27. El mensaje en la lápida

-¿Qué? –Harry estaba atónito. Su primera reacción fue el desconcierto. Luego lo embargó un instante de miedo y preocupación que poco a poco fue volviéndose algo más positivo, hasta que finalmente algo dentro suyo lo hizo sonreír. –Vaya… Eso… Eso es fantástico, Hermione.

-¿Lo crees? –dijo ella, con una expresión de mucha preocupación.

-Sí, claro que sí –Harry se acercó y le dio un beso en los labios. Entonces la abrazó con ternura. Algo en ese abrazo le indicó que Hermione no se sentía tan feliz como él.

Se separaron y se miraron a los ojos.

-¿Cuándo lo supiste?

-Hoy, acabo de saberlo –dijo ella, acomodándose un mechón de pelo tras la oreja-. Hay un hechizo… para saberlo.

-No me malinterpretes. Estoy muy feliz por eso. Pero… ¿no tomabas una poción? Ya sabes… para esto.

-Sí, lo hice –ella asintió, mirando el suelo-. Pero bueno… pasó.

-Está bien –Harry sonrió de nuevo-. Sé que en estos momentos estamos muy tensos. Con todo el tema de El Cazador de Brujas… Pero todo eso terminará pronto. Lo resolveremos. Y entonces podremos disfrutar de eso. Esto… es hermoso, de verdad, es una bendición.

Hermione no dijo nada. Seguía mirando al suelo.

-Escucha, tengo que ir a cursar ahora –dijo la chica-. Ya falté al primer período de clases. Pero necesito hablar contigo. De esto, claro, que hablemos bien. ¿Te parece bien encontrarnos esta noche en el centro de Hogsmeade?

-Sí, claro –Harry asintió, convencido también de que era necesario hablar, para tener en claro el momento de su relación en el que estaban entrando, y todo lo que eso implicaba. Si bien él se sentía totalmente preparado para afrontar este nuevo desafío, con sus nuevas fuentes de ingresos, y sus estudios que marchaban en orden, augurándole un buen futuro, pensó que era necesario tener sus perspectivas de futuro juntos bien en claro.

Por eso, esa noche, cuando se encontró con ella en Las Tres Escobas y se sentaron juntos a una mesa aislada, ordenando a Rosmerta dos cervezas de manteca y un plato de comida de mar frita para picar, Harry estaba confiado de que luego de esa noche las cosas estarían mejor que nunca con Hermione, que juntos tendrían bien definidos prósperos planes de futuro donde su nuevo bebé haría que armaran una familia hermosa y dándoles la posibilidad de vivir el resto de sus vidas los tres juntos, con amor y felicidad.

-Quiero abortarlo –dijo entonces ella, mirándolo a los ojos, con la taza de cerveza aferrada a la mano y expresión decidida.

-¿Qué? –Harry quedó en shock-. ¿Qué dices?

-Eso. Que quiero abortarlo.

-Pero… -Harry no daba crédito a sus oídos-. ¿Por qué? ¿Por qué quieres hacer eso?

-Porque tengo dieciocho años, soy muy joven para tener un hijo.

-No es cierto. No somos tan jóvenes. Es decir, hay gente que tiene hijos a una edad menor que eso.

Hermione arqueó una sola ceja.

-¿Quieres decir que de verdad quieres eso? –le preguntó la chica-. ¿Quieres tener un bebé conmigo?

-Sí –dijo Harry, y la tomó de la mano-. Por favor, no lo hagas. Tengámoslo. Sé que podemos pasar juntos por esto.

-Harry, me halaga que digas eso –ella le dirigió una suerte de triste sonrisa-, pero lo abortaré.

Harry se quedó en silencio, procesando toda esa nueva información.

-Lo siento, Hermione… Entiendo que ya lo tienes decidido y todo… -se relamió los labios, que estaban secos-. Lo lamento, pero... voy a insistirte con esto.

-¿De qué hablas?

-No creo que esté bien… lo de abortar.

-¿Qué?

-No estoy a favor de eso. No me gusta.

-¿Estás en contra del aborto?

-Pues, sí –Harry se encogió de hombros-. No es que es algo que haya pensado demasiado… en mi vida. Pero sí, no me parece bien.

-¿Por qué no?

-Pues –Harry estiró la palabra, pensando cómo contestar esa pregunta, bastante incómodo y nervioso-. Es que se trata de una vida… Jamás hablé de esto con nadie, ni nada, pero es algo que siempre pensé. Una vez que un bebé fue concebido… está vivo, ¿no?

-Pues no –dijo ella, tajante-. En este momento no es nada, hace muy poco tiempo que pasó esto, recién hoy me enteré. Y no me parece que tenga nada de malo abortar. Es solo un óvulo fecundado, no es más que eso. En San Mungo pueden sacármelo en cinco minutos.

-No creo que eso esté bien –llegado a ese punto de la conversación, Harry empezó a enojarse-. ¿Por qué no quieres tenerlo? ¿Es por mi culpa?

-¿Perdón? –Hermione también empezó a ponerse tensa. Ninguno había tocado la comida sobre la mesa.

-Sí, eso dije. ¿Es mi culpa? ¿No quieres tenerlo porque no quieres estar conmigo?

-¿Cuándo dije nada de eso?

-Si quisieras tener un futuro conmigo, ¿por qué no tenerlo?

-Dije claramente que era porque solo tengo dieciocho años.

-¿Y eso qué? ¿No quieres vivir conmigo cuando tengas veinticinco? ¿O treinta? ¿O cincuenta?

Hermione abrió bien grandes los ojos.

-Creo que es muy pronto para decidir algo así.

-Pensé que me amabas –Harry estaba elevando un poco el tono de voz.

-Baja la voz, Harry, como si no fueras lo suficientemente famoso para que la gente a nuestro alrededor se interese por la conversación para encima hablar tan fuerte.

-Voy a hablar en el tono que sea necesario, para saber si me quieres. O qué significa esto para ti.

-Harry, ¿estás diciendo todo eso en serio? –Hermione le clavó la mirada con una mueca de incomprensión-. ¿Qué estás en contra del aborto y que quieres que tengamos este bebé para pasar el resto de nuestros días juntos? ¡Eso es una locura!

-¡No es una locura que te ame!

Hermione se llevó el dedo índice a los labios para indicarle que se calle. Un par de cabezas en la mesa de al lado se giraron hacia ellos.

-Harry, no lo entiendes. Hay muchas cosas que no sabes.

-¿De qué hablas? Ahora eres tú la que dices cosas extrañas.

-Confía en mí, Harry. Por mucho que te quiero, y que tú me quieras, no podemos tener este bebé. No puedo tenerlo.

-¿Qué cosas no sé? Acabas de decir que hay muchas cosas que yo no sé.

-Exacto, muchas –ahora Hermione presionaba la taza contra la mesa con fuerza-. Y hay motivos para que no las sepas.

-Yo no te oculto cosas. Pensé que tú a mí tampoco.

-¡Harry, no lo entiendes! –ahora ella perdió la cabeza-. ¡No puedo tener un hijo! ¡No puedo ser madre! Me encantaría explicarte por qué, pero no puedo hacerlo.

-Si es algo tan importante, creo que debería saberlo –dijo él, inclinándose sobre la mesa para hablarle más de cerca.

-Si te lo digo, cosas malas van a pasar –dijo ella, en tono misterioso.

Harry se quedó sin decir nada, sin dejar de mirarla con la misma expresión de sorpresa. ¿Qué era eso que Hermione sabía y no quería decirle? ¿Por qué no podía tener un hijo? ¿O sólo lo decía para inventar una excusa para abortarlo?

-Creo que si no me dices el por qué quieres abortar a nuestro bebé, entonces no tengo por qué tener eso en consideración –dijo él, frío-. El bebé no es solo tuyo. La decisión debe ser de ambos. Me parecería bien tener en cuenta este extraño motivo que dices que tienes para no tenerlo, pero si no me lo dices, no puedo tenerlo en cuenta. Por otro lado, mi decisión personal es tenerlo, no abortarlo, y tengo decisión sobre esto.

-Es mi cuerpo –le dijo ella, seria.

-Está perfecto, es tu cuerpo. Pero también es mi hijo, y quiero tenerlo.

-¡Basta! –Hermione se puso de pie y empezó a alejarse de allí, porque la gente no dejaba de mirarlos con curiosidad. Harry dejó unos galleons sobre la mesa a las apuradas y fue tras ella, saliendo del bar y encontrándose con ella en la fría noche del centro de Hogsmeade, iluminada por las velas flotando sobre la calle empedrada y los faroles luminosos.

-¡No! –Harry fue tras ella, tan rápido como podía-. ¡No puedes marcharte! ¡No puedes dejarme así! ¡Yo tengo derecho a decidir sobre esto!

Harry iba tras ella, hecho una furia. Pero entonces, Hermione frenó, se dio la vuelta y arremetió contra él más furiosa aún.

-¡TÚ NO TIENES DERECHO A DECIDIR SOBRE ESTO! –le espetó en la cara-. ¡PORQUE TÚ NO ERES EL PADRE!

Hubo un largo silencio, durante el cual Harry estuvo inmóvil, sin flexionar un solo músculo. Hermione empezó a respirar muy agitada y a derramar lágrimas, que caían una tras otra desconsoladamente.

-¿No? –Harry adoptó una nueva expresión, de tristeza absoluta-. ¿De verdad?

-De verdad –ella asintió, sin dejar de llorar.

Se quedaron así, a un metro el uno del otro, inmóviles en medio de la calle principal de noche, rodeados de gente que les pasaba de largo riendo y contando chistes, tomando cervezas de manteca y charlando animadamente.

-¿Quién es? –preguntó Harry, aunque algo dentro suyo ya sabía la respuesta.

-Ron –confirmó ella.

-¿Cuándo…? –Harry no borraba de su rostro la expresión de tristeza y desconsuelo total.

-Hace un mes… más o menos –ella se encogió de hombros, con el labio inferior temblando y el rostro rojo por las lágrimas-. Luego de que nos reconciliamos con él. Una noche, en la que me quedé charlando con él… Sobre nosotros, sobre lo que habíamos vivido juntos, y sobre tú y yo… Ron aún estaba tratando de entender esto, que tú y yo estuviéramos juntos…

-¿Cómo sabes que es suyo? –quiso saber Harry.

-El hechizo… te dice todo eso –Hermione tembló, quizás por el frío, quizás por los nervios.

Harry miró el suelo, se puso las manos en los bolsillos y trató de pensar con claridad.

-Entonces… no tengo nada que decir –concluyó-. No puedo opinar sobre esto… Te deseo suerte con lo que quieras hacer.

Se dio vuelta y empezó a caminar lejos de ella. Pensó que ella lo seguiría, o que le diría algo. Pero eso no ocurrió. Luego de caminar varios pasos, llegó a la conclusión de que Hermione no iría tras él, diciéndose que espere, que lo amaba, o algo por el estilo. Ella no dijo nada ni lo siguió. Entonces, supo que no tenía nada que hacer allí. Giró sobre sí mismo y se desapareció.

Harry estuvo hasta las tres de la mañana llorando en su habitación.

Por dentro, sabía que no tenía derecho para sentirse así. ¿Por qué estaba tan triste? Después de todo, así había empezado todo con ella. Primero, Ron había sido su novio. Luego, Harry y Hermione habían tenido una aventura juntos. Ahora entendía cómo Ron debía haberse sentido entonces. Desconsolado y lleno de amargura.

¿Por qué se sentía tan triste? Es decir, sí, Hermione había estado con Ron. Habían tenido una noche de reencuentro, quizás aislada, quizás la única. Pero lo cierto era que, si eso había pasado, era porque ella aún debía sentir algo por él. Y eso no era lo peor: más allá de la decisión que ella tuviera sobre esto que había pasado, lo cierto es que ahora esperaba un hijo suyo. ¿Cómo podía hacer Harry para ignorar todo eso? Era demasiado. No podía simplemente fingir que nada había pasado. Y, además, se sentía furioso con Ron. Y sabía que no tenía ningún derecho a eso tampoco. Quizás eso era lo más frustrante, no tener ningún derecho a sentirse como se sentía.

¿Pero cómo dejaba de sentirse de esa forma?

Entonces, por primera vez en mucho tiempo, Harry recordó a Ginny. Es decir, no es que no la recordara antes, pero empezó a recordarla de verdad. Los tiempos que habían pasado juntos. Los besos en los jardines de Hogwarts, las noches en casa de Harry, las risas en las tardes en Hogsmeade en las que tomaban helado, hablaban de Quidditch.

Y eso hizo llorar a Harry aún más. El recuerdo de Ginny, que había dado su vida por él. A la que él había amado en un momento, antes de que pasara todo eso con Hermione. ¿Acaso sería por culpa de la situación que estaba viviendo en ese momento que empezaba a recordar a Ginny de esa forma? ¿Era justo que eso fuera así? No lo sabía, pero sí sabía que se sentía muy triste, más triste que nunca.

Ginny había muerto. Eso era algo muy fuerte. Él aún no había caído en la cuenta de eso. No realmente. No había caído aún en que esa muerte, eso que había pasado, era real. Y que ella lo había hecho por él, para salvarlo. Para salvarlo de El Cazador de Brujas, que la obligó a suicidarse ante cientos de personas.

Harry lloraba a lágrima viva, sin poder controlarse. Y se dio cuenta de que lloraba por Ginny.

Entonces, en medio de la tragedia, Harry se puso de pie. Caminó hasta la puerta de su casa y salió afuera, a la calle. No sabía qué lo motivaba a hacer eso, pero sabía que quería hacerlo. No había verdaderos motivos, más que los guiados por la tristeza y el desconsuelo.

Harry giró sobre sí mismo, desapareció, y reapareció en medio de un cementerio.

Bajo la luna, que brillaba en lo alto en cuarto creciente, Harry caminó por el cementerio. Fue pasando lápida tras lápida, a través de hileras e hileras de ellas.

No había nadie allí. La noche estaba en su punto más alto, y hacía frío aún. Cuando finalmente Harry llegó a donde había estado pensando en ir, se detuvo unos instantes para reflexionar en si iba a hacer aquello que se había propuesto en un inicio. Finalmente, decidió que sí. Siguió caminando y llegó junto a la tumba de Ginny.

Harry leyó la lápida

"Ginevra 'Ginny' Molly Weasley. 11-08-1981 / 08-01-1998. 'Tu partida es una herida que jamás cicatrizará, pero siempre estarás viva en nuestros corazones'"

Harry sabía que esa frase se la habían dedicado sus padres y hermanos. Pero Harry también lo sentía así.

Entonces, Harry miró a su alrededor, para asegurarse de que nadie estuviera allí cerca. No había absolutamente nadie más en todo el cementerio, estaba confiado de que solo él estaba allí.

Harry se metió la mano en el bolsillo de la túnica, sacó su varita y la apuntó hacia la lápida de Ginny.

-Praescia Manto, relinquam vos protegant. Monstra te.

La frase pronunciada por Harry, del latín, mientras apuntaba hacia allí con la varita, hizo que la lápida cambiara su textura. La piedra pasó a tener una textura distinta, similar a una tela.

Harry acercó sus dedos hacia la lápida, y la acarició. Entonces, deslizó los dedos y una tela se desprendió por encima de esta. Harry retiró su capa para hacerse invisible de encima de la lápida de Ginny, y entonces la inscripción que tenía la lápida dejó ver otra frase, una segunda frase, que estaba oculta debajo de la primera:

"La incomprensión de que te hayas ido es tan fuerte como el vacío que dejas en mí. Te extrañaré por siempre. Harry".

Las lágrimas cayeron por el rostro de Harry. Usó la capa para limpiarse la cara. Se quedó allí, de rodillas, derramando lágrimas, hasta que entonces lo vio.

Había otro mensaje, sobre la lápida. Un tercer mensaje. Estaba escrito más abajo que el de Harry, casi llegando al límite con la tierra y el césped, por eso no lo había visto ni bien quitó la capa:

"Harry, sé que leerás esto pronto. En el momento exacto. Necesito verte. Ponte tu capa. Justo aquí, en este lugar. No tengas miedo. Ginny".

Harry se quedó duro, inmóvil. La cantidad de sorpresas que se había llevado ese día parecían no tener fin. Pero allí estaba, descubriendo aquello.

Harry no se puso la capa. Enseguida pensó que podía tratarse de una trampa. El Cazador de Brujas quería su capa, después de todo. Tuvo un inevitable flash back hacia el año anterior, cuando la experiencia de tristeza en un pequeño cementerio y la debilidad que esto le ocasionó lo hizo caer en una trampa de lord Voldemort, casi dejando que este lo atrape por querer resolver un misterio en el estado de vulnerabilidad en que lo había dejado la tristeza de aquel lugar.

Pero ahora, más sabio, Harry miró las palabras con desconfianza. Sin embargo, solo tuvo que pensar un segundo más para concluir en que no podía ser una trampa: aquel mensaje estaba oculto bajo la capa para hacerse invisible de Harry, la que Harry había dejado oculta allí tras la muerte de Ginny, con ese hechizo que solo podía romperse diciendo el código oculto en latín. Si El Cazador de Brujas hubiera descubierto que la ocultaba allí, no tenía sentido que hubiera dejado esa frase oculta bajo la de Harry, que también estaba oculta por la capa. Solo habría tenido que llevarse la capa, que reposaba sobre la lápida, y ya.

¿O será que descubrió que la capa estaba allí, pero no podía quitarla al no tener el código? ¿Será que pudo de alguna forma dejar ese segundo mensaje, y si Harry obedece y se pone la capa se enterará de que Harry está allí, y se aparecerá para quitársela?

No. Demasiado rebuscado y paranoico. Si bien Harry ahora era mucho más listo y perspicaz, pensar aquello era demasiado. No creía posible dejar un mensaje allí sin hacerlo con la magia que él mismo, Harry, había utilizado para ocultar el segundo mensaje con la capa.

Pero entonces, ¿cuál era la respuesta? ¿Ginny le había escrito realmente aquello? Pero, ¿cómo?

Harry tragó saliva, sintiendo temor. Volvió a comprobar que estaba solo, y entonces se puso la capa, aún sobre la tumba de Ginny.

Primero, no pasó nada. Estaba él, allí, invisible bajo su capa. Nada raro parecía pasar.

Pero entonces, la vio: Ginny estaba allí con él. A escasos metros de distancia. Estaba de pie, con la misma túnica que usaba a veces fuera de Hogwarts, de color azul claro, una expresión de tristeza y los ojos fijos en los de Harry. Podía verlo, a pesar de que él tenía la capa puesto.

-Ginny –dijo Harry, atónito, y con el bello erizado-. ¿Qué es esto?

-No tengas miedo –dijo ella, de pie a pocos pasos de distancia-. No te quites la capa ni camines fuera de mi tumba, o el hechizo se romperá.

-Pero, ¿cuál hechizo? –Harry negó con la cabeza, desconcertado.

-No nos hemos ido del todo –dijo ella, con voz suave-. Estamos aquí aún…

Harry entornó los ojos, escuchando con atención. Se le hacía surreal ver a Ginny allí, de pie ante él. Parecía más clara de lo normal, más pálida, como fantasmal.

-Hay algo que debes saber –le dijo entonces-. Por eso te llamé.

-¿Qué cosa?

-Tienes que saberlo, Harry. Un peligro muy grande se acerca.

-¿Cuál?

-El Cazador de Brujas… al morirme, me reuní con sus otras víctimas. No nos hemos ido del todo. Y he aprendido algo. He visto su plan.

Harry escuchó, atento.

-Va a destruirlo todo, Harry –hizo una pausa-. Todo. Todo el mundo. Va a conseguir tu capa, y en conjunto con las otras dos Reliquias de la Muerte, tendrá el poder para destruir la vida a su voluntad. Y lo usará con locura, con violencia: matará a todas las personas, en masa. Magos, muggles, sangre pura, impura, todo. Todos morirán.

-Pero, ¿por qué? –dijo Harry, desesperado-. ¿Por qué quiere hacerlo?

-Porque está enfermo, demente. Es como un animal. Solo quiere destruir, y puede hacerlo.

Harry quería acercarse más a ella, pero tenía miedo de que si pisaba fuera del área de la tumba, Ginny desapareciera.

-¿Dónde estás? –le preguntó-. ¿A dónde has ido?

-Eso no importa… Pronto tú te irás también, Harry. Lo siento. Es inevitable. Todos van a morir también, y te encontrarás conmigo.

-¿Cómo hago para evitarlo?

-No puedes.

-¿Y entonces por qué me llamaste? ¿Por qué querías que lo supiera, si nada puede hacerse para evitarlo?

Ginny lo miró con más tristeza aún.

-No te preocupes, Harry. Todo va a estar bien. He visto el futuro.

-Acabas de decirme que toda la humanidad morirá.

-Es necesario. Es la única forma de acabar con él. No podrás hacerlo de otra forma, Harry. Cuando llegue el momento, cuando eso ocurra… quiero que sepas que estaré contigo. No te sientas mal. Estaremos juntos.

Harry abrió grandes los ojos.

-¿Todos vamos a morir?

Ginny no dijo nada.

-Lo siento… Lo siento mucho, Harry. Quisiera que no fuera así.

-Ginny… ¿cómo has hecho esta magia? ¿Por qué puedo verte?

-Es la capa –explicó ella-. Tiene más poderes de los que tú conoces.

-¿Cómo la Piedra de la Resurrección?

-No. No sirve para resucitar a los muertos, solo para verlos, si ellos quieren ser vistos.

-Ginny –Harry sentía que había tantas preguntas que quería hacerle-. ¿Por qué dices que no puedo detener a El Cazador de Brujas?

Ella lo examinó con detenimiento.

-Debo irme, Harry… Quería verte. Es bueno que hayas encontrado mi mensaje. Te quiero mucho.

-Yo también te quiero –Harry derramó más lágrimas-. No te vayas, por favor.

-Debo hacerlo, pero volveremos a vernos –Ginny lo saludó con una mano, lentamente.

-Adiós, Ginny –Harry le devolvió el saludo, al tiempo que la chica se desvanecía.

Harry se quitó la capa, tratando de no derramar más lágrimas. Volvió a ocultarla en su escondite, tendida sobre la lápida de la chica, y volvió a aplicar el encantamiento que la hacía desaparecer. La lápida volvió a tener estructura de piedra, y ya no fue más visible la textura de la capa sobre ella.

Entonces Harry alzó la vista hacia el lugar donde Ginny había estado, pero ya no había nadie más allí.

Harry caminó, alejándose de allí, sumido en tristeza y pensamientos amargos.

La hora ya se acercaba. Sabía que llegaría.

Sabía que, en la próxima luna llena, él aparecería. Y sería más terrible que nunca. Si Ginny se había comunicado con él desde el más allá para decirle que no se preocupara, que ella estaría con él, era porque algo terrible se avecinaba.

¿Habría esperanzas? Ginny había dejado en claro que no. Y parecía saber bien lo que se avecinaba, de alguna forma.

Una nube oscureció la parte visible de la luna, haciéndola desaparecer por completo.

Pero ya se acercaba la noche en que apareciera, llena otra vez.

Y esa noche, El Cazador de Brujas iba a exterminar a la humanidad.