Necesitaba publicar de nuevo para responder a lectora nocturna... así que saqué este momento de la galera básicamente (?) Es para vos lectora nocturna. ¡Sí, por favor, ven a esta web! Sabía que eras española, ¡el gilipollas de tu review te delató! Yo soy argentina, pero amo España, más de lo que me gustaría, porque amo un país sin conocerlo. No he leído, sólo vi algunos fics de Merle y OC's, pero mi amor por Merle creció tanto que no puedo tolerar que esté con nadie, ¡ni siquiera conmigo! (Además de mi aversión por esos self-inserts disfrazados de OC que ponen a Daryl completamente OoC,... ojo, no generalizo, me refiero solamente a la mayoría de los casos, ¡já!) Para mí, Merle y Daryl son dos lobos solitarios, que se alimentan de sí mismos y entre ellos. Ellos aprendieron a tolerar la compañía de desconocidos, pero hasta ahí, por eso necesito su reunión desesperadamente y... hablando de cosas que necesito... si escribes tan hermoso como haces tus críticas... quiero leerte ¡YA!
En cuanto a mí, efectivamente, traduzco fanfics. El de Daryl se llama Exilio y lo amo profundamente. Aún no actualicé porque mi beta no me ha dado la aprobación final, pero en cuanto lo haga subiré el cuarto capítulo. ¡Qué alegría que te hayas enganchado!
Entre hermanos
Veinte años.
Daryl lo había despertado a mitad de la noche, gritando y saltando. Ese pequeño era insufrible. Le gritaba en el oído y Merle maldecía y deseaba caer muerto en ese preciso instante. No escuchar más esa voz aguda y penetrante felicitándolo y balbuceando cosas inentendibles.
Miró el reloj, eran las cuatro de la mañana Mierda. Ya no podría volver a dormirse. ¿Ahora qué?
Suspiró y miró a su pequeño hermano, que seguía saltando y gritando. Colocó un dedo frente a su boca y lo hizo callar. El niño obedeció al instante.
— ¿Es qué tú nunca te calmas? — preguntó reprimiendo una sonrisa y tomándolo por los brazos, tuvo que flexionarlos un poco para no tomarle los hombros o traspasar a la espalda. La diferencia de tamaños era evidente.
Daryl no opuso resistencia, pero entrecerró los ojos y lo miró con desconfianza. Parecía un jodido interrogador. Merle, por fin, sonrió.
— ¿Qué es tan gracioso? — preguntó Daryl haciéndose el rudo.
— Tu cara, hermanito. Parece que estuvieras oliendo mierda — respondió volviendo a reír.
Los ojos de Daryl se abrieron de par en par. Merle nunca había hablado así en presencia suya, y no por la grosería, sino por el trato, le había hablado como si fueran iguales. Ahora Daryl sonreía.
No volvieron a dormirse, pasaron toda la noche hablando, como iguales.
