25. La última predicción de Trelawney

Harry despertó sobresaltado en medio de la noche. Su cabeza estaba a punto de explotar. Acababa de sufrir el ataque de pánico más intenso desde que estos empezaran a amargarle la vida meses atrás.

Caminó hacia la cocina, apuntó su varita hacia una jarra térmica de magos que había allí, y el calor impulsado por la varita hizo que el agua en su interior hirviera al instante. Con un movimiento de su varita de escamas de dragón sueco, hizo que una taza levitara hasta él. Entonces, se concentró en un hechizo que había aprendido hace poco: apuntó hacia el cielo, e instantes después unos granos de café molido cayeron dentro de la taza invocados desde unos campos lejanos a allí. Seguía mejorando en el arte de la cocina mágica, parte fundamental de la cual era saber convocar ingredientes desde campos de magos.

Con su café listo, se sentó a la mesa y cerró los ojos, mientras se llevaba la taza a los labios. Eran algo así como las cuatro de la mañana. Miró hacia la ventana y justo en ese momento una nube se corrió exhibiendo una luna en cuarto menguante. Ahora Harry vigilaba la luna todas las noches, deseando que la luna llena jamás llegara.

Miró su tablero en la pared: cada vez más atiborrado de recortes periodísticos y noticias, había poco que pudiera decirle sobre cómo encontrar a El Cazador de Brujas.

-¿Amor? –era Hermione, que se había levantado de la cama. Se acercó hacia él vestida solo con un camisón transparente que dejaba ver su ropa interior. Al llegar a la cocina y ver el rostro de Harry, de inmediato mostró preocupación. Se posó tras él y se agachó para abrazarlo por detrás. Harry cerró los ojos disfrutando de su perfume mientras ella le daba un suave beso en los labios. -¿Estás bien?

Harry asintió. Hermione giró alrededor de la silla y tomó asiento encima de él. Harry la abrazó por la cintura al tiempo que ella le acariciaba el cabello, peinándoselo un poco (lo poco posible).

-¿No puedes dormir?

-Solo pensaba tonterías –dijo él-. Nada grave.

Ella lo examinó con detenimiento.

-Tuviste otro ataque, ¿verdad?

-Nada de qué preocuparse, solo fue uno suave –mintió él.

Ella siguió mirándolo con detenimiento, incomodándolo un poco.

-Nunca has sido bueno mintiendo.

Harry bebió otro sorbo de café y levantó su varita al darse cuenta que no le había ofrecido uno.

-¿Quieres un café?

-No, gracias.

-Estaba pensando en irnos de aquí –soltó entonces.

-¿Cómo dices?

-De esta casa. Mañana mismo. Voy a irme.

Hermione frunció el ceño, miró por la ventana y Harry pensó que también estaba contemplando la luna.

-Sí, entiendo por dónde viene tu idea.

-Ya te capturó una vez, Hermione. No dejaré que te ponga las manos encima de nuevo.

-¿Crees que es Fenrir Greyback?

-No, no es él. Ya lo averigüé.

-¿Cómo dices?

-No puede ser Fenrir Greyback, porque él murió el año pasado, durante la guerra mágica. Hubo tantas muertes, que ni siquiera nos hemos puesto a pensar en algunas de ellas, por eso no lo habíamos sabido antes, pero Greyback murió.

-Recuerdo que Ron y Neville lo atacaron, pero no que haya muerto –dijo ella.

-Pues resultó que sí. Ron y Neville dijeron haberlo dejado inconsciente. Luego continuaron luchando en medio del caos, y no recuerdan haberlo visto de nuevo. Pero le pregunté al mismo Kingsley, revisó los registros de muertes de la Batalla de Hogwarts, y me dijo que sí murió. Al parecer Ron y Neville habrán creído dejarlo inconsciente, pero en verdad su propio maleficio asesino le había rebotado al pasar por debajo de ellos y rebotar en una pared, y había caído muerto por su propio maleficio, no solo inconsciente. Su cadáver fue retirado del Gran Salón junto con el de Voldemort, Bellatrix y otros Mortífagos. Yacen todos juntos en un sepulcro de repudio. Así que no hay ninguna duda. Él está muerto. No puede ser El Cazador de Brujas.

Hermione se quedó pensativa.

-Bien… De cualquier forma, no necesitas irte de tu casa, Harry. Ahora tienes hechizos protectores.

-Nada te protegerá de la Varita de Saúco, Hermione. Lo sabes bien. Ya no puede conseguir armas de George, pero no sabemos cuántas tiene al momento. Tenemos que irnos, e irnos a un lugar donde no pueda encontrarnos, un lugar que jamás imagine.

Hermione asintió.

-Sí, supongo que tienes razón –dijo entonces-. Estoy poniéndote en un compromiso, al quedarme aquí todas las noches. No solo estoy descuidando los ÉXTASIS, eso no es tan grave para mí actualmente. Pero ahora veo que hay otros motivos por los que debo dejar de abandonar el castillo cada noche.

-No, no quise decir…

-Lo siento, pero no se trata solo de protegerme a mí –dijo ella entonces-. No voy a dejar que te estés mudando de casa, huyendo por todos lados solo por esto. Es tan simple como quedarme en el castillo y ya. No será como que no nos sigamos viendo. Es decir, aún duermo sola en Hogwarts. Puedes venir a verme y quedarte tú allí.

Harry lo pensó unos instantes, y entonces asintió.

-Está bien, haremos eso –dijo-. A partir de ahora, de este mismo momento.

-No hay luna llena hoy.

-No creo que la falta de luna llena deba dejarnos muy tranquilos. Iré a ayudarte a guardar tus cosas, y las llevaremos de regreso a Hogwarts.

-Espera un segundo, termina tu café –dijo ella. Harry había amagado a levantarse, pero ella hizo peso con su cuerpo para impedírselo.

-Me preocupa que te haga algo, Hermione –Harry la miró muy serio, y no pudo reprimir más sus miedos-. No le tengo miedo a este tipo. No me da miedo enfrentarlo. Tampoco me da miedo su poder. Pero sí me da miedo la falta de conciencia que tiene sobre todo lo que hace, la crueldad con la que se mueve. No porque pueda hacerme algo a mí, sino por lo que puede hacerle a la gente que amo –Harry señaló con su dedo índice el pecho de Hermione, en la parte exacta del corazón-. Y tú eres lo que más amo en el mundo.

Hermione lo besó, su cabello cayendo en su cara. Envolvió su labio inferior con los suyos y se separó unos centímetros.

-Esto está todo tan raro, Harry –le dijo ella, reprimiendo un sollozo-. La forma en que nos llevamos con Ron. La muerte de Ginny… La forma en que todos nos miran sabiendo que estamos juntos.

-¿Te preocupa eso?

-¿A mí? Sí, claro que me preocupa. Todos están en un estado fatal. ¿Y cómo estás tú?

-¿A qué te refieres?

-Me refiero a Ginny. Tú la querías, lo sé.

Harry se quedó en silencio.

-Sí, claro que la quería –dijo-. No sé cómo sentirme al respecto. Aún no quise pensarlo. No quiero darle vueltas. ¿Qué puedo hacer? ¿Volver en el tiempo y salvarla? Créeme que lo haría si pudiera. No por amor, sino porque me afecta mucho lo que pasó. Por ahora en lo único que puedo pensar es en que no le ocurra la misma suerte a nadie más. Me concentro en eso con todas mis fuerzas, para evitar sentir nada más. Cuando todo esto haya terminado y haya matado a El Cazador de Brujas, ya habrá tiempo para llorarla.

Hermione asintió, y reposó su frente en la de Harry.

-No quiero pensar –dijo ella con un hilo de voz-. Yo tampoco. Quiero que me ames.

-Te amo –le dijo Harry, y le dio un beso profundo.

-Quiero que me toques.

Harry le acarició un pecho, la acercó más hacia sí y la besó con más intensidad. Ella cruzó una pierna del otro lado de él, quedando sentada de frente al chico, y empezó a desvestirlo.

Sin dejar de besarse, se quitaron toda la ropa y empezaron a moverse sobre la silla del comedor. Harry recorría el cuerpo desnudo de Hermione con sus manos y acariciaba cada parte de éste. Pasó sus dedos por las piernas de la chica, sintió el tacto de sus muslos, el sabor de su lengua, el roce de sus pechos. La movió con cuidado sobre él disfrutando del momento, gozando de ese instante eterno que la vida le regaló junto a ella.

Entonces, mientras se movían juntos, vio la muerte de la chica y la cabeza le explotó en pedazos.

-¡AAAHHHHGGG! –el bramido de Harry asustó tanto a Hermione que casi cae al suelo.

El Cazador de Brujas, con su máscara de lobo, agitaba una varita en el aire de forma despiadada, y el chorro de sangre saltaba directo desde el corazón de Hermione.

Con los ojos muy abiertos en profundo horror e impacto, Harry sintió vívidamente como la sangre proveniente del cuerpo de Hermione le salpicaba en la cara.

-¡NO! –gritó, aterrado. Sus ojos estaban abiertos como platos, pero no veían.

-¡Harry! ¡Harry!

Hermione lo sacudió varias veces hasta que Harry volvió en sí.

-¿Hermione?

Harry se quedó paralizado, respirando con dificultad y temblando. Hermione estaba desnuda sobre él, pero de una forma muy distinta a como había estado instantes atrás. Ahora ambos estaban aterrados, con rostros de conmoción, y ella estaba despeinada y llorosa mientras trataba de que el chico recuperara la razón.

-¿Estás bien? –le preguntó Harry.

-¡Claro que estoy bien! ¿Lo estás tú? –dijo ella, muy preocupada.

Harry miró alrededor. Estaban en el piso de la cocina. Todo estaba en orden, como antes. No había ningún Cazador de Brujas ni nadie allí.

-Evidentemente no –razonó Harry, asustado.

-¿Qué te pasó?

-Creo que… tuve una especie de visión.

-¿De qué hablas?

Harry alzó la mirada y la clavó en los ojos de Hermione.

-En nada, en nada –se puso de pie y caminó nervioso hasta la mesa. Tomó el camisón de Hermione y se lo pasó. –Disculpa. Discúlpame por todo esto.

-No, no me pidas disculpas. Dime, ¿qué te pasó? ¿Por qué te pusiste así? ¡Me diste un susto de muerte!

-Deben ser los ataques de pánico, de nuevo.

-Dijiste que tuviste una visión.

-Sí, no lo sé. No sé por qué me agarró eso –Harry se sujetó la cabeza con ambas manos y cerró los ojos. La imagen de Hermione con el pecho abierto y la sangre brotando de él quedó grabada en el interior de sus párpados, y la vio en colores negativos al cerrar los ojos. Los abrió de nuevo al instante.

Hermione lo miraba con mucho miedo.

-Voy a llevarte al castillo –le dijo Harry, tratando de recuperar la cordura-. Te llevaré al castillo, ¿sí? Y luego vendré aquí y trataré de dormir un poco.

-No vas a quedarte solo aquí –le dijo ella-. No sé qué te pasa, pero me da miedo que te pase de nuevo estando solo. Vendrás conmigo, a Hogwarts. Estarás bien allí.

Harry lo pensó unos instantes, y luego asintió con la cabeza.

-Estás bajo mucho estrés, Harry. Ven. Vamos ahora, directo a mi cama. Mañana puedo venir por mis cosas, no te preocupes por eso.

Le tendió una mano, que Harry tomó. Entonces ella lo condujo hasta el sofá, donde estaba la escoba. Le pasó su túnica, y mientras tanto ella se puso el camisón.

Cuando Harry acabó de pasarse la túnica por encima, vio que Hermione se había montado a la escoba y le aplicaba un encantamiento desilusionador con la varita.

-Yo conduzco, sube –le dijo.

Obediente, Harry se sentó tras ella y la abrazó por la cintura mientras Hermione daba una patada al suelo y emprendía el vuelo hacia el castillo.

Al día siguiente, luego de que Hermione fuera a desayunar y a cursar sus materias, Harry se quedó solo en la habitación de la chica en Hogwarts, recostado en la cama. El dolor de cabeza no lo dejaba salir de la cama, y se había quedado allí durmiendo luego de saludarla. No creía que fuera a haber ningún problema, ya que Hermione dormía sola allí, pero aun así se puso algo nervioso. ¿Y si un elfo doméstico entraba a limpiar? Debían hacerlo a esa hora del día, ya que no había muchas más alternativas.

Harry entonces vio que en la mesita de luz de Hermione había un folleto con el dibujo de un elfo doméstico. Lo tomó y lo leyó:

Hogwarts libre de elfos domésticos

Desde este año, y en respuesta a varios pedidos de la comunidad mágica luego de la famosa nota escrita por Harry Potter, Hogwarts ha liberado a todos sus elfos domésticos. Luego de darles la libertad a todos, les han otorgado empleo remunerado en el colegio a aquellos que quisieron, y a los que no se les dio una jugosa indemnización para que pasaran cómodos el resto de sus vidas en libertad disfrutando sus vidas. Aunque algunos de ellos aún tienen casi quinientos años de vida por delante, como directora me he asegurado que mantendré la mensualidad de estos durante todo el tiempo que Hogwarts siga existiendo conmigo a cargo, para indemnizar la esclavitud a la que han estado sometidos hace siglos en el colegio.

Este gran avance hacia los recientemente reconocidos derechos de los elfos nos llena de orgullo como escuela. Instamos a todos los estudiantes a tratar con respeto a los elfos que quedan trabajando en el colegio.

Además, debemos recordarles que, debido a la ausencia de muchos elfos, ahora los alumnos serán instados a mantener el orden y limpieza en sus habitaciones y salas comunes, actitud que deberían haber tenido siempre, pero que ahora se controlará más que nunca. A todos los prefectos, insto a estar alertas en todo momento a las actitudes de poca higiene de los estudiantes, para corregirlas de inmediato.

Directora Minerva McGonagall

Harry terminó de leer, conmovido de que su nota en El Profeta hubiera tenido que ver con eso. ¿Por qué Hermione nunca le había dicho nada? No había dudas de que esa nota había tenido algo que ver con el hecho de que Hermione empezara a fijarse en él… Quizás el motivo por el que no le había hablado al respecto era que tenían tantas otras cosas en qué pensar, y tantos problemas más urgentes…

Harry suspiró hondo. Aquel año no iba como había pensado. Pensaba que se dedicaría a descansar, a administrar su tienda en el Callejón Diagon, a estudiar para ser auror, a pasar tiempo con Ron. Nada de eso se había cumplido. Todo había sido revuelto y acabado patas arriba.

Entonces, Harry se dio cuenta de que hace tiempo quería hablar con alguien de Hogwarts. Ya que estaba allí en ese momento, no podía dejar pasar la oportunidad.

Harry se puso de pie, se vistió, se aplicó un encantamiento desilusionador y salió del cuarto. Avanzó con precaución por la sala común y salió al pasillo del séptimo piso. Luego de recorrer un buen tramo por el pasillo, lo que como siempre que volvía le trajo muchos recuerdos y nostalgia, finalmente llegó a la escalera de caracol y la subió para entrar al aula de la profesora Trelawney.

No había alumnos. El aula parecía vacía. No debía ser horario de clases con ella en ese momento.

-¿Profesora? –preguntó, aun invisible.

De pronto, una silla giró sobre sí misma y reveló a la profesora Trelawney. Con el mismo aspecto de siempre, miraba desconcertada hacia el lugar donde estaba Harry.

-¿Quién anda ahí?

-Oh, lo siento –Harry se quitó el encantamiento y se reveló ante ella-. Soy yo. Harry Potter.

-Ah sí, claro –la profesora se acomodó los anteojos de botella-. Te vi venir, claro. He percibido tu aura desde que entraste al castillo.

-Vaya –Harry fingió estar impresionado-. ¿Así que me ha sentido desde hace media hora, cuando ingresé al castillo por primera vez?

-Sí, desde ese momento –ella asintió enérgicamente con la cabeza, y Harry tuvo que reprimir los deseos de reír por la tomada de pelo que le había hecho.

-Lo siento, sé que no soy más alumno –dijo él-. Pero estaba preguntándome… Si podía hablar un minuto con usted, si no estaba ocupada.

-Claro, no hay problema, toma asiento.

-Gracias.

Harry se sentó ante ella, se aclaró la garganta y la miró un tanto nervioso.

-Me he quedado pensando en la predicción que me hizo el año pasado –dijo entonces, yendo al grano.

-Ah, sí, eso –ella asintió nuevamente-. La predicción que te hice luego de terminada la segunda guerra mágica, luego de que vencieras a Lord Voldemort. Cómo olvidarla.

-Sí, esa misma –Harry respiró hondo-. Para mí fue algo muy reconfortante, ese día. Aún estaba agotado por todo lo que había pasado, y debo admitir que cuando usted se acercó a proponerme leerme el aura, para asegurarse de que mi experiencia de morir… y luego volver… no me hubiera afectado el alma… bueno, debo admitir que en el momento pensé que eran puras patrañas.

-No me extraña –dijo ella, con algo de enojo.

-Pero acepté porque algo en mí había cambiado –admitió-. Y en un segundo pensamiento, ya no lo creí así. Así que después, cuando me leyó el futuro y me mostró esa escena que tendría lugar 19 años después, en la estación King Cross, despidiendo a mis hijos que empezarían la escuela de Hogwarts… casado con Ginny, y Ron con Hermione, debo decir que me lo creí totalmente y pensé que se cumpliría.

-¿Y cuál es el problema?

Harry frunció el ceño y la miró con seriedad.

-Todo se desmoronó ahora. Ginny murió. Yo me puse de novio con Hermione. Es obvio que ese futuro jamás llegará a cumplirse.

-¿Te gustaba ese futuro, muchacho? –le preguntó ella.

Harry se detuvo un instante reflexionando esa pregunta.

-No sé si me gustaba, pero se suponía que eso era lo que iba a pasar. El hecho de que haya resultado todo tan distinto es algo que me preocupa, que me tiene todo el día estresado. Porque no dejo de sentir que eso era lo que "debía ser", y por lo tanto todo lo que está pasando ahora "está mal". El solo pensar en eso me produce jaquecas. Se suponía que viviríamos vidas tranquilas, que me casaría con Ginny… Claro que si besé a Hermione es porque dentro de mí no quería ese final, supongo. Pero desde que rompí esta predicción, haciendo las cosas de forma distinta a como usted me había dicho, siento que estoy viviendo una realidad que no es la real. Como si este curso de eventos no pudiera ser el "oficial", como si lo hubiera inventado una persona que no es la misma que escribió toda la historia antes, hasta el día de hoy. Estoy teniendo ataques de pánico, y creo que se deben a que yo creía que el resto de mi vida conduciría a esos "19 años después" que usted me había mostrado el año pasado en esa bola de cristal, y que todo estaba controlado para ir allí. Cuando todo empezó a salir distinto, empecé a sufrir ese descontrol, me afecta cada día de mi vida porque sé que estamos viviendo una realidad "alternativa", que no puede ser la "real".

Trelawney lo miró y, para sorpresa de Harry, sonrió.

-No hay una única realidad, muchacho –le dijo, mirándolo con compasión-. Ese es el verdadero secreto de la adivinación. Esa profecía que te hice el año pasado fue mi última profecía, hasta el día de hoy, así que la recuerdo con claridad. Pero no existe un librito sobre nuestras cabezas, muchacho, que tenga escrito todo lo que pasará de aquí en adelante. Uno predice el futuro en base a probabilidades. Existen infinitos caminos en tu futuro, cada uno de ellos sale de una decisión o evento diferente. Cada comida que elegiste cocinar determina, como en un efecto mariposa, con quién te casarás en veinte años. Cuando te leí el futuro, el año pasado, había un 90% de caminos en tu futuro que conducían a ese día, en la estación King Cross, casado con Ginny. Era muy certero. Más allá de las decisiones que tomaras, un 90% de los caminos que eligieras para tu futuro terminaban en ese día. Pero no eran el 100%. Algo que decidiste, alguna pequeña cosa, te terminó llevando por otro camino, uno de los del 10% restante, y ahora estás viviendo ese camino.

-Fue mi decisión de besar a Hermione, seguramente.

-No lo creo. De hecho, suelen ser las pequeñas decisiones. Como comer carne en vez de verduras, por ejemplo. No tienes idea. Quizás en julio decidiste comprar tres botellas de cerveza de manteca en vez de dos, y eso desencadenó este futuro que estás viviendo. La adivinación es muy complicada. Pero no te preocupes, muchacho, no eres solo tú: el mundo en que vivimos es el resultado de las decisiones de miles de millones de personas a la vez.

-Entonces, ¿no debo preocuparme de haber alterado el curso de las cosas?

-Oh, muchacho, mis años me enseñan cosas nuevas cada día. He aprendido que querer conocer el futuro siempre puede ser muy agotador. Más que preocuparte, agradece que tienes la libertad de elegir y hacer tu propio futuro. Disfruta de los cambios de la vida. ¿Qué podría ser más aburrido que saberlo todo desde el principio?

Harry asintió, y sorprendentemente sonrió.

-Gracias, profesora.

-No, de nada muchacho -lo miró con una sonrisa maternal-. Ahora vete del castillo antes de que le diga a McGonagall que estás metiéndote ilegalmente aquí.

-Oh, sí, lo siento.

Pasaron los días y llegó marzo. Harry no había vuelto a sufrir de ataques de pánico. Controlaba el calendario lunar con preocupación cada día, cada vez faltaba menos para la luna llena.

Harry seguía viviendo en su casa, pero Hermione cumplió su palabra y no volvió a ir. Ron estuvo ausente esas semanas porque tenía un partido de la liga en Alemania, el cual lo tuvo ocupado mucho tiempo y por suerte el equipo inglés acabó ganando frente a los alemanes, en Berlín.

Harry retomó sus estudios, con materias nuevas. Sus nuevos profesores le enseñaron nuevas cosas que le sirvieron para aplicar en su propia investigación sobre El Cazador de Brujas. También tuvo tiempo para trabajar en el Ministerio (ya no más intervenido por Jacob Greyback) y para administrar su tienda, junto a Neville y Philip.

Finalmente, cuando Ron regresó a Inglaterra, luego de una breve doble celebración con él (cumpleaños y victoria en su partido), planificaron su reunión con el grupo de lucha que se había formado. Decidieron no retrasar las cosas y llamaron a la reunión lo antes posible.

Ese día, todos se encontraron en la casa de los Weasley, y se reunieron en torno a la mesa para discutir la posibilidad de un golpe contra El Cazador de Brujas.

-No puedo creer que esté aquí -dijo Malfoy, mirando a su alrededor.

Varios Weasley lo miraron sin decir nada. Les habían hecho prometer que no lo atacarían.

-Pero viniste -dijo Harry.

-Sí. Ambos queremos acabar con ese tipo -señaló a Goyle, que estaba a su lado con cara de querer suicidarse. Malfoy lo habría arrastrado allí casi a la fuerza.

-Podremos hacerlo mejor juntos -dijo Harry-. Quería esperar a que estén aquí para decirles esto, delante de los demás, pero siento haber desconfiado de ustedes en el verano. Seguramente sabrán que sospeché de su familia, por lo que pasó.

-Papá era el que tuvo esa locura de querer ser amigo de los Weasley -dijo Draco, y no pudo reprimir una mueca de asco. Harry vio que Ron apretaba los dientes. -Yo no tuve nada que ver. Deberían pedirle disculpas a él.

-¿Entonces por qué estás aquí? -soltó George, sin poder contenerse.

-George, dijimos que seríamos amables con él -dijo Hermione.

-Luego de haber hecho un juramento inquebrantable, y ahora poder gritar libremente que JACOB GREYBACK ERA "G" -dijo esto último muy fuerte, ahora que podía se andaba gritando eso por todos lados todo el día-, faltar a la promesa que te hice, Hermione, sobre no atacar a Draco… se siente como masticar gragueas con la boca abierta. Juego de niños.

-Estoy aquí porque quiero matar a ese tipo -dijo Draco, contestando a la pregunta-. Y quizás no tenga tantas ganas de esta reconciliación familiar como mi papá, pero sé que lamentablemente ustedes son buenos magos, y si no podemos unirnos entre todos quizás no podamos vencerlo por separado.

-¿Por qué quieres vencerlo? -preguntó Charlie-. Nunca pensé que a los Malfoy les importara demasiado que un mago oscuro se alzara al poder.

-Quizás nunca conociste bien a un Malfoy -dijo Draco, frío.

-No te ofendas, pero él tiene motivos para decirlo -dijo Ron-. Tú mismo eras un mortífago, no puedes negarlo.

-Voldemort lo obligó -dijo Harry, pensando que si seguían atacándolo entre todos acabaría por irse-. ¿Verdad?

-En parte, sí -se encogió de hombros con rebeldía-. ¿Y qué si no me obligó? Este tipo cazador no me cae bien. Quiero que se muera de una vez. Es un imbécil. Hace lo que hace sin ningún tipo de motivos, mata magos sangre pura y dice que lo hace "por diversión"…

-Conque de eso se trata -Hermione se cruzó de brazos-. Lo quieres muerto porque está matando a tus preciosos sangre pura.

-Hermione -Harry le lanzó una mirada de advertencia. Malfoy la percibió, miró a la chica y luego volvió a mirar a Harry. Entonces sonrió ampliamente. Mostrando sus dientes parejos y relucientes, se cruzó de brazos y se reclinó en la silla mientras miraba al par muy divertido.

-Están saliendo, ustedes. ¿No? Me gusta la pareja.

Ron le lanzó una mirada que habría congelado las calurosas playas de Bahlearis Island.

-Mejor hablemos de El Cazador de Brujas, Malfoy -dijo George, y Harry vio que tomaba a Ron por un brazo, como temiendo que este saltara de su asiento para atacar a Draco-. La idea es evitar asesinatos, no hacerlos.

Malfoy se encogió de hombros de nuevo y miró a Harry.

-Tú eres el fortachón -le dijo, en tono algo burlón-. Dime, ¿en qué les puedo ayudar?

-Bien -Harry tomó aliento, le lanzó una rápida mirada a Ron y luego se dirigió a Malfoy-. Más allá de nuestras diferencias, reconocemos que eres un muy buen mago. Nosotros tenemos herramientas para atacar a El Cazador de Brujas. Lo que necesitamos, además de un par de varitas extra, es pensar en una forma de dar con él. De atraparlo.

Draco se quedó mirando a Harry.

-Pues esperen a que ataque de vuelta -dijo-. Quiere tu capa. Úsala como señuelo.

Harry se llevó una mano a los labios, pensativo.

-Sí. Claro que no usaré la verdadera capa, porque no podemos correr ese riesgo.

-No. Usa la verdadera -dijo Draco.

-¿Qué use la verdadera? -Neville miró a Malfoy indignado-. Ahora me queda claro que en verdad quieres ayudar a El Cazador de Brujas.

-No entiendes, Longbottom. No me sorprende -Harry cerró los ojos, pensando que hubiera ayudado que Draco se ahorrara ese último comentario. -Este tipo es un mago tenebroso, obviamente se maneja con las artes oscuras. Esta clase de sujetos huelen la falsedad de una capa invisible barata a dos cuadras de distancia. Él siente la presencia de un objeto mágico valioso, original, no una imitación. Se dará cuenta a diez kilómetros de distancia que la capa es falsa.

-Dos cuadras… no son diez kilómetros -Luna se puso a contar con sus dedos. Malfoy la miró con una ceja arqueada.

-Entonces -Harry retomó la charla-. Crees que deberíamos atraerlo con la capa verdadera.

Harry no le había dicho a nadie dónde había escondido la verdadera capa. Para hacerlo, había imaginado que era Voldemort y tenía que esconder uno de sus Horcruxes. Consideró que solo pensando así podría ocultarla donde nadie fuera a hallarla jamás.

-¿Y si consigue robárnosla? -preguntó Oliver-. Es un riesgo demasiado grande.

-Conseguiría su objetivo. El Amo de la Muerte -Charlie puso cara de preocupación-. Ya nadie podrá detenerlo.

-No podemos dejar que consiga esa capa, bajo ninguna circunstancia -dijo Hermione, y miró a Harry alarmada-. No creo que entiendas lo que está en juego aquí, Draco. Debe haber otra forma.

-Bien, como quieran -Malfoy alzó las manos, como insinuando que no tenía ningún problema-. Solo vine a ver si podíamos armar un plan entre todos para matar al tipo. Esta es mi idea. Si alguien tiene una mejor, dígala.

Todos se quedaron en silencio, pensativos. Excepto Goyle, que no parecía estar pensando nada. Se hurgaba el oído con un dedo y luego se lo chupaba. Hermione lo miraba con asco.

-Creo que él tiene razón -dijo Luna-. No hay otra forma. Si solo esperamos y no hacemos nada, de cualquier forma seguirá matando.

-Si vamos a hacerlo -empezó Ron-, si vamos a atacarlo con ese plan, tiene que ser infalible.

-Tengo un mal presentimiento sobre esto -dijo Evangelina, negando con la cabeza.

-No podemos correr ningún riesgo -dijo Oliver-. No puede conseguir la verdadera capa, pase lo que pase.

-Bien, ¿quién vota por este plan? -dijo Malfoy, y alzó la mano. Al ver que Goyle seguía chupándose el dedo, distraído, le dio un codazo y este alzó la mano también.

Harry miró alrededor, a ver quién más alzaba la mano. Para su sorpresa, vio que Ron la tenía en alto. Oliver y Luna también alzaron la mano. Luego de que la chica lanzara una mirada a su nuevo novio, Neville la levantó también.

Malfoy contó rápidamente las manos alzadas.

-Seis de once -declaró-. Mayoría. ¿Cuándo empezamos con los preparativos? ¿Hoy mismo, o…?

El muchacho sacó del bolsillo de su túnica una manzana verde y le dio un mordisco, mientras se reclinaba en la silla con cara de satisfacción. Harry alzó una ceja mientras lo miraba. Entonces miró a Hermione, y esta le devolvió una mirada que parecía decir: "si no hay alternativa…"

-Hagamos una nueva reunión, este fin de semana -sugirió Harry-. Todos traigan ideas por escrito. Sobre todo, pensemos en cómo asegurarnos que el plan sea realmente infalible.

-Tengo un prototipo de arma que podría ayudar -dijo George-. Trabajaré en eso para tenerlo listo. Oliver, ven a mi casa mañana si puedes, así lo hacemos juntos. Eres casi tan bueno como yo construyendo ahora.

-Si, claro -dijo él.

-Genial -dijo Harry-. Neville y Luna, si pueden consigan toda la información que encuentren sobre hechizos y encantamientos para proteger la capa, para que aunque él la vea y sienta, no pueda tomarla. ¿Quizás alguna planta, Neville?

-No sé si exactamente para eso -dijo Neville-. Pero hay un nabo tibetano que sirve para desmoleculizar objetos. Es como si estuvieran allí, pero no puedes tomarlos. Investigaré.

-Eso es perfecto -dijo Harry-. Bien. Hasta el fin de semana, entonces.

-Hasta el finde, jefesito -Malfoy le guiñó un ojo, y Harry puso los suyos en blanco, mientras recogía sus cosas.

Los invitados salieron afuera y se fueron desapareciendo para regresar cada uno a sus casas. Harry se quedó allí solo con Ron, Hermione, y Charlie. Este último anunció que se iba a su habitación y se fue escaleras arriba.

-¿Quieren venir a casa? –preguntó Ron. Harry ya había estado un par de veces en el nuevo apartamento de Ron, que estaba en Londres, pero fuera del Callejón Diagon. Lo había comprado con un crédito que sacó en Gringotts y lo pagaba con sus ingresos en Sortilegios Weasley.

-Sí, claro –dijo Harry.

-Yo no puedo, tengo que estudiar para los ÉXTASIS –dijo Hermione-. Estoy atrasadísima.

-Cuándo no –dijo Ron, con ironía.

Hermione le dirigió una sonrisa y entonces se despidió de ambos, salió al patio y se desapareció.

-Vamos para casa –dijo Ron-. Quiero mostrarte la nueva escoba que me compré.

-¿Te compraste una nueva escoba? No me dijiste nada. Sabes que yo vendo, ¿verdad? Podrías haberme dicho y te conseguía alguna buena con descuento.

-Claro, si te la compré a ti –dijo él, y soltó una risotada-. Hice los arreglos con Neville, me consiguió una Nimbus de las que salieron nuevas el año pasado a muy bajo precio y con entrega inmediata. Hasta me consiguió que viniera con kit limpiador incluido sin cargo adicional.

-Oh, genial –Harry rio de que Ron le hubiera comprado algo a él sin siquiera haberse él enterado, y por un momento se sintió como si volvieran a ser amigos igual que en los viejos tiempos.

-¿A dónde se fue todo el mundo? –dijo la señora Weasley, apareciendo de pronto con una bandeja repleta de galletas dulces y jugo de naranja.

-Todos se fueron, mamá –dijo Ron-. Pero me alegra que lo hayan hecho antes de que tú te aparecieras con eso.

-¿A qué te refieres?

-Tengo casi veinte años, mamá, no puedes aparecerte ante mis amigos con galletas y jugo de naranja.

-Tú no tienes veinte años –la señora Weasley dejó la bandeja y entonces convocó unas bolsas con su varita-. Ven, ayúdame con esta ropa para lavar, hijo. ¿Quieres llevarla al lavadero? Son muchas bolsas.

-Mamá, pero estoy de visita ahora, ya no vivo aquí –se quejó él.

-¿Y eso qué tiene que ver? ¡Vamos! ¡Hazlo! No voy a repetirlo.

Rezongando, Ron agitó su varita e hizo levitar las bolsas, y se fue con ellas hacia la parte trasera de la casa.

-Yo lo ayudo –dijo Harry, sacando su varita y caminando tras él, pero la señora Weasley lo detuvo.

-No, no, Harry, ¿podrías ayudarme con otra cosa tú?

-Sí, claro.

-Bill llegará mañana, vienen a pasar unos días con Fleur mientras les cambian el piso de su casa. Uno diría que con magia los pisos se cambian enseguida, ¿verdad? Pero no. Les pasaron tres días de demora, una locura. En fin, Bill ya me dejó su bolso por medio de red flú, pero me duele la espalda hoy para andar subiendo las escaleras. ¿Te importaría dejarlo en el cuarto que solía ser de George? Se quedarán allí.

-Sí, ningún problema –dijo Harry.

-Gracias, querido.

Harry hizo levitar el pesado bolso de Bill y lo subió por las escaleras de La Madriguera hasta llegar al cuarto que solían ocupar Fred y George. Abrió la puerta, entró y se quedó mirándolo.

Le producía tanta nostalgia estar allí, en el cuarto donde tantas veces había visto a Fred hacer travesuras. Era sencillamente horrible que él ya no estuviera allí. Y el solo pensar que Ginny tampoco…

De la distracción, por estar pensando aquello, olvidó mantener el hechizo de levitación, y la valija de Bill cayó al piso de golpe y se abrió de par en par por el impacto.

Harry se acercó a pasos largos y se dispuso a cerrarla.

Pero, entonces, algo llamó su atención. Algo que sobresalía por debajo de una pila de pantalones.

Con el ceño fruncido, Harry miró por encima de su hombro, y luego de cerciorarse que nadie lo veía levantó los pantalones de Bill para ver mejor el objeto que estaba debajo.

Su corazón se detuvo.

Harry se quedó de piedra, duro, sin mover un músculo. No podía creer lo que veían sus ojos.

-No es posible –dijo en voz alta, o quizás solo pensó en decirlo, pero no emitió sonido.

Empezó a respirar agitado, muy nervioso. Sus ojos veían aquello, pero su cerebro no lo creía.

De pronto, unas voces empezaron a sonar en su cabeza. La voz de Jacob Greyback diciendo "no puedo decirlo" cuando le preguntaron quién era él, y "es un hombre lobo, el más feroz de todos".

"No es Fenrir Greyback, él ha muerto", había dicho Harry.

"Es un hombre lobo, el más feroz de todos. Uno que no necesita convertirse para atacar". Eso había dicho Jacob.

-Bill –dijo Harry en voz alta, pero pareciéndole imposible que su descubrimiento fuera real. Aunque tuviera todo el sentido del mundo. Aunque Bill hubiera sido mordido por Greyback y, aparentemente, no desarrollado ningún efecto secundario por eso…

O eso habían creído ellos.

Aunque Jacob había dicho: "Uno que no necesita convertirse para atacar".

Harry sujetó aquel objeto en sus manos, mientras negaba con la cabeza, escéptico, negándose a creerlo.

Aunque tuviera todo el sentido del mundo. Porque Bill había sido el único Weasley en no ir con ellos a Malfoy's Resort. El único que no había estado allí presente cuando eso ocurrió. El único que no había asistido al partido de Quidditch del asesinato y por ende no estaba allí con los demás.

Harry se quedó mirando la máscara de lobo que tenía en la mano. Era la misma máscara exacta que había visto en la cara del mago oscuro en cada una de sus apariciones.

Bill Weasley era El Cazador de Brujas.