¡Hola!

He vuelto, sé que he tardado mucho pero tengo un examen muy importante, el último de la carrera, la semana que viene, así que como comprenderéis he estado estudiando a muerte este último mes. Por si eso fuera poco pensaba que lo tenía la semana pasada y dos días antes me enteré de que faltaban dos semanas para el exámen y no dos días xDDD

Como tenía el capítulo a medio, pues había podido avanzar muy poco, más que nada porque si me concentro en escribir no me concentro en estudiar en vez de estar pensando en el mercado de valores estoy pensando en qué le puede contestar Hans en determinado momento a Elsa y viceversa jaja, aproveché este fin de semana para avanzar con el fic y no teneros esperando otras dos semanas más para esta actualización u.u

Diculpad la demora y os dejo leyendo ^^

Disclaimer: Frozen no me pertenece :(


CAPÍTULO 9

―…Ni siquiera sé por qué me costó tanto aprender a no fiarme de Harris. Supongo que en el fondo me alegraba de que por fin alguien me hiciera caso y pensaba que esta vez sí, él por fin iba a cambiar ―relataba Hans―. Recuerdo el momento exacto en el que finalmente decidí jamás volver a confiar en sus sonrisas ―su mirada se fijó al frente mientras su mente volvía al pasado―. Me dijo que había encontrado algo alucinante tras los establos que me iba a encantar, y yo, como buen niño idiota que era, me lo creí. Llevaba un par de semanas insistiendo al Rey y a la Reina que quería aprender a montar a caballo. A los trillizos y a él les pareció muy divertido enseñarme… a su modo.

Pese a que desde el primer momento Elsa se había propuesto fingir indiferencia, la forma que tenía Hans de contar sus historias, tan crueles en su mayoría, acababa por captar siempre su atención. A fin de cuentas, le constaba que Hans era un gran embaucador, y lo demostraba. Aquella vez no iba a ser una excepción.

―La cuestión es que ensillaron el caballo de Henrik, el primogénito de la familia. Un purasangre negro formidable y el caballo más grande y temperamental que he visto en mi vida. A mi no tan tierna edad de ocho años el animal me triplicaba en altura, siempre fui un niño un poco canijo ―apuntó―. Obviamente, me asusté, mas eso no les impidió subirme al caballo y espolearlo para que saliera a toda velocidad.

Elsa pudo notar como el semblante de Hans se volvía sombrío con el recuerdo.

―Estaba aterrorizado, me agarré como pude a la silla y al caballo y cerré los ojos esperando lo peor. El caballo corría desbocado por los jardines traseros de palacio hasta que mis brazos no aguantaron más y caí. Al menos los rosales favoritos de la reina frenaron mi golpe contra el suelo por lo que no sufrí ninguna contusión grave ―Hans pronunció la última frase con tanto desinterés que Elsa no pudo evitar mirarle con el ceño fruncido y algo de reproche. Sin embargo, el pelirrojo, concentrado en mirar al frente, no se percató de ello―. Todavía tengo alguna cicatriz a causa de las espinas ―añadió palpándose levemente la zona del cuello bajo su oreja izquierda.

Efectivamente, allí la joven pudo apreciar una pequeña y diminuta marca, casi imperceptible a simple vista, pero que había quedado como recuerdo de lo que estaba contando.

Pasaron un par de minutos en los que Elsa esperó pacientemente el cierre de la historia. Desde que lo había mencionado, de pronto la pequeña cicatriz se le hizo tan evidente que cada vez que volteaba ligeramente la cabeza parecía ser lo primero que veía.

―¿Y bien? ―le instó finalmente a seguir.

Al escucharla, Hans pareció salir de sus pensamientos.

―¿Disculpa? ―preguntó algo confuso. Su tono de voz evocaba aquellos tiempos en los que era un príncipe respetado.

―No has dicho cómo concluía todo.

―Como siempre ―contestó él restándole importancia―. Castigado a limpiar los establos durante dos semanas.

―¿Pero no fueron tus hermanos quienes…?

―¿Y qué iba a hacer uno contra cuatro? Lo único que conseguía con ello era que tomaran mi versión como una mentira y tener un castigo más duro.

Pese a que Elsa quería replicar, optó por no hacerlo. Hans parecía molesto por el tema y tampoco había nada que hacer al respecto pues los hechos tuvieron lugar muchos años atrás. Al final sólo conseguiría alterar la paz y el ánimo del viaje y no le interesaba en absoluto.

Tras su breve estancia en la cabaña, su viaje había mejorado mínimamente. Seguía siendo duro y cansado, pero al menos ya no tenían que dormir directamente en el suelo sino en un par de mantas que se habían llevado. Con las provisiones y fruta no perdían tanto tiempo buscando comida por el bosque, tiempo valioso que podían aprovechar para avanzar más o para descansar.

Tenían suerte de que toda esta odisea les había ocurrido en verano pues de otra forma, la comida hubiera sido inexistente y, si bien a Elsa no le molestaba, Hans no hubiera durado ni medio día a la intemperie.

Mucho peor era su relación personal. No es que fuera cercana ni lejana. Ni que hablaran mucho o poco, básicamente, Elsa estaba a punto de volverse loca. Siempre había sido una persona paciente y atenta, y muy razonable, al menos cuando sus poderes no se salían de su control. La cuestión es que Hans había conseguido desorientarla por completo. Jamás lograría entender su comportamiento.

Desde su… momentáneo ataque de debilidad en la cabaña, Elsa había descubierto que su ánimo se había vuelto un tanto inestable. Durante la mayor parte del tiempo podía ser fuerte y soportar las durezas del viaje y la presión perfectamente, sin embargo, había otros momentos, apenas unos minutos, en los que no se veía tan fuerte. Cualquier cosa podía disparar su pesimismo.

Era en esos momentos en los que Hans mostraba su lado más encantador y no paraba de contarle historias absurdas en las que habitualmente él acababa mal parado, para disfrute de la reina. Al final, Elsa acabó pensando que se inventaba la mayor parte pues no era posible tener unos hermanos tan crueles, sin embargo no lo llegó a opinar en voz alta.

Hans no siempre se mostraba tan cordial. Otras veces volvía a mostrar su cara más arrogante y su sonrisa torcida y malévola. Y otras, parecía tan concentrado en su misión de llegar a Arendelle cuanto antes que cualquiera diría que había reprimido todo sentimiento o emoción. Esto no hacía más que confundir a la joven, no sabía qué Hans aparecería la próxima vez que hablaran, el agradable, el arrogante o el insensible.

Obviamente, si Elsa tuviera que elegir alguno, ese sería el Hans agradable que hacía el viaje mucho más ameno, el que conseguía que se olvidara por momentos de toda la realidad y la presión a la que estaba sometida, por mucho que le pesara reconocerlo ya que seguía siendo un criminal a sus ojos. No obstante, ese también era el Hans que le ponía más nerviosa ya que siempre aparecía cuando ella se sentía más débil. Y eso le molestaba mucho. Primero porque aunque se sintiera decaída, si había alguien capaz de ocultar sus sentimientos, era ella. No llegaba a comprender qué hacía para que su acompañante fuera capaz de leerla con tanta facilidad y saber cuándo necesitaba ánimos nuevos. Y segundo, porque simplemente odiaba tener momentos de debilidad.

―Elsa, ¿cómo consiguió el Rey Egbert hacerte salir de Arendelle? ―escuchó que de pronto le preguntaban.

Esa misma mañana habían comenzado de nuevo a caminar a través de un camino, por lo que era mucho más cómodo y relajado, si bien debían estar atentos a cualquier otro viajero que se encontraran. Precisamente por eso Hans había pasado la mayor parte del tiempo atento al camino. Parecía que por esa mañana ya se había cansado de ser su versión determinada en cumplir su objetivo tras su pequeña historieta.

La joven suspiró. No estaba muy segura de querer hablar de ese tema mas tampoco estaba segura de querer pasar el resto del camino en silencio, lo cual significaba pensar más de lo aconsejable en su situación. Al parecer Hans también estaba cansado de pensar pues quién sabe qué tipo de razonamientos le hayan llevado a hacer semejante pregunta de forma tan repentina. Quizá simplemente quería dejar de rememorar sus propios recuerdos.

―Hace algunos meses el Rey envió una carta solicitando un acercamiento cordial tras lo ocurrido un año atrás en mi coronación ―explicó―. Aunque al principio no estaba convencida Egbert sabía que tenía la mano ganadora pues Wesselton es un reino poderoso y con grandes recursos.

―Es lógico ―intercedió Hans, cada vez más interesado―, además el rey no es una persona que acepte un "no" por respuesta.

―Créeme, he podido comprobarlo por mí misma ―suspiró ella de nuevo―. Al final, viendo que un acuerdo podría ser muy beneficioso, optamos por reanudar negociaciones con Wesselton.

―Entiendo, una conveniente invitación a su reino para sellar el acuerdo.

En este punto, Elsa se sonrojó para sorpresa de Hans.

―No realmente. El acuerdo se llevó a cabo por cartas pero había algunos puntos que no quedaban muy claros y que no estaba dispuesta a aceptar.

Elsa calló un momento, pero al ver que Hans no decía nada y simplemente le miraba con interés, instándola a seguir, dudó unos segundos, avergonzada. La mirada de Hans cobró más intensidad. Sabía reconocer una historia jugosa con facilidad.

―Venga… ―la instó con cierto tono juguetón y dándole un pequeño codazo.

Elsa le observó, con el ceño fruncido. Hans le devolvió la mirada con una sonrisa divertida e inocente, lo cual pilló a la joven por completo por sorpresa. Al final, decidió compartir algo de su propia vergüenza en contraprestación a tantas historias crueles y humillantes contadas por él.

Nuevamente, se ruborizó.

―El principal motivo de disputa es que no estaba dispuesta a aceptar ningún matrimonio político.

Hans se asombró tanto que hasta frenó en seco. Elsa, que continuó caminando, se volteó para observar los ojos desmesuradamente abiertos de su acompañante justo antes de que este mismo le mostrara una sonrisa torcida y echara a andar de nuevo.

―¿El Rey Egbert solicitó un matrimonio contigo? ―preguntó sin poder ocultar su curiosidad― ¿Y le dijiste que no?

―Sí, pero no fue exactamente el Rey ―añadió Elsa con algo más de seguridad―. Quería arreglar un matrimonio con su mano derecha.

―¡Oh, no! ¡NO! ¡Me niego! ¿Con Dorian? ¡No! ―exclamó Hans, indignado― Qué gran maniobra por otro lado, tener a su perrito faldero de consorte en Arendelle preparado para mover los hilos pero… ¡NO!

Esta vez fue el turno de Elsa de frenar en seco. Arqueó una ceja y le observó extrañada y algo boquiabierta, sin poder creerse la situación.

―¿Disculpa? Soy yo quien debe negarse, no tú. ―le dijo sin ocultar su irritación―. Para no parecer extremadamente descortés, y teniendo en cuenta la importancia del tratado, Anna sugirió rechazar esta propuesta en persona ―continuó relatando tratando de dejar atrás el inesperado exabrupto de Hans―. Yo estuve de acuerdo, pero la presión de Wesselton hizo que anticipara mis planes… al final incluso tuve que suspender el primer aniversario de mi coronación…

―¡Ese maldito de Dorian…! ―exclamó de nuevo Hans para mayor extrañeza de Elsa― ¡Jamás en mi vida he conocido a nadie tan arrogante, ni tan pagado de sí mismo como él!

―¿De verdad? Porque creo que le rivalizas.

―¡Oh, sí! Somos rivales y enemigos desde hace mucho tiempo. Odiaba cuando mi familia me obligaba a hacerle compañía cuando visitaban las Islas del Sur porque, según ellos, nos llevábamos tan bien.

Elsa no estaba segura de hasta qué punto Hans había decidido obviar su pequeño insulto velado. Estaba actuando un tanto extraño.

―¿Hans, te encuentras bien? ―le preguntó finalmente.

No podía evitar preocuparse. Primero porque en cierto modo dependía de Hans para volver a casa y segundo porque ella sí era una buena persona que se preocupaba por los demás, incluso por alguien como él.

―¿Por qué no iba a estarlo? ―preguntó Hans a su vez, algo a la defensiva.

Elsa no estaba muy segura de si debía continuar con la conversación, sin embargo, optó por no dejarlo pasar.

―Te noto un poco… raro.

―¿Raro?

―Sí, quiero decir… pareces algo… inestable.

―¡Claro! Porque tú de inestabilidad eres toda una experta.

Pese a que el último comentario de Hans la ofendió, supo ver a través de su intento malintencionado por cambiar de tema. Esto sólo provocó que Elsa reaccionara con fuerza renovada.

―Precisamente por eso es que puedo ver que pareces alterado ―respondió ella, impasible y para total desconcierto de Hans, el cual la observó desarmado y con ojos de animal herido.

―¿Acaso no puedo ser yo mismo?

―Se puede ser uno mismo y a la vez estar alterado ―espetó ella.

―Ahora tú estás alterada…

―¡Porque me has alterado tú! ―exclamó Elsa.

La joven cerró los ojos y tomó aire profundamente. Sus poderes pugnaban por salir pero fue capaz de controlarlos. No iba a dejar que Hans le sacara de sus casillas pues era lo que pretendía para evadir la conversación.

―Está bien, Hans. No hace falta que me lo digas ―le explicó finalmente―. Todos tenemos derecho a guardarnos cosas para nosotros.

Elsa sabía por experiencia que era muy peligroso guardarse sentimientos. Podía parecer algo estúpido pero uno tras otro se iban acumulando y acababan ahogándote. Sin embargo también entendía muy bien que no siempre era fácil abrirte al alguien. No es que le interesaran especialmente los sentimientos de Hans, aunque sentía una tremenda curiosidad, sobre todo desde los últimos días, mas respetaba su privacidad, pues ella misma valoraba enormemente la suya propia.

La pregunta de Elsa le había pillado tan por sorpresa que se sentía completamente desubicado. Los últimos días habían sido un poco complicados para Hans. Las durezas del viaje no eran nada en comparación con el conflicto interior que él mismo se había creado. Si había pensado que lo más difícil había sido reconocer todo lo que había hecho mal, y lo que quería cambiar, estaba por completo equivocado.

La realidad era que había sido muy fácil querer ser él mismo, pero tremendamente complicado llegar a serlo, sobre todo cuando llevaba tanto tiempo observando a la gente y reaccionando en consecuencia a los sentimientos de estos y no a los suyos propios.

Por eso, su mente y su corazón eran un completo caos.

Si bien cuando le ofreció su ayuda a la reina había tenido un motivo puramente práctico, ahora también necesitaba llevarla a salvo para encontrar algo de paz consigo mismo y resarcirse por sus actos del pasado. Estaba decidido, y además era muy sencillo concentrarse en su tarea y olvidar todo lo demás. Sin embargo, cada vez le estaba resultando más complicado abstraerse de todo.

Estaba acostumbrado a leer a la gente y, aunque la reina era realmente buena ocultando sus sentimientos, al final había logrado descifrar sus movimientos y reacciones. En definitiva, había notado que en más de una ocasión su ánimo había decaído de manera notable, sobre todo producto del agotamiento y la fatiga. Temía que pudiera volver a repetirse una escena parecida a la de la cabaña y se había propuesto evitarlo en la medida de lo posible. La mejor forma, entretener a la reina.

Esto, a su vez, le provocó un caos aún mayor. Se dedicó a contar historias sobre su vida, eligiendo expresamente algunas en las que acababa mal parado, no es que encontrarlas fuera complicado pues eran mayoría. Supuso que, dado el pasado que había entre ellos, la joven encontraría estas historias más reconfortantes. Si bien su idea inicial era la de limitarse expresamente a los hechos, poco a poco había acabado hablando sobre sus impresiones o sentimientos al respecto. Es decir, se estaba abriendo a la reina y eso le atemorizó.

Como siempre, cada vez que salía de su zona de confort, también sacaba a relucir su peor versión. Aquella arrogante y fría que le ayudaba a volver a levantar todas sus barreras.

Tenía constancia de que Elsa también se había percatado de estos cambios de actitud, a fin de cuentas, ella también era una persona muy observadora. Sin embargo, no había dicho nada hasta ese mismo momento.

Hans lo sopesó por un momento, ¿Qué daño podría hacer abrirse, por poco que fuera, finalmente a alguien? Casi sin pretenderlo, las palabras brotaron de sus labios en un susurro.

―Es cierto que estoy un poco alterado ―reconoció finalmente―. Es sólo que…

Elsa pestañeó con incredulidad. Jamás hubiera esperado que Hans finalmente lo reconociera, sobre todo cuando ella misma había dado por concluida la discusión. No obstante, no dijo nada, se limitó a observarle pacientemente e incluso expectante. La pequeña cicatriz de su cuello volvió a hacerse evidente en su campo de visión.

Hans no sabía qué hacer. El nerviosismo se apoderó de él. Miraba a todas partes excepto a los ojos de la persona que tenía a su lado. Podía sentirlos, observándole, clavándose profundamente en él. Se arrepintió de haber hablado y ahora no sabía cómo escapar de allí.

De pronto, frente a ellos, en una orilla del camino, vio algo que captó su atención.

―¿Qué es eso? ―preguntó en voz alta y acelerando el paso para dejar a Elsa atrás.

Todo ocurrió tan rápido que la joven pensó que había sido un espejismo. Tan pronto como empezó, así concluyó con Hans huyendo. Suspiró, resignada. Ni siquiera entendía por qué estaba tan interesada en lo que él tuviera que decir.

Optó por averiguar qué había encontrado tan interesante. Caminó un par de pasos más para descubrir que Hans había parado frente a un viejo y desgastado cartel de madera, aunque todavía se podía apreciar la figura de una especie de pato amarillo. Sin embargo, lo que el pelirrojo observaba con atención, estaba un poco más abajo del cartel. Era un papel colgado en el poste con el rostro de Hans en él y un gran letrero de "se busca".

―¡Soy un fugitivo! ―exclamó para asombro de la joven quien le observó, extrañada.

―Llevas siéndolo desde que escapaste de la cárcel hace meses ―dijo, pese a que Hans no le prestó atención y comenzó a leer el cartel.

―… Acusado de los delitos de intento de regicidio, apropiación indebida de reino, intento de princesidio… Eso ni siquiera existe ni ocurrió así ―le espetó al cartel mientras su mirada se ensombrecía o, al menos, eso quiso interpretar Elsa, quien se sentía un tanto incómoda en ese momento. Recordar los sucesos de su coronación no era algo que quisiera hacer dada su situación actual.

―Estafa, contrabando, resistencia a la autoridad…

―No has perdido el tiempo ¿eh? ―replicó la joven. Su intención había sido la de ser mordaz, mas su tono de voz delató algo de diversión indeseada.

De pronto el rostro de su acompañante se iluminó nuevamente e incluso se le dibujó una pequeña sonrisa.

―Doble escape de prisión, y entre paréntesis "experto escapista" ―relató con gran orgullo y una sonrisa torcida.

La joven no pudo evitar encontrar la situación actual de lo más extraña. En cierto modo se alegraba del nombramiento de Hans como "experto escapista" pues, de todas sus fechorías, era la única de la que se había visto beneficiada. Como gobernante debería encontrar todos y cada uno de sus actos como algo deplorable, sin embargo en el fondo se alegraba enormemente de todos los problemas que su acompañante le había causado al reino de Wesselton.

Hasta ese punto su situación tan comprometida le estaba afectando la cabeza. O quizá, simplemente acababa de descubrir que era mucho más vengativa de lo que ella misma creía.

―Oh, no… ¡No, no no! ¡NO! ―exclamó Hans con voz aterrorizada y sin dejar de observar su cartel.

Elsa acabó preocupándose ante esta reacción, no obstante el joven cambió repentinamente su actitud por una sonrisa arrogante y un gesto un tanto maquiavélico. Eso la preocupó incluso más.

―¡Qué listos! Un movimiento muy astuto y certero.

El desconcierto de la reina sólo pudo ir en aumento.

―¿Te importaría explicar de qué hablas? ―le preguntó cruzándose de brazos y frunciendo el ceño.

Hans pareció salir de su estupor y observó a la soberana.

―También me acusan de secuestro y rapto de Su Majestad la Reina Elsa de Arendelle.

Los ojos de la joven se abrieron de par en par y su corazón dio un vuelco.

―Pero eso no ha ocurrido así…

―¡Exacto! ¿Pero quién puede desmentirlo si no tú misma? ―exclamó sin perder la sonrisa― ¿Y a quién le va a importar teniendo en cuenta la enorme recompensa por mi cabeza que ha establecido el reino de Wesselton? ―le explicó― Es mayor incluso que la que ofrece Arendelle o las Islas del Sur.

―Se están asegurando que quien nos atrape nos lleve directamente a ellos ―razonó Elsa.

―Y no sólo eso, una recompensa tan elevada animará a cualquiera a actuar.

Al igual que el propio Hans había hecho unos segundos atrás, Elsa tuvo que reconocer que se trataba de una jugada magnífica. La única forma que tenían de desmentir lo ocurrido era llegar a Arendelle. Sin embargo su camino se había complicado infinitamente con esta revelación. O, al menos, ahora acababan de ser conscientes de ellos.

―No lo tendrán tan fácil ―dijo finalmente la joven―. Tu apariencia actual dista mucho de la del retrato ―le explicó―. Y yo tampoco actúo como una damisela en apuros secuestrada. Cualquiera que nos viera a simple vista dudaría bastante de nuestra identidad.

Para Hans, lo dicho por la reina tenía mucho sentido mas su yo más vanidoso no pudo evitar molestarse ante aquel "tu apariencia dista mucho de lo que un día fue".

―Tenemos que pensar bien qué hacer ahora ―dijo él finalmente―. Tratar de pasar lo más desapercibidos posible sin actitudes sospechosas…

Elsa comprobó como el rostro de su acompañante se volvía pensativo, lo cual no sabía si presagiaba algo bueno. Dirigió la mirada hacia el mismo lugar al cual él estaba mirando. Había una especie de cabaña enterrada en un montículo. Parecía una posada pues delante también se apostaban un par de caballos y un carro.

―¿En qué piensas? ―preguntó ella finalmente con suspicacia.

―En la adaptación al ambiente.

Dicho esto, se retiró del cuello el pañuelo algo deteriorado que había sustraído de la cabaña y se lo puso a Elsa en la cabeza. La muchacha, por instinto, ante la proximidad de Hans, se retiró con rapidez.

―¿Qué haces? ―espetó ella.

Si al joven le molestó la rapidez con la que se había apartado de él, no lo demostró. En su lugar se agachó y llenó las manos de polvo para después pasarlas por su pelirroja cabellera, la cual adquirió un tono más marrón.

―Oculta tu pelo con el pañuelo, su color es demasiado revelador ―le dijo mientras repetía nuevamente la operación de mancharse su cabellera, no sin poder evitar una pequeña mueca de desagrado―. Y trata por todos los medios de ocultar los zapatos de hielo.

Elsa, comprendiendo la situación, comenzó a atarse el pañuelo sobre la cabeza. Comenzó a entender los planes del en ese momento no tan pelirrojo y de cuál sería su primera prueba.

No iba a negar que le alegraba la idea de poder parar a descansar en una posada aunque estaba segura de que acabaría pasando completamente alerta todo el tiempo que pasaran allí.

Hans se alborotó algo más el pelo y arrancó su cartel, doblándolo después y guardándoselo en su bolsa, dando así por concluida su transformación.

Observó a Elsa, quien se alisaba el vestido y se aseguraba de que al caminar sus pies estuvieran cubiertos. Sus ojos tenían un brillo de decisión. Aunque tratara de ocultarlo, estaba disfrutando bastante de su nuevo plan de acción.

Hans no pudo evitar observarla por unos segundos más. La reina era una persona muy complicada pero interesante. Tan pronto actuaba como una digna soberana como aceptaba con una diminuta sonrisa la promesa de una pequeña aventura en la posada. Su poder era aterrador pero también hermoso, así como su belleza deslumbraba a cualquiera.

Sin embargo, era humana, con toda su magia, con toda su gran posición y su exquisita educación, era una humana con sus fortalezas y debilidades. Una característica básica y esencial que le había parecido deplorable en Arendelle un año atrás y que ahora le parecía tremendamente encantadora y atrayente.

―¿Entramos ya o no? ―escuchó que decía finalmente la reina con autoridad y sacándole de sus pensamientos.

―¿Acaso tienes prisa? ―contestó Hans instintivamente ante su tono de voz demandante.

―No negaré que la posibilidad de una silla y una comida decente me llaman mucho la atención ―replicó ella sin caer en su provocación y comenzando a caminar en dirección a la puerta de la posada.

Frunciendo el ceño, Hans la siguió, no estaba del todo seguro de hasta qué punto ella era consciente de la importancia de la situación. Cualquier paso en falso podría delatarles, debían ser muy meticulosos en su actitud.

―Espera ―le indicó cuando estaban a apenas tres pasos de su destino―. ¿Elsa, confías en mí? ―le preguntó esbozando una de sus malévolas sonrisas.

La joven frenó en seco sin poder ocultar su sorpresa. Aquella pregunta no venía al caso y la respuesta era bastante obvia… o algo obvia. La sonrisa de Hans le indicó que había algo más tras aquello y que tal vez un rotundo no, no era la respuesta correcta.

―Sí… ―respondió ella finalmente, sin dejar de mirarle directamente a los ojos y mostrando una leve sonrisa.

El joven no pudo reprimir una sonora carcajada y trató de obviar el hecho de que la reina se veía adorable con su diminuta sonrisa.

―Mientes fatal ―dijo finalmente―. Si no eres más convincente caeremos a la primera.

―¡Cuando me lo propongo puedo ser muy convincente! ―espetó ella perdiendo la paciencia y disponiéndose a abrir la puerta.

―Espera ―volvió a decir Hans, con tono tranquilo.

―¡¿Qué?! ―exclamó ella.

La sonrisa se borró por completo del rostro de su compañero e incluso, aunque podrían ser perfectamente imaginaciones suyas, le notó un poco nervioso.

Hans, con cuidado y algo de duda, alzó la mano hacia la frente de la joven. Aunque había hecho como si no hubiera ocurrido nada, sí había notado la forma en que se había alejado inmediatamente de él cuando había intentado colocarle el pañuelo unos minutos antes.

Con una delicadeza que ya había olvidado que poseía, retiró suavemente un mechón un tanto rebelde que sobresalía del pañuelo y lo volvió a ocultar. Sus dedos apenas tuvieron un mínimo contacto con la piel de la reina, mas esto no evitó que al retirarse sintiera un ligero cosquilleo por sus yemas y cuanto más intentó pensar que era producto de su imaginación, más lo sentía.

Elsa trató por todos los medios de no sonrojarse, de que su corazón no se desbocara y aun así no lo consiguió. Cuando vio que su compañero alzaba la mano hacia ella no notó ningún peligro por lo que no se retiró, lo que no esperaba encontrarse era aquella extraña sensación tras su leve caricia retirándole un mechón de cabello. Había despertado algo en su interior que la hacía querer algo más de ese contacto tan suave y delicado. Le había gustado, pero a la vez odiaba que fuera así, pues frente a ella, quien realmente se encontraba era Hans.

Se produjeron unos segundos de incómodo silencio. Ninguno se atrevía realmente a mirar a los ojos del otro y estaban ambos tan ensimismados que no eran capaces de darse cuenta de que ambos se encontraban en la misma situación.

Finalmente, fue Elsa quien hizo acopio de todo su poderío como soberana y adquiriendo una pose erguida y altanera recuperó la compostura.

―Mejor dejemos de perder el tiempo y entremos de una vez ―dijo finalmente.

Sin dejar tiempo a más réplicas, abrió la puerta y se dispuso a entrar. Para cuando Hans pudo reaccionar, era demasiado tarde y no había marcha atrás. Si se presentaba la ocasión de mentir tendría que improvisar y esperar que Elsa no les delatara. Odiaba no tener las cosas meticulosamente planeadas pero, debía reconocer que llevaba ya una buena temporada sin ser capaz de realizar planes de antemano.

Decidió dejar de ponerse en lo peor y entrar tras la reina, a fin de cuentas ¿qué es lo peor que se podía encontrar en una posada cualquiera en medio de la nada?


Continuará...

"mi sueño essss, mi sueño esssss..." XD Hans, ¿nadie te ha dicho que eres el número de la mala suerte? Espérate encontrar lo peor en esa posada jujuju

Una vez más pedir perdón por haber tardado tanto, espero que no os hayáis aburrido de esperar y dejéis la historia. Últimamente me daba la impresión de que había decaído mucho vuestro interés por lo que seguía y me costaba bastante ponerme a escribir cuando tenía algún ratillo libre.

Agradezco muchísimo vuestros reviews "A Frozen Fan", "Rosy", "Bubblesthepimagi" y "Vero", me alegra que os esté gustando.

Contestando a algunas cosas que me comentáis en los reviews diré que SIIII ya empieza el Helsa, no será cosa de un día, pero desde el principio pensé en hacerles un acercamiento progresivo, en este capítulo han interactuado mucho y todos sabemos que el roce hace el cariño jujuju

En cuanto al polvo "anti-magia" cuando vuelva a aparecer el Rey Egbert mencionaré algo más sobre él y de dónde ha surgido, aunque reconozco que no me voy a explayar mucho en su explicación XD

Como siempre, cualquier duda, crítica constructiva, sugerencia o si sólo queréis pasar a saludar xD me podeís dejar un review, os lo agradeceré muchísimo ^^

Y ahora, me voy... a estudiar T.T estoy deseando acabar *lloro incluso más*

Un saludo!

Almar-chan