Hoy escribí el primer drabble de Daryl mayorcito, sí, está genial, sí, está con una chica, sí, están en una situación comprometedora... pero falta para que lo vean. Hice una foto para la historia, ¿la vieron? ¿les gusta?

Sigo esperando que lectura noctdiurna se mude a ff net. Sigo teniendo a Norman Reedus y a Michael Rooker, de pie en cada uno de mis hombros, contándome vida y obra de sus personajes en la serie, mientras Merle y Daryl ya viven en mi cabeza y cada tanto salen y me apuntan con ballesta y dispositivo manual (llamado "Little Merle" por el propio Rooker) para que siga escribiendo. Les hago caso. Un amigo leyó los primeros drabbles (2 y 3) y les puso música: "A horse with no name" de America. "Rock sureño de los 70 que habla del desierto" Escuchen :) El responsable del review número treinta recibe un Dixon a elección, de regalo.


Tiempos mejores

— ¿Se encuentra Merle? — preguntó un joven de cabello oscuro, relativamente alto, gran cicatriz en la mejilla izquierda.

— No.

— ¿Está Merle? — Esta vez era un hombre adulto, facciones severas, llevaba traje.

— No, lo siento.

— ¿Puede salir Merle? — Ahora lo reclamaba un chico petiso, cara de inocente, rubio.

— No se encuentra en este momento, ¿quieres dejarle algún mensaje?

El desfile de gente buscando a Merle no dejó de aparecer por la casa hasta pasado un mes. Ni Dolly ni James quisieron saber qué necesitaban de su nieto. Así vivían mejor.

La semana pasada fueron con Daryl a ver una casa en el barrio de Aragon, donde está la escuela. Les había encantado, a los tres. Merle no pudo ir, estaba trabajando. Ahora, era lo único que hacía. Ni siquiera hablaba con sus abuelos, ni siquiera jugaba con Daryl. Se había enterado de los planes de los ancianos y no podía permitirlo. Pidió horas extras y casi no se aparecía por el remolque, solo para dormir, algunas veces comer. Daryl estaba preocupado pero no decía nada.

En la escuela le iba bien. Tenía buenas notas. Algunos profesores lo miraban raro. Conocían a Merle. Quizás por eso lo trataban con cariño, como si tuvieran miedo. Sus compañeros eran lo más genial del universo. Jugaban en todos los recreos y, a veces, también durante las clases. El temor de ser reprendido había desaparecido. Ya no le importaba pasarse una notita o reírse del chiste de un amigo.

Pero lo más importante, Dolly y James seguían ahí. No lo habían abandonado. Tampoco Merle, aunque no lo viera, sabía que estaba.

Jack no había vuelto a aparecer por la casa, lo vieron una vez, cuando visitaron a su mamá, en el hospital. Había salido a fumar a la puerta. Tenía ojeras, su ropa estaba arrugada y sucia. Parecía que no había dormido en semanas.

No se digirieron la palabra. Quizás era mejor así.

Esa tarde Daryl tocó a su mamá. Le tocó la mano, le acarició los dedos, le besó la frente. Ella no se movió. Luego entró el médico, se fue con los abuelos y Daryl y su madre quedaron solos.

— Mamá... ¿estás ahí?

Nada.

— Mamá... te extraño.

De nuevo la nada.

— Mamá... ¿estás soñando?

Movió un dedo.

— ¿Ma... má?

Eso fue todo.

Pero lo sintió, lo sintió en su mano. Ella se movió.

Salió corriendo al pasillo. Dolly lloraba. James la abrazaba. El médico observaba. Notaron su presencia.

— Mamá movió un dedo — dijo con un hilo de voz. El médico entró corriendo a la habitación, Dolly se le acercó y lo tomó en sus brazos.

— Mi Daryl... pronto todo será mejor.