¡Hola! ¡Vuelvo con un nuevo capítulo!
Como siempre, os dejo leyendo y ya hablaremos más en la nota tras el capítulo ^^
Disclaimer: Frozen sigue sin pertenecerme :(
CAPÍTULO 6
La tenue luz de los candelabros se reflejaba en los pedazos rotos de lo que en su día fue un imponente y malévolo espejo.
La figura solitaria de un hombre, de un soberano, se alzaba en mitad de la sala, observando estos fragmentos con satisfacción. Ahora que el último pedazo estaba en su poder, por fin podría culminar su gran obra. Aquella que su familia llevaba generaciones tratando de completar.
Cerró con cuidado el cofre donde se guardaba lo que quedaba del Espejo. Muy pronto, acontecimientos importantes iban a tener lugar y él ya estaba preparado y mentalizado para todo. Habían sido muchos años de búsqueda incierta pero por fin, todas las piezas encajaban en su sitio.
Durante mucho tiempo pensó que el plan de su familia iba a ser imposible de llevar a cabo, mas todo lo ocurrido en Arendelle un año atrás le había hecho recobrar todas sus esperanzas y fuerzas. Jamás pensó, cuando el Duque regresó de aquel país relatando historias sobre ultrajes y hechicerías, que por fin daría con la pieza principal, la Reina de las Nieves, o mejor dicho, su reencarnación.
La Reina, Elsa de Arendelle. Pese a su juventud, había demostrado ser una joven muy madura e inteligente, pero le faltaba experiencia y el carácter que sólo se obtenían con años de reinado. Tras el fiasco con el Duque, volver a recuperar las relaciones diplomáticas había resultado más duro de lo esperado, pero el Rey Egbert, y Wesselton en general, tenían una situación y unos recursos muy ventajosos como para que Arendelle siguiera negándose.
Al final, la Reina tuvo que acceder a entrar en negociaciones. Para ese entonces, Egbert ya había conseguido el último pedazo que le faltaba y sólo tenía que hacer salir a la soberana de su país, donde estaría más protegida, y mantenerla cautiva hasta poder realizar el viaje, el cual estaba casi listo.
Realmente, ya no podían esperar mucho más. Se había encargado de que el secuestro de la Reina se hiciera lo más discretamente posible y su ejército había borrado cualquier posible pista. A ojos del mundo, Elsa había seguido viajando hacia Wesselton y nadie sabía nada de ella. Mas todo retraso tiene un límite. Y para cuando le exigieran explicaciones, ya planeaba haber cumplido su objetivo y tener todo el poder del espejo para él.
Las puertas de la sala se abrieron y entró una figura a toda prisa. El rey finalmente se volteó para observar con sus pequeños ojos azules a su inesperada visita.
Dorian tragó saliva, algo inseguro, mientras se acercaba al soberano. Su porte alto y erguido siempre había sido muy intimidante, incluso a él, quien llevaba ya algunos años como su mano derecha y fiel seguidor. Su rostro era enjuto y serio, con algunas marcas de expresión visibles en sus ojos. Llevaba el cabello rubio, y ya algo canoso, peinado hacia atrás, y así se mantenía firmemente gracias a la corona que le acreditaba como rey.
―Mi señor ―comenzó tratando de mantener su voz serena y firme―, ha ocurrido un contratiempo importante.
El rey Egbert se limitó a observarle, su mirada se oscureció tétricamente. Odiaba los contratiempos, odiaba que las cosas salieran mal.
―Habla ―le instó.
―La Reina se ha escapado.
Se hizo el silencio en la sala. Uno pesado y cargado. Dorian se mantenía erguido ante su rey, sin permitir ni una mueca que delatara el miedo ante la reacción del soberano.
―¿Cómo ha ocurrido? ―preguntó este con seriedad sobresaltando a su subordinado ante la tranquilidad que demostraba― La celda y los grilletes de la reina estaban especialmente diseñados para evitarlo.
―Ha sido Hans Westergard. Él escapó y se ha llevado a la reina con él ―le explicó―. He enviado a los hombres a buscarlos por toda la ciudad y alrededores pero por el momento no ha habido ninguna novedad.
El Rey Egbert apretó la mandíbula con fuerza, así como sus puños, tratando de aplacar su ira. Sin la reina, no podría llevar a cabo el último movimiento de su plan. Debían actuar con rapidez antes de que nadie descubriera sus intenciones. No se podía permitir dar rienda suelta a su frustración. Tenía que pensar con rapidez y actuar con mayor celeridad si cabe.
Para una persona acostumbrada a tenerlo todo dominado, perder el control no era una posibilidad.
―Moviliza a todo el ejército si es necesario. Busca especialmente en zonas portuarias y en caminos a la capital de Corona. No quiero ni una zona sin vigilancia.
―Sí, señor ―exclamó Dorian―. ¿Requiere algo más?
―Por el momento no, debo hacer llegar un par de cartas lo más pronto posible.
Dorian le observó, asombrado. Una noticia tan devastadora habría sacado de sus casillas a cualquiera. Al parecer a cualquiera menos a su rey. Siempre le había sorprendido la frialdad con la que trataba todos los temas, incluso aquellos que realmente le importaban. Y por eso, no podía dejar de admirarle.
―¡Anna! ¡Anna! ―exclamaba un simpático muñeco de nieve mientras corría alegremente por el palacio de Arendelle.
La susodicha princesa a quien estaba buscando no le prestó atención, demasiado absorta en sus pensamientos como para escuchar que alguien le estaba llamando.
Llevaba ya casi tres semanas sin saber de su hermana y eso la estaba matando de preocupación. Había partido al reino de Wesselton y su última noche no había sido precisamente muy amigable. La menor de las hermanas se había molestado porque la reina se iba a perder precisamente una fecha importante. El primer aniversario de su coronación.
Ahora se daba cuenta de lo estúpido de la discusión pero no podía evitar preguntarse si Elsa no le había escrito porque seguía molesta, o porque algo le había ocurrido. Se suponía que ella era la hermana sensata, por muy enfadada que estuviera le resultaba imposible pensar que no fuera a escribir a casa para informar de que había llegado sana y salva a su destino. Wesselton nada menos.
Por su mente no paraban de pasar imágenes horribles sobre grandes tormentas en altamar tragándose un barco de Arendelle. Sólo de pensar que Elsa estuviera en apuros le provocaba un terrible nudo en el estómago.
Ni siquiera la bandeja de chocolates que acababa de comerse entera, aun cuando se había prometido a sí misma que sólo tomaría dos, le había podido animar. El pobre Kristoff ya no sabía qué hacer para alegrarla. Al menos había conseguido hacer que fuera a dar una vuelta con Sven y él mismo pudiera despejarse. No quería contagiar sus nervios y preocupaciones a su pareja.
―¡Anna! ¡Te estaba buscando! ―exclamó Olaf irrumpiendo en el pequeño salón.
―¿Qué ocurre? ―preguntó esta sobresaltada.
―¡Una carta! ¡Viene de Wesselton! Acaba de llegar ―le informó con su habitual aire optimista―. Puede que sea de Elsa.
―¡Por fin! ―exclamó Anna a su vez. Viendo que el muñeco de nieve le tendía el sobre, lo tomó sin dilación.
A medida que leía la carta, el rostro ansioso y optimista de la joven se fue transformando en una mueca compungida y de dolor. Se llevó una mano al pecho y, aturdida, se sentó en el sofá tratando de controlar su respiración. Sus lágrimas y sollozos no se hicieron esperar.
―Anna, ¿qué ocurre? ―preguntó Olaf con preocupación, mientras posaba una de sus manitas de ramas en la rodilla de la joven.
―Oh, Olaf…
Dicho esto, la princesa se arrodilló en el suelo y se aferró al muñeco con fuerza, dando rienda suelta a sus lágrimas. El pobre Olaf no sabía muy bien cómo reaccionar, por tanto, se limitó a tratar de reconfortarla a duras penas.
Tras unos minutos, Anna por fin pudo recuperar algo la compostura.
―Tenemos que hacer algo, esto es horrible ―dijo por fin.
―¿Qué ha pasado? ¿Está Elsa bien?
La joven negó con la cabeza, pero pudo contener el llanto.
―Es Hans ―consiguió decir. Olaf mostró una cara de sorpresa―. La carta decía, que ha secuestrado a Elsa.
―A la atención de Sus Majestades de las Islas del Sur ―recitaba el rey Harald mientras leía―. Lamentamos tener que informarles, y a su vez pedir su colaboración expresa, de los acontecimientos ocurridos recientemente. Durante una visita de la Reina Elsa de Arendelle a nuestro país, Wesselton, Su Majestad de Arendelle ha sido repentinamente tomada cautiva por Hans Westergard. Dada la relación que antes unía al susodicho secuestrador con su país, y su fama tras el escape de su prisión, creemos conveniente avisar a Sus Majestades de lo ocurrido y solicitar colaboración en la captura del criminal así como del rescate de la Reina Elsa. Atentamente, Rey Egbert de Wesselton.
―Imposible ―exclamó tras unos segundos Hunter, el noveno príncipe, sin dar crédito―. Hans siempre fue un poco rarito pero esto parece excesivo.
―Después de lo ocurrido hace un año creo que estamos de acuerdo en que es capaz de hacer cosas que a cualquiera nos parecerían excesivas ―intercedió Henrik, el primogénito.
―¿Madre, se encuentra bien?
Todos los allí presentes se voltearon hacia el trono en el que se sentaba la reina tratando de respirar a duras penas. El primero en acercarse fue su marido, quien la tomó de la mano y trató de abanicarla.
―Madre, no se ponga así por él, no vale la pena ―dijo Harris con desgana y recibiendo una mirada glacial de sus progenitores.
―Mi hijo… no me puedo creer que haya hecho algo así… de nuevo… ―suspiró la reina con apenas un hilo de voz.
―Hilde, él no…
―¡Aunque ya no sea príncipe, ni pertenezca a esta familia, él ES mi hijo! ¡Nuestro hijo! ―exclamó airada sobresaltando a todos sabiendo cómo pretendía terminar esa frase su marido―. Debemos hacer algo, es nuestra responsabilidad, no puedes dejar que le pase nada… ―dijo volviéndose hacia el rey, con tono suplicante― Si cualquier otro reino da con él antes no dudarán en…
El soberano suspiró. Quizá tuviera fama de frío y estoico, pero si su esposa, con la que había compartido tantos años de su vida, le imploraba algo, tenía poco que hacer.
―En eso madre sí tiene razón ―opinó Henrik―. Es nuestra responsabilidad.
Con una leve señal de asentimiento, todos los allí presentes mostraron que estaban de acuerdo.
―Las Islas del Sur no pueden quedarse de brazos cruzados ―comenzó a decir el rey Harald recuperando su firmeza habitual―. Quiero a toda la familia alerta y en marcha. Viajad a Arendelle, mostrad vuestra total disposición y apoyo, y el resto que busque hasta en los confines de la tierra. Poneos en contacto con el resto de vuestros hermanos para que actúen en consecuencia.
―Sí, padre ―contestaron todos los hijos allí presentes casi al unísono.
Acto seguido, todo el palacio se estaba movilizando dispuesto a seguir las órdenes de su rey. Las Islas del Sur se jugaban su reputación.
Mientras tanto, a cientos de kilómetros de allí, dos figuras se arrastraban a duras penas por el bosque.
Llevaban varios días caminando con poca comida y agua, y por si fuera poco huyendo de posibles viajeros con los que cruzarse y manteniéndose totalmente alejados de las ciudades, lo cual hacía el viaje más largo y más arduo.
Por enésima vez desde que pasaban cerca de un camino tenían que agazaparse entre la maleza y esconderse. Y nuevamente eran soldados de Wesselton. Debían reconocer que eran persistentes.
Hans observó a la reina. Esta estaba concentrada ante cualquier posible cambio en el paso de los caballos de Wesselton. Se la veía cansada, tenía el pelo enmarañado y lleno de ramitas y hojas y la cara llena de polvo y tierra. Sin embargo, debía admirar su fuerza de voluntad. Ni un sólo segundo se había quejado de lo duro del camino, o de la poca comida o de lo incómodo que era el suelo a la hora de dormir. Quería llegar a casa y estaba dispuesta a lograrlo cuanto antes y a como diera lugar.
Sin embargo, Hans no podía evitar preguntarse en qué momento se derrumbaría. Quizá la falta de contratiempos estaba ayudando en ello. No es que lo estuviera deseando, una reina entera y fuerte causaría menos problemas, pero sabía que la presión podía ser abrumadora. Sentirse solo y perdido en el mundo era una sensación horrible, lo sabía por experiencia, y a Elsa había que añadirle el hecho de que la perseguían para utilizarla con fines bastante oscuros además de ir acompañada de una persona non grata para ella.
De pronto la joven volteó la cabeza para encontrarse al ex príncipe observándola con detenimiento. Frunció el ceño, molesta. En cuanto Hans se percató de que había sido descubierto trató de apartar la mirada, algo avergonzado. Sin embargo, su orgullo le impidió mostrar tal debilidad, por lo que le lanzó una mirada retadora y su sonrisa torcida, la cual sabía, que haría enfadar incluso más a la reina.
―Bueno, nadie dijo que fuera a ser un camino fácil ¿no?
Continuará...
Bueeeno, en este capítulo tocaba ampliar el mundo antes de centrarnos en Helsa jujuju. Acabáis de conocer al Rey Egbert de Wesselton, el principal instigador de todo lo ocurrido así como de sus planes. Poco a poco está ya todo más claro de los motivos y de cómo fue que Elsa acabó encerrada y creo que hacía falta aclararlo.
También quería que saliera Anna. Por motivos de la trama apenas iba a salir por el momento, así que decidí añadir algunas reacciones de otros personajes ante la situación que estaba ocurriendo que también merecen su parte en la historia xD
Además... ay! si es que adoooro hacer sufrir a Hans XD No se puede merecer a Elsa sin un poco de sufrimiento. Y no sé si os habréis dado cuenta con este capítulo pero... menudo problemón le acaban de colgar jeje con lo tranquilo que estaba él contrabandeando y eso jajaja. Era un punto muy importante que quería mostrar antes de que se metieran de lleno en el viaje.
Espero que os haya gustado el capi pese a la falta de Helsa, pero no os preocupeis que no es la norma xD A partir de ahora van a venir muuy buenos momentos, pues no les queda otra que estar juntos. Y también veremos cómo afecta la mentira del rey de Wesselton al porvenir de Hans.
Muchas gracias a adrilabelle, susan, A Frozen Fan, SulietGirl, F, Fic, Sams Brok, megumisakura, Bubblesthepimagi, Rosy, Maggie Westergard, Kiks Cullen y Vero por vuestros reviews! Me alegra que os esté gustando y me hace muy feliz. Siempre lo digo pero es que es verdad, me motiva muchísimo a seguir escribiendo y tratar de mejorar.
Como siempre, cualquier duda, sugerencia, crítica constructiva, preguntas en general y demás, me podéis dejar un review y decirme qué os parece. Os dejo que intentéis ponerme en aprietos XDD
Un saludo!
Almar-chan
