22. G

El haz de luz blanca desapareció, y el grupo de magos y brujas se encontró en el centro de una sala amplia y blanca.

-San Mungo -dijo el mago gordo-. ¿Qué hacemos aquí?

-Los trajimos aquí por prevención -dijo uno de los médicos-. Los que necesiten ayuda médica pasen por aquellas salas y serán atendidos. Los que no, por favor regresen a sus casas. No olviden siempre tener encantamientos protectores en sus viviendas.

Los magos y brujas empezaron a caminar hacia la salida para desaparecerse fuera del edificio. Muy pocos quedaron allí.

Harry y Hermione fueron hacia el cuerpo de Ginny, que estaba siendo cubierto con mantas por un médico, con la ayuda de Ron. El shock y las lágrimas no desaparecían del rostro de ninguno de ellos.

Luego de que lo retiraran, Ron volvió con ellos y los tres compartieron miradas de tristeza.

Hermione avanzó hacia adelante, se quebró en llantos y abrazó a Ron. Este le devolvió el abrazo, llorando también con los ojos cerrados. Harry se dejó caer en una butaca y se tapó la cara con ambas manos, enterrando su dolor en la oscuridad de las palmas de estas.

Un día de febrero, los tres se encontraban juntos en La Madriguera. La expresión de sus rostros no había variado mucho. La oscuridad en el mundo mágico seguía latente, pero no había habido más ataques. La casa parecía un velorio cada día, en cada momento. Dos hermanos Weasley habían muerto en menos de un año.

Molly y Arthur habían tenido que empezar terapia. No podían superar lo de Ginny. George estaba furioso, y pasaba mucho tiempo en su negocio, sin hablar con nadie. Percy y Charlie hacían lo posible para mantener la familia a flote. Charlie estaba prácticamente viviendo en La Madriguera, ya que en su trabajo le dieron largas licencias por lo ocurrido. Bill asistió al funeral de Ginny, luego regresó a su casa y no se comunicó demasiado con ellos después, también estaba muy afectado.

Harry, Ron y Hermione permanecieron juntos todo el tiempo.

Ese día, los tres estuvieron en La Madriguera desde la mañana, sentados en butacas opuestas y hablando ocasionalmente. El humor era negro y los ánimos estaban por el suelo.

-¿Tenemos algo nuevo? -preguntó Ron, de mal humor-. ¿Alguna información?

Harry, que estaba con la cabeza apoyada en ambas manos y la mirada perdida a lo lejos, de forma taciturna, frunció el ceño pensativo.

-No lo creo -dijo Hermione. Tenía los brazos rodeando sus piernas, y suspiraba angustiada.

La relación entre los tres nunca había sido tan extraña. Sobre todo, porque habían pasado muchos días desde lo ocurrido, y jamás habían hablado sobre el hecho de que ahora Harry fuera novio de Hermione o que hacía medio año que no se hablaban con Ron hasta lo ocurrido, tras lo cual habían pasado a estar juntos los tres todo el día.

Harry sabía que lo que les había pasado era una unión que no respondía a quién era novio de quién o qué había pasado entre ellos, una unión que había surgido por la emergencia de la situación, como un grito de ayuda silencioso convocando la unión que los había mantenido a salvo todos esos años: la unión entre los tres.

Según la señora Weasley, ella había estado con Ron en San Mungo el día que lo sucedido tuvo lugar. Al leer el artículo de El Profeta en voz alta, la señora Weasley juraba que Ron había abierto los ojos en ese preciso momento. Mientras ella llamaba a las enfermeras, Ron había huido de allí sin ser visto, con su varita, y habían estado buscándolo con desesperación hasta descubrir que había ido a Hogsmeade.

Ron les contó que había ido inmediatamente de George a buscar el dispositivo que sabía que este tenía oculto allí, y de ahí hacia Hogsmeade.

Porque Ron les reveló que George llevaba años fabricando productos de seguridad mágica, como les había revelado el día que Harry fue por primera vez a su tienda en el verano anterior a sexto año. Pero la producción había crecido al punto de que el Departamento de Misterios le compraba armas en secreto. Era absoluto secreto del Ministerio, pero Ron les dijo que todo empezó años atrás cuando Fred y él fabricaron una bomba fétida que por error lanzó, en vez de olor, un gas que los dejó a ambos durmiendo por horas y soñando que eran ositos de felpa que bailaban ritmos caribeños. Se les ocurrió la idea de que esa bomba era una excelente arma para reducir a un grupo de enemigos sin lastimarlos. Imaginaron la posibilidad de lanzarla a un grupo de mortífagos, en su momento, y que se durmieran.

A partir de entonces, habían diseñado toda una línea de productos de seguridad y de ataque, para ser destinados al bando del Ministerio, contra Voldemort. Este, sin embargo, no quiso pagarles hasta someter a los productos a una serie de controles burocráticos que demoraron tanto que llegó el momento en que el Ministerio cayó, y no quisieron venderles porque sabían que Voldemort controlaba al Ministerio. Luego la guerra terminó, y Fred murió.

Entonces, George logró terminar el pacto con el Ministerio. A pesar que ya no hubiera guerra, Kingsley quiso comprar muchos de sus productos, los mandó a analizar para corroborar su seguridad, los registró en el Departamento de Misterios y entabló una relación comercial con George. Este les proveía cada nueva invención.

Sin embargo, George se había guardado algunas de las mejores. Ron sabía que el "rompe-hechizos", uno de los favoritos de George, estaba en su casa, porque lo había visto viviendo con él. Entonces, al despertar del coma fue a buscarlo y lo usó contra El Cazador de Brujas.

El "rompe-hechizos" era un arma que se unía al brazo y al dispararse contra un mago lanzaba un rayo invisible que bloqueaba el efecto de cualquier hechizo que este le lanzara al portador del arma. Ron no tenía certezas de que fuera a funcionar contra la Varita de Saúco. Lo probó, y El Cazador de Brujas le había lanzado varios hechizos desconocidos que no le hicieron daño en absoluto.

-Ron… necesito hablar con George -dijo Harry, mientras reflexionaba sobre aquello.

-Ya te dije que no -le dijo él-. George me confió su secreto a mí, y confía en que no se lo cuente a nadie más, ni siquiera a ustedes. No es que no confíe en ustedes, es que es muy riesgoso para él. Siempre ha estado algo paranoico con el tema. Imagina que El Cazador de Brujas descubre lo que él sabe hacer…

-Ya lo sabe -dijo Harry entonces, y miró a Ron a los ojos levantando la cabeza e incorporándose un poco en la silla.

-¿Cómo lo sabes?

-Él tenía un dispositivo de George en la muñeca ese día -le reveló Harry-. No sé para qué era, pero Hermione lo vio.

-Sí, es cierto, lo vi -dijo ella, mirando a Ron-. Sospecho que lo usó para defenderse. Le lanzaron muchos ataques a la vez, y los pudo repeler a todos juntos. Sé que tiene la Varita de Saúco, pero esa cosa emitió una luz en ese momento.

-Sí, es posible -dijo Ron-. Creo que George diseñó una muñequera que servía para bloquear hechizos de forma masiva. Pero no tenía nombre aún. Porque nunca… nunca pudo terminarla.

Les lanzó una mirada, primero a Harry y luego a Hermione.

-Nunca supo cómo terminarla. ¿Quién lo hizo?

-Wood -dijo Harry-. Oliver Wood.

-¿Queeeee?

-Sí. Él le roba sus planes, los trabaja, quizás los termina, y sospecho que por intermedio de alguien los vende a El Cazador de Brujas.

Ron arqueó una ceja, mirando a Harry con sorpresa.

-Además, debo decir que Evangelina está involucrada. La he visto pasándole información a Wood…

Ron quedó pasmado unos instantes, luego se levantó de la silla y fue a buscar un pergamino.

-Bien. Ya le escribo para que venga. Es mejor que tú le cuentes todo esto.

Harry se quedó en silencio. Esperó a que Ron terminara de escribir la carta y la mandara. Luego el chico regresó junto a ellos.

-No me sorprende lo de Evangelina -soltó.

-¿No? -inquirió Hermione. Ron la miró muy serio y negando con la cabeza.

Hermione se puso a quitar pelusas de su blusa, nerviosa. Si bien estaban todo el día juntos, pasaban la mayor parte de los momentos en silencio o con expresiones taciturnas.

Esa nublada y triste tarde, George fue a verlos y le contaron todo lo que sabían. Sobre todo Harry, que a su pesar le confesó que había espiado a su novia. Era algo que había estado evitando hacer, porque no era algo que fuera cómodo de contar. Además, añadir algo negativo más a la vida de George no parecía lo mejor que hacer por él.

Sin embargo, Harry le confesó todo, y este escuchó con atención.

-Lo siento -dijo Harry, al finalizar.

-¿Qué sientes? -preguntó George.

Harry no entendió la pregunta.

-Siento haber tenido que contarte esto…

-No, ¿qué sientes? -repitió él, con una sonrisa-. ¿Caca? ¿Ganas de ir al baño? He hecho unas píldoras anti-diarreicas, si te interesa…

Los tres se lo quedaron mirando muy sorprendidos. ¿Estaba George haciendo una broma? ¿Luego de enterarse que su novia lo engañaba?

-Entendiste bien lo que dije, ¿verdad? -le preguntó Harry.

-Sí, claro -George se llevó su taza de té, que estaba tomando, a los labios y bebió un sorbo-. De acuerdo, les contaré la historia. Pero si lo hago, deben prometer no abrir nunca ninguna de sus tres bocazas, ¿entienden eso ustedes?

Harry, Ron y Hermione compartieron una mirada de intriga y desconcierto, y luego asintieron con la cabeza.

-Bien -George bebió otro sorbo y empezó, al tiempo que se oía un rayo y empezaba a llover afuera-. Esta es la historia:

"Resulta que, luego de terminada la guerra, y luego de lo de Fred… -hizo una casi imperceptible pausa, con la mirada viendo hacia la ventana y la lluvia del otro lado- se me acercó Kingsley a proponerme aprobar el acuerdo secreto que una vez había empezado con el gobierno de Scrimgeour para venderles armas para seguridad mágica. Me derivó a un contacto en el Departamento de Misterios y me hicieron firmar cientos de acuerdos de confidencialidad. No puedo decir quién es esta persona del Departamento de Misterios, así que lo llamaré "G". Bien, G me dijo que le envíe un producto de prueba, y así empezaron los negocios.

"Todo parecía bien encaminado. Yo vendía, ellos compraban. He fabricado muchísimos artefactos que combinan tecnología mágica, muggle y hasta de razas como duendes o incluso elfos domésticos… No digan a nadie que lea dije eso último, porque es el secreto detrás de muchas de mis invenciones.

-Oh, vaya -dijo Ron, algo sorprendido, aunque no entusiasmado ya que nada los entusiasmaba esos días-, ¿así hiciste el cañón de tele transportación? Porque los elfos pueden aparecerse en cualquier sitio, aunque esté protegido por encantamientos, igual que tu cañón.

-No puedo revelarte eso -dijo él, pero Harry internamente apostaba a que Ron tenía razón.

-Continuando -dijo George-, todo marchaba bien hasta que un día algo me olió extraño. "G" hacía pedidos que me llamaban la atención. Que no tenían mucho sentido, porque el Ministerio estaba en un momento de paz, ya sin guerra. Yo me esperaba pedidos de defensa civil, equipamiento de aurores y esas cosas, pero no era eso lo que pedía. Llegué a la conclusión de que G quería o bien robar algo, o bien atacar a alguien, o ambas. Y creo que estoy en lo cierto si les digo que hizo ambas.

Harry frunció el ceño y se sentó más derecho, atento a cada palabra.

-Cuando empecé a atar cabos, concluí en que G era o trabajaba para El Cazador de Brujas.

Harry abrió los ojos de par en par.

-Lo que me llamó la atención fue que ese crimen que Ron me contó que ustedes dos reportaron en el verano tuvo lugar con una técnica muy similar a uno de los encargos de G. El tipo me había pedido un dispositivo para…

-Eliminar su presencia -terminó Harry, que llevaba el ritmo de George y ató los cabos enseguida.

-Exacto.

-¿Para qué? -preguntó Hermione.

-Porque Ron y yo hicimos un encantamiento homenum revelio. Y decía que no había nadie allí. Luego de eso nos fuimos, porque el procedimiento auror indica que solo es seguro abandonar la escena luego de un homenum revelio. El procedimiento auror dice que ese hechizo es infalible y por lo tanto es la mejor medida de seguridad para saber que no hay nadie que se haya quedado oculto dentro de la casa.

-Pues mi artefacto logró burlar al homenum revelio -dijo George-. Puede esconder hasta diez magos sin que el hechizo los delate.

-Y por culpa de eso, el Cazador de Brujas se escondió y mató a ese mago luego -dijo Hermione.

-No fue mi culpa -dijo George-. Se suponía que era del Ministerio.

-¿Qué más te pidió? -preguntó Harry.

-Un traslador sin supervisión.

-¡George! -lo reprendió Hermione-. ¿No te diste cuenta que eso sería usado con fines oscuros? Era obvio.

-Lo sé, ahí fue cuando empecé a sospechar -dijo él-. Me dijo que era por un tema legal, pero me sonó a falso.

-¿Y así es como nos encontró en Malfoy's Resort? -preguntó Ron-. Realmente, pensaba que Malfoy había tenido algo que ver con eso.

-Yo también creí siempre que Lucius había estado involucrado -dijo Harry-. No conseguí permiso del Ministerio para interrogarlo ni nada, antes de que lo enviaran a Azkaban. Tuve que conformarme con lo que me decían, que era que "lo estaban investigando" pero que no se sabía nada aún de si había tenido o no alguna participación en el robo de mi varita.

-Creo que el Ministerio, a diferencia de como suele ser con robos de varitas, sí se habrá tomado en serio lo tuyo, Harry -dijo George-. Pero no iban a sacarle información a Lucius tan fácil. Se sabe que Voldemort inyectó a todos sus mortífagos el año pasado con un suero anti veritaserum que dura por el resto de sus vidas.

-Entonces, ¿crees que en verdad llegó a Harry usando tu traslador ilegal? -preguntó Hermione.

-Hermione, ya te dije que se suponía que él era del Ministerio. Sí, sospecho que eso habrá pasado. Claro que podría haber sido una coincidencia. ¿Por qué iba a pensar yo que tenía algo que ver con lo de Harry? Quizás G lo quería para ir a Japón, a Nueva Zelanda, a España… ¿qué se yo? Pero lo que definitivamente me hizo sospechar de él fue cuando me pidió el tercer artefacto.

-¿No era que solo pidió dos? -preguntó Ron.

-Jamás dije eso.

-¿Cuál era el tercer artefacto?

-Déjame adivinar –Harry entrecerró los ojos y miró a George, pensativo-. ¿Algo que le permitiera entrar a una casa que tiene encantamientos protectores?

George puso una expresión de tristeza y asintió levemente con la cabeza, cabizbajo.

-Qué terrible –dijo Hermione.

-Cuando descubrí a quién le estaba vendiendo mis productos, fui a buscar a Kingsley. Directamente. Él era el que se me había acercado en un comienzo para ofrecerme hacer negocios.

Harry asintió con la cabeza.

-Hablé con Kingsley y le expliqué que G estaba involucrado con El Cazador de Brujas. Le conté lo que había pasado, y algo muy extraño ocurrió...

Los tres lo miraron fijamente, expectantes.

-Kingsley me dijo que no sabía quién era G.

-¿Qué?

-¿No dijiste que él te lo presentó? -dijo Hermione.

-Eso creí. Les dije que Kingsley se me acercó. Vino con G, directamente. Pero no en el Ministerio. Me fueron a ver a mi tienda. Yo creí que eran ellos, pero...

-¿No lo eran? -preguntó Ron-. Jamás me contaste nada de esto.

-Te dije que es ultra secreto, Ron. No, no lo eran. Eran otros dos magos con poción multijugos, y jamás me di cuenta.

-Entonces, todo eso que te hicieron firmar, todo lo que te dijeron –dijo Hermione-. ¿Era todo mentira?

-Exacto.

-¿Y tú jamás habías ido al Ministerio a tratar con ellos estos acuerdos?

-Jamás. Pero caí en la trampa. Creí que eran el verdadero Kingsley con alguien más del Ministerio.

-¿Y qué pasó? -preguntó Harry.

-Cuando el verdadero Kingsley me dijo que no conocía a G, le conté todo lo ocurrido y él inició toda una investigación con el Departamento de Aurores.

Harry arrugó la frente, concentrado y combinando esa nueva información con la que él ya tenía.

-G se enteró, de alguna forma, no sé cómo. Y entonces desapareció. No volvió a contactarme ni a pedirme nada. Yo había salido un par de veces con Oliver en ese momento, nos habíamos juntado un par de veces en El Caldero Chorreante a charlar. Una de esas noches, cuando Oliver volvía a su casa G lo interceptó en la calle. Se ve que nos había espiado juntos. Le propuso a Oliver un trato para robarme las fórmulas de mis artefactos. No podían atacarme, porque lo que necesitaban era que yo siguiera vivo y fabricando esos productos. Pero sabían que yo no iba a colaborar con ellos, y trataron de robar mis fórmulas por medio suyo, creyendo que él les sería fiel a cambio de Galleons. Oliver, en cambio, vino a mí en secreto, en una reunión muy secreta por si nos seguían, y me contó todo. Arreglamos todo un plan entre los tres, con Evangelina también, en el que le haríamos creer a G, de formas totalmente convincentes, que ellos dos me robarían mis fórmulas y se las harían llegar a G. Incluso luego Oliver fingió ser capaz de crear mis productos con ellas y venderles el producto directamente a ellos.

"G cayó en la trampa. Se creyó que Evangelina me robaba las fórmulas y se las vendía a Oliver, y que este tenía la capacidad de fabricar algunos de los productos inclusive. En verdad, yo siempre estuve detrás de todo, alterando las fórmulas para que los productos tengan fallas y rastreadores integrados. Es todo un plan entre nosotros tres para atrapar a El Cazador de Brujas. Claro que no podía decirte nada, Ron, ni a nadie. Porque nos están espiando. En todo momento. En este momento, por ejemplo, tengo activado un dispositivo en mi bolsillo que altera toda esta conversación para los oídos de espectadores. Ustedes no se dan cuenta, pero todo lo que estamos diciendo suena diferente para alguien que estuviera detrás de aquella puerta escuchando, o del otro lado de la ventana. Cualquiera que nos espíe no oirá nada más que una charla muy alegre sobre Pastelitos de Frutas de la cocinera mágica Charlotte Weighbeddum.

-Hay muchas cosas que no entiendo en tu historia -empezó Harry.

-Si te refieres a lo que dices que viste entre Evangelina y Oliver, debo decirte que eso también fue creado con un dispositivo mágico.

-Imposible –dijo Harry-. ¡Lo vi con mis propios ojos! Estaban delante de mí...

-Fue falso, Harry –dijo él-. Pero me alegra que des fe de la buena calidad de mis invenciones. Quiere decir que mis ilusiones visuales son de buena calidad.

-¿Inventaste un aparato que crea una imagen que no está pasando realmente?

-Yo no vivo en ese departamento al que fuiste -reveló él-. En realidad, vivo en otro lugar, secreto, y ese departamento actúa como una trampa.

-¿Qué? -dijo Ron, atónito-. Pero si yo viví allí. ¿De qué hablas?

-Sí, bueno, en esa época sí -dijo George-. Pero luego de que tú te fuiste a vivir solo, Ron, en diciembre, apliqué un truco muy eficaz. O al menos veo que es eficaz, porque Harry se lo creyó completamente: deshabité el departamento y dejé un dispositivo oculto que simula para cualquiera que entre a espiar que Evangelina y yo estamos dentro viviendo una vida normal, y de vez en cuando aparece alguna escena con Oliver para hacerle creer a G, si entra a espiar, que ellos dos realmente están haciendo un plan para traicionarme.

-Es... demasiado bueno, el artefacto, si es que lo dices en serio –dijo Harry, sin poder dar crédito a sus oídos-. No puede ser. Yo estuve ahí...

-Básicamente, el aparato actúa sobre el cerebro del intruso –explicó George-. Lanzando una onda radioactiva imperceptible para ti. Te hace creer, mientras estés dentro del departamento, que esas cosas están pasando. Puedes verlo, olerlo, tocarlo, lo que sea. En verdad no está pasando nada. Solo en tu mente. Es como una droga, por así decirlo, una onda que afecta tu mente sin que te des cuenta. Por el momento, solo funciona sobre un mago solo y específicamente en mi departamento, y específicamente creando ilusiones sobre Evangelina y Oliver. Si dos magos entraran, descubrirían el truco. Pero confío en que G no iría con alguien más a investigarme. De cualquier forma, no logré mejorar el truco aún, pero considero que así sirve bien para su propósito.

-¿Puedes hacer eso sobre cualquier persona y sobre otras cosas? -preguntó Hermione-. Eso es algo muy poderoso y avanzado, George...

-Gracias, Hermione –George le guiñó un ojo-. Pero no, por el momento no puedo. Para hacerlo tuve que sintetizar una magia de duendes mezclada con productos radiactivos muggle de una forma que no creo poder replicar, así que es posible que ese truco y esa ilusión de Evangelina con Oliver sea lo único que pueda crear nunca con esa tecnología. No creo que pueda volver a lograrlo de nuevo, fue un truco muy raro. Pero funcionará... hasta abril o mayo, calculo. Para cualquiera que entre a espiar a mi departamento. Cada una "X" cantidad de días hace que Oliver ingrese y obtenga dinero de ella a cambio de información, de formas distintas para no ser muy obvio. El resto del tiempo la muestra a ella allí, o no, ya que hay veces en la que supuestamente ella viaja a Argentina. Y así. De hecho, es un truco que al tener radiación es malo para la salud del espía. Si tienes mareos o jaqueca, Harry, puede ser por eso. Pero es tu culpa por meter tus narices donde no debías en lugar de venir a hablar conmigo, ¿verdad?

Harry se encogió de hombros.

-Aún no puedo creer que haya sido una ilusión. O sea que Evangelina y Wood son buenos...

-Sí, al menos tan buenos como yo –dijo George.

-Pero aún quedan muchas cosas sin sentido en tu historia -empezó Hermione-. ¿Kingsley sabe de tu plan para atrapar a El Cazador de Brujas?

-No, no se lo dije. Por muchos motivos. Debes entender que nos están espiando en todo momento. No puedo confiar en nadie en este momento. Ni siquiera en Kingsley. Cuando él inició su investigación sobre lo ocurrido con el Departamento de Aurores, G se enteró. ¿Cómo hizo para enterarse? No podemos confiar en ellos, eso me queda claro ahora.

-Tienes razón -dijo Harry, y Ron se volvió para mirarlo con sorpresa-. El Ministerio tiene a algún cómplice de El Cazador de Brujas dentro. Lo deduje hace meses. Creo que está actuando desde el Departamento de Aurores.

George asintió con la cabeza, mirando a Harry.

-Creo que podría ser el director, Millan –dijo Harry entonces, pensativo-. O quizás alguien más. No lo sé.

-Eso no importa ahora, debes aclarar muchas otras cosas –dijo Ron, mirando a George-. ¿Tú dejaste que ocurriera todo lo demás? Porque luego de eso hubo otros crímenes: en el campo de Quidditch, cuando me atacó a mí, cuando mató a ese mago. ¿Usó tus artefactos?

Y Harry vio en la cara de Ron que el rostro de Ginny estaba impreso en él.

-Ya te dije que estaba tratando de descubrirlo –dijo George, adivinando sus pensamientos-. Pero no es fácil. El mago es imposible de descubrir. No deja rastros. Puse rastreadores en mis artefactos, pero no funcionan con él. Le empezamos a vender cosas que en verdad no cumplían la función para las que él las quería, pero se empezó a dar cuenta. Empezaron a presionar a Oliver. Lo amenazaron de muerte. Empezó a salirnos el tiro por la culata. Pero no hemos desistido.

-¿Qué consiguieron o averiguaron? -quiso saber Harry-. Con los trucos que metías en tus artefactos.

-Bien. ¿Viste la muñequera que tenía puesta el día de...? Bueno, tú sabes.

Harry asintió con la cabeza.

-Se supone que serviría para repeler los hechizos de los demás magos. Pues sí, cumple su función, porque si no la cumpliera iría a buscar a Oliver, lo mataría y no nos compraría más nada. Pero también tiene un chip que él no conoce, que reduce la efectividad de sus ataques.

-¿Eso es todo? -Ron se puso de pie, de pronto rojo de cólera-. Nuestra hermana murió por su ataque, con o sin pulsera. Y tú pudiste haberlo detenido. Maldito hijo de...

De forma totalmente inesperada, Ron saltó hacia él y trató de pegarle un puñetazo. George lo esquivó justo a tiempo, sacó su varita y la apuntó hacia él, con actitud defensiva, mientras Ron sacaba también la suya.

-¡Chicos, no! -gritó Hermione. Harry saltó de su asiento y sujetó a Ron por los brazos. -¡Basta!

-Tranquilo, Ron –dijo Harry.

-¡Tú no me toques! -Ron se soltó y volvió a arremeter contra George, aunque con la varita baja. -¿Cómo estabas tan seguro de que no podías confiar en Kingsley? Si le hubieras dicho, ¡quizás ella no habría muerto!

-No lo creo, Ron –George estaba tan sorprendido como los otros por el ataque de Ron, y respiraba agitado en un sofá. De pronto, se puso a mirar alrededor con nervios. -Mejor no hagamos esto. Mi artefacto puede fingir otra conversación, pero será muy raro si un espía nos ve lanzándonos maleficios con ira mientras discutimos las recetas de cocina de Charlotte Weighbeddum.

-¡ME IMPORTA UNA MIERDA CHARLOTTE WEIGHBEDDUM! -bramó Ron. Harry lo volvió a sujetar de los hombros y trató de calmarlo.

-Ron, tú sabes lo poderoso que es ese mago, por tener la Varita de Saúco -insistió Harry-. Aunque George haya intentado, no iba a ser fácil que logre capturarlo con esos trucos.

-Estuvimos más cerca de ser descubiertos que de tener éxito -dijo George-. Pero lo hemos intentado.

-¿De qué sirvió? -discutió Ron-. Seguro lo han ayudado más de lo que han podido hacer contra él. No pudieron averiguar siquiera quién es.

-Quizás no, pero hemos podido averiguar varias cosas.

-¿Cómo qué? -preguntó Harry.

-Oliver descubrió que busca eliminar unos residuos que deja en cada escena del crimen.

-Residuos microscópicos del polvo mágico de la Varita de Saúco -dijo Harry-. Ya lo sé. Lo descubrí, y tengo a alguien analizándolo ya para descubrir su identidad por medio de eso. Aún no tuvo resultados, pero dijo que me lo hará saber en cuanto lo descubra.

-Bien... eso está muy bien –dijo George-. Nosotros no sabíamos a quién recurrir para pedirle analizar eso sin decir nada al Departamento de Aurores y que El Cazador de Brujas se enterara. Si descubría que su secreto era sabido, haría lo posible por eliminar esos rastros. Pero empecé a diseñar un artefacto que hiciera que él creyera que estaba eliminando esos residuos, cuando en realidad me enviaba una copia de la información a mí...

-Harry ya te dijo que esta un paso adelante en eso –dijo Ron, con furia-. Así que olvídate de eso. ¿Qué otra cosa averiguaste?

-Bueno, algunas otras cosas de menor importancia... Por ejemplo, sabemos que son dos. Él y un cómplice suyo. Jamás hemos accedido a él de forma directa, siempre por medio de su cómplice.

-¿G?

-Vines –dijo Harry, recordando al hombre en la casa de Wood.

-G es Vines –dijo George-. Y sí, él. Usa varios nombres en clave que son falsos. Vines, Robert Ford, Jack. Son todos nombres de los que supimos que ha usado para cubrirse.

-Espera. ¿Jack? -preguntó Harry-. ¿Jack cuánto? ¿Qué apellido?

-Ninguno, creo. Solo Jack. ¿Por qué preguntas?

-Tengo un compañero del Departamento de Aurores de nombre Jack –dijo Harry, pensando a toda velocidad-. Estaba conmigo el día que ocurrió el asesinato de Vincent McGreggor. Le confié que había descubierto que Vincent McGreggor era no solo profesor de Hogwarts, sino el principal sospechoso del asesinato del supuesto Augusto Clevermole. Momentos después, el señor Millan corría hacia Hogwarts por el asesinato de McGreggor.

-¿Dices que tu compañero Jack es G? -preguntó Hermione-. ¿Y que cuando le dijiste lo que habías descubierto mandó a matar a McGreggor para que no pudieras revelar lo que sabías e interrogarlo?

-Quizás tenía otro plan en Hogwarts –dijo Harry-. Quizás iban a hacer algo en Hogwarts, pero cuando le dije a Jack mi descubrimiento lo mandó a matar al instante. Pero tuvo que haber sido rápido.

-Tuvo que usar un giratiempo, por lo que sabemos –dijo Hermione, perspicaz-. Porque McGreggor no murió esa mañana, murió la noche anterior. Tu teoría no puede ser verdadera.

-Quizás sí usó un giratiempo -sugirió Ron.

-Imposible. Ya no existen –dijo Hermione.

-¿Y no te habrá pedido uno a ti? -Ron miró a su hermano.

-No. Jamás podría hacer algo así -dijo George-. Una cosa es mezclar sustancias, magias. Pero, ¿volver en el tiempo? No soy tan inteligente.

-Quizás no murió la noche anterior como nos dijeron -opinó Harry-. Quizás murió en ese momento y disfrazaron el hecho. No es fácil hacer creer a un auror que la hora de muerte fue distinta a la real, pero... -Harry miró a George también-. ¿Te pidieron algún dispositivo para hacer eso?

-No –dijo George, de nuevo-. No les vendí mucho más de lo que ya les dije. Tampoco les he vendido tantas cosas. Esa muñequera fue lo último. Y unos meses antes, un aparato que le permite flotar en el aire. Nada más.

-Claro –dijo Ron, molesto-. Tú le vendiste eso.

-Instalé un rastreador en él -dijo George-. Lástima que no parece funcionar, como les dije. Supongo que está practicando alguna magia negra que tiene como consecuencia un efecto que bloquea la señal que envía el rastreador, aunque él no sea consciente.

-George, ha llegado el momento de que nos digas lo más importante de todo esto –Harry entonces lo miró a los ojos con seriedad-. ¿Quién es G?

-No puedo decirlo.

-Harry tiene razón -dijo Hermione, mirándolo sin comprender-. ¿Cómo que no puedes decirlo? Él es el cómplice de El Cazador de Brujas, está claro. Tenemos que ir a buscarlo. Tenemos que saber quién es. ¿Por qué no podrías decirlo? Dijiste que en este momento hay un encantamiento que no dejará que un espía sepa que nos lo dijiste.

-Dinos ya mismo quién es –dijo Ron, con furia-. O te juro que te romperé la cara.

-Quizás no sea necesaria la violencia –dijo Harry, hechando una mirada a Ron-. Pero está claro, George, que G es el cómplice de El Cazador de Brujas, tal como dice Hermione. Si llegamos a él, llegaremos a El Cazador de Brujas. Tú sabes quién es. Solo dinos. Hazlo por Ginny -añadió, de pronto, sin poder contenerse.

George lo miró fijamente y muy serio, afectado por su último comentario.

-Me encantaría -dijo George-. Pero no es que no pueda por miedo. Es que si lo digo, moriré.

Todos quedaron en silencio.

-Sé que fue algo muy idiota lo que hice –dijo George-. El Ministerio jamás haría que alguien haga un juramento inquebrantable como parte de un trato para hacer negocios... Pero me dijeron que era política del Departamento de Misterios, que era lo que tradicionalmente hacía ese departamento para asegurarse de que sus secretos estuvieran a salvo... Lo sé, fui un idiota.

-Oh, no –Hermione lo miró con pena.

-Yo sé exactamente quién es esa persona –dijo George-. Pero no puedo decirlo, porque hice un juramento inquebrantable.

Todos se quedaron en silencio, impresionados por esa revelación.

-¿Hablas en serio? -Ron estaba atónito-. ¿Cómo fuiste tan idiota?

-Me pagaron mucho –dijo él, angustiado-. Supongo que una parte dentro de mí sospechaba que algo olía mal. Pero es que era tanto dinero...

Ron negó con la cabeza, enfadado con su hermano.

-George se redimió -le recordó Hermione a Ron, en defensa de George-. Está actuando en secreto en contra de G y de El Cazador de Brujas. Podría morir por lo que está haciendo. Creo que no debes juzgarlo tanto.

-Ginny murió por su culpa –dijo Ron, furioso.

-Cierra la boca –le espetó George, ahora furioso también-. No te atrevas a decirme eso.

-Cálmense -dijo Harry-. Este juramento que hiciste se terminará cuando G muera, George. En ese momento, te liberarás. Mientras tanto, tiene que haber una forma de que puedas insinuarnos aunque sea quién es, sin decirlo explícitamente. Luego déjamelo a mí. Yo lo encontraré y lo mataré, luego de que me diga para quién trabaja.

-No puede insinuarlo -aclaró Hermione-. No puedes engañar a un juramento inquebrantable. Pero asumo que su nombre empieza con G.

Hermione miró a George, como con miedo de que de pronto muriera por haber ella dicho eso.

-Si eso asumes -él se encogió de hombros, con miedo.

-Espera un segundo –Harry se puso a pensar a toda velocidad-. No puedes decirlo, lo entiendo. Pero nada te impide ir a buscarlo tú.

-Eso vengo haciendo –dijo él-. Por eso todo esto que hacemos con Oliver. Pero no es tan simple como lanzarle un Impedimenta mientras entra a casa de Oliver a pedirle cosas. Son magos fuertes y poderosos, con mucho conocimiento de magia negra. Tendríamos que armar un gran operativo y capturarlo entre muchos magos.

-Eso haremos –dijo Harry entonces-. Ese será el plan. Dile a Wood que nos esconderemos en su casa, todos nosotros. Prepara tantos de tus dispositivos como puedas. Tú, Ron, lleva el "rompe-hechizos". Saldremos todos juntos en su próxima visita a Wood y lo atraparemos.

-De acuerdo –George asintió-. Sí, eso podría funcionar. Supongo que ya es hora de intentarlo.

Ron también asintió, conforme con la idea.

-¿Cuándo es el próximo envío?

-El aparato que elimina restos de polvo mágico ya está listo –dijo George-. Casi matan a Oliver cuando tuvo que demorarse en terminarlo, porque yo no lograba hacerlo, y teníamos que fingir que era él quien lo hacía. Pero finalmente lo logré, y se lo entregará pasado mañana por la noche.

Ron adoptó una expresión severa.

-Bien. Lo atraparemos.

-Tenemos dos días para planificarlo –Hermione asintió, con determinación-. De acuerdo, hagámoslo.

-Lo atraparemos -repitió Harry, de pronto con un propósito, con algo de esperanza, después de tanto tiempo lamentándose sin nada que pudieran hacer.

-Bien –George asintió lentamente-. Lo haremos.

Esa noche, Harry estaba en su casa durmiendo junto a Hermione. Se habían ido de La Madriguera tarde, directo para ir a la cama. Harry la abrazaba y mientras tanto miraba hacia la ventana. Ahora su casa estaba cubierta de todos los encantamientos protectores posibles.

-¿Estás despierta? -le preguntó en un susurro.

Hermione le respondió con un sonido afirmativo.

-Tengo una teoría sobre qué significa la G.

-Yo también -le dijo ella, en un susurro-. ¿Quién crees que es tú?

Harry dudó un instante. No había tenido una oportunidad de contarle a Hermione su otro descubrimiento, de la misma forma que no había encontrado antes el momento de decirle a George lo que él creía que era su descubrimiento sobre Wood.

-Digámoslo a la vez –propuso Hermione-. Ambos. A la cuenta de tres.

-De acuerdo –Harry tragó saliva.

Hermione contó:

-Uno, dos, tres.

Entonces, ambos dijeron a la vez el nombre de quien pensaban que era G:

-Granger –dijo Harry.

-Ginny –dijo ella.