Por fiiiiin!
Primero lo primero, lamento muchísimo haber tardado tanto, no tengo excusa ninguna mas que la falta de inspiración. No sabéis la de días que he abierto el documento para escribir y he acabado cerrándolo ante de dormir sin haber podido escribir ni una palabra.
La verdad es que he pasado un momento muy bajo en cuanto a fan de Frozen, vi la temporada de OUAT y me gustó taaan poco que se me quitaron las ganas oisssshhh, pero al salir Frozen fever (que por fin vi la semana pasada), y ahora por fin algunas noticias y rumores sobre Frozen 2 he vuelto a recordar por qué me gustaba tanto, y por qué era tan fan del Helsa jaja
No me entretengo más por aquí, nos vemos de nuevo en las notas finales!
Disclaimer: No, Frozen sigue sin pertenecerme =(
CAPÍTULO 11
Tras varios días de viaje junto a sus nuevos acompañantes, Elsa sentía la tentación de bajar la guardia. No obstante, fiel a su naturaleza racional, consiguió evitarlo la mayor parte del tiempo.
La verdad era que, por muy atemorizantes que la troupe de rufianes pareciera, su comportamiento era en general todo lo contrario a lo que cabría esperar. Aun así, Elsa seguía alerta. Optó por tratar de pasar lo más desapercibida posible, ser lo más anodina y aburrida posible y así pasar a un segundo plano para poder observarlo todo desde cierta distancia. Quizá por ser la única mujer del grupo, no le costó conseguir su objetivo.
Hans no lo tenía tan fácil. Elsa estaba completamente sorprendida, aunque si lo pensaba fríamente no tendría por qué estarlo, de la gran capacidad que había demostrado para adaptarse a su nueva situación. Si no le conociera, de verdad creería que era un pobre pueblerino en busca de un porvenir. Sólo en un par de ocasiones le había visto dejar caer su máscara y mostrar alguna reacción propia de él. Generalmente de fastidio. Su favorita, y no es que lo quisiera reconocer, era la forma en la que rodaba los ojos a espaldas de Mano de Garfio cada vez que le ordenaba recoger algo de leña para hacer una hoguera.
En realidad, Elsa estaba segura de que estaban explotando a su compañero más de lo necesario. Si bien la mayor parte del tiempo le encantaba verle trabajando sin un respiro y sufriendo un poco, también había algunos momentos en los que se acababa preocupando. Cada noche, Hans colocaba pulcramente en el suelo su manta junto a la de ella asegurándose de que no tuviera ninguna imperfección, siempre algo apartados del resto, y caía sobre ella sin reparos con un suspiro de cansancio. Apenas un minuto después se quedaba dormido mientras trataba de masajearse sus brazos adoloridos.
Ninguna noche había llegado a escuchar como aquellos rufianes se reían de todo lo que le había tocado hacer, empujar él solo del carromato cuando se atrancaba en el barro, cargar con el saco más pesado cuando querían sacar algo, adelantarse corriendo algún kilómetro para asegurarse de que el camino estaba en buenas condiciones… esta en concreto le obligaba a correr y darse toda la prisa que podía, pues no estaba muy dispuesto a dejar a Elsa a solas más de un par de minutos.
No quería reconocerlo pero, en el fondo, sentía pena por él. Y sabía que era un sentimiento estúpido teniendo en cuenta quien era él, mas no lo podía evitar. Supuso que se debía a que era su compañero de fatigas y la persona que se había comprometido a ayudarla a volver a casa, simplemente por eso.
Aquella misma noche, tras ver una vez más a su acompañante caer rendido unos minutos atrás, sus pasos le llevaron sin atisbo de duda o reparo hasta la pequeña fogata donde se sentaban en resto de compañeros de viaje. Allí, los atemorizantes rufianes bebían y reían ajenos a su presencia.
La joven se aclaró la voz pero ninguno se percató de su presencia. Volvió a carraspear, esta vez con algo más de fuerza, pero con idéntico resultado.
―Disculpen… ―dijo sin mucha convicción.
Esta vez logró que alguna cabeza se girara para observarla, sin embargo medio segundo después todos seguían a lo suyo.
Elsa apretó los puños y sus labios se transformaron en una fina y pálida línea. Que tuviera que ocultar que era la Reina de Arendelle no significaba que por ello dejara de serlo.
―¡Disculpad! ―exclamó esta vez en voz alta consiguiendo la atención de todos, quienes por un segundo la observaron algo sorprendidos.
―Oh, ¿Qué asuntos te traen por aquí a estas horas? ―preguntó Mano de Garfio sin rodeos.
Por un segundo, al notar todas las miradas posadas en ella, la joven sintió su convicción flaquear. No obstante, sólo fue un segundo. Esto le dio incluso más fuerzas para hablar. Alzó la cabeza con majestuosidad y les encaró sin ningún miedo.
―Vengo a pediros que dejéis de explotar a… a… mi primo Hansoff ―respondió esta vez con autoridad, pese al titubeo al nombrar a su susodicho familiar―. No es divertido y no es justo. Además, si todos colaboramos un poco podremos hacer el mismo trabajo con menos esfuerzo y en menos tiempo ―argumentó―. Cuando nos unimos a vosotros, pensábamos que viajar en vuestra compañía sería bueno para nuestro viaje, pero puesto que no es así, si esta es la forma en la que pensáis tratarle, creo que será mejor que nos marchemos por separado.
Ante esto, todos los rufianes quedaron en silencio. La propia Elsa era consciente de que, en el tiempo que llevaban viajando en compañía, esta era la vez que más había hablado. Se dio cuenta de que no se esperaban una reacción así por parte de una supuesta joven modesta.
―Buenas noches ―se despidió cordialmente sin dar tiempo a más réplicas.
Caminó con paso acelerado hasta su rincón establecido, donde Hans dormía. Su respiración parecía un tanto desacompasada pero tranquila y Elsa pudo notar que se había destapado ligeramente e, instintivamente se agachó con cuidado para cubrirle bien con la capa.
Cuando se trataba de frío, era algo que no podía evitar. Si bien a ella no le molestaba, sabía que al resto de la gente sí. Su instinto inmediatamente se ponía en alerta para que no estuvieran incómodos con la temperatura.
Mientras se acostaba de nuevo, dispuesta esta vez sí a dormir, se percató de que su alegato había estado totalmente fuera de lugar en el sentido de que… ¡Elsanna no debería comportarse así! Había perdido por completo su papel por lo que a sus acompañantes les podría resultar bastante sospechoso.
De cualquier manera, decidió, no le importaba. Tal vez estuviera fingiendo ser quien no era, pero ella era una reina y era su deber velar por el bienestar de su gente. Si lo pensaba bien, Hans no era en absoluto "su gente" sin embargo no había dudado ni un momento en acudir en su ayuda de una vez por todas. Quizá simplemente fuera la costumbre, cuidar y velar por el bienestar de todos.
No obstante, los repentinos y acelerados latidos de su corazón le decían que no había sido simplemente por eso. En ese momento, Hans y ella estaban juntos, para lo bueno y lo malo, al menos hasta que llegaran a Arendelle. Eran un grupo, eran compañeros y permanecerían unidos. Porque del mismo modo que ella deseaba regresar a casa, se había dado cuenta de que también deseaba ver la evolución del joven a lo largo del viaje, era sin duda algo que no podía evitar interesarle.
Y esta revelación, sabiendo quién era él, le causaba cierto temor.
Cuando Elsa despertó a la mañana siguiente alertada por algunos movimientos a su izquierda descubrió, para su sorpresa, que casi todo estaba listo para emprender de nuevo el viaje y que Hans recogía tranquilamente sus cosas del suelo.
Este hecho era extraño, pues siempre le obligaban a despertarse de los primeros y cargar con los bultos y al final era ella misma la que tenía que encargarse de recoger sus pocas pertenencias. La joven no pudo evitar una leve sonrisa. Quizá su charla de anoche había servido para algo.
―Buenos días ―escuchó que le decía su compañero.
Se volteó levemente hacia él y le descubrió recogiendo sus cosas, cabizbajo y sin mirarla siquiera.
―Buenos días ―respondió ella con la voz algo dormida―. ¿Hay algo para comer?
―Sí, te he reservado algo para cuando despertaras ―le contestó él con tono neutro y continuando sin mirarla a los ojos.
Hans señaló a un pequeño pañuelo cerrado alrededor de lo que ella supuso que sería la comida, colocado pulcramente encima de su bolsa. Elsa se acercó tranquilamente y se dispuso a dar buena cuenta de su desayuno.
Sin embargo, no podía evitar observar al joven se soslayo. Había algo en su actitud que no terminaba de resultarle normal.
―¿Hans?
―¿Sí?
―¿Te pasa algo?
―No ―respondió él de nuevo con ese tono neutro, y concentrado en sus quehaceres.
Elsa, por supuesto, no estaba convencida en absoluto. De pronto cayó en la cuenta de lo ocurrido aquella noche. ¿Quizá su pequeño discurso había empeorado las cosas?
―¿Te han hecho algo… los otros? ―preguntó tratando de esconder su leve pánico.
Esta vez sí, Hans alzó la vista. Hasta ese momento ninguno de los dos se había realmente percatado de lo cerca que estaban el uno del otro. El joven la observó medio segundo a los ojos, para después desviar la mirada, y acto seguido volver a encarar sus ojos con algo de inseguridad. Elsa no podía estar más desconcertada.
―No, no me han hecho nada ―dijo casi en un suspiro, su voz incluso más grave de lo habitual―. Y date prisa o se irán sin nosotros ―espetó recuperando un tono molesto.
Elsa frunció el ceño, algo enfadada por el comentario tan maleducado y fuera de lugar, sin embargo no dijo nada más. Dejarse llevar por la ira no la llevaría a ninguna parte y prefería mantener la mente despejada y con claridad. Lo cual, sospechaba, era lo que Hans estaba tratando de evitar.
El día transcurrió sin contratiempos, otra jornada de viaje rutinario. Efectivamente, la joven pudo comprobar que su pequeña charla había surtido efecto, pues de pronto, todos se repartieron en trabajo que habitualmente le encargaban exclusivamente a Hans. Esto significaba que ella misma también tuvo que ayudar, mas no le importaba, realmente le hacía sentirse útil y así mantenía la mente ocupada en cosas que no fueran su verdadera situación, y otra incluso peor, su compañero de viaje.
La realidad era que, si bien Hans había sido liberado de su arduo trabajo, su humor no parecía acompañarle. Durante todo el día se había mostrado cabizbajo y taciturno. En algún momento Elsa incluso había deseado volver a verle resoplar y rodar los ojos molesto por tanto trabajo con tal de no seguir caminando al lado de su ausente persona. Cada vez estaba más segura de que jamás llegaría a entenderle. Todo un misterio para ella, lo cual no era precisamente conveniente. Había llegado un punto en que no sabía si sentía curiosidad o genuina preocupación. Aunque si su actuación de la noche anterior era prueba de algo, más bien indicaba lo último.
Quizá simplemente estuviera en su naturaleza preocuparse por las personas y este era un caso más. Propio de su cargo. Quizá.
Con la caída del Sol, llegó la hora de acampar de nuevo. El día había transcurrido sin contratiempos y con tranquilidad, por lo que parecía que este humor se había contagiado a sus acompañantes, quienes parecían más afables y menos excéntricos, si es que eso era posible, de lo habitual. Elsa incluso se permitió la ocasión de charlar amenamente con ellos durante la cena, puesto que su "primo" no tenía intenciones de cambiar su estado de ánimo.
Debía reconocer que cuando estaban calmados eran personas de lo más agradable, pese a su apariencia de rufianes. No obstante, como siempre, trató de mantener ciertas distancias para evitar cualquier comentario que pudiera delatarles. De cualquier forma, estaba tan acostumbrada toda su vida a hablar con evasivas que realmente no le resultaba muy complicado.
Fue así como descubrió que Mano de Garfio era un apasionado del piano, Vladimir de los unicornios y que todos participaron en la organización de la celebración de la boda de su prima Rapunzel. Aunque al principio puso en duda esta afirmación, teniendo en cuenta lo excéntrica que su prima podía llegar a ser, si esto fuera verdad, no le sorprendería en absoluto.
A lo largo de la velada pudo comprobar como la tensión en el cuerpo de su acompañante, como no, siempre a su lado, poco a poco desaparecía. Quizá el ambiente distendido había ayudado a desviar sus pensamientos, fueran cuales fueran, aunque no podía descartar la posibilidad de que tal vez esa noche hubiera sido su turno de beber más cerveza de la apropiada. Posiblemente fuera una mezcla de ambas razones la respuesta correcta. De cualquier forma, esto la aliviaba. También el haber podido comprobar que, efectivamente, su charla la noche anterior no había tenido ninguna consecuencia negativa, es más, se atrevería a afirmar que ahora los rufianes parecían estar mucho más dispuestos a integrarles en su grupo.
Teniendo en cuenta lo bien que había resultado el día, era incapaz de entender por qué el sueño no llegaba a ella esa noche. Probablemente llevaba más de dos horas acostada tratando de dormir sin ningún éxito. Por alguna razón, su mente no tenía ninguna intención de descansar ni sus ojos de cerrarse más de unos segundos.
En el momento en que escuchó un suspiro tras ella, su curiosidad venció a su prudencia y se giró levemente para observar a Hans, los brazos cruzados tras su cabeza, observando tranquilamente al cielo.
―¿No puedes dormir? ―le preguntó sin apenas ladear la cabeza.
―No ―respondió ella con sinceridad― ¿Qué haces?
De nuevo, el joven suspiró.
―Sólo veía la estrellas ―respondió calmadamente―. Hacía mucho que no las veía ―añadió con apenas un hilo de voz.
La joven arqueó una ceja, extrañada.
―Si mal no recuerdo eres almirante… ¿cómo puedes no haber visto las estrellas?
―Cuando navegaba miraba las estrellas para orientarnos pero no las llegaba a ver en ningún momento ―respondió él como si fuera lo más normal del mundo.
Elsa evitó por todos los medios quedar boquiabierta y delatar su desconcierto. Estaba preparada, y en cierto modo hasta acostumbrada, a ver a un Hans antipático, o reservado, o irritable, o evasivo, o tranquilo, incluso de buen humor podría considerarlo agradable, pero esta versión era completamente nueva. Cada vez se reafirmaba más en que sería incapaz de entenderle jamás. Nunca había conocido a nadie con tantas capas, con tantos rostros. Probablemente Anna cuestionase esa afirmación haciéndola observarse en un espejo a sí misma. Sin embargo, su hermana no se encontraba allí en ese momento, y sí el gran enigma de las Islas del Sur.
No obstante, iba a aprovechar su oportunidad.
―No sé a qué te refieres ―le dijo.
Bajo la tenue luz de las estrellas, pudo observar la pequeña sonrisa que se dibujó en el rostro de su compañero.
―Me refiero a simplemente verlas, sin ningún propósito más que ese. De niño solía hacerlo, la reina decía que las estrellas eran capaces de guiarnos durante nuestra vida, de mostrarnos el camino, por lo que yo me pasaba noches enteras observándolas, pensando hacia dónde me estaban guiando. Ojalá nunca hubiera dejado de hacerlo…
―Guiar nuestro camino… ―susurró Elsa volteándose levemente para poder observar las estrellas.
A su lado, escuchó una leve risa ahogada que le hizo volver a observar a Hans.
―Recuerdo una noche, tendría unos siete años, en que me llevé una manta al jardín de palacio y decidí pasar la noche viendo las estrellas. Ninguno de mis hermanos había querido acampar conmigo, dijeron que era una estupidez, pero para mí no lo era, así que igualmente decidí hacerlo solo.
―¿Y qué pasó? ―preguntó Elsa con verdadera curiosidad.
―Fue una noche estupenda, las estrellas brillaron más que nunca. Disfruté enormemente buscando todas las constelaciones que aparecían en los libros e inventándome formas nuevas hasta que acabé dormido. La noche hubiera sido perfecta si a la mañana siguiente no hubiera caído enfermo y con el cuerpo repleto de decenas de picaduras.
Sin poder evitarlo, Elsa soltó una leve risita que trató de apagar tapándose levemente el rostro con su capa. Pese a todo, Hans sonrió más ampliamente durante unos segundos.
―Por si eso fuera poco, el rey me castigó un mes sin poder salir al jardín por mi comportamiento tan poco apropiado de un príncipe. Pero mereció la pena. E igualmente, desde la ventana de mi habitación podía seguir viendo el cielo iluminado.
―De niña yo también miraba por la ventana, pero eran las luces de la ciudad las que verdaderamente me fascinaban ―confesó con algo de timidez.
Esta vez fue el turno de Hans de observarla con algo de asombro. Ella mantuvo la mirada fija en el cielo, incapaz de encararle tras una confesión tan personal.
―Entiendo ―respondió él, y por el tono grave y calmado de su voz, Elsa supo que había entendido realmente lo que quería decir.
―Debo reconocer, que aunque me parecía un tema bastante curioso, siempre tenía cosas más importantes que estudiar y nunca llegué a conocer las constelaciones y estrellas. Tan sólo sé distinguir la Estrella Polar ―dijo esta vez con un tono más animado y señalando levemente con la mano a la susodicha estrella.
Hans sonrió.
―Muy propio de Su Majestad, tan práctica como para conocer tan sólo la estrella verdaderamente importante para orientarse ―comentó con humor―. Si tienes curiosidad podemos buscar alguna.
―Uhm… ―masculló Elsa considerando su oferta― Siempre he querido saber cuál era Orión.
Esta vez el joven rió sin ocultarse, pero tratando de no alzar la voz.
―Y por supuesto tenía que elegir una constelación sólo visible en invierno por esta zona
―Oh...
Se hizo el silencio entre ellos. Por alguna razón Elsa no podía sentir que fuera un silencio cómodo, pese a lo relajada que ella misma se encontraba. Finalmente, Hans volvió a hablar.
―Gracias ―dijo de pronto.
La joven le observó, él miraba con nerviosismo a cualquier parte menos a ella.
―¿Por? ―preguntó algo desconcertada.
―Anoche… escuché lo que les dijiste a… los otros.
―Ah, eso…
Esta vez fue el turno de Elsa de desviar la mirada con algo de timidez.
―Sí, eso…
Pasaron unos segundos en silencio hasta que la joven reina decidió poner en orden sus pensamientos.
―Solo hice lo que creía correcto.
―¡Sí, claro! Lo entiendo… aún así… Gracias… ―de pronto soltó un suspiro de alivio― ¡Uff! ¡Ya está! Buenas noches.
Y dicho esto se giró dándole la espalda a su compañera y, haciéndose un ovillo en su capa, se dispuso a dormir.
Elsa le observó atónita pero mostró una leve sonrisa.
―Buenas noches… Hansoff ―dijo con tranquilidad.
Mientras escuchaba lo que podría ser una pequeña risita del joven ella también se giró para disponerse a dormir. Estaba segura de que por fin podría conciliar el sueño aquella noche.
¿Quién entendería jamás al ex-príncipe? Definitivamente, había decidido que si alguna vez tendría que describir su personalidad, "complicada" sería la palabra adecuada. Una persona capaz de llevar a cabo actos terribles pero a la vez hacerte sentir bien con una pequeña conversación. Una persona capaz de mostrar al mundo cualquier sentimiento que fuera conveniente y ocultar los que verdaderamente sentía de forma magistral. Una persona capaz de hablar de forma totalmente impersonal de cosas muy personales.
Mientras poco a poco el sueño la vencía, en su mente poco a poco también se coló una nueva palabra para describirle.
Era una persona interesante.
Continuará...
Y quiero aseguraros de que sí, continuará, no os preocupéis que no se quedará la historia a medio tarde lo que tarde.
Puedo decir que este capítulo ha sido un caos de sacar adelante! Al final he tenido que cortar cosas y poner algunos otros detalles porque entre unas cosas y otras no estaba segura de él y a eso había que añadirle que las palabras no fluían en absoluto. Pero bueno, lo importante es que ya está aquí y que estoy deseando escribir el capítulo siguiente en el que pasan unas cuantas cosas y tengo muchas ideas.
Hablando de frozen 2! ¿habéis leído algunos de los rumores? Lo último que leí decía que quizá Hans acabara siendo compañero de aventuras de los protagonistas y que el villano sería un rey malvado... jujuju, me alegra no ir taaan desencaminada con mi fic XD (Aunque debo reconocer que me harñia ilusión ver a una Reina de las Nieves de super villana.
Muchísimas gracias a todos por vuestros reviews, me alegra saber que la gente estaba disfrutando del fic y a la vez me apenaba bastante no ser capaz de sacar el capítulo más pronto. Espero que no os hayáis olvidado de mi!
Como siempre, si tenéis alguna duda, crítica o sugerencia, no dudéis de dejarme un review, os dejo que me echéis la bronca por haber tardado tanto u.u
Me marcho, pero volveré!
Un saludo!
Almar-chan
