También había aparecido mucha gente del Ministerio de la Magia, inclusive el Primer Ministro.
-Abran paso -decía Shacklebolt, rodeado de un grupo de aurores, entre los que estaba el señor Millan y Dawlish.
-¡Señor Ministro! -gritó alguien entre la multitud-. ¡Ha venido! ¿Significa que es real? ¿Potter va a suicidarse?
-Solo hemos venido por prevención y porque ha habido todo un revuelo y muchos magos juntos en reunión -dijo él, tratando de ser discreto-. Y es deber del Ministerio estar presente, solo por eso -se acercó a Millan y le susurró al oído, sin que la gente escuchara-: Millan, tú ve a la próxima cuadra con tu equipo, yo me quedaré aquí con el mío. Si el Cazador aparece, disparan a matar. Tengan muchísimo cuidado de los civiles, hay demasiada gente. Pero nuestra prioridad es matarlo. Si podemos aprovechar estos momentos previos, deberíamos considerar evacuar a todas estas personas...
Pero no pudo decir nada más, porque todos empezaron a gritar y señalar con el dedo. Kingsley le hizo señas a Millan y corrieron hacia el lugar hacia donde apuntaban los dedos.
Todo el mundo gritaba de horror, se tapaban los ojos y señalaban hacia adelante. Kingsley vio que lo que miraban era a Harry Potter: El muchacho iba caminando por la calle, con la mirada desafiante y rebelde, yendo a la batalla con la frente en alto. Caminaba hacia adelante y pasaba entre medio de las personas, ignorando por completo todo lo que ellos decían. Le gritaban que se fuera de allí, que no lo hiciera, que no le concediera el deseo al Cazador de Brujas. Le decían que no lo dejarían hacerlo, y algunos se le querían lanzar encima para impedírselo.
Pero Harry avanzó entre todos ellos, caminó hasta quedar en el centro exacto de la calle, y Kingsley quiso ir hasta allí para detenerlo, pero había tantas personas que no podía moverse.
Entonces, una voz grave y estridente resonó en medio de la noche.
-Hola a todos -dijo.
Todo el mundo gritó con terror y se apartaron un poco. En lo alto, flotando en el cielo, una figura negra envuelta en una capa de ese color y contrastando contra la enorme luna llena estaba erguida, era El Cazador de Brujas. Al igual que en el partido de Quidditch, su cara estaba oculta por su máscara de animal con hocico, su cabeza tapada por una capucha, y su cuerpo levitaba en el aire a varios metros de altura.
Fue instantáneo: varios magos apuntaron sus varitas hacia él y empezaron a disparar rayos de todos colores. Pero él simplemente tuvo que agitar su varita una vez, y todos los haces de luz desaparecieron al instante. No le hicieron ni un rasguño. Se vio que el mago tenía en la mano con la que empuñaba la varita una especie de muñequera que emitía una luz azul. ¿Sería un dispositivo de George? ¿Esa defensa formidable había sido solo por la Varita de Saúco o también por ese dispositivo?
Rio, como había hecho en el partido. Con una risa macabra y horrible.
-Ha llegado el momento de decirles cuál es mi propósito -dijo, flotando en lo alto-. Ha llegado el momento de que sepan qué es lo que deseo...
Los magos y brujas lo miraban con una mezcla de terror y rabia a la vez.
Harry estaba de pie bajo él. Tenía su capa en la mano, y miraba hacia arriba con la misma expresión de enfado, desafío y determinación.
-A partir de este momento... -el Cazador de Brujas hizo una pausa, sin que su máscara se moviera del lugar y que en ningún momento pudiera percibirse su identidad por medio de su voz, que entonaba de forma grave, como a propósito-. La Cacería de Brujas ha comenzado.
Todos intercambiaron miradas, confundidos.
-Lo que me gusta de una Cacería de Brujas -empezó él-, es lo que significa. No para nosotros… para los muggles.
Harry, bajo él, entrecerró los ojos. Muchos magos tenían expresiones de confusión.
-Para nosotros solo eran persecuciones donde las brujas fingían morir quemadas para satisfacer a los muggles, mientras en verdad dormían una siesta en el fuego con un encantamiento anti quemaduras. Luego despertaban, salían de su entierro y volvían a casa. Los muggles pensaban que las habían matado. ¿Para qué todo esto? Para mantener el secreto de los magos. Qué estupidez.
Lanzó una carcajada terrible que resonó en la noche.
-Pero no me mal entiendan -continuó-. Yo no soy Grindelwald. Ni Voldemort. No tengo un propósito. No quiero hacer algo enorme y con sentido, como eliminar el secreto de los magos. ¡Mi propósito es que no tengo propósito! -rio muy fuerte bajo su máscara, desequilibrado. -¡Eso me gusta de las Cacerías de Brujas! ¡Qué estúpidas son para los muggles! Matar a una mujer en público, quemarla, pensando que es una bruja. Y luego verla creyéndola muerta y celebrar. Celebrar que mataron a una bruja. Un sin sentido. De ser bruja, ¿por qué los dejaría matarla?
La gente escuchaba, pero intercambiaban miradas. El discurso de El Cazador de Brujas no parecía tener el menor sentido. Era más bien como los desvaríos de una mente enferma.
-Así es -dijo él, como leyéndoles el pensamiento, y de pronto empezó a aplaudir. Aplaudir y reír, bajo su máscara. Daba miedo por lo psicópata de su accionar. -¡ASÍ ES! -bramó-. ¡ESO ES LO BELLO DE LA CACERÍA DE BRUJAS! ¡QUE NO TIENE SENTIDO! ¡MUERTE SIN SENTIDO! ¡HORROR SIN SENTIDO! ¡Y ESO LES TRAIGO YO!
En ese momento, le lanzó un hechizo a Harry, que se retorció de dolor en su lugar, para el horror de muchos, que gritaban alrededor de ellos.
-Matar y morir, es divertido -lanzó otra carcajada maligna-. Veo que has traído mi capa, Potter. Y yo he traído a tu novia.
En ese momento, el Cazador de Brujas hizo un movimiento con la varita, y algo salió volando bajo ellos y se perdió en el aire: al parecer, Hermione había estado allí abajo todo el tiempo, amordazada y atada a una silla, pero tapada por una capa para hacerse invisible.
-Claro que la capa que yo le puse no es la original, no es igual de buena -dijo El Cazador de Brujas, y convocó la capa de Harry, quitándola de su mano-. Sí, esta es mucho mejor. Con esta, ahora todos temblarán ante mi locura. ¡SERÁ TAN DIVERTIDO!
Volvió a reír con crueldad. Algunos magos quisieron atacarlo nuevamente, pero desvió sus hechizos con facilidad.
-Es hora de que cumplas tu promesa, Harry Potter. Traje a tu novia, y la liberaré en cuanto cumplas. Muéstrales la muerte de hoy. ¡Suicídate! ¡Ahora! O desangraré a Granger hasta los huesos en este momento.
Hubo un instante de silencio. Un instante donde nadie habló.
Entonces, la brillante luna llena salió por detrás de una nube e iluminó el rostro cubierto del mago que flotaba ante ellos. Y pudieron ver su máscara con detalle. No era un perro. El animal representado por la máscara era un lobo. Un lobo oscuro flotando contra la luna llena.
Harry avanzó hacia adelante, con la mirada baja. Se acercó hasta quedar justo bajo él, y cerca de Hermione, que se retorcía en su silla y lo miraba suplicándole con los ojos que no lo hiciera.
-Lo siento -dijo Harry, mirando a Hermione y luego a la gente a su alrededor, que lo miraban sollozando y pidiéndole que no hiciera aquello.
Harry miró a El Cazador de Brujas, luego a su propia varita, que sostenía en la mano, y luego a Hermione, que gritaba enmudecida por la mordaza en su boca y derramaba lágrimas.
-Esto no es por él -dijo Harry, en referencia a El Cazador de Brujas. Cerró los ojos y permaneció así, como tomando valor. -Esto es por ti.
-¡No! -empezaron a gritar las personas debajo. Hermione estaba como loca, llorando y queriendo gritar.
Harry abrió la boca, y todos contuvieron las palabras mientras el muchacho con la cicatriz en forma de rayo aún en su frente se lanzaba dos hechizos a sí mismo: uno que hizo aparecer unas cuerdas que se enredaron alrededor de su cuello, y otro que hizo que un chorro de sangre saltara de su cuerpo, arrancado de su mismo corazón.
El grito de "¡NOOOO!" de Hermione jamás pudo abandonar sus labios.
-¡Noooo! -gritaron varias personas allí presentes, con horror.
Harry agitó su varita con las fuerzas que le quedaban, y otra herida mortal se generó en su cuerpo.
Horrorizados, los magos y brujas vieron sin poder hacer nada cómo Harry se acuchillaba a sí mismo ante ellos, colgando ahora de la soga, hasta que la sangre brotó por todo su cuerpo y cayó sobre el suelo abundantemente.
Con terror, magos y brujas se fueron de allí desapareciendo, otros no dejaban de gritar y chillar.
El cuerpo de Harry quedó suspendido ante todos ellos, pero ya sin vida.
Había muerto.
El Cazador de Brujas rio fuerte y con ganas, con su capa para hacerse invisible que le había quitado a Harry en la mano.
-¡Muerte! -dijo entonces, mientras la gente no podía creer lo que veían: el cuerpo de Harry desangrado y colgado en el aire ante ellos, y el mago ahora apuntaba su varita hacia Hermione-. La muerte recién empieza…
-¡Cobarde! -gritó alguien. Un mago calvo y gordo se apartó de los demás y le agitó el puño a El Cazador de Brujas. -¡El murió para que no mates a la chica! ¡No puedes hacerlo!
Eso hizo reír aun más a El Cazador de Brujas, que desquiciado y completamente trastornado expresó su sed de sangre en risotadas enfermas, y apuntó la Varita de Saúco hacia el pecho de Hermione.
-¡NO! -gritó una voz, una voz nueva, y todos los que seguían allí giraron las cabezas. Alguien acababa de aparecer tras ellos y corría a toda velocidad hacia el mago oscuro. -¡No vas a tocarla!
Un murmullo recorrió a toda la multitud. El mago que acababa de aparecer allí era... Harry Potter.
-¿Cómo es posible? -decían algunos.
-¿Qué hace allí? ¡Acabo de verlo morir! -decían otros.
El Cazador de Brujas no dijo nada. Se quedó allí suspendido, observando como Harry corría hacia allí.
-¡¿Qué has hecho?! -rugió Harry, desesperado-. ¡¿QUÉ HAS HECHO?!
Parecía que nadie allí entendía nada. Harry llegó hasta donde estaba Hermione, sacó su varita y la desató. Esta saltó de su silla, corrió hacia él y lo abrazó.
El Cazador de Brujas seguía sin decir nada, al parecer igual de sorprendido que los demás de que Harry estuviera con vida allí abajo. Sin embargo, en el aire, había un cuerpo que colgaba sin vida y tenía el rostro de Harry también...
Hasta que, de pronto, ese rostro empezó a mutar. Ya no se parecía a Harry. Estaba cambiando lentamente, aunque estuviera muerto, y su cabello negro azabache pronto empezó a tornarse pelirrojo...
-Era poción multijugos -dijo Hermione, con los ojos muy abiertos, comprendiendo-. Harry. Harry, ¿quién?
-Le dije que no lo hiciera -decía Harry, llorando y mirando hacia arriba, hacia el cuerpo que se iba transformando-. Le rogué que no lo hiciera... Pero me lanzó un petrificus totalus. No podía moverme.
Hermione miró hacia arriba, tapándose la boca por el horror del descubrimiento, y poco a poco todos los allí presentes vieron como el cuerpo sin vida que colgaba sobre ellos dejaba de ser Harry Potter y se terminó de transformar hasta convertirse, finalmente, en Ginny Weasley.
-¡Nooooo! ¡Ginny! -bramó Hermione. Se tapó la cara para no ver el cuerpo que colgaba sin vida.
Para sorpresa de todos, el Cazador de Brujas no estaba indignado por el engaño. Rio mas y mas, con deleite.
-Pagarás por eso -dijo Harry, con los dientes muy apretados-. Pagarás con tu vida por lo que has hecho.
El Cazador de Brujas rio aún más, y volvió a aplaudir con entusiasmo.
Harry empezó a lanzarle maleficio tras maleficio sin control, lleno de furia, pero no logró hacerle nada.
-Dame la verdadera capa, Potter -dijo-. O la mataré.
-No voy a darte nada -dijo Harry, con furia-. Voy a matarte.
El Cazador de Brujas apuntó su varita hacia Hermione, y Harry se lanzó sobre ella extendiendo los brazos para recibir el hechizo en su lugar.
Al mismo tiempo, el mago gordo que se había enfrentado a él antes también saltó sobre Harry, para protegerlo a él. De a uno, todos los magos y brujas aún presentes se lanzaron en defensa de Harry y Hermione.
-Van a morir -dijo él, desde lo alto-. Todos morirán. Será como ir a un parque de diversiones… ¡MUERAN!
-¡NO! -gritó una nueva voz. Todos giraron sus cabezas, y quedaron atónitos al ver a un nuevo mago aparecer ante ellos y apuntar su varita hacia el Cazador de Brujas con cólera-. ¡TÚ VAS A MORIR!
Ron Weasley dio un salto sobre su escoba, salió volando por los aires con un grito de guerra que desgarró la noche, y fue directo hacia el Cazador de Brujas lanzando miles de maleficios a la vez en su cara. Ron traía algo consigo: Llevaba una especie de dispositivo mecánico unido al brazo, y los hechizos que le lanzó El Cazador de Brujas no le hicieron nada.
Cuando Ron estaba a punto de alcanzarlo, con la varita apuntándolo de lleno y el dispositivo en su brazo emitiendo una luz brillante, el mago oscuro giró en su lugar y se desapareció, yéndose de allí.
Todos los magos y brujas empezaron a moverse en direcciones diferentes: algunos se desaparecieron, otros empezaron a ayudar en lo que podían, asistiendo a algunos que habían entrado en pánico o se habían desmayado por las escenas que habían tenido lugar. Algunos magos bajaron con cuidado el cuerpo de Ginny, le quitaron la soga que rodeaba el cuello de la chica y lo dejaron en el suelo con cuidado.
Harry y Hermione avanzaron hacia allí, impactados por lo ocurrido y sin dejar de llorar. Ron llegó a su lado, dejó la escoba, corrió hacia el cuerpo de su hermana y empezó a gritar con horror mientras se arrodillaba a su lado y la abrazaba.
Harry tuvo que agarrarse del hombro de Hermione para no caer al suelo desmayado. Ambos llegaron junto a Ginny y se dejaron caer al suelo también, junto a Ron. Harry negaba con la cabeza y no dejaba de derramar lágrimas.
Ginny había muerto para salvarlo. Sabía que Harry iba a hacerlo, que iba a suicidarse por Hermione, y había decidido hacerlo ella por Harry.
-Hay que irse de aquí -dijo Kingsley, acercándose a ellos a toda velocidad-. Puede volver en cualquier momento. Tenemos que irnos.
Harry no se movió, ni tampoco Ron y Hermione. Vieron que Kingsley le indicaba algo a unos médicos, y estos hacían un conjuro enorme en torno a todos los allí presentes. Una luz anaranjada que salía de sus varitas se cernió en torno al grupo entero de magos y brujas, y Harry, Ron, Hermione y el cuerpo de Ginny. Todos juntos, sin moverse de donde estaban, empezaron a desaparecer de forma suave y casi imperceptible, sumergiéndose en luz blanca, como en un sueño.
